Ahora si me puse las pilas y escribi la continuación rápido, antes de que se me olvide jaja. Espero les este gustando, ya falta poco para el final w

-¡Kisara!- Mokuba se lanzó alos brazos de la joven de cabello plateado mientras las lágrimas corrían por sus mejillas- ¡Lo sabía!, ¡sabía que volverías!

La joven no dijo nada, solo se limitó a sonreir y abrazar a el pequeño Kaiba mientras miraba a Seto, que estaba parado unos metros atrás mirandola completamente en shock.

-Seto ¿Que haces? ¡No te quedes ahí parado! ¿No ves que es Kisara?

-Kisara... –el ojiazul no sabía que hacer ni que decir ¿de verdad era ella? ¿ No era algún truco de su mente?

-No me mires así Seto, parece que viste a un fantasma- la joven por fin hablo, mirando con ternura al mayor de los Kaiba quien, al sentir la penetrante mirada de la chica no pudo más que desviar la mirada y acercarse un poco.

-Lo siento... es que es...

-¿Algo repentino? Si, lo se... –Kisara soltó a Mokuba y se acercó a Seto, para mirarlo detenidamente. Los años habían pasado y los ojos de Seto no habían cambiado mucho, sin embargo tenía una expresión algo confundida. Cuando eran niños, Kisara solía ser más alta que el joven Kaiba pero ahora, él era mucho más alto que ella y el traje blanco que portaba el muchacho lo hacía lucir muy elegante, serio y...bastante atractivo. – No era mi intención aparecer así y correr, es solo que.-.. al verte sentí un mar de emociones dentro de mí y lo único que pude hacer fue salir corriendo, lo lamento.

-¿Que te parece si mejor vamos a mi casa y hablamos ahí? Es algo incomodo hablar de esto en la calle

-Oh sí, claro

Los hermanos Kaiba condujeron a la chica a la limusina que los esperaba al otro lado de la calle; los 3 chicos abordaron el vehículo que los llevó a la residencia de Seto y Mokuba Durante el trayecto ni Seto ni Kisara se dirigieron la palabra, solo Mokuba quien se encontraba muy emocionado le preguntaba cosas a la chica y le enseñaba lugares mientras recorrían la ciudad en el auto.

.Cuando por fin llegaron a su casa,Kaiba ordenó a sus empleados que no lo molestarán lo que restaba de la noche y los amenazó con despedirlos si alguien osaba interrumpirlo. Seto, Kisara y Mokuba llegaron hasta la habitación del Kaiba mayor y se sentaron en unos sillones que tenía el joven. El pequeño Mokuba fue el primero en hablar y le contó a Kisara el sueño que había tenido un mes atrás, de los días en que ellos vivían en el orfanato; Kisara y Mokuba comenzaron a recordar sus tiempos en aquel lugar, de cómo Seto se la pasaba jugando ajedrez con otros niños, de como Mokuba y Kisara gustaban de hacer castillos con tierra, de la vez Kisara le mostró la primera vez alos hermanos su rara carte del Dragón Blanco de Ojos Azules... Seto solo se limitó a escucharlos sin quitar la vista de la joven.

Pronto, Mokuba fue vencido por el sueño y se quedó dormido en el sillón junto a Kisara; Seto lo cargó y lo dejó en su cama para luego volver a sentarse frente a la joven, que se notaba algo nerviosa y miraba atodos lados.

-Tienes una habitación muy grande, de hecho toda tu casa es enorme...

-Es la casa de Gozaburo, la uso mientras encuentro otra casa que me guste más

El silencio invadió la habitación, ni Kaiba ni Kisara hicieron comentarios por unos instantes, se limitaron a mirarse un momento y luego ver a otro lado. Seto quería hablar pero no sabía que decir, no era el tipo de persona que hablara mucho sobre otra cosa que no fuera su trabajo o sobre duelos, realmente le costaba comunicarse con personas comunes. Fue la chica quien rompió el hielo entre ellos nuevamente

-¿Ha pasado mucho tiempo verdad? Desde la última vez que nos vimos...

-Si, muchos años desde que te fuiste del orfanato, Mokuba estaba devastado, estuvo deprimido por mucho tiempo...

-¿Y tú?

