Parecía una niña en una tienda de golosinas, mis ojos no podían apartarse de lo que veía, mi rostro mostraba las claras señales de la excitación que me producía el verlo, mi corazón palpitaba como nunca lo había hecho ni siquiera cuando mi padre me regalaba un libro nuevo para cuando construyera mi biblioteca, mi respiración era mas agitada que cuando montaba a caballo, no, mi cuerpo tenía reacciones que nunca antes había presentado, era la clara evidencia de que era una mujer en toda la extensión de la palabra.
Su cuerpo era duro y esculpido a la perfección, vi con fascinación como los músculos de sus hombros se mueven en un esfuerzo común para mover la pala del suelo. Él se inclinó sobre la zanja que estaba cavando, no pude evitar que de mi boca saliera un jadeo al ver la extensión total de su espalda desnuda. Se volvió y comenzó su tarea de nuevo y yo estaba tan absorta ante el cuadro que se me presentaba que ni siquiera noté cuando el carruaje se detuvo.
De pronto se giró bruscamente y me miró, nuestros ojos se encontraron, mi respiración se cortó completamente, caí en la cuenta de mi miserable aspecto, después de tantos días de viaje, la suciedad que entraba al carruaje y el cansancio del mismo me otorgó un aspecto lamentable. Sus ojos se fijaron en mí aunque hablaba con alguien más, por la distancia no puedo entender lo que dice pero si me di cuenta que se dirigía a mi marido que acababa de bajar de su caballo para saludar a los hombres.
Nuevamente me dejé caer sobre el asiento del carruaje, furiosa conmigo misma por mi irrazonable comportamiento y por ser víctima del romanticismo de mi corazón de mujer. Afortunadamente después de unos cuantos minutos en los que charló con mi marido nos pusimos a recorrer el tramo final hacia mi nueva casa, pero no pude evitar levantarme junto a la ventana para volver a mirar hacia donde estaba, todos los demás hombres habían vuelto a sus labores, solo él continuaba con su mirada fija en nuestro camino lo que provocó más dudas en mi interior.
¿Quién era ese hombre? ¿Por qué mi marido familiarizaba con él? ¿Cómo yo podía sentir… estas cosas… por otro hombre justo cuando acabo de casarme? Pues sí, casada ¡pero sin consumar el matrimonio! ¿Cómo puedo permanecer casada cuando me siento así por un hombre que no es mi esposo? ¿Y si está casado? ¿Con muchos hijos? Mi corazón se desploma… pero de pronto pienso… ¿y si no lo está? Mi corazón vuelve a latir, tantas preguntas y por supuesto que encontraré las respuestas, por fin he encontrado mi nuevo propósito y por primera vez el futuro ya no me parece tan deprimente, por el contrario, espero con interés lo que está por venir.
Hemos recorrido el último tramo, los caballos se detienen, al fin nuestro viaje ha terminado y sin embargo la ansiedad se apodera de mí, me niego a acercarme a la puerta del carruaje. Durante tres días me sentí asfixiada en los límites de mi celda, y ahora que la tengo que dejarla me encuentro renuente a eso.
Por la ventana puedo ver el muro que rodeaba el castillo. ¡Señor, era gigantesco! Una de sus secciones parecía haber sido construida dentro de la falda de la montaña. La casa es más grande de lo que parecía a lo lejos, incluso más grande que mi casa… la realidad me golpea, ahora esta es mi casa. Construida como una fortaleza supongo que así lucen los castillos medievales de los que mi padre me contaba.
Los árboles estaban cortados dejando un ancho margen alrededor del muro y no había una brizna de hierba sobre la falda rocosa que aliviara el paisaje desolado.
Una fosa, de aguas negras como la tinta con la que escribo, rodeaba la estructura. El puente levadizo de madera estaba bajo pero no entramos por él sino por la brecha en el muro.
Desde luego que no esperaba nada tan magnificente, se suponía que la rica era yo, tan rica como para haberme comprado un marido y ahora se me aparecía esto delante, mi mente era asaltada por mas dudas aún y lo peor es que mis padres no están cerca para darme las explicaciones que necesito.
