De nuevo mil disculpas por hacerlos esperar, como algunos sabrán me lastimé un hombro y no podía escribir (prácticamente tenía todo el brazo inmóvil), además de que tuve exámenes y bla, bla, bla, ya no importa.
Este capítulo lo escribí en tres días así que ¡merezco un premio! Ok no. La verdad es que siento que quedó medio rarito (como la escritora), además es el capítulo más largo que he escrito para esta historia, y, creo que la narración esta algo pesada o confusa, no sé. Ustedes lean y juzguen, son libres de hacerlo.
Aclaro, este capítulo tiene algunos pequeños saltos en el tiempo pero todos corresponden a un mismo día (lo sé, extremadamente raro)… En fin, no los detendré más (de seguro nadie lee esto). Nos leemos al final.
Disclaimer: How To Train Your Dragon no me pertenece, obviamente. Es propiedad de Dreamworks Animation SKG y Cressida Cowell.
Nota: Este fic participa en el reto anual "Vikingos sobre la espalda de dragones" del foro "Academia de dragones". Así mismo es continuación de los shot's escritos por esta servidora: La Ultima Del Clan y El Heredero De Un Reino Caído, así que, si no los han leído, los invito a hacerlo ya que ahí es donde comienza la historia ;)
Palabras: 3,372
CAPITULO 3
Devastación, era la palabra que describía a ese lugar que había sido construido con paz y unión.
Ahora ya no quedaba nada, nada con lo que pudiera demostrarse lo que alguna vez fue más que con vagos recuerdos.
Después de la inminente derrota en manos enemigas el reino fue invadido por aquellos que habían atacado en primer lugar, se apoderaron del lugar autoproclamándose los dueños y esparciendo el temor por todas partes. Berk ya no era lo que antes fue, y, tal vez, jamás lo volvería a ser…
El reino entero se encontraba preso de terror por lo que pudiera ocurrir a partir de ahora, pero bien sabían que nada podían hacer. Los pocos supervivientes Hooligans habían sido encerrados y esclavizados, algunos habían logrado escapar, otros con menos suerte fueron capturados; la aldea principal, conocida como la Ciudad Hooligan, ahora era un lugar en ruinas, desierto y devastado. Solo las aldeas inferiores, las más apartadas se habían salvado de la destrucción que había ocurrido internamente en el reino, pero eso no significaba que no les hubiera afectado, pues los hombres del nuevo rey los vigilaban de cerca y a todo aquel que desobedeciera lo que este decía lo encerraban o, si consideraban que lo que hacían era una traición, los asesinaban…
En poco tiempo Berk se convirtió en el mismo infierno, ya nadie estaba a salvo, y ni siquiera los reinos vecinos se atrevían a intervenir, todos le temían al nuevo rey pues no solo se había apoderado del reino más fuerte del archipiélago, sino que también del mismo archipiélago al haber sembrado el temor en todo y en todos.
A pesar de todo esto aún había quienes seguían teniendo fe y esperanza, pues los rumores de que su heredero posiblemente se había salvado habían llegado a los oídos de todos, era eso lo que iluminaba sus rostros, sabían que, si realmente estaba vivo, él los salvaría y ellos estarían dispuestos a seguirle tal y como lo hicieron con su antiguo líder. El pueblo de Berk solo necesitaba alguien a quien seguir, alguien que los protegiera, y ellos tenían fe de que ese alguien pronto regresara…
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A las afueras del reino, una pequeña aldea era atacada por uno de los escuadrones de guerreros del nuevo rey. La injusticia era algo que ahora se vivía en Berk, y eso era justo lo que ocurría en ese pequeño lugar.
Como siempre, los hombres de Drago rondaban por todas las aldeas vigilando de cerca a sus habitantes y, si encontraban algo que le "disgustaba al rey" se hacían cargo de ello. Destruían todo por diversión, golpeaban a quienes se defendían fueran hombres, mujeres o niños.
Por suerte había quienes no aceptaban ni permitían esas injusticias, y es que solo alguien lo suficientemente valiente, o loco, se atrevería a encarar a los hombres del rey; por eso estaban ellos ahí.
