Capitulo 4: sentimientos
-¡Inuyasha Taisho! ¿Cuántas veces tengo que decir que no quiero que regreses a la casa a estas horas? – decía Inuno, tras escuchar la escandalosa llegada de su hijo menor. A pesar de que ese tipo de escenario se diera muy a diario, Inuno e Izayoi trataban siempre de persuadir a Inuyasha para que dejara de llegar tan tarde y borracho, al muchacho se le había hecho una costumbre salir todas las noches, ya sean con amigos de la universidad, o con mujeres.
Tales acciones hacían que sus padres se preocuparan por su futuro, ya que seria muy probable que, si Onigumo, se enteraba de la actitud de Inuyasha, disolvería el trato.- y encima estas borracho. ¿Qué vamos a hacer contigo? ¿Qué acaso no te importa casarte con Kagome? Entiendo que no sea de tu agrado pero es algo que en el futuro será beneficioso para todos, ¿lo entiendes no?-
-no me importa lo que me digas, yo no me quiero casar con esa mujer, yo no la amo y nunca lo hare. Y en el caso que lo haga ella tampoco me amara jamás. – dijo Inuyasha furioso, en su interior, no por no poder amar a Kagome sino porque ella jamás lo amaría.
-Inuyasha, sabes que eso puede cambiar, no tienes porque portarte así. Entiendo tus dudas, pero ante todo, el respeto, y eso es algo que no le estas dando a Kagome y estoy muy seguro que ella no se lo merece.- dijo Inuno apoyando a su hijo. – ahora quiero que te vallas, te des un baño y te acuestes a dormir, mañana te tienes que despertar temprano ocurrira algo importante.-
-de acuerdo papá. Hasta luego. – pronunciaba Inuyasha mientras trataba de subir las escaleras para ir hacia su habitación.
La mañana siguiente, en la mansión Taisho, se encontraban Inuno, Izayoi y Seshomaru, hablando a la espera de que Inuyasha llegara a desayunar.
-Buenos días a todos – decía un joven con muy mala pinta.
-Oh hijo ¿Qué te esta sucediendo? Mírate como estas.- Izayoi miraba a su hijo con un gesto negativo.
- Inuyasha necesitamos hablar. Por favor toma asiento.- dijo su padre con vos muy seria y estricta. – Kagome regresara en estos días, su viaje se ha atrasado porque ha tenido una descompensación en Londres, pero ella esta bien. En cuanto llegue, deberán organizar todo para su boda. ¿De acuerdo?- afirmo mas que preguntando.
-No me interesa si llega o no, ni quien organice la boda. Mama si tú quieres puedes ayudarla. Mientras menos tiempo este con ella mejor.- Inuyasha destilaba mucho rencor y odio en sus palabra.
-Pero Inuyasha ¿Por qué te pones de esa forma? Ella no tiene la culpa de esto y de nada sirve que ahora no quieras pasar tiempo con ella, si pasaras toda tu vida a su lado, porque estarán casados.
-no me interesa nada de ella.- contesto Inuyasha ignorando las palabras de su madre, dolida por la actitud de Inuyasha.
-Kagome, ¿te encuentras bien?- preguntaba una abuela preocupada mirando a su nieta. – has estado todo el viaje callada niña. Me estas preocupando.-
-me encuentro bien, es solo que estoy un poco nerviosa por el viaje.- contesto una Kagome un poco ida.
- ¿es el viaje o el muchacho que te espera en casa?- dijo Kaede, sabiendo bien la respuestas.
-es solo el viaje abuela, en serio.- dijo Kagome entrando de nuevo en si.
-Señores pasajeros, ya pueden desabrochar sus cinturones. Hemos llegado a destino.- decía una amable vos, por el intercomunicador.
- Kagome, sabes bien las ordenes que te han dado tus padres, ¿no es así?- le recordó Kaede a Kagome.
