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Capítulo 2: Recuerdos y tristezas.
Había pasado un rato desde que Luka había terminado su canción. Gakupo parecía tan concentrado al leer los papeles que ella debía leer, que podría decirse que él era el presidente del consejo escolar, pero claro, no era así. Aunque Luka sabía que no lo estaba haciendo porque ella le obligase, le apenaba un poco el hecho de verlo allí; leyendo informes de nuevos alumnos de intercambio que en realidad ella debía estar leyendo y firmando. Al terminar su canción, Luka comenzó a tararear una que le servía en los momentos de timidez… "Toeto".
«Yo quiero decirle lo que siento por él, pero Toeto no me presta atención. » Fueron uno de los fragmentos de la canción, ocultos en los tarareos de Luka. Ella misma escribió esa canción, no hace mucho tiempo. Cuando comenzó a darse cuenta de que quizá… tal vez… podría estar enamorada de Gakupo. Nadie sabía de la existencia de esa canción, solo ella. Muchos decían que dedicar canciones estaba mal, debido a que si discutes con la persona a la que le dedicaste una muy valiosa canción para ti, luego esa canción te traerá malos recuerdos. ¿Ella hacía mal en escribir canciones para Gakupo? ¿Hacía mal en dudar sobre si estaba enamorada de él o no?
A Gakupo le gustaba escucharla cantar. También escucharla tararear, silbar… le gustaba Luka. La melodía que ella había escogido ésta vez, provocó una sonrisa en él. Asentía con su cabeza levemente al ritmo de los tarareos de la pelirrosada, sin dejar de prestarle atención en ningún momento a los informes que tenía delante de él. Habían partes en la que Luka le agregaba a sus tarareos un "hmm…", como si estuviese pensando. Pero no era así, al parecer; esas muletillas formaban parte de su canción, aunque no tuviera el más mínimo conocimiento de esa melodía. Toda canción, toda interpretación que Luka realizaba, era como escuchar el canto de un mismísimo ángel, según el pelimorado. Cuando menos se lo esperó, Luka terminó su tarareo. Se la veía sorprendida, tomando uno de los informes y mirándolo de cerca, mientras se acomodaba un poco sus gafas, que comenzaban a deslizarse por su nariz, su pequeña nariz.
_ ¿Ocurre algo, presidenta? –Fue Gakupo quien rompió el silencio. Luka dejó sobre el escritorio el informe que estaba viendo de modo que él también pudiese observarlo. –
_ Mañana vendrá una joven de Europa por el intercambio. –Explicó, mientras señalaba una parte del informe. – Observa la cantidad de idiomas que habla; Español, Francés, Inglés, Japonés, Chino, portugués, Italiano, Catalán, Coreano… Parece que ha viajado mucho.
_ Es muy bonita. –Soltó Gakupo. Un comentario peligroso, estando delante de una persona como Luka, quien se lo sabía; era muy celosa. –
_ Tendré que advertirle que no se junte contigo, podrías resultar ser un acosador. –Bromeó Luka. No pareció molestarle el comentario del pelimorado, al contrario; tenía razón. Era una chica muy bonita. –
_ Cielos… ni una pizca de celos… ¿Será que sabes muy bien que solo tú puedes cautivarme?
Eso sí le causó efecto a Luka. No pudo evitar sonrojarse; sus mejillas ardían y las cubría un color rojizo. Abrió su boca, como para cambiar el tema de conversación o al menos esquivar el halago del pelimorado, pero comprendió que no podía hacer nada, estando de esa manera ante él, era como si se le entregase hasta con moño. Un suspiro de Luka fue todo lo que se escuchó en el consejo, mientras su sonrojo desaparecía a medida que ella firmaba papeles y volvía a su trabajo.
El tiempo pasó, anocheció en el instituto, no había nadie más, solo Luka y Gakupo en el consejo, terminando con los labores que Luka debió de haber realizado sola. Se estaba haciendo tarde y todavía no estaban terminando. Algo interrumpió la labor que llevaban a cabo juntos; el sonido de un estómago hambriento, el estómago de Luka.
