Sabía perfectamente que Santana y Kurt conocían cosas de las cuales yo era completamente ignorante. San se ha pasado mucho tiempo hablando con Rachel, yo estaba segura que la quería convencer de que aflojara con su actitud y hable conmigo, pero me parece que sus conversaciones poco tienen que ver con eso.

San y Kurt han cambiado, han aflojado el reproche y los enojos con Rachel y cada vez más insisten en que le dé tiempo, en que no la presiones.

Mi paciencia esta casi llegando al límite, hoy se cumple exactamente diez días desde que Rachel se enteró. Y las cosas están cada segundo peor.

Por suerte para mi Rachel cesó con la guerra, pero volvió a ignorarme, prácticamente hace como si yo no existiera, no hay saludos de buenos días, ni saludos de buenas noches.

Me cuesta mucho vivir así, ella era mi mejor amiga, me divertía, me consolaba, me daba todo, y yo a ella. Y ahora acostumbrarme a tenerla tan cerca pero hacer como que no existe me está costando demasiado.

Aunque no me gusta admitirlo alguna de estas diez noches he llorado en la soledad de mi habitación, intentando buscarle respuesta a todo.

Lo peor de todo es que se supone que todo esto está pasando porque Finn y yo estamos saliendo, pero hace cinco días que no lo veo. Y cada vez que me invita a salir le miento descaradamente, es que de verdad que no soporto como están las cosas. Y por más que me esfuerzo en concentrarme en Finn y en esta posibilidad que me iba a dar con él, Rachel irrumpe en mi mente, y me mira con cara de que soy la persona más mala del mundo, y mi conciencia se vuelve completamente loca, obligando a mi boca a mentirle a Finn nuevamente.

Doy una vuelta más en mi cama, desperezándome con toda la tranquilidad del mundo, logrando acallar mi pensamientos por lo menos unos segundos. Pero toda mi paz se esfuma cuando escucho la voz de Rachel cantar a todo pulmón mientras el olor a café recién preparado se cuela en toda mi habitación. Y mi instinto sonríe feliz, hasta que recuerdo que ya no era como antes, en donde ese café era particularmente preparado por Rach para mí, ella no va a irrumpir en mi habitación al grito de "arriba dormilona" ni me va a regalar ese guiño de ojos que solo usa conmigo. La extraño, y la extraño mucho, sus detalles conmigo sus sonrisas, y sus gestos felices. No quiero levantarme y cambiarle el humor una vez más.

Espero unos minutos más, y ya no aguanto quiero verla. Me levanto me visto con lo primero que encuentro y salgo hacia la cocina.

Rachel está de espaldas y todavía no sabe que la estoy mirando, me entran una terribles ganas de acercarme y abrazarla por la espalda tan fuerte que no pueda moverse y así me perdone y volvamos a ser las mejores amigas de siempre. Pero no me animo y solo camino hacia su encuentro, pasando por su lado sin decir nada.

Siento como se sobresalta al descubrirme levantada, y su mirada se clava en mi cuerpo, pero no dice nada.

Abro la heladera saco una botella de agua helada, sabiendo a la perfección que odia eso de mi, solo quiero provocarla.

-Quinn tomar agua helada cuando recién te levantas, te hace mal, mil veces te lo he dicho, pero sabes que, haz lo que se te venga en ganas como siempre- sonrío feliz, lo logre, logre que me hablara, y aunque no lo diga literalmente, todavía se preocupa por mí.

-Lo sé, pero no tengo ganas de prepararme nada- intento sonar despreocupada

-Ahí tienes café puedes servirte si quieres- la miro con una pequeña sonrisa, de verdad que todo esto me está haciendo feliz.

-Gracias- le digo mientras vuelvo a dejar el agua en su lugar, y despacio busco mi taza preferida, una que me regalo Rachel hace un par de años, que tiene forma de elefante, color rosa, y me sirvo el café. Por un momento pienso que si todo esto no será una broma y en unos minutos descubra que el café tenia laxantes y deba pasarme todo el día encerrada en el baño. Pero me arriesgo y con mi elefante humeante de aquel elixir negro me siento frente a Rachel.

