Aaaaa me emociono ver que 8 personas comentaron el capítulo 3, me hicieron feliz x3
Rokujo Torako: Solo queda ser paciente. Lo bueno del internet es que de quererlo podras checar la historia las veces que desees.
Shizuki Kuga: Esque es como por cliche que Nat sea la loba y Shiz la vampira. Tu comentario fue uno de los que más me alegro enserio, gracias.
Gracias a esas personitas que se toman el tiempo de comentarme, de verdad lo agradezco :3
LOBA CASTAÑA
CAPÍTULO 4
AÑO 1883, 10 DE ENERO
Arrugaba la nariz detestando el fuerte y desagradable aroma impregnado en cada cm de ese sitio, casi como si las paredes expulsasen alientos de muerto o lamentos de desgracia. –Si no llega pronto, nos marcharemos-. Asentí con la cabeza evitando hablar y tener que respirar más de aquel aire. Para ser una taberna, se encontraba más decadente de lo esperado. –Los humanos… acaso este pueblo ¿no conoce la higiene?-. El asco también sensación compartida entre ambas en ese momento; la mueca de desagrado trazada en sus facciones bien podría haber sido tomada por insulto para los presentes.
En la mesa dispuesta a nuestro costado derecho, se encontraban cinco hombres que en manos sostenían cerveza de dudosa procedencia pero bebían con notable gusto de está. No comprendí el gusto que llegaban a tener los hombre por el licor, era irrazonable querer consumir sustancia que les sacaba de sus cinco sentidos. Dando gritos, empleaban un lenguaje de corto vocabulario que además resultaba ser muy vulgar. Los ignoraba concentrándome en propios pensamientos, hasta que, uno de ellos comento oración que me hizo suspirar. –Escuche que la vampira de ojos verdes y su mascota, aquella bestia castaña que dicen posee el infierno mismo en sus ojos-. Ara, los humanos llegaban a ser muy dramáticos tanto en hechos reales como en meras invenciones. Eso del infierno en mis ojos, ¿Lo decían por lo que decían llevaba a cabo o por el color de mis iris? Natsuki cerraba el puño fuertemente contra la mesa, bien sabía yo su enojo acreditado estaba a la referencia de "mascota" hecha en mi nombre. –Volvieron a atacar-. En esas fechas inventaban muchos rumores, decenas de historias en las cuales sin piedad ni misericordia llevábamos la desgracia a los pueblos. Cabe aclarar aquello era insultante, que creyesen que no teníamos mejores cosas que hacer que el destruirlos. Además de ser ignorantes y crueles, eran ególatras; que linda especie…
-¿Esta vez que destruyeron?-. Negué con la cabeza al escuchar eso. Natsuki golpeteaba con los dedos en la mesa, apoyando la espalda contra el algo astillado respaldo de la vieja silla. El humo de los cigarrillos ahí encendidos me quemaba las fosas nasales, repugnantes adicciones a las sustancias dañinas.
-Pues se dice que ayer asesinaron a una familia del pueblo Fukka- Vale, las cosas cada vez ¡se volvían más absurdas! ¡Ridículas!
El pueblo Fukka quedaba a una semana de caminata de esa taberna. Obviamente, los disparates de aquellas bocas mentirosas estaban saliendo de control. Prácticamente nos inculpaban de cualquier mal o desgracia que azotase las tierras. Ya podía ver carteles donde ofreciesen recompensa por nuestras cabezas. –Todos se quejan del lobo, yo digo que más bien deberíamos temerle a quien le domina, a esa abominación de ojos verdes-. ¡Suficiente! ¡Suficiente había escuchado! Me levante de golpe tirando la silla en el proceso; ellos ni cuenta se dieron con el pestilente licor que les corría en las venas, solo seguían enfrascados en difamar cosas que para nada les incumbían.
Entre pasos que liberaban la fuerza del enojo y hacían crujir la madera del suelo, me plante ahí. –Podrían callarse-. Denotaba que en realidad era una orden directa. Burlones por fin me prestaron atención, sonriendo tontamente y tentando la suerte.
