Epílogo
El 99% de esto es inventado, el final que me gustaría para la saga de Whole Cake. Pero de todas formas tengo que avisar de que hay ese 1% de SPOILERS DEL MANGA así que cuidado si no vais al día.
Sanji se apoyó en la borda del barco. A sus espaldas quedaba la prueba del paso de su alocado capitán por la isla. Los restos de la gigantesca tarta brillaban bajo el sol como si… bueno, como si Luffy mismo se hubiese encargado de comerla.
La brisa a su alrededor silbaba en los oídos del cocinero lastimeramente; un estremecimiento residual de los poderosos, y por suerte ya lejanos, gritos enfadados de la younkou que habría sido su suegra.
Atrás, quedaba también aquella hermosa mujer que habría sido su esposa.
Ella no había querido acompañarles, atrapada en la locura de su madre. El extraño amor que ambos sentían el uno por el otro no había sido suficiente como para dejar sus vidas atrás.
Ella no dejaría a su familia, él no podía abandonar su sueño; jamás habría funcionado.
En aquella isla, el chef abandonaría igualmente todas sus cadenas, aquel turbulento pasado que por años había llevado arrastrando tras de sí. Hoy empezaría un nuevo futuro, una nueva aventura.
Sanji sonrió mirando hacia sus compañeros.
Nami continuaba dando órdenes, concentrada en continuar con su fuga... Brook, por el contrario, subido al palo mayor, había decidido ponerse a tocar con su violín una hermosa melodía a modo de celebración por el exitoso desenlace de su misión.
Frente al rubio, el resto de sus amigos corrían de un lado para otro en la cubierta, con amplias sonrisas decorando sus rostros. Su capitán estaba también por allí, subido a hombros de su más reciente adquisición, Jimbei, el nuevo nakama de la tripulación.
El portador del sombrero parecía empeñado en mostrarle al gyojin, entre risas, cada rincón del navío que pronto sería su hogar en un tiempo récord; provocando probablemente como consecuencia, que el ex- shichibukai se replantease seriamente aquella loca decisión que había tomado.
No tardaría mucho en descubrir que ya no había vuelta atrás.
Los codos del cocinero descansaban sobre la madera del Adam mientras dejaba caer todo su peso sobre ellos de forma relajada. Despacio, el joven alzó su mano para recoger su cigarrillo y permitirse exhalar el humo con los ojos cerrados.
- Ella se lo pierde.
Sanji levantó la cabeza, la bella pelirroja se reclinaba ahora sobre la borda a su lado, de cara al mar. La sonrisa del chef se amplió por un momento, cargada de sincera felicidad.
Sin poder evitarlo, sus ojos se volvieron corazones.
- ¿Estás celosa, Nami-swan? ¡No te tienes que preocupar por nada, querida, tengo amor de sobra para todas!- canturreó con su voz aflautada en un bailecito cómico.
Una sombra oscura le rodeaba cuando volvió a la normalidad.
-San…ji….kun…
Pese a que todo su cuerpo le suplicaba correr, el pirata se mantuvo quieto mientras gotitas de nerviosismo aparecían por su cabeza.
Los hombros de la mujer temblaron de rabia justo antes de dejar caer su puño sobre el cráneo de su nakama, aplastándolo contra el suelo.
El chichón no se hizo de rogar y pronto, el bulto era más grande que la mano que lo había provocado.
Sanji sonrió tontamente mientras se lo frotaba y se levantaba.
- Lo siento mucho, Nami-san.
La chica giró su cabeza hacia él y se encontró con su mirada.
"Lo siento" había dicho, y no por sus tonterías.
- El capitán te ha perdonado- contestó ella fríamente apartando la vista de nuevo hacia el océano- yo no tengo más que decir.
La mujer bajó sus párpados con seriedad.
El violín del esqueleto sonaba a lo lejos mientras el mundo se oscurecía para ambos.
Sanji se sujetó fuertemente a la borda con sus pálidas manos, intentando mantenerse en pie tras el golpe asestado por aquellas duras palabras. Apretando los dientes, el hombre se esforzó en clavar su mirada en las olas que mecían el navío en su eterno vaivén; ella misma lo había dicho en la isla, lo que se había visto obligado hacer era imperdonable. No recuperaría su confianza.
Había retado a Luffy, había hecho llorar a sus nakamas. La había hecho llorar a ella.
