ESTA HISTORIA ES LA ADAPTACIÓN DE UN LIBRO. NI LOS PERSONAJES AQUÍ EXPUESTOS, NI Glee Y/O El libro original de Relatos Oscuros... ME PERTENECEN.
4-Disertación Y Ensayo
Curioso es, y esto muchos podrán asegurarlo si se les pregunta, las múltiples clases en las que se dividen, o, mejor dicho, los humanos dividen, los amores que han tenido a lo largo de su vida. Apasionados, sosos, inolvidables, preferibles de olvidar, dolorosos, únicos… Tantas clasificaciones como chicas se han amado.
Tanta variedad es, a mi modesto entender, del todo innecesaria, pues, al menos así lo creo yo, sólo hay dos grandes categorías en las que clasificar toda una vida de amores: correspondidos, y no correspondidos.
Aclaración ésta, no obstante, que merece ciertas matizaciones, puesto que, pese a quien pese, esto es verdad, estas dos categorías se dividen, a su vez, en otras: aquéllos que recordamos, y aquéllos que no queremos volver a recordar ni aunque la salvación de nuestra alma esté en juego, en el caso de los no correspondidos; y aquéllos que, por el mero hecho de ser correspondidos, nunca se olvidarán.
Se estima oportuno que haya quien no esté de acuerdo. Si alguien desea discrepar en cuanto a lo aquí dicho, está en su derecho, pero, por favor, que primero me deje acabar esta disertación, y, luego, que presente la suya. Todo ha de hacerse de acuerdo a un orden.
Así pues, y con su permiso, también por tener más experiencia en este campo, aparte de por ser más abundantes, comenzaré hablando de los amores no correspondidos. Éstos suelen tener lugar en los primeros años de nuestra vida, y, valga la redundancia, suelen ser también los primeros de nuestra vida. Por regla general, suelen ser recordados con cierta nostalgia; cosa ésta que nunca llegaré a entender por qué. Es uno de los grandes enigmas de los humanos.
Quizás deba aclarar que, dentro de éstos, existen, y será en este campo donde me explayaré con mayor placer en esta disertación, aquéllos que, si bien al principio dolieron bastante, y costó superarlos, son de los que no queremos ni tan siquiera volver a oír hablar. Centro de estos amores son chicas con más belleza y voluptuosidad que virtudes; y menos inteligencia que virtudes; si es que acaso alguna vez llegan a tener alguna.
Antes de continuar, me gustaría aclarar que, si bien en mi entera participación me refiero tan sólo a las mujeres, es por mi única experiencia con ellas, tanto para bien como para mal. No obstante, aplíquese lo que se dice de ellas también a los hombres; quizás quitandoles algo de inteligencia, y alguna virtud, para lograr el resultado apetecido.
Unido a lo anterior, en este campo no deja de ser curioso, o escalofriante, depende cómo se mire, que, si bien al principio los hombres se sienten tristes y desconsolados, a excepción dicha de aquéllos a los que ellas rechazan por haber encontrado otro amor que tampoco será correspondido, luego se dan cuenta de que aquellas mujeres a las que habían amado con locura, y por las que habían sido ignorados, no son otra cosa que unas frías estúpidas pedantes estiradas y prepotentes; que lo único que hacen es mirar por encima del hombro a los demás, tan sólo por creerse el centro del Universo.
De forma casual, pasa el cien por cien de los casos, por lo que el elemento de casualidad se acaba por disipar por arte de birlibirloque, que a este sentimiento de estupidez, pedantería y prepotencia, ambas tres características de estas mujeres si uno se fija con un mínimo de detenimiento, suele ir acompañado el hecho de ser adoradas y admiradas por hombres más tontos que ellas incluso; que, para colmo, han acabado siendo escogidos en segundo lugar, lo sepan o no, a mí no me importa lo más mínimo, la verdad, tan sólo porque el primero ha sabido percatarse a tiempo de tan manidas estupideces que la adornaban. Se han convertido en el besugo que se escoge cuando uno se queda sin espaguetis; use discernimiento el lector con esta última frase.
Incapaz de percibir lo que está pasando a su alrededor, es esta comparsa florero lo que va acrecentando la estupidez congénita que acompaña a estas mujeres desde el mismo momento de su nacimiento, y que no se aparta ni un ápice en su vida. Lo peor es que, encima, va creciendo hasta alcanzar niveles insospechados; convirtiéndolas en pedorras es-
tiradas horteras, que acaban muriendo solas, mientras echan de menos su extraordinaria belleza, huida de su rostro hace ya muchos años; al tiempo que ni se molestan en recordar una única cualidad que podían haber desarrollado en su vida. Un final triste, pero en el que muchos de los que las conocieron, incluyendo aquellos besugos estúpidos, que las admiraron y contemplaron, acaban celebrando su pérdida, o llorando por lo tontos que fueron, más que por lo que han perdido. Una pena; pero, al final, cada uno acaba recibiendo lo que se merece.
El segundo tipo de amores no correspondidos, y, desde luego, mucho menos frecuente que el anterior, son aquéllos que uno recuerda con especial agrado. O que sólo se recuerda con un mínimo de agrado; me da igual. Pero se recuerdan. Las mujeres de este tipo de amores suelen también ser de mucha belleza, aunque, en su caso, con menos estiramiento, alguna que otra cualidad, y unas cuantas neuronas más. Pero tampoco muchas, no se vayan a creer.