- Si lo recuerdo todo a la perfección, yo me tendré que ir a las casa de los Taisho y quedarme allí, porque mis padres no quieren que me quede sola en la casa. Y tu, tu te iras, y me dejaras, sola. Pero todavía no entiendo por qué no te puedes quedar una días conmigo en su casa. – reprochaba Kagome como si todavía fuera una niña.
- Ya lo sabes mi niña, tengo que ir hasta el otro lado de la ciudad a ver a mi pobre hermana que esta muy grave de salud. –
- De acuerdo. Aunque tengo miedo de verle, ¿y si no le agrado? O ¿si le parezco fea?- preguntaba Kagome preocupada.
-Kagome, eras la mujer mas hermosa, que nadie halla visto, se que en el primer instante en el que él te vea se baboseara por ti, te lo aseguro-
-Pero que cosas dices abuela, eres muy graciosa.-
-Sabes que lo que digo es verdad.-Kaede sonreía orgullosa de su nieta.
Un auto blanco y lujoso estaciono frente la mansión de los Taisho. El chofer abrió la puerta trasera para dejar salir a una hermosa jovencita de veinticinco años de edad. En los siete años en los que Kagome estuvo fuera cambio tanto física como mentalmente. Su cuerpo era el de toda una modelo, sus curvas bien formadas y definidas, sus atributos, muy generosos, cu cabello azabache y largo con unas ondas. Y su hermosa cara, resaltada por sus labios carnosos y su mirada chocolate.
La forma de actuar de Kagome había sido moldeada en la academia, pero todavía mantenía su forma de ser, que la destacaba de las demás. Su generosidad y buen corazón era algo que ella siempre dejaba ver. Pero su orgullo y rencor, se lo guardaba para aquellos que de verdad se lo merecieran.
-Inuyasha, ya ha llegado y esta hermosa, tienes que verla. – decía Izayoi hablando por teléfono con su hijo. – luego hablamos, la iré a recibir. De acuerdo, te quiero hijo. Te espero para la cena. Cuídate.- Así se despidió de Inuyasha y salio a la entrada para recibir a la bella dama.
-Oh Kagome, estas hermosa. ¿Cómo te ha ido?- le pregunto su futura suegra mientras la abrasaba.
- Muchas gracias Izayoi. Tu también te ves bien. De hecho me ha ido bien. Gracias por preguntar.- contestaba Kagome mientras correspondía el abrazo de Izayoi. -¿Cómo han estado las cosas por aquí?- pregunto deshaciendo el abrazo.
-todo ha andado de las mil maravillas. Inuyasha estaba muy ansioso por verte. Dice que llegara para la hora de la cena. Y que tiene ganas de verte.-mintió Izayoi.
-Oh que sorpresa.- solo contesto Kagome, ya que las palabras de Izayoi la desconcertaron por completo.
-¿Por qué no entramos? Tomaremos algo. ¿Se te apetece un poco de té?- pregunto mientras entraban.
-Seguro, me encantaría.-
Estuvieron un largo rato conversando. Izayoi le pidió que le contara todo lo que había hecho en este tiempo lejos. Kagome le contó sobre sus amigos, sobre la academia, sobre como tenia que estudiar extra todas las tardes, aquello sorprendió mucho a Izayoi, ya que no estaba al tanto de que Kagome también se haría cargo de la empresa. También le contó sobre todos sus viajes y que algunos de sus amigos se mudarían a Japón.
-¿Así que vendrán aquí?- pregunto Izayoi interesada en el tema.
-Si vendrán, tres de ellos, dos mujeres y un muchacho.-
-Ah y ¿tienen lugar donde quedarse? Sabes que los puedes traer aquí.- dijo ella con su tono más dulce. La generosidad de Izayoi siempre fue algo destacable.
-Si. Sango y Kouga tienen lugar, pero Rin no, te iba a pedir si de casualidad ella podía quedarse unos días aquí hasta que consiga donde mudarse.- pregunto Kagome con ternura.
