Cuarto fantasma
Pereza
Zelda detestaba estar jugando a la Triple Cara, pero no tenía más remedio. En primer lugar, debía fingir ser un sheikah, en segundo lugar, tenía que fingir que sus lealtades estaban con Ganondorf y en tercer lugar, tenía que fingir que no seguía a Link a cada paso que daba.
En momentos como ese, ¡verdaderamente quería ser una sombra!
Mientras trataba de darle largas a Ganondorf sobre el paradero de Zelda (peligroso, muy peligroso), ahora tenía que ir a jugar a los Cazafantasmas y conseguirle el de la… ¿Había dicho "lujuria"? Pues sólo él se entendía, pero que ni soñara que entre él y Zelda podría haber algo, ¡porque primero tendría que matarlo!
— Este juego me está cansando… — Sheik bajó la guardia y se quedó descansando sobre la rama de un árbol, cerca de las riveras del río Zora que quedaba más alejado de los Dominios Zora, al noroeste del campo Hyrule.
— ¿Cansancio…? — dijo una voz apachurrada como de sapo. Sheik se puso en alerta y vislumbró a un Poe muy grande, que flotaba como si fuera el aire el único que lo mantenía allí.
— Al final hiciste lo que te dio la gana — dijo Navi, cuando Link entró al Cráter de la Montaña Muerte por medio del pasadizo secreto tras la estatua de la habitación de Darunia — ¡Te digo que no nos tomaría mucho tiempo el cazar al resto de los fantasmas! ¡Ya llevábamos tres!
— Sí, pero no podía dejar ni un minuto más a los Gorons a su suerte. Desde que desperté en este extraño futuro, me ha preocupado la nube rojo brillante que está sobre esta montaña. Además, realmente no me urge el dinero ahora. El Medio Fantasma nos dio ciento cincuenta rupias por los tres Poes Grandes.
— ¡Pero acuérdate de los puntos de canje! — Le dijo Navi — El Medio Fantasma dijo que el premio por cazar a los Diez Poes Grandes (de la Amistosa Hermandad del Otro Mundo) era mucho mejor que una varita de Saúco… ¿No quieres enterarte?
— Después de esto, Navi — le prometió Link. Un tramo del puente a sus pies estaba roto, y necesitaba cruzar un gran lago de lava, que realmente era el Cráter del volcán en sí, para poder llegar al otro lado, en donde comenzaba el Templo del Fuego. Usando el Gancho fue pan comido. Link comenzó a caminar a través del crujiente puente y hasta una plataforma plateada con la Trifuerza, en donde se sintió aliviado, pues estas plataformas le prometían que existía una canción para regresar rápido hasta ese punto. Con el Minué del Bosque y el Preludio de la Luz, Link podía tomar ya muchos atajos. No estaría mal también poderse aparecer aquí (aunque fuera para asar bombones y gallinas, deliciosas gallinas). Esperó y esperó — ¡¿Y bien?! ¡¿En dónde está ese canalla de Sheik?!
— Mira, Link — Navi le señaló hacia la entrada del Templo. A Link no le quedó más remedio que avanzar hacia allí, donde no había un insistente resplandor rojo y la temperatura se sentía mucho más fresca. En una esquina de ese pequeño vestíbulo, con una trampilla en el suelo que era la entrada al subterráneo templo, estaba Sheik, dormitando.
— ¡Habráse visto! — Link subió los ojos al cielo y se acercó para darle con la punta del pie a las costillas de su Guía — ¡Sheik!
— ¡No me jodas…! — Sheik giró sobre su costado y comenzó a roncar descaradamente. Link se quedó lívido y luego enfureció.
— ¡Esa no es manera de contestarle al Héroe del Tiempo!
— Ay, Link… — Navi volvió a poner los ojos en blanco.
— ¡Oye, Sheik! — le gritó Link, logrando que el Guía se incorporara perezosamente y se estirara como un gato: con lentitud y meticulosidad. Luego le dirigió a Link la mirada de uno de sus ojos, y entrecerrado.
— ¡Aaah, es Kakashi-sensei, ¿cómo nunca me di cuenta?! — exclamó Navi, súbitamente.
— ¿Quién es "Kakashi-sensei"? — preguntó Link, perdiendo toda atención en el sheikah.
— Hola, Héroe, buenos días — saludó Sheik, dando un largo bostezo bajo las telas que le cubrían casi todo el rostro.
