Un mes antes.
El sonido del timbre retumbó por la mansión vacía. Eso le recordó la soledad que sentía cuando Henry no estaba en casa. Esa era una de esas noches. Afortunadamente, no estaría allí el suficiente tiempo como para revivirlo. Por algo se quitó el corazón, ¿no? Para no tener que sufrir de nuevo, para que la pérdida y la soledad a la que tanto se acostumbró no duela tanto.
Los tacones negros resonaron durante el camino hacia la puerta. Tomó la chaqueta de cuero y la colocó sobre su vestido negro de espalda descubierta ceñido al cuerpo, por ahí se podía ver que no llevaba brasier. Esta vez no tenía sus naturales rizos, sino unas discretas ondas cortas. Abrió la puerta y se encontró con Emma, ya que iban a ir juntas al Rabbit Hole y encontrarse con las otras. Emma aún estaba sorprendida de que Belle haya aceptado salir.
Notó como la rubia admiraba su ropa, o cuerpo —no le importaba lo suficiente para preguntarse— y arqueó una ceja. Entonces la miró a los ojos. «Te ves bien»
¿Solo bien? «Gracias. Tú no estás mal tampoco» dijo mirándola descaradamente y mordiendo su labio inferior, acto que mandó una señal en el abdomen de Emma, que respiró profundamente intentando dejarlo pasar.
No mentía. Emma vestía la misma ropa de siempre. Jeans y chaqueta roja. Pero no quería decir que estuviera mal. Es más, por su mente solo pasaba una palabra cada vez que la veía: "sexy". Dejó salir una sonrisa pícara por la comisura de sus labios y agarró su bolso, para luego subirse, a su pesar, al bicho amarillo de Emma.
-OUAT-
El Rabbit Hole. No pensó dos veces antes de entrar. Donde todos los borrachos y escandalosos se juntaban en un solo lugar. Le encantaba.
Se acercó a la barra y pidió un martini, con dos aceitunas. Esperó y buscó la mesa en la que estaba Emma, acompañada de las otras cuatro mujeres. Fue hasta ellas con su bebida, sin molestarse en pedir para sus compañeras también.
«Hey, chicas» saludó sentándose.
«¡Regina!» saludaron Emma y Snow, mientras las otras sonrieron cortésmente. Regina notó la falta de familiaridad, pero no le importaba realmente. Solo quería salir.
Emma bajó la vista a la bebida que la morena sostenía. «¿Eso es un...?».
«Martini».
«Ya pediste» dijo un poco molesta.
«Sip» respondió y tomó un sorbo. «¿Saben que oí? Que había una nueva bebida artesanal, ¿quieren?».
«Claro» respondió la rubia por todas.
«¿Qué tal si vas a buscarlas, Snow?» pidió, tomándola por sorpresa.
«Eh... Claro» balbuceo y se alejó de la mesa.
Tomó un poco más de su bebida mientras sentía ojos sobre ella. Sonrió traviesa contra el cristal. Le empezaba a gusta esa atención que estaba recibiendo. Belle hablaba con la novia de Ruby, mientras la morena y Emma la inspeccionaban con la mirada. Las ignoró y miró a su alrededor. Veía a gente bailar, mesas de billar, los borrachos de turno en la barra, una despedida de soltero a un lado, los jóvenes adultos, en edad universitaria, cantando y tomando chupitos hasta perder la cabeza.
Snow llegó con las bebidas, cuando Regina decidió levantarse de su asiento y llevarla a la pista de baile. La música era horrible, pero no importó mucho porque le pidió al DJ que la cambiara. "Womanizer" de Britney Spears empezó a sonar. Era relativamente vieja, pero ¡a quién le importa!
Snow se veía bastante perdida, así que Regina la guió. Posó sus manos en las caderas de su amiga y empezó a moverlas junto a ellas, bajando levemente. Mientras ella hacía lo mismo. Dió una pequeña vuelta en su lugar y escuchó que la canción cambió.
