Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

[**]

.

¡Hooola de nuevo!

Aquí estoy un viernes más con una actualización del fic.

Como siempre daros las gracias a todas las que estáis al otro lado de la pantalla dejando vuestros mensajes, follows o alertas. Sois geniales.

Como ya os dije comenzamos con los capítulos normales. Así que aquí os dejo con Bella.

.

VIVES AL CINCUENTA POR CIENTO

Bella POV

.

-¡Jacob por favor para! – le dije casi sin aire mientras él me hacía reír imitando la voz repelente del arquitecto que se encargaba de la obra del nuevo local.

-De verdad Bella… ¿En qué estábamos pensando? – me preguntó cuándo conseguimos parar de reír.

-En que es un profesional y nos arreglara el local a pesar que es un ser estrafalario y egocéntrico… A ti también te queremos tal y como eres, Jake –bromeé con él.

-Eres muy mala conmigo – me dijo mientras me pasaba un brazo por los hombros estrechándome cerca de él. – Además, deberías apreciar el esfuerzo que estoy haciendo para no estar de mal humor por la reunión a la que me estás obligando a ir.

Rodé lo ojos ante su nueva insistencia.

-Ya lo hemos hablado. Yo me ocuparé de todo, pero a la primera visita vamos los dos. No hay discusiones. – dije firme mientras llegábamos a la puerta del alto rascacielos dónde, si no nos habíamos equivocado, estaban las oficinas de Volturi Assesment.

-¡Vamos! Cuanto antes entremos antes volveremos al restaurante – tiró con decisión de mi Jake.

Subimos hasta la planta veinte y en cuanto llegamos nos hicieron pasar a una sala de reuniones muy amplia y decorada con un gusto exquisito.

-¿Durará mucho esta tortura, pequeña? – me preguntó en voz baja Jacob haciéndome suspirar por su poca paciencia.

-Jake… dame un respiro, anda – le supliqué mientras le daba un empujoncito en el hombro cariñosamente.

-Ejem…ejem – escuchamos como una voz se aclaraba interrumpiéndonos nuestra efímera conversación.

Al levantar la vista me llevé una gran sorpresa. Delante de mí estaba aquel amigo de Emmet y Rose en un traje que debería ser un delito llevarlo para ir a trabajar. O que le quedara tan condenadamente bien. Era alto, incluso más que Jacob y su pelo color bronce parecía imposible de peinar, pero a él le quedaba bien. Demasiado bien.

Espera un momento… ¿Seguro que era el mismo hombre que estaba en la cena con mi prima? Parecía otro completamente nuevo. El del viernes por la noche, lucía abatido, casi sin brillo en sus ojos. En cambio, éste era todo adrenalina y poder.

¡Para Bella! ¡Centrate!

-Isabella Swan, encantado de volver a verla – se presentó educadamente estirando su mano para estrechar la mía.

Si tan solo me pudiera acordar de su nombre, esta situación sería mucho más llevadera. Pero la realidad era que el viernes estaba demasiado enfadada con Jacob para estar pendiente de nada y no presté ni un segundo de atención ni a lo que me dijo Rose ni mucho menos a lo que me dijo su novio, así que estaba perdida y no sabía cómo salir de esta situación sin pasar vergüenza.

Estreché su mano y ante mi silencio se volvió a presentar con una sonrisa torcida que daba a entender que no le había pasado desapercibido mi descuido.

-Edward Cullen – dijo mientras saludaba cortésmente a Jacob también. – Vamos acomodándonos, ahora vendrá Caius.

Nos sentamos en una mesa amplia, cabían por lo menos veinte personas, así que siendo solo tres parecíamos un poco ridículos. Edward, ahora que me había recordado su nombre intentaría no volver a olvidarlo, se sentó presidiendo la mesa y Jacob y yo a un lado.

Apreciándolo de cerca proyectaba una imagen mucho más segura, incluso, que cuando había entrado a la sala de reuniones hacia solo unos instantes. Me seguía confundiendo cuánto que me había engañado la otra noche en el restaurante. Hoy sólo proyectaba seguridad y profesionalidad. Era casi como un imán para cualquiera que estuviera a su alrededor. Estaba segura que daba igual las personas con las que estuvieras reunida, él era de esa gente de la que todo el mundo es consciente que está presente y no puedes evitar estar pendiente de él.