— ¡¿Qué demonios haces?, tienes que enseñarme la canción de este Templo, mueve tu trasero de ahí y hazlo! — lo riñó Link.
— ¿Eh? ¿Quién te dijo que cada Templo iba a tener canción? — Sheik volvió a bostezar sin pena y luego se rascó la cabeza — En realidad, todavía no he pensado en las notas de este Bolero, es que me da flojera — Link lo miró con incredulidad —. En vez de eso, podríamos encantar una canción para que te transportes, ¿qué dices?
— Eh… ¿Una canción? No, es que yo, realmente no… — comenzó Link, tímidamente, pero a Sheik no le importaba escuchar su respuesta, pues ya estaba tarareando sin miramientos y comenzó a agitar el dedo índice mientras inventaba una canción lastimosa que sólo daba risa… Pero nadie rió.
—… El Bolero del Fuego, el Bolero del Fuego… Deja que queme tu corazón… Con amor… Con pasión… ¡El fuego quema, eso es verdad, al igual que este amor que siento por ti, baby!
Link cayó al suelo al estilo de los personajes del anime.
— Sheik… ¿te sientes bien, amigo? — intentó el Héroe. Supuso que había ingerido alguno de esos Hongos Alucinógenos de los Bosques Perdidos, y no podía hacer mucho por él — ¿Quieres un poco de agua?
— ¡Muy bien, ya que estamos aquí hay que inventarnos el resto de las canciones! — Sheik volvió a cantar al ritmo de una música pobre y repetitiva que más bien parecía una porra muriendo — La Serenata del Agua, la serenata del Agua… ¡No te dejes ahogar en un vaso con agua, baby!
— Sheik…
— Sí, ya deja que salgan todas de una vez: El Nocturno de la Sombra, el nocturno de la Sombra, cuidado, cuidado, alerta roja, alerta roja, baby. El réquiem del espíritu, el réquiem del espíritu, ¡cuidado con los espíritus…!
— ¡Cállate, Sheik, basta! — Link tuvo que golpearlo para ver si reaccionaba, pero no fue así. Con la misma serenidad que antes, el sheikah terminó su rima:
—… Baby.
Un inocente Fire Keese que aguardaba a que Link bajara para quemarlo vivo explotó espontáneamente gracias a los talentos artísticos de Sheik.
Link y Navi prácticamente estaban haciendo un altar a las diosas para que la voz de Sheik desapareciera de la faz de la tierra.
— Oigan, ¿qué fue esa explosión? — preguntó Sheik, aún medio dormido.
— Sheik, yo… — Link no sabía cómo terminar con esa pesadilla.
— ¡Dejen dormir, ojetes! — tras insultarlos, Sheik volvió a quedarse dormido en su antigua posición. Los dientes de Link rechinaban de tanto odio contra la humanidad.
— ¿Acaso ese es Sheik, por qué está actuando tan extraño? — Ganondorf se reclinó todo cuanto pudo hacia delante, tratando de ver una imagen clara en la bola de cristal. El Stalfos que siempre estaba a su lado cruzó sus huesudos dedos, rogando para que el Rey de la Maldad se diera cuenta de que Link, el Héroe del Tiempo, era quien estaba cazando a los Fantasmas y que, por lo tanto, le podrían tender una emboscada. Pero de repente, la imagen en la bola de cristal comenzó a tener nieve, tanta que ya no pudo verse nada más, y además, un zumbido inaguantable resonó por todo el salón del trono — ¡Aaaah, fregadera! — Ganondorf aventó la bola. Ésta cayó pesadamente a la alfombra hecha con piel de Wolfos Blanco y siguió rodando hasta los pies del Scrub de Negocios que llevaba el Mercado Negro.
— Mis disculpas, oh, Rey — dijo Kotake, levantando la bola — Lo que pasa es que acaban de cambiar la señal de todas las bolas de cristal. Ahora es digital, y necesito otro tipo de bola — explicó, haciendo una leve reverencia — En cuanto consiga esa nueva bola, se la traeré.
— Retírate — le pidió Ganondorf.
— Sí, señor.
Ambas brujas (pues su gemela estaba descansando cerca de la ventana más grande) abandonaron el recinto. Ganondorf no podía desquitarse con ellas porque eran como sus madres, así que lanzó un largo suspiro. El Stalfos, deseoso por recuperar el favor de su rey, se apresuró a lamerle las botas:
— ¿Algo lo molesta, Gran y Malvado Rey?
