Titulo: El destino.

Summary: Después de más de diez años de no reunirse los elegidos son reencontrados gracias a las últimas personas que imaginaron… sus hijos.

Disclaimer: Ni Digimon si sus personajes me pertenecen y hago esto sin fines de lucro.

Nota: Hola a todos los que leen este capitulo:D muchas gracias por los comentarios.


Capitulo 4. El temperamento de los rubios.

-¿Quién es la niña esa con la que te vi todo el día, primo? –preguntaba una niña rubia de cabello corto y preciosos ojos azules.

-Es mi nueva amiga, Hanami-chan. ¿Tú hiciste amigas? –preguntó su primo mientras los conducía hasta el edificio donde los tres vivían.

-Por supuesto que sí, Reiki…

-Es una suerte que tío TK se haya venido a vivir al mismo edificio que papá. –decía un animado Ayako.

-Sí, es que hace tiempo que papá quería buscar otra casa. –afirmó Reiki. –Siempre decía que en la que vivíamos había muchos recuerdos de mi mamá.

Ay asintió con la cabeza.

-¿La extrañas, primo?

-¡Ay, eso no se pregunta! –le reprendió su hermana mayor.

-Es que nosotros llevamos nada mas tres días viviendo con papá y yo ya extraño a mi mami. –se quejó Ay.

-Debiste quedarte con ella. –comentó Hanami sonriéndole a su hermano menor. –Aún eres pequeño.

-¡Yo ya soy grande, para que veas te voy a ganar!

Dicho esto el pelirrojo se echo a correr a toda velocidad ante la sorpresa de los otros dos rubios que no se esperaban eso. Rápidamente lo siguieron.

-¡Ay espera! –exclamó Reí corriendo tras él.

-¡Ayako vuelve a acá!

Hanami, alterada porque su hermanito se fuera a perder en la calle o que alguien se lo pudiera robar comenzó a desesperarse y a correr como nunca antes lo había hecho en su vida rebasando incluso a su primo mayor que la observó anonadado. La niña se preocupaba muchísimo por lo que le pudiera pasar a Ay pues era de las personas que se la pasan viendo por el bien de los demás.

-¡WAA!

-¡Ay! –gritaron ambos rubios doblando a la esquina donde había provenido el grito.

En menos de un minuto se encontraron con el pequeño Ayako Ishida, en la entrada del edificio donde los tres vivían, sentado junto a una niña que le sonreía amistosamente. La niña parecía ser de la edad de Hanami, tenía el cabello castaño sujeto en una coleta con un moño y los ojos verdes.

-Hermanita me caí. –le comentó Ay a Hanami, éste tenía sus ojitos rojos.

-¡Ayako, no debiste haber corrido así! Te pudiste lastimar seriamente, o te pudieron atropellar o robar, o… o…

-Tranquila Hana. –le dijo su primo rodeándole los hombros con su brazo. –El punto es que está bien.

-Ella me levantó y me sentó aquí. –dijo Ay señalando a la castaña quien se sonrojó muchísimo.

-Eh… si. Hola.

-¿Quién eres? –preguntó Reí.

-No seas grosero, Takaishi. –le reclamó Hanami. –Muchas gracias por ayudar a mi hermanito, soy Hanami Ishida y vivimos en este edificio.

-Y-Yo soy Natsuki y también vivo en este edificio. –respondió ella balbuceando un poco.

Se notaba que era una niña muy tímida pero por el simple hecho de haber ayudado a su hermano Hanami se sentía en deuda con ella. Le dedicó una amable sonrisa y trató de ser lo mas amable posible.

-Mejor subamos, mi padre y tío Matt se preocuparan de que aún no llegamos. –comentó Reiki. –Y gracias, Natsuki de nuevo. Nos veremos luego…

-¡Si, gracias Nat-chan!

La niña se volvió a sonrojar y asintió con la cabeza apenada. Reiki subió y Ayako lo siguió de cerca pero Hanami no.

-Soy nueva en el edificio y en la ciudad… -comenzó la rubia. –Así que no tengo muchos amigos aun. Sería lindo si fuéramos amigas ¿No crees?

-Si, sería lindo… -concluyó ella después de haber asentido nuevamente. –Yo tampoco tengo amigos, soy m-muy tímida. O eso dice papá.

