Capítulo 4
Desperezándome sobre la cama silencie el repicar de la alarma, parpadeé un par de veces y volví a recostarme sobre mi espalda; ayer había sido un día muy… peculiar, descubrí algo horrible que hubiese preferido nunca conocer, y de una manera u otra sentía como si me encontrase en medio del problema.
Aun un poco somnolienta concluí en que la mejor manera de zafarme de esta situación, era no involucrándome, ese problema solo le incumbía a Annie y Archie, y aunque me doliera admitirlo… eran ellos y solamente ellos los que debían resolverlo del modo que les pareciera más conveniente a "ellos", es decir, yo no era parte de la ecuación, por lo tanto no debía de preocuparme y mucho menos entrometerme. Con esto en mente me levante dirigiéndome a la ducha, esperanzada de que el agua borrase el mal recuerdo y me permitiese comenzar el día sin pensamientos "parasito".
Al terminar de arreglarme agradecí que mis plegarias fueran escuchadas, dándome un último vistazo en el espejo regrese a la habitación para tomar mi móvil, 8:25 AM, tenía que apresurarme si es que no deseaba llegar tarde. Semi-trotando llegue a la cocina y tome rápidamente un vaso de agua tibia con limón, (más por hábito que por gusto), a pesar de que el agua resbalaba con facilidad por mi garganta sentía como si esta no tuviese fin.
Forzándome a terminar hasta la última gota, continúe bebiendo mientras recorría el apartamento con la mirada, sin deberla ni temerla, un inesperado flashback se coló en mi cabeza; el sobre… Por la sorpresa de todo lo vivido ayer, había olvidado por completo aquel dichoso sobre; con más fuerza de la requerida dejé el vaso sobre la barra y corrí a la sala en busca de mi bolso. Invadida por la curiosidad y un indescriptible sentimiento, escarbe vigorosa y exitosamente dentro del bolso.
Con dedos temblorosos acerque la delicada cartita a mi rostro notando ciertos detalles que se me habían escapado en un principio, si bien a simple vista parecía un sobre negro sin mayor gracia, al obsérvalo con detenimiento podías ver que se encontraba repleto de pequeñísimos diseños, que bien podían ser garabatos o letras… tal vez iniciales. Gire aquel trocito de papel percatándome de algo sumamente inusual, el sobre estaba sellado con lacre, ¿qué clase de persona en pleno 2015 utilizaba sellos victorianos?
Aún más intrigada, despegue con sumo cuidado el sello rojo, introduje con delicadeza el índice dentro del sobre, deslizando un grueso trozo de papel blanquecino fuera de este. Aún más intrigada y con mi corazón latiendo a tope, desdoblé rápidamente el papelillo.
FREE CHILDHOOD
Candice W. Andrey
Free Childhood y asociados se complacen en invitarle a la cena de beneficencia que se llevará acabo con motivo de la celebración de nuestro décimo aniversario.
Los recursos recabados se destinarán en su totalidad a nuestro proyecto "Un hogar para todos"; el cual busca asignar hogares dignos a todos aquellos infantes que se encuentran bajo la tutela del estado, al mismo tiempo que se hace un seguimiento de los hogares adoptivos; con el fin de garantizar la calidad de vida de los menores.
Le esperamos el 6 de noviembre, a partir de las 8:00 PM en el salón Terrace Room del hotel Plaza.
Free Childhood (NYC)
No podía caber en mi asombro, a pesar de que llevaba años apoyando a dicha organización, nunca había sido invitada a sus eventos y mucho menos a uno tan importante como un aniversario.
Desde que llegamos a Nueva York, Archie, Annie, Eliza, Neal e incluso Antony y Stear (que no tienen residencia fija en la ciudad) han recibido invitaciones de la Fundación.
A pesar de siempre haber sido excluida nunca llegue a sentirme ofendida, ya que era consciente de que su rechazo era por demanda de la tía Elroy. Hace algunos meses le escuché discutiendo con Albert por esa razón, según recuerdo la tía amenazó a la encargada de la organización con retirar el apoyo de la familia, si esta seguía insistiendo en que yo participara compartiendo mi experiencia con el proceso adoptivo.