Me prohíbo volver a sacar la conversación de Finn, o buscar explicarle algo, se que solo volveríamos a pelear, pero necesito seguir hablando con ella, no puedo seguir así, y debo aprovechar que parece que esta accesible, que no tiene ganas de pelear.

Focalizo mí vista en ella, que está completamente concentrada en su tasa, la cual le regalé yo y es su preferida, y como no serlo, me pase casi tres meses atrás de un director de una obra en la cual era empleada insistiéndole como loca que por favor me consiga que Barbra firmara en ella. Tres meses tardé hasta que aquel buen hombre se aburrió de escucharme y me consiguió el tan dichoso autógrafo. Creo que Rachel hasta lloro de la emoción cuando se la regalé.

Y sin querer una sonrisa se escapa de mi boca.

-Aún recuerdo todo lo que insistí para conseguirte ese autógrafo, casi me echan de la obra por pesada- le dije mirándola a la cara, y ella por fin conecta sus ojos con los míos.

Realmente no está en su mejor momento, puedo verla desmejorada, y con grandes ojeras en su rostro, me estremece y me llena de tristeza verla de aquella manera.

-Lo sé, es uno de mis elementos más preciados- me contesta sin emoción alguna a pesar de sus palabras.

Deseo seguir hablando con ella pero no sé qué decirle, se que cualquier cosa puede romper la armonía que estamos teniendo, rebusco en mi memoria algo, aunque sea mínimo para pronunciar, y me maldigo por no encontrar nada. Pero sus palabras me interrumpen y calan tan hondo en mí que casi me atraganto con el café.

-Quinn ¿lo amas?- luego de toser patéticamente, la miro a los ojos, y veo una fina lágrima cayéndole del ojo derecho, y mi corazón se estruja.

No sé si contestarle directamente, si evadir la respuesta, o si levantarme y abrazarla y susurrarle que todo va a estar bien.

-No, no lo amo, lo quiero muchísimo, pero no estoy enamorada- soy directa, no dudo y no vacilo, la miro directamente, para intentar leer que es lo que pasa por su rebuscada mente.

No habla, solo me mira, y no sé qué pensar, por momentos creo que me va a tirar con la bebida caliente, o con su preciada tasa, y por otros creo que va a salir disparada.

-Rach, dime algo- le suplico.

-Es que… no hay nada que pueda ni quiera decirte- me mira, pero ya no hay odio en su mirada, ni rencor ni nada, hay dolor, y eso es aún peor.

-Rach, ¿Tú lo amas?- y es la tercera vez en estos diez días que le hago esa pregunta, y temo que nuevamente reciba un insulto y ella salga disparada.

Pero me equivoco Rachel se remueve incomoda en su asiento, deja lentamente la tasa sobre la mesa y me mira, ya sin lagrimas, pero completamente fría, es una mirada que te puede helar el cuerpo.

-No, no lo amo Quinn-

Y no sé qué decirle, porque de verdad que para que todo esto tenga sentido ella debería haberme dicho que si, que lo amaba con locura, que su vida era él. Y sé que se da cuenta de mi confusión, y también se que está esperando una reacción de mi parte, pero es que de verdad no se qué decirle, no sé si gritarle o pedirle que me explique.

-¿Porque estas tan enojada conmigo entonces?- me arriesgo a preguntarle

-Ya se me pasará, tengo que hacerme a la idea, que debo verte junto a él-

-Rach, yo no quiero lastimarte, no soporto que todo esto siga así, te extraño- susurre aquellas últimas palabras, y agache mi mirada.

-No te preocupes Quinn, no sé cuanto tardaré, pero intentaré volver a ser tu amiga, aunque necesito que algunas cosas cambien entre nosotras- levanté la mirada, necesitaba con urgencia saber que quería cambiar, o que es lo que le pasaba por su mente.

-¿Qué quieres cambiar?-

-No tengo ganas de hablarlo, de a poco te irás dando cuenta de lo que te hablo, solo espero que seas muy feliz Quinn- y eso fue lo último que me dijo, porque con lágrimas cayendo por sus ojos desapareció de mi vista, dejándome completamente confundida, que diablos estaba pasando con Rachel, y porque yo no entendía nada.

Miles de dudas azotaban mi cuerpo, si no era Finn el problema cual era entonces, que es lo que necesitaba cambiar, porque lloraba de esa manera.