-Sí lo pareces.

El rojo volvió a poblar las mejillas de Natsuki.

-Eh… ¿Te parece si salimos a jugar más tarde? –preguntó Nat. –Puedes traer a tu hermanito si quieres.

Hanami volvió a asentir con otra renovada sonrisa en el rostro. Se sentía muy sola en la ciudad pues en Shinjuku tenía muchas amigas en su escuela y en su barrio pero en Odaiba apenas conocía a su tío y a su primo y aunque los quería mucho ansiaba poder tener mas amistades así que conocer a Natsuki la había hecho muy feliz

-Pero justo cuando le iba a pedir su teléfono… ya sabes la imagen de Yoriho llego a mi cabeza…

-Vamos, hermano… -masculló Yamato Ishida, reconocido astronauta mientras le palmeaba la espalda al otro hombre. –Tienes que seguir adelante, a Yoriho le daría coraje si te viera tan mal sin poder superar su ausencia.

-No creo que seas el ejemplo de cómo superar las cosas, Yamato. Claro sin ofender. –aclaró Takeru.

Su hermano arqueo las cejas pero soltó una carcajada que a Takeru le pareció de todo menos sincera.

-Puede que haya tardado mis años, Takeru. –comenzó el astronauta. –Pero ya lo he hecho.

-Pero yo no soy tú. –el escritor suspiró. –Hablando de eso ¿Cuándo se lo dirás a los niños?

-No sé. –contestó Matt. –No quisiera agobiarlos con algo que aun no es seguro, bueno aun no estoy tan entusiasmado para involucrarlos.

-Entiendo, a veces superar las cosas no es simple. –Admitió TK –Con Yori mi vida estaba completa, la quería muchísimo, hermano. Siempre supo ser una buena esposa y una excelente madre para Rei…

-¿Y la amabas?

-No me tortures, Yamato. –pidió TK. –Sabes la respuesta, claro que siempre me voy a reprochar no haberla amado como se merecía… si hubiera sabido que la vida me la iba a arrebatar así…

-Aunque no hubieras sabido, TK eso no hubiera cambiado tus sentimientos. –le replicó Ishida. –Sabes bien que tu único amor siempre será ella.

-Lo mismo podría decirte a ti. ¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿Por qué no la recuperas cuando aun puedes? –cuestionó el menor.

-Lo de Sora es pasado. –dijo Matt bajando la mirada. –No volveré a cometer el mismo error. No quiero seguir hiriéndola.

-¿No le dices que aun la amas para no herirla? –preguntó. –Hermano, tu psicología es un asco.

-Cállate Takeru que no hablábamos de mí. –se quejo Yamato. –Hablábamos de porque no le pediste el numero a la rubiecita esa del supermercado.

El escritor se sonrojó un momento y luego volvió a suspirar.

-Ah eso… las rubias no son exactamente mi tipo, Yama…

-Claro me doy cuenta. –su hermano le sonrió. –Tu tipo son las castañas no creas que no lo noté. Pero vale, hay que probar de todo.

-No sé. Te dije por un segundo vi el rostro de Yoriho y luego… luego quise llegar aquí y no volver a saber de mujeres nunca. No quiero volver sentir nada por ninguna mujer, jamás. –aseguró negando con la cabeza.

-Enloqueciste. Creo que ya hace falta aquí Patamon para que te haga entrar en razón, deberíamos llamarlos ya se tardaron mucho en el Digimundo.

-No hermano. –negó el rubio. –Primero ella…ella me dejo así como si nada, mi gran amor Yamato. Ni siquiera me dio una explicación. Me dejó y… ¡Por Dios como la extrañé! Y luego encuentro a Yori. –hizo una pausa ignorando completamente a su hermano y su explicación de porque los Digimon ya habían tardado. –Una mujer fantástica que me amó y que me dio una familia, que me hizo olvidarme de ese amor que tanto me lastimó ¿Y qué hago yo? No me enamoro de ella.

Yamato le sonrió tristemente a su hermano menor dejándolo desahogarse.

-Porque era lo obvio ¿No? –preguntó irónicamente. –Una mujer guapa, que me amaba, que me dio un hijo, que cuidó de mi siempre, una mujer extraordinaria…lo obvio era que no la amara ¿Eh?

-Eh…

-¡Sí, era lo obvio!

