Disclaimer: La serie de HBO: Juego de Tronos no me pertenece, ni tampoco lo hace la novela "Canción de hielo y fuego" del estadounidense George R. R. Martin.
When two worlds collide
Capitulo 4:
El invierno se acerca
Un nuevo día habia dado inicio en Invernalia, y el cielo permanecía nebuloso con nubes grises en el aire sobre ellos. Hermione se habia escabullido de las lecciones de costura y cortesía con Septa Mordane sin desear pasar el día como la dama que todos esperaran que se convirtiera. Ella no era la clase de mujer que soñaba con príncipes gallardos y grandes muestras de amor verdadero como Sansa, ella era una mujer guerrera que podía fingir actuar como una dama cuando lo deseara, pero en su interior siempre llevaria la batalla.
Habia nacido en medio de una guerra, entre sangre y rosas del invierno, con el olor a sal, humo y muerte en el aire, y habia asesinado a su madre en el parto, la guerra y la lucha jamás habian sido ajenos para ella. Todas las chicas de su edad soñaban con el día de su boda y con el hombre que se casarían, pero sus sueños estaban invadidos por dragones y el horror de la guerra. Las chicas sonreían, adoraban y admiraban las canciones hechas para damas, y colocaban flores en su cabello para verse más femeninas. Ella, por otro lado, admiraba a la Princesa Nymeria y a las reinas Targaryen, especialmente a Visenya quien monto a Vhagar alzando a Hermana Oscura en su mano. Para Hermione, Visenya era su modelo a seguir, quien habia demostrado que una mujer podía ser más que alguien que tan solo paria herederos, ella habia luchado como una igual junto a Aegon I y el poder de reinar habia sido dado a ellas por el Conquistador al igual que la confianza en su sangre. La sangre del dragón ahora corría por sus venas, al igual que lo hizo por las de Visenya, aunque los vástagos de la Casa Targaryen descendían de Rhaenys en lugar de la Reina oscura.
Hermione sabía lo que se decía en el Norte acerca suyo, y el cómo ella era comparada con Visenya, y eso la hacía sentirse más alagada que todos los cumplidos que pudieran darle acerca de su belleza.
La Reina de Hielo suspiro suavemente cuando el viento le habia mecido el cabello blanco, y se arrodillo frente a las rosas de invierno en Invernalia. Los rumores decían que las rosas azules habian sido las flores favoritas de su madre, ademas que la corona de rosas de la Reina del Amor y la Belleza que su padre le habia dado en Harrenhal estaba hecha de ellas. Las rosas azules siempre la habian hecho sentir un poco más cerca de Lyanna, ademas debía admitir que las rosas de invierno tambien eran sus favoritas, ideales para alguien que con su apariencia y que llevaba el frio del invierno en su alma congelada. Ella sonrió con tristeza, con una sonrisa melancólica apareciendo en sus labios rojos, y acaricio la cabeza de Rhaenyra con suavidad.
Habia llamado a su lobo huargo en honor a Rhaenyra Targaryen, la princesa primogénita que peleo por el derecho a gobernar los Siete Reinos contra su hermano menor, ocasionando con ello la guerra civil en la Casa Targaryen conocida como la Danza de Dragones. Ella habia sido la primogénita, y por ello, la heredera al trono, sin embargo los estúpidos hombres machistas creían que una mujer no era digna de reinar y que un hombre debía ser el Rey. Según la historia, se consideraba a Rhaenyra como una mujer arrogante y mimada por su padre, sin embargo ella creía que tan solo se creía eso de ella porque habia decidido luchar por su derecho y herencia legitima. La vida de la princesa habia acabado trágicamente, cuando su hermano habia ordenado a su dragón, Sunfyre, comerla viva frente a los ojos de su hijo, quien desde entonces desarrollo una aversión a las criaturas.
Hermione comenzó a cortar las rosas de invierno con cuidado de no dañarlas, ya que su belleza no merecía ser mancillada cruelmente. Las espinas de las rosas chocaban contra la tela de sus guantes sin causarle daño, y por aquel momento agradeció el hecho de que siempre debía llevarlos puestos para evitar congelar todo lo que tocaba. Ella se sentó en la rama de un árbol y comenzó a tejerlas juntas sacando una aguja e hilo desde un bolsillo, mientras Rhaenyra la observaba con la cabeza inclinada hacia un lado con curiosidad. Una corona de rosas de invierno comenzaba a tener forma en sus manos, y ella se maravilló por la belleza de las flores una vez más, satisfecha con su trabajo, ademas de haberle quitado las espinas.
La Reina de Hielo se levantó con su loba huargo siguiéndola rápidamente, y suspiro con tristeza mientras se dirigía hacia su destino. Las criptas de Invernalia eran un lugar oscuro, con un pasillo que parecía interminable con velas postradas en las paredes para iluminar el lugar donde los antiguos Reyes del Invierno y Señores de Invernalia esta sepultados. Ella podía oír el sonido del agua cayendo haciendo eco en la penumbra, pero continuo su camino mientras observaba las estatuas de sus ancestros colocadas en orden hasta llegar hasta las últimas tumbas. Las lágrimas se acumularon en sus ojos al ver la estatua de su madre, oscura y decadente por el lugar donde se encontraba y el paso del tiempo. Ella sabía que a la Doncella Lobo no le correspondía una estatua, ni a su tío Brandon, solo podían tenerlas los Reyes y Señores pero Ned los habia amado tanto que habia mandado a hacerlas para ellos igualmente.
Hermione coloco la corona de rosas sobre la cabeza de la estatua de Lyanna Stark con suavidad, mientras luchaba por no caer al piso y llorar como una niña idiota. Ella no se consideraba una mujer que lloraba por cualquier motivo, habia sido endurecida despues de su nacimiento en medio de una guerra y los intentos de asesinato en su contra, comenzando a matar desde que tenía nueve años. Habian algunos que preferían llamarla Hermione "Warborn" o "Battleborn", sin embargo no le gustaba que le recordaran todo el tiempo las circunstancias de su nacimiento y lo que habia conllevado.
—Lo siento, mamá—Ella susurro en voz baja, las lágrimas logrando que sus ojos se volviesen brillantes y que su voz sonara lastimosamente. Hermione se acercó a la estatua y toco la mejilla de ella con sus guantes, intentado disculparse con ella por haberla asesinado en el parto, ella era la responsable de la muerte de su madre, ella la habia hecho morir desangrada en la Torre de la Alegría, entre su sangre y rosas azules y la marchita corona de la Reina del Amor y la Belleza. Su tío Ned le habia dicho vagamente lo que habia sucedido ese día, aunque ella podía saber claramente que buscaba ocultar algo de ella. Cayó al piso sin poder soportarlo más, sollozando incontrolablemente mientras abrazaba sus rodillas.
Era un poco más tarde ese mismo día, y Hermione buscaba recuperarse emocionalmente despues de haber visitado la tumba de su madre. Al menos, podía ir y visitarla, ya que se encontraba en Invernalia con todos los ancestrales miembros de la Casa Stark, y eso era algo que no podía decir acerca de Rhaegar, ya que debido a la tradición Targaryen habian incinerado su cuerpo para acaban con su paso por el mundo con el fuego.
Su tía Catelyn habia acudido a ella con noticias de Desembarco del Rey. Hermione asintió ante la petición de Lady Stark de llevar las malas noticias a su querido tío al Bosque de Dioses. Ned Stark y su sobrina siempre habían sido cercanos, más cercanos de lo que él estaba con cualquiera de sus hijos, ella habia estado junto a él toda su vida y era quien la habia salvado de las astas del ciervo y las garras del león, y uno siempre había sido confidente del otro. Catelyn siempre estaba allí para su esposo, en todo, pero algunas veces, sabía ella, él necesitaba el consuelo de su sobrina más que el de ella. Hermione podía ser tan suave como los delicados copos de nieve que caen en una ligera nevada o tan dura como el hielo congelante, podía ser tan cálida como los gentiles rayos del sol o tan ardiente como el fuego del dragón, su naturaleza era ser como el hielo y el fuego. Así que en lugar de que su tía fuese al Bosque de Dioses y hablara con su esposo, ya que aún se sentía como una intrusa frente a los viejos dioses, a pesar de tener cinco hijos norteños, envió a su sobrina, sabiendo que ella podía entregar las noticias gentilmente.
