Aomine procuró mantener contacto con Midorima, incluso le dio su número telefónico sin necesidad de ser pedido. Quizá se había tomado la situación demasiado a pecho, pero en todos los años que llevaba de conocer al otro hombre nunca lo había visto tan desconcertado y definitivamente no quería volver a verlo así. Esa era la mirada que daban muchas de las personas que iban a prisión y posteriormente se arrepentían de sus actos. Si algo sabía de Midorima era el hecho de que siempre había sido muy cuidadoso al tomar decisiones, para que le fuera imposible arrepentirse más tarde.

A pesar de todo el embrollo, una semana después el apartamento era finalmente suyo, aunque no podían vivir allí aún, puesto que las habitaciones estaban vacías a excepción de la cocina y el cuarto de baño. No fue hasta la mitad de aquella semana que Midorima recibió su primer pago y, al final de la semana, programó su primer cita en el quirófano (que era en poco menos de un mes). Todo parecía marchar a la perfección. Con el dinero de su primer pago pudo llegar a un acuerdo con Aomine, adquiriendo una cama, listos para llevar algunas de sus pertenencias al apartamento ese mismo fin de semana.

Hubo presupuesto para alquilar un camión que llevaría la cama a salvo hasta el lugar; el resto de sus pertenecías fueron trasladadas con ayuda del automóvil policial con el que contaba Aomine. Al principio Midorima quedó sorprendido al enterarse de que Aomine conducía un vehículo, después la seguridad y el blindaje de dicho transporte le intimidaron un poco, pero confiaba en el otro hombre. Así, sin tener los motivos suficientes había comenzado a confiar en Aomine. Al final del día la cama y sus pertenencias fueron finalmente acomodadas en el inmueble. Aún les faltaban algunas cosas, pero no eran tan esenciales como lo ya adquirido. Midorima pretendía regresar a casa, sin embargo Aomine lo detuvo repentinamente.

"Oye, ¿a dónde vas?" preguntó tomando su brazo.

Midorima volteó hacia él, causando la liberación de su agarre. "A casa"

"¿Bromeas? Al fin podemos vivir aquí"

"¿Qué dices? Hay sólo una cama…" Midorima acomodó sus gafas con la punta del dedo índice.

Aomine soltó una carcajada de ironía. "No sería la primera vez que dormimos juntos" burló volviendo a la habitación.

Midorima frunció el entrecejo, observando su recorrido. Las palabras insolentes del contrario le habían molestado, pero por alguna razón lo siguió hasta la habitación, observándolo mientras extendía las frazadas que él había llevado. "Oye…" se quejó sin alzar la voz.

"No seas obstinado" Aomine no perdió tiempo para recostarse y descansar en la cama.

Midorima resopló. Después de vestir su pijama terminó por gruñir debajo de las frazadas. La noche había pasado tan amena como la primera vez que habían dormido juntos, sólo que en esta ocasión Midorima se había acercado demasiado a Aomine. Estaba tan cerca que podía inhalar su aliento. Ninguno de los dos se había percatado de esto hasta que Midorima sintió un cosquilleo en su mejilla; era la nariz de Aomine que se había ocultado bajo su rostro. El cuerpo de Midorima dio un respingo y retrocedió violentamente al abrir los ojos, cayendo de la cama. Aomine se percató ante el estruendo, tomando asiento sobre la cama mientras bostezaba. "¿Qué demonios haces?" preguntó levantándose para caminar hacia él.

Midorima titubeó, intentando levantarse. Su visión sin sus gafas era casi nula, siendo así sorprendido al momento en que Aomine lo tomaba de la cintura para levantarlo. El contacto con la piel del contrario le produjo escalofríos aún con ropa de por medio. No pudo descifrar el por qué; de alguna manera le había molestado que Aomine se alejara tan rápido.

"¡Oye, fue tu culpa que cayera!" protestó una vez que se había colocado las gafas.

"No hice nada"

"¡Fuiste inoportuno…!" sus palabras se detuvieron abruptamente. Aomine comenzó a cambiarse de ropa justo ante sus ojos y no era como si se tratara de algo insólito, pero justo ahora simplemente se negaba a verlo. "I-Idiota…" susurró antes de salir de la habitación.

Caminó hacia el cuarto de baño girando la perilla de la puerta con curiosidad. Había notado un sonido extraño el día de su primera visita, pero no le había prestado demasiada atención. Al abrir la puerta lo escuchó, definitivamente era un rechinido. Midorima cerró la puerta y suspiró; evidentemente el apartamento no podía ser tan perfecto.

"No es un problema, podemos hacer una barrera de almohadas si quieres" Aomine salió de la habitación, encontrando a Midorima en el pasillo.

"¿Huh?"

"Ahora necesitamos comprar cosas más importantes, como un par de sofás y comida"

Midorima lo observó caminar hacia la sala vacía. "Un sofá no puede ser más importante que una cama"

Aomine negó con la cabeza. "Nunca subestimes la comodidad de un sofá"

"¿Qué es lo que pretendes?" Midorima se quedó hablando solo, puesto que el otro hombre ya había salido del apartamento. "¡Oye!"

Así dio comienzo la serenidad de sus días en aquel apartamento. Aunque en realidad duró muy poco. Seguro era el hecho de que la barrera de almohadas en medio de la cama nunca llegó a ser estable; ésta se deshacía por las noches, dándoles sorpresas de vez en cuando. Probablemente la incomodidad incrementaba al ya ni siquiera poder verse a los ojos. La convivencia entre ambos se había convertido en una rutina de acciones fuera de lo común, espiando en las pertenencias ajenas o mirando sus cuerpos con lascivia algunas veces, de manera casi inconsciente. A pesar de todos estos cambios repentinos en sus vidas (y de la confusión que se había creado gracias a sus actos inusuales), todo parecía continuar viento en popa y en armonía, hasta la llegada de cierto día inexorable.

