Aquí está un nuevo capítulo. Un capítulo muy especial porque es mi auto regalo de aniversario, ¡llevo 2 años en esta página! Y espero que sean muchos más
¡Felicidades a mí misma!
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PEQUEÑOS MOMENTOS
~ Hace un año ~
Un minuto, ni un segundo más, ese era el tiempo que estaba dispuesta a concederle a su novio. Si transcurrido ese tiempo él no había hecho referencia a cierto tema, no le daría más segundos, se levantaría y se iría.
Ni se podía escuchar como sus dedos tamborileaban contra la mesa, puesto que ese local estaba repleto de gente, casi todos como ellos, parejas jóvenes pasando esa fría tarde de enero en un lugar caliente y con una bebida caliente, claro esta. Sus ojos rubís no perdían detalle de ninguno de sus movimientos, como pasaba las hojas de esa revista, mirando de vez en cuando la barra para ver si llegaba su pedido y acabando siempre su mirada en ella, dedicándole una tierna sonrisa para volverse a sumergir en su revista.
Apretó los dientes tan fuerte que pensó que se los iba a resquebrajar, el muy idiota ni se enteraba de que estaba a punto de perder la paciencia, y si lo suponía no hacía nada para evitarlo.
Tic, tic, tic, tac… miró el reloj, el minuto ya había pasado, ¿le concedería otro más como llevaba haciendo toda la tarde o por fin cumpliría su promesa interna y lo dejaría? Cerró los ojos y pegó un gruñido insonoro para acabar cruzada de brazos, recostándose contra la silla. Le daría un minuto más por si acaso.
Fue entonces cuando Yamato hizo amago de hablar y Sora recuperó la esperanza, ¿se habría dado cuenta ya?
-Mira, este mes estrenan Lost in Translation, la del tipo de los Ghostbusters que se supone que transcurre en Tokio, ¿no querías ir a verla?.- indicó con toda felicidad el reportaje que en la revista hacían de dicha película.
¿Una película?, ¿y no se daba cuenta? Fue demasiado para Sora, la gota que colmó el vaso. Sin ni siquiera mirar el rico chocolate caliente que ya le traían, se puso su gorro, sus guantes, su bufanda y se levantó abruptamente, dejando a Yamato desconcertado.
-¿No te abrigas demasiado para ir al baño?.- musitó con desconfianza.
-Adiós.- dijo ella secamente, abandonando el local.
Al joven le costó reaccionar, era cierto que Sora llevaba toda la tarde un poco más reservada que de normal pero no entendía que había hecho mal para que le plantase de esas malas maneras. Tampoco tenía tiempo para pensar, debía solucionarlo lo más rápido posible. Tras excusarse con la camarera y pagar los pedidos evidentemente, Yamato salió poniéndose su cazadora como podo y buscándola con la mirada. La encontró no demasiado lejos, como pronosticó todavía estaba a escasos metros de él. Andaba muy despacio y cabizbaja en clara muestra de que deseaba ser alcanzada por Yamato, al fin y al cabo, le daría otra oportunidad.
El rubio corrió la pequeña distancia que le separaba de ella y la tomó del brazo para voltearla.
-¿Se puede saber que te pasa?.- preguntó con cierta irritación. Detestaba tener que corretear tras su novia.
-No sé, tú sabrás.- respondió ella desafiante, revolviéndose del agarre de su novio.
Yamato sintió que le ardía el cerebro, le había dicho la frase, la dichosa frasecita con la que ya puedes empezar a temblar. La frase que dice tu novia cuando está enfadada por algo, que por supuesto has hecho tú y por supuesto también no tienes ni la menor idea de lo que se trata ya que hay multitud de posibilidades. Desde que no te has fijado que estrenaba jersey hasta que era el cumpleaños de su abuela y no te has acordado, pasando evidentemente por celos injustificados de "le has mirado el trasero a la camarera", "has estado pegado a esa estúpida revista en toda la cita y no me has hecho ni caso"… y así un interminable etcétera.