Natsuki ya se encontraba de pie junto a mí, observando en silencio mediante mirada fulminante e intimidante, asemejando a que sus pupilas abismales podrían devorarles en cualquier momento. Pero, el maldito licor les restaba el instinto de supervivencia arrebatándoles esa vocecita que en sus cinco sentidos les hubiese gritado saliesen corriendo lejos de nosotras.
La luna supo me estaba esforzando por contenerme y no entrar en fase para asesinarles por andar hablando de cosas que no tenían idea. Una vez que has matado repetirle es más fácil de lo que creen, porque se ha roto esa barrera de inocencia y culpabilidad. En lugar de atacar solo salió un bajo gruñido. -¿Quién te crees para callarnos?-. Me creía uno de los dos seres a los cuales estaban inculpando de monstruosidades, claro estaba, no diría eso.
Clave los pies al poco estable suelo de madera, siendo una tentación romperle en un impulso de ira. Iba a contestar con toda la intención de cerrarles la bocaza que se cargaban, ya fuese mediante palabras o de un puñetazo que les tumbase todos los dientes… la segunda opción tenía preferencia.
-No lo hagas Shizuru. Vámonos-. Usando tono que llevaba por propósito calmarme, me hablo al oído; sus sensatas palabras contra los instintos que empujaban y se arremolinaban en mi interior. –Se quieres matarlos, comparto tu deseo pero ¿recuerdas? Dijimos no seriamos como ellos-. Busco entrelazar nuestros dedos; quede desarmada ante esas palabras, ante su frio tacto.
-De acuerdo-. Susurre apretando la mandíbula. –Vámonos-. Di la vuelta intentando no deshacer esa acción.
-Yo opino que son unas creaturas estúpidas-. Trono, exploto, se combustiono la poca paciencia que me quedaba. Gire rápidamente y en dos grandes zancadas quede frente a la mesa.
De un solo golpe hice volar dicha mesa, desparramando la cerveza por los aires y tirando a los hombres al suelo. –Les dije que se callaran-. Antes de que se les quitara el aturdimiento Natsuki y yo salimos de la taberna difuminándonos con la noche.
AÑO 1883, 23 DE FEBRERO
Descansábamos en una posada, esperando a que el sol volviese a dormir para continuar con nuestra trayectoria. ¿A dónde íbamos? A ningún sitio en particular, a todos quizá, ¿Qué haríamos? Vivir, esa era la única respuesta segura e imborrable.
Natsuki me pidió le dejase beber nuevamente mi sangre, avergonzada ante la petición que sus labios pronunciaban pero diciendo que lo necesitaba y prometiendo extraer poca. –Claro que puedes hacerlo-. Le bese suavemente los labios, al instante me correspondió acompañándome en esa pasional danza. Su petición de alimento se cumplió, con una sesión de puro goce y placer.
Las sabanas se removían sobre la cama, impregnándose del aroma de ambos cuerpos y formando un tercero que era la mescla de los dos primeros. –Me excitan tus gruñidos Shizuru-. Besaba mi cuello excluyendo pausas, en un ritmo acelerado del cual ninguna se cansaba. Era verdad, además de gemidos solía soltar gruñidos de placer que delataban mi lado salvaje. Uno que otro crujido de la madera nos hacia los coros en esa carnal canción.
-Creo que mañana habrá quejas de los demás inquilinos-. Descansaba sobre el desnudo y frio pecho de Natsuki, delineando con mi dedo el borde de su busto. Ella acariciaba mi cabello; paro de tararear una canción para contestarme.
-Que lo hagan si gustan, a fin de cuentas en una hora ya no estaremos aquí-. Beso la comisura de mis labios, rozando su colmillo a forma de cariño. Juraría que la sabana que nos cubría de la cintura hacia abajo, seguía descendiendo lentamente.
-¿Cuál será el siguiente destino?-. Cuestione mientras juguetonamente metía la mano debajo de la sabana, buscando cierto punto para humedecerle.
-¿Te parece el reino Garderobe?-. Llegue al sitio que deseaba.
-Me parece bien, pero tardaremos en llegar; ese reino está retirado, muy lejos de aquí-. Deslizo su mano por mi espalda.