Una multitud de personas se agolpan en la entrada, niños corriendo sin parar, mujeres que tratan de controlarlos pero cuyo evidente deseo es ver lo que esta dentro del carruaje, osea yo, trabajadores que buscan cualquier excusa para estar ahí. Hay un aire de entusiasmo entre la multitud que cada vez se hace más grande y que miran cada vez con expectativa hacia el carro… hacia mí, que me encojo en el interior para protegerme de sus curiosos ojos.
Mi esposo no presta atención al interés de la gente, me da la espalda y ve hacia la muchedumbre como buscando a alguien, hasta parece que se ha olvidado de mí. Mi corazón golpea fuertemente mi pecho, con cada latido el miedo aumenta y con el miedo viene la ira por el destino que me espera.
¿Cuánto tiempo pasará antes de que mi marido recuerde que es mi marido? Y cuando lo haga ¿recordará que ha dejado encerrada a su mujer durante largo tiempo en el carro?
¿Tengo piernas no? Y manos para mover la manija de la puerta, soy joven y ágil, puedo salir de esta prisión, mi mente reprende a mis extremidades congeladas y a mi corazón aterrorizado. Tengo la sensación irracional de que todo se desvanecerá, que si cierro por un minuto mis ojos y luego los abro lentamente todo será un sueño, que será mi padre el que esté esperando impaciente por mí y que los hombres afuera serán mis hermanos que esperan para jugarme alguna travesura.
Doy un nuevo vistazo con la esperanza de que todos hayan desaparecido pero es todo lo contrario, ¡Santo Dios! él está aquí, la multitud se abre para dejarlo pasar, se ha puesto su camisa aunque no la abotonó completa y una punzada de celos se clava en mi corazón cuando me doy cuenta de las miradas lascivas que le lanzan las mujeres que están entre la multitud.
Se detiene para saludar nuevamente a mi marido, intercambian un par de palabras antes de seguir con determinación, ¡él me está buscando! ¡No puede ser! no puede ser así nuestro primer encuentro, soy un desastre, ni siquiera me molesté en cepillar mi cabello esta mañana y ahora esta desordenado y enredado, tengo mechones pegajosos de sudor aferrándose a mi frente y mi vestido está manchado por el polvo y la suciedad, ¡y por tinta!, me quedo sin tiempo...
Tsubasa Ozora cree en las tradiciones, el aceptó los rituales y las obligaciones que heredó de sus antepasados; tiene la responsabilidad de su tierra y de su gente y como si no fuera suficiente, por sabiduría del emperador, o por falta de la misma, se encontró como responsable de la libertad de aquellos que viven más allá de de los vastos dominios de su familia. El toma sus obligaciones seriamente, así que cuando vio el carruaje simplemente abandonó sus labores con la pala sin dar una explicación, nadie estaba sorprendido.
"No tienes que tomar todo tan a pecho" le gritó Taro Misaki a su amigo
Su mirada viajó hacia los hombres que continuaban cavando, cada noche pensaba lo mismo, la tierra cada vez se acercaba mas, metro tras metro. Pronto estarían rodeados y serian obligados a huir por el mar, sus esfuerzos para detener el avance del infierno eran grandes pero insuficientes, aunque con éxito habían contenido los embates, necesitaban de otro plan para continuar.
"Wakabayashi planea algo" dijo tratando de estabilizar su respiración después de correr un spring para alcanzar a su amigo.
"Tienes razón" respondió Tsubasa "nuestro aliado puede ser un esnob, pero cuando se trata de sorpresas eso no le importa mucho, claro que eso no le resta en nada su valor y fidelidad para con la causa".
Genzo Wakabayashi podía ser muy molesto la mayor parte del tiempo pero brindaba una invaluable asistencia en la batalla, el problema era que la modestia no se encontraba en su vocabulario.
"¿Crees que haya traído una partera?"