Trató de hacer memoria lo más rápido que pudo, descartando que fuese una fecha significativa de inmediato, luego miró lentamente a la pelirroja, que no le quitaba la vista de encima, cada vez más enfadada.
-Yo… no, no sé Sora, lo siento pero explícamelo.
Ella hizo un gesto de decepción, negó con la cabeza y reemprendió la marcha a paso más firme.
-Me voy.
El compañero de Gabumon alzó las manos de impotencia, esperando aunque solo fuese una pequeña explicación. Supo al segundo que no la obtendría, debería descubrir él solo que había hecho mal para que Sora estuviese tan enfadada.
-Sora venga, ¿Por qué no lo hablamos?.- suplicó, siguiéndola.
-¡Tarde!.- exclamó ella.- ¡y no me sigas!.- aceleró el paso considerablemente.
Ese cambio de ritmo pilló desprevenido a Yamato pero logró seguirlo.
-Oye te estás comportando como una niña, dime que te pasa, por favor. ¿Qué he hecho mal?, ¿es por qué le he mirado el culo a la camarera?, fue sin querer y de refilón.
Sora hizo una mueca de desagrado.
-Ósea que se lo has mirado.- murmuró para sí misma, evidentemente que también se había dado cuenta de ese detalle, pero esa no era la causa de su disgusto.- déjame Yamato, no quiero verte en lo que queda de día.
El rubio quiso gritar, estuvo a punto de perder los nervios, pero finalmente se controló y trató de implorar a la comprensión de Sora. Ella siempre decía que las cosas se solucionaban hablando, pues eso era lo que iba intentar hacer, hablar.
-Bueno, te acompaño a casa y lo hablamos por el camino.- la alcanzó, tomándola otra vez del brazo.
-¡Suéltame!.- le obligó Sora de malas maneras.- y no voy a casa, así que no me sigas.
-¿A dónde vas?.- preguntó, totalmente exasperado.- ¡Sora!.- la llamó viéndola alejarse.
Tuvo hasta que correr un poco para alcanzarla nuevamente, pero fue inútil, Sora continuó acelerando el paso, y de esa forma, con Yamato a cada segundo más cansado y más alucinado y Sora a cada milésima más enfadada y molesta, ni se dio cuenta cuando empezó a correr como una desbocada calle abajo.
-¿Pero que hace?.- murmuró Ishida no saliendo de su asombro.- ¡Sora!
No le gustaba correr, lo detestaba con todas sus fuerzas, solo lo hacía o cuando le perseguía un digimon, o cuando le obligaba el profesor de gimnasia y por supuesto desde hace más de un año también lo hacía tras esa chica que le quitaba el sueño.
Corrió lo más rápido que sus piernas le permitieron, en un segundo ya no sentía las frías temperaturas sino que todo lo contrario, se sentía en las llamas del infierno. Ni sabe cuantos metros hizo, cuantas calles cruzó, cuantos coches estuvieron a punto de atropellarle, todo por seguir a esa joven del abrigo azul que seguía corriendo como si le fuese la vida en ello, pero no se detendría, ahora más que nunca Sora le debía una explicación y por supuesto que la conseguiría.
Sora era muy veloz, más que Yamato, pero las fuerzas ya le estaban empezando a flojear, lo que aprovechó Ishida para hacer su último esfuerzo y así logró alcanzarla, más bien atraparla porque de lo contrario ella no se habría frenado.
La tomó de la muñeca tal vez con demasiado brusquedad y de un movimiento la puso contra la pared más cercana. Los 2 grados que marcaba el termómetro contrarrestaba con los chorretones de sudor que resbalaban por la frente de ambos y aún con la respiración jadeante, Yamato intentó decir algunas palabras que murieron antes de salir, por el contrario Sora se revolvió tratando de liberarse de su agarre, pero él no lo permitió, incrementó la fuerza de su mano, tanto que hasta le hizo daño en la muñeca, aunque por supuesto que ella no lo mostró.
-Suéltame idiota.- trató de zafarse.