El tiempo pareció ralentizarse mientras los piratas escuchaban con claridad el sonido del corazón del cocinero al romperse, compuesto del más fino cristal.
Nami abrió uno de sus grandes ojos para observarle con disimulo. El chef parecía tan destrozado como se sentía. El traje que había llevado elegantemente durante la ceremonia era ahora tan solo unos harapos desgarrados cubiertos de sangre, mugre y pastel.
El chico sentía que había perdido su lugar en el mundo irremediablemente, que no merecía estar allí; aquellos ojos azules, cargados de infinita tristeza, reflejaban su dolor. El pelo revuelto, caído sobre ellos, tan solo completaba aquel aspecto desamparado que Nami ya había comenzado a odiar.
Las pupilas de la joven repasaron también cada uno de los cortes y contusiones que la piel del rubio revelaba, casi tan abundantes como los de su capitán en esta ocasión.
La vida de un pirata y la de un acomodado príncipe eran muy diferentes…
Uno de ellos en concreto le llamó la atención. Su mejilla amoratada atrapaba sus ojos como un imán.
Siendo racionales, después de todas las batallas en las que había participado el muchacho, que ella fuera la responsable de aquella marca era casi imposible. Pero ahí estaba; un recordatorio constante de su discusión.
Nami suspiró dramáticamente, poniendo fin al incómodo silencio.
- Nami-san, yo…
- Sanji-kun- dijo entonces la navegante- ¿recuerdas aquel cuento que me contaste? ¿El del tercer príncipe?
El joven frunció el ceño desconcertado, pero pronto su expresión cambió de nuevo. Sus ojos se agrandaron sorprendidos mientras se volvía para mirarla.
Nami le observaba a su vez fijamente, pendiente de sus reacciones.
La presión de aquella penetrante mirada sobre él desnudaba su alma al completo.
Sanji tragó saliva nerviosamente y asintió dubitativo.
- He estado investigando, ¿sabes? Resulta que esa leyenda que me contaste tiene otra versión.
El pirata pestañeó otra vez al tiempo que la muchacha desviaba por fin la vista. Las palabras dichas aquel día que hoy parecía tan lejano resonaban en sus oídos con una nitidez incuestionable. Aquella trágica confesión susurrada en una celda, en la más absoluta oscuridad, se había convertido ya en un cálido recuerdo al que a menudo el muchacho había tenido que aferrarse.
Respirando hondo, el rubio llevó de vuelta su cigarro a los labios para ocultar la pequeña sonrisa que amenazaba con surgir en ellos.
El flequillo cubría de nuevo sus ojos cuando se apoyó una vez más al lado de la joven.
- ¿Ah, sí?
Ella asintió.
- En la que yo escuché, el pequeño príncipe no muere en esa isla desierta. Sino que consigue hacerse cocinero y encuentra una nueva familia, una de verdad. Y al final de su viaje encuentra el All Blue.
Sanji exhaló el humo de sus pulmones. Una gran sonrisa le esperaba cuando el rostro del pirata volvió a cruzarse con el de la chica.
Una sonrisa que se clavó en su corazón como un pinchazo doloroso y agradable a la vez, obligándolo a latir con fuerza, a recomponerse por fin después de semanas de sufrimiento; arropándolo con un manto de cariño incondicional.
- Ese final me gusta más.
- A mí también.
Las lágrimas que se acumulaban en el borde de sus párpados quedaron retenidas por el abrazo que había tardado demasiado tiempo.
El alivio y la esperanza despejaron sus cielos nublados.
El dedo de la mujer se clavó de pronto en su pecho.
-¡Pero ni se te ocurra volver a hacer algo así, Sanji-kun! ¿Me has oído? Te aumentaré la deuda un 10% por esto.
- Hai- respondió servilmente el cocinero enamorado. La felicidad burbujeaba en su estómago como una botella de champagne.
Con los ojos todavía húmedos, respiró como si fuese la primera vez en años que sus pulmones se llenaban al completo. Respiró hasta que todos los aromas del barco, de su hogar, impregnaron profundamente su ser.
Ella todavía olía a la sangre y el sudor de las batallas que había librado por él… y a tinta… y a mandarinas…Su bello aroma se mezclaba suavemente con el perfume salado del mar, la dulce fragancia de la madera del Sunny, y el amargo hedor del incendio que podría habérselo llevado.