En ese momento, la mente de Luka pensaba en mariscos, sushi, atún… también en odio. Odio que sentía por su cuerpo en ese momento ¿Cómo se atrevía su estómago a sonar de esa manera frente a Gakupo? ¿Por qué se preocupaba por eso? Era normal, después de todo. A cualquier persona que tuviese hambre le pasaba; su hermano, Miku, Rin… Debía admitirlo, en ese momento, se sentía más nerviosa que antes por el futuro comentario del pelimorado respecto al sonido que interrumpió su labor.
_ ¿Le gustaría que le traiga algo para saciar su hambre, mademoiselle?
_ Creí que…
_ ¿Con qué te gustaría acompañar tu atún? –No era sorpresa. Él sabía la comida favorita de Luka. –
_ Oye yo no…
_ Sin demasiada sal y trocitos de verduras alrededor. Muy bien, volveré en unos segundos. Puedes descansar, Luka… - Gakupo se levantó de su asiento y estiró una mano, la cual llegó al rostro de Luka. Lo acarició y sintió la suavidad del mismo. Poco a poco, se teñía de un color carmesí notable, y podía notarse como la mirada de Luka penetraba la de él a medida que se acercaba a ella. Cuando estuvo demasiado cerca de ella, cerró sus ojos al igual que ella y se quedó allí unos segundos. Luka no entendió lo que pasaba, abrió sus ojos, totalmente sonrojada y se encontró con Gakupo cerrando sus ojos y sonriendo de manera ganadora. Se alejó de ella y se marchó.
Luka estaba furiosa. Más que furiosa; furiosísima. ¿Cómo podía haberle hecho eso? ¿Cómo podía dejarse tentar por alguien tan… insensato? Firmaba y revisaba los papeles pendientes a toda velocidad, casi sin prestarle atención. Tenía toda la intención de quitarse la reciente escena de su cabeza, pero no podía. Gakupo se había "apoderado de su cabeza" en esos instantes. No podía dejar de pensar en él, hasta había logrado que le se le fuera el hambre. Y cuando menos se lo esperó, allí se hallaba ella; guardando los papeles terminados gracias a un enojo acumulado por… caprichos, quizá. Al terminar de guardar los papeles, se quitó las gafas y frotó sus ojos para adaptarse a la visualización del mundo sin la ayuda de ellas; sus ojos se sentían agotados, ella en sí se sentía agotada. Quería volver a su casa, pero… ¿Y Gakupo? Qué más daba, después de lo que le hizo, ¿Se merecía lo peor, no era así? No… no iba a quedarse allí, no señor.
Se durmió. La pelirrosada tuvo intenciones de esperar a Gakupo en todo momento que permaneció despierta, pero el cansancio la venció, tuvo un día lleno de organizaciones y quizá mañana también le esperaba uno así.
En un escenario lleno de luces de colores y vapor en el suelo para darle más efecto se encontraba Luka, con su banda de respaldo, resto de escenario libre para bailar y acercarse a su público, su amado público. Tenía seguidores, miles… fieles seguidores, todos gritando su nombre, esperando que ella cantase la canción más esperada de la noche.
_ La siguiente canción… es muy especial para mí. ¿Prometen disfrutarla al igual que yo? – Y el público enloqueció, gritaron su nombre aún con más intensidad, arrojaron rosas a pesar de que Luka no había comenzado a cantar. –
El escenario ya no estaba iluminado, solo contaba con un reflector que apuntaba a Luka, que estaba en posición para comenzar su canción y su baile.
"A un radio de ochenta y cinco centímetros estos brazos pueden llegar,
Ahora voy a comenzar a balancearme, por favor apártate de mí."
Y el escenario hizo un estallido de luces de colores y explosivos alejados del público. Luka bailó como nunca antes, con una gran sonrisa en sus labios. Estando en el escenario, se sentía como si estuviese bailando sola, sobre las nubes.
"Yo disfrutaba con tan solo verme balancear,
tan solo yo así quería estar…
De tanto balancearme, balancearme y disfrutar,
había olvidado yo como parar.
Mis compañeros a mí alrededor,
Podían balancearse sin problemas y mejor.
No me importa, es lo que pensé.