-Takeru…

-Cualquier idiota con medio cerebro la amaría y yo… yo no.

-TK…

-¡Y lo peor, se me muere!

-¡TAKERU!

-¡QUE!

-Papá…

El alterado rubio de apellido Takaishi se giro hasta encontrarse en la puerta del departamento de su hermano con su único hijo, su perfecta calca con ojos azules y cabello rubio despeinado aunque TK siempre creyó que su personalidad era también muy parecida a la de su fallecida madre, bromista, escandaloso y un poquitín arrogante. También se hallaba ahí su sobrino menor, Ayako.

-Eh… hola Reiki ¿Cómo te fue en la escuela? –preguntó nerviosamente su padre.

-¿No amabas a mamá?

La voz con la que su primogénito de nueve años hablo hizo que TK se tambaleara, delataba total decepción.

-Eh. ¿Ay y tu hermana? –preguntó Matt para aligerar el ambiente.

-Afuera con una amiguita.

-Vamos a buscarla, campeón y sirve que llamamos a Gabumon del ordenador de tío TK.

Tras decir esto el antiguo músico cargó a su hijo en brazos y salió del departamento escuchando el susurro de su hermano menor "Bien pudiste avisarme antes ¿No?" Yamato le fulminó con la mirada como queriendo decir "Te intente avisar tres veces, idiota" y salió por la puerta. Takeru suspiró pesadamente.

-Claro que amaba a tu madre hijo… -dijo el escritor tomando a su pequeño de nueve años de la mano y sentándolo a su lado.

-P-Pero… -titubeó el infante. –Acabas de decirle al tío Yamato que… que no la amabas. –dijo al borde del llanto.

-Si la amaba Reiki. –comentó firmemente. –Uno cuando esta estresado, molesto o triste dice muchas cosas tontas.

-Papá… -murmuró el rubio más joven.

-Tu madre era una mujer… increíble. –afirmó el padre del niño. –La quise muchísimo, era una amiga excepcional y…

-¿Una amiga?

-Reiki hay cosas que aún no entiendes, eres muy joven.

-¡No soy muy joven para entender que no la amabas! –bramó con furia.

-Rei Takaishi, no me alces la voz de esa manera. –le ordenó Takeru con autoridad. –Tú no sabes nada de mis sentimientos. A tu madre la quise demasiado y su muerte me… me está matando.

Cuando el niño fue consciente de lo que había pasado su padre ya estaba llorando con la cara escondida entre sus dos manos. Reiki se sintió morir. Había hecho llorar a su padre, cuando Yoriho murió ambos se prometieron estar siempre juntos sin importar que y cuidarse el uno al otro, sabían que tendrían que estar más unidos que nunca y ahora el estaba incumpliendo la promesa.

-Perdóname, papito. –le rogó su hijo abrazándolo, cuando escondió su carita en el regazo de su progenitor se puso a llorar también.

-No hijo, perdóname a mí. Por confundirte al decir esas cosas. –pidió Takeru. –Pero quise a tu mamá Rei, y tú fuiste criado con amor y en una familia.

-Si, lo se. –murmuró el niño. –Yo tampoco se lo que digo a veces.

-Te quiero hijito…

-Y yo a ti papá.

Mientras tanto en la calle Yamato iba de la mano de sus dos hijos, Hanami llevaba una pequeña sonrisita en el rostro y a su Yokomon en brazos, si algo amaba de vivir con papá ese era el hecho de que jamás les negaba algo y ese día no había sido la excepción, bastaba con que ella y Ay empezaran a quejarse y a pedir que los llevara a comprar caramelos para que Yamato cediera.

-Papi que ricos dulces compraste. –se alegró el pequeño pelirrojo. –Me gustan los de chocolate y a Tsunomon también.

-¡Si Ay!

-A mí me gustan los de cereza, papito.

-Claro, porque eres igual a tu madre. –recordó el rubio. –Ella ama los de cereza…

El sonido del teléfono celular del padre los sacó de esa trivial conversación.

-Eh niños siéntense aquí, contestare la llamada. Gabumon te los encargo –pidió el astronauta mientras sus hijos obedecían y tomaban asiento en una banca. –Hola.

-Hola, cielo. –saludó una voz femenina por otro lado de la línea.

-Eh… eres tú.

-Si soy yo, cielito. –contesto la mujer. -¿Estabas ocupado?

-Con mis hijos. –respondió el rubio aparentemente nervioso.

-Oh ¿Cuándo podre conocer a los angelitos? –indagó.

-No estoy seguro, Minami. –dijo.

-Llevamos más de tres meses viéndonos, Yamato. –le recordó ella. –Creo que ya es tiempo que me involucres un poco más en tu vida. Y eso incluye a tus hijos.

-Es que aun no les he dicho nada, Minami.

-Pues deberías empezar, cielito. –sugirió ella. -¿Qué te parece si hacemos una cena en tu departamento el domingo?

-No estoy seguro…

-Está decidido. Llegare a las siete, nos vemos cielito.

Yamato cerró el celular con los nervios de punta. ¿Por qué era que esa mujer no entendía lo que NO significaba? Aun no estaba seguro de querer comentárselo a Hana y a Ay. Sobre todo a la primera, Ay aun era muy pequeño pero Hanami no. Sabía que contárselo a ella era prácticamente contárselo a Sora y tenía demasiado miedo de avanzar. Por una razón seguía estancado pensando en ella y esa razón era el amor que aun le profesaba…

-¿Quién era papi? –preguntó Hanami.

-Una amiga. –respondió el rubio nervioso. Era ahora o nunca. –Me gustaría que la conocieran un día de estos…

Ayako se sorprendió pero Hanami ni siquiera disimulo su desagrado ante la noticia. Gabumon, que ya se imaginaba las intenciones de su amigo humano le sonrió dándole apoyo.

-No gracias papi, los papás como tú no pueden tener amigas sólo novias. –dijo Hana con una seriedad envidiada por su padre.

-¿Qué quieres decir, hijita?

-Que nos quieres presentar a tu novia, papá. –le respondió secamente.

-No es así…

-Hanami, escucha a tu papá. –pidió Gabumon.

-Eso quiere decir que… ¿Ya no volveremos a vivir juntos los cuatro? –preguntó Ayako al borde del llanto.

-No Ay. –contestó su hermana. –Nunca, jamás. ¡Ya no estaremos juntos nunca! –exclamó corriendo hacia el edificio con Yokomon en sus brazos.

Yamato la vio subir hasta su piso y dejo salir una resoplada. Si su hija no fuera tan parecida a Sora y a él de pequeños… era por eso que Yamato podía entenderla tan bien. Tenía su tenacidad e independencia, la madurez de Sora, su preocupación por los demás y también su terquedad en algunas ocasiones, sin duda heredó el carácter más sociable de su esposa, aunque esas reacciones impulsivas solo podían ser atribuidas a él mismo.

-¿Lo que dijo mi hermanita es verdad, papi? –preguntó con inocencia Ayako.

-Ya hablaremos más tarde hijo. –aseguró el astronauta. –Ahora hay que ir a buscar a Hana-chan y a tu tío TK.

Cuando Yamato entró a su casa su primogénita estaba a punto de salir por la puerta.

-¿A dónde vas, hija?

-A jugar a fuera con Yokomon. ¡Vamos Ay! –tomó a su hermanito de la mano y se fue, Tsunomon los siguió.

Yamato se dejo caer en el sofá y bufó.

-¿Qué paso, hermano? –preguntó Takeru. –Simplemente entró hecha una furia, dejó una bolsa de caramelos y se fue

-La he cagado, TK. –soltó Ishida escondiendo su cara entre sus brazos y ahogando un grito de desesperación.

Hace mucho que algo no le salía como él deseaba.


Nota Final: Y aqui acaba el capitulo del día de hoy. Pobresitos de los hermanos Ishida/Takaishi no les hago la vida nada simple a ninguno. Bueno, conocieron a Natsuki quien pronto entablara una linda amistad con Hanami. Ademas de que Minami, la novia de Yama, hizo su aparicion (telefonica) y ya hay plan para una cena familiar.

El proximo capitulo es uno de mis favoritos, hacen aparición dos nuevos personajes y tambien veremos un reencuentro de dos viejos amigos. (En realidad eso lo veremos mucho en el fic, pero bueh, se entiende) Ademas el proximo capitulo me quedo algo largo asi que si no quieren que sea tan pesado y prefieren que lo divida en 2 haganmelo saber :D

Saludos!