Pero todo había acabado. Y allí en su navío, sobre la hierba, el pasado o los Vinsmoke ya no eran una amenaza.
No obstante, su expresión se congeló súbitamente cuando procesó las palabras de la joven.
Preocupado, Sanji frunció su ceño.
- ¿Solo…un 10%? ¿Estás bien con eso, Nami-san?
La pelirroja dio un paso atrás mostrando las palmas de sus manos. Una sonrisa nerviosa apareció en su rostro mientras se alejaba con una gotita de sudor en su cabeza.
- Creo… que limpiar tu cocina ya será suficiente castigo…
- Mi… ¿mi cocina? ¿Qué le ha pasado a mi cocina?
Sanji palideció de golpe, y antes de darse cuenta, sus pies ya corrían despavoridos hacia el que había sido su santuario.
Su grito se escuchó por todo el barco; era el turno de Luffy para palidecer.
- ¡VEN AQUÍ AHORA MISMO, GOMU DE MIERDA! ¡SOLO TU PUEDES HABER HECHO ESTO!
Una poderosa patada cayó sobre el cráneo de goma del chico sin darle tiempo a reaccionar.
La pierna chocó contra la cabeza de su víctima... y algo invisible pareció estremecerse en un momento.
Todo se quedó en silencio.
Las notas del violín del esqueleto se deslizaron en un trino expectante.
Sin embargo, el dolor en la mirada del cocinero al percatarse de lo que había hecho desapareció por completo en el instante en el que su capitán comenzó a protestar con voz infantil. La genuina alegría que encontró en los ojos del moreno antes siquiera de cometer la estupidez de disculparse, instaba a todos a dejar el pasado atrás.
Una nueva patada voló hacia su trasero mientras Luffy intentaba escabullirse riendo.
- ¡Tenía hambre! ¡Alguien tenía que cocinar!- gritó.
Y la música comenzó a sonar de nuevo, acompañando animadamente cada golpe de la regañina. Haciendo regresar por fin la estrafalaria rutina a la que todos estaban ya acostumbrados y que tanto amaban.
Los Mugiwaras sonrieron cuando la familiar disputa hizo temblar el barco.
Jimbei lo observaba todo con una máscara permanente de perplejidad; en su boca, abierta de par en par desde hacía un rato, había anidado una gaviota.
El ritmo de la canción de Brook se aceleraba por momentos al compás de la persecución, disfrutando cada acorde.
Los oídos de todos apreciaron la sincronización perfecta entra las notas y el poderoso puño de la navegante cuando tumbó a los chicos de un golpe para parar los destrozos.
- ¿Son siempre así?
El gyojin finalmente sacudió la cabeza.
- Siempre- asintió Chopper sentado a su lado, concentrado en comer placenteramente el último algodón de azúcar que había caído del cielo mientras navegaban por el archipiélago.
- ¿Incluso con su capitán?
- ¿Por qué no iban a serlo?- replicó el animal inocentemente.
A unos metros de su conversación. Nami llevaba hasta la cocina a sus nakamas, tirando de sus orejas mientras les reprendía por su imprudencia.
Un susurro solo para los oídos del cocinero se filtró entonces entre sus quejas, al tiempo que el capitán aullaba lastimeramente tanto por su oreja latiente como por el crudo trabajo de limpieza que le esperaba.
- Okairi, Sanji-kun.
Los ojos del chico se cerraron de felicidad al escucharlo… y sonrió.
- Tadaima.*
Y si durante un tiempo las patadas fueron más suaves, nadie dijo nada
Y si la comida era todavía más exquisita que de costumbre, nadie dijo nada.
Y si sus ojos resplandecían en agradecimiento cada día que se despertaba en su maravilloso barco… nadie dijo nada.
Porque el príncipe sin reino… había vuelto a su hogar.
*Significa" Bienvenido a casa" (a tu hogar) y "Estoy en casa" respectivamente. Sí… lo pongo en casi todos mis fics pero es que es mi expresión japonesa favorita! Es algo que los japoneses escuchan todos los días al llegar a casa de trabajar por ejemplo... pero también tiene mucho trasfondo, porque implica tener realmente un hogar y alguien que se alegre de hayas vuelto… es precioso, ¡viva Japón! ¿Por qué no puedo vivir ahí? (lloro)
Espero que os haya gustado esta historia, acepto todo tipo de críticas o comentarios así que no os olvidéis de dejar review! Nos vemos!