Pretendía demostrar que yo ya no miraba atrás"
La presidenta del consejo… ¿Dormida en el consejo? La señorita debía agradecer que quien la contemplaba con sus ojos morados y acusadores era Gakupo y no un miembro del consejo. Él dejó la bolsa con comida a un lado de la pelirrosa, quien al parecer, cuando sintió aroma a comida, fue despertándose poco a poco; abriendo sus ojos y parpadeando varias veces. Parecía una niña pequeña… se la veía tan débil y frágil… insinuaba a que alguien la cuidase. Nadie lo había enamorado de esa manera desde hace años… nadie, solo una persona en la cual no pensaba desde que conoció a Luka, un día que no podría olvidar pase lo que pase. Con una ladina sonrisa, Gakupo le acaricio la espalda a Luka y se quitó su abrigo para ponérselo encima a ella.
_ Lo siento… Yo…
_ Sé que te dormiste, no soy tan tonto como me crees Luka. Traje comida para los dos. ¿Te gustaría?
Insegura, Luka se acercó la bolsa que contenía comida y cuidadosamente, extrajo los elementos que se encontraban dentro de ella y los coloco sobre su escritorio; Una bandeja que contenía un trozo de atún con verduras alrededor de él, refresco de naranja y uno de berenjenas, otra bandeja que contenía berenjenas en escabeche y lo más extraño… una caja de pocky. Ella no había pedido eso. Apartó su curiosidad y se concentró en el hambre que volvió hacia ella.
A Gakupo le pareció gracioso el verla comer, realmente Luka se encontraba hambrienta, pero no comía rápido, disfrutaba de cada bocado. No podía dejar de contemplar a "su mujer"… siempre; desde que completaban los papeles, en la terraza, en la charla que dio en el gimnasio, en la clase, la biblioteca… a veces, hasta el mismo pensaba que era un acosador, pero no tenía las pintas de uno y tampoco lo era; no estaba espiándola siempre, también tenía sus pendientes; clases de guitarra y piano. Estudios secundarios y profesionales (el padre de Gakupo era dueño de una importante empresa), manejo de katana, perfeccionar su clase samurái. Él fue quien acabó su comida primero, tenía mucha hambre, quizá hasta más que Luka. Recicló los recipientes que por su parte ya se encontraban vacios y volvió a su asiento, rompiendo el silencio que reinaba entre ambos a la hora de los dos.
_ ¿Recuerdas cuando de pequeños juramos ser amigos hasta el fin? ¿Sin importar lo que pase?
_ Jamás lo olvidé. –Respondió Luka, limpiando su boca con una servilleta, quitando los restos de comida que se encontraban allí. Así era, recordaba perfectamente ese momento, en el que realizó un juramento bastante fuerte en la actualidad, pero no teniendo seis años. – Te consideraba una gran persona, lo eres.
_ Ese día… juramos ser amigos hasta el fin. –Repitió en qué se basaba lo que se habían prometido ambos de pequeños. – Hoy… me gustaría poderte decir lo que no pude decirte cuando tenía seis y medio. –Confesó, enseñándole una sonrisa a la pelirrosada, quien ya lo estaba observando de manera dudosa. –
_ ¿De qué hablas?
_ Luka, desde que te vi por primera vez… te vi cantando una hermosa canción, y para mi sorpresa, no pertenecía a ningún artista, fuiste tú quien la compuso. Te escuché en el escenario del salón de teatro, no pude evitarlo, yo…
_ ¡¿Qué hiciste qué?! –Alterada, interrumpió el habla de Gakupo. "te escuché cantar en el escenario de teatro". Si eso era verdad, el mismo día que se habían conocido, minuto antes, ella si estaba en el escenario del salón de teatro, cantando una de sus propias canciones; "Double larriat", la única canción que le pertenecía a ella y todavía no había terminado. – ¡No puedo creerlo!
_ Luka… tienes que disculparme, yo solo… tu voz, y como te veías… tan fresca en el escenario, demostrando la mitad de tus emociones en una melodía interpretada por tu voz… no pude evitarlo… desde ese momento, supe que eras solo para mí…
_ ¡No quiero escuchar tus argumentos románticos! ¡No sirven! –Alzó su voz. Estaba furiosa y demasiado. Lo que había hecho Gakupo, era imperdonable. Nunca le había enseñado esa canción a nadie, era demasiado especial para ella, no quería que nadie supiera de su existencia, y allí estaba él. Guardo unas pertenencias que tenía sobre su escritorio en su bolso, sacó algo de dinero en de su billetera y colocó el mismo sobre la mesa. – No quiero escucharte decir ni una sola palabra. Gracias por la comida y el apoyo, te pido que te retires, debo cerrar la escuela.
