Lamento la tardanza excesiva, no había olvidado el fic, sólo que no tenía ideas claras de como continuarlo... Prometo actualizar más seguido, si mi tiempo me lo permite. Ganas no me faltan.
¡Gracias por los reviews! Comentadme como veis el desarrollo de la historia.
Espero que os guste. Miles de besos. ;)
Las semanas pasaron para Regina. Semanas en que ignoró a Emma tras aquel torpe e intencionado beso que aconteció entre ellas. Claro que le había gustado, pero la reina, aún, no quería ser salvada.
Siempre que se cruzaba con Emma trataba de evitarla. No respondía a sus llamadas y evitaba cualquier encuentro. Empleaba toda su fuerza de voluntad en no dar señales de vida cuando la rubia se plantaba en el despacho y llamaba a la puerta, e incluso la aporreaba. Evitaba ir a Granny's, desayunaba en casa y siempre iba por caminos alternativos al despacho, rodeando constantemente la comisaría.
La rubia estaba enloqueciendo en esa abstinencia, no lo entendía, el beso no había estado tan mal, Regina incluso había repetido esa noche… Pero ya no hubo más repeticiones, ni conversaciones, y mucho menos discusiones, si sabía que estaba viva era por el hijo que tenían en común, a quien a veces le preguntaba por su madre adoptiva, obteniendo la respuesta de que estaba bien… Nada más.
Aquella tarde se dejó la puerta de jardín abierta, la temperatura acompañaba y, en lo que Henry llegaba, dejaría enfriarse un poco la casa. Emma, que seguía sin perderle ojo, aprovechando cualquier atisbo de luz en la casa para acercarse, ignorando los consejos de su madre respecto a ello. Que le dara tiempo, que Regina quizá lo necesitaba, pero… ¿más tiempo aún? Casi acontecía un mes sin poder dar con sus ojos de una forma directa…
Volviendo a aquel momento, la rubia se había colado por los jardines de lo más parecido a un palacio que había en ese pueblo, si no lo conseguía esa tarde, quizá sí se diera por vencida. Se había hecho con algunos globos en forma de corazón, rojos, que había llenado con helio, con la idea de que flotasen… aprovechando la ausencia en la sala de estar, logró colarse, uniendo cinco de estos en un nervioso nudo y dejándolos flotar en el centro de la habitación, mientras ella misma se ocultaba en la sala conjunta.
Regina bajaba, tras ponerse un cómodo y elegante camisón de estar por casa, quizá un poco atrevido, pero sin perder la elegancia. Bordado, morado, y de lino. Quedó paralizada a unos escalones de pisar aquella baja planta, tragando con fuerza saliva. Observa los globos, y después, que la puerta del jardín estaba abierta. Se maldecía, tratando de caminar sigilosamente hacia ellos, quizá ansiosa de buscar alguna nota o escrito que colgase de ellos, pero cuando los alcanza, no encuentra nada… Los inspeccionaba con detenimiento, eran lisos, de un tamaño bastante pasado a mediano, originales, bonito, románticos…
-Swan –Alzaba un poco la voz, por si la rubia continuaba allí.- ¿Desde cuándo es legal invadir propiedades ajenas? Te estás buscando pasar la noche en los calabozos, aunque seas la sheriff sigo teniendo poder sobre ti...
No recibía respuesta alguna. Con los globos guiados por su mano que sostenía las cuerdas de estos, Regina abría las puertas correderas de donde Emma se encontraba. Sin más preámbulo, la encuentra sosteniendo dos globos más, pero tenían algo de diferente. Uno seguía siendo rojo, pero el otro, era de un color amarillo chillón, haciendo contraste entre ellos. La rubia se encontraba llorosa, nerviosa, con un matiz de dolor, de rojez provocada por el llanto en sus ojos claros, mirándola. No es capaz de hablar, solo esboza una triste mueca, a modo de puchero, tirando al suelo, metafóricamente, aquel discurso que traía preparado, toda la chulería, los reproches que pusiera darle por la ausencia de aquellas semanas… Caminaba despacio hacia ella, uniendo sus dos globos con los que la alcaldesa sostenía, dejando que el amarillo se perdiese entre aquellos rojos, que lo hiciera ya que ella no se veía capaz de perderse entre la piel de Regina, no en ese momento.
-No me desalmes…-Musitaba, con la miraba puesta en los globos, no siendo capaz de dar con su dolida mirada, pues la suya también lo estaba.
-Haces que pierda la cabeza, la paciencia… Regina –La rubia tomaba su rostro, provocando que los globos de estampasen contra el techo a ser nerviosamente soltados por Regina. Se repartían por e techo de aquel pequeño despacho.- Y me…
-No me quieras –Respondía esta, tragando saliva, mirando sus ojos, tratando de aparentar frialdad.- Ve a lo tuyo, yo iré a lo mío… Ya está. No ha ocurrido nada.
-Es porque soy yo, ¿verdad? Llega a ser otra persona corriente del pueblo y sí le darías esa oportunidad que tanto tiempo llevo rogando.
-Esa es tu versión.
-Esa es la verdad que tus actos me cuentan.
Regina daba un paso hacia atrás.
