Capitulo 4.

- Ay… me quiero morir, en serio… ugh… - Sam se paso una mano por la cara y centro la vista en la pantalla del portátil en un vano intento por concentrarse en otra cosa que no fuera en los lamentos de Dean. El mayor, mientras, echaba hasta el hígado en el retrete. Efectos secundarios del tequila… - No más José Cuervo en el próximo siglo, lo juro… ¡Ugh! – el pequeño sacudió la cabeza. El también se encontraba con mal cuerpo, pero no sabia si era por la cerveza o por lo ocurrido antes de que Dean cayera KO en su cama.

No tenia ni idea de cómo sucedió… o sea, si, pero no porque se le habían cruzado tanto los cables como para meterle mano a su propio hermano. No es que no quisiera. Desde hace bastante tiempo, en realidad. Pero siempre habia conseguido reprimir eso. Hasta la otra noche. Recordaba el calor agobiante y el enfado y las ganas de discutir con Dean y la expresión tan graciosa que tenia su hermano borracho y unas ganas enormes de tocarle para volver a oírle gemir como en el jacuzzi. Recordaba todo eso y no sabia como había dejado que se le escapara de las manos.

Solo esperaba que Dean estuviera lo suficientemente borracho como para no recordar demasiado del asunto. Porque el no tenia ningunas ganas de hablar de el hasta que lo pudiera analizar todo con calma. Necesitaba tiempo para asimilar lo que había hecho la otra noche.

Cuando Dean salio al fin del baño, ya duchado y con ropa limpia, aun tenia mala cara y se veía pálido (el tequila, el tequila… mala resaca… muy mala resaca…). Gruño, quejándose de la excesiva claridad de la habitación y se dejo caer en su cama. Sam cerró las cortinas para evitar que entrara más luz y se sentó en el borde de la cama de Dean, a su lado.

- ¡Ey! – susurro - ¿Qué tal estas? – Dean estaba tumbado boca arriba, con un brazo tapándole los ojos.

- Deseando coger mi Colt y pegarme un tiro. – Sam rió. – En serio, Sammy. Coge el machete y acaba con mi agonía.

- No seas reina del drama, tío. – Dean entreabrió un ojo al notar la mano de Sam en su frente. Estaba fría y fue inesperadamente agradable.

- Tú tampoco tienes buena pinta. ¿Te pasaste con el malibu con cola, Samantha? – el pequeño frunció el ceño. Ni así podían dejar de discutir como crios.

- No dormí demasiado. Y fueron cervezas, tío.

- Pues yo pienso pasarme el resto del día durmiendo, porque esta mierda de caso no tiene ni pies ni cabeza, ¿sabes? Así que paso. Hoy no pienso hacer nada de nada. Y tú deberías hacer lo mismo.

- Si, luego… - Dean se movió y palmeo la cama.

- No, ahora. – Sam parpadeo confuso.

- ¿Ahí? – pregunto, señalando el sitio vacío en la cama.

- Tío… me duele demasiado la cabeza como para discutir contigo. Y se que si quiero que te vayas a dormir un poco y descanses, voy a tener que pelear contigo al menos una hora. Así que, si. Aquí y ya. – el pequeño comenzó a protestar, diciendo que se iría a su cama, pero Dean le corto con un gesto. – Y sin peros, Sam. Venga. No seas nena. – tiro de la manga de su camisa hasta que consiguió que se echara a su lado. Sam se dejo porque tampoco se encontraba bien, porque Dean tenía razón en lo del caso, porque también tenía sueño y porque no quería discutir ese día. Se le pasó por la cabeza que eso no era lo más inteligente en ese momento y más si quería pensar con claridad lo ocurrido la otra noche. Pero estaba tan cansado… y en la cama se estaba tan cómodo… que decidió mandar todo ese asunto al diablo y dormir. Ya lo pensaría todo cuando estuviera más despejado.

Continuara...