Así que Hermione hizo el viaje hacia el Bosque de Dioses sola, escuchando el suave crujir de las hojas caídas bajo sus pies y mirando fijamente al rollo de papel en su mano. Su tío estaba sentado frente al Árbol Corazón, limpiando la espada ancestral de la Casa Stark hecha de Acero Valyrio, Hielo, usada en la ejecución de hace unos días. Siempre se sentía culpable después de una ejecución, especialmente cuando se trataba de hombres que habían huido del Muro y sus votos por miedo, como lo había hecho el joven que decía haber visto a los Caminantes Blancos, aunque ella misma podía sentir una aura siniestra en el aire debido a eso, ademas el joven habia logrado convencerla aunque no lo diría nunca.
No alzó la vista, aunque ella sabía que la había escuchado acercarse.
—Todavía recuerdo la primera vez que vine aquí y te encontré limpiando tu espada—Hermione comenzó con suavidad, recordando el momento perfectamente por su buena memoria—. La colocaste en el suelo, me sentaste en tu rodilla y me dijiste que ibas a partir hacia una guerra—continuo, y una ligera y triste sonrisa apareció en sus labios rojos mientras recordaba la tristeza que habia sentido al pensar que lo perdería y que la dejaría sola.
Ned alzó la vista hacia su sobrina, mientras ella se deslizaba cada vez más cerca de él, sus de la mezcla más hermosa de Stark y Targaryen no estaban puestos en él, sino en algo muy lejano, perdida en su propia memoria. Él también recordaba ese momento, había sido uno de sus momentos más difíciles. Dejar atrás a su esposa, sus hijos, y a su pequeña sobrina había sido difícil para él, más duro de lo que había esperado. Ella habia sido tan solo una niña pequeña en el momento de la Rebelión de las Islas de Hierro, una salvaje pequeña de cabello plateado corriendo por ahí para golpear a sus primos y jugarle travesuras, sin embargo se hundía su corazón al verla tocar el arpa como si hubiese nacido para ello y leer obsesivamente, había sido demasiado inteligente como para que él se fuera y regresara sin que ella se diera cuenta. Había tenido que explicarle, a su pequeña y hermosa niña, que tenía un deber para con su amigo, que tenía que cabalgar hacia una guerra para acabar con la rebelión de los Greyjoy. Él recordaba cómo había llorado silenciosamente, sus grandes ojos haciéndole sentir la más increíble culpa.
—Me sorprende que lo recuerdes, eras una niña pequeña bebé—Ned contestó, observándola mientras parecía que se deslizaba hacia él, sus ojos ahora fijos en el alto y blanco Árbol Corazón detrás de él. Hermione siempre parecía muy cómoda en el bosque, en la naturaleza, y él siempre había asumido que se debía a la sangre norteña que corría por sus venas, ademas de que ella era una fuerza de la naturaleza, una bruja que gobernaba el poder del invierno a voluntad.
—Como lo olvidaría, creí que me dejarías sola—La Reina de Hielo dijo mientras sus cejas se juntaban ligeramente con tristeza, con miedo de perder a quien más amaba en el mundo—y en lugar de eso regresaste con el imbécil de Theon—murmuro, sin poder evitar insultar al hijo del hierro debido al recuerdo de su fastidiosa sonrisa—. Yo lo hubiera lanzado por la borda de un barco—frunció el ceño con molestia, recordando como el idiota se habia atrevido a tocarla estando ebrio en la última celebración por el día del nombre de Robb. Ned parpadeo lentamente, y negó con la cabeza sintiendo una mezcla de diversión y reproche por lo que habia dicho, pero él sabía muy bien que ambos chicos no podían verse sin terminar discutiendo o luchando—. Tenía miedo de que no regresaras, que terminase perdiéndote a ti tambien, que murieras como mi… —tomo una pausa, sintiéndose incomoda a llamar a Rhaegar Targaryen de esa manera en voz alta—padre.
Fue sólo entonces cuando Ned descubrió el pergamino enrollado entre sus manos, y la triste expresión en su hermoso rostro, sin embargo esa tristeza no era por ella misma. Se dio cuenta de que era por él. Hermione vio hacia donde se había dirigido su mirada, y miró hacia sus manos, jugueteando con el pergamino en sus manos enguantadas.
—Lo siento mucho, tío—Dijo ella simplemente, frunciendo el ceño con dolor al saber que él sufriría.
—Dime.
—Llegó un cuervo, de Desembarco del Rey. Jon Arryn murió. La fiebre se lo llevó. Se lo mucho que lo querías. Dice que fue rápido, que no sufrió mucho—Dijo la bruja, enfatizando sus últimas palabras, tratando de darle a su amado tío un poco de consuelo. Ella sabía que su querido tío habia sido fomentado en el Nido de Águilas por el difunto Jon Arryn junto a Robert Baratheon, y el anciano Guardian del Oriente habia llegado a ser como un padre para el Señor de Invernalia y el Rey.
— ¿Lysa, el niño? —Preguntó Ned, haciendo su propia tristeza, tan dolorosa como era, hacia un lado por un momento, necesitando saber que la familia de Jon Arryn estaba bien y estaba siendo protegida.
—Ambos están saludables, los Dioses son buenos—dijo Hermione, mientras se sentaba en el único asiento de piedra que restaba frente al Árbol Corazón, lo suficientemente cerca del alcance de su tío, en caso de que la necesitara. Permaneció estoico, trabajando con sus emociones tranquilamente en la misma solitaria manera en que siempre lo hacía, la misma manera en que ella había aprendido a hacerlo—. El cuervo trajo más noticias—dijo mientras fruncía el ceño, apretando ligeramente los puños. La cabeza de su tío volteó violentamente a mirarla, y ella le dio un momento antes de continuar hablando—. El Rey cabalga a Invernalia, con la Reina, sus hijos y todos los demás—susurro con una pizca de oscuridad en su voz al mencionar al hombre que habia asesinado a su padre. Cada vez que su tío hablaba acerca del Rey Robert lo hacía con gran admiración y amistad, hablando de un fiero guerrero que podía levantar un martillo de guerra con una sola mano, quien habia acabado con la locura de Aerys Targaryen, pero para ella siempre seria el hombre que mató a su padre.
—Si viene tan lejos hacia el norte, sólo hay una cosa que viene a buscar—Contestó Ned, mirando hacia su sobrina, cuya cara se había vuelto una máscara sin emociones. Ella lo había perfeccionado a través de los años, reteniendo las emociones que ella creía solo añadirían a la carga que ya tenía sobre sus hombros, él lo sabía. Siempre eran sinceros el uno con el otro, pero su sobrina siempre fue un personaje complicado.
—Mi tío... la Mano del Rey. Al final, el lema de los Stark siempre acierta, el invierno se acerca—dijo la bruja, su voz escondiendo las sombrías emociones que sentía al igual que la estoica expresión en su rostro—. Siempre puedes decir que no, tío. El Rey Robert entenderá—intento razonar con él. Tenía un mal presentimiento acerca de todo, sintiendo un horror espantoso en su pecho al pensar en que su dulce tío Ned fuese a Desembarco del Rey en medio de ese montón de ratas que llamaban familia real. Todo lo que ahora ostentaba la Casa Baratheon le habia sido usurpada a la suya por rebelión, ademas del rencor que silenciosamente sentía por los Lannister. Jamás habia llegado a conocer a Rhaenys e Aegon, pero no podía evitar sentir rabia al saber lo que Tywin Lannister habia ordenado hacer con ellos y Elia Martell, la primera esposa de su padre. Habia oído los rumores acerca de cómo Gregor Clegane habia aplastado la cabeza de Aegon contra un pared, para luego proceder a violar a Elia aun con la sangre del bebe en las manos, y tambien que Amory Lorch habia asesinado a Rhaenys, apuñalándola con medio centenar de puñaladas.
—Sólo un tonto le dice que no a un Rey—Contestó su tío, sacándola de sus pensamientos rencorosos hacia los Lannister que habian traicionado a su familia paterna para afianzar su posición con el nuevo Rey, ademas de casar a la leona de Roca Casterly con él para asi poder manejar al trono. Habia oído los rumores acerca de la belleza de la Reina, pero lo que más le interesaba era que la leona dorada habia estado enamorada de su padre, y Tywin Lannister habia intentado casarla con él, pero Aerys se habia negado tan groseramente que habia cortado los lazos entre leones y dragones.
—No—Hermione dijo con voz firme, inclinándose un poco hacia su dulce tío para negar con la cabeza—solo el idiota más grande del mundo se atrevería a entrar en la boca del león por propia voluntad—ambos sabían que aunque Robert era el Rey, eran los Lannister los que tenían el control, con su dinero y su leona en el trono como Reina—. En el Norte podemos vivir tranquilamente, pero en el Sur les gusta jugar su juego de tronos—añadió con una pequeña sonrisa triste tirando en sus labios, pensando en su padre muerto, en sus tíos Targaryen en Essos, y en que si estuviese vivo su padre ella sería una princesa, aunque mal vista al ser hija de una segunda esposa.