"Pero aquí ya tenemos parteras"
"Si, pero puede que su señoría piense que ninguna de ellas es lo suficientemente buena para traer al mundo a su primogénito" argumentó Taro
"Ella es demasiado joven para ser una partera… y muy bonita" expresó sin medir sus palabras
"Que no te escuche tu madre o buscará la forma de hacerte parecer culpable por decir que ella no es una partera atractiva"
Taro golpeó la espalda de su amigo al ver la preocupación en el rostro de su amigo "vamos Tsubasa, tranquilo, yo sé lo que quieres decir, deberías aprender a disfrutar más de las bromas". Lo observó detenidamente, el estrés de los últimos tiempos había cambiado el semblante de su amigo, y no era para menos, ahora parecían tan lejanos los días en que se perdían en las praderas cercanas persiguiendo una especie de esfera de cuero que el padre de Tsubasa le había traído de tierras lejanas en uno de sus tantos viajes, le contaba de cómo la gente de esos extraños lugares organizaba juegos con ella y cómo lo disfrutaban, fue tanta la emoción del joven que un día su padre decidió traerle una persona especialmente para que le enseñara a utilizarlo. Pero las cosas se habían puesto difíciles y la falta de valor de su emperador les había creado grandes problemas de los que ahora se tenían que hacer cargo, sacudió su cabeza con frustración y decidió seguir con las especulaciones "entonces, si Genzo no trajo una partera, quizá sea una costurera para que le haga un nuevo guardarropa a su muy embarazada novia y a su próximo retoño para el invierno que se avecina, claro si llegamos"
"Ni siquiera Genzo piensa en esas banalidades en estos momentos" Tsubasa respondió ausente, inconscientemente su paz interior se había ido, su corazón latía con una excitación que no comprendía.
"Quizás rescató a una dama en peligro, tu sabes, es lo que hacemos" dijo ignorando el semblante de su amigo "porque de otra forma me estoy quedando sin ideas, además es muy pronto para contratar a una nana, y tenemos muchas mujeres dispuestas a hacer ese trabajo o ¿para que mas él podría querer una mujer?"
"Haz estado casado demasiado tiempo" replicó Tsubasa "si has olvidado para que un hombre desea a una mujer"
Taro rió de buena gana "estas equivocado amigo, si alguien recuerda para que quiere una mujer cada noche ese soy yo, mi Azumi no me deja olvidar eso" sonreía al pensar en su esposa que debía andar por los campos cercanos peleando con alguno de sus pequeños, de pronto giró hacia su amigo "no creo que Wakabayashi… no otra vez ¿o sí?, ¿no después de lo ocurrido la ultima vez?" dijo preocupado
"¿Puedes pensar en una mejor razón para que Genzo haya desaparecido una semana completa, con lo mejor de mis escoltas, lo mejor de sus ropas y el mejor carruaje?"
"Si, pero, tu sabes, su novia…"
"¿Embarazada?" Tsubasa ayudo a su amigo con su trance vergonzoso, demasiado para un hombre casado y padre de una pequeña prole
"Solo espero que no se atreva nuevamente a romperle el corazón porque esta vez sí se las verá conmigo" expresó molesto
"Lo siento amigo, pero yo voy primero en la línea para golpearlo, tendrás que esperar tu turno"
Tsubasa estudiaba la escena frente a él, el carruaje recién detenido, los caballos cansados, la gente alrededor temiendo lo peor en su corazón.
"A lo mejor él está pensando qué hacer con ella" sugirió, tratando de encontrar una explicación a las inusuales acciones de Genzo y de las cuales no se había molestado a dar una explicación aunque Tsubasa le había demandado una cuando el carruaje hizo la primera parada junto a ellos, es como si lo estuviera probando, pero si lo estaba probando, ¿para que lo hacía?
"Genzo quiere que vayas" anunció Taro
Tsubasa no respondió, estaba demasiado concentrado en el carruaje, o mejor dicho, en la mujer que se encontraba dentro.