Tenía como una especie de aura que te impedía apartar la vista.

Noté su mirada fija en mí. O me había pillado mirándolo fijamente o me estaba analizando de la misma manera que estaba haciéndolo yo con él. Supongo que no me podía molestar, era lo justo.

-Y usted Señor Cullen es… Perdone la pregunta pero ando un poco perdido en todos estos formalismos – rompió el silencio Jacob con un tono que rozaba lo cortante.

-Por supuesto, no se preocupe. Supongo que podemos comenzar sin Caius… - dijo mirando su reloj comprobando que ya hacía más de diez minutos que deberíamos haber comenzado.

-Por favor, tutéanos – me dirigí a Edward intentando sonar más simpática que Jacob – Jake… ¿Sabes que es amigo de Rose y su novio, Emmet? – intenté romper un poco la animadversión que tenía mi amigo por este proyecto, aunque pensándolo bien el que tuvieran a Rose como punto en común a Jake no le sumaba nada…. Si acaso restaba. Nunca se habían llevado bien.

Según Rose ella no odiaba a Jake, simplemente lo suyo era "incompatibilidad de caracteres". Jacob simplemente ignoraba a mi prima. ¿Y yo? Bueno, hacía lo que podía para capear el temporal sin intentar alterarme mucho. Tenía la sospecha que ahora que estaban los dos en la misma ciudad mis nervios volverían a estar permanentemente crispados por culpa de sus disputas absurdas y continuos reproches.

-Sí, Emmet es amigo mío de la infancia. Es toda una casualidad que con toda la gente que hay en esta ciudad parece que todos acabamos estando relacionados. – respondió Edward devolviéndome a la realidad. – Y yo, soy el jefe del departamento económico. Caius me ha pedido que me involucre personalmente en este proyecto y que decir que después de cenar el otro día en su restaurante estoy encantado – añadió educadamente, aunque tenía la sensación que me podría haber estado recitando un discurso prefabricado que usaba para llevarse a su terreno a cualquier cliente potencial. Seguramente, fuera así.

-¿Trabajo de campo previo? – Contestó tenso Jake.

Me giré para mirarlo severamente. ¡Qué narices estaba haciendo! Esperaba que se diera por aludido y que hubiese entendido lo que quería transmitirle. "O te callas y te comienzas a comportar como un adulto o te arrancaré hasta el último pelo de tu perfecta y sedosa melena". Exactamente eso.

-¡Muy buenos días! Y Por favor disculpad el retraso. Espero que no os haya hecho ir mal. – Caius entró como un huracán a la sala. – Mi dulce Bella – me saludó con un abrazo que creo incomodó a todo el mundo presente menos a él. – Al fin le conozco, no ha habido manera de hacerlo en el restaurante ni una sola vez, y no han sido pocas – dijo guiñándome un ojo - Jacob, ¿no? – se dirigió algo menos alegre a Jake estirándole su mano para saludarlo.

¿Qué pasaba en esta sala hoy? Se habían vueltos todos locos o era yo que me estaba sintiendo especialmente incomoda.

-Jacob Black – contestó mi amigo recalcando un poco más de la cuenta su apellido.

¿En serio? Me estaba comenzando a crispar su poca amabilidad. Era una suerte que si todo iba bien y nos convencía la propuesta de Volturi Assesment él no sería el encargado de reunirse con ellos sino que me ocuparía yo sola… porque si no ni la mejor tragedia griega iba a igualar este desastre.

-¿Comenzamos? – interrumpí esta situación absurda que se estaba creando.

-Por favor – me contestó seriamente Edward señalándome con su brazo mi silla para que fuera yo la primera en tomar asiento.