_ Luka…
No respondió. Solo le dirigió una mirada frívola. Con aquel gesto, Gakupo entendió que por el momento, no podía hacer más nada, solo salir de la escuela y desaparecer del círculo de ella. El círculo de Luka… en dónde siempre quiso permanecer, el mismo hace unos minutos, tomó el boleto de salida. Al salir de la escuela, como era de esperarse, no conversaron. Luka ni si quiera se dignó a observarlo, Gakupo todo el camino mantuvo su mirada fija en ella, esa típica mirada que llevaba cuando estaba triste o rogaba perdón. La joven cerró las puertas de la escuela con llave y guardó las mismas en su bolso para después marcharse a toda prisa, sin dar vuelta atrás, con su mundo viniéndose abajo… Era increíble, su mundo podía venirse abajo en tan solo minutos, con el aporte de Gakupo. Le sorprendía su capacidad de mantener su ritmo constante y su mirada frívola, ahogando lágrimas, penas… ahogando una canción. Una canción cuya existencia nadie debía saber; solo ella. ¿Por qué es que era tan especial esa canción? El testamento de su madre (que le había sido entregado por la tía Megurine), tenía palabras tan claras, pero tan claras que parecía que su madre aún seguía allí, junto a Luka; dispuesta a pasar más tiempo con ella, a compartir más logros, metas y sueños que la pelirrosada cumpliría… pero no, el último escrito que vio de su madre fue:
"Mi querida Luka: ¿Sabes que adoro los libros, verdad? Lo sabes. Eres mi hija, y, al igual que tu hermano, me conoces muy bien. Quisiera que leyeras algunos de los libros que tengo en mi biblioteca cuando cumplas diez años. Tómalos como un obsequio, aprécialos, disfrútalos, ahora son tuyos. Sé que tienes un talento, mi niña; puedes enamorar cualquier persona con tu voz… heredaste ese maravilloso don de tu padre, y quiero que lo compartas, no lo ocultes, por favor. Si quieres que tu destino lo guie la música, ¡Síguelo! ¡Que nada ni nadie te detenga! Sigue tu camino al éxito, y si tienes algún problema, no dudes en pensar en mí. Siempre estaré en tu corazón, nunca me separaré de ti, mi niña."
Te adora. Mamá.
Por suerte, cuando Luka llegó a la estación, alcanzó el tren, que vino justo. No había muchas personas; era muy tarde, se encontraban solo las personas que volvían de sus trabajos y alguna que otra persona que se le hacía conocida, pero no se dignó a saludar, mantenía su mirada frívola, con eso, pensaba que podía hacer que las personas se espantaran o directamente, no le presten atención. En ocasiones, era mejor así. Pasar desapercibida por un momento no le hacía mal a nadie, menos a ella en ese momento.
_ ¡Pero si es Luka! –Exclamó una voz muy familiar y alegre, normal en Yohioloid. –
_ ¿Yohio? – Borrando su espantosa mirada, Luka se puso a buscar con la vista al rubio. –
_ ¡Aquí estoy, aquí estoy! –Normal en él, apareció de la nada, a un costado de ella y se sentó allí mismo, había un asiento libre, parecía ser su día de suerte. – ¿Cómo está usted, Luka?
_ Por favor, podrías dejar de tratarme de «usted».