— Oh, Stalfos… — Ganondorf tomó su copa de vino Deku y dio un sorbo lento. Después, apoyó los codos en sus rodillas y su frente en los dorsos de sus manos, agotado — Sí, tengo un gran problema.
— Adelante, puede contarme lo que guste — ofreció el Stalfos.
— Stalfos… Los ojos de Sheik… — Comenzó. Dudó y le echó un vistazo de reojo a su subordinado, como si esperase cualquier mala señal para achicharrarlo, pero decidió darle una oportunidad y continuó: — Son de mujer, de hombre no.
— Mi señor… — el Stalfos no se esperaba una confesión como aquella. Además, para el Stalfos, estaba claro como el cristal que Sheik era varón, pero por el bien de sus huesos, más le valía darle por su lado al rey de la maldad — Quizás pueda… Ya sabe… Desenmascararlo.
— ¡¿De qué hablas, idiota?! — Rugió Ganondorf, espantando a los Leevers danzarines, así que bajó la voz — ¿Y qué tal si yo me equivoco y quedo como un vil y patético miserable? ¡Soy el gran Ganondorf, ¿recuerdas?!
— Mi Señor, usted no tiene por qué hacer nada. Él solito se descubrirá si usted lo pone en las situaciones correctas. Por ejemplo… Llévelo a los campos. Si Sheik es mujer, querrá ver las flores.
— ¡Eres un imbécil! — Ganondorf le dio una merecida patada.
— Señor… — El Stalfos no sabía qué más hacer para quererse a sí mismo.
— Maldita sea, Sheik sigue durmiendo y necesito ir al Pasado para plantar un frijol mágico ahí — Link señaló un montón de tierra suave —, para poder llegar allá con la planta mágica — entonces señaló dos piezas de corazón en las caprichosas deformaciones del cráter de la montaña — Si no me enseña el Bolero del Fuego como es debido, no podré entrar aquí siendo niño.
— Quizás debas tratar cantando la canción que se inventó — sugirió Navi — ¿Cómo era…? Bolero del Fuego, ¿te amo, te amo?
— Claro que no, era: alerta roja, alerta roja — la corrigió Link.
— ¡Pues cántala! — lo incitó Navi.
— Cántala tú — negoció Link, de mal talante. En ese momento, Sheik se levantó de su largo sueño y le arrebató a Link la Ocarina (que instintivamente había sacado al ver a Sheik) de las manos.
— Uy, qué lloroncitos, ¿eh? — los criticó, y empezó a entonar las notas. Era una melodía bastante simple, sobre todo porque Link sólo debía recordar las primeras ocho notas, en lugar del bolero completo, como lo interpretó Sheik, con florituras, adornitos y toda la cosa. Finalmente, Sheik le devolvió a Link la Ocarina. — Ahí está, ahora tú — Sheik desvió la mirada, y se dijo a sí mismo: — Soy un genio musical, ni siquiera lo pensé y la canción salió solita. La próxima vez no voy a hacer ningún preparativo, tampoco.
Link todavía se sentía confundido, pero se llevó la Ocarina a la boca para entonar el Bolero de vuelta, y confirmar que se la había aprendido bien, y fue interrumpido por el grito más escandaloso de Navi:
— ¡Kyaaaaah, beso indirecto! — señaló.
— ¿Qué? ¡Arrgh! — Link se dio cuenta de que Sheik había acabado de tocar de su misma ocarina, y se puso rojo, sobre todo por culpa del hada. Entonces, después de limpiar la boquilla por si las moscas, empezó a entonar las notas, pero le salieron mal. Volvió a intentar, y nada, hasta que Sheik lo miró con un aura asesina.
— ¿Qué? ¿Ni copiando lo puedes hacer bien? — molestó el sheikah.
— ¡Si hubieras sido más atento, sería diferente! — reclamó Link.
— ¿Me estás llamando incompetente? — sugirió Sheik.
— ¡No, te estoy llamando idiota!
— Chicos, no se peleen por mí — dijo Navi de pronto.
— ¡Nosotros no nos estamos peleando por ti! — gritaron los dos, ante aquella petición tan fuera de lugar.
— ¡Enséñame como se debe!
— ¡Sobre mi cadáver!
— ¡Ya es suficiente! — Link decidió abalanzarse contra su Guía con toda la fuerza que pudo, pero él era bueno peleando y ninguno de los dos lograba avanzar mucho.