Parecía que no iba a comenzar nunca pero al final arrancamos con la maldita reunión. Les expliqué todo sobre el nuevo local y en qué lo queríamos convertir, en el nuevo sitio de moda. Un concepto total no solo de comida sino también cocteles, un lugar dónde reunirte con los tuyos sin necesidad de sentarte alrededor de una mesa durante una hora. Algo para la gente joven, algo descarado, dónde dejarnos llevar un poco por la locura sin las restricciones de la mantelería blanca perfectamente planchada. Ya teníamos el Sublime para eso.

-¿Nombre? – vi que Edward iba apuntando algunas cosas en las copias de papeles que le había llevado.

-Seguimos debatiendo – me adelanté antes que Jake abriera la boca para mencionar ni que fuera como opción una de sus ideas. Eran horribles. Nadie en su sano juicio entraría a un local con los nombres que él proponía.

Caius se río cuando Jake y yo cruzamos una mirada de advertencia mutua y en ese momento me dio la sensación que el tiempo se paraba. Como si estuviéramos viviendo a cámara lenta y estuviera a punto de iniciarse la batalla definitiva por la Tierra Media entre Caius y Jake.

-Bien, tenemos tiempo – se adelantó nuevamente Edward parando la tensión entre los otros dos hombres presentes en la reunión -Creo que lo tenemos todo por el momento, en cuanto tengamos el proyecto nos pondremos en contacto para saber si está relación fructífera. – declaró Edward.

Cada minuto que había ido pasando de la reunión se le veía más y más molesto con todo. Juraría que estaba deseando marcharse.

-Maravilloso. Le he dejado mi contacto anotado y también se lo he dado a la secretaria, seré yo quien se ocupe de todo – aclaré antes de despedirnos.

-Mejor – murmuró quedadamente antes de despedirse de todo el mundo. – Un placer, Señorita Swan – me dijo dándome la mano firmemente.

Era un toque seguro y suave. Su piel contra mi piel me daban las mismas ganas de quedarse anclada a sus dedos tanto como de huir en dirección contraria.

Bajé la mirada hasta nuestra unión al notar algo frío en ese apretón en lo que no había deparado antes. Una alianza.

¿Estaba casado? Juraría que en la cena en el restaurante solo había dos mujeres, Rose y la otra chica pequeñita. Qué raro que su mujer no estuviera si según me había explicado Rose era en su honor que habían quedado.

-Pensaba que habíamos quedado en tutearnos, de verdad puedes llamarme Bella – le reafirmé olvidándome de cosas que no me importaban.

-Está bien, nos volveremos a ver Bella. Encantado – fue lo último que dijo antes de dirigirse a la salida.

Jake y Caius seguían en un tenso silencio cuando me gire para encararlos.

-Pues parece ser que ha sido un éxito… No sé si gracias a vosotros dos, pero lo ha sido – dije con intención de que pararan de una vez con este comportamiento tan poco propio de dos adultos.

-Bella… - me dijeron los dos a la vez –

-No hace falta que digáis nada. Quizás hubiera sido mejor que pusierais de vuestra parte mientras Edward y yo estábamos intentando hablar de negocios. Supongo que nos veremos próximamente Caius – le dije estirándole mi mano en forma de despedida - ¿Nos vamos Jake? – comenté guiando mis pasos hacia el ascensor sin tener la mínima intención de esperarlo.

Cuando pasé por un largo y ancho pasillo con muchas puertas, que supongo serían los despachos, vi a Edward apoyado en la mesa de quién tenía toda la pinta de ser su secretaria. Era un hombre intrigante, sin ninguna duda. Solo lo había visto dos veces y en ambas me había dado una impresión completamente diferente.

De un hombre triste y abatido a otro completamente arrollador y triunfador. ¿Cuál sería el real? ¿Cuántos Edward Cullen existían en este misterioso hombre? Me había conseguido descolocar prácticamente sin abrir la boca como nadie lo había hecho en años, pensaba mientras lo intentaba mirar disimuladamente.

Al parecer se quedó en un intento porque inclinó su cabeza en forma de saludo justo antes de girarse para acabar de recorrer el pasillo en dirección contraria a la mía.