Ella, a pesar de amar y agradecer al hombre que le habia dado la vida, creía que lo que habia hecho Rhaegar Targaryen estaba mal. Él tenía a una fiel esposa y dos hijos al momento de tomar a su madre, más sabía que Elia Martell habia sido una mujer enfermiza y que su condición habia empeorado drásticamente con cada embarazo, quedando imposibilitada de poder llevar más hijos en su vientre, ademas de que la tradición Targaryen dictaba que el dragón debía tener tres cabezas. Rhaegar habia tomado a su madre como una segunda esposa para continuar la tradición de la sangre del dragón, aquello no era extraño para un Targaryen por Aegon el Conquistador tuvo a dos esposas que tambien eran sus hermanas, y que su padre arrancara a Lyanna de los brazos de Robert Baratheon no le resultaba tan morboso y pervertido que follar a sus hermanas. Buscaba olvidarlo, ya que su estómago se revolvía con tan solo pensarlo, pero una voz en la parte más profunda de su cabeza le recordaba a gritos que la Casa Targaryen habia sido erguida sobre el incesto.
—No aceptes—Hermione añadió después de unos momentos de silencio al estar sumida en sus oscuros pensamientos por la llegada del Usurpador a Invernalia, el cual sabía que odiaba a los Targaryen con cada fibra de su ser—tengo un horrible presentimiento de esto—continuo, con una sensación macabra arrastrándose en su pecho como si fueran las garras de una bestia enterrándose en su corazón. Una ráfaga de viento soplo con fuerza ante su pesar, y sus guantes se tornaron blancos debido a la escarcha acumulándose en la tela. Ned sujeto las manos de su sobrina rápidamente al ver que ella estaba perdiendo el control de sus emociones, sintiendo el frío contra su piel, estrechándolas con fuerza para decirle con la mirada de que sabía cuidarse y estaría bien.
Hermione permaneció sentada tranquilamente sentada junto a la chimenea mientras leía el libro que narraba la historia de la Danza de Dragones en su familia, y acaricio la cabeza de Rhaenyra inconscientemente.
Despues de que su dulce tío Ned la calmara, las cosas en parecían haberse convertido en una especie de rutina, logrando que ella casi olvidara el terrible hecho de que la familia real viajaba hacia Invernalia. El hecho de que el Rey Usurpador llegaría a su hogar para pedirle a su tío que se convirtiera en la Mano del Rey revoloteaba en el fondo de su cabeza como las alas de un dragón, logrando que su temperamento volara por las nubes. El odio del Rey hacia los Targaryen era casi legendario, y ella sabía muy bien que si no fuese por Eddard Stark, Robert Baratheon la habría apuñalado el mismo aún en los brazos de su tío en un ataque de rabia y celos al enterarse de que ella era la hija de Lyanna Stark y Rhaegar Targaryen.
Hermione leyó con avidez las palabras en el libro descansando en su regazo, sentada en el suelo con la espalda apoyada contra uno de los pilares de la chimenea, mientras las llamas fulguraban furiosamente a su lado. Cualquiera se sentiría incomodo al estar tan cerca del fuego, ya que el calor amenazaría con quemar la piel de cualquiera pero a ella el frio y el calor extremo jamás le habian molestado, creía que se debía a su naturaleza de fuego y hielo.
Ella observo a través de sus claras pestañas a sus primos pequeños mirando a la nana de Invernalia tejer mientras narraba historias de terror para Bran, con Rickon a su lado removiéndose incómodo. Hermione rio suavemente en voz baja al recordar las historias que la anciana mujer le contaba a ella y a sus primos en su niñez, asustando completamente a Robb sobre los cuentos de la Larga Noche y los Caminantes Blancos.
— ¡Quiero oír otra! —Rickon exclamo repentinamente, ya harto de las historias de miedo y terror que tanto amaba Bran. Su cachorrito aún era un niño pequeño, por lo tanto era más propenso a asustarse. La bruja del invierno recordaba como su pequeño primo no habia deseado apartarse de ella despues de oír la historia de los Caminantes Blancos, obligándola a tener que dormir en su habitación para que él se sintiera seguro.
— ¡Vieja Tata! —Ella exclamo con fuerza, sin levantar la vista de su lectura—cuénteles acerca de los Dragones de Hielo—añadió con una sonrisa pícara en sus labios, ante lo que sus primos se intrigaron.
—Oh, claro—La anciana asintió, aclarando su garganta para dar inicio a su relato—. Los dragones de hielo son una raza legendaria de dragones que nadie nunca ha logrado ver—comenzó con un tono de voz misterioso, mientras sus primos le daban toda su atención, incluida Arya quien habia estado de mal humor todo el día—. Los valyrios aprendieron a domar los dragones de fuego a partir de la magia, y con ellos establecieron el Imperio más grande jamás visto—continuo mientras continuaba con su tejido—. Los Siete Reinos fueron unificados por la Casa Targaryen y el ardiente fuego del dragón que puede derretir la piedra como si fuese un copo de nieve en la mano—alzo una mano y la aplasto como si no fuese nada, y la bruja recordó a Harren el Negro asado vivo dentro de Harrenhal, ya que el fuego del dragón habia derretido la roca como si fuese un lechón—los dragones de la Antigua Valyria eran fuego hecho carne, pero los dragones de hielo son la fuerza y el poder del invierno materializado—entonces, la anciana cambio su tono de voz para hacer su relato más dramático, divirtiéndola—. Están hechos de hielo y cristales, con un aliento tan frio que puede congelar la sangre y miembros de un hombre como si fuese agua, sus escamas son tan frías y congeladas que son impenetrables, porque el acero se destruye en mil pedazos al tocarlas—exclamo con fuerza para sorprenderlos, y ella sonrió al ver a sus primos saltar en su lugar intentando imaginar la impenetrable piel de un dragón de hielo—los rumores dicen que viven más allá del Mar de los Escalofríos, pero nadie ha logrado demostrar su existencia y muchísimo menos convertirse en el jinete de uno—termino solemnemente, y por alguna razón la joven Targaryen sintió un escalofrió recorrerla, haciéndola pensar en que quien montara un dragón de hielo se convertiría en una leyenda.
Sus primos voltearon hacia ella y parpadearon lentamente, pensando en que ella era llamada un dragón de hielo por el pueblo del Norte, sumado al hecho de que habia nacido siendo una hechicera que dominaba las fuerzas del invierno. Ella bufo en voz baja, rodando los ojos mientras levantaba la vista de su lectura.
—Dejen de verme asi, no soy un dragón de hielo—Hermione dijo cansadamente, dejando el libro a un lado, para luego juguetear con sus dedos sobre sus piernas—no tengo alas ni garras ni escamas—añadió burlonamente, enseñándoles sus manos para bromear con ellos, sin embargo estos observaron sus manos enguantados fijamente sin poder quitarle la vista de encima, y entonces supo lo que deseaban—. Miren—suspiro despues de unos momentos, quitando el guante en su mano derecha. La Reina de Hielo les enseño su mano, moviendo el dedo índice con gracia, una sensación de inseguridad y miedo arrastrándose en su pecho. Ella abrió los ojos al ver que el hielo en sus manos era de color rojo, y eso tan solo sucedía cuando la magia habia sido usada mientras sentía temor. Hermione respiro profundamente para calmarse y darse fuerzas, y nuevamente movió la mano, esta vez el hielo siendo de un tono azul helado como el hielo del Norte, formando un copo de nieve en ellas.
Sintió que por primera vez podía tener la esperanza de aprender a dominar la magia y convertirse en una verdadera hechicera del invierno, y no en alguien que poseía el don más raro en el mundo pero que buscaba ignorar por las opiniones de las personas. Movió su mano hacia arriba y abajo lentamente, mientras el copo de nieve comenzaba a brillar de distintos colores de azul, verde y purpura. La corriente y ráfaga helada caía por su mano como si fuesen chispas luminosas, y sonrió cuando movió un dedo ligeramente para materializarlo.
—Creo que Nymeria es un hermoso nombre para un lobo huargo—Hermione dijo repentinamente, observando las expresiones asombradas y maravilladas de sus primos pequeños—. Yo llame a la mía, Rhaenyra como un princesa Targaryen—continuo, observando por el rabillo del ojo al libro sobre la Danza de Dragones—no dejes nunca que otros tomen las decisiones por ti, aunque el mundo te vea como un fenómeno siempre recuérdate quien eres y lo que quieres—entonces lanzo el copo de nieve a las manos de Arya, quien habia peleado con su hermana por el nombre que le habia dado a su loba—. Sansa desea ser una dama y una princesa algún día, pero tú, primita, eres quien decide qué camino seguir.