Siempre he sabido que la tía abuela es una mujer que vive de las apariencias, desde el principio ella nunca estuvo de acuerdo con mi adopción, y obviamente lo último que deseaba era que yo hiciese público mi origen.
El timbre del teléfono sonó con fuerza avisándome que el taxi que me llevaría al trabajo ya me esperaba fuera, sin demora lance la invitación dentro de mi cartera y como un resorte salte en dirección a la puerta.
El tráfico era abundante como de costumbre en Nueva York. Un par de años atrás me había mostrado algo renuente ante la idea de mudarme a esta ciudad, más solo un fin de semana me basto para enamorarme de este sitio; aun no logro descifrar que fue lo que me convenció, si las potentes luces, el bullicio que nunca para, el aroma a sueños e ilusiones que desprende el aire, la multiculturalidad o simplemente la buena comida, fuera lo que fuese, me enorgullecía totalmente de la decisión que había tomado, Nueva York era fantástico, ningún día era igual al anterior, y a su vez esta diversidad se volvía en parte de tu rutina, era como vivir un rutina no rutinaria.
Veinte minutos más tarde atravesaba con paso firme la amplia sala de espera de mi aun desierto consultorio, no sabría explicarlo pero por alguna razón hoy me sentía fenomenal, me sentía como si hubiese recargado pilas.
Mi orgullo me impedía admitir la causa de mi renovada y bienvenida actitud, más mi subconsciente se mofaba de mí, gritando fuerte y claro, que toda esta felicidad no era obra de ningún otro que no fuese Antony. Detestaba ser tan obvia, pero él era todo lo que necesitaba para sentirme completa.
Aprovechando el inusual buen tiempo que hacía en la ciudad, deslice las persianas del enorme ventanal que se encontraba en el centro de la sala, para permitirle la entrada al sol saliente.
Con los ojos cerrados recibí agradecida la calidez de los rayos solares que golpeaban mi rostro, era muy extraño que en Nueva York hubiese tan buen clima en pleno noviembre, mas no me quejaba, al contrario, lo agradecía, nunca me he considerado una chica de nieve, siempre he odiado la sensación de entumecimiento que provoca el clima gélido en el cuerpo; dicho odio y el deseo de permanecer al lado de mis madres fueron algunas de las razón por las cuales me reúse profundamente a ir a estudiar a Londres con mis primos.
Unos débiles jadeos me sacaron de mi pequeña cavilación, extrañada, gire la cabeza por detrás de mi hombro izquierdo, encontrándome con Gabriela.
― Buenos di-as… lo siento, se me hizo tarde.―me dijo visiblemente bofeada.
―Buen día, ¿te encuentras bien? Te noto algo…agitada.
― Sí, estoy bien, es solo que el ascensor demoraba mucho y ya venía con cinco minutos de retraso, por lo que creí que si subía por las escaleras… tal vez podría llegar más rápido.
― ¿Qué voy a hacer contigo? ¿De verdad me crees tan mala como para regañarte por llegar tarde por primera vez en dos años? ― le pregunto realmente sorprendida.
― No… no es eso, es solo que… usted ha sido muy buena al darme este empleo y no me gustaría perderlo, es mi único sustento. ― habló con la vista perdida en la alfombra.
― Ok, puedo entender que seas responsable con tu trabajo, y te lo agradezco, pero no siempre se puede cumplir, no pasa nada si llegas 5 minutos tarde, no soy una inconsciente Gabriela, sé que hay días en los que no nos levantamos con el pie derecho, por favor tenme más confianza, con una simple llamada te hubieses evitado el andar a las carreras, imaginas que pudo haber pasado si te llegaras a caer de las escaleras… no solo llegarías tarde, sino que probablemente pasarías una larga temporada en casa.― odio tener que sermonear a la gente, pero Gaby tiene que comenzar a comprender que no soy un ogro y sobre todo que no debe nada, ella se gana a pulso su sueldo.
