Bueno, espero que no les haya hecho esperar mucho. Esta ultima semana tuve más tiempo de escribir. Este capitulo me gusto, espero que a ustedes también les agrade. De nuevo un gracias. ¡No olviden comentar!


-4-

Mi hermano mayor.


Luffy respiró con pausas mientras abría lentamente los ojos. Rascó cuidadosamente su ojo izquierdo mientras estiraba un poco su cuerpo, después de ello se envolvió cómodamente entre las mantas del futón, movió la cabeza al frente y se topó con la espalda de Ace, quien estaba dormido y roncando levemente. Abrió los ojos un momento y observó la musculatura de la espalda de su hermano, recordando que la última vez que se vieron Ace portaba con orgullo el enorme tatuaje que lo caracterizaba como miembro de la tripulación de Shirohige. Se sintió algo extraño al no verle ahí, pues eso le había recordar aquella vez en Marineford, cuando la sangre no dejaba de fluir y sus manos se empapaban de aquel líquido rojizo.

Apretó los ojos y aguantó la respiración unos segundos. No es que le temiera a la sangre o algo así, pero recordar ese episodio de su vida y luego ver a Ace frente a él, sin ningún rasguño le hacía sentirse extrañamente triste. Se volteó en la futón y le dio la espalda un momento. Le habían dado la cama de Ace a Sabo, ya que la habitación de Luffy estaba muy sucia. Además, para no apartarse de él en todo momento, los hermanos decidieron dormir ahí mismo, en un futón.

Esto le traía más recuerdos a Luffy. Recordaba su infancia, cuando siendo niños los tres dormían cómodamente en mantas maltrechas y algo sucias en el suelo de su casa del árbol y en la casa de los bandidos de Dadan. Su vista se fue directamente a Sabo, quien estaba en la cama. No había despertado desde que Ace lo detuvo, durante toda la noche había tenido fiebre, así que estuvieron turnándose para colocar y mojar la comprensa de su cabeza. A pesar de que Luffy nunca había estado enfermo, recordaba bien cómo atender a alguien con fiebre. Pues el incidente de la Isla Drum estaba presente en su cabeza.

Se preguntó por un momento por qué su hermano no les había reconocido. Había escuchado en una ocasión decir a Chopper que algunas personas perdían la memoria cuando se golpeaban en la cabeza, ¿Le habría pasado eso a Sabo? Gruñó un poco con tan sólo pensarlo. Realmente sería un problema, por no decir doloroso, el saber que Sabo no les recordaba. Así pues, otra interrogante llegó a su cabeza. ¿Ese Sabo sería igual al que había conocido?

Tal como sus nakamas, Sabo podría comportarse de una manera diferente, incluso era posible que nunca hubiese dejado de ser un noble. ¿Sería posible que conservara aquel carisma que le caracterizaba desde niño?

—Luffy. – Ace le sorprendió en medio de sus discusiones mentales, comprobó que al igual que él, no podía conciliar completamente el sueño.

—¿Sí?

—Duérmete, son las tres de la mañana. – dijo sin más.

—Aa. Es sólo que…

—¿No puedes dormir? – Ace abrió los ojos y alzó la cabeza para ver la cama.

—Así es.

—Estás preocupado por Sabo, ¿Verdad?

—¿Tú también, no?

—Claro. – suspiró. —Pero necesitamos dormir. – se volteó bocarriba y miró el techo. —¿Cómo crees que reaccionen todos cuando se den cuenta de que… Sabo está vivo?

—No lo sé. – Luffy se giró para ver el techo también.

—Creo que Sabo no recuerda quienes somos. – sentenció Ace para sorpresa de Luffy.

—¿Enserio? Yo también lo pensé.

—Escucha, Luffy. Tenemos que ser pacientes con él para que pueda recordar poco a poco. He escuchado que la amnesia puede ir desde días a años. Así que tenemos que ser cuidadosos con lo que decimos y hacemos, ¿Entendido?

—Está bien. –miraron a la par a Sabo, quien dormía sin dificultad. Los dos hermanos suspiraron.

—Vamos a dormir.

Cerraron los ojos, ambos se sentían cansados, habían sido muchas emociones por un día.

Truenos y centellas.

Pasos de gigantes.

Olas salvajes y fuego, mucho fuego.

¡Sabo! – era el grito de un niño.

¡Sabo! – ahora era la voz de un hombre mayor.

Podía verlos, las siluetas de tres personas que corrían donde él… después dos… después una… ahora nada. Y sintió que sus ojos le ardían, que su piel se quemaba y que el agua se colaba por sus pulmones. La desesperación lo atrapó, el miedo lo dominó y la muerte… casi lo tomaba. Pero entonces un haz de luz, aquella que sólo se produce cuando la salvación llega, le rodeó.