-Tenemos todo el tiempo a disposición-. Las sabanas serian removidas otra vez.
AÑO 1883, 2 DE ABRIL
-Me gustaría saber cómo Mai nos envía sus paquetes-. Reí ante la mueca de confusión de Natsuki. –Enserio ¿Cómo lo hace?-.
-Es una bruja, tiene más de un buen truco escondido así que mejor resígnate pues estoy segura no lo sabremos-. Mai acostumbraba enviarnos paquetes en distintas ocasiones, paquetes que sinceramente nunca teníamos idea de cuando llegarían pero de la nada aparecían estuviésemos donde estuviésemos. Su contenido solía varias más siempre habían dos cosas incluidas dentro; Sangre para Natsuki y carne para mí.
-La nota dice que ahora corresponden a ¡¿Un dragón?!-. Interesante parecía, ¿sangre y carne de dragón? Mai y sus sorpresas indudablemente.
-Sus regalos pueden ser extravagantes, ¿no es así Natsuki?-. Extrajo un contenedor de vidrio en el cual venía el carmesí líquido, con una etiqueta negra que bordeaba el recipiente. –Míralo así, se asegura de que solo tú y yo podamos tocar lo que nos manda-. Paciente aunque curiosa camine al segundo paquete. –Interesante, nos regala también capuchas nuevas-. ¿Ironías? Sonreí con deje irónico ante la vista.
-¿Enserio?-.
-Si. ¿Recuerdas el cuento de caperucita roja?-. Tome la tela entre los dedos pero sin sacarle de la caja aun.
-Sí, es muy usado en los pueblos cercanos a los bosques. Aun no comprendo como una niña pudo creer que el lobo era su abuela. ¿Por qué preguntas?-.
- Porque a Mai se le ocurrió vestir con la capa roja al lobo-. Extraje la prenda de color escarlata que tenía una nota: Para Shizuru, espero que te guste.
Su tela era muy suave al tacto, por dentro cálida y acogedora como si fuese a traer el hogar sobre los hombros al usarle; y, lo suficientemente larga para cubrirme por completo. Queriendo verle mejor le desdoble. –Pruébatela-. Complaciéndola, pase la capa por sobre mis hombros, le ate en la parte del cuello y coloque la capucha. La tela caía en cascada, con ondulaciones y dobleces que lejos de darle aspecto descuidado otorgaban misterio. –La loba de capa roja-. Menciono.
-También hay una capucha para ti-. Saque de la caja la segunda prenda, esta de color azul oscuro, elegante, igual a la correspondiente dueña.
-Adoro los regalos de Mai-.
AÑO 1883, 21 DE MAYO
En el reino Garderobe casi todos los días eran nublados, con ese gran cielo teñido de gris oscuro y un viento frio que ayudaba a que se viese normal el constante uso de capuchas. Nos establecimos ahí por tiempo indefinido, comprando una casa de mediano tamaño en las afueras, allá a las cercanías del bosque. Al anterior dueño le pareció extraño dos mujeres quisieran adquirir esa propiedad; una pequeña bolsa de oro fue suficiente para eliminar sus dudas y vendérnosla sin cuestionarnos. Los rumores y falsedades que se nos adjudicaban no habían llegado hasta esas tierras, aunque sabíamos que tarde o temprano lo harían. Mientras tanto, disfrutaríamos de esa relativa paz.
Salimos a la calle de adoquines marrones, perdiéndonos entre las decenas de voces y demás sonidos del pueblo. La gente levantaba la mano o inclinaba la cabeza a modo de saludo, uno que otro intercambiaba unas pocas palabras acerca de que era un buen día; preferentemente manteníamos un contacto mínimo, procurando no resaltar. –Son amables sin tener antorchas en la mano, ¿cierto Shizuru?-. Pese no haber sol, Natsuki seguía usando la capucha en la cabeza, no estaba de más ser cuidadosa. Su enguantada mano sostenía la mía.
