Bien aquí vuelvo con un capítulo más.
Manu Rocha: Demasiadas ideas se me ocurren a mí, lo que pasa es que al ponerme a escribir al final la historia no me pide opinión y va surgiendo con vida propia!
Alex Pani y resedrama: gracias! Espero que siga siendo de vuestro agrado hasta el final ;)
Andhema: Sí, el fic del que hablas es muy entretenido y digertido, la historia me gustó mucho por como desarrolló el fic la autora, pero esto no pretende ser igual y será mucho más corto. No sabría decirte cuantos capítulos pero no creo que llegue a los diez. Espero que sigas disfrutando la lectura :)
Emma: aprovecho este kit kat para hacerlo rápido porque no quiero dejarlo sin acabar ^^
Iris: Luna me encanta y las situaciones absurdas también ya sabeis ;)
Besos y abrazos
AJ
CAPITULO 4
SEGUNDA HORA
Tengo que salir de aquí.
La voz de Malfoy en su cabeza hizo que despertara sobresaltada.
No estaba profundamente dormida, pero el aburrimiento, el calor del fuego y el cansancio del día hizo que se amodorrara lo bastante como para entrar en un sopor agradable.
No abrió los ojos, se limitó a esperar por si pillaba algún otro retazo de los pensamientos del rubio.
―Es inútil, Granger, sé que estás despierta.
Fastidiada, ella se reacomodó en el sillón y le miró de soslayo. Seguía en la misma posición y tenía la mirada perdida en las llamas que trepaban sinuosas por el hueco de la chimenea.
―Esto es desesperante.
Claro que lo era. Hermione estaba completamente de acuerdo en ello.
Tener que estar pendiente de lo que pensaba o no pensaba, sin saber que era lo que él iba a escuchar o no…
Abrió los ojos, asustada.
Lo último que necesitaba saber aquel idiota era acerca de sus sentimientos por Ronald, no quería ni pensar en lo que podría hacer con aquella arma en su contra.
Los labios de Draco se curvaron en una maliciosa sonrisa.
―¿La comadreja? ―La miró alzando una ceja ―Supongo que siendo una sangre sucia no tienes mucho más donde fijarte ―Espetó ignorando la exclamación ofendida de ella ―Pensé que al menos le echarías el ojo a Potter ―Dijo con una mueca de desprecio ―Es un mestizo pero al menos es el que lleva el cerebro de los dos.
―Eres un idiota, Malfoy.
Él se encogió de hombros con elegancia y dejó de mirarla, volviendo a clavar la vista en las llamas.
―Weasley no tendrá siquiera una casa que ofrecerte ―Dijo apoyando el brazo en el respaldo y acomodándose un poco más. Ya que estar allí era un suplicio al menos haría que fuera algo más entretenido ―¿Al final tomasteis en cuenta mi consejo y os instalareis en la casa de los gritos? ―Chasqueó la lengua ―Oh ¿Qué digo? Eres una impura y los que son como tú acabarán…
Se calló de golpe y la sonrisa de suficiencia desapareció de su rostro cuando una quemazón recorrió su brazo haciendo que rechinara los dientes.
Maldita fuera como dolía.
Tembló y trató de mantener el control sobre sus pensamientos, trató de evitar los espasmos de su cuerpo pero era imposible porque Él debía de estar muy enfadado. Sentía el brazo agarrotado y una ligera ondulación en su piel, como su la marca se deslizara sobre sus músculos, desgarrándolos.
Granger le miraba fijamente, como si supiera lo que le estaba ocurriendo pero era imposible, no podía saberlo.
Se aferró más a su autocontrol, obligándose a no pensar, a no sentir.
No pienses, Draco, no pienses. No pienses Draco, no pienses.
Repitió aquello una y otra vez, como un mantra mientras respiraba despacio, inhalando lentamente para exhalar después.
Hermione le contemplaba asustada. ¿En qué no quería pensar? ¿Qué era tan importante ocultar? ¿Tenía Harry razón?
¡Por Merlín! Si era así, Dumbledore la había encerrado a ella, una hija de muggles, con un mortífago.
Malfoy apretaba los dientes y cerraba los ojos con fuerza, como si estuviera sufriendo el dolor de una maldición cruciatus delante de sus ojos.
―No sabes lo que dices ―Dijo él, por cuyo rostro resbalaba una gota de sudor pese a que allí dentro no hacía demasiado calor ―La maldición cruciatus es mil veces peor, Granger.
Ella abrió la boca y la volvió a cerrar.
¿Cómo lo sabía? ¿Acaso él había sentido alguna vez una maldición así?