-No me da la gana.- contestó él de malas formas, su paciencia ya se había esfumado.- ¿se puede saber por qué me has hecho perseguirte por toda Odaiba?, ya eres mayorcita para estos juegos.
-¿Quién te ha dicho que me sigas?.- dio un fuerte zarandeo con su brazo, que hizo que por fin Yamato la soltase.- apártate de mi camino.
Se hizo a un lado, Yamato le bloqueó la salida, se hizo al otro, e Ishida se la volvió a bloquear, le maldijo y le miró con esa rabia que tan solo él era capaz de provocarle.
-¿Me vas a dejar irme?.- desafió con una arrogancia más propia de Yamato.
-¡No!.- sentenció él con la más absoluta de las chulerías.- mira, sino quieres contarme que te pasa me da igual, pero no voy a dejarte aquí, te llevo a tu casa o al manicomio, pero aquí no te quedas con este ataque de histerismo que te ha entrado.
-No voy a ir contigo a ninguna parte.- dijo, vocalizando al máximo cada palabra, para provocar más si puede la ira de su novio.
-Que te lo has creído.- bufó él, para que acto seguido abrazase a Sora y la cargase en su hombro como cual saco de patatas, aguantando claro está las patadas, puñetazos y protestas de esta en su oreja.
-Suéltame Ishida, ¡suéltame!
Él no la iba a soltar por nada del mundo, pero para que engañarse, cuando Sora se ponía en plan karateka era casi imposible reducirla y por eso con tanto pataleo ocurrió lo que ambos esperaban, que cayeron. La pelirroja de espaldas y su novio de cara encima de ella.
-¡Aparta animal!.- trató de empujarle. Estaba claro que no le iba a dar tregua.
El pobre chico estaba un poco aturdido y le costó reaccionar, aunque al abrir los ojos y ser consciente de donde estaba, encima de su enfadada chica, una provocativa sonrisa invadió su cara.
-Te pones muy guapa cuando te enfadas.- dijo él con burla, acercándose para darle un beso, que por supuesto Sora no permitió.
-Yamato quítate, que la acera está muy fría y tú estás muy gordo.
Lo empujó, pero Ishida, que evidentemente hizo como si no escuchase esas últimas palabras, no tenía intención de apartarse, por los menos no cuando ella lo dijese.
-Ni hablar, ahora te tengo atrapada y no me voy a quitar hasta que me digas que he hecho mal para que estés tan enfadada.- sentenció, quedando sentado en el abdomen de la pelirroja esperando una respuesta y por supuesto que fuese de su agrado.
Ella siguió empujándole sin ningún resultado satisfactorio, descubriendo así que su novio ya era más fuerte que ella. Había llegado al límite de sus fuerzas, estaba a punto de rendirse cuando una luz le cegó por unos segundos y sonrió al darse cuenta de lo que se trataba, focos de un coche, más que eso, la sirena de un coche patrulla, estaba salvada.
Fue el instinto, no el raciocinio, porque sino nunca habría empezado a gritar como una loca.
-¡Socorro!, ¡aaaaahhhh!, ¡policía!
Evidentemente que al verla tan desquiciada Yamato se sobresaltó, era totalmente inesperada esa reacción. Nunca se la habría imaginado de la serena y cabal Sora, pero claro, cuando el chico se dio cuenta de que tenía detrás un coche de policía empezó a comprender y a palidecer.
-¿Pero que haces?.- susurró apurado, tratando de taparle la boca.- pero cállate que me buscas la ruina.
Pasó muy rápido, en cuestión de segundos, Yamato sintió la fría acera en su mejilla, estaba bocabajo siendo esposado.
-Maldito, así que tratando de abusar de la chica ¿eh?, no vas a salir de la cárcel en tu vida.
En ese instante no pudo evitar imaginarse con un mono naranja encaminándose a la silla eléctrica, mientras Susan Sarandon rezaba por su alma y él alegaba por su inocencia lloriqueando.
-¿Se encuentra bien señorita?.- cuestionaba el otro agente, ayudando a incorporase a Sora.
-Ajá.- le salió a la chica, que estaba un poco en estado de shock viendo como su amado novio era esposado como si se tratase de un pervertido cualquiera.
-Venga, a comisaría.- lo levantó del suelo el agente, empujándolo hacia el coche.
-Pero es una error.- se excusaba el chico ya totalmente asustado.- pero que es mi novia y yo siempre la he respetado.- tartamudeó al borde del llanto.- Sora por favor diles algo, que me encarcelan, a mí, a tu Yama.
La mujer vio esa mirada suplicante de su chico, ya desde el asiento trasero de ese coche, desde el lugar destinado a los delincuentes, y ella lo único que pudo decir, es de suponer que todavía conmocionada, fue:
-Gracias señor agente.
Y evidentemente que Yamato no se creyó esas palabras, ¿no iba a hacer nada para ayudarle?, ¿iba a dejar que le detuviesen como a un maldito violador?
-Pero Sora.- susurró ya con la voz quebrada, porque si al menos supiese que había hecho mal aún, pero no, se iba a pasar la noche en un calabazo, con vete a saber quien y todavía no sabía por qué.- pero Sora, que yo con esta cara no puedo ir a la cárcel, seguro que algún gordo me coge como su "compañía".- terminó, no queriéndose ni imaginar las atrocidades que le pueden hacer a un chico tan bello una panda de presos pervertidos.
Takenouchi ya no lo escuchó, solo escuchó el motor del coche poniéndose en marcha, llevándose consigo a su inocente chico, y por supuesto que cuando fue consciente de eso, por fin, por primera vez en el día, el raciocinio entró en la mente de la joven y la culpabilidad la invadió por completo.
-¡Que he hecho!.- se llevó las manos a la boca.
Dio la vuelta y corrió a parar el coche, menos mal que aún no había avanzado demasiado y cuando los agentes la vieron, se detuvieron y salieron.
-Lo siento, pero es un error.- empezó con muestras de nerviosismo y también cansancio.- es mi novio y es inocente, lo prometo, si ni siquiera me mete mano, es un buen chico, soltadle por favor.
Los agentes estudiaron los gestos de la joven, para luego mirarse entre ellos.
-Igual tiene el síndrome de Estocolmo ese y se ha enamorado de su agresor.- susurró el más joven, al que parecía su superior.
-¿Está segura señorita?.- cuestionó, el que peor genio tenía.
La mujer empezó a híper ventilar, ¿y si no le creían y encerraban a su dulce Yamato de por vida? Sin saber a que recurrir, se echó la mano al bolso, buscando la cartera.
-Sí, claro que sí, es mi novio, miren.- comenzó a enseñar fotos.- esta es de la feria, me regaló un osito, ¿en serio creéis que alguien que regala un osito tan lindo a su novia puede ser un violador?
Los agentes miraron la foto con desconfianza.
-Tiene razón, el osito es lindo.- comentó el agente más joven, el otro le arrebató la foto negando con la cabeza.
-De acuerdo.- dijo entregándosela.- ¿sabe que la falsa acusación es un delito grave?, ¿que la podemos arrestar por esto?.- comenzó con seriedad.
La pelirroja escuchó la reprimenda con la cabeza gacha y disculpándose con reverencias, encontrando solo una manera de excusarse. Según su amigo Taichi, siempre funcionaba con las chicas, así que de nuevo dejó que su parte irracional hablase por ella.
-Lo siento, es que tengo la regla.
-¡Acabáramos!.- se llevó las manos a la cabeza Ishida, todavía apalancado en el coche.- por cierto, ¿pueden soltarme ya?.- enseñó sus esposas molesto.
-Mi mujer se pone insoportable cuando tiene la regla.- volvió a murmurar el agente más joven y que por lo visto era de esa clase de personas que necesitan hacer un comentario sin ninguna relevancia de cada suceso.
-¡No me interesa tu vida!.- despotricó el otro.- ¡y suelta ya al chico!