El Rey venía a Invernalia, y estaba a sólo horas de llegar.
Hermione no estaba segura de cómo debía reaccionar al respecto. Era el hombre que habia asesinado a su padre para obtener venganza sobre el "secuestro" de su madre, por arrebatándola de sus brazos cuando habia sido prometida al ciervo en lugar del dragón, y ademas era quien habia intentado apuñalarla cuando era tan solo un bebé que no tenía conciencia ni de cómo se llamaba, aun si su tío Ned la estaba acunando en sus brazos, él tan solo habia visto a la hija de la mujer que amaba con el hombre que se la habia arrebatado, y un huevo de dragón.
Había escapado todo el día de las preparaciones, evitando rotundamente a su tía, quien buscaba ponerle un "agradable" vestido para hacerla ver como una dama perfecta y hermosa. Asi que se escabullo a la zona de entrenamientos, donde sus primos aun disponían de un poco de tiempo para entrenar con la espada antes de la llegada del Rey, y liberar un poco de estrés por todo lo que debería soportar Invernalia. Despues de un rato, ella habia descargado la energía de sobra en su cuerpo, y actualmente estaba pateándole el trasero a Robb, literalmente.
—Creo que a Sansa le dará un infarto—Hermione dijo de manera casual, mientras le daba la espalda a su primo quejándose de dolor por la patada en el culo que le habia dado la joven hechicera del invierno—solo he escuchado lo perfecta que desea lucir para el príncipe de oro, apuesto, gallardo y valiente—coloco una mano en su frente y suspiro dramáticamente, intentando imitar la voz de su prima de cabello rojo, quien la habia fastidiado hace días con las historias sobre príncipes y caballeros.
— ¿No quieres lucir perfecta para el príncipe? —Theon pregunto con los brazos cruzados sobre el pecho, recargado contra un pilar de manera mientras observaba la belleza helada de la Reina de Hielo, tan helada que podía adentrar ese frio al corazón y calar los huesos, para él ella siempre sería tan hermosa como la luna llena, quien iluminaba el mundo y alejaba a la oscuridad.
— ¡Siete infiernos, no!—Hermione exclamo con el ceño fruncido, estremeciéndose ante la idea de tener a otro idiota en su lista de pretendientes, quienes más que halagarla lograban provocar en ella el deseo de patear en las bolas a cada uno de esos sucios pervertidos—principitos rubios mimados no son mi tipo, es más, ni siquiera tengo un tipo—reflexiono, y los chicos observaron al hijo del hierro quien oscureció su mirada con dolor, y ellos negaron con la cabeza. Ambos sabían que si ella llegaba a quererle de alguna manera seria como un hermano molesto, y jamás llegaría a amarlo como a un hombre—. Tía Cat quiere ponerme un estúpido vestido y hacerme ver como una chica cabeza hueca—refunfuño en voz baja, maldiciendo en Alto Valyrio de manera inconsciente.
— ¿Hermione Targaryen en un vestido de chica? —Robb pregunto con burla, logrando que ella se fastidiara aún más. Cada vez que era obligada a usar un vestido para una fiesta, bajo la falda ocultaba que tambien usaba pantalones para sentirse a salvo, porque si alguien volviese a intentar matarla podría quitar la estorbosa tela y luchar en igualdad de condiciones—pagaría por ver eso—movió sus cejas hacia ella con malicia, y ella alzo el puño hacia él de manera amenazadora.
— ¿No quieres que venga?—Jon pregunto rápidamente para desviar la atención de su prima de su hermano, y evitar que esta le diese una paliza a puñetazos, a él mismo lo avergonzaba la enorme cantidad de veces que ella lo habia derrotado limpiamente, pero cada vez terminaba consolándose a sí mismo que prefería perder ante ella que contra un enemigo.
—Robert Baratheon quiere muerto a cada Targaryen—Hermione respondió oscuramente, endureciendo la mirada en sus ojos para recordarles lo que le habian hecho a sus medio hermanos—la única razón por la que estoy viva es por tío Ned, y porque tambien llevo sangre Stark—sonrió ligeramente al recordar a su dulce y amado tío, y cuanto le debía—. Si no lo fuese, quizás me hubieran apuñalado medio centenar de veces o me hubiesen aplastado la cabeza siendo un bebé—añadió como una oscura burla, frunciendo el ceño con fuerza acerca de cómo habian asesinado a los primeros hijos de su padre.
— ¡Hermione! —Lady Stark exclamó con fuerza desde un balcón al verla junto a sus primos en una actitud tan poco femenina, y ella maldijo en Alto Valyrio mientras cerraba los ojos.
— ¡Adiós! —La joven Targaryen se apresuró a decir antes de saltar una valla y correr por un pasillo para escapar de la Señora de Invernalia. Ella no iba a permitir que le pusieran un vestido para que los hombres evaluaran su cuerpo como si fuese una mercancía a la venta, ella prefería mil veces parecer un espantapájaros o un salvaje que verse como una dama. A veces agradecía a los dioses que no hubiese nacido para ser una princesa Targaryen, porque de ser asi hubiera sido vendida para sellar una alianza.
Hermione permaneció oculta de Lady Stark corriendo por los pasillos, utilizando toda su agilidad para no ser vista por nadie, ya que estaba segura de que alguna criada terminaría delatándola para ganar el favor de los Star. Ella bufo con rencor en voz baja, siempre habia detestado con todas sus fuerzas a las mujeres vanas y muchísimo más a las chismosas que parecían que vivían su vida a través de las pasiones de los demas. La bruja suspiro en voz baja, mientras entraba rápidamente a una habitación, y volteo sobre sus talones para ver como afeitaban a Robb sin camisa, en las mismas condiciones que su dulce Jon y el idiota de Theon.
— ¿Sigues corriendo de mi madre? —Robb pregunto notando su presencia, observándola por el rabillo del ojo con la más pura diversión. Cada vez que habia una celebración en Invernalia, su hermosa prima ponía los nervios de su madre a prueba al huir de ella por todo el castillo, negándose a permitir que le pusieran un vestido como uno de los que amaba usar tanto Sansa.
—No sé por qué debo hacerlo—Hermione dijo finalmente, sentándose sobre una mesa tras Jon en una posición de meditación, mientras sostenía la cabeza perezosamente en la palma de su mano—. El Rey seguramente quiere verme muerta, y los Lannister me odian, en especial la Reina—murmuro oscuramente, recordando los rumores que sostenían que aun despues de muerta, Robert Baratheon seguía locamente enamorado de su madre, anteponiéndola siempre ante Cersei Lannister. Ella no estaba segura, pero tenía la sensación de que la leona de oro sentía un enorme odio y resentimiento hacia Lyanna Stark, porque esta aun estando muerta, la condenaba a vivir baja su sombra, inclusive cuando ella habia deseado casarse con Rhaegar Targaryen, pero este habia preferido a la Doncella Lobo en lugar de la leona de Roca Casterly.
— ¿Ves algo que te guste? —Theon pregunto con coquetería, mostrándole de manera casual su pecho. Hermione ni siquiera volteo a verlo, y soltó un bufido de incredulidad, sinceramente ya no sabía que hacerle al joven Greyjoy para que dejara de pensar en que algún día se casarían.
—Jon tiene mejor pecho—Ella respondió con malicia, causando que la sonrisa engreída en el rostro del hijo del hierro muriera como fuego al ser rociado por agua, ademas de lograr que un pequeño rubor de vergüenza apareciera en el rostro de su lobo valiente. No podía culpar a sus primos, pero su dulce Jon era quien tenía el mejor físico debido a sus largas sesiones de entrenamiento con la espada, mientras que Theon o Robb eran adiestrados por el Maestre Luwin para gobernar. Jon no tenía ese privilegio, el ser un día el Señor de Invernalia por no llevar el apellido Stark, sin embargo ella siempre habia creído que él lo merecía aún más que todos los que lo habian sucedido, y que algún día demostraría toda esa grandeza—. Soy la Reina de Hielo, inmune al encanto masculino—anuncio con orgullo, moviendo ligeramente sus claras cejas de plata—. Atrapo a Arya, pobre de ella, pero escuche que le dio una gran pelea y como siempre Sansa se burló de ella—frunció el ceño, pensando en que su prima mayor debería dejar de soñar y aprender la verdadera crueldad del mundo que yacía frente a sus ojos, pero que buscaba evitar.
