Sinopsis

Jacob Black lo tenía todo. Era guapo, rico, una vida llena de lujos. Era el heredero de un pequeño imperio… y luego ya no.

Al morir, su padre solo le dejó la casa donde creció, un nightclub y millones de deudas por cobrar.

Pero uno de sus deudores no tenía con que pagar, así que le ofreció a su hija.

No era la primera vez que Renesmee Cullen era cambiada como mercancía, para pagar las deudas de su padre. Cuando llegó a manos de Jacob Black, estaba rota. Se alejaba de todos y tenía miedo… incluso de ella misma; pero eso no significaba que no fuera a luchar, no como esa noche en la que no tuvo oportunidad de defenderse.

Pero Jacob no tiene interés en ella, al contrario, su único propósito es protegerla y le asegura que nadie la tocará.

Renesmee está a salvo con él…

¿Pero Jacob estará a salvo de Renesmee?


Capítulo 3

¿En serio?

¿Así de fácil?

Todo aquello era demasiado bueno para ser verdad, pensó Renesmee, mientras Jacob y sus dos matones le ayudaban a empacar sus libros y la ropa que su captor aprobó.

Él dijo que nada de lo que ella tenía era apropiado para el bar.

Él era conocido en la ciudad y nadie lo iba a ver acompañado de alguien vestida así; comprendía la situación en la que había vivido, pero no podían verlo con ella vestida delSalvation Army.

Si Renesmee lo pensaba bien, parecía el cuento de Cenicienta, pasó de la pobreza a un castillo, siempre y cuando el príncipe fuera prestamista de una ciudad y su padre la intercambió para saldar su deuda. O tal vez La Bella y la Bestia…

Era demasiado bueno para ser verdad. Pero era real y mucho mejor que la última vez, cualquier cosa sería mejor que la última vez.

Jacob solo pedía que estuviera a su lado por las noches y no de esa manera, sino como una dama de compañía o algo así, solo era para tenerla vigilada y que no huyera, pero Renesmee no quería huir.

¿Por qué lo haría?

Tenía una habitación limpia y preciosa, viviría en una mansión, comería tres veces al día, iría de fiesta cada noche… o al menos al bar de moda, al parecer tendría un nuevo guardarropa y todos los libros que quisiera.

Jacob y sus matones se rieron de ella cuando él le preguntó sus condiciones para ser una buena chica y no causarle problemas y ella respondió:

-Libros.

-¿En serio? Te digo que tengo dinero, que eres mi rehén, que no te tocaremos ni te haremos daño y que quiero que te sientas segura y cómoda, ¿y lo primero que se te ocurren son libros? - cuestionó él a su lado después de que la acompañó a presentar su renuncia en la librería en la que trabajaba.

Lo último que necesitaban era llamar la atención de la policía cuando su jefe denunciara su desaparición, alguien en el Red Rose la viera a su lado, hiciera una llamada diciendo que la vieron nada más y nada menos que con el príncipe de la ciudad caído en desgracia.

Eso pondría nerviosos a sus clientes que le debían dinero y a sus clientes de ambos clubs.

-¿Si vamos a comprarte algo para esta noche intentaras huir? - cuestionó Jacob, cuando la SUV negra se detuvo en un semáforo en rojo.

-No.

-¿Segura?

-Sí.

Jacob la miró y ella se encogió bajo su mirada. Cuando entró en el auto con ellos esa tarde al salir de la casa, le cubrieron los ojos con un pañuelo de seda. Quil lo llamó precaución, por si llamaba a la policía y les decía donde se encontraba. A ella le pareció estúpido, pues si llamaba a la policía y decía que la tenían secuestrada -pero no lo haría-, solo podía decirles que Jacob Black, el dueño del club Red Rose, la tenía en su casa.

Se puso nerviosa con los tres hombres en el auto, no había entrado en un auto con un hombre desde esa noche. No había estado rodeada de hombres si podía evitarlo. La ponían nerviosa, recordaba esa noche, eran demasiados… pero estos hombres a su lado le prometieron que jamás la tocarían.