-¿Bella me vas a dejar bajar contigo por el ascensor o me voy directamente por la escalera de incendios? – me preguntó Jake con prudencia. Supongo que quería tantear mi humor antes de volver a meter la pata.

-No te iría mal, últimamente estás dejando de banda el gimnasio y has perdido tu forma física – le dije mientras entraba en el ascensor.

Opté por pasar página. Esa reunión me había agotado. Entre el comportamiento hostil de Jake, los coquetos velados, y no tan velados, de Caius y la confusión que me había creado Edward estaba completamente exhausta.

-Lo siento, sé que no he tenido mi mejor comportamiento ahí dentro, pero ese tal Caius es un pesado. Si la energía que gasta en babear por ti la gastara en trabajar otro gallo cantaría – dijo Jacob.

-Ya supongo que se puede decir lo mismo de ti – repliqué un poco más mordaz de lo que quería.

-Lo siento. – me dijo dándome la vuelta i mirándome a los ojos fijamente. Era tan intenso que tuve que retirar la mirada.

-Ya bueno…. Para tu suerte esta ha sido la primera y última tortura. De lo demás me encargaré yo y espero que Edward… yo también me he saturado un poco con Caius – decidí concederle ese margen a mi amigo. En algo tenía razón.

-¡Ay pequeña! – me dijo riéndose y pasando un brazo por mis hombros acercándome a él. Me sentía tan segura en sus brazos - Quién nos iba a decir a nosotros que en nuestro pequeño restaurante estábamos más tranquilos que ahora que tenemos a un paso el éxito que siempre habíamos deseado.

-Ya lo decía la abuela Marie… Bella cuidado con lo que deseas….

-Se puede cumplir – acabamos a la vez haciéndonos reír y parecer un poco chalados ya que la puerta decidió que ese era el mejor momento para llegar a la planta baja y abrirse delante de un puñado de personas que esperaban ansiosas la llegada de ascensor.

-¡Vamos te invito a tomar algo antes de entrar! – me dijo tirando de mí para sacarme del elegante edificio de oficinas.

Por fin el día volvió a sus cauces. En nuestra cocina, en nuestro hogar, nuestra paz volvía.

Estábamos a punto de dar por acabado el servicio e irnos de una vez para nuestras casas cuando mi teléfono sonó.

Pude ver la cara de Rose ocupando toda la pantalla.

-Hola primita. Estaba pensando cuanto tiempo resistirías sin mí – bromeé con ella en forma de saludo.

-Sabes que no puedo vivir sin ti… y qué quieres que te diga pensaba que era reciproco, pero como veo que no es así me he decidido al dar el primer paso – me continuó la broma sacando la reina dramática que llevaba dentro. La muy bruja se pasó todo el instituto apuntada al taller de teatro.

-En pago por mis agravios que te parece si quedamos este fin de semana. Hemos acordado con Jake que ahora que tenemos el local nuevo nos vamos a ir turnando para descansar más. Y me he cogido el primer turno de descanso – le informé.

Era imposible que siguiéramos con el mismo ritmo de trabajo que habíamos llevado hasta ahora o moriríamos de agotamiento. No podíamos trabajar todos los días de la semana sin parar y menos cuando éramos dos y nos podíamos turnar. Y más ahora que el trabajo se había doblado y tendríamos que estar pendientes de los dos restaurantes. Tomamos la decisión que nos tomaríamos "Días libres" para dedicarlos a la preparación del nuevo negocio. Lo que no habíamos dicho pero ya me imaginaba sería yo tomándome ese tiempo fuera de las cocinas y no Jake. Pero lo aceptaba gustosa si eso ayudaba a construir un paso más de nuestro sueño.

-¡Perfecto! – me chilló Rose emocionada - ¿Te parece una tarde de chicas? De verdad que te echo mucho de menos – acabó con esa voz lastimera que hacía que todo el mundo hiciera su voluntad a favor de la suya.

-Está bien. Yo también te he necesitado este tiempo que has estado tan lejos, puñetera. –

La verdad es que ella siempre había sido muy importante para mí. No he sido nunca una persona de tener muchos amigos, más bien lo contrario. A veces era demasiado solitaria y solo Jake y Rose conseguían hacerme volver a la sociedad. Ellos me entendían sin que tuviera que explicarme y eso era tranquilizador.