— ¡Hermione! —escucho de voz de su tía Catelyn antes de salir corriendo por el pasillo opuesto al que habia entrado, escuchando la risa de sus primos resonando en sus oídos.
Hermione frunció el ceño duramente con los brazos cruzados sobre su pecho, arruinando la belleza de su rostro y el semblante de dragón. Ella suspiro en voz baja mientras permitía que Lyse realizara un pequeño y sencillo peinado a su cabello plateado, tan solo trenzando dos mechones de cabello para enmarcar su rostro. La Reina de Hielo queria golpearse a sí misma, gritar o llorar al verse obligada a actuar como una dama y no como realmente era debido a llegada de la comitiva real. Deseaba actuar como la verdadera Hermione Targaryen y no como Lady Stark le habia suplicado que lo hiciera, ella no era Sansa ni Arya pero le gustaba considerarse en medio de los deseos de ambas, pudiendo actuar como una guerrera disfrazada de dama.
—Se ve como una Reina dragón, mi señora—Su doncella exclamo sin aliento cuando ella se habia puesto de pie para ser examinada por la chica, ella tan solo observo el piso y negó con la cabeza ligeramente, ella no era una Reina dragón, la última habia sido Rhaella Targaryen; su abuela—. Los hombres caerán rendidos a sus pies—le sonrió con admiración, mientras la joven hechicera del invierno le daba una mirada sin emociones.
—No soy una Reina Dragón ni deseo el amor de los hombres, Lyse—Ella le recordó con una expresión imperturbable en su hermoso rostro, sin que todas las emociones que invadían su corazón la atormentaran por ese momento—. Que esta farsa comience—escupió, y practicamente pateó la puerta para unirse al resto de la familia y recibir al gran Rey Robert Baratheon y al montón de serpientes disfrazados de leones que lo acompañaban.
—T-tú te vez como una chica—Robb tartamudeo con los ojos muy abiertos, mientras observaba a su prima bajar por las escaleras lentamente, el fuego ardiendo en sus ojos tan hermosos como las mismas estrellas. Él se hayo dejando caer su mandíbula ante la visión de ella vistiendo un verdadero vestido sin usar pantalones bajo él, el cual combinaba perfectamente con la belleza plateada de los Targaryen.
Ella estaba usando un vestido de un tono violeta con adornos en las mangas de color azul y lila, las cuales caían vaporosamente por sus brazos. La tela se adhería perfectamente a su figura voluminosa, marcando la pronunciada curva de sus pechos abundantes y vientre plano debido al entrenamiento con espadas. Una capa de color gris profundo se hallaba atada a sus hombros, aunque él sabía que ella no tenía frio, jamás lo habia tenido y aquello no habia sido aclarado hasta los nueve años, cuando todos supieron que llevaba el frio del invierno en el alma congelada. En sus manos, sus guantes favoritos de color azul verdoso se hallaban para contener la fría magia que albergaban sus manos. Su hermoso rostro habia permanecido impasible, pero al oírlo su ceño se habia fruncido con molestia y apretó los dientes.
—Yo soy una chica, estúpido—Hermione le espeto con rudeza, estableciendo las manos firmemente en sus caderas—. Que esté usando vestido no quiere decir que no pueda patearte el trasero—entrecerró sus ojos en dirección a su primo, y alzo su puño de manera amenazante. Robb cerró la boca saliendo de su trance ante eso, y rodo los ojos al ver que ella no podía vivir tres segundos sin ser Hermione Targaryen. Ella bajo la mirada al ver a su querido tío Ned observándola con una ceja alzada.
—Te ves preciosa—Él se acercó y beso su frente para hacerla sentir mejor, intuyendo lo que ella pensaba o sentía acerca de la llegada del Rey a Invernalia. Nada en el mundo podía compararse a la seguridad que sentía al tener a su tío cerca de ella, habian estado juntos toda su vida desde su nacimiento, y no habian estado separados más que para la Rebelión de las Islas de Hierro, aquella era una de las razones por las que no terminaba de agradarle Theon, porque su familia lo habia alejado de ella.
—Me siento como una idiota—Hermione admitió con el ceño fruncido, fulminando con la mirada a la prenda que llevaba puesta, la cual la hacía sentir como si estuviese usando algo que era únicamente usado como un maldito estereotipo de debilidad y sumisión femenina. Ella no soñaba con casarse con príncipes o ser rescatadas de las manos de rufianes por gallardos caballeros, ella deseaba ser como Visenya e Aegon Targaryen montando dragones y empuñando espadas de acero valyrio. Los huevos de dragón en su habitación habian permanecido ocultos sin que nadie llegase a enterarse de lo que verdaderamente eran, ella no permitiría que os alejaran de ella y los destruyeran. Los dragones eran el emblema ancestral de la Casa Targaryen y le pertenecían por llevar la sangre de la Vieja Valyria, y a pesar de que Aemon Targaryen le habia dicho de que ellos jamás eclosionarían, que el tiempo les habia arrebatado la vida, podía sentir que aún quedaba algo de ella dentro de los huevos petrificados.
— ¿Puedes parecerte un poco más a tu madre? —Ned pregunto despues de unos segundos de apreciarla, tomando nota de la personalidad salvaje que habia desarrollado. Habia visto como ella crecía para convertirse en una mujer poseedora de toda la belleza de su madre, pero con los rasgos de la Casa Targaryen. Durante mucho tiempo, cuando la observaba creía ver a su hermana devolverle la mirada, pareciera como si los dioses hubiesen decidido convertirse a su sobrina en una copia exacta de Lyanna para atormentarlo y a todos a quienes habian conocido personalmente a la Doncella Lobo.
El Señor de Invernalia negó con la cabeza al ver los brillantes ojos de su sobrina, los cuales le devolvían la misma mirada que Lyanna le daba cuando eran niños y lo habian enviado al Nido de Águilas. Hermione gimió en voz alta mientras intentaba ocultarse de la vista de todos, notando que aún faltaba mucho para que el maldito Rey decidiera honrar con su presencia a Invernalia, y que los lobos convivieran bajo el mismo techo que los leones, ciervos y un dragón de hielo.
— ¿¡Qué demonios me ven!? —Ella grito con fuerza al darse cuenta de la manera en que la observaban las criadas y hombres del alcázar, los cuales no estaban acostumbrados a verla con ropa tan femenina. Su sangre hervía por la futura presencia de quienes habian destruido a su familia, incluidos bebes inocentes que no tenían ni la más pequeña culpa de lo que habian hecho sus antepasados. Era un mal día para ella, y no se sentía con el humor de que alguien comenzara a fastidiarla porque estaba segura de que terminaría por rebanarle la garganta sin remordimiento alguno.
Necesitaba desahogarse de alguna manera, correr, gritar, lo que fuese para acabar con el calor en su sangre y el frio en su pecho. El hielo y el fuego eran su naturaleza, era por lo que habia nacido, los responsables de que fuese una bruja y que llevara la capacidad de regir la tormenta en su pecho, de controlar el invierno a voluntad y que el frio fuera parte de ella. Ella no era tan solo un dragón Targaryen, por su sangre tambien corría la misma que lo habia hecho por las venas de los Primeros Hombres y los Reyes del Invierno, a pesar de la gloria arrebatada a su Casa, jamás sería nada: ella era Hermione "Magicborn" Targaryen y era de la sangre del dragón.
Asi que no lo soportó más, y corrió a los establos para montar a Meraxes fuera del castillo y liberar todas las preocupaciones que sentía. El viento mecía sus rizos de plata y la ansiedad que sentía causaba que el viento soplara fuerte, una pequeña nevada cayendo tan solo sobre su cuerpo para enfriarla. Despues de un tiempo, decidió que era hora de regresar, dispuesta a sufrir la ira de sus tíos, sin embargo maldijo en Alto Valyrio al ver el sequito real acercándose a Invernalia y espoleo a su caballo para que corriera a toda velocidad.
— ¿Dónde están Arya y Hermione? Sansa, ¿las has visto? —Cuestionó la Señora de Invernalia, y su hija se encogió de hombros para indicarle que no sabía nada acerca de ambas chicas. Como si supiera que su nombre había sido mencionado, Arya se apresuró hacia su lugar, tratando de pasar inadvertido el casco que llevaba cuando pasó frente a su padre, pero él la tomó del brazo y la detuvo frente a él.
— ¿Qué haces con eso puesto? — le preguntó, quitándolo de la cabeza de la niña. Robb se rió entre dientes mientras la niña soltaba un quejido cuando su padre la mandó a su lugar en la línea. Lord Stark le entrego el casco a Ser Rodrik, antes de que todos volvieran a ver hacia el frente, esperando.
— ¿Dónde está Hermione? —Catelyn pregunto nuevamente, buscando con la mirada a su sobrina por todas las locaciones de los patios del alcázar, y suspiro dándole una mirada a su esposo por la actitud de la joven Targaryen, ella debería haber previsto que ella haría algo como esto despues de haber vivido con ella toda su vida. En ese momento, Hermione apareció montando a caballo por una puerta secundaria para evitar al sequito real, y se apoyó en sus manos para dar un salto hacia atrás y bajar del caballo con agilidad. Ella aterrizo junto a Rickon sobre sus pies con fuerza, y dio un paso hacia adelante para intentar esconderse del Rey al estar junto a su dulce Jon, pero su tío la jalo del brazo y la coloco entre Sansa y Robb.
La Reina de Hielo suspiro antes de llevar sus dedos a la boca y chiflar con fuerza, causando que los caballos dieran una patada con fuerza en el suelo, pero que Meraxes soltara un relincho suave e hiciera un gesto casi como si asintiera ante su orden. Arya rio por las travesuras de su prima, mientras Robb alzaba una ceja, y quitaba un pedazo de hoja desde uno de sus rizos con malicia y lo dejaba caer al suelo, ella tan solo le piso el pie con fuerza para desquitarse.
Los visitantes de pronto se derramaron por las puertas, un río de dorado y plateado, los estandartes de las casas Baratheon y Lannister ondeando en el viento del Norte. Juntos, los ciervos y los leones cabalgaron hacia la fría guarida de los lobos custodiada por el dragón de hielo. Hermione apretó los dientes con ganas de apuñalar a alguien, causando que sus hermosos guantes se tornaran blancos debido a la escarcha y nieve acumulándose en ellos.
Ella reconoció al príncipe instantáneamente, aunque nunca lo había visto antes. Sansa había hablado de él cientos de veces, aunque ella tampoco lo había visto nunca, tanto que la bruja del invierno podía identificarlo en un ejército interminable de hombres, sobre todo por la pedante expresión en su rostro, como si fuese mejor que todos. Ella pensó que no era tan atractivo como su hermana y muchas otras lo describían. Hermione sintió un codazo en su costado y miró a Robb, quien señaló hacia Sansa. Su prima pequeña estaba mirando con adoración al príncipe, quien le dirigía miradas similares. Sin embargo, una vez en que sus ojos se enfocaron en ella, el príncipe sonrió ladinamente observando su cuerpo de pies a cabeza. La Reina de Hielo le entrecerró los ojos, dándole una mirada tan fría y gélida que fuese digna de alguien que tenía el hielo congelándole el alma, mientras una corriente de aire frio soplaba con fuerza para espantarlo. El príncipe estaba flanqueado por un miembro de la Guardia del Rey, y el Perro, si su armadura servía para guiarse.
La atención de Hermione fue alejada del príncipe idiota para posarse en una carroza de madera adornado con rojo y oro, ondeando los estandartes de la casa Lannister, que entró después, y ella adivinó que algunas de las damas de la corte, y la Reina, estaban adentro. Hermione no podía pensar en algo peor que estar atrapada en un oscuro carruaje por horas y horas en vez de montar a caballo, libre como el viento. Pero ella sabía muy bien que las damas no se rebajaban a ensuciar sus delicados vestidos con suciedad o barro, el confinamiento valía la pena si mantenía la belleza de una mujer, algo que lograba causar en ella los deseos de golpear su cabeza contra una pared.
Un hombre flanqueado por más hombres de la Guardia Real entró después, y Hermione mantuvo una expresión impasible en su rostro al asumir que era el Rey, aunque no era nada parecido a como su tío lo solía describir. Ned Stark solía describir a un alto, delgado y temible guerrero, el demonio del Tridente, el hombre que podía levantar un martillo de guerra con una sola mano, pero ella tan solo lograba ver al hombre que asesinó a su padre. Era confuso para ella misma intentar recordarlo, pero creía haber visto a su padre aunque fuese una vez en el pasado o haber escuchado su voz, cuando él y su madre discutían los nombres para su futuro bebe, con Lyanna ofreciendo el nombre de Hermione y Rhaegar el de Visenya, no le sorprendía, despues de todo él ya tenía a una Rhaenys, Aegon, tan solo faltaba Visenya.
Ella no pudo evitar creer que el hombre ante el que ahora se arrodillaban era nada más una sombra de lo que habia sido; más bajo y más gordo, sin rastro alguno del brillante soldado que habia acabado con la dinastía de la sangre del dragón. Ella podía sentir la sangre hervir en sus venas con cada paso que el gordo Rey daba, sin embargo mantuvo la máscara en su rostro que habia aprendido a hacer tan bien. Hermione mantuvo los ojos fijos en el suelo, cuando todos doblaron la rodilla, a la vista del Rey, pero escuchó claramente los pasos de este mientras se les acercaba.
Se detuvo justo frente a su tío, y luego le hizo señas para que se levantara. Ned Stark se puso de pie primero, su esposa, sus hijos y el resto de su casa lo hicieron enseguida. Ella mantuvo su rostro hacia abajo, sus ojos fijos en el suelo y sus pies. Su tío le había advertido que no sabría cómo reaccionaría el Rey ante ella, ya que era tan parecida a su madre, la mujer que el Rey seguía amando tan perdidamente aun sabiendo que habia tenido una hija con el hombre que odiaba, y que habia muerto durante su parto. Así que hasta que fuera su turno de ver al Rey, ella se mantendría con los ojos en el suelo para que su padre pudiera saludar a su viejo amigo propiamente.
—Su Alteza—Dijo su tío, inclinando la cabeza respetuosamente.
—Estas gordo—Dijo el Rey, y Hermione frunció el ceño por la hipocresía del hombre de llamar gordo a su tío cuando él estaba a punto de ahogarse en su propia grasa. Por el rabillo del ojo, vio a su dulce tío señalar con la cabeza el enorme y redondo vientre del Rey. Ambos hombres rieron, y luego se abrazaron cálidamente como si fuesen hermanos dando fin a la tensión en el ambiente, y Hermione sonrió a su primo mientras volteaba a mirarlo, aún con la cabeza inclinada. El Rey entonces abrazó a su tía y alborotó el cabello de Rickon con afecto.
—Nueve años... ¿Por qué no te he visto? ¿Dónde diablos has estado? —Preguntó el Rey a su viejo amigo.
—Cuidando el Norte por usted, Su Alteza. Invernalia es suyo—Dijo su tío. Hermione escuchó a Arya preguntar dónde estaba el 'Diablillo', refiriéndose al hermano menor de la Reina, Lord Tyrion Lannister, y escuchó a Sansa decirle inmediatamente a su hermana que se callara para no avergonzar a la familia por su falta de educación. El Dragón de Hielo sonrió para sí misma por la personalidad de su pequeña prima que tanto amaba, ninguna chica jamás habia llegado a congeniar con ella de la misma manera en que lo hacia Arya, ya que ambas tenían la misma personalidad que habia tenido la Doncella Lobo de Invernalia.
— ¿A quién tenemos aquí? —Preguntó el Rey con simpatía observando al heredero de Invernalia—. Tú debes ser Robb—dedujo, y estrecho la mano de su primo con fuerza. Hermione pudo sentir los ojos de Robert Baratheon sobre ella y supo que el momento había llegado y se preparó internamente, mientras levantaba la cabeza para ver al Rey. Ella lo observo directamente a los ojos, negándose a dejarse intimidar por alguien aun si era un Rey, si el decidía matarla alli misma prefería morir conservando aunque fuese su personalidad y no encogerse de miedo. La sangre del dragón ardía en sus venas, y el fuego de la bestia que era tan caliente que podía derretir la roca, brillaba en sus ojos con ferocidad. Ella era una Targaryen, y era el Dragón de Hielo del Norte que custodiaba Invernalia.
Ella vio la impresión en el rostro del hombre, y lo escuchó contener el aliento, mientras su piel perdía todo rastro de color para volverse tan pálida como la nieve, y supo lo que habia visto, la conexión entre ella y su difunta amada. Su tío le recordaba cada vez que podía que ella era idéntica a Lyanna Stark, y ahora podía verlo más claramente que nunca por la expresión del Rey. Hermione lo observo a los ojos, rehusándose a echarse para atrás ahora, y mantuvo su mirada sin vacilar en él, y su boca casi cayó al ver todas las emociones ocultas en las profundidades del alma del hombre. Pudo ver el dolor por perder a la mujer que más habia amado y que más amaría en el mundo, la rabia hacia su padre por ser quien le quitara a esa mujer, y la tristeza al verse solo en el mundo sin Lyanna para estar con él, sumando a su tristeza el saber que ella habia parido a una hija de Rhaegar Targaryen y que se habian casado en secreto.