Desde que la Ciudad Hooligan cayó en manos de Drago ellos habían estado viajando de aldea en aldea ayudando lo más que pudieran, ocultándose de todo y de todos. Defendían a quienes eran sometidos y liberaban a todos los que eran capturados en el momento, tal y como sucedía ahora…
Habían aprovechado la distracción de los guardias para liberar a un grupo de aldeanos que se encontraban amordazados ayudándolos así a escapar. Trabajaban como uno solo y se protegían mutuamente, por eso era que no podían atraparlos, por eso y porque eran realmente muy escurridizos.
—Ya conocen la ley, deben pagarle al rey por su lealtad—Demandaba el líder del escuadrón. Un hombre alto y corpulento de cabello azabache sujetado en una pequeña coleta hacia atrás. Sus ojos de color café denotaban superioridad—. Y a menos que quieran ser encerrados deben cumplir.
—No tenemos los suficientes bienes—Se atrevió a contestar un hombre de cabello canoso—. ¿Con qué mantendré a mis hijos?
—Ese es SU problema—Respondió el líder tajante—. Si no pagan serán encerrados—volvió a repetir desenfundando su espada y señalando con esta al hombre frente a él dando así la señal para ser aprendido.
Pero antes de que el pobre hombre fuera atrapado un estruendo se escuchó a las afueras de la aldea llamando la atención de todos y, seguidamente, una nube de humo denso y negro se comenzó a expandir en la lejanía.
—Vayan a ver que fue eso—Ordenó a un par de sus hombres que de forma inmediata corrieron en busca de la razón de dicho "incidente".
Al dirigir su mirada nuevamente hacia donde el aldeano se encontraba lo único que pudo ver fue a los hombres que se suponía debían capturarlo inconscientes en el suelo y al viejo hombre junto a quienes parecían ser su familia. Una inmensa ira comenzó a brotar desde su interior, tomó con más fuerza su espada y comenzó a avanzar hasta donde estos se encontraban. No sabía que había pasado, pero eso no cambiaba absolutamente nada, si tenía que hacerlo él mismo que así fuera.
—Atacar a los hombres del rey es considerado traición—comenzó a decir con forme se acercaba más hasta la familia—. ¿Sabes qué es lo que le pasa a los traidores? —Preguntó con lentitud y una mirada demente.
—Yo no sé qué les pasa. ¿Me lo podrías explicar? —Mencionó una voz a sus espaldas llamando su atención y obligándole a voltear repentinamente en su dirección encontrándose con una sombra oculta entre las ramas de un árbol.
—Vaya, creo que alguien está molesto—dijo una segunda voz con diversión sentándose junto a su compañero en una de las ramas.
— ¿Es que acaso no te gustó nuestra sorpresa?—Preguntó esta vez la primera voz señalando con su mano derecha hacia el humo que cada vez era mayor.
—Ustedes…—comenzó a decir con inmensa ira.
— ¿Lo hicimos? Sí—contestó la primer voz saltando de la rama seguido por la otra persona. — Y vaya que fue divertido—Mencionó con tranquilidad.
—Pero la diversión aún no termina—codeó su acompañante. Ambos mantenían su rostro oculto tras una capucha pero sus ojos, denotaban un brillo lleno de entusiasmo tal que se podría jurar que ambos se encontraban sonriendo, imaginándose todo lo que harían a continuación.
De forma coordinada tomaron sus armas, un par de lanzas gruesas y filosas con las cuales comenzaron a atacar en sincronía a todo enemigo que se les acercara.