-Siguen sin agradarme aun así-. Soplo una brisa que movió ligeramente mi capa. Seguía pareciéndome irónico el color que Mai escogió para la prenda y conociéndole fue completamente intencional. Caminamos durante largos minutos, visitando una que otra tienda en busca de novedades y aprovechando antes de tener que encerrarnos por una temporada. La luna llena estaba por llegar a ese punto en el cual ejercía más fuerza sobre mí, y, bajo esa influencia fácilmente caía ante los impulsos y provocaciones; Natsuki se encargaba de cuidar no cometiese locuras. –Shizuru, ¿Qué pasara cuando nos topemos con otros lycans?-. Ella procuraba hablar bajo, pronunciando sus palabras solo para mí en tono calmado y sereno. Caminaba con porte, aunque aún rígido, ya más relajado en comparación de antes pues eran raros los humanos que andaban tan derechos y aunque nos disgustase debíamos mezclarnos entre ellos.
-Pues… por lo general, solemos ser territoriales-. Y caíamos en un sentimiento de territorialidad con un gran complejo. Acostumbrando ser solitarios, nada de buscar a otros de la misma especie que no fuesen la pareja o crías. –Es casi seguro que ocurrirá un enfrentamiento-. Pronuncie claro, prevenir a Natsuki era importante. –Llega a ocurrir que incluso enfrente de los humanos se entra en fase solo para defender el territorio que se reclama como propio-. Paramos la caminata esperando a que terminase de cruzar una carreta tirada por 2 caballos. –Pero creo en ese sentido, es una ventaja que quedemos pocos-. Los conflictos quedaban muy reducidos gracias a ese motivo.
-Solo nos queda pedir por no toparnos con más seres de la noche, al menos en un buen tiempo-. Tiro de mi mano siguiendo la caminata. –Últimamente tengo un mal presentimiento Shizuru. Asemejando a sentirnos presas-. En otros pueblos había peticiones y recompensas para quien llevase nuestras cabezas, era entendible que nos pulsara la vena de la paranoia.
-Hasta ahora las cosas marchan bien-. En medio de la plática nuestros pasos nos guiaron a la puerta de la librería preferida de Natsuki. –Anda, ve a buscar ese libro que querías-. Acaricie el dorso de enguantada mano. Observándome con mirada que decía: ¿segura? –Anda, aquí te espero como siempre-. Ella sabía yo detestaba el aroma impregnado en las páginas de los viejos tomos que regularmente gustaba de leer.
-Procurare no tardar-. Aseguro y se perdió tras la puerta junto al tintinar de la campana puesta en el marco de está. Alternaba la colocación de mi peso, rolándolo entre ambas piernas para no entumecer ambas. Jugaba con los dedos, golpeteándolos contra mi pierna al tiempo que tarareaba una canción de cuna que mi madre me enseño de pequeña. Las personas pasaban caminando con prisa, las mujeres cuidando sus vestidos y faldas no se levantasen, los hombres procurando sostener sus sombreros para que no salieran volando en una ráfaga repentina.
Me encontraba perfectamente hasta el momento en el que tras un duro choque alguien golpeo mi hombro. El impacto fue doloroso, lo suficiente para obligarme a trastabillar en mi equilibrio. Víctima del temperamento que me marcaba, caí ante el enojo; esa misma noche la luna llena llegaba a su máximo punto. ¿Ni una disculpa? A leguas se notaba el golpe había sido intencional. Estaba por reclamar al susodicho por su grosería sin motivos cuando otro golpe en el hombro contrario me robo la atención. ¿Qué demonios pensaban? –Es la mascota-. Saltaron los nervios inmediatamente. Eran los ex-compañeros de Natsuki, mirándome de manera sarcástica, derramando en cada parpadeo gotas de desprecio.