Pensó que estaba a salvo, pero a cambió de eso simplemente recibió más golpes y palabras de odio. Miró impresionado a su alrededor, era una celda, eran grilletes, una un hombre quien reía despiadadamente. Así que lo decidió. Escaparía de ahí. Y se levantó contra todo, a pesar de su corta edad, desafió a la muerte una vez más y lo logró, cuando nadie miraba, cuando nadie se interesaba en él y le olvidaron, logró huir.

Pero de nuevo se maldijo a sí mismo por lo que ocurrió a continuación. Pues aquella luz que siempre parecía ser su salvación volvía a traicionarlo. Un golpe fuerte, una exclamación de dolor, sangre y otros pasos. Lo único que alcanzó a percibir fueron las siluetas de dos hombres y una voz… la de un hombre que no conocía.

Jefe, creo que le hemos golpeado… - se escuchaba tan lejana.

Enciende el auto, lo llevaremos al hospital. – la voz de otro hombre, una poderosa.

Señor… creo que morirá…

¡Tonterías y date prisa! – alguien le había cogido en brazos, tenía tanto frío. Miró un poco y le vio, lo primero que pensó fue que ese bigote era sumamente gracioso.

La próxima vez que abrió los ojos no recordaba en donde estaba, no sabía que pasaba… sólo entendía algo; su nombre era Sabo y no tenía a nadie. Entonces una mano fraternal le tomó los cabellos con cariño y protección. Una sonrisa furtiva apareció, pero no podía comprender nada, no quería, en realidad.

Te convertirás en mi hijo… ¿Cómo te llamas?

Sabo. – y cuando escuchó su propia voz sintió una profunda tristeza, como si le faltase algo, como si estuviera olvidando algo muy importante.

Mi nombre es… Edward Newgate. Puedes llamarme papá.

¿Papá? – se sintió extraño, pues era como si ese título no perteneciera a nadie que le rodeaba justo ahora.

¿Ves? No es difícil. – sintió que le acariciaban de nuevo la cabeza.

¿Usted es mi padre?

Así es, Sabo. – el enorme hombre se agachó para estar a su altura.

¿Sólo tú?

Por supuesto. – su cara no dejaba de reflejar amor. —¿Por qué estás llorando?

No lo sé. – negó lentamente mientras se limpiaba las lágrimas. —Pero… siento como si hubiera olvidado algo.

No te preocupes. – una blanca sonrisa se asomó debajo del bigote en forma de luna. —Ya lo recordarás. Pero mientras… - le estrechó la mano cuidadosamente. —Estrecha la mano de tu padre.

¿Mi… padre?

Sí, sentía que olvidaba algo… pero al pasar del tiempo ese algo se esfumó y poco a poco su mente se reflejó en el presente. Un presente donde ya no había sangre, ni llanto, ni fuego, ni gritos… él era otra persona… y eso le había sentir que, de nuevo, estaba olvidando algo importante.

Sabo abrió los ojos al escuchar un gorrión cantar por la ventana de aquella habitación. Movió la cabeza para apreciar el objeto de la melodía y al hacerlo el ave voló. Observó la luz del amanecer y escuchó ronquidos que se asomaban desde el suelo. A pesar de que le dolía el cuerpo, apreció que todavía podía moverse. Se enderezó silencioso y recogió las mantas que cobijaban su cuerpo. El paño cayó de su cabeza y se sorprendió al verlo. Tenía vendas en las manos, en el pecho y en el hombro izquierdo. Tragó saliva y se quitó por completo las sabanas. Sus pies también tenían vendas, se dio cuenta que sus heridas eran más de las que creyó.

Una vez sentado se dio cuenta de los cuerpos que estaban en el suelo. Dos morenos, los mismos de ayer, aquellos a los que se enfrentó. Los miró sin nada de sentimientos, simplemente los observó dormir. Se veían tan pacíficos, tan cómodos… tan familiar. Un dolor se empecinó en su cabeza y la tomó con ambas manos para calmarse. Suspiró, no podía dejarse llevar, no sabía dónde estaba. Se dio cuenta que usaba un pantalón de algodón azul marino y una camisa de manga corta hasta los hombros de color blanco. No era su ropa, eso seguro. Observó a los chicos otra vez, la ropa quizá era del mayor, por que aparentaban la misma edad.

Sabo se levantó cuidadosamente para no hacer ruido y buscó con la vista sus zapatos y sombrero. Los encontró a un lado de la cama, se los puso rápidamente y salió de la habitación. Dejó la puerta abierta tras sí y se movió lentamente por la casa, buscando, entre otras cosas, su ropa y algo para comer, pues el estómago le gruñía demandantemente. Llegó a la cocina y abrió el refrigerador, sintió algo de vergüenza al comer sin permiso, pero no podía resistir el hambre. Sacó un bote de cartón de leche y bebió directamente. Hizo un gesto desagradable cuando se dio cuenta que ya tenía pasada la fecha de caducidad. La escupió por el fregadero.