Me levanto tomo mi teléfono y llame a la única persona que tal vez podría ayudarme un poco.

-San, necesito que hablemos urgentemente- le digo ni bien contesta

-Oh si yo estoy bien, me alegro de escuchar tu voz, mi día está siendo fantástico- me contestó Santana irónicamente

-Ya San, de verdad-

-Ok rubia, en treinta minutos, en el bar de la esquina de mi oficina-

-Gracias San-

Corte la comunicación y salí corriendo hacia mi habitación a vestirme con ropa decente.

Entré corriendo al bar, porque sabía que estaba retrasada, vi a Santana sentada con una tasa de café y viendo algo muy entretenida en su celular, me senté delante de ella sin que me escuchara y directamente le pregunté lo que quería saber, la ansiedad inundaba mi cuerpo, ya no quería dar más vueltas, me sentía completamente confundida y descolocada con todo lo que estaba pasando y ya no aguantaba más.

-¿Qué es lo que le pasa a Rachel?-

Santana pegó un salto, tiró la cuchara al piso y me clavo sus ojos negros.

-Estúpida- me gritó con furia, y yo solo me encogí de hombros y sonreí.

-Por favor San ya no aguanto más así, hoy hablamos, me dijo que no lo amaba, me dijo que intentaría volver a ser mi amiga, pero que muchas cosas debían de cambiar, y no la entiendo- le dije completamente frustrada.

Santana no me contestaba nada, me miraba fijamente, y se podía ver que pensaba con mucho esfuerzo las palabras que iban a salir de su boca.

-Rubia, hazle caso, dale el tiempo que te pidió déjala que acomode su mente y se tranquilice, seguramente en algún momento Berry va a explotar y va a soltar cada una de sus cosas sin respirar-

-San, se que tu sabes algo que yo no, y necesito saberlo, quiero saber que le pasa, que es lo que la tiene así, si no es él o no lo ama, cada día entiendo menos-

-Yo no puedo decirte nada Quinn, esto es algo entre ustedes, yo no puedo estarme metiendo en el medio, solo cumplo con mi deber de amiga de ambas, en escucharlas, pero no puedo hacer más-

Y se que San tiene razón y no puedo forzarla a que hable, pero me da mucha rabia saber que hay algo más en toda esta historia y yo me lo estoy perdiendo, pienso que debería secuestrar a Rachel y obligarla a la fuerza a que me diga que es lo que le pasa conmigo, pero no puedo hacerlo.

Me quedo unos minutos más con San en aquel café hablamos de Brittany, y por fin en muchos días recibo una noticia que me hace sonreír de verdad, nuestra genia va a venir de visita en unos días, y ya me pongo ansiosa por verla, extraño mucho sus ocurrencias, y todas esas cosas que solo ella puede decir.

Volvía al departamento un poco más tranquila y más relajada, esperaba encontrarme a Rachel, y ver si al menos podíamos seguir hablando de cosas banales, sin entrar en temas profundos.

Pero como siempre la vida me tenía preparada una sorpresa en la puerta de mi casa.

Finn estaba arrecostado contra la pared de entrada, con un ramo de rosas rojas, si en eso los hombres no importa lo inteligente que sean no cambian, siempre entran el cliché, sin pensar que un ramo de margaritas es más lindo y menos obvio que las rosas.

-Nena- me dice a penas me ve.

Y yo de verdad que no tenía ganas de verlo, es que estaba con la cabeza en otro lado, y tenía miedo que una vez que las cosas entre Rachel y yo estaban mejorando un poco, se arruinaran nuevamente.

-Finn- le digo escuetamente, recibiendo el ramo de rosas, fingiendo terriblemente una sonrisa. El se tira a mis brazos y aunque no lo deseara lo abrazo en forma de agradecimiento, al separarnos siento sus labios sobre los míos, besándome con pasión. Yo no lo pienso y me dejo llevar. Hasta que alguien interrumpe.

-Permiso- mi piel se congela, y empujo a Finn de mi cuerpo, Rachel estaba parada a nuestras espaldas queriendo salir por la puerta del edificio que nosotros habíamos acaparado para saludarnos.

Sus ojos estaban brillantes de lágrimas agolpadas, y se podía ver la fuerza interior que estaba haciendo para que ninguna se escape de su lugar.