Wendy se abrazó a Joanna con fuerza escondiendo su cara en su cuello asustada. Esta la abrazó, hizo aparecer y vestido y se lo puso sin dejar de abrazarla en ningún momento, aunque le costó bastante trabajo ponérselo adecuadamente.

- Joanna, siéntate para cenar. Wendy, vete a tu habitación. Estás castigada – la miró seriamente, se separó de ellas y caminó hacia su sillón.

Joanna soltó a Wendy con cuidado en el suelo y lo miró extrañada irse. Su padre nunca reñía ni castigaba a Wendy. Ni siquiera la había abrazado o dado un beso cuando apareció como si hizo su madre después ¿Qué había pasado o cambiado? Posó su mirada en su madre pero esta estaba con la cabeza agachada.

- ¿Qué? No, me estoy muriendo de hambre –se cruzó de brazos indignada- ¡No es justo! – la pequeña miró a su padre enfadada.

Su hermana mayor tragó saliva, nunca nadie se había atrevido a levantar la voz a su padre, al menos desde que ella tenía uso de razón y si lo habían hecho no lo habían contado. Su padre se giró más enfadado todavía.

- ¿Qué no es justo? Lo que no es justo es que hayas estado desaparecida durante horas mientras nosotros estábamos preocupados y que estuvieras en el jardín donde tenías expresamente prohibido ir – a medida que hablaba su padre alzaba la voz cada vez más dejando ver notablemente su enfado.

La pequeña abrió la boca varias veces para replicar pero la cerró inmediatamente al ver el gran enfado de su padre. Agachó la mirada y salió corriendo hacia su habitación con lágrimas en los ojos.

Joanna hizo el ademán de ir a por ella pero al ver la mirada de su padre prefirió no hacerlo. Se sentó en la silla que siempre usaba al igual que hizo su madre y empezaron a comer en silencio. Mientras comía miraba a su madre de reojo que no dejaba de mirar hacia arriba con el semblante preocupado.

Finalmente echó la comida hacia un lado y se levantó excusándose para ir a ver como estaba Wendy ante la mirada de enfado de su marido. Tomó aire cuando salió del salón y subió corriendo. Pasó la habitación porque sabía que no estaría allí, entró en la sala de música y caminó hacia una pequeña estantería. Tiró de un libro y la estantería se echó hacia un lado haciendo un pequeño ruido dejando así un pequeño hueco para entrar. Se agachó y entró. Al pisar una losa la pared se cerró detrás de ella y suspiró. Caminó durante un rato y salió a otra habitación sin puertas, solo tenía una pequeña ventana sin cristales al final de otra escalera. Subió lentamente y se sentó a su lado con la espalda en la pared.

- Hola pequeña –sonrió levemente y miró por la ventana. La luna estaba llena y desde allí se veía el bosque y un poco más allá las montañas del sur y la cascada.

- Hola… -suspiró y siguió mirando por la ventana cruzada de piernas – lo siento… no quería asustaros –la miró de reojo- es que… salí corriendo del salón cuando os vi a Joanna y a ti iros sin mi otra vez –habla un poco avergonzada.

La reina suspiró y acarició su espalda. Así que era eso… Si pasaba tiempo a solas con Wendy Joanna se ponía celosa. Si pasaba sus ratos libres con Joanna lo hacía Wendy. Negó intentando buscar una solución.

- Yo… sin saber cómo me transforme en gato. Lo siento, no era mi intención – siguió mirando las montañas del sur porque realmente le llamaban la atención ¿qué habría allí que todo el mundo tenía miedo de acercarse? – y cuando me acerqué al lago del jardín vi a un mujer… Me asusté y me subí al árbol. Tenía miedo de bajar.

Siguió su mirada e hizo una mueca al ver hacia donde miraba. Wendy era una niña demasiado curiosa y sabía que eso le traería muchísimos problemas en cuanto creciera un poco más.

- Por esa misma razón os dijimos que no es acercarais al lago Wendy. Es peligroso – acarició su pelo – deberías ir a tu habitación. Tu padre subirá en un rato y se enfadará mucho si no te ve en la cama.

Suspiró y asintió. Estaba cansada de la que trataran como a una niña pequeña, miró hacia las montañas y ladeó un poco la cabeza al ver un leve destello al fondo del bosque. Hizo una mueca y se levantó. Había tomado una decisión.

Miró a su madre y sonrió levemente, dejó un beso en su mejilla y tiró de ella hacia su habitación saliendo de allí lo más deprisa posible. Su madre la miró alzando una ceja un poco confusa, la llevó hasta la habitación y la arropó. Dejo un beso en su frente.

- Buenas noches pequeñas – sonrió levemente y beso su frente – te quiero muchísimo.

- Yo también te quiero mamá –sonrió y la miró irse. Se levantó y miró por la ventana hacia las montañas.

Al cabo de unas horas entró Joanna, se acercó a ella y sacó un trozo de pan de dentro de su manga. Se lo entregó esbozando una leve sonrisa.

- Es todo lo que he podido conseguir pequeña – besó su mejilla y la miró preocupada - ¿Estás bien?

Volvió en si al sentir el beso de su hermana en su mejilla, la miró y sonrió ampliamente.

- Sí, estoy bien Joanna –cogió el trozo de pan y se lo comió con rapidez porque se moría de hambre – gracias hermanita –la abrazó con fuerza y besó su mejilla varias veces. Volvió su mirada hacia las montañas y vio otra vez el destello.

Joanna siguió su mirada pero no vio nada, se encogió de hombros y fue a ponerse el pijama. Cuando la vio irse suspiró y se metió en la cama mirando el techo pensando que desde ese momento todo cambiaría.