-Sabes que se puede quedar el tiempo que lo deseen cariño, no habrá ningún problema.-
-Muchas gracias Izayoi, eres muy buena.- dijo kagome sonriendo.
-Como no lo seria con mi futura nuera.- dijo en chiste Izayoi y Kagome solo se rió.- y dime ¿Cuándo llegan tus amigos?- pregunto cambiando el tema.
-llegan pasado mañana. Es que tenían que organizar unas cosas todavía allí, por eso yo llegue antes.- dijo de lo mas normal Kagome.
-Entiendo. Bueno Kagome te acompañare a tu habitación para que puedas descansar ¿si?-
-Claro. Te lo agradezco.-
Juntas subieron a la segunda planta. La acompaño hasta el tercer cuarto del lado derecho del gran pasillo.
-Esta será tu habitación. Estarás enfrente de la de Inuyasha.- aquello la hizo ponerse nerviosa. No era por su habitación, ya que esta era hermosa, era muy espaciosa y pintada de rosa claro. En el centro de la habitación se podía ver una cama gigante de dosel blanca. En la pared que daba al exterior había un hermoso balcón. Y también tenía un cuarto de baño para ella. El cual también era enorme, tenia jacuzzi incluso.
Pero el hecho de saber que estaría en la habitación de enfrente de la de Inuyasha la ponía de un raro humor.
-Espero que sea de tu agrado Kagome. Ahora me retiro para que puedas descansar.-
-Gracias.- fue lo único que pudo decir Kagome sus pensamientos la embargaban demasiado.
Cuando Izayoi se fue Kagome se preparo para darse un largo baño. Luego de este se recostó en la gran cama y se quedo profundamente dormida.
-No se que debo hacer Miroku. Esta mujer es una antipática- decía un joven de ojos dorados.
-Lo que tienes que hacer es ir y darle un beso, pero no cualquier beso, sino uno de esos que tu ya sabes en lo que termina.- ante tal comentario Inuyasha quedo mirando a Miruko con una cara de desagrado total.
-¿Cómo voy a hacer eso? ¿No te he dicho miles de veces que es la mujer más fea del mundo? A demás, nunca haría una cosa así con ella, no me lo permitiría.- dijo Inuyasha con la mirada perdida en algún lugar de oficina.
-Disculpe señor. Aquí les traigo el café que me ordeno.- pronunciaba una coqueta mujer de unos veinticinco años. Tenia la falda mas corta de lo común, algo para llamar la atención de su jefe.
-Gracias Kikyo. Lo puedes dejar ahí.- dijo Inuyasha sin siquiera mirarla, acción que molesto mucho a Kikyo.
-Esta mujer si que es hermosa.- dijo Miruko una ves que ella se hubo retirado de la oficina.- es increíble que hallas estado con ella una sola vez.-
-Si lo se. Es muy hermosa, pero quiere grandes cosas. ¿Sabias que quiere que me case con ella?- dijo Inuyasha incrédulo.
-Oh ella si que esta loca, ¿acaso no sabe de tu compromiso?- pregunto Miroku divertido.
-Si que lo sabe pero piensa que dejare a Kagome por ella.-
-Pobre. Si supiera que tu compromiso esta arreglado, tal vez se sentiría mejor.-
-ya es hora de que nos vallamos. Mi madre dijo que llego hoy y que me iban a esperar para la cena. Pero no iré. No me importa lo que digan.- dijo Inuyasha aparentando ser un niño pequeño aun.
-Si eso es lo que quieres. Yo iré al Pub, me encontrare con Lisa- dijo Miroku ilusionado.
- ¿A con que todavía estas intentando persuadirla para que caiga en tu cama?- pregunto Inuyasha divertido.
-Ríete todo lo que quieras pero para este fin de semana ella habrá caído.- la mirada zafiro de este demostraba tenacidad, algo que a la hora de la conquista siempre lo ayudaba.