Quizás por eso me costaba tanto abrirme a la gente… Tenías que dejarte conocer y en ocasiones tenías que ser tú quién explicaras las cosas. Yo era más de callar y actuar. Hoy en día no todo el mundo sabía valorar los silencios y tomarse el tiempo necesario para conocer a una persona por sus actos y no por sus palabras.

Es por eso que Caius me abrumaba tanto con sus intentos tan descarados para llegar hasta mí. Era halagador tanto como agobiante. Él era todo palabras y yo era todo acción. No necesito hombres que me bailen el agua a mi lado. Las palabras se las lleva el viento e igual que coquetea conmigo lo hace con otras. Necesito un hombre que realmente quiera estar a mi lado y me lo demuestre en cada acto. Aunque eso era más difícil de encontrar.

-¡Bella! – me chilló Rose perforándome el tímpano – Te has vuelto a ensimismar ¿verdad? – qué bien me conocía la muy condenada.

-Sí, el sábado por la tarde. Lo tengo. Es todo tuyo, prometido. – hablamos de cuatro cosas más y me despedí de ella. El sábado tendríamos tiempo de sobras para ponernos al día.

Esto era vida.

Había olvidado qué era tener un sábado libre, para dedicarte a hacer lo que te apeteciera. Sin prisas. Sin horarios que no tienen fin y dolor de pies por todas las horas sin poder sentarte ni cinco minutos.

Había quedado con Rose en una zona comercial y ahora, pensándolo bien, me arrepentía porque su obsesión por las compras era tan notoria como mi poca tolerancia a las multitudes.

¡Y encima no la iba a encontrar nunca!

Llevaba ya dos vueltas por dónde me había dicho que me esperaría. Decidí rendirme a la evidencia y llamarla, sería el camino más corto. Efectivamente, estaba metida ya en una tienda seguramente comprando como una posesa. Me dieron ganas de matarla lentamente por ni siquiera molestarse a que llegara para dar rienda suelta a su trastorno por las compras.

-¡Hasta que al fin te encuentro! – le reclamé cuando le vi enterrada entre pantys y lenceros.

-¡Bella! - Se acercó a mí para darme un abrazo.

Y en ese momento mi enfado desapareció. ¡Cuánto la había echado de menos y cuánto la quería!

-Nunca más te vayas a vivir a la otra punta del país – le dije mientras nos separábamos.

-¡Pero si fuiste tú la que te marchaste de Nueva York! –intenté hacerme la ofendida pero solo logré que Rose se riera de mi – Da igual, ya estamos juntas de nuevo y que sepas que no tengo intención de moverme en mucho tiempo.

-Así me gusta. ¿Y ahora dime qué haces aquí? ¿Se te han perdido las bragas con la mudanza? – le dije mientras miraba la lencería que tenía delante. Era una pasada. Una pena que nunca haya sido de ese tipo de mujeres que se compran ropa interior para infartar a los hombres.

-Bella las relaciones se tienen que cuidar y jugar con la imaginación de tu chico es fundamental – me dijo mientras me pasaba un conjunto – Coge éste, me quiero probar unas cosas así no te aburres. ¡Y no te doy la opción a que salgas con las manos vacías de aquí! ¡Así te va en el amor! – me dijo mientras tiraba de mi mano dirección a los probadores.

Sabía que era imposible luchar contra ella. Así que me dejé llevar. ¿Qué era lo peor que me podía pasar? Perder un puñado de dólares en un conjunto que se quedaría olvidado en un cajón… Supongo que podía vivir con ello si me evitaba una discusión con la testaruda de Rose.

Me puse el conjunto y me sentí poderosa al mirar el reflejo que me devolvía el espejo. Sexy. Aunque no sabía qué hacer con las pinzas que colgaban del ligero podía decir que no me quedaba nada mal. De hecho, estaba segura que me quedaba como un guante.

