Personajes de Mizuki e Igarashi.
Albert inmediatamente levantó en brazos a Candy, quien estaba golpeada. La subió en el auto, le ajustó el cinturón de seguridad y la llevó al centro de salud más próximo, allí las enfermeras le dijeron que esperara afuera, posteriormente le avisarían.
─ ¿Estás bien, chico? ─preguntó el médico, quien al revisarla descubrió que era mujer.
─ Sí… por favor… no le diga nada al muchacho, que está afuera, no le diga que soy… mujer… ─expresaba tragando saliva con dificultad─ se lo suplico, hágalo por el juramento de Hipócrates ─el médico, asintió.
Albert caminando de un lado a otro, se le acercó al médico apenas lo vio salir de la sala de urgencias:
─ ¿Cómo está el muchacho rubio que acabó de ingresar, tiene alguna lesión importante?
─ Le hicimos estudios de imagenología y, no se apreció nada en que preocuparse; simplemente reposo absoluto, ¿conoce a sus familiares?
─ No, es mi socio, tengo entendido que sus padres fallecieron, sólo sé eso.
─ Puede ir a descansar, mañana le daremos de alta.
Antes que el médico se marchara Albert le detuvo el paso para preguntarle con algo de vergüenza:
─ Doctor… ─le esquivó la mirada.
─ Dígame ─expresó en tono seguro.
─ Eh, esos… hombres… abusaron de él.
─ Pierda cuidado ese muchacