BLOOPERS
Just gonna stand there and watch me burn. But that's alright because I like the way it hurts – Love the way you lie (Eminem ft. Rihanna)
3. INDICACIONES
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Hola, Kagome.
Esta no era la forma en que deseaba que supieras de mí, pero si has encontrado esta nota significa que no pude cumplir con mi misión.
Tardé demasiado en pensar que escribir y pienso que no podemos perder el tiempo en disculpas irremediables.
Supongo que debes tener muchas preguntas, pero el que estés reemplazando mi puesto es algo que deberás averiguar por ti misma. Lamento no poder decirte, se lo mucho que odias que nos comparen.
Todo lo que puedo decir referente a Inuyasha es que simplemente contrató nuestros servicios y yo estuve disponible.
Es necesario que vayas a la dirección en la nota y traigas contigo la perla de Shikon. Luego de eso debes ir con Kaede, ella te ayudará con el resto.
Te pido que asumas esto con suma discreción. Koga y mucho menos Bankotsu deben saber sobre esa perla.
Ten cuidado y cuídate.
Con afecto, Kikyo.
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No se dio cuenta de su impotencia hasta que apretó bruscamente el lomo de aquel libro azul.
Por supuesto que Kikyo tendría algo que decir y dejaría la pista con el papel rasgado donde había indicado las coordenadas.
Por supuesto que no perdería el tiempo en disculpas irremediables.
Y por supuesto que seguiría teniendo secretos.
Soltó un sonoro suspiro y decidió salir de aquella espaciosa sala. Ahora tenía mucho más en que pensar.
- Rayos, Kikyo. ¿En qué demonios te metiste?
Sus furiosos pasos dejaban un sonido hueco lleno de ansiedad.
Pensó que tal vez ya era hora de dirigirse a aquella dirección.
Sin levantar la mirada decidió que eso haría.
Hasta que un obstáculo impidió su cometido.
Lo último que pensó era en cuantos trozos se rompería la mesa de vidrio con la que tropezaría.
Pero no hubo sonido, ni movimiento.
Cuando abrió sus ojos notó unas pupilas doradas en un cuerpo fornido, el cual la mantenía en sus brazos.
- ¿Qué hacías?
Su expresión bochornosa debía ser un poema, ya que su acompañante cargaba una sonrisa burlona.
- Nada. Solo me tropecé.
- Tu no sueles tropezarte. – Y ya no le agradaba aquella conversación.
- Pues lamento desilusionarte. – Notó cierto desánimo cuando decidió desviar la mirada. - Bájame, por favor.
- ¿Y si no quiero?
Lo encaró con reproche y él simplemente cesó su sonrisa.
- No estoy de humor, Inuyasha.
Estuvo dispuesta a seguir con su queja, pero no contó con que el aludido la bajara con rapidez.
Lo miró, confundida. Algo andaba mal, el solía alargar las bromas pesadas.
Pensó que tal vez exageraba, pero se encontró a si misma buscando aquellos ojos dorados con algún índice de que todo estaba bien.
Su pecho se encogió cuando el evadió su mirada y se giró hacia la cocina. Sin razón aparente su cuerpo comenzó a temblar.
- ¿Qué haces?
Inuyasha se detuvo calmadamente y apenas giró para verla de reojo.
- Hay algo que me ocultas, Kikyo. – Tragó duro. - Ya no preguntaré qué es. Esperaré a que me lo digas.
- No hay nada que decir.
Y como si hubiera perfeccionado la habilidad de leer las mentes, se acercó de nuevo. Escudriñándola con aquella mirada ambarina que parecía capaz de descubrir hasta el mas profundo de sus secretos.
- Tal vez sí.
- No lo hagas.
No hubo tiempo de objeción.
Era otro de esos momentos en que el la besaba. Calmado y lento, pero posesivo.
Era una transmisión de emociones y sentimientos que no iban dirigidos a ella, pero se encontraba ahí, deseando ocupar ese lugar.
Ese lugar que no le pertenecía, pero lo compartía.
- Te veré luego, preciosa.
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Su malhumor era inminente, no habían logrado avanzar.
Hojeó las paginas de aquel contrato, intentando encontrar alguna posible falla. Pero no había nada.
Todo jugaba en contra de ellos.
Arrugó las hojas, al mismo tiempo que tensó su mandíbula, ocasionando el chirrido de sus dientes.
Ese desgraciado no iba a ganarles, se encargaría de detenerlo a como diera lugar, así fuese lo último que hiciera.
Una palmada en sus hombros logró dispersar sus nublados pensamientos.
Al ver a su acompañante sintió tranquilidad y pensó que tal vez quedaba esperanza.
- ¿Tienes los datos?
- La llamada era de un tal Onigumo Takeda. – Observó como la castaña tomaba asiento a su lado.
- ¿Estás segura?
- Si.
Soltó un largo suspiro, mientras intentaba analizar la información.
- Algo no cuadra. – La joven frunció el ceño, confundida.
- ¿De qué hablas?
- Ambos estuvieron en la boda.
- ¿Y?
- Inuyasha no conoce a Onigumo. – Y casi de inmediato sintió como la joven seguía el paso a sus ideas.
- Y todos los invitados de Kikyo eran agentes.
El joven de la coleta se paró lentamente de su asiento, divisando nada en particular.
- ¿Qué hacía un mercenario acompañando a Naraku?
- ¿Crees que haya alguna relación?