-¡Guau Bella estás perfecta! – vi como la cabeza rubia de Rose se colaba por la cortinita del cubículo dónde me estaba probando la ropa.

-¡¿Pero tú sabes lo que es la intimidad?! - le chillé avergonzada.

-Bella te he visto más desnuda que esto… no es el momento de ponerse pudorosa. ¡Soy tu prima y nos hemos criado juntas! – me contestó sin la menor intención de irse. – Estás espectacular. Te lo llevas. – y con eso desapareció de mi vista tan rápido como había llegado.

Después que Rose decidiera que ya nos hacía falta más ropa interior decidimos pasear tranquilamente mientras íbamos más pendientes la una de la otra y de nuestras historias que de mirar más tiendas que arrasar.

-Pues que quieres que te diga me pareció adorable Emmet… Ya era hora que afinaras la vista con el tema hombres – le dije haciendo que en su cara apareciera una sonrisa de enamorada enorme.

-¿Sabes qué es lo peor? Que tienes razón. – me contestó parándose dramáticamente - Creo que fue amor a primera vista, desde el primer minuto que lo vi en el gimnasio supe que tenía que ser para mí. Llámame loca. – se rió coquetamente.

-¿Un flechazo? ¡Oh, vamos! Eso no existe… No niego que estás enamorada de Emmet… quiero decir, a las pruebas me remito, llevas todo el rato babeando, pero de ahí a que exista el amor a primera vista hay un mundo – insistí.

Nunca he creído en el amor a primera vista. ¿Cómo puede ser que con sólo mirar a una persona caigas rendida a sus pies? ¿Y si es un loco? ¿Y si no le gusta nada de lo que te gusta a ti? ¿Y si es de esas personas que sólo comen superalimentos y cosas al vapor? Me daba escalofríos de solo pensarlo.

-¡Bella tu vida amorosa apesta! ¿Y desde cuando te has vuelto una amargada? – me atacó rodando sus ojos - Sabes… deberías alejarte de Jacob. Coger un poco de aire y conocer a gente nueva. Ese hombre es tu carcelero y no deja que nadie se acerque a ti, por no decir que os pasáis el día metidos en el restaurante. ¡Así nunca vas a conocer a nadie! – arremetió Rose más seria.

Ella nunca desaprovechaba la ocasión para librar otra batalla en su particular guerra con Jake.

-Mi vida amorosa no apesta…. Quizás lleva un tiempo en stand by, vale, pero no apesta. ¡Y definitivamente no soy una amargada! – repliqué molesta.

¿En eso me había convertido? ¿Esa era la imagen que proyectaba?

En el fondo Rose tenía un poco de razón. Tendía a quedarme en mi zona de confort y no salir y eso reducía mucho mis relaciones sociales. Si le sumamos mi nivel de trabajo aún era más difícil aun.

-Bella tienes suerte que he vuelto y esta vida aburrida y monótona que llevas va a cambiar.-aseguró como si fuera un propósito al que se iba a aferrar con toda su voluntad.

Rodé los ojos porque era imposible discutir con ella.

Continuamos paseando sin rumbo fijo hasta la hora de comer cuando nos decidimos por un restaurante que hacía unos sándwich con comida orgánica que eran de otro mundo.

-Sabes es muy difícil comer contigo fuera de casa o de tu restaurante – me dijo Rose mientras yo miraba mi bocadillo de carne adobada y verduras – Parece que quieras hacer una tesis doctoral sobre el sándwich ¡Comételo de una vez! – me apuró mientras ella daba un gran mordisco al suyo, haciendo que toda la salsa que se escampara por fuera del pan.

-Defecto profesional – me encogí de hombros antes de probar un poco de cada alimento por separado. Tenía ciertos rituales que no iba dejar de hacer por mucho que la pesada de mí querida prima me irritara.

Cuando al final me animé a darle un buen bocado no me arrepentí de haber obligado a Rose a caminar veinte minutos más hasta llegar aquí. Me quería derretir de lo bueno que estaba.

