Aquel espacio acogedor que los cuatro recordaban ahora estaba inundado de culpa, desconfianza, temor y, contra todo pronóstico, esperanza.
Shaw sintió un escalofrío al sentir la mano de Root, quien no paraba de acariciarla con intención de tranquilizarla. A cada paso que daba arrastraba el mismo pensamiento: huir.
Harold se encontraba tecleando nerviosamente en el escritorio, murmurando códigos y frases que solo él era capaz de entender. Reese, a su vez, colocaba y sacaba pequeñas piezas del maletín negro que había dentro de la estantería del vagón. Los ladridos de Bear comunicaron la llegada de Root y Shaw. Cuando la primera alcanzó con su mirada la pantalla del ordenador en el que se encontraba Finch, sus ojos se llenaron de alegría.
- Sabía que podrías lograrlo, Harold. – dijo Root, pasando sus manos por los hombros de Finch.
- No podría haber hecho nada de esto sin tu ayuda. La Máquina está esperándote. – finalizó Harold, entregando un teléfono a Root, quien corriendo se adentró en el vagón para conversar con la Máquina.
Shaw se encontraba de pie en medio de la sala, con los ojos perdidos y con todas las partes de su cuerpo incitándola a abandonar el lugar. Bear se acercó a ella, mordiendo su chaqueta y arrastrándola hacia la profundidad de la estación. "Ya he vuelto, Bear" pensó mientras acariciaba la cabeza del perro. Harold se alertó de la presencia de Shaw, pero ninguno de los dos fue capaz de romper aquel inquietante silencio. Reese, en cambio, descansó su mano en el brazo de Shaw una vez salió del vagón.
- Luces fatal, Shaw. – dijo Reese.
- Supongo que es el resultado de morir por tercera vez. – consiguió contestar Shaw, quien sintió cierta nostalgia al escuchar a John de nuevo.
- Está bien tenerte de vuelta.
- Chicos, me temo que ella nos necesita de nuevo. –intervino Root.
- ¿Tenemos un número? – preguntó Reese con cierta ilusión por recuperar los viejos hábitos.
- ¿Un número? Ha vuelto a lo grande, John. Son cinco, y me temo que yo solo me podré encargar de uno de ellos.
- Yo puedo vigilar a dos. – dijo Shaw, esperando entrar en acción para abandonar de una vez la sala.
- Puede que ella nos necesite a todos, pero una vez más, yo te necesito a ti.
- ¿Te ha dicho que debemos ir juntas?
- Se podría decir que sí. – dijo Root, provocando que Shaw pusiera los ojos en blanco. -Harold, en el vagón están los detalles de los cuatro números que debéis vigilar, encárgate de guiar a tu mascota.
- ¿Bear entrará en acción? – preguntó Finch con cierta confusión.
- ¿Bear? De quien debes encargarte es de John. – contestó Root, quien junto a Reese entró al vagón para coger todo el armamento posible, dejando solos de nuevo a Shaw y Finch.
- Está bien, Harold. Lo entiendo. Supongo que tendré que ganarme tu confianza de nuevo. – espetó Shaw. Harold no logró decir nada, su confianza en ella se perdió en el momento en el que decidió entregarles ante Samaritan y no volver al equipo. Quería creer que todavía quedaba en ella aquella Shaw que conoció, pero tener esperanza no era una de sus virtudes.
Shaw entró al vagón con Reese y Root, ésta última ignoraba la conversación que los otros dos iniciaron. Sus pasos volvían a estar guiados por la Máquina. Dejó la estación a sus espaldas y se dirigió hacia la azotea del edificio de al lado. Shaw salió corriendo detrás de Root, gritando su nombre una y otra vez para que se detuviera. Cuando la alcanzó, no dudó en empujarla hacia la pared.
- Kevin McAllen, 35 años – explicó Root mientras señalaba la ventana de una de las plantas del edificio que tenían frente a ellas. – Adivina para quien trabajaba hace unos meses.
- ¿McDonald's? – preguntó Shaw sarcásticamente mientras apartaba su brazo del cuerpo de Root, liberándola de la presión que la apretaba hacia la pared.
- Echaba en falta tu humor, pero no. Estaba bajo el control de Decima, era uno de los informáticos de la sede de Hamptons.
- Acabasteis con Samaritan. ¿Qué puede querer ahora la Máquina de este tal Kevin?
- Acabamos con Samaritan, sí, pero no con aquellos que lo crearon.
En ese momento, Shaw supo que seguía huyendo. Solo era cuestión de tiempo que los operativos de Decima volvieran a poner en marcha otro sistema de IA, provocando que todo el equipo se escondiera de nuevo.
- Deberíamos acabar con esto aquí y ahora, Root.
- No sé cómo trabajabas para Samaritan, pero si consigues recordarlo… Ella no quiere bajas en esta lucha, tan solo necesitamos información.
- A la mierda la información, Root. – dijo Shaw, apuntando su rifle hacia la ventana.
Los siguientes segundos paralizaron completamente a Root. El rayo cálido de esperanza que había sentido esa misma mañana recorrió su espalda, inundándola de terror. Shaw mostraba una media sonrisa en su rostro, como si en ese preciso instante hubiese obtenido algo que ansiaba tener desde hace mucho tiempo. Cuando ambas volvieron a mirarse, supieron que todo lo que habían avanzado en la última noche acababa de perderse.