Navi se puso a observar con bastante entusiasmo, y mencionó algo parecido a: "¡Wuh, pelea de hombres!". Revoloteó de ahí para allá para no perderse ninguno de los movimientos de ambos, hasta que notó que Sheik de pronto se quedaba inmóvil; por lo mismo, Link desistió de golpearlo y le dirigió una mirada inquisitiva. El Sheikah bostezó y se reacomodó en su lugar.
—Esto es problemático, ya no quiero jugar.
— ¡Yo gané! — exclamó Link, pero luego se sintió ridículo. Miró a Navi en busca de una explicación y, como siempre, el hada la obtuvo.
— ¡Claro, ya lo sé! ¡Debe tener dentro al Poe de la Pereza! — Exclamó el orbe azul, quien siempre se sentía bastante realizado cuando le enseñaba cosas nuevas a Link, — Claro, todo concuerda… La ira, la envidia, y ahora la pereza… Parece que los "ingredientes extras" que conforman a los Poes, de los que hablaba el Medio Fantasma, son nada menos que los Siete Pecados Capitales.
Pero Link la miró sin comprender.
— ¿Qué son los pecados capitales?
— Ah… — Navi dio un largo suspiro — Los Siete Pecados Capitales son la Ira, la Envidia, la Pereza, Gula, Lujuria, Avaricia y Soberbia. ¿Qué, nunca te enseñó modales y valores el Gran Árbol Deku?
— Eso creeeo… — divagó Link, sin mucho convencimiento — Pero nunca dijo nada sobre los Pecados Capitales.
— Se llaman así porque son los Pecados Principales: los que llevan a cometer otros pecados. Son la raíz de la maldad — le aseguró Navi, siniestramente. Link la miró con desasosiego, y se sintió triste por Sheik.
— Bueno, ¿y cómo le quitamos al Poe de adentro? ¿Le lanzo una flecha a Sheik…?
— ¿Te atreverías a hacerle eso a tu amigo? — un fantasma de color gris apareció desde donde Sheik descansaba, y flotó suavemente hacia arriba. Sus ojos tenían la forma de gajos de naranja entristecidos, y daba la impresión general de que apenas era sostenido por el viento y que se arrastraba penosamente por él — Hola. Yo soy el Poe de la Pereza… ajúuuuuum…
— ¿Acaso… bostezó? — preguntó Link, levantando una poblada ceja rubia. Navi lo encontró gracioso.
— Todo esto me da mucha flojera, así que, ¿podrían ir al grano y dejarme en paz? — preguntó el Poe.
— Eh… Sí, claro… Este… — Link agarró su bolsa mágica y sacó una botella, pensando que si esto funcionaba quizás era porque estaba medio dormido — ¿Podrías entrar en esta botella?
Navi lo miró con incredulidad, ¿cómo se atrevía a hacer esa proposición indecorosa al fantasma? Pero se quedó incluso más atónita cuando el Poe se introdujo con lentitud en la botella y se quedó dormido.
Link se quedó mirándolo a través del grueso y resistente cristal antes de ponerle el corcho.
— Qué Poe mediocre… — lo evaluó Link.
— La pereza es realmente peligrosa, ¿no crees? — Compartió Navi su manera de pensar — Mira nada más qué conformista nos salió…
— Será mejor que lo vendamos antes de entrar al Templo del Fuego, para poder utilizar la botella con poción roja o… Un hada. Tres botellas no me alcanzan ni para el arranque — dijo Link —… Cómo quisiera tener otra.
Navi observó a Link con atención y se dio cuenta de que se quedaba ido durante mucho tiempo, con cara de quien está a punto de estornudar o de quien está en un intenso trance diabólico. No dijo nada, pero estaba segura de que el frasco de poción verde que se había bebido a pesar de no necesitarlo empezaba a surtir efecto. Lo malo de la intoxicación con magia era que sus efectos secundarios eran impredecibles, y cualquier cosa podría suceder. ¿Y si le salían alas de mariposa? Pues, por el bien de Link, esperaba que se convirtiera en un dragón que le permitiera salir ileso del Templo del Fuego.
Aunque su jornada contra la maldad apenas comenzaba, ya llevaban cuatro fantasmas capturados y estaban a seis más de conseguir los 1000 puntos que el Medio Fantasma les prometió.
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