-Está buenísimo – gimoteé un poco - ¡Por cierto! El otro día con Jake fuimos a Volturi Assesment a contratar una… Bueno da igual, no te quiero aburrir… Me encontré al amigo de Emmet… Edward Cullen. Será quién lleve nuestro nuevo proyecto – le expliqué a Rose.

-Y después de casi gemir con ese sándwich te acuerdas de Edward… Curiosa asociación de ideas. ¡Quizás no todo está perdido contigo y tu vida amorosa! – Se río de mí Rose.

-¡Idiota! – le dije tirándole una bola de servilletas que tenía a mano. – Además, no te vas a ganar el cariño de su mujer si vas hablando así de su marido. Rose tienes que ganarte a los amigos de Emmet, no hacer que te odien. – le repliqué recordando la alianza que descansaba en esas manos fuertes que te sostenían con una seguridad inquebrantable.

-¿Esposa? – preguntó Rose con cara de circunstancias.

-Ya sabes… Esa persona con la que te casas… intercambias unos votos… Esas cosas – le dije mientras continuaba comiendo –

-¿Edward…? ¿Por qué lo dices exactamente? – me preguntó un poco criptica, llamando mi atención.

-Por la alianza que lleva en su mano… Rose estás de un raro qué no hay quién te entienda – le contesté cada vez más extrañada por su sorpresa. ¿Acaso Emmet no le contaba nada?

-Oh… - ante mi mirada confusa continuo – Edward es viudo. – dijo sin dar más explicaciones. Tampoco las necesitaba, era una persona a la que no conocía de nada y nunca me he considerado especialmente chismosa. Aunque eso explicaba el por qué no estaba el día de la cena en mi restaurante.

-Vaya… No sé… Bueno, aún no lo habrá superado. ¿Quién sabe? Pero cambiemos de tema… quieres que te enseñe fotos del nuevo local. ¡Va a ser lo más! – decidí volver a encauzar la conversación hasta nuestro terreno.

Estuvimos toda la tarde juntas.

Me puso a día de su relación con Emmet. Al final habían decidido volver a Seattle porque ambos estaban más cerca de su familia aquí.

Emmet le habían trasladado como coordinador de los gimnasios de esta zona del país y Rose había pedido el traslado en el departamento de bienestar social. La verdad es que hacían una gran pareja y a Rose se la veía increíblemente feliz.

-Queda pendiente que vengas a casa… ¿Estás segura que no quieres venir ahora? – me volvió a insistir Rose antes de separarnos en la boca de metro.

-No de verdad, estoy agotada y planeo irme a la cama para dormir mínimo catorce horas… así poder recuperar el sueño perdido para lo que me queda de vida – bromeé con ella aunque en el fondo no era mentira.

Habíamos sometido a nuestro cuerpo a mucho trabajo durante los últimos tres años y comenzaba a pasarnos factura. Tanto Jake como yo comenzábamos a estar física y emocionalmente agotados.

-Está bien, pero es la última vez que te lo consiento abuelita. Grávate a fuego esto que te voy a decir. Tu vida, ahora que estoy yo aquí, va a cambiar. – me dijo muy seria apuntándome con su dedo índice.

-¿Ahhh sí? – intenté bromear con ella, pero no mudó su gesto serio.

-Sí. Va a volver a ser tuya y va a estar fuera de ese restaurante. Hace tiempo que vives al cincuenta por ciento. Eso se ha acabado. – acabo dándome un fuerte abrazo.

Hace tiempo que vives al cincuenta por ciento.

Tu vida va a volver a ser tuya.

Fuera de ese restaurante.

Hacía casi dos horas que me había despedido de mi prima y esas últimas palabras continuaban viniendo a mi mente sin parar impidiéndome conciliar mi sueño.

¿Tendría razón Rose y estaba viviendo a medias?

[**]

.

NA:

¿Os ha gustado? Al parecer la Rose ha llegado de nuevo a la vida de Bella con un propósito bien clarito. ¿Lo conseguirá?

Como siempre espero vuestros comentarios sobre vuestras impresiones o teorías, me divierten mucho y, a veces, me dan ideas muy buenas ;)

Nos vemos el próximo viernes.

Saludos ;)