_ Bien, bien, comencemos de nuevo. –Aclaró su voz. – ¿Cómo estás, Luka? –El cambiar la manera de preguntarle por su estado de ánimo, no hacía que se borrase su alegría. –
«Pésima… ahogando mis penas ahora mismo mientras te muestro una Luka falsa.» – Fue lo que quiso responder, pero no se atrevió a "derrumbar" la alegría del rubio. – Muy bien, acabo de terminar con unos deberes de la escuela, estoy algo cansada, pero bien…
_ ¿Segura? Yo creo que esos papeles, cajas y fotocopias terminarán matándote… – Bromeó. –
_ Puede… – Ambos rieron ante la respuesta. –
_ Luka, ¿Has visto a Gakupo? Dijo que hoy íbamos a salir a divertirnos un rato, pero cuando fui a buscarlo a su departamento no había nadie. En la escuela me dijo que haría unas tareas y regresaría, pero no precisó mi ayuda, por eso creí que tú y él…
_ ¿Qué? ¿Qué habíamos estado juntos en la escuela? – Seria, Luka interrumpió. Ya no pudo resguardar su carácter. –
_ Así es… ¡Bueno, eso es lo que pensé! ¡Todos se equivocan alguna vez! ¿No?
_ Correcto, todos se equivocan. Tú acabas de hacerlo, no, más bien… te equivocaste desde que te acercaste a mí y me dirigiste la palabra. –Alzó su mirada, y se topó con que su parada era la siguiente. Dispuesta a separarse lo más posible de casi todo el mundo, se dirigió hacia las puertas del tren, que comenzaban a abrirse. –
_ De hecho… primero te dirigí la palabra y luego me acerqué a ti… – Fue lo último que Luka escuchó venir de Yohio. Ya estaba fuera del tren, castigándose por ser tan hostil con él. –
El camino de regreso a su casa le pareció eterno y oscuro. Aunque las calles estaban iluminadas y inundadas de personas como todos los días, ella se sentía apagada y sola. No quería compañía, si cada persona que se le acercara terminaría como Gakupo o Yohioloid… prefirió terminar el resto del día sola, en su hogar. Al llegar, abrió la puerta casi sin ganas y la cerró con llave, guardando estas en un llavero con forma de pescado que colgaba en la pared. Agradeciendo que estaba en su hogar, se sintió cómoda al fin; se quitó sus zapatos dejándolos a un costado de la entrada, dejó su bolso cerca de los mismos y fue dejándose caer al suelo, lentamente. Las lágrimas no tardaron en salir de sus ojos, ella dejó que mojasen sus mejillas mientras abrazaba sus piernas y escondía su cabeza entre ellas. Podía decirse que nadie podría verla llorar de esa manera, pero sí oírla. En la casa, se escuchaba el eco de los lamentos de Luka. Entre su llanto, murmuraba cosas como; "Lo siento", "te he fallado", "soy mala en esto".
Se escuchó que alguien descendía por las escaleras. Alguien que al parecer llevaba botas, por cómo se escuchaba cada paso al descender. Esa persona fue acercándose a Luka, ella lo escuchó, también pudo contemplar una sombra cerca de ella. Se trataba de un hombre, fue lo que supuso.
_ ¿Quién hizo que te pongas así? – Su hermano. Quien no lo dudo ni un segundo y se acercó a su hermana. La tomó en sus brazos como si tuviera cinco años y reposó el cuerpo de esta en su hombro izquierdo, mientras la sostenía con el brazo. –
_ ¿Qué es lo que haces? Bájame en este instante… – Con una media sonrisa, fue lo que Luka apenas pudo decir, mientras limpiaba algunas lágrimas. –
_ Te bajaré. En tu habitación. Si quieres… No me cuentes lo ocurrido, no quiero que recuerdes y vuelvas a llorar hasta crear un océano en casa. Mañana te contaré por qué volví aquí. Ahora ¿Vamos a dormir, sí?
Luka no respondió. Se aferró al cuerpo de su hermano y él fue quien tomó la iniciativa; la llevó a su habitación como había dicho, dejó con delicadeza el cuerpo de su hermana sobre la cama de ella y luego él se recostó a su lado. Ella aún se mantenía sollozando, hasta que un momento, su hermano la tomó de las manos y besó las mismas, provocando así, un gran gesto de ternura. El sueño lentamente volvió a apoderarse de Luka. Antes de cerrar sus ojos, rogó por lo que más quería; no soñar con Gakupo.
Notas de la autora: ¡Disculpen por la tardanza! Salí de vacaciones, pero volví con más. En éste capítulo, Luka canta Double Lariat. Una de mis canciones preferidas de ella, la adoro. Obviamente, no me pertenece esa canción. No habrá incesto entre Luka y Luki. ¡Nos vemos!