Son éstas, por cierto, las mujeres con las que uno, a pesar de no haber sido correspondido en el amor, no puede enfadarse, y con las que no le importa luego volver a estar, volver a hablar, o, incluso, seguir siendo su amiga.
Romperé una lanza a su favor, ya que lo que las diferencia de las otras pedorras pijas horteras, es que tienden a ser mujeres de elegante vestir, y de una cuidada y comedida simpatía, con las que, pese a ello, se pueden tener charlas agradables. Pero tan sólo romperé una lanza a su favor. Ni una más.
También son mujeres listas e inteligentes, hábiles en los estudios, y que tienden a tocar bien los diversos aspectos de la vida. Unos mejor que otros, como nos ocurre a todos. Logran así una diversidad de temas de conversación que, para ser sinceros, en las anteriores no se echa demasiado de menos, si tenemos en cuenta la forma pija en la que hablan y se expresan.
Sucede, no obstante, que el dicho de "Todo se pega, menos la hermosura y el dinero", se cumple de forma perfecta en ellas, ya que, al tener la inmensa mala pata e infortunio de ser amigas de las estiradas horteras, parte de ese estiramiento y pomposidad se les acaba pegando; hasta que se aferra a ellas como una garrapata, y les absorbe todo lo poco bueno que tenían.
Acaban sufriendo delirios de grandeza, y siempre desean aspirar a más; por lo que ni prestan atención a los pobres desgraciados que están enamorados de ellas. Sí es digno de alabar y de mencionar, y diré todas las cosas buenas que pueda hacia ellas, o aún mejor: sólo diré cosas buenas de ellas, aquellas mujeres que acaban correspondiendo al amor que uno les profesa. Es el último caso, y el menos abundante; pero también el más importante de todos, y, en definitiva, el único del que merece la pena hablar.
Son esos amores que uno siempre recuerda, y que no quiere olvidar nunca. Toda la vida es poco tiempo para pasarla a su lado, el tiempo nunca pasa demasiado despacio en su compañía. Todo tiempo del que se disfrute de la profundidad de sus ojos, del brillo de su sonrisa, de su reconfortante y tranquilizadora compañía, nunca es suficiente.
Ocurre un hecho curioso, y bastante irritante, la verdad: que éstas son despreciadas, ninguneadas e ignoradas por las primeras, las que son perfectas, pero sólo a sus ojos, tan sólo por un hecho; tan sólo uno, llano y simple: envidia de la perfección no existente ante la perfección verdadera. Tan sólo envidia, y nada más.
Llega a tal grado esa perfección, que ni siquiera les guardan rencor a aquellas arpías envidiosas y traicioneras, que van por el Mundo tiesas, como si tuviesen una docena de palos metidos por el culo, con lo que no pueden ni siquiera estornudar como personas normales; porque, entonces, la gente reconocería que son humanas normales, y eso es algo que de ningún modo su estupidez congénita, heredada, por qué no, de unos padres estirados y pomposos, use discernimiento el lector de nuevo, que se consideran perfectos, y a sus hijas también, les ha sido transmitido, puede consentir.
No importa mucho que no sean un exceso de belleza, aunque ésta no les falte. Son mujeres tan repletas de virtudes, que las poseen todas, aunque tienden a ser buenas y sensibles en exceso; aunque a sus enamorados les da igual. Hombres o mujeres recias y de hablar duro, directo y claro, complementados a la perfección por la suavidad, el comedimiento y la sensibilidad. No hay estampa más perfecta que ésta.
Y es por esto por lo que esos amores triunfan, y consiguen el éxito: una relación basada en la aceptación mutua, no condicionada, sino natural; contraste y complementación de caracteres y personalidades, que hacen de esa relación de amor mutuo algo irrompible.
Y de este tipo de relaciones ya quedan pocas. Cada vez menos. En un Mundo cada vez más homogéneo, cada vez son más las que buscan parejas que sean una versión de sí mismas, con la misma personalidad, los mismos gustos y los mismos pareceres.
No se me ocurre nada más aburrido. Por el contrario, los amores correspondidos de aquéllos que tienen gustos distintos, diferentes formas de ser, su propia opinión, su propia visión de la vida… que son, en resumidas cuentas, bastante diferentes entre sí, son los que la gente se empeña en destruir; cuando, en realidad, no comprenden que es, justo por esas diferencias, por lo que son perfectos.
Al recordar estos amores, una siente cosquillas en el estomago, y, sin quererlo, se le dibuja una sonrisa picaresca en el rostro. Recuerda con agrado y nostalgia todas esas estupideces que se hizo para conquistar a esa mujer, lo agradable de su compañía. Y si volviera a vivir, volvería a hacer lo mismo por esa mujer a la que ama. Son esos amores por lo que en verdad vale la pena vivir y morir. Varias veces, si es preciso. Como yo, a lo largo de tantos siglos. Demasiadas vidas he vivido ya; ahora, tan sólo quiero descansar, y disfrutar de la compañía inmortal e impagable de mi amada.
Y por eso, damas y caballeros, acabo mi disertación. Muchas gracias por su atención, y, sobre todo, por su paciencia. Todavía hay tiempo. Pero no se demoren. El tiempo pasa, y no espera a nadie. Con esta última frase, ya me despido.
Na/ Esta se podria llamas capitulo de relleno al igual que lo sera el capitulo 6 ya que en ellos no se nombraran a nuestras protagonistas pero son ecenciales para entender la sicologia de los personajes.
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