Tomó un poco de pan que estaba sobre el refrigerador y comenzó a comerlo puro. Se sentía algo débil, probablemente tuvo fiebre en la noche. Eso explicaba el paño. De nuevo se sintió algo culpable, les estaba robando comida a las personas que le habían ayudado… aparentemente. Tragó la última rebanada de pan y se sirvió un vaso de agua. Mientras bebía el resplandor del vidrio de un portarretrato lo distrajo. Se dirigió a la sala lentamente y se paró frente a una serie de fotografías.

Hizo un mohín cuando las observó atentamente. En una había dos niños y un hombre de mayor edad. Los niños estaban peleando entre ellos y el hombre, posiblemente su abuelo, los sostenía mientras sonreía para la foto. Después observó otra, se trataba de un hombre de porte serio junto a un jovencito no mayor de 12 años. El hombre estaba sentado y el chico a su lado, sonriendo enérgicamente y estirando un mano al frente, haciendo un signo de amor y paz. Sonrió un instante al pesar en la ironía que sería si esos dos resultaran ser padre e hijo. Sus posturas eran completamente diferentes.

Pero la siguiente foto lo dejó paralizado. Sabo tomó entre sus temblorosas manos el retrato de tres niños, dos pelinegros y un rubio. Los tres sonreían con emoción mientras sostenían unas tuberías. La noción de nostalgia que invadió el cuerpo de Sabo, su mente, terca y presurosa, intentaba codificar con todas sus fuerzas la imagen. Los latidos de su corazón aumentaron de un momento a otro y un escozor que creyó muerto le invadió de nuevo. Dejó caer la primera lágrima al momento que se inclinaba en el suelo, resistiendo algo más que dolor físico. Alargó la mano en el suelo, intentando sostenerse y tocó algo metálico. Miró un par de llaves y su pecho se regocijó al darse cuenta que podía salir de ese lugar.

Entonces miró la foto que yacía entre sus dedos y se llevó una mano a la cabeza. Se sintió intimidado y confundido… tenía mucho tiempo que no lloraba. ¿Por qué ahora?

—No puedo ser yo… ¿O sí? – miró de nuevo las otras fotos y las caras de aquellos hombres le resultaron familiares pero irreconocibles. Entonces, como una corriente eléctrica, una voz, la cual no era la de Newgate resonó en su cabeza.

¿Cómo te llamas, pequeño? ¿Sabo? Es un placer conocerte… - apretó su cabeza nuevamente, algo punzaba dolorosamente adentro. —Ven… yo te cuidaré.

¡Tú nombre y edad! – ahora era otra voz, una más rasposa y vieja, pero igualmente nostálgica. —¡Eso niño, así me gusta! Eres un hombre con carácter… yo soy…

Sabo abrió y cerró los ojos repetidas veces y exclamó con dolor. Se llevó la mano a su sudorosa frente y después de limpiarse tomó las llaves. Se levantó y salía por la puerta, llevándose, sin saber, la foto de aquellos niños.

Luffy despertó repentinamente cuando el codo de Ace se adentró en su boca mientras dormía. El moreno con pecas estaba totalmente extendido por el futón, al igual que él. Escupió un poco y le miró irritado, estaba descansado muy a gusto. Empujó a Ace para que le hiciera espacio, pero el mayor no se inmutaba. Luffy resopló molesto y dirigió su vista a la cama para ver a Sabo, al instante la boca se le secó y sintió que un grito ensordecedor subía desesperadamente por su garganta.

—¡No está! – gritó conmocionado y Ace se despertó súbitamente.

—¡Qué! ¡Qué paso! – miró a todos lados desorientado.

—¡Ace, Sabo se fue! – informó el menor, señalando la cama con el dedo.

—¿Que Sabo qué…? – corrigió la vista hasta el colchón y de la misma manera que Luffy exclamó asustado. —¡Ah, se ha ido! – se puso de pie de un salto. —¡Rápido, Luffy! - lo tomó del hombro y lo obligó a levantarse. —Tenemos que alcanzarlo donde sea que haya ido.

—¡Hai! – se levantó y corrió a ponerse las sandalias y el sombrero. Ace acabó de ponerse sus botas al mismo tiempo. Salieron disparados a la sala, simplemente observaron el refrigerador abierto y la bolsa del pan vacía.

—Estuvo en la sala. – comentó Ace, mientras recogía los portarretratos.

—¡También en la cocina! – gritó Luffy.

—Salió a la calle.

—¿Sabes eso con tan sólo ver esas fotos? – preguntó impresionado el chico de goma.