La pregunta lo tomó por sorpresa, claro que a él también le había afectado pero debía ser fuerte para ayudar a su hermano a sobreponerse, y para que su propia tristeza no lo invadiera. Con los años, Seto Kaiba había aprendido a suprimir muchos de sus sentimientos ya que una empresa de la envergadura de Kaiba Corp. no podía tener por jefe a un hombre sentimental.

-No podía hacer nada cuando te adoptaron, además fue por tu bien, tuviste una familia, volviste a saber lo que significaba llamarle a alguien "mamá" y papá". No podíamos ponernos necios y privarte de eso...

-A mí me habría gustado quedarme con ustedes

-Pero no iba a ser por mucho tiempo-replicó el joven- Dos meses después de que te fuiste, Gozaburo Kaiba llegó al orfanato para adoptarme, me negué a irme sin Mokuba y lo obligué a adoptarlo también. Si te hubieras quedado ahí la historia hubiera terminado igual... era inevitable que nos separaramos, tarde o temprano iba a ocurrir, fue lo mejor.

-Entonces ¿no te alegra verme, Seto? ¿Hubieras preferido que no me atravesara en tu camino de nuevo?

No, eso no era lo que el quizo decir... el estaba encantado de verla de nuevo, aunque no lo demostrara, era algo que podría considerarse un defecto en él ya que no sabía demostrar lo que sentía, sobre todo frente a los que más le importaban.

-¿A dónde fue que te llevaron después de que te fuiste del orfanato? – Kaiba intentó cambiar un poco el tema y Kisara se levantó hacia el ventanal en la habitación, observando la oscura Ciudad Dominó iluminada por los faroles de las calles y laas luces en los edificios.

-La familia que me adoptó era originaria de Londres, por lo que me llevaron ahí cuando era pequeña. Me costó mucho adaptarme, vivir en una urbe tan grande como Londres no es fácil además de que no podía sacarlos de mi cabeza ni a Mokuba ni a ti. Fueron muchos años los que viví extrañandolos, pensando que habría pasado con ustedes, si serían felices, si habían salido del orfanato o se habían quedado ahí. –Kisara apoyó la mano en el vidrio y continuo - Un día mientras caminaba hacia mi casa, vi tu foto en un periódico junto con un encabezado que decía "El joven Seto Kaiba hereda la compañía de Kaiba Corp. y se vuelve presidente ejecutivo de la misma a su corta edad". No podía creer que ese fuera el Seto que yo conocía, tomé el periodico en mis manos y vi la fotografí llevabas por apellido Kaiba cuando estabamos en el orfanato por lo que pensé que era alguien más, pero al ver tu imagen y ver tus ojos... supe que eras tú. Investigué muchas cosas sobre la compaía de Kaiba Corp. y encontré que su antiguo Director Ejecutivo, Gozaburo Kaiba, había adoptado a dos niños de un orfanato y que uno de ellos se había convertido en su heredero... esos dos niños eran Mokuba y tú. Al parecer Kaiba Corp. es lo suficientemente importante como para tener noticias de la misma en otros países. Estuve al tanto de las noticias de la compañía y poco después supe que te habías convertido, además de un gran lider de Kaiba Corp., en uno de los mejores duelistas del mundo, fue ahí cuando recordé la carta del Dragon Blanco que te había regalado y sentí una alegría inmensa al ver varios duelos tuyos y ver que tenías no solo mi ojos azules, sino los únicos 3 que existían. Supe de tus duelos con Yuugi Mutou, de tu participación en el Reino de los Duelistas, del torneo que organizaste de Ciudad Batallas... verte tan apasionado por el duelo de monstruos, tan talentoso, tan seguro de tí mismo me hizo querer verte. Hace un año decidí que, cuando tuviera la oportunidad de viajar, vendría hasta las oficinas generales de Kaiba Corp. para buscarlos, tuve algunos problemas para viajar ya que estuve enferma un tiempo, pero la suerte me sonrió y con permiso de mis padres adoptivos viaje hasta acá. Cuando dí con la compañía y pregunté por ti, me dijeron que habías salido con Mokuba y que estaban cenando en un restaurante a las afueras de la ciudad. Pedí indicaciones de como llegar y cuando lo encontré iba muy decidida a reencontrarte, saludarlos y hablar de los viejos tiempos... entonces te ví ahí sentado, con el traje puesto, tan alto, con esa mirada de melancolía que siempre tienes... y no supe que ían sido tantos años, tantas veces que había soñado con ese momento y justo cuando te había encontrado no tuve el valor para hablarte. – las lágrimas corrieron por las mejillas de la chica, que hizo todo lo posible por secarlas antes de que Seto lo notara, pero su voz quebrada la había delatado ya.