Las mujeres de la mesa no sabían que pensar. Veían que la cara aterrada de Snow se convirtió en una cómoda u relajada. En realidad parecía divertirse en esa situación con Regina. Por otro lado, Emma sentía que estaba presenciando un posible trauma al ver a su madre bailar con la madre de su hijo de esa forma. La manera en la que su amiga movía las caderas era... Atraía a más de una mirada.
-OUAT-
«Juguemos» propuso.
«¿Eh?» preguntó la rubia.
«Billar. Juguemos».
«Eh... No sé» dudó.
«¡Vamos!» hizo un puchero. Emma la miró sorprendida. Regina Mills no hace puchero. «Quiero que me enseñes».
«¿No sabes jugar? ¿Por qué asumes que yo sí?».
«¿Sabes o no?» y arqueó un ceja curiosa.
«Sí».
«¡Entonces no era necesario todo eso! Vamos».
Emma hizo una expresión cansada mientras Regina la arrastraba hasta las mesas. No tuvo oportunidad para intentar enseñarle cuando dos jóvenes, se acercaron ellas, preguntando si querían jugar con ellos. Antes de que Emma se pudiera negar, la morena ya estaba aceptando.
Nick y John se llamaban. Uno tenía el cabello negro, pero unos ojos verde pálido increíblemente atrayentes y grandes, marcados por ojeras, sus labios eran finos y su cuerpo era relativamente flaco, con piel pálida. El otro llevaba mechones pelirrojos entre su cabello rubio, era un poco más rellenito y tenía medianos ojos avellanas.
Se suponía que la rubia debía enseñarle a jugar. Pero cuando Nick escuchó que la morena estaba por aprender se ofreció dichoso. Lo que él no vió que Emma sí, era la sonrisa predadora de su amiga cuando aceptó su oferta. Miró frustrada como el muchacho pegaba su cuerpo a la mujer que aparentaba tener su misma edad mientras guiaba sus manos en el taco, rodeándola por su espalda.
«Intenta tú» le dijo Nick.
«Ok» respondió con falso nerviosismo.
El jóven se alejó y vio a la morena mover el taco, golpeándolo contra la bola blanca que chocó con las otras bolas, desparramándose por la mesa. La suerte estaba de su lado: entró una bola. Así que continuó. Golpeó la bola blanca con maestría y dos bolas más entraron.
«¿Cómo...?» se preguntó el hombre.
«Suerte de principiante, supongo» replicó con una sonrisa victoriosa.
Casi al final del juego, Emma empezaba a cansarse. Sentía que sobraba, mientras que los que jugaban al final eran sólo Nick y Regina, dejaron plantados a sus amigos.
«Creo que mejor volveré con las chicas» avisó.
«Bien, ve» respondió distraídamente mirando a Nick como el cazador a su presa.
Pero la rubia dudó preocupada. «¿Estás segura que está bien si te dejo sola?».
«Estoy de maravilla, querida».
«Ok...» terminó la conversación un poco desanimada ante la "maravilla" de la morena porque se vaya.
Volvió a su mesa, donde Ruby y Dorothy faltaban, estaban bailando. Miró extrañada a su madre, que arrastraba las palabras que dirigía a Belle. La vió tomar un sorbo de su bebida "artesanal" y notó la presencia de Emma.
«¡Emma!» saludó con alegría. «¿Probaste estas bebida? Dice que son artesanales, pero creo que significa fuerte».
Abrió la boca para replicar pero la cerró enseguida y se giró a Belle. «¿Cuántas de esas tomó?» preguntó señalando el vaso de Snow.
«Si puedes creerlo, esa es la primera... Woah» exclamó.
«¿Qué? ¿Qué pasó?».
«Mmm, Regina...».
Pero no escuchó ninguna palabra más porque se dió vuelta y vió la escena. Regina sentada en la mesa de billar mientras ese chico, Nick, le metía la lengua hasta la garganta. Su amigo, John, parecía tener el sentido común suficiente como para alejarse de allí.
De repente, todo era rojo a los ojos verdes. Antes de que la castaña pueda pararse a detenerla, se dirigió con paso rápido y firme hasta las mesas de billar. Sin pensarlo dos veces y cegada por un sentimiento que no lograba reconocer, separó con fuerza bruta al jóven de la morena y lo golpeó en la quijada.