—No, dejó la puerta abierta. – obvió el mayor. —Anda, no debe andar muy lejos.

—Está bien. – los dos salieron corriendo por los pasillos del edificio. Esquivaron en el camino a los menos dos carteros y a uno que otro vecino chismoso.

—¡Oh, Ace, Luffy! – saludó el viejo Jabra, un hombre de lo más mitómano y chismoso. —¿A dónde van tan apurados?

—¡Vamos a buscar a Sa-! – Ace le cubrió la boca inmediatamente con un puñetazo.

—¡Estamos haciendo ejercicio!

—¡Ah, Ace, no tenías que golpearme en la boca! – los dos aceleraron, Luffy persiguiendo a Ace.

—¡Sólo acelera, baka!

—Ah, estos jóvenes de hoy… siempre con sus prisas y problemas de rock and roll… - Jabra recogió el periódico del día y leyó la primera plana. —¡Vaya! Se ha perdido alguien bastante rico, ¿Eh? – entró a su casa.

Casi tumban la puerta principal del edificio, los dos hermanos salieron a la calle jadeando. Miraron a ambos lados, Luffy a la izquierda, Ace a la derecha.

—¡Sabo! – gritaron al mismo tiempo. Después Luffy miró a la derecha y Ace a la izquierda. —¡Sabo! – volvieron a gritar.

—Esto no sirve. – profetizó Ace. —Necesitamos buscarlo en los alrededores. Luffy, vamos a separarnos.

—De acuerdo. – Luffy corrió a la derecha.

—Supongo que yo por la izquierda. – Ace corrió a la izquierda. —¡Sabo! – gritó mientras corría, todavía era muy temprano, eran a penas las ocho de la mañana y estaba dando escándalo, típico de los hermanos D.

—¡Sabo! – Luffy gritó a todo lo que sus pulmones le permitían. Volvió a agarrar aire. —¡Sabo! – continuó corriendo entre calles y establecimientos. Iba seguir andando, pero un automóvil detuvo se carrera, pasándole peligrosamente al frente. Afortunadamente Luffy era muchísimo más rápido que la máquina y era capaz de esquivar cualquier ataque sin problemas.

—¡Fíjate por donde vas, estúpido! – el hombre que iba en el auto sacó su dedo medio por la ventanilla mientras gritaba.

—¡Oh, buen día! – malinterpretó Luffy imitando su gesto. —Shishishi, que gente tan enérgica. – Luffy colocó ambas manos en su cadera. Y miró el panorama. —¿En dónde podrá estar Sabo? – justo terminó la oración una gota de lluvia mojó su rostro. Luffy hizo un mohín de desagrado. —Uff, odio el agua. – continuó corriendo. —¡Sabo! – resopló irritado. La lluvia comenzaba a caer abundantemente. —¡Sabo! – había llegado al parque sin darse cuenta. —¡Sa-! – se frenó al verlo sentado debajo de un farol que aún estaba encendido. Lo reconoció por el sombrero de copa.

Se acercó a él lo más presto que pudo. Iba a hablar pero se dio cuenta que el muchacho tenía los ojos cerrados y la cabeza gacha, sosteniendo entre sus manos la fotografía de antes. Tragó saliva, algo que decía que no tenía que ser presuroso.

—Sabo. – iba a tocarle el hombro pero éste abrió los ojos y lo miró directamente. Luffy se sorprendió al verle llorando. Una serie de lágrimas cálidas y silenciosas surcaba sus mejillas, pero el rostro de Sabo parecía infalible. No supo que decir.

—Sabo… ¿Estás bien? – habló finalmente. Mas el rubio en vez de contestar dirigió su visión a la foto. Entrecerró los ojos y después miró a Luffy, analizó meticulosamente su rostro. Para entonces estaban totalmente mojados.

—¿Luffy? – musitó el muchacho del sombrero de copa y el moreno abrió los ojos sorprendido.

—¿Sabes quién soy?

—¿Eres tú, Luffy? – Sabo se levantó lentamente, sostuvo firmemente la imagen en sus manos. —Luffy. – exclamó sin aliento, su llanto se intensificó.

—Sabo. –no pudo evitar sentirse nervioso cuando los brazos de su hermano pasaron irremediablemente sobre su cuerpo y se fundían en su abrazo.

—Luffy. – repitió con voz ahogada el rubio. —¡Lo sabía! – exclamó exaltado. —¡Sabía que estaba olvidando algo importante! – se separaron y se miraron intensamente. —¡Ay, Luffy! ¿Podrías perdonarme?

—Sabo, yo…

—Perdóname por no haberte reconocido. ¡Dios, cuanto tiempo! – se llevó las manos a la cara. —¡Cuánto tiempo! ¿Cómo fui capaz de…? – se calló al momento de sentir los brazos de Luffy alrededor suyo.