Kaiba había observado a la chica mientras esta hablaba, no podía creer que ella estuviera al tanto de todos esos sucesos, lo había estado observando por mucho tiempo sin que el supiera siquiera donde estaba ella o que estaba haciendo. Seto se levantó del sillón y fue hasta su bóveda, donde extrajo el maletín con su deck, tomó la carta de Ojos Azules más desgastada y se dirigió hasta Kisara.

-Toma, es tuya- el joven le estaba extendiendo la carta a la chica, quien miró primero la carta y luego al ojiazul. –Me prometí a mi mismo que, si volvía a encontrar te la devolvería ya que es un tesoro muy importante para tí.

Kisara sonrió y negó con la cabeza- No Seto, esta carta ahora es tuya, te la di con la intensión de que la conservaras y no he cambiado de opinión. Además, tu le has dado un mejor uso de lo que yo podría darle; el ver tus duelos me hizo darme cuenta de que Ojos Azules siempre te ha pertenecido y que yo solo fui un medio para que tu la tuvieras contigo. Hay un vínculo muy especial entre esta carta y tú y no soy quien para romperlo.

-No digas eso, esta carta es especial solo porque tu me la diste. Y no vuelvas a decir que no eres nadie... para mi eres alguien importante.

Al escuchar las palabras de Seto, Kisara se sonrojó un poco y sonrió, la hacñia muy feliz escuchar al joven decir eso.

-Y yo quiero que la conserves- la chica tomo las manos de Seto y las cerró con cuidado alrededor de la carta- Ojos Azules fue la única protección y compaía que tuve hasta que tu y Mokuba llegaron a mi vida, te la dí para que te cuide a tí también y para que supieras que siempre iba aestar contigo sin importar la distancia.

Seto miró a Kisara a los ojos, esos ojos azules tan profundos... tan sinceros y tan amables que había visto muchas veces en sus sueños volvían a quebrar la armadura que había construido para evitar que alguien más lo invadiera. Esos ojos que había extrañado tanto ahora estaban frente a él, mirandolo con la misma ternura que lo habían hecho años atrás. Ambos jovenes se quedaron en silencio, mirandose, hasta que Mokuba giró en la cama de Seto y se levantó adormilado.

-¿Seto? ¿Donde estas? ¿Y Kisara? – Al escuchar la voz de su hermano menor, Seto soltó a Kisara y con la carta de Ojos Azules en la mano se acercó hasta el pequeño; Kisara por su parte se sentó en el sillón.

-Aquí estoy y Kisara también está aquí. Anda, vamos a tu cuarto que debes dormir.

Mokuba asintió torpemente mientras se tallaba los ojos y se dirigió hasta la puesta de la habitación. Seto lo siguió y antes de salir, miro a Kisara quien le sonrió:

-Puedes dormir aquí, yo dormiré en la habitación de Mokuba. Si necesitas algo estaremos en la habitación de al lado.

-Gracias Seto, que descansen.

Seto cerró la puerta de la habitación y siguió a su hermano, quien ya se había acostado en su cama. Kaiba se acomodó en un sillón dentro del cuarto de Mokuba y se quedó observando la carta de Ojos Azules. La chica que lo había atormentado con su recuerdo por tantos años estaba durmiendo en su habitación y no sabía como sentirse respecto a eso, sin embargo si sabía una cosa: era feliz de tenerla cerca.

Al día siguiente, Seto despertó con la carta de ojos azules aún en la mano, se había quedado dormido en el sillón mientras pensaba en lo que quería decirle a Kisara. El joven miró hacia la cama de su hermano y no lo encontró, Seguro fue a mi habitación a ver a Kisara, ese Mokuba es tan predecible.

Seto dejó un momento la carta en el escritorio de su hermano, entró al baño y se echó agua en la cara, en ese instante, Mokuba entró corriendo.

-¡Seto! ¡Seto!¿Dónde estas?

Kaiba se asomó por la puerta del baño, aun con el rostro mojado y preguntó confundido:

-¿Que ocurre Mokuba?

-¡Kisara! ¡Kisara ya no está!