Estaba a salvo, ellos eran los buenos en esa historia. No eran los buenos en la historia de otras personas, pero en el caso de ella, sí. Si lo eran.

Así que decidió ser sincera, quería que vieran que no escaparía. Eran lo mejor que le había pasado.

-Tenía una casa bonita, cuando era niña. Era mucho más chica que la tuya, pero era un vecindario bonito. Las casas tenían grandes jardines, mi casa tenía piscina y teníamos una señora que le ayudaba a mamá en la casa. Teníamos dos autos, yo iba a la escuela en un colegio privado. Tenía una buena vida… y luego no la tuve. Papá… Edward, él no fue el mismo sin mamá. Su nombre era Isabella, era muy hermosa, papá dice que tengo sus ojos, pero los de ella brillaban. Los perdí a ambos cuando ella murió. Él se perdió a sí mismo en el alcohol y perdió el trabajo, la casa, los autos. Nos fuimos a vivir a un feo edificio que siempre olía a pis y me inscribió en una escuela pública.

Renesmee suspiró.

-No hubiera sido tan malo de no ser… Él se metió con quien no debería y yo pagué las consecuencias. Yo traté de sacar lo mejor de la situación, pero fue empeorando cada vez más hasta esa noche. Morí esa noche.

Los tres hombres en el auto estaban en silencio, escuchando el dolor desgarrador de sus susurros.

Renesmee no disfrutó de su niñez, pues se tuvo que hacer cargo de los errores de su padre cometidos al haber perdido al amor de su vida; no pudo seguir jugando, no hizo una que otra travesura, no tuvo más juguetes que le hicieran ilusión. Tampoco tuvo una adolescencia llena de desenfado, no tuvo enamoramientos, citas y tampoco un despertar sexual ni la ilusión de ese primer beso y esa primera vez… No, le fue arrebatado.

Ella no lloró, ya no lloraría por su padre, su antigua vida ni por esa noche.

Miró a Jacob y le dijo con toda honestidad.

-Quiero algo que tú puedes darme.

-Lo que sea - replicó él en un susurro. Daria su vida de ser necesario, si eso borraba el dolor de los ojos de Renesmee. La acababa de conocer y quería defenderla con uñas y dientes, tenerla en una caja de cristal antibalas y que ningún mal llegara a ella.

-Tranquilidad. Si me juras por lo más sagrado que no tendré que hacer algo que no quiero, que no me van a tocar… tendrás en mí una aliada, una amiga, una compañera. Lo que tú quieras. No es necesario que me vigiles por las noches en tu trabajo, puedo quedarme en casa. Puedo limpiar para ti, lavar tu ropa, cocinar, cuidar el jardín.

Los hombres en los asientos delanteros se removieron incomodos.

Nadie tocaba ese jardín, solo las manos expertas de Jacob… y Quil y Claire cuando retozan entre las rosas por las noches de verano.

-Sonará extraño, pero por primera vez me siento libre… Quiero ser libre y poder respirar, no quiero este peso sobre mis hombros, no quiero seguir mirando cada cinco minutos tras de mi esperando que él me encuentre de nuevo o que alguien venga por mí, otra vez. Tú eres un criminal, pero me prometiste ser el bueno en esta historia. No pido nada más. Y además… me estas alimentando, me vas a comprar ropa que no ofenda tu sensibilidad… Es más de lo que puedo pedir, así que a cambio quiero trabajar para ti. Limpiaré los baños del club, seré mesera… Lo que sea - suplicó la chica.

Ansiaba lo que Jacob le dijo en la habitación blanca. Él le dijo que su primer instinto fue aceptarla para protegerla. Ella quería ser cuidada, protegida, alimentada. No importaba quien era su proveedor, pero si era Jacob y sus hombres, se daba por bien servida.

-No será necesario. Con el trato que hicimos es suficiente - replicó Jacob, queriendo abrazarla. Quería abrazarla y consolarla y prometerle que nada ni nadie le haría daño de nuevo. No mientras él viviera.

