Capítulo 4

Las chicas se separaron al llegar a la esquina de sus hogares y Nadeshiko cruzó la calle para llegar a la suya. Preparó su mochila con pinceles, acuarelas, lápices, y más instrumentos de arte para dirigirse a la clase de pintura a la que asistía. Al salir ya con todo preparado casi se tropieza con alguien al salir de su jardín. Por instinto, o como uno debería decir: por reflejo, lanza unas disculpas antes de mirar con quién se cruzó.

—Oh, tú eres la chica de ayer. ¿Cuál era tu nombre?

Nadeshiko levanta la vista y abre los ojos llenos de asombro. Quién estaba al frente suyo era aquel chico con ropa un tanto femenina que parecía sufrir de insomnio todas las noches.

—S-soy Nanase, Nanase Nadeshiko— responde la chica inclinando su cabeza de forma de saludo.

Esperen. ¿Qué acaso él no era un hermano de Ema? ¿Por qué se estaba comportando tan bien con aquella persona sospechosa?

«Águila astuta esconde sus garras» piensa la muchacha recordando aquella frase que le había enseñado su abuela.

—Tú también tienes un caballo tan lindo como el de Chii-chan—confiesa el hombre acariciando sus cabellos.

— ¿Chii…chan?

—Oh. Discúlpame, aún no me he presentado, mi nombre es Louis.

El tal Louis realiza una reverencia y forma en sus labios una sonrisa. Nadeshiko lo mira aun extrañada hasta que recuerda el por qué salía de su casa. Después de despedirse del hombre, este la mira desilusionado.

— ¿Ya debes irte?

—Sí, tengo clase de arte.

—Espera— Nadeshiko se para en seco y mira sobre su hombro derecho—, ¿puedo robarte unos minutos de tu tiempo para hacerte una pregunta?

Sin esperar respuesta Louis abre su celular y tas apretar unas teclas se lo extiende a Nadeshiko quién lo toma aun más extrañada que antes.

—Usted es amiga de Ema, por lo que la conoces desde hace un tiempo, ¿podrías ayudarnos en escoger un vestido para ella? He estado pensando tanto en eso que casi no dormí anoche.

Nadeshiko mira el teléfono y comprende que estaba viendo una fotografía de un vestido largo color azul con volantes. Presiona la tecla de la derecha y ve uno amarillo de estilo victoriano que le pareció horrendo. Por último, da otro toque al botón y ve un vertido rosado con escote cuadrado, no es algo que ella usaría, pero al imaginarse a Ema en él, piensa que no sería tan malo. Louis la observa en silencio esperando una respuesta, si su intuición no le fallaba, ella llegaría a la misma conclusión que él.

—Me gusta el vestido azul, pero creo que le quedaría mejor a Ema el rosado; el amarillo es… bueno, simplemente a mí en particular no me agrada— da su veredicto esperando no ofender los gustos de hombre frente a ella.

Louis sonríe satisfecho y recibe el teléfono gustosamente.

—Estoy de acuerdo contigo: el amarillo simplemente es de mal gusto— Nadeshiko le sonríe aliviada ante el comentario y Louis continúa—. Es bueno conocer a alguien con sentido de la moda, estar rodeados de sólo hombres que no tienen ni una pisca de buen gusto puede ser estresante.

—Opino lo mismo. En mi casa si no fuese porque yo acompaño a mi mamá de compras, ahora mismo vestiría como un payaso.

Ambos ríen por el comentario y esta vez Nadeshiko logra retirarse al despedirse de Louis tras prometerle que le dejaría arreglar su cabello un día de estos. A mitad de su recorrido a su clase se percata de lo ocurrido y siente como si un cartel de "idiota" le hubiera caído desde arriba aplastándola como en un anime. ¿Acaso ella había sonreído y reído despreocupadamente frente a uno de los hermanos de Ema? No lo pudo creer, cayó en esa tonta trampa como si fuera una niña ingenua. Prometiéndose a sí misma no volver a bajar la guardia ante sus vecinos, llega a su clase para pintar en su lienzo un retrato de una joven de cabellos plateados sobre una pila de cuerpos amontonados.

Por alguna razón, sus clases de pintura siempre le levantaban el ánimo.

Al regresar a su casa pasa por la tienda. Mientras camina por la calle ve a una chica castaña en cuclillas mirando sobre su hombro y la reconoce al instante.

— ¿Ema?—pregunta Nadeshiko haciendo que la chica dé un pequeño salto del susto—. Perdón ¿Te asusté? ¿Qué estas asiendo?

—Nanase-chan, so-sólo creí ver a alguien ahí, pero debió ser mi imaginación. ¿Vuelves de tu clase de arte?—pregunta la chica cambiando de tema.

—Sí, pero, ¿necesitas ayuda con eso?— cuestiona Nadeshiko viendo varias bolsas en el suelo— ¿qué es todo esto? ¿Piensas hacer una cena de navidad en esta época del año?— bromea y toma algunas—. Ven, te ayudo.

—N-no es necesario…

—Anda, de todas formas voy para ese lado también, ¿o acaso olvidaste que ahora somos vecinas?