―Sí ―Dijo sin más.
Una nueva oleada de dolor comenzó en su muñeca y se extendió hasta su hombro y el costado haciéndole gemir. Sin poder aguantar por más tiempo se agarró el antebrazo y siseó una maldición.
―Harry tenía razón ―susurró Hermione en voz alta levantándose de un salto del sillón.
Draco ni siquiera parecía escucharla, se agarraba el brazo con una mueca de profundo dolor en el rostro, ella le miró sin poder evitar sentir compasión entremezclada con la rabia y el más puro odio.
―Eres un maldito mortífago.
Antes de pensarlo de nuevo se lanzó hacia la puerta pero Malfoy la agarró antes de que superara la barrera del sillón y tiró de ella con brusquedad obligándola a caer sobre él.
En un movimiento rápido se puso sobre la chica y agarró sus manos por encima de su cabeza, apretando hasta que ella tiró la varita y quedó mágicamente vulnerable.
Mágicamente nada más, porque sus piernas pateaban con dureza y, como una serpiente, se retorcía bajo él intentando morderle.
―¡Suéltame Malfoy!
Pese al dolor del brazo él no lo hizo, apretó con más fuerza sus muñecas y la miró como si pudiera fulminarla. No iba a soltarla así se quedara manco, si aquella imbecil hablaba él y toda su familia estarían muertos.
―Ni pensarlo, Granger.
―Vamos Malfoy ―Dijo ella jadeando por el esfuerzo de luchar contra el chico que, pese a lo delgado que era tenía más fuerza que ella ―¿No tienes miedo de contagiarte al tocarme?
Draco sonrió de lado sin poder evitarlo aunque rápidamente su sonrisa acabó convertida en una mueca de dolor.
―No ―Dijo con sequedad.
No solo no tenía miedo de contagiarse, si no que su cuerpo, su maldito y traicionero cuerpo, a pesar del dolor, parecía querer responder a las curvas femeninas que Granger parecía esconder bajo la ropa holgada que solía llevar.
Ella le miró con los ojos muy abiertos y Draco se maldijo.
Una vez más ella había escuchado más de lo que debía y él había olvidado bloquear sus pensamientos.
…
―Juraría que la estatua de la bruja no está hueca.
Cuando Harry se levantó guardándose el mapa en el pantalón, después de borrar su contenido, se asomó a tiempo de ver a la Ravenclaw dando saltitos hasta la estatua de la bruja tuerta. Apoyó la oreja en ella y la golpeó con el puño un par de veces.
―Lo que yo pensaba ―Dijo con una sonrisa mirándoles con los ojos fijos y muy abiertos ―Los torposoplos están aturullando mi cerebro últimamente. Tendré que escribir a mi padre para contárselo.
―Ahhhh ―Ron la miraba con la boca abierta sin disimulo, completamente perdido y sin saber que decir.
―Buena idea Luna ―Dijo Harry con seriedad asintiendo en dirección a la chica.
De pronto unos pasos se escucharon al final del corredor y ambos muchachos se giraron con brusquedad hacia el lugar del que provenían las pisadas.
―Seguramente será la profesora MacGonagall ―Dijo con su voz soñadora ―Venía justo detrás de mí hace un rato.
Harry y Ron se miraron y éste último tiró de la mano de la rubia y la atrajo hacia sí al mismo tiempo que Harry les cubría a ambos con la capa de invisibilidad.
―Vaya ―Oyeron que decía ella ―que cosa tan curiosa, Harry.
Ron, sin miramientos, tapó su boca con la mano y susurró en su oído.
―Misión del ED, Luna ―Ella se quedó absolutamente quieta al escuchar aquellas palabras, como un soldado poniéndose firme ante una orden del capitán.
Se mantuvieron en silencio, esperando a que MacGonagall pasara por delante de ellos, pero no era la profesora de Transformaciones quien caminaba por el pasillo, sino Ginny Weasley que, por la cara que llevaba, parecía haber vuelto a pelear con Dean.
Harry escuchó el gruñido de Ron y no pudo hacer nada por evitar que su amigo se deshiciera de la capa y se lanzara a por su hermana en mitad del corredor.
―¿Qué te ha hecho ese estúpido, Ginny? ―Dijo Ron con la voz mucho más alta de lo que a Harry le hubiera parecido razonable ― ¿Por qué estás llorando?
La chica miró a todas partes con los ojos enrojecidos, parecía confusa y abochornada por la situación.
―Ron baja la voz ¿Quieres? ―Siseó molesta.