—¡Sabo! – gritó envuelto en lágrimas. —¡Sabo, me alegro mucho de verte! – sintió que su corazón explotaría. —Estoy tan feliz… - aunque sabía que éste era un Sabo diferente al que conoció en su infancia, el sentimiento era el mismo, por lo que no podía retener aquel amor filiar que lo impulsaba a llorar y abrazar.

—Luffy. – el rubio se llevó el dorso de la mano a sus ojos y trató de limpiar sus lágrimas. —Perdóname, ha pasado mucho tiempo y yo no…

—No, no, Sabo. – enseguida lo silenció. —No te preocupes. – sonrió a pesar de estar llorando. —En verdad... Muchas gracias por estar vivo. – el mayor se quedó sin habla.

—Yo… no sé qué decir. – insistió en limpiarse las lágrimas y pasar saliva.

—No tienes que decir nada. – Ace los sorprendió a los dos. Estaba detrás de ellos, también con una hermosa sonrisa. —Bienvenido de vuelta, Sabo.

—¿Ace? – pareció reconocerlo y el moreno sintió un nudo en su estómago.

—Sí.

—¡Ace! – pasó sus brazos alrededor de su cuello y le abrazó de la misma manera que a Luffy. —¡Estoy tan feliz de verte, hermano!

—¡Yo también, tonto! – le abrazó con la misma intensidad.—Nunca más vuelvas a darnos sustos como éste, ¿Está bien?

—Sí, lo siento.

—¡Ah, que felicidad! – Luffy los atrapó a ambos entre sus brazos sujetándoles el cuello y abrazándolos. —¡Estoy tan feliz de ver a mis dos hermanos mayores!

—Parece que el trío está completo. – proclamó Ace.

—Eso creo. – respondió Sabo con una sonrisa.

—¡Sí, seremos los mejores del mundo! – Luffy se separó de ellos y los miró atentamente, después pequeñas lágrimas de felicidad cayeron sobre sus mejillas. Se tiró al suelo verduzco del parque y sonrió abiertamente. —Creo… que ya puedo regresar a mi mundo en paz. – dijo sin pensar. —Este es el mejor regalo que pudieron darme jamás.

—¿Qué tanto dices, Luffy? – ironizó Ace. —Anda, tenemos que ir a casa o nos vamos a resfriar.

—Lamento haberme salido sin avisar, chicos.

—No te preocupes, Sabo. ¡Luffy, levántate! – los mayores tomaron cada uno de sus brazos y lo halaron para alzarlo, pero…

—…—

—…—

—¿Sucede algo? – preguntó Luffy, ellos estaban totalmente pálidos, observando los brazos del menor, con el alma en un hilo. Luffy enfocó su vista en sus brazos, estaba estirado, eso era normal, ¿Por qué estaban tan asustados?

—Tus brazos… - Ace tragó saliva sin soltar su mano.

—Eso me recuerda… a que tu cuello también… - rememoró Sabo, muy pálido.

—¿Cuál es el problema? Mi cuerpo está hecho de goma.

—¿Tu cuerpo está hecho de goma? – dijeron al mismo tiempo, seguían sin soltarle las manos.

—Sí, comí la Gomu Gomu no Mi, ¿Es que lo olvidaron? ¡Ah, es cierto…! – entonces recordó la pequeña teoría en la que había estado pensando, dado los cambios repentinos en la realidad. —Es posible que yo no pertenezca aquí. ¡Shishishi!

—¡Estás bromeando, o qué! – le soltaron los brazos y éstos le dieron en la cara a Luffy.

—¡Oigan, tenga cuidado!

—Esto es imposible. – Sabo cayó al suelo. Ace se sentó lentamente y tragó saliva.

—Es el cansancio, debe ser eso.

—¿Pero que están diciendo? – Luffy se levantó. —Soy un hombre de goma, miren. – se tomó una mejilla y la estiró.

—¡Aaahhh! – exclamaron de la sorpresa los dos mayores. —¡No hagas eso!

—¡Shishishi! Nunca los había visto tan asustados.

—¡Luffy! – Ace se levantó y lo tomó de la camisa. —¡¿Te llamas Luffy verdad?

—Así es, Monkey D. Luffy.

—¡¿Qué demonios le pasó a tu cuerpo?! ¿Te comiste algo radiactivo?

—No, una Akuma no Mi.

—¿Qué es eso? – preguntó Sabo, parándose a su lado.

—Es una fruta mágica que otorga poderes a quien la come… a cambio de no poder nadar.

—¿No puedes nadar? – interrogó Ace, pensativo.

—Así es. De hecho, la primera vez que te vi, si no fuese porque me sacaste de ese pozo, me hubiera ahogado.