Minutos más tarde, entraron al centro comercial. Jacob tomó del codo a Renesmee y tras ellos caminaron Embry y Quil, bajo esas luces se veían aún más los moretones y rasguños que Renesmee les ocasionó. Parecía que los tres hombres se metieron en una gran pelea en un bar; nadie imaginaria que la delgada chica con ellos fue la que los golpeó.

A Renesmee le hizo gracia que Jacob la llevara de esa manera, reteniéndola contra su cuerpo, para evitar que huyera. No le agradó mucho que la estuviera tocando, pero no dijo nada. No la estaba tocando de manera sexual, solo era su mano grande rodeando su brazo, guiándola hacia la tienda de ropa femenina.

Jacob se dirigió a una sorprendida mujer, que trabajaba en la boutique.

-Necesita ropa. Ahora - el hombre empujó a Renesmee hacia la mujer y ambas sonrieron torpemente.

Fue demasiado Tu Jane, yo Tarzan.

-Ah… ¿qué tipo de ropa? - cuestionó con amabilidad, mirando a la chica y adivinando su talla en un instante.

-Una que no lo ofenda. Al parecer - murmuró la chica mirando alrededor. Desde pequeña no entraba a una tienda así.

-Muy graciosa. Necesita ropa de noche… Como esta - señaló un vestido azul índigo. Era pegado al cuerpo, muy corto.

-Jamás me veras en uno así - replicó Renesmee, viendo la minúscula prenda.

-Así se visten las chicas que van al club.

-Y yo no soy una de ellas… Soy… tu, lo que sea que yo sea. No me voy a vestir como una prostituta.

-Tampoco te puedes vestir como una monja.

-¿Ese se ve como de monja? - señaló Renesmee un vestido oro viejo, tipo coctel y él negó con la cabeza.

-Es… lindo. Muy cubierto, pero tienes buen gusto. Elige vestidos y faldas para el club y algo cómodo para la casa.

-¿Algún color en particular? - cuestionó Renesmee.

Era muy mandón.

-No.

Renesmee y la mujer de la boutique eligieron un sinfín de vestidos de coctel, faltas tipo lápiz y vestidos de la misma figura. La chica no se sentía cómoda mostrando tanta piel en la zona del busto, pero podría cubrirse un poco con su cabello. Cuanto menos se notara que era mujer mejor para ella, pero eso era en el pasado, ahora estaba a salvo… con sus secuestradores.

No podía negar que las telas eran finas y de buena calidad. Un recuerdo fugaz llegó a su memoria, ella y su madre de compras en un lugar como ese y su madre modelaba para ella en el probador.

-Claire me dijo que también necesitas zapatos y bolsos - Jacob la sacó de sus pensamientos, mientras tocaba un ligero suéter gris.

La siguiente hora la pasó en el centro comercial, con los hombres tras ella cargando bolsas. Todo eso era tan raro.

¿Qué clase de secuestradores criminales eran esas personas?

¡Una dulcería!

Renesmee corrió a la vitrina del local con delicioso olor a caramelo y sin siquiera preguntarle a Jacob si estaba bien o permitido, entró cargando un par de bolsas de lencería; gracias al cielo entró sola a Victoria's Secret y solo asomó la cabeza para decirle a Jacob que ya era hora de pagar. Pero ahora, los tres hombres la siguieron.

El lugar tenía todo tipo de dulces. Chocolates, gomitas, paletas, caramelos de leche, pasitas con chocolate, grajeas aciditas, dulces con chile, algodones de azúcar…

Renesmee no lo pensó, comenzó a llenar bolsitas de los dulces a granel y al cerrarlas las metió en una canastilla que una de las empleadas le dio con una sonrisa; se robó una serpiente de gomita azucarada y un puñado de M&M's. Cuando terminó de servirse miró a Jacob expectante, pero él se estaba comiendo un algodón de azúcar como si no hubiera un mañana. Quil y Embry también estaban comiendo dulces y sirviéndose otros más, husmeando los contenedores.

Salieron del lugar riéndose y comiendo dulces como niños chiquitos.

Si, definitivamente no eran los malos de la historia, pero si criminales y días después Renesmee lo comprobó.


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