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Avanzaba por los extensos corredores con dirección al lugar en donde él lo esperaba con supuestas buenas noticias, trataba de hacer que el camino fuera largo para así poder pensar en qué decirle, pues, lo que menos quería era molestar a "su majestad", no después de lo que ocurrió la última vez. ¿Qué si sentía miedo? No, claro que no. Le tenía cierto respeto, eso era todo. Aunque, para ser honestos, estar en ese lugar realmente te helaba la sangre…
Como dije antes, Berk había cambiado mucho y un claro ejemplo era la antigua fortaleza Hooligan. Ese lugar que antes transmitía seguridad e irradiaba luz ahora no era más que un lugar lúgubre. Claramente había comenzado a ser reconstruido bajo las órdenes de Drago, el nuevo rey, y una de sus primeras órdenes fue destruir todo lo que alguna vez perteneció a los Haddock.
Las cortinas, las pinturas, incluso las armas; todo fue destruido, todo lo que pudo ser usado para recordar a los antiguos reyes había desaparecido al igual que lo que alguna vez fue Berk.
Ahora, al caminar por los corredores de esa enorme construcción, no podías evitar sentir inseguridad y temor. Las paredes estaban cubiertas por enormes mantas con el símbolo del ejército de Drago Manodura y las armas y armaduras que había junto a las columnas te provocaban escalofríos. Todos los ventanales que alguna vez existieron ahora o estaban cerrados o simplemente ya no estaban donde deberían. La poca luz que albergaba el lugar se debía a unas cuantas antorchas encendidas, las chimeneas se encontraban constantemente apagadas y eso hacía que el lugar fuera aún más frio y siniestro.
Realmente ya nada era igual.
Al llegar a su destino, una enorme puerta de roble era lo que le detenía, a ambos lados de esta dos hombres con armadura se encontraban de pie y, al verle acercarse, abrieron la puerta permitiéndole la entrada.
Con lentitud y temor ingresó al inmenso salón que, al igual que el resto del lugar, era lúgubre y oscuro. En el centro se encontraba un enorme trono de mármol y, sobre este, estaba sentado un hombre fornido cubierto de cicatrices y que vestía una capa de cuero negra.
Al verlo rápidamente se inclinó haciendo una reverencia.
— ¿Qué noticias me tienes? —Preguntó con voz demandante desde su trono.
—Pues, verá…mi señor—Trató de comenzar a explicar, pero el nerviosismo hizo acto de aparición en el peor momento para el hombre azabache.
— ¡Habla de una vez! No tengo todo el día—Le interrumpió con desespero.
—Volvió a pasar, señor—dijo al fin con rapidez liberando todo el aire contenido en sus pulmones.
— ¿Qué? —Exclamó comenzando a levantarse de su trono.
—Los encapuchados—comenzó a explicar—, lo volvieron a hacer.
—Espero por su bien que los hayan atrapado—Mencionó el hombre de la capa después de un rato en silencio.
Pero el azabache no respondio, en lugar de eso desvió la mirada con temor.
—No los capturaron—más que pregunta fue una afirmación.
—N-no pudimos—confesó temeroso.
—No pudieron—repitió el hombre con voz áspera—. ¡¿NO PUDIERON?! Ustedes son más que ellos. ¿Cómo es posible que no puedan contra un par de ineptos? —avanzó a grandes zancadas hasta estar justo frente a él.
—Lo intentamos pero…
— ¿Pero qué? —Exigió una respuesta.
—Son muy hábiles—Respondió con lentitud temiendo por la reacción de su líder.
— ¡USTEDES TAMBIEN LO SON! —Reclamó tomándolo por el cuello con su mano derecha y alzándolo hasta estar a la misma altura—. Por tu bien espero que la próxima vez que vengas ante mí me traigas sus cabezas—susurró mientras le dirigía una mirada demente tomándolo con más fuerza impidiéndole el respirar—, o si no, me veré obligado a tomar la tuya en su lugar—sentenció liberándolo en el instante dejándolo caer y golpear el suelo sin contemplación alguna—. Ahora ¡márchate! Antes de que me arrepienta de perdonarte la vida.
Se levantó con dificultad frotándose el cuello disponiéndose a irse—Si, mi señor—murmuró antes de dar una última reverencia y dirigirse hacia la puerta.
—Y Eret—le llamó nuevamente logrando que este detuviera su paso y girara su rostro para observarle—, esta vez no me falles.