—¡¿Lo dices enserio?!

—Muchachos, estamos llamando la atención. – Sabo los llamó al ver que algunas personas los miraban interesados.

—Bien, discutiremos esto en la casa. – tomó a Luffy de la ropa. —¿Está claro?

—Síp. – el moreno más chico asintió acatando las órdenes de su hermano mayor. Le divertía sobremanera la forma en la que se estaba comportando Ace.

Tan sólo pisaron la casa, Luffy fue atado de pies y manos y sentado en una silla como un interrogatorio policiaco. Luffy no pudo evitar reír libremente ante la escena tan nostálgica, era justo como cuando se conocieron e hicieron amigos, Sabo y Ace le habían atado y le habían amenazado con matarlo.

Los dos hermanos mayores se pararon alrededor suyo, observándole como si se tratara de un bicho raro. El primero en hablar fue Ace.

—Explícate… ¿Qué es eso de Akuma no Mi?

—Ya les dije, es una fruta que sabe horrible y es mágica. Te otorga poderes pero a cambio no puedes nadar nunca más. – comentó con una mirada divertida.

—No existe tal cosa, ¿Seguro que no te comiste una fruta transgénica o radiactiva? – aseveró el mayor de los morenos, estaba muy irritado, de pronto el estrés y la emoción de recuperar a Sabo se quedaba pequeña junto a la verdad de Luffy.

—¿Qué es radiactiva?

—Luffy. – Sabo le llamó esta vez. —¿Desde cuando tienes esa habilidad?

—Desde que era un niño. Me comí la fruta cuando conocí a Shanks. – informó con total naturalidad, era evidente que Luffy no sabía mentir o inventar historias.

—¿Shanks? – Sabo ladeó la cabeza. —Me suena ese nombre… me parece que es un multimillonario o algo así.

—¿Hablas del Play-Boy que sale constantemente en la televisión? – contrarrestó Portgas.

—¿Qué es un Play-Boy? – preguntó de nuevo Luffy, sin entender los términos.

—Es… ¡No estamos hablando de eso! – regañó Hiken exasperado.

—Luffy, se claro con nosotros… ¿Eres realmente Luffy? ¿Te pasó algo anteriormente? ¿Si tienes ese poder desde niño cómo es que no nos habíamos dado cuenta?

—Bueno… sí lo sabían.

—No, yo nunca. – Sabo se defendió. —¿Ace?

—No tenía idea de que podía estirarse. – se llevó una mano a la barbilla un poco pensativo. —Debe ser algo muy útil.

—¡¿Verdad que sí?! – murmulló alegre Mugiwara. —Aunque al principio no sabía controlarlo, con el tiempo logre hacer que mis ataques fueran tan poderosos como un cañón.

—¿Ah sí? – Ace le miró incrédulo. —Me gustaría ver eso.

—Claro, puedo hacerlo cuando quieras.

—Esperen, nos estamos desviando de tema. – los hizo entrar en cordura el rubio. —A ver, Luffy. – Sabo se sentó a su lado, ya estaba cansado. —¿A qué te referías cuando dijiste que no pertenecías aquí?

—Pues… - intentó pensar un momento hasta que se puso rojo del esfuerzo. —No estoy seguro. – suspiró ante su intento fallido de crear una lógica. —Verán, yo estaba con mis nakamas cuando una enorme ola nos…

—¿Tus nakamas? – interrumpió Sabo.

—Sí, somos piratas. – el comentario sonó tan loco e inverosímil que por un momento los hermanos estuvieron tentados a reírse.

—¿Piratas? - Ace sonrió con algo de gracia.

—Así es.

—Interesante. – dijo ligeramente Ace. Se sentó junto a Sabo. —¿Y me dirás que tienes un barco propio?

—¡Seguro! Se llama Thousand Sunny, pero nosotros le decimos sólo Sunny. Es un gran barco; tiene césped, un pequeño huerto de mandarinas, dos velas grandísimas y una careta de león. ¡Oh, pero además de eso también tiene compartimientos secretos donde Franky guarda las armas!

Un silencio se apoderó de la sala una vez que Luffy dejó de hablar.

—Deberíamos llamar al abuelo… o a Dragón-ojisan. – dijo de repente Ace.

—¿El viejo Garp y Dragón-san? – Sabo le miró ansioso. —Tengo mucho tiempo sin verlos.

—Sí, creo que necesitan saber que Luffy enloqueció y puede estirarse como una banda elástica.

—Ace, no llames al abuelo, nos va a dar de azotes. – intentó persuadir el pirata.

—Necesitan saber tu condición.

—¿Estoy enfermo? – Luffy alzó una ceja.

—Espera, Ace. No hemos dejado que Luffy termine de contarnos su historia.

—Pero…

—Anda, déjalo. Continua, Luffy.