Después de un exhaustivo día de trabajo, Aomine entró al apartamento, escuchando el agua de la regadera de inmediato, acercándose a la puerta del baño. Intentó no seguir sus impulsos, pero su mano ya había tomado la perilla, girando lentamente. Era una labor difícil puesto que la puerta podría rechinar o podría hacer un movimiento ruidoso en falso que avisara sobre su presencia. El vapor golpeó su rostro una vez que había logrado asomarse al interior de la habitación, sintiendo el sudor comenzando a transpirar de su piel. Justo ahí, tras la puerta corrediza impregnada de vapor se divisaba el cuerpo desnudo de Midorima, incitando, seduciendo su vista de alguna forma. La imagen era tan hipnotizante que Aomine perdió la cautela, haciendo rechinar la puerta al apoyar su peso sobre ella.

Midorima se alteró. "¡¿Aomine...?!"

"¡Lo siento! No sabía que estabas aquí..." excusó cerrando la puerta de golpe.

Aomine se alejó, pero no demasiado, no podía hacerlo. Esperó pasmado en el sitio hasta que Midorima salió, entonces se acercó a él de inmediato. El cabello de Midorima aún lucía húmedo, las gotas de agua escurrían de las puntas y recorrían su piel con lentitud hasta ser absorbidas por la bata de baño que vestía; a pesar de ello su aspecto lucía tan impecable como siempre. Ahora estaban parados frente a frente, después de tanto tiempo finalmente se atrevía a verlo directo a los ojos.

"¿Qué es lo que cenaremos hoy?" Aomine no había formulado una pregunta mejor.

"Dime tus opciones" Midorima cruzó sus brazos, parpadeando con tranquilidad.

"Podemos comprar comida en Maji Burger..."

"No más hamburguesas, Aomine" Midorima interrumpió enseguida.

"Entonces cocinaré algo, seguro es más apetecible" Aomine sonrió, acercándose más al contrario.

"No seas presumido" Midorima cerró los ojos, retrocediendo como reflejo.

El silencio abrupto llegó enseguida. Midorima volvió su vista hacia el rostro contrario, Aomine frunció levemente el entrecejo, acorraló a Midorima contra la puerta del baño y se acercó para besarlo. Sus labios se juntaron, hicieron presión entre sí y crisparon antes de separarse, en tan sólo un par de segundos. Midorima continuó expectante mientras Aomine retrocedía; alejó una de sus manos de la puerta para pasarla sobre su cabello, sin abrir los ojos aún. Suspiró, negó con la cabeza y caminó hacia la puerta, saliendo del apartamento. Midorima simplemente empuñó las manos a sus costados y tragó saliva.

Con poco menos de cuatro semanas de haberse mudado juntos era la primera vez que algo salía "mal", que se les iba de las manos. Midorima espero por Aomine, pero no regresó. Ya era tarde y aún así había salido del apartamento, no sabía a dónde y eso le preocupaba. Finalmente fue a descansar. Le tomó varios minutos conciliar el sueño, aún así despertaba insistentemente; lo primero que hacía era buscar a su lado, con la esperanza de que Aomine estuviera ahí, pero ese lado de la cama permanecía vacío. Al despertar definitivamente por la mañana se sentía cansado, no había pasado una noche tranquila, por si fuera poco su primera cita en el quirófano era en tan sólo un par de horas. Después de asearse y arreglarse se dirigió a la cocina para comer algo, pero se detuvo al ver a Aomine en la sala, vistiendo su uniforme, listo para ir a trabajar. La frazada tendida sobre el sofá le decía que había pasado la noche ahí, ¿cómo fue que no se percató de ello?

"Lamento haber desaparecido así" se disculpó sin verlo al rostro.

"No tienes por qué" respondió viendo hacia otro lado.

El estómago de Midorima dio un vuelco al ver a Aomine acercándose a la puerta. "Aomine, espera…"

Aomine se detuvo, con la mano izquierda sobre la perilla, la puerta quedó entreabierta. Observó a Midorima tomar sus cosas, posteriormente se acercó y tomó el dorso de la puerta con su mano derecha, lo que ocasionó que él soltara la perilla. Midorima se acercó aún más, posando ambas manos sobre los hombros de Aomine, cuidadosamente, acercando entonces su rostro para besarlo; sus labios permanecieron juntos un par de segundos, Aomine correspondió torpemente inclinándose para hacer presión contra sus labios, creando un sonido hueco al separarse.

"Ten un buen día" Midorima se alejó, deslizó sus manos sobre el pecho del contrario y salió del apartamento a prisa.

Aomine permaneció inmóvil, sin saber qué hacer. A decir verdad había disfrutado de ambos besos, también tenía en claro que sentía algo por Midorima, un sentimiento tan intenso que lo impulsó a salir corriendo del edificio minutos más tarde con el fin de buscarlo. Pensó en la posibilidad de que Midorima hubiera corrido para escapar de él, pero no podía imaginarlo huyendo como un niño de las consecuencias de sus actos. Por más extraño que le pareciera no pudo encontrarlo en los alrededores, resignándose a verlo al final del día.


El siguiente será el último capítulo. ;-; Gracias por leer. :)