Asintió levemente a sus palabras y, al fin, se marchó.
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Era un nuevo día para ambos y ahora que se llevaban mejor se podían estar más tranquilos. Puede que sea una locura o que suene ridículo, pero la verdad era que, estando juntos, se sentían tan bien. Sí, es cierto que recién se conocen y hasta hace unos días atrás no se llevaban muy bien; pero las cosas habían cambiado, poco a poco comenzaban a confiar el uno con el otro y eso era algo realmente muy bueno pues ambos sabían que era justo lo que necesitaban.
Durante todo este tiempo nunca ninguno de los dos había mencionado sus intenciones con respecto a lo que harían a partir de ahora, pero ambos sabían que buscaban lo mismo, sabían bien que lo que querían era venganza, aunque suene mal eso era justo lo que deseaban. Y, por un lado, Astrid también sabía que era su deber ayudar a Hipo, pero este ignoraba ese simple hecho, aun así él deseaba que ella le ayudara, pues, aunque no lo admitiera, algo en su interior le decía que no podría hacerlo sin ella.
Dejando todo eso atrás y tratando de olvidar todo aquello que solo les ocasionaba dolor, ambos trataban de convivir un poco y hablar sobre sus vidas, aunque esto a veces los deprimía por el simple hecho de recordar todos esos buenos momentos, en especial aquellos que ya no podrían volver a repetir. Pero de lo que más les gustaba era hablar sobre una persona en específico: Thorey.
Ambos la conocieron, ambos convivieron con ella y aprendieron mucho gracias a ella. Thorey había sido alguien muy importante para ambos, principalmente para Astrid y era por eso que a ella le dolía mucho más su perdida, pero, ciertamente, le reconfortaba saber que había alguien que comprendía su dolor, pues Hipo no se quedaba atrás; él también sufría su perdida.
Mientras que para Astrid ella había sido su hermana y protectora, para Hipo había sido su única amiga y también su protectora. Les había enseñado a defenderse, les había enseñado a vivir la vida de una manera especial y única… les había enseñado tanto… El hecho de solo pensar en que ella ya no estaba les dolía, era imposible de creer, pero esa era la verdad… una verdad que ambos debían afrontar.
Por eso, tal y como ella les enseño, trataban de recordarla únicamente por los buenos momentos, reviviendo todo lo bueno que vivieron con ella y dejando atrás todo lo malo.
"Si vas a pensar en alguien que sea por algo bueno, no por lo malo"
Eran esas palabras las que les llegó a decir a ambos en varias ocasiones.
—Sabes—Mencionó después de un largo rato en silencio después de que la rubia hubiera terminado de revisar la herida de su pierna—, creo que tengo que hacer algo con respecto a esto—dijo señalando con ambas manos lo único que quedaba de su pierna izquierda.
— ¿Algo como qué? —Preguntó curiosa terminando de guardar lo que uso para limpiar la herida.
—Bueno pues, ahora que ya sanó la herida, no puedo ir por el mundo apoyándome en esa cosa por el resto de mis días—Señaló el soporte de madera con la mirada—. Estaba pensando que tal vez podría, no sé, usar algo mejor que eso.
—Vuelvo a preguntar, ¿algo como qué?—Repitió Astrid cruzándose de brazos.
La mirada que le daba justo ahora lo ponía nervioso, ¡no sabía cómo explicarse! Nunca fue bueno en eso, pero sabía que debía hacerlo o ella jamás dejaría de verle así. Se llevó una mano hacia la parte trasera de su cabeza con nerviosismo para después suspirar rendido: — ¿Tienen por aquí algún lugar en el cual pueda trabajar con metal?—Preguntó lentamente.
Ella solo sonrió satisfecha antes de tomar el instrumento que le ayudaba a Hipo a mantenerse de pie. —Ven conmigo—Le invitó a seguirle.
*O*O*O*
No sabía qué era lo que él planeaba pero, fuera lo que sea, le ayudaría. Había pedido un lugar para trabajar con metal y ella conocía el lugar perfecto, solo necesitarían ayuda para llegar hasta allá con rapidez.