—Lyanna… —El Rey dijo finalmente, su voz sonando como un susurro de ultratumba mientras sus ojos parecían a punto de estallar en lágrimas o desmayarse. Robert se tambaleo hacia atrás respondiendo sus sospechas, pero ella extendió una mano casi por instinto y lo detuvo de caerse al piso y avergonzarse a sí mismo por una chica que parecía el fantasma de su madre.
—Lyanna Stark es mi madre—Hermione dijo en voz alta, orgullosa de ser la hija de la Doncella Lobo y el Ultimo Dragón. Jamás permitiría que su espiritu se doblegara, aun si un Rey permanecía frente a ella y corría el riesgo de morir por su filiación paterna, ella no tenía miedo a la muerte. Ella le dio un tirón al Rey para ayudarlo a ponerse de pie correctamente, mientras este no dejaba de mirarla y apreciar cada centímetro de su rostro, causando que ella se sintiera ligeramente incomoda, hasta que noto que observaba su cabello con atención.
Casi podía ver los pensamientos del hombre en ese momento, conectando su cabello con el hecho de que era la hija de Rhaegar Targaryen, el hombre que habia robado a su amada se habia atrevido a embarazarla con un dragón. Despues de unos segundos que parecieron eternos, él volteo hacia su tío con una expresión entre furiosa y gentil. Por un lado ella era la hija del hombre que odiaba, y por el otro la hija de la mujer que aun despues de muerta seguía amando más que a nada en el mundo, y ella podía ver que estaba dividido entre el amor y el odio.
—Ned, ella es idéntica a Lyanna—El Rey declaro con voz firme, negando con la cabeza mientras apretaba los puños con dos emociones chocándole en el pecho como si fueran rayos y truenos en medio de la peor tormenta jamás vista. Hermione se negó a seguir al Rey con los ojos, pero se arrepintió inmediatamente cuando encontró los fríos ojos verdes de la Reina. Cersei Lannister miró ferozmente al fantasma que ahora la perseguía en carne y hueso, pero apartó la mirada cuando se dio cuenta que la chica Targaryen no lo haría. Ella era demasiado obstinada para dejarse acobardar por un Lannister, sin importar su posición, ademas ella era la Reina de Hielo, quien tenía el poder de dominar el invierno a voluntad. Tuvo ganas de burlarse de la expresión de la leona de oro, reírse en su cara impunemente por alguna razón, y darle un puñetazo para romper su hermosa nariz al notar que observaba todo como si ella fuese mejor, e Invernalia no merecía tenerla pisando su suelo—. Muy hermosa—dijo observando a Sansa, quien asintió ligeramente aturdida pero apenada, antes de fijar su vista en la más pequeña de los Stark—. ¿Tu nombre es?
—Arya—La joven escupió. Hermione estaba feliz de que su prima mantuviera las formalidades y no se acobardara cuando el Rey se dirigió a ella. El Rey se movió de nuevo, sonriendo ligeramente a Bran, antes de hablar con diversión coloreando su tono. Parecía llevarse bien con los niños pequeños.
—Oh, muéstranos tus músculos—Dijo, y Bran hizo su capa hacia atrás y flexionó su delgado brazo con orgullo. El Rey soltó una pequeña risa ante el pequeño lobo y sonrió—. Oh, tú serás un soldado—la amplia sonrisa de Bran en respuesta hizo que el corazón de la bruja del invierno se ablandara. No era ningún secreto entre su familia que Bran quería ser un miembro de la Guardia Real algún día, y que el Rey le dijera eso obviamente significaba el mundo para él. Ella reflexionó silenciosamente que el Rey probablemente ni siquiera sabía el obsequio que le había hecho al chico.
—Ese es Jaime Lannister, el hermano gemelo de la Reina—Hermione escuchó a Arya murmurarle a Sansa, y sus ojos fueron hacia al león Lannister que no habia visto, quien en ese momento se quitaba el casco, sacudiendo su dorado cabello. Una voz en el fondo de su cabeza le grito en descontento, ya que otro hombre que habia asesinado a un miembro de su familia estaba cerca de ella, sin embargo se negó a acobardarse ante el temido "Matarreyes".
Hermione lo observo atentamente, hasta que noto que este le devolvía la mirada antes de guiñarle un ojo de manera burlona, ella tan solo le sonrió con burla mientras alzaba una ceja, rodando los ojos pensando que todos los hombres eran unos idiotas, lo cual causo que ella dejara escapar un bufido. Ella pudo ver que el rostro del Matarreyes caía por completo, e interiormente ella choco las palmas consigo misma. Aun debido a la rápida mirada que le dio, ella pudo verlo perfectamente, y por alguna extraña razón se halló tomando nota de su aspecto en el interior de su cabeza.
Su cabello era como oro hilado, no muy diferente al de la Reina y sus hijos, y tenía un rostro muy atractivo. Era alto y delgado, vestido en blanco y oro de pies a cabeza, literalmente. Él vestía gallardamente la armadura de la Guardia Real, que parecía bastante pesada incluso para un hombre maduro, pero una vocecita en su cabeza le recordó que un miembro de la Guardia Real no era ningún hombre normal, sino que los mejores y más grandes guerreros llegaban a ocupar tal puesto. Sus ojos eran como dos piscinas con esmeraldas liquidas, los cuales brillaban con arrogancia y picardía, lo cual causo que interiormente rodara los ojos con todas sus fuerzas. La arrogancia y petulancia parecía ser un rasgo común en los Lannister, y ella deseo darle un puñetazo al Matarreyes para que dejara de observarla de esa manera tan divertida, queria ver su expresión cuando una chica le pateara las bolas y le rompiera a puñetazos su perfecta nariz.
Hermione se dio una bofetada mentalmente a si misma por pensar de esa manera de un Lannister, así que apretó los labios y alejo los ojos de él y dirigió su atención hacia la Reina, quien finalmente se les había acercado. Le dirigió a su tío una ligera sonrisa, colocando su mano en la de él. Ned levantó la pálida y fría mano de la Reina hacia sus labios y depositó un rápido y ligero beso en ella con la cortesía de un Señor.
—Mi Reina—Dijo él, y su esposa hizo una reverencia y repitió sus palabras de saludo, ganándose otra débil sonrisa de la Reina Sureña, que se desvaneció rápidamente por la petición de su esposo.
—Llévame a tu cripta. Quiero presentar mis respetos.
—Hemos viajado por un mes, mi amor. Seguramente los muertos pueden esperar—Dijo la Reina, y Hermione la comprendió ligeramente, aunque estaba segura de que aquella no era la única razón de no querer que el Rey Robert visitara las criptas. El viaje desde Desembarco del Rey hasta Invernalia no era exactamente un viaje corto, ni debió de ser muy cómodo, pero el Rey no hizo caso. Ademas, todos en el Norte sabían que Robert Baratheon seguía locamente enamorado de Lyanna Stark aun si ella habia estado muerta por más de una década, y que lo habia abandonado por el Príncipe Dragón, y se habia casado con él a pesar de estar prometida al Señor de Bastión de Tormentas.
—Ned—Llamó al tío de Hermione, antes de darle la espalda a su esposa, desapareciendo de su vista. La joven Targaryen observó a su dulce tío mirar rápidamente a la Reina, dándole una mirada de disculpa, antes de seguir de mala gana a su Rey, y su amigo, incluso aunque no quería hacerlo.
Ella se sintió ligeramente incómoda y ligeramente decepcionada del hombre que acababa de ver. Se hizo evidentemente muy rápidamente que no había amor entre el Rey y la Reina, y que él no honraba a su esposa como debía hacerlo, por el amor que aún le tenía a una mujer muerta hace muchos años. Hermione sintió un pequeño rastro de simpatía en su pecho por Cersei Lannister, aunque una malvada voz en su cabeza se rio a carcajadas por el hecho de que la leona dorada de Roca Casterly no podía superar la sombra de una mujer muerta aun si el tiempo habia pasado sin importarle nada. A pesar de la belleza dorada de la Reina, esta no podía superar la belleza de Lyanna Stark y mucho menos su personalidad salvaje que habia sido capaz de convertirse en inolvidable para cada hombre que la habia conocido. La atención de ambas mujeres fue distraída por la Stark más joven mientras preguntaba, ligeramente más alto de lo que debería, dónde estaba el "Diablillo".