—Bien, pues… estábamos en la playa y una ola enorme nos golpeó. Cuando nos reunimos Franky rescató a un niño, lo subimos al barco y Chopper lo curó. Pero cuando despertó se asustó mucho y empezó a brillar, lo toque y… bueno, lo último que recuerdo es que estaba en ese parque, donde tú me rescataste, Ace.

—¿Sólo recuerdas eso?

—Sí. – asintió Sombrero de Paja.

—¿Quién es Franky y Chopper? – se atrevió a preguntar Sabo.

—Franky es el carpintero del barco, él construyo el Sunny. Chopper es el médico de mi tripulación, es un reno que puede hablar.

—¿Un reno que habla?

—Sí, él también comió una fruta del diablo.

—Vaya, por lo visto esas cosas son sorprendentes. – admiró Sabo.

—Sí, hay algunas que dan miedo y otras que hacen reír, como la fruta de Bon-chan, cuando se pone a imitar a los demás.

—¿Quién es él?

—Un okama que es mi amigo, la última vez que lo vi fue en Impel Down. Espero que esté bien.

—¿Qué es Impel Down?

—Es una prisión.

—¿Estuviste en prisión? – interrumpió Ace sorprendido.

—Sí, pero sólo de paso. – dijo más serio que lo habitual.

—¿Qué estabas haciendo en una prisión? – se interesó en saber y ante eso la expresión de Luffy se transformó notoriamente en una completamente fría y triste.

—Intentaba… rescatar a alguien.

—¿A quién?

—Pues… - se mordió el labio inferior y Sabo lo notó.

—No creo que eso venga al caso, ¿Verdad? – Luffy asintió aliviado por la interrupción de su hermano de dentadura incompleta.

—De todas maneras… - suspiró Ace. —¿Qué es lo que vamos a hacer?

—Actuar con normalidad. – respondió Sabo.

—¿Le crees todo lo que nos dijo?

—Claro, después de todo… su cuerpo de goma es más que suficiente. Seguramente… lo que te pasó parecía ser algo inevitable.

—¿Tú crees? – el chico de goma ladeó la cabeza.

—Aun así. Si tú no eres de "aquí" y con aquí me refiero a… no sé, mundo o dimensión o que se yo… ¿Dónde está nuestro Luffy? El que no se estira.

—No lo sé. – se encogió de hombros. —Tal vez esté en mi mundo, con mis nakamas.

—¿Y está a salvo?

—¡Pero claro! – gruñó jubiloso. —Mis nakamas le protegerán… ahora, si cayó con los marines entonces lo más seguro es que esté en prisión.

—¿Eres buscado? – Ace alzó una ceja.

—Sí, mi recompensa es de 400 millones.

—¡¿Qué?! – los dos se levantaron más que sorprendidos.

—¡Debes ser todo un monstruo! – comentó Sabo.

—Conociéndote debes causar muchos problemas. – Ace le tomó una mejilla entre sus dedos y ésta se estiró.

—¡Shishishi! Eso creo. – Luffy no sintió nada de dolor. Los mayores se miraron un momento y respiraron con resignación.

—¿Cuándo regresarás a tu mundo y Luffy al suyo?

—Tampoco lo sé. – Luffy los miró algo cohibido. —¿Quieren que me vaya?

—No. – respondieron los dos al instante.

—Sólo que nos preocupa nuestro Luffy. Si eres un personaje muy buscado entonces debes estar en peligro constantemente. – le hizo comprender Ace.

—Por eso les dije que no se preocuparan. Mis nakamas lo protegerán, confíen en ellos.

—¿Tienes una tripulación grande?

—Pues… somos menos de diez personas, pero pueden arreglárselas.

—¿Menos de diez? – Ace sudó un momento.

—Bueno, si Luffy dice que no nos preocupemos deberíamos hacerle caso. – corroboró el rubio. —¿No es así?

—¡Hai!

—Está bien. – dijo resignado Portgas. —Antes de que demos este tema por cerrado, Luffy, no creo que sea conveniente que andes por ahí estirando tu cuerpo.

—¿Por qué?

—Ace tiene razón. – comentó Sabo inmediatamente. —No es normal. Las personas no lo entenderían. ¿Puedes guarte ese secreto?

—Pues…

—Anda, promételo. – Ace comenzó a desatarlo. Luffy se levantó algo dudoso de la silla y frunció el ceño.

—Será una promesa entre hermanos. – agregó Sabo.

—¿Una promesa? – la visión de aquel brindis de hermandad llegó a su cabeza. Se sintió nostálgico nuevamente. —De acuerdo.

