4. Te lo prometo.

Creo que a veces el verdadero problema es que tu corazón y tu boca no se ponen de acuerdo. Sientes una cosa, pero dices otra porque no quieres que esa persona a la que mientes se sienta mal por ti. Recuerdo haber leído en algún sitio que siempre dijeras que estás bien a tus amigos, porque se alegrarán, y a tus enemigos, porque sentirán envidia.

Yo creo que hay ciertas personas a las que no se las puede mentir, no porque no se deba, es que simplemente lo notan. Hasta la fecha, sólo he sido capaz de mentir a Jasper tres veces. Aquella noche fue la primera.

25 de Noviembre de 1948. Nueva Orleans (Lousiana).

Nos habíamos trasladado desde aquel pueblo a las orillas del Mississippi hasta la ciudad de Nueva Orleans. Jasper, negándose a perder la esperanza en resolver el enigma de mi identidad, dijo que allí había gente que podría ayudarnos. Sin embargo existían algunas pegas: La primera era que había demasiados vampiros allí, es una de las ciudades con más vampiros. Segunda, los vampiros de Nueva Orleans son muy territoriales.

Jasper me aseguró que no me preocupase porque la gente le conocía allí, y no habría problemas. Pero yo no podía evitar preocuparme.

El primer problema se presentó cuando intentamos encontrar un sitio en el que alojarnos. No conseguía ningún piso, ni habitación que se alquilara; por tanto los dos primeros días los pasamos resguardados en restaurantes, museos, tabernas… Gracias a Dios no había mucho sol.

Jasper se cansó pronto de la situación, asique el tercer día me llevó derecho a la recepción del hotel más lujoso de la ciudad, el Royal Sonesta New Orleans. Había reservado dos habitaciones comunicadas para 10 días. Realmente me comencé a preguntar de dónde sacaba tanto dinero Jazz.

Ahora vino en segundo problema. Cuando llegamos al hotel Jasper habló con un recepcionista para pagar las habitaciones.

-Serán 1570 dólares caballero.

-Disculpe, pero son 157 dólares por habitación, ¿no?

-Sí…eh…Lamento comunicarle que ha habido un problema con su habitación. Están arreglando algunas cañerías y no está disponible. Disculpe las molestias.

Creo que fue la primera vez que vi a Jasper cabreado. Frunció el ceño y la ira se pudo notar por toda la habitación. Entonces exigió hablar con el encargado.

-Lo siento mucho señor, pero no se preocupe le hemos encontrado la mejor suite para usted y para su esposa, sólo tendrá que pagar por una habitación normal señor. En este momento no disponemos de dos habitaciones comunicadas de ese tipo. Disculpe, caballero.

Me llamó la atención lo de "su esposa", pero a él no pareció importarle. Jasper parecía más calmado, sin embargo no estaba satisfecho. Subimos a la habitación en un silencio un pelín incómodo.

La habitación era gigantesca. La cama era preciosa, enorme también, el colchón parecía una nube. El baño era digno de la reina de Inglaterra, con bañera, ducha y un lavabo doble, un espejo gigante recubría gran parte del baño.

Estaba tan cansada mentalmente, que decidí quedarme a descansar toda la noche en el hotel, Jasper también me acompañó. Las cosas entre nosotros no habían cambiado, pero yo notaba algo distinto en él.

Me tiré en la cama con la misma ropa que tenía y decidí no moverme en un buen rato. Jasper se sentó a mi lado, algo serio.

-¿Sabes? Creo que en el fondo no está tan mal que se hayan equivocado con la habitación, a no ser que te importe compartir habitación conmigo, claro.- dije, intentado romper el hielo.

- Claro que no me importa, sólo hay una cosa que….-la frase acabó en un susurro.

Los dos nos quedamos en silencio, esperando la llegada del final de esa frase.

-Hay algo que tienes que saber Alice, algo de mí que no te va a gustar.-dijo, algo apenado. Aguanté la respiración, no entendía bien lo que estaba pasando.- No soy de fiar, Alice. Pasé mucho tiempo con neófitos, entrenándolos para luego matarlos, he matado a más personas de las que se pueden contar, no soy alguien decente. Los demás vampiros procuran alejarse de mí.

-No entiendo por qué hacen eso.

Jasper se levantó y caminó lentamente hacia el centro del cuarto. Una vez allí se quedó de espaldas a mí.

-Te lo enseñaré.

Se quitó la camiseta dejando al descubierto una espalda llena de cicatrices de todo tipo: mordiscos, arañazos, formas sin sentido…Me quedé impactada. Una cosa eran las cicatrices que tenía en el cuello y en la cara, y otra era ver lo destrozado que tiene su torso y espalda. Nunca me han importado sus marcas, pero he de reconocer que verlas me provocó dolor, sólo de imaginarme lo que debió sentir él cuando se las hicieron me entraron escalofríos.

A continuación se giró para mirarme a la cara, dejándome ver el resto de su torso. Aún más marcado que la espalda…

Se llevó una mano a la nuca para rascarse.

-Si me voy a quedar contigo, prométeme que no me juzgarás por esto. Sé que no lo hiciste inicialmente, cuando me conociste, pero ahora que parece que vamos a pasar más tiempo juntos quería que…bueno, que lo supieras. Prométeme que no te importarán mis cicatrices, si lo hacen me destrozaría, Alice. Eres la única persona hasta ahora que ha intentado conocerme a pesar de todas mis marcas, que me ha dado esperanzas, una razón por la que vivir.

Antes de contestar me levanté y corrí hacia él a velocidad vampírica para darle el abrazo. Al principio se quedó muy quieto, aunque unos segundos más tarde acabó por devolverme el abrazo. Los dos lo necesitábamos.

-Te lo prometo.

Y realmente, le mentí. Le mentí porque sí que me importan sus cicatrices, le hacen ser quien es, le hacen fuerte, representan su pasado, sus errores, sus aciertos, le representan a él.

Y él me importa, me importa tanto que daría mi vida por Jasper.