La Reina avanzó a zancadas hacia su hermano e hijo, y Hermione encontró los ojos del León Lannister sobre ella de nuevo. Ella ladeó la cabeza, dándole una mirada inquisitiva, pero puso los ojos en blanco cuando él le dio una pequeña sonrisa. Él era claramente ese tipo de hombre. El tipo de hombre que jugaría con una persona por su propia diversión. Ella se burló de él con la mirada, ya que no era tan ingenua para creer que él realmente se mantenía tan célibe como sus votos lo demandaban, acompañado del hecho de que era un Lannister quien tenía suficiente riqueza y poder para creer que podía tener lo que quisiera y a quien deseara y el Dragón de Hielo se sintió un poco infeliz de que había llamado su aparente interés.
La Reina de Hielo estaba ligeramente nerviosa por la visita real a su hogar, especialmente por los leones y el Rey que habian destruido su Casa y ejecutado a los miembros de su familia, aun asi ella era la prueba de que los Targaryen y los dragones no estaban extintos. Ella era la Emperatriz del Invierno, la Creadora de Tormentas, la Nacida de la Magia bajo una estrella sangrante en medio de una guerra con el olor a sangre, sal, humo y muerte en el aire. Ella era la prueba de que Rhaegar Targaryen no habia sido el último dragón. La Reina miró fijamente a Arya y luego a su hermano gemelo.
— ¿Dónde está nuestro hermano? Ve y encuentra la pequeña bestia —demando con voz dura, sin una pizca de afecto hacia su hermano menor. Hermione habia oído las historias acerca del hermano de la Reina, un enano deforme que avergonzaba a la Casa Lannister con cada respiro que daba, sumado a su gusto por todas clases de perversiones. Ella no podía entender ese oído indiscriminado a su propia sangre por el hecho de nacer de manera diferente, habia nacido diferente que todos en el mundo, pero tenía a su familia con ella, y si estaba con ellos no le interesaba lo que pensara el resto del mundo.
Despues de las palabras de Cersei Lannister, Lady Stark se acercó a la familia real para guiarlos a sus habitaciones como una amable anfitriona, y todo el mundo pareció dispersarse en distintas direcciones del patio. Hermione suspiro en voz baja con alivio al terminar la tortura de estar en presencia de la Reina y el Rey, sin embargo se recordó a si misma que al atardecer los Señores de Invernalia darían una fiesta para honrar al gran Rey Robert y su familia, y la obligarían a usar otro estúpido vestido y asistir para regodearse como una dama.
—Te ves preciosa—Theon declaro cuando el patio estuvo mucho más vacío, y ella le dirigió una mirada desdeñosa en vez de sonrojarse como cualquier chica lo haría ante los cumplidos de alguien como el hijo del hierro. Ella pudo verlo observarla de pies a cabeza de la misma manera en que lo habia hecho desde que su estúpido cerebro habia decidido notar que ella era una mujer hermosa y no el chico del cual se habia burlado en su niñez.
—No necesito que me veas como un pervertido al acecho—El Dragón de Hielo le escupió al kraken de las Islas de Hierro con fiereza, mientras la sangre del dragón volvía arder en sus venas como cada vez que el joven decidía intentar conquistarla patéticamente otra vez—y mucho menos tus halagos, ahora déjame pasar—le espeto con los labios fruncidos, sus ojos brillando de manera amenazante, pero este no se dignó a dar un paso para alejarse de ella.
—No podría incluso si pudiera—El hijo del hierro murmuro con un anhelo ardiente en su mirada, lo cual causó que ella frunciera el ceño sin conmoverse por el momento de debilidad del joven kraken. Ella dio un paso hacia adelante y acurruco su mano enguantada en un puño antes de levantarla, sin embargo una mano detuvo la suya antes de que le rompiera la nariz otra vez al estúpido.
—Creo que no debería provocar más rumores acerca de usted misma, mi señora—Una voz lenta y sedosa murmuro muy cerca de ella, y giro sobre sus talones para ver a Ser Jaime observarla con diversión, mientras Theon se escabullía por la pasada mirada que le habia lanzado el león Lannister, el temible hombre que habia asesinado por la espalda a Aerys Targaryen, el Rey Loco.
— ¿No tiene un hermanito mujeriego que buscar en un prostíbulo, Ser Jaime? —Hermione espetó liberándose del agarre del león dorado para la diversión de este, quien le dio una sonrisa cortante.
— ¿No es una chica encantadora, Reina de Hielo? —Él pregunto con burla, apretando los labios ligeramente de la misma manera en la cual la observaba.
— ¿No es un hombre valiente, Ser Jaime?—Ella replico con astucia, pensando en todos quienes la veían como la reencarnacion de Aerys Targaryen, y que algún día llegaría a heredar la locura de su Casa producto del incesto para mantener la sangre pura. El león de Roca Casterly alzo una ceja con curiosidad de su pregunta—. Todos parecen encogerse de miedo por el Dragón de Hielo del Norte—añadió de manera casual, una sonrisa tirando de sus labios tan rojos como la sangre, sin embargo, el león se inclinó hacia el dragón mientras observaba sus manos.
—Soy un Guardia Real, y nosotros no le tenemos miedo a una niña que le gusta jugar con el invierno—se jactó de ella en su cara practicamente, lo cual causo que su cerebro comenzara a planear rápidamente una ofensiva en contra del león.
— ¿Sabe una cosa? —Hermione pregunto acercándose un poco hacia él, quien la observo con petulancia en sus ojos Lannister, y ella pudo darse cuenta de que ellos, irónicamente, parecían los ojos de un felino—. Que sea un miembro de la Guardia Real no significa que no tenga una verga, tambien—añadió groseramente, y las cejas del león volaron hasta el nacimiento de su cabello rubio—quizás podría divertirse un poco junto a su hermano y dejarme en paz—ofreció con descaro, girando sobre sus talones para marcharse, sin embargo, un brazo en su codo la obligo a girar con fuerza.
—Una mujer que le gusta pelearse a puñetazos e insultar a caballeros, yo diría que es bastante salvaje—Ser Jaime replico con una expresión casual en su rostro—más un Dragón de Hielo que una dama. Robert debe haber adquirido un poco de la locura Targaryen al querer casarnos—añadió con el ceño ligeramente fruncido con burla, mientras la expresión de Hermione vacilaba y su mente se detenía abruptamente al procesar la información.
— ¿Casarme contigo? —La Reina de Hielo contuvo sus labios juntos para no estallar en carcajadas tan solo al pensar en convertirse en la esposa del hombre que había asesinado a su abuelo, ademas de pasar a formar parte de la Casa Lannister, quienes habían traicionado a la suya por el favor de Robert Baratheon. Una expresión divertida y horrorizada se hizo cargo de su hermoso rostro, sin saber si reír o llorar por la idea.
— ¿Por qué no? —Ser Jaime pregunto con un ligero rastro de curiosidad tiñendo su voz, inclinando la cabeza hacia un lado ligeramente—. Soy rico, poderoso, aun joven y muy apuesto—se jacto con una sonrisa arrogante, inclinándose hacia su rostro para ver si ella decidía ruborizarse y perder esa actitud grosera con él. Ella se negó a creer que su tío la vendería a los Lannister, aun si era una orden del Rey en persona, él no la trataría como si fuese una perra de cría para que Tywin Lannister pudiera tener a su preciado heredero de Roca Casterly de una vez por todas. Hermione acerco su rostro un poco más cerca del león dorado, sus ojos sin vacilar en la ferocidad y fuego en su mirada.
—Y un completo idiota—Ella declaro seriamente, causando que la sonrisa petulante del hombre muriera como el fuego—. ¿No ha escuchado las historias acerca de los dragones de hielo? —Preguntó mientras se alejaba de él lentamente, dando pasos cortos hacia atrás de espaldas—. Somos más fuertes, más poderosos que un dragón de fuego, prácticamente indestructibles—se jacto antes de girar sobre sus talones disfrutando del aturdimiento del Caballero, y ella sonrió para sus adentros. Hermione Targaryen: 1, Jaime Lannister: 0.
La visita del Rey no aseguraba nada bueno para ella al parecer, nada bueno en absoluto. Mucho mas si un león Lannister estaba involucrado, sin embargo, ella no tendría miedo. Los dragones de hielo eran mas fuertes que los dragones de la vieja Valyria, eran el poder del invierno hecho hielo y cristales, y con ellos el invierno se acercaba.
¡Espero sus comentarios!
¿Qué les pareció el encuentro entre el Dragón de Hielo y el León de Oro?
Acepto sugerencias acerca de cómo llamar al último dragón, aunque tengo un nombre en mente. Quizás alguno logre superar al que he planeado.