—Así me gusta. – Ace le pasó un brazo por la espalda a ambos y los juntó en un abrazo grupal. —Independientemente que seas un extraño hombre de goma, sigues siendo nuestro hermano menor, así que tratemos de llevar esto con calma. Y en cuanto a ti, Sabo. – el aludido se encogió. —Creo que tanto a Luffy como a mí nos gustaría escuchar tu historia.

—¿Aunque Luffy no sea de este lugar?

—Yo también quiero saber. – se defendió el menor.

—Está bien. – se separó de ellos y se sentó en el comedor. —Pero… ¿Podemos desayunar primero?

—¡Sí, Ace, muero de hambre!

—¿Por qué soy el único que tiene que cocinar? – se quejó el pecoso.

—Te ayudaré. – Sabo se levantó. —Es lo mínimo que puedo hacer después de todo.

—Ok, Luffy, tú espéranos en la sala, siempre que entras a la cocina terminas haciendo un desastre.

—¡Como tú digas, Ace! – Luffy se dirigió a la sala y se sentó un rato. Mientras sus hermanos se encargaban de la cocina el intentó relajarse. Observó la foto de los tres, la habían dejado en el sillón cuando llegaron de la calle. La tomó cuidadosamente y contempló la imagen con cariño.

Sonrió con completa sinceridad y felicidad.

Tal vez no eran los mismos que conoció en su infancia, así como él no era el que ellos habían conocido, pero… de una cosa si estaba seguro; Ace y Sabo serían sus preciados hermanos mayores, algo que, sin importar el tiempo y espacio jamás cambiaría.

A pesar de la muerte, nunca cambiaría.

Un resoplido se asomó entre el cristal frío, lo cual marcó el vapor que emergía de su boca y nariz, así como el humo del habano que acababa de prender. La limosina en la que iba se detuvo premeditadamente y subió un hombre tembloroso a expensas de dos enormes tipos que parecían gorilas. El hombre tragó saliva mientras se encaraba con el patrón.

El sujeto que estaba dentro del automóvil se llevó el preciado tabaco a la boca y fumó con tranquilidad, ignorando por unos segundos a su invitado.

—Y bien, Bellamy. – susurró con una voz aterciopelada y temible. El mencionado tragó saliva. —¿Dónde está el chico?

—Jefe… por favor… perdone, el muchacho…

—¿Escapó? – terminó la frase por él. Bellamy se estremeció ante su voz.

—Lo encontraremos y lo traeremos ante usted. –murmuró con voz trémula.

—¿Puedes decirme la hora?

—¿Cómo?

—Sí, que me digas la hora.

—Son… - miró su muñeca, estaba temblando. —Son las 10:11 am.

—Ajá. ¿A qué horas habíamos quedado de vernos con el "cliente"?

—A las… 11 de la mañana.

—Muy bien. ¿Y a qué horas íbamos a recibir el rescate?

—Al mediodía, señor. – bajó la cabeza.

—Eso está bien, tienes una buena memoria, Bellamy.

—Señor, yo…

—Voy a retrasar la junta hasta las 5 de la tarde. Tienes hasta entonces para traérmelo de regreso. Si te atreves a volver con las manos vacías… - le tomó la mano y se la quemó lentamente con el puro. Bellamy se removió mientras gritaba con pánico y dolor. —¿Has entendido?

—¡Sí, sí, señor! – el automóvil se detuvo.

—Sal de aquí antes de que te mate.

—Con su permiso. – casi se lanzó por la puertezuela, presa del miedo.

Suspiró mientras sacaba de una guantera un teléfono negro. Marcó unos dígitos y alguien respondió del otro lado.

¿Sí? – era una voz rasposa y abominable.

—Cambio de planes.

¡¿Qué?! Eso no estaba dentro del trato, Doflamingo.

—Lo sé y lo lamento. Prometí reunirme contigo, pero no podré hacerlo hasta nuevo aviso.

¡Espero que tengas una buena excusa!

—Las excusas son lo de menos… por el momento relájate, lo tengo todo bajo control.

No todo… - gruñó.

—Esto sólo fue un pequeño percance, nada que no puedo solucionar, pero por ello te estoy llamando, sólo para retrasar nuestra reunión.

¿Y qué pasará con el viejo?

—No te preocupes, de eso me encargo yo. Estoy seguro que accederá. – sacó de la misma guantera una fotografía. Doflamingo observó con satisfacción la imponente imagen de Shirohige. —El magnate Edward Newgate quiere demasiado a su hijo como para no obedecerme.

Bien, lo dejaré en tus manos. Sólo espero que no falles esta vez.

—Yo nunca fallo… de eso puedes estar seguro. – y colgó.

Continuará…

Me salió un poco largo, pero bueno. En realidad enfoque más este capítulo a la relación de hermanos de del grupo ASL. Sin embargo, ya estamos entrando más a fondo en la historia. Espero que les guste el rumbo que va tomando.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.