La fría brisa acarició el pelo y la cara de Yamato, sintiendo que era la sensación más dulce que había experimentado en su vida, por fin volvía a ser libre, volvía a respirar ese aire puramente contaminado de la gran ciudad, escuchar los pajarillos enjaulados, los perros atados y los niños maldiciendo que les pongan deberes, por fin había recuperado las alas de su libertad. Hogar, dulce hogar.
-Por esta vez os dejamos, pero espero que no se vuelva a repetir una broma como esta, las autoridades estamos para cosas más importantes.- bufaba molesto el agente, metiéndose en el coche, seguido del otro.- ¡venga que no llego a echar la lotería!
Cuando el coche se fue, Sora por fin levantó la vista del suelo y se atrevió a dirigirla a Yamato, que todavía estaba acariciando las farolas, los contenedores y todo lo que veía y que pensó que jamás volvería a ver. Sabía que lo tenía difícil, que ahora sería Yamato quien echase humo, por eso, antes de hablar, probó su comodín, como decía Yamato la cara de "demasiado adorable como para ser verdad".
-Yama.- se atrevió a llamar.
Él la miró y en ese momento supo que ni su cara más tierna le iba a servir de ayuda esta vez.
Apartando la vista rápidamente, hizo un gesto con la mano.
-Adiós.- se despidió.
-¿No me acompañas a casa?.- preguntó ella, empezándole a seguir.
-¡No!.- cortó él.- no quiero saber nada más de ti.
-¿Nunca?.- preguntó la chica con voz desvalida.- ¿me estás dejando Yama?
Él se dio la vuelta un instante.
-Por lo menos hasta que te hagan un exorcismo y saquen ese demonio que llevas dentro.- concluyó, reemprendiendo su camino.
-¡Lo siento!.- exclamó afligida, viéndolo alejar.
-¡No me sirve que lo sientas!.- gritó el portador de la amistad, ya totalmente desquiciado, volviéndose otra vez hacia ella.- soy un buen chico, puede que no sea el novio perfecto pero no es razón para que me detengan. No sabes lo que he sentido en ese lugar, por un momento me vi rodeado de calvos musculosos y llenos de tatuajes y no quieras saber lo que me hacían, ¡yo no me merezco estar en prisión!.- dramatizó totalmente la situación, ya un traumatizado de por vida Yamato.
-Yama, que solo has estado 30 segundos en un coche patrulla, no es para tanto.- osó cuestionar Sora con cierta indiferencia.
-¡No me merecía ni uno!.- dejó claro él, encarándose a ella.- ¡estás loca!- dio por concluida la conversación, retomando su camino.
Sora quedó totalmente abatida, sintiéndose el ser más miserable no solo de la tierra sino en el Digimundo y todos los mundos conocidos. Empezó a recordar todo este día que debería haber sido especial y como por culpa de su inmadurez había acabado siendo desastroso. Con la ilusión que le habría hecho que Yamato se acordase. Pensando en esto, lágrimas empezaron a fraguarse en sus ojos y todavía le quedaron fuerzas para murmurar algo.
-Sigues sin darte cuenta.
El rubio escuchó el murmullo y pese a que su cabeza le decía que siguiese hacia delante, que lo que le había hecho Sora era demasiado grave como para perdonarlo sin más, su corazón paró en el acto. Era superior a él, no podía ver, ni escuchar sufrir a Sora y en esas palabras había percibido perfectamente su dolor.
Yamato suspiró al cielo, maldiciéndose por ser tan débil, sentimental, y sobre todo, por estar tan enamorado de esa singular chica, luego se volteó encaminándose hacia ella. Como de costumbre, él era quien cedía y acababa consolándola.
-Venga no llores por favor, sabes que no lo soporto.- dijo con la voz amable y dulce con la que siempre le hablaba.
Hizo amago de acariciarle el rostro pero en el último momento retiró la mano y Sora se volteó.
-Dime por favor que te ocurre, para no cometer el mismo error en el futuro. ¿Es que te has cortado las puntas?
-Hace una semana.- contestó ella, limpiándose con un pañuelo, ya un poco más calmada.