«¡Emma!» reprochó con voz indignada, aunque en sus ojos se podía notar un brillo de diversión.
«¡Ey, amiga!» se quejó cariciando su mandíbula. «¿Qué te pasa?».
«Primero, no soy tu "amiga"» dijo en cólera. «Segundo, me pasa que te estás aprovechando de la madre de mi hijo».
Nick amplió los ojos y miró a la morena. «¿Tienes un hijo?».
«No le prestes atención. Está loca».
«Pero...» Emma enmudeció.
Regina se dirigió a ella y le susurró. «¿Qué mierda crees que estás haciendo?».
¿Mierda? Regina no dice "mierda".
«Te estaba acosando» se defendió.
La morena largó una risita divertida. «Hazme un favor, y aléjate de mi camino, cariño».
"Cariño"...
La rubia volvió a su mesa con la mirada clavada al suelo y la cola entre las patas. Belle parpadeó repetidamente, boquiabierta ante la escena anterior.
«¿Qué fue eso?» preguntó Snow.
«Pensé que necesitaba ayuda» y se encogió de hombros.
«Tienes suerte que esté lo suficientemente borracha como para no acordarse de esto mañana» le dijo Belle.
«¿Qué?».
«Sé lo que ví. Pero si no quieres hablar de eso, está bien por mí. No le diré a nadie».
«Bien, porque no hay nada que decir».
«Tienes suerte de que no te hayan echado».
«Dije, no hay nada que decir, ¿recuerdas?».
«Está bien» se resignó. «Pero, Emma, si quieres hablar, sabes que estoy aquí para tí, ¿no?».
«Ok...» asintió distraídamente mientras veía como la morena llevaba a Nick tomado de la mano hasta fuera del pub.
«Regina está... diferente. ¿Está bien?».
«Parece estar mejor que nunca, ¿verdad?» suspiró. «Si tan sólo no hubiera tomado esa maldita poción» murmuró para sí.
«Hey, ¿y Regina?» escuchó a Ruby detrás de ella.
«Se fue».
«Lástima... Esa chica es pura diversión» dijo Dorothy, obteniendo todas las miradas.
Regina Mills, pura diversión. Si alguien le hubiera dicho eso la semana pasaba se hubiera reído en su cara. Ruby aún no comprendía que sucedía con la alcaldesa, pero hasta ese entonces no se preocupó en lo absoluto por ello. Ahora, su nueva actitud parecía una red de problemas.
«¿Adónde se fue?» le preguntó.
«Querrás decir, con quién» respondió Snow.
«¿Qué?» exclamó estupefacta.
«Se fue con ese Nick» dijo con un tono rencoroso.
«Hmm, interesante».
Pero Ruby no estaba hablando de Regina, se estaba refiriendo a la actitud de la rubia.
«¡Se suponía que sería una noche de chicas! ¡Sin chicos!».
La morena arqueó una ceja. «Nunca fuiste antes a una noche de chicas, ¿verdad?».
«¿Cómo lo sabes?».
«Porque eso pasa».
«¡Y recién ahora me dicen!» se quejó indignada y tomó un sorbo de la bebida de su madre.
-OUAT-
Actualidad.
«¿Cómo que se escapó?» dijo sin ocultar su ira. «¡Se supone que tenías que evitar eso!».
«Cariño, cálmate. No sirve de nada discutir ahora. Vamos a buscarlo».
La rubia suspiró resignada. «Oh ya sé perfectamente dónde se metió».
Se dió la vuelta colocándose su chaqueta y abrió la puerta del departamento, preparándose para ir a la casa de Regina, pero se chocó con alguien del otro lado de la puerta.
«¿Regina?» preguntó sin creer lo que sus ojos veían. «¿Qué haces aquí?».
«Buenas tardes a usted también» dijo con esa voz falsamente cortés. «Necesito hablar con usted...es» completó desviando la mirada a Snow.
«Eh... en realidad estabamos un poco ocupadas...».
«No recuerdo nada de lo sucedido los últimos cinco años» soltó.
«Espera, ¿qué?».