-Reito, Takeda-. Dije con la garganta seca. Olía sus malas intenciones, apestaban en un modo que pocos podrían entender, muy alejados del adictivo aroma que me hacía dependiente de Natsuki. Cuide la lengua evitando decir palabras que me metiesen en problemas. Cambiando la mirada para con mis iris gritarles que se largaran. El instinto fue más fuerte y de la garganta subió sonido que entre mis labios encontró salida como un gruñido. –La mascota se ha enojado-. Queriendo provocarme dio un empujón. Claro, me provocaba, entraba en fase y los humanos buscarían refundirme en la hoguera, que lindas intenciones…
-¿Qué sucede? ¿Por qué no muestras a la bestia?-. Reto mordaz ignorando la advertencia de mis pupilas dilatadas. Gruñí pensando en tragarme el orgullo e irme sin dar pelea. Natsuki estaba en la librería, pronto saldría, solo debía aguantarlos lo suficiente. -¿Acaso no puedes?-. Bajo la capa troné los nudillos. Dentro de mi boca pase la lengua por los dientes. –Una mascota que ni siquiera puede transformase a voluntad. Creí que Natsuki conseguiría algo mejor-.
Era eso, ellos creían que era una mera mujer que por una mísera mordida estaba condenada en las noches de luna llena, ellos desconocían que era una lycan. Creían que era una hibrida marginada en lugar de sangre pura. Creían estaba maldita por la luna cuando estaba bendita.
-¿No creen que están demasiado confiados?-. Obraba milagros para negar la salida de mi esencia lobuna, evitando una pelea de la que nadie saldría bien librado. –Les pido me dejen en paz-. Si las cuentas iban a mi favor, en unos instantes por la puerta saldría Natsuki.
-¿Y Natsuki?, ¿Ya te dejo, cierto?-. Volvió a empujarme.
-Calla Reito-. Sonreí placenteramente, Natsuki estaba parada detrás de mí, sosteniéndome tras el empujón recibido y seguramente fulminando con una mirada al par de vampiros. –Lárguense-. Sentencio. –Ahora-. Mencionaba manteniendo modulada la voz, pero, revelando entre las silabas una secreta amenaza.
-Pensé que ya te habías cansado de jugar con tu mascota. Venimos a buscarte Natsuki-. Hablo Takeda ignorándome en la oración pero clavandome cuchillas con sus ojos.
-Creo que ahora eres sordo. Dije que se largaran-. Dictamino repitiendo su orden anterior. Como era de esperar, ni a Reito ni a Takeda les gusto la respuesta. Lo veía en los ojos del segundo, ansiaba llevarse a Natsuki, deseaba verme refundida en una tumba. –Me quedo con Shizuru-. Cruzo los brazos entorno a mi cintura, abrazándome por detrás y apegándome a su cuerpo. -¿Qué esperan?-.
-No tiene sentido, ¡Es una inmunda creatura!-. Comenzaba a sospechar, ya esa idea me pasaba por la mente desde antes, aguijoneando una imaginación en ocasiones problemática. Lo estudie a detalle, buscando la confirmación de mi pensamiento. -¡Quédate conmigo Natsuki!-. ¡Lo sabía! Takeda quería quedarse con Natsuki no solo como compañeros. Por tercera ver gruñí, ¿mencione que era territorial cierto? Esa territorialidad se aplicaba en todo.
-Lárguense. No me interesa saber de ustedes-. Me jalo de la cintura intentando caminar y marcharnos del lugar antes de que yo saltase dispuesta a destrozarles la yugular de una mordida.
-Volveremos a vernos, eso lo garantizo-.
AÑO 1883, 6 DE JUNIO
Natsuki leía sentada en un sofá, con las piernas cruzadas, una mano en el mentón y la mirada divagando entre las palabras. Por mi parte, dormitaba sobre la cama descansando después de haber estado cazando en el bosque. Era inevitable me diese sueño poco después de ingerir grandes cantidades de alimento.
-Los rumores se acercan de pueblo en pueblo-. Abrí los ojos, dicho comentario cumplió con eliminarme cualquier pizca de sueño. –Y cada vez inventan más monstruosidades, que por cierto, rozan en lo absurdo-. Gire sobre la cama quedando con la vista fija en el techo.
-¿Ahora que se inventaron?-. Suspire.
-El último rumor es que masacramos a las monjas de un convento; que extraje hasta la última gota de sangre, devoraste inclusive los huesos y nos apareamos salvajemente donde solían orar-. No sabía si reír o llorar.
-Realmente tienen una imaginación demasiado activa y perturbadora-. Gire apoyándome en el costado derecho. -¿Qué tal la lectura?-.