Ema sonríe y toma las demás bolsas para caminar al lado de su amiga. Si alguien le preguntara qué era lo que más le gustaba de Nadeshiko, sin dudarlo ni pensarlo diría que ella era la persona más bondadosa que alguna vez haya llamado amiga. Cuando llegaron a la residencia, Nadeshiko se tomó más tiempo del que tuvo ayer para mirar el interior de la casa. El comedor era casi del tamaño toda su planta baja.

Con patio incluido.

—Wow, Ema, tu casa es gigantesca— exclama Nadeshiko dejando las bolsas de compras sobre el mostrador de la cocina—. Por cierto, aún no sé por qué compraste todas estas cosas, ¿festejan algo?

—Oh, sí, hoy es el cumpleaños de Subaru-san y estoy a cargo de preparar su pastel— aclara entusiasmada Ema.

—Ah…

«Ema es buena cocinando, de seguro el pastel será delicioso…» piensa Nadeshiko reprimiendo malos pensamientos.

—Si quieres puedes quedarte para la fiesta…

—No, no te preocupes por eso, no quisiera interponerme entre las celebraciones con tu familia y tú— susurra aquellas palabras agachando la cabeza, lo que temía estaba ocurriendo, se estaba quedando excluida.

—Nanase-chan… ¿te ocurre algo? —la chica intenta apoyar su mano sobre el hombro de su amiga, pero esta se aparta repentinamente, bruscamente.

— ¿A mí? No me sucede nada, estas imaginando cosas— antes de que Ema reaccionara Nadeshiko toma sus cosas y se da media vuelta—. Que pases bien tu fin de semana— tas decir eso, la chica abandona la casa sin mirar atrás.

Los minutos pasaron directamente proporcionales a los rayones de hojas y basura que crecía en la habitación de Nadeshiko, donde se había encerrado en toda la tarde. Estaba celosa, eso lo tenía muy presente. Todo este tiempo habían sido Ema y ella. Nadie más. Ahora, el que un grupo de 13 chicos intentaran arrebatarle a su amiga en frente de sus narices sin poder hacer nada, le provocaba una sensación de impotencia. A todo esto no dejaba de sentirse culpable porque sabía que Ema no tuvo una familia como la tuvo ella y era razonable que desease pasar tiempo con esta, pero tenía miedo. Mucho miedo de que Ema empezara a importarle más su nueva familia que a ella.

Una lágrima solitaria cae a su hoja dibujando en ella un círculo oscuro. Nadeshiko refriega sus ojos con la manga de su camiseta. Estaba llorando y ese era un problema: la cena iba a comenzar y su madre se alarmaría si la viera con esa cara. Intentó en vano detenerse, pero las lágrimas seguían brotando como césped en los campos, marcando más y más la hoja. Sin otro remedio, apoya su cabeza sobre su escritorio y rompe en un largo llanto silencioso que siempre empleaba cuando estaba triste y trataba de no ser descubierta por nadie. No lloraba de esa forma desde que conoció a Ema. Se había olvidado de cómo se sentía estar sola. Antes podría haber dicho que no le importaba estarlo, aun cuando muy en su interior le dolía, pero ahora que se había acostumbrado a la presencia de la chica, el recuerdo de ser excluida y el dolor de estarlo le resultó más doloroso de lo que recordaba.

Ella estaba sola.

Como aquella primera lágrima.

Como un gato negro callejero abandonado a su suerte en una fría y oscura calle.

Dolía. Dolía muchísimo.

Nadeshiko no se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba a Ema hasta ese entonces.

Pero tampoco sabía lo muy importante que era ella para Ema y cuanto la necesitaría a su lado de ahora en adelante.

A la mañana siguiente no tenía escuela, por lo que nadie la fue a levantar hasta que eran las 10:00 de la mañana y su madre tocó su puerta despertándola. Se había quedado dormida sobre su escritorio.

—Amor, nos vamos tu papá y yo con unos amigos. Tus hermanos están en la casa de uno de sus compañeros. Nosotros volvemos para el almuerzo. Sí sales para algún lado cierra la puerta con llave.

—Está bien. Adiós.

Media hora después Nadeshiko decide salir a dar un paseo para despejar su mente. Se sentía miserable: ayer fue la primera vez que tuvo una pelea con Ema y hoy no quería verla. Cuando sale de su casa ve a Ema salir de la suya. Maldición. Por reflejo, Nadeshiko finge no haberla visto y se tarda en cerrar la puerta y guardar las llaves para que la chica se aleje lo suficiente como para salir de su jardín sin que ella la vea. Cuando finalmente decide caminar, se da cuenta de lo infantil que era. ¿Qué edad tenía? ¿Cinco años? Así nunca podría reconciliarse con su amiga. Molesta consigo misma, emprende su camino no sin antes percatarse de algo rosado tirado en la entrada de sus vecinos. La curiosidad la vence y cruza la calle para averiguar qué era.

Perfecto. Ahora tenía una escusa para hablar con Ema.

En el suelo estaba la cámara de fotos de la chica.

Aunque… No le haría daño a nadie que ella viera las fotografías, ¿cierto?