—El lugar que buscas está justo al otro lado de los campos de entrenamiento—Explicó—. Sé cómo podemos llegar más rápido—Mencionó esto último con una sonrisa. Acto seguido y para sorpresa de Hipo llevó dos de sus dedos hasta sus labios produciendo un fluido silbido que se extendió por todo el campo como un eco.
Nadie dijo nada durante los siguientes segundos hasta que, en la distancia, se escuchó el ruido de algo, o más bien alguien, acercándose.
Ante la mirada atónita del castaño dos equinos, uno blanco con manchas grises y otro tan oscuro como la noche misma, aparecieron frente a él. Resultó que el "ruido" en realidad había sido el galopar de ambos animales asistiendo al llamado de la rubia.
*O*O*O*
Estaba ahí, frente a él. No podía ser cierto. De alguna forma se sentía fatal, todo este tiempo jamás se acordó de él, ¿cómo era eso posible?
— ¿Chimuelo?—Murmuró sin salir de la sorpresa. El equino al verle trotó hasta él comenzando a frotar su frente contra su rostro ansiando una de sus caricias. — ¡Chimuelo!—Gritó con alegría esta vez iniciando con las caricias que tanto le pedía su amigo.
—Así que ese es su nombre—Dijo Astrid a sus espaldas llamando la atención de ambos.
— ¿Cómo llegó aquí?—Se atrevió a preguntar.
—Yo lo traje—Dijo como si fuera lo más obvio del mundo—. Bueno, en realidad, él te trajo aquí. ¿O qué? ¿Creíste que te traje cargando yo sola?
Una pequeña sonrisa se escapó de los labios del castaño entonces justo antes de continuar con las caricias para después unir su frente contra la del caballo negro frente a él.
—Gracias—Susurró.
*O*O*O*
En ese momento no supo si se lo decía a ella o a "Chimuelo" pero igual no pudo evitar sonreír al ver que su nuevo amigo estaba feliz.
— ¿Por qué trae su silla de montar?—Preguntó de repente.
—No me dejaba quitársela, ni siquiera me dejaba acercarme a él—Reveló Astrid dirigiéndole una mirada "molesta" al caballo.
Hipo rio ante tales palabras. —Discúlpalo por eso, no suele dejar que se le acerquen extraños.
—Ah pues gracias por eso—Dijo Astrid con un toque de burla—. Vamos, ¿Qué no querías ir a un lugar en específico?—Le recordó.
—Oh es cierto—Dijo Hipo—. ¿Me llevarías amigo?—Le preguntó al equino, quien relinchó levemente y con entusiasmo.
*O*O*O*
Con ayuda de Astrid montó a Chimuelo por primera vez después de mucho tiempo separados. Ese sentimiento de libertad volvió rápidamente a él, la adrenalina y la emoción comenzó a hacer acto de aparición y hubieran aumentado de no ser por la rubia.
—Ni lo pienses Hipo—Irrumpió en sus pensamientos.
— ¿Qué?
—Conozco esa mirada, no creas que no me di cuenta—Continuó de brazos cruzados desde su propia montura.
—No sé a qué te refieres—Evadió Hipo.
—Oh pero claro que si—Insistió—. Yo ponía esa misma mirada cada vez que competía contra Thorey—Admitió—, Tormenta y yo jamás logramos ganarles. La última vez las alcanzamos, pero no pasó de eso—No pudo evitar recordar con nostalgia.
—Chimuelo y yo si logramos vencerla—Recordó igualmente con una sonrisa y la mirada perdida llamando la atención de esos ojos azules tan cautivadores—. ¿Qué dices? ¿Una carrera?
*O*O*O*
Oh no, no lo había hecho.
Debía ser firme y no aceptar, eso era lo correcto, pero… ¿Cómo podía resistirse a eso? Había tocado su punto débil, y ese era su lado competitivo. Ella jamás se negaba a una competencia, le encantaba poder demostrar sus capacidades.
Pero no era correcto…
Hipo recién se había recuperado de sus heridas.