-Kagome lamento mucho que Inuyasha no haya podido llegar, estoy segura que ha tenido algún inconveniente.- decía Izayoi triste por la actitud de su hijo.
-No te preocupes, se que ha tenido algo muy importante por hacer.- decía una Kagome muy enojada pero sin demostrarlo. Inuno e Izayoi se miraron ante el comentario de Kagome. Solo estaban rogando que Inuyasha no se le hubiese ocurrido hacer una de las suyas otra vez. Esta vez seria el colmo.
Luego de que todos se fueron a acotar incluso Kagome se escucho un ruido en la entrada de la mansión, para todos lo que estaban dormidos había pasado desapercibido pero para Kagome que todavía estaba esperando a Inuyasha fue muy claro.
Se coloco una bata encima de su muy descotado camisón de dormir, la cual no cubría mas de lo que ya traía, y bajo a la primer planta. En ese momento pudo ver llegar a un hombre de unos veintisiete años, con el cabello corto y de traje, por lo que podía observar estaba borracho.
-Recién llego y ya te encuentro en esta situación. Tu si que no cambias Inuyasha Taisho.- escucho esa vos angelical que el tanto adoraba. La miro y su boca se abrió por la sorpresa. Ella estaba parada en los pies de la escalera, con un camisón muy corto y transparente, y encima llevaba una tela transparente haciendo de bata.
-Si hubiese sabido que me esperarías de esa forma hubiese llegado antes a la casa.- le dijo coqueto él, aun en su estado de ebriedad se podía ver que era un hombre hermoso. Ante el comentario de Inuyasha, Kagome se sintió cohibida y trato de tapar más su cuerpo aunque le fue en vano.
-No te estaba esperando. Solo trataba de dormir, pero llegaste tú y comenzaste a hacer ruido y quise averiguar que era.- dijo ella de normal.
-Entonces si hubiese sido un ladrón de seguro hubiese dejado todas la cosas de valor para llevarte a ti.- aquella frase descoloco a Kagome.
-Me puedes decir ¿Qué haces llegando a estas horas y en este estado?- pregunto ella acercándose a el y omitiendo el comentario anterior de Inuyasha.
-Vamos Kagome, no me regañes. Lamento no haber llegado antes para darte la bienvenida, pero puedo hacerlo ahora.- dijo agarrándola por la cintura y plantándole un beso en sus labios.
En cuanto sus bocas se tocaron ambos sintieron una corriente eléctrica recorrer todo su cuerpo. Ni bien pudo Kagome deshacer el beso le dio una bofeteada.
-¿Por qué hiciste eso?- le pregunto Inuyasha furioso.
-Tú no tienes derecho de ir por ahí besando a la gente sin su consentimiento.- le contesto una Kagome también muy furiosa.
-¿Cómo que no tengo derecho? Tú vas a ser mi esposa. Tengo el derecho de hacerte lo que yo quiera.- le dijo agarrándola por la cintura nuevamente.
-No tienes derecho de nada conmigo porque todavía no estamos casado.-dijo ella tratando de soltar el agarre en el que la tenia.
-Haré contigo lo que a mi se me plazca.- le grito el tratando de besarla de nuevo.
-No, no lo harás.- le dijo ella dándole un rodillazo en sus partes íntimas y corriendo en dirección de su habitación.
-Maldita- solo pudo pronunciar él desde el suelo donde lo había dejado anteriormente.
Una vez en su cuarto, Kagome se encerró con llave, por miedo a lo que Inuyasha pudiera hacer. El beso que él le dio la dejo muy rara. No le había disgustado en si el beso. Sino el hecho de que la tomara por la fuerza.
De hecho el beso había sido tierno, de no ser por el sabor a alcohol en sus labios lo habría continuado.
Esa noche ambos se durmieron con un extraño sentimiento creciendo dentro de ellos.