-Y yo te lo dije, ¿no te acuerdas?, y luego te dije, ¡ahora no despuntarás! Y tú me dijiste que no vuelva a hacer chistes que son muy malos. Yo siempre trato de fijarme en todo lo que puede ser importante para ti, no sé que más quieres de mí.- terminó con tristeza, por no sentirse un buen novio para ella.
La muchacha suspiró, sintiéndose sumamente idota, mientras rebuscaba por su bolsillo algo, cuando lo encontró se lo mostró a Yamato.
-Es una tontería, siento haber sido tan estúpida.
El rubio lo miró desconcertado, parecía una simple entrada de cine, pero enseguida la reconoció, como para no, era le de "película" inaguantable que vieron en su primera cita y era justamente de… hace un año. Al leerlo suspiró de entendimiento, ¿era eso lo que le pasaba?
-Hoy hace una año de nuestra primera cita, ya sabes, tú llegando tarde, película insoportable, palomitas, un pesado en el cine…- narró ella, sumergiendo a Yamato en esos recuerdos.- la encontré el otro día mirando en el cajón de cosas que me recuerdan a ti y recordé todo lo que sentí ese día, los nervios, la ilusión… para mí fue un día muy especial, entiendo que para ti no signifique nada.
Él, que la había estado escuchando con una tierna sonrisa, se sintió responsable de su tristeza. Como de costumbre Sora era mucho más detallista que él y recordaba hasta la última particularidad de su relación.
-Lo siento.- susurró un poco avergonzado.- no sabía que se celebrasen los aniversarios de las primeras citas.
Ella se encogió de hombros mirando al frente.
-Supongo que es porque estoy loca.
Yamato dio un quejido de disgusto, ahora sí que había metido la pata hasta el fondo y Sora estaría deprimida para el resto de la eternidad.
-Sora no lo estás, perdona, pero que sepas que para mí también fue un día inolvidable y quiero celebrar su aniversario y mil más si me dejas.
La pelirroja se paró un segundo, Yamato sonrió creyendo que lo había solucionado, pero su sonrisa desapareció al verla sacar un paquete de su bolso.
-Se me olvidaba, toma.- se lo entregó con la misma expresión de desolación.
El pobre chico deseaba morirse, ¿encima le había hecho un regalo? Pero al desenvolverlo, la sonrisa se dibujó de manera automática en su cara.
-La película, ¿de donde la has sacado?.- la miró incrédulo. Un documental infumable afgano no era fácil de encontrar.
-Del "Milhouse" del cine.- contestó ella con naturalidad.- además viene un DVD extra con sus comentarios…
-¿Y esto?.- interrumpió Ishida, mirando aluciando una foto firmada del joven al que él bautizó como "Milhouse".
-Ah, no sé, es que me parece que se cree que me gusta y eso.- explicó ella, haciendo que Ishida no pudiese reprimir una sonora carcajada.
-Que adorable eres.- le salió del alma.
Era increíble, pero una vez más, esa chica había conseguido disipar su monumental enfado por hacerle detener y acusarle de pervertido y ya la amaba como siempre, no, más que siempre, porque a cada segundo Yamato sentía que se enamoraba más y más de ella.
Sin embargo, Sora todavía estaba en su cueva de oscuridad, sintiéndose tonta y despreciable, y por eso, prosiguió su camino.
-Ya no te molesto más Yama.- dijo con desanimo, haciéndose demasiado la desvalida.- me voy.
El portador de la amistad la vio alejarse escasos metros y mordiéndose el labio inferior negó, esa chica era su razón para vivir no había duda.
Sin más preámbulos la agarró con fuerza del brazo, la volteó y la besó con absoluta pasión, con esa necesidad que solo ella era capaz de provocarle. A priori ella no se lo esperaba, pero no tardó en corresponderlo, porque si había algo con lo que Yamato la derretía era con sus besos.
La besó hasta quedarse sin fuerzas, sin aire, apretándola fuertemente de la cintura contra él, para que tuviese claro que era su chica y que no iba a dejarla vagar sola por ningún lado. Para que se diluyese por completo ese innecesario sentimiento de culpabilidad, porque no tenía culpa de nada, salvo de volverle loco, solo de eso.
