Holaaaaaa! Bueno, aki os dejo el cuaaaarrrto chapter! :D he intentado darme mucha prisa en hacerlo, asi ke espero ke seais buenas ke no se tarda nada en darle al gooo! Y eso me haria very very happy :D

Bueno, por cierto, no me olvido de contestar a mis amores lectoras! Jaja

Kiria, a mi tambien me encanta la vaca! Mi querida Mary... jajaja

Mitsuko-chan, aun no tengo claro si voy a introducir a todos los personajes, aunke ya tengo algo pensado... jojojojo!!

im-your-nightmare, bueno bueno, poco a poco Esme va a ir... espabilándose jaja

Y por último eliey, gracias por interesarte y usar un poquito de tu tiempo en leer mi historia .

Lo bueno de no tener muchas lectoras es que las puedes mencionar a todas, ¿no? jaja

Muchas muchas gracias a todas las que me habéis contestado de verdad

Espero ke os gusteee!!

Saluuuudos y besooos!! Ah! Y muchos muuus de Mary!! :D

- ¿Nunca voy a poder deshacerme de ti? - preguntó de manera bastante grosera la chica.

- ¿No debería hacer yo esa pregunta? - dije intentando ser tan maleducado como ella.

De pronto nos dimos cuenta de que no estabamos solos y dejamos de discutir. Todos nos miraban sin entender.

- Creo que nos hemos perdido algo... - le dijo Esme a la vecina.

- ¿Pasa algo? - preguntó la madre de la chica.

- Nada, que parece ser tengo una fan – dije mirando con malicia a la chica.

- ¡Ja! - contestó ella.

Esme y la vecina nos seguía mirando sin entender que pasaba. En ese momento la puerta se abrió y apareció Carlisle, cosa que pareció gustar a mi querida vecina.

- Uy, ¿tenemos visita? - preguntó sonriendo.

- Es la vecina y su hija – contestó Esme.

De pronto, sin que nadie pudiera reaccionar, la vecina se lanzó al cuello de Carlisle y le dió dos besos de forma muy cariñosa.

- Vaya... esto... hola – contestó Carlisle que estaba totalmente sorprendido.

- Soy Helen, y ella es mi hija Amelia.

- Amy, soy Amy – rectificó la chica algo cabreada.

La miré de nuevo de forma maliciosa antes de volver a hablar.

- Así que Amelia eh... - dije intentando que mi voz sonara algo burlona.

- Así que Eduardo eh... - contestó ella con el mismo tono de voz.

Me iba a ser muy difícil quedar por encima de ella, eso lo tenía claro. Parecía que pensaba mas rápido que yo, ya que un segundo después de que yo hiciera un comentario hacia ella ya tenía uno preparado, y lo peor, era mejor que el mio.

- Bueno, pasemos al comedor, y así hablamos no sé, si vamos a ser vecinos tendremos que conocernos – dijo Carlisle mirando a Helen y Amy.

Como me imaginaba, esa idea le pareció genial a la vecina, muy diferente de lo que pensaba Amy al respecto.

- Bueno, yo creo que voy a irme a casa – dijo intentando escapar de allí.

- Amelia, no te va a pasar nada por quedarte unos minutos, no seas así de insociable – contestó su madre sin dejar de mirar a Carlisle.

De pronto me fijé en él. Era la primera vez que lo veía en una situación embarazosa, y cuando me refería a embarazosa quería decir habiendo mujeres de por medio. La verdad que en todos estos años nunca le había oído decir ningún comentario acerca de una mujer, y tampoco sabía si cuando aún estaba vivo tenía o había tenido novia.

Helen no dejaba de hacer bromas, un tanto absurdas todo hay que decirlo, y Carlisle no dejaba de sonreír amablemente, todo lo contrario que Esme.

- ¿Y solo estáis vosotras dos? - preguntó Carlisle.