Mientras Ron se lanzaba a una perorata de sin sentidos en la que trataba de hacer ver a Ginny el por qué no debía salir con nadie durante los próximos diez años de su vida, Harry abrió el mapa del merodeador con rapidez, rezando porque MacGonagall no estuviera cerca, por que nadie más estuviera cerca de ellos en realidad.
¿Cómo se había ido a la mierda un plan tan simple?
Luna seguía completamente rígida, esperando alguna orden, supuso Harry que tiró de ella hacia atrás para pegarla a la pared.
―Creí que estábamos en una misión del ED ―Dijo con voz suave ―Si sigues gritando tanto Ron vas a alertar a todo el castillo.
―De hecho ―Dijo Harry con tono malhumorado Ernie MacMillan viene hacia aquí.
―Es un prefecto ―Murmuró Ginny mirando a los demás y dándose cuenta de que la hora de estar en la Sala Común estaba tan cerca que no llegarían a la torre de Gryffindor a tiempo.
―Ven aquí, Ginny ―Harry extendió la mano y un cosquilleo más que agradable se extendió por su brazo cuando ella la tocó con la suya. Tragó saliva al verla sonreir y la pegó a su cuerpo disimuladamente, aprovechando el momento para inhalar aquel aroma que le rondaba cada noche al cerrar los ojos y pensar en ella ―Tú eres prefecto también Ron ―Le dijo a su amigo ― mmmm pasea o algo.
Sin más tapó a las chicas y se cubrió él mismo pegándose cuanto pudieron a la pared. Los tres respiraban despacio y Harry cerró los ojos cuando un mechón de cabello de Ginny le hizo cosquillas en la nariz.
―¿Estás bien? ―Susurró con los labios muy cerca de su oreja.
Él no pudo ver la sonrisa de la chica pero si sintió como asentía levemente.
Un minuto después, Ernie doblaba la esquina y se acercaba a Ron a grandes zancadas.
―¿Qué estás haciendo… Ah, hola Weasley. Perdón ―Dijo con su acostumbrada pedantería ―No sabía que eras tú ¿No tenías que estar en el primer piso? ―Preguntó ladeando la cabeza, interrogante.
Harry rezó porque Ron no se azorara y acabara con las orejas rojas en claro indicativo de que mentía. Así que no pudo más que sonreir complacido cuando escuchó a su amigo hablar sin titubeos.
―Juraría que tenía que estar aquí ―Dijo con seguridad.
―Qué extraño… Voy a bajar entonces ―Hizo un gesto de despedida con la cabeza y se dio la vuelta de nuevo ―Quizás me equivoqué. Hasta luego Weasley.
―Adios Ernie
Cuando el prefecto se fue, Ron se giró hacia donde sabía que estaban ellos, aunque no vio más que un muro de piedra.
―Bien ―Dijo arrugando el entrecejo ―Vosotros seguid así y yo caminaré delante ―Arrugó la nariz y agarró la varita limpiándose una de las sudorosas manos en la túnica arrugada ―Que raro es esto de hablar con un muro.
Sacudió la cabeza y comenzó la marcha esperando que le estuvieran siguiendo.
Bajo la capa, Harry miró el mapa nuevamente y maldijo cuando una nueva motita se acercó a ellos por el otro lado del pasillo.
¿Qué demonios ocurría aquella noche?
Estaba seguro de que aquel pasillo a esas horas nunca había tenido tanta concurrencia hasta ese día en que él necesitaba pasar por allí.
―Ron ―Susurró esperando que el ruido de las pisadas de su amigo no amortiguara su susurro ―¡Ron!
Ginny se giró para mirarle por encima del hombro y Harry estuvo a punto de tragarse la lengua al verla tan de cerca.
La chica hizo un asentimiento brusco con la cabeza y sacó la punta de su barita para apuntar a Ron que dio un respingo frotándose la nalga antes de girar, varita en mano a enfrentar a quien fuera que le había atacado.
―¿Quién está ahí? ―Dijo con cara de pocos amigos.
Harry puso los ojos en blanco.
―¿Quién más va a ser, Ron?
―Harry ―Parecía aliviado ―Sí, perdona, por un momento me olvidé de que estabais ahí.
En aquella ocasión fue su hermana quien resopló.
―Entra por la primera puerta ―Dijo Harry ―Estamos a punto de tener compañía.
Ron hizo lo que le dijo Harry y los tres ocultos bajo la capa, pasaron al aula vacía, a Ron no le dio tiempo a pasar.
― ¿Ro-Ro?
La voz de Lavender Brown le dejó paralizado y, lo último que vio Harry fue la cara de horror de su amigo mientras la puerta se cerraba.