-Me encantas.- le susurró entre besos, ahora un poco más tiernos.- incluso cuando me acusas de pervertido y me detienen por tu culpa, me encantas.- repitió, apresando esos provocativos labios.- lo siento, pero es que no estoy acostumbrado a ser tan importante para alguien, gracias.- la besó ahora en al mejilla, escondiendo la cabeza entre su pelo, respirando el aroma tan seductor que desprendía.
Ella sonrió entre sus brazos, entre sus besos, bajando por fin la cabeza y refugiándose en ese pecho que tanto calor le daba.
-No puedo creer que ya haya pasado un año desde nuestra primera cita.
-Y yo no puedo creer que tú sigas igual de insegura.- se burlo él, rodeándola bien con el brazo y empezando el camino.
-Y yo no puedo creer que tú sigas igual de despistado.
La miró con su cautivadora sonrisa y la volvió a besar. Diría con orgullo que es Yamato Ishida, adicto a los besos de Sora desde hace más de una año.
-Oye, ¿que te parece si vamos a mi casa y vemos la peli?
-Dura seis horas.- le advirtió ella.
-¿Tienes algo mejor que hacer las próximas seis horas de tu vida?.- preguntó con esa naturalidad tan encantadora.
-No tengo nada que hacer los próximos setenta años de mi vida.- fue su contestación, acurrucándose más si puede en su hombro.
Él sonrió con satisfacción, besándola en la frente con cariño. No cambiaría su relación con Sora por nada del mundo, era perfecta tal y como era, con sus altibajos, con sus enfados y con sus maravillosas reconciliaciones. Era un chico afortunada y ella, para que engañarse, también era una chica de lo más afortunada.
-Por cierto, ¿los aniversarios de las segundas citas se celebran?
-Mmm, no sé, puede.
-Me tendrás que hacer un calendario señalándome los días que quieres celebrar, para no volver a meter la pata.
-¿Crees que te lo voy a poner tan fácil Ishida?.- preguntó, arqueando una ceja. No dejaría que su novio se durmiese en los laureles.- tendrás que hacerlo tú solo.
-Oh, vamos.- refunfuñó él como un niño pequeño.
-Oh, vamos.- lo imitó ella con diversión.
-Que tontita eres.- dijo, quitándole el sombrero.
-¡Dámelo!.- trató de recuperarlo, pero era difícil alcanzar el largo brazo de su novio.
-Tendrás que hacerlo tú sola.- imitó las palabras de antes de su chica, alzando más aún el gorro.
La mujer lo miró atentamente, empezando a fraguar un gran ataque de furia. Miró a un lado y a otro y no encontró ninguna forma de recuperarlo, por lo que lo único que le quedó hacer fue hinchar los pulmones y gritar a viva voz.
-¡PERVERTIDO!
-OWARI-
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N/A: pobre de mi Yama, ¿lo volverán a detener?, espero que no. Bueno espero que os hay entretenido. Simplonciada, como siempre, pero que le voy a hacer, me gustan así.
Por cierto, los datos de la primera cita están sacado de mi fic "Doce Meses"
Y hablando de mi querido, idolatrado y miles de adjetivos de amor incondicional más, sorato, estoy realizando una encuesta para ver si queréis que publique el prólogo del próximo fic de "La odisea del sorato", a pesar de que como explico en mi profile, tardaré meses en actualizarlo, pero era para que coincida la fecha de publicación con el de "Doce Meses" jijiji. (soy así, para mí las fechas tienen su importancia, no como para Yamato xD). El caso, que os animo a votar si lo deseáis, pero al contrario que los políticos, yo no os engaño, existen muchas posibilidades de que salga lo que salga en la encuesta yo haga lo que me de la gana XD. Estará abierta hasta el 23 o así.
Ya esta, no tengo más avisos que dar así que solo me queda decir:
Gracias por leer, soratolove/sorato4ever