¡NO ERA CORRECTO!
¡Al diablo con lo correcto! Necesitaba esto y algo le decía que él también.
—Una carrera hasta el otro lado del campo—Señaló rendida la dirección—. Es allá a donde nos dirigimos, el primero en llegar…
—Gana—Finalizó por ella con una sonrisa tomando con fuerza las riendas de su montura al igual que la rubia. —A la cuenta de tres…
—Uno—Dijo ella manteniendo la vista en su objetivo: la meta.
—Dos—Secundó él dirigiéndole una mirada rápida a su oponente.
— ¡TRES!—Gritaron ambos al tiempo en el que, al mismo tiempo, hacían a sus compañeros correr.
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Había sido un largo día para ambos, después de todo no todos los días podías fastidiar a los hombres del "rey", algo que realmente disfrutaban de hacer.
Ahora, siendo ya de noche, se disponían a descansar en la oscuridad de la pequeña cabaña que usaban como refugio en medio del bosque, aquel que siempre fue su hogar, suyo y de su familia… pero ahora solo era suyo…
—Aun no logro sacar su rostro de mi mente—Rio con diversión.
—Ni yo—Admitió su compañero—. Realmente fue muy divertido. Pero ahora hay que descansar.
—Cierto. Mañana podremos seguir molestando a esos sujetos—Secundó.
— ¿Y por qué limitarse a mañana?—Preguntó repentinamente una tercera voz desde la ventana más próxima alertando a ambos habitantes en la morada. —Cuanto tiempo sin verlos, chicos—Mencionó con tranquilidad ingresando a través de la misma ventana y quedando de pie frente a ellos.
— ¿Quién eres?—Preguntó uno de ellos con temor a que fuera enemigo.
Ante tal pregunta y para dejar en claro su identidad, se deshizo de la capucha que cubría su rostro acercándose a la vez hasta el fogón encendido en medio de la habitación.
— ¡¿Astrid?!—Exclamaron ambos atónitos.
—Tengo una propuesta que hacerles—Fue lo único que les dijo.
Y ya está, en serio merezco un premio por esto ¡¿Dónde está mi premio?!... Vale, me callo :P Espero que con esto pueda recompensar mi ausencia y mi incumplimiento la semana pasada. Prometo que haré lo posible por que no se vuelva a repetir y estaré actualizando cada fin de semana.
Ahora, pregunto: ¿Quiénes serán esos dos misteriosos encapuchados? ¿Por qué Astrid parece conocerlos? ¿Cuál es la propuesta que les hará? Solo diré que… Todo súper héroe necesita un súper equipo :3 ¡Es hora de reunirlos! Si no pudieron defender Berk…lo vengaran… ¡VENGADORES UNI… ok no… Perdón, soy fanática de los superhéroes XD
Bueno, mucho bla, bla, bla por hoy. Mejor pasemos a sus Reviews:
KatnnisSakura: Con todo y atraso pero aquí está jeje, espero que haya sido de tu agrado, la verdad yo no quedé muy conforme, pero bueno, ustedes son los que mandan XD Y si, Hipo y Astrid ahora deberán trabajar en equipo, poco a poco, ya veremos qué logran ese par.
Ana-Gami: Creo que con este capítulo (y mi loca revelación súper heroica de arriba XD) se dejó en claro que los demás aparecerán, deben hacerlo, el par de tortolitos necesitará ayuda, ¿no crees? La pregunta es ¿Quién será el primero en unirse al súper equipo?
UnbreakableWarrior: Me alegra que te haya gustado el capítulo anterior, espero que este también haya sido de tu agrado.
Jaguar Negro: Espero que nuevamente la espera haya valido la pena jeje, la verdad este capítulo como que no me convence mucho, pero bueno… ¡Ahora si es un capitulo largo! Igual lo corté un poquito… ¿Hipo forjó el hacha de Astrid? Yo nunca dije que sí, pero tampoco dije que no XD Ya veremos que más cosas en común tienen esos dos.
A todos los que leyeron hoy… GRACIAS