- No, tengo un hijo más, Maxi, de siete años – contestó ella sin dejar de sonreír ni un momento.

Esme hacía diez minutos que no hablaba, y eso me llamó la atención. No porque fuera una persona parlanchina, no, si no porque ella intentaba siempre en todo momento ser simpatica, y hacer que se sintiera bien todo aquel que hablara con ella.

Me senté en el sofá lo suficientemente alejado de Amy y observé a Esme. No tenía cara de muy buenos amigos, y no dejaba de mirar a Helen. La verdad es que no entendía muy bien porqué actuaba de esa forma, ya que en ningún momento la vecina había hecho nada que pudiera ofenderla.

Pasados veinte minutos Helen y Amy decidieron marcharse. No sé si fué impresión mia, pero se me hizo ver que Esme suspiraba aliviada. Parace ser que Carlisle no captó ese detalle, todo y que los vampiros podíamos atender a varias cosas, parecía que esa mujer le bloqueaba y lo hacía tan devilucho como un simple humano.

- Espero que a partir de ahora no dudéis en pulsar nuestro timbre si necesitáis algo – dijo Helen antes de marcharse.

- Y nosotros esperamos que no dudéis en pulsar el nuestro si podemos serviros de ayuda – contestó Carlisle amablemente.

Me acerqué a la puerta para despedirles con una sonrisa, pero se me borró por completo al ver a Amy. Me miraba con cara de odio, como si desease que su querido pañuelo se posara en mi cara.

Helen y Amy se despidieron de Carlisle y Esme y comenzaron a caminar hacia su casa. Algo me impulsó a hacer algo que nunca pensé que fuese capaz de hacer.

- ¡Amelia! ¿Cual es tu apellido? - pregunté con picardía – es por ir bordándote tus iniciales en el pañuelo que te compre.

Pensé que a Amy le iba a dar un paro cardíaco cuando escuchó mi pregunta. No contestó, pero está claro que muchas veces una imagen vale más que mil palabras.

No logró intimidarme, pero desde ese momento supe que esa chica me iba a meter en mas de un lío. Y lo más curioso, era que a pesar de saberlo y de saber también que era una chica insoportable y nada compatible conmigo, había algo que hacía que quisiera provocarla esperando su cruel y despiadada respuesta.

- Hasta mañana Amelia – dije en tono muy bajo antes de volver al interior de la casa.

Entré en el salón de nuevo y me senté en uno de los sillones a reflexionar. Estaban pasando muchas cosas y en muy poco tiempo, y yo, que estaba acostumbrado a vivir de una forma tranquila, no estaba seguro de saber llevar la situación. A pesar de ello, saber que tenía una enemiga cerca era algo que me motivaba enormemente y hacía que la estancia aquí no fuese tan dura.

De pronto, algo llamó mi atención. Sentí algo extraño, una sensación que no entendía bien pero que hizo que me levantase del sillón.

- ¿Pasa algo Edward? - preguntó Carlisle que en ese momento entraba en el salón con unos papeles del hospital donde pensaba trabajar.

- No, bueno, no sé... - dije buscando a mi alrededor sin entender que estaba esperando encontrar exactamente.

De pronto, la risa de Carlisle hizo que me girara hacia él a mirarle.

- Desde luego esa chica no te tiene mucho aprecio, no... - dijo riendo de nuevo.

- ¿Que pasa? - pregunté algo nervioso.

- Yo de ti me miraba en el espejo.

Muerto de la intriga fuí al baño y comencé a mirarme tal y como Carlisle me había dicho. Por mas que miraba y miraba no encontraba nada sospechoso, nada extraño. Pero, de pronto, lo ví.

Tenía una aguja clavada en el trasero, cosa que a pesar de que no me hacía ningún tipo de daño, me hubiera molestado y avergonzado bastante si hubiera decidido salir de casa. En ese momento me di cuenta de que esa chica era mas mala de lo que yo imaginaba.