― No, no es que no le tenga confianza, es solo que… no, no tengo móvil… y si, tiene razón… seré más cuidadosa.― me dijo aun sin atreverse a verme a la cara.
― ¿Desde cuándo no tienes móvil?―la pregunta se escapó de mis labios.
― Desde hace un par de meses… es solo que…―se retorció en su lugar avergonzada.
― ¿Qué pasa?―ahora me sentía mal, tal vez no puede costearse el servicio.
― Mi abuela se puso un poco enferma…se me juntaron las facturas… y tuve que escoger las prioridades.― por una milésima de segundo levanto el rostro y puede ver como sus ojos se humedecían.
― Oye lo siento… ven aquí, no llores... ¿Por qué no me contaste? Yo encantada te hubiera ayudado.― la abrace intentando consolarla, era tan joven y tenía tantas responsabilidades, no imagino que sería de mi si Albert nunca me hubiera adoptado.
Permanecimos abrazadas por un buen rato, ella sollozando y yo acariciando su rojizo cabello, como siempre hacia con Annie cuando tenía días difíciles. El ascensor pillo interrumpiéndonos, el primer paciente había llegado. Desasimos el abrazo y Gabriela comenzó a limpiarse las lágrimas que corrían por su bello rostro de porcelana.
― Esto no se va a quedar así, cuando llegue la hora de la comida, vamos a ir a comer juntas… y no acepto un no por respuesta. ― no pude evitar sonreír ante su cara de asombro, estaba segura que la muy cabeza dura se negaría rotundamente, pero lo que ella ignora es que como cabezota nadie me gana.
― Pero… es que me parece… no es correcto, usted es mi jefa y…―me dice con los ojos muy abiertos, meneando la cabeza de lado a lado.
― ¡OH NO! Ya está dicho, no fue una invitación, solo te estaba avisando lo pasara… y no discutas, voy a estar en mi despacho, por favor has pasar al paciente en 10 minutos.― le guiñe un ojo y me encamine a mi despacho.
Una vez dentro de mi oficina, un pequeño escalofrió recorrió mi cuerpo, allí dentro estaba helando, deje mi bolso dentro del ultimo cajón del escritorio y camine hacia la ventana, esperaba que el sol saliese en su máximo esplendor y se quedase con nosotros hasta el final del día.
Jale con fuerza los cordones de las persianas para retirarlas al completo, sin hacerse esperar el sol inundo mi despacho llenando todo de vida, adoraba el sol, como llenaba de luz cada espacio y como abrazaba la piel como si fuera una cálida manta.
Despistadamente mire hacia fuera, todo parecía ir como de costumbre; gente yendo y viniendo apresuradamente (la mayoría de ellos oficinistas), los típicos taxis amarillos atascados en el tráfico, los puestos ambulantes de comida ofreciendo un sin fin de delicias; mi estómago gruño con fuerza ante la idea, ¡maldición! Con todo el embrollo de la invitación olvide desayunar algo.
Como desearía poder comer un buena donut de chocolate rellena de mantequilla de maní con un café bien caliente, o unos hot cakes con nutella y un enorme de vaso de leche tibia; debo de pensar en otra cosa estoy comenzando a salivar y no puedo mandar a volar al paciente por una donut… o sí.
Vuelvo mí vista a la ventana intentando despistar a mi goloso estómago, un simple vistazo fue suficiente para que sin mucho esfuerzo lograra mi objetivo, es más, mi hambre, mi antojo y hasta mi respiración desaparecieron.
Esquivando ágilmente el tráfico y aparcando con maestría frente a mi edificio; la maldita camioneta negra ha vuelto para amargar lo que parecía un día prometedor.
Nota de Autora:
Hey, chicas! Feliz año nuevo, espero y este año sea muy próspero y que se encuentre lleno de bendiciones para ustedes y sus familias.
Por otro lado… si sé que me ausente por una eternidad, lo siento de verdad, pero ustedes saben que las vacaciones de decembrinas siempre hay mucho ajetreo. Pero ya no se preocupen que estoy de vuelta y con todas las pilas.
Espero les guste el capítulo, nos leemos muy prontito.
BSS
Paula Grandchester.