-Muy gratificante-. Coloco un separador entre las páginas, cerro las pastas y deposito en una mesita el libro. Abandono el sitio en el sofá, sentándose en el borde de la cama junto a mí. –Un día dejaran de inventar rumores y solo seremos un cuento para los niños-. Dicho de esa manera resultaba ser muy curioso, éramos reales, completamente reales en todo el sentido de la palabra y nos tacharían de ser solo un cuento.
Me distraje pensando en ello por lo cual me tomo de sorpresa el beso de Natsuki. Movía los labios lentamente dejándome saborearle. Se fue posicionando encima de mí, colocando las piernas a los costados de las mías. –Como adoro me hagas tuya-. Tenía que decírselo, con ella no me gustaba guardarme ni un solo pensamiento.
-Y yo adoro me permitas hacerte mía-.
AÑO 1889, 11 DE DICIEMBRE
Cuando los años pasaban era una sensación de satisfacción. Tres años atrás dejamos el pueblo en que residíamos; los rumores divulgaban de boca en boca, esparciendo terroríficas historias de una vampiresa poseedora de ojos verdes y una loba castaña. Forzadas a dejar el sitio pues no era opcional ni cambiar el color de ojos de Natsuki ni el de mi cabello. Marchando de pueblo en pueblo, conociendo tierras que no pensaba llegar a avistar. Cada vez más lejos de nuestro punto inicial.
Nos cubría la noche, desgraciadamente desconocíamos que pronto amanecería. Por cuestión del destino perdimos los cálculos del tiempo, por cuestión del destino caminábamos con la arena bajo nuestros pies. ¿Cómo terminamos ahí? También desconocíamos la razón de eso, sencillamente ahí estábamos, en terrero alejado de la manos de dios.
En medio de pleno desierto, aun a considerable distancia de la cueva que serviría para resguardarnos. Tenía hambre por montones y nada de comida entre mis pertenencias; en aquel silencio que solo era interrumpido por la fría brisa que recorría al desierto por la noche, se escuchaba el rugir de mis entrañas.
Los sucesos se nos volcaron en contra, maldije por lo bajo a la situación, en el distorsionado horizonte avistaba lo que sería gran tormenta de arena y se aproximaba con espeluznante velocidad.
-¡NATSUKI!-. En otra parte del horizonte visualice lo único peor que la tormenta de arena. Las primeras luces del amanecer. -¡EL AMANECER!-. La tranquilidad se esfumo por completo. El alma se nos caía y yo palidecí. La cueva aún se encontraba demasiado lejos, incluso peligrábamos en que fuese solo un espejismo del desierto.
Retire rápidamente mi capa, -¿¡Qué haces Shizuru!?-. Me despojaba de mi ropa a velocidad vertiginosa.
-Entrare en fase-. No espere a que me respondiera. Bajo los efectos de la presión y desesperación realice el cambio en cuestión de dos parpadeos. Natsuki entendió a la perfección y tomando nuestras cosas subió a mi lomo. Emprendí carrera, exigiéndole a cada uno de mis músculos que diesen todo de si e incluso más. Ella se aferraba estrechando mis cabellos entre sus dedos.
La tormenta de arena nos pisaba los talones, prefería ni pensar en los rayos del amanecer. Deseaba Natsuki se aferrase a su capucha firmemente. Podía sentir la arena entibiándose bajo las patas, provocándome bombeasen los nervios ya que eso significaba el sol estaba por mostrarse enteramente. Sentí ella agacho el rostro apegándose a mi pelaje en busca de protegerse. Me alteraba escuchar como el árido viento sacudía su capa, buscando arrancársela. ¡No! ¡Eso no debía suceder! Acelere arriesgándome a desgarrarme los tendones de mis patas.
Maldije cuando mi panorama se encontraba iluminado y lo cueva aún lejos de nuestro alcance. Gruñi furiosa conmigo misma por ser incapaz de ser más rápida.
Y entonces sucedió. Inexplicablemente, la capucha de Natsuki salió volando…
No me linchen por dejarlo ahí, ¡yo los amo!