- Es posible.
Sango tomó otro tiempo para meditar, pero pronto sus pensamientos serían desplazados por una sensación que ya conocía en su retaguardia.
- Entonces, ¿qué te parece si no perdemos más tiempo? – Vociferó con molestia mientras daba grandes zancadas hacia la salida.
Su acompañante pudo haberla seguido de inmediato, si no fuera por el dolor en su mejilla que vaticinaba un seguro hematoma.
- Esa me dejó viendo bizco.
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Maldijo por lo bajo.
Cruzó la siguiente esquina y aceleró su caminar.
Volteó hacia el imponente edificio de vidrios templados y notó que detrás de su figura se acercaban dos individuos más.
Amarró una coleta en su cabello, movió su cuello y sus hombros en un intento por liberar tensión y después de un sonoro suspiro decidió que era momento de correr.
Por el sonido torpe que oía a su espalda, se dio cuenta que los acosadores no estaban en una excelente condición física… y por supuesto que se aprovecharía de eso.
Cruzó varias esquinas y quiso reír cuando a duras penas podían seguirle el paso.
Miró su reloj en su muñeca y toda diversión desapareció. El tiempo estaba en su contra.
Divisó una feria de comida al otro lado de la calle y pensó que sería una buena idea para terminar de despistar a sus perseguidores con falta de cardio.
Se adentró en el estacionamiento y sintió satisfacción cuando finalmente los dio por perdidos.
Desbloqueó su teléfono y lo tecleó hasta que produjo una vibración inusual. Inmediatamente el auto a su derecha desactivo la alarma y subió los seguros.
Casi lamentó por el dueño de aquel auto con olor a gloria, no le gustaba llamar la atención, pero cualquiera elegiría un Audi último modelo.
Poco duró su deleite cuando su teléfono volvió a vibrar, esta vez mostrando una llamada, la cual había evadido en los últimos días.
- ¿Dónde has estado?
- Jugando monopolio.
No podía verlo, pero sabía que no estaba de humor para bromas.
- Higurashi… - La aludida roló los ojos.
- Escapo de dos imbéciles. Haría mi trabajo si no los tuviera detrás de mi todo el tiempo. – Escuchó un suspiro del otro lado. - Dijiste que me los quitarían de encima.
Sin esperar respuesta, decidió encender el auto y poner a prueba el motor. Deseando que su desagradable llamada finalizara irremediablemente… pero no pasó.
- Rayos, Kikyo no era tan complicada.
Y sintió la ira subir hasta la coronilla de su cabeza.
- ¿Qué te parece si te pudres, Bankotsu? Llama a Rin, estoy conduciendo un Audi negro con el traje 3.
- ¿A dónde vas?
- Te diré cuando lo sepa.
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Y cuando Inuyasha sintió aquel golpe en su pantorrilla por tercera vez, supo perfectamente de quien provenía.
Se acomodó disimuladamente en su asiento, mientras aquellas palabras hebreas, que escuchaba a lo lejos, se iban transformando poco a poco en español.
Recordó porque estaba ahí.
Su mirada se cruzó con la de su hermano. Podía leer perfectamente esos fríos ojos que le decían a gritos que era un bastardo.
Historia de su vida.
No podía importarle menos.
- Idiota. – Musító, desviando su vista a sus acompañantes.
A duras penas entendió lo que representaban los gráficos frente a él. Para cuando tomó el hilo del asunto todos los presentes en aquel salón se levantaron.
El simplemente roló los ojos.
- Evaluaremos la propuesta, caballeros.
- Gracias por recibirnos, señor Taisho. – Respondió quien parecía ser el más joven de ellos.
Se incorporó con desgano, notando unos folletos coloridos en el centro de la mesa.
- ¿Qué es esto?
- Conmemoraremos el aniversario de la empresa Rumiko y están invitados. – Habló el mismo joven, quien lo notó intercambiando miradas con Sesshomaru.
- ¿Un baile? Que estupidez.
Antes de darse cuenta su pantorrilla fue golpeada nuevamente, esta vez haciéndolo trastabillar.
- Pido disculpas por mi hermano, no se ha sentido bien hoy. Allá estaremos.
- Nos vemos pronto.
Para cuando se incorporó, Sesshomaru ya había despachado a sus acompañantes.
Tomó una bocanada de aire. Ese imbécil lo iba a escuchar.
- ¿Qué mierda te pasa?
Y sin previo aviso, un golpe en su mejilla lo hizo retroceder haciendo que tropezara con el pequeño escritorio del salón.
Llevó una mano a su rostro, sintió el sabor metálico de la sangre mezclarse en su boca y con el ceño fruncido encaró a su hermano.
- Date un baño. Apestas a perro callejero.
- Eres un miserable.
Sesshomaru abrió la puerta y antes de salir pasó a ver a Inuyasha con una fría expresión.
- Te voy a demandar si vienes ebrio otra vez.
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Lo sé, lo sé y lo siento mucho
Mi pc es un asco, pero prometo compensarles :D
Se que no ha sido el capítulo mas largo pero espero que les haya gustado y nada mas les digo que se vayan preparando para el próximo muajaja
Estaré actualizando muy pero muy pronto :3
Un saludo caluroso a:
*Rinnu (te doy un poco mas de misterio e intriga, lo siento xD)
Oigo sugerencias :3
Sin mas que agregar, nos leemos pronto :3
¡Un abrazo a todos!
Rockabye, baby