-Lo que pasó en el restaurante no es nada relevante a lo que tenga que ocurrir después, Emma, no insistas…
-Sólo responde –Le dejaba espacio vital, ahora sí.- No llega a ser la hija de Blancanieves la que te pretende, con la que conectas, con la que ardiste en deseos y en aquel abrazo… Y no ocurriría nada.
-¡No entiendes nada! –Le gritaba, respirando nerviosamente con la boca entreabierta.- Me da igual quien seas, es más, me haces olvidarlo… No lo recuerdes.
-¿Entonces? –Retomaba el paso de cercanía.
-Por dios, aléjate y no insistas…-Le pedía, una segunda vez.-
-¡Regina! –Tomaba su muñeca, recibiendo un golpe, bien merecido, de esta. Lo acepta, no se aparta.
-¡No estoy preparada para esto! –Le terminaba confesando, enfundada de miedo, arrinconada contra la puerta corredera, con la mejilla pegada a esta, evitando el rostro de Emma.- Todo lo que toco termina destrozado, ¿es que no lo has visto en Henry?, ¿en el pueblo en sí? Por favor…-Se sonreía con ironía, con dolor, sin adjuntar su mirada con la de Emma.
Y ahora, en ese momento, en cuando Emma entiende que ella no es el problema, que no había hecho nada malo… Regina estaba a fondo de un profundo y oscuro pozo del que nadie la había tratado de ayudar a salir, y tal que si fuera una historia de cuento, cuando Emma se acercaba y trataba de rescatarla, tirando de aquella cuerda enganchada a la polea, que representaba la forma de sacarla, la cuerda se resquebrajaba, quedando tirante, débil. Los pequeños hilos que la formaban daban latigazos al romperse uno a uno, dejando el grosor de este, cada vez más pequeños, y de la reina no salía ni un grito de auxilio, por mucho que la llamaba, que la alentaba a que se agarrase y fuese escalando… Emma no podría sola con todo ese peso, al menos, no con aquella quebrada cuerda.
¿La solución? O bien se encargaba de arreglar esa soga, que sería un trabajo difícil y largo, pues cada hilo roto representaba una faceta de su vida que estaba obsoleta, destrozada. Tal como su confianza, su familia, sus padre, su esperanza… O trataba de formar una cuerda lo bastante resistente para poder lanzársela y, sin ayuda de ninguna polea, ir tirando, con la ayuda del escale de Regina. Lo que Emma en sí ignoraba, era que aquella nueva cuerda ya había empezado a forjarse…
-Ahora soy yo quien prefiere agarrarse a tu mano…-Es lo que le puede contestar, con toda a sinceridad que abarcaba su corazón.- Y aunque sueltes el agarre, yo no lo soltaré. Es algo de dos, Regina…
-Precisamente, es algo de dos, y yo no estoy en ello.
-Pongamos que vuelvo, pongamos que estamos en otra situación…
-Pero no lo estamos –Seguía sentenciando la reina.
-Déjame, aunque sea tarde, te diga aquello que llevo esperando todo este tiempo…-Encuentra su mirada.- Pongamos que volvemos a aquella noche, a aquel coche donde estaba tan ausente por la impresión de los besos que nos regalamos… Recuerda que dijiste que, si íbamos a estar así, mejor te devolvía a casa, que era tarde. No, cambiemos… pongamos que ya sabía lo que ahora aseguro con mis palabras. Imagina que entramos juntas a la mansión, tú preparas dos copas de tu estupenda sidra, yo te cojo de la mano, te empujo hacia mí, y te llevo a mis brazos.
Regina se mantenía seria, con un ápide de tristeza en su rostro, atenta, escuchándola.
-Cariño, no quiero que esto acabe…-Susurraba.- No quiero acabar en lamentaciones pudiendo cambiar este cuento…-Pega con discreción su frente a la propia.- Podría hacer que las cosas siguieran su curso, que el tiempo se encargase de hundirlas, como se han hundido, evidente, a mi falta de reacción. Y en vez de dejarlo pasar aquí estoy…
Regina entrecerraba los ojos, dejando definitivamente de oponer resistencia, sin querer separarse, o quizá sin poder.
-Me he imaginado tantas veces esta escena, aquella tras nuestra cena… Pero, ¿sabes? –Esbozaba una sonrisa, muy suave.- La mejor acababa en la cama, mientras las copas se recalentaban…
Regina miraba sus ojos, el amago de sonrisa, soltando con suavidad el aire por la nariz.
-Pues tienes una mente muy sucia –Le susurraba.- Estás obsesionada con el sexo…-Acaba esbozando una suave sonrisa.
-Mi lívido te ha hecho sonreír –Acariciaba con lentitud su mejilla, acercándose un poco mas.-
-¿Y no te parece eso preocupante?, ¿Qué tu lívido me haga reír? –Entreabría suavemente los labios, tomando aire con intensidad a respirar hondo, pero sin ser brusca.
-No. Es lo que menos me preocupa ahora… ya tendré tiempo para demostrarte que, además de reír, puede provocar otras cosas.
-¿Lo tendrás? –Musitaba, arqueando una ceja, había conseguido relajarla.
-Lo tendré…-Susurraba Emma, dando un último acercamiento, uno que Regina acorta al dar con sus labios, una vez más por iniciativa propia, una vez más muerta de ganas.- No te alejes…
-No dejes de besarme –Le pedía, casi a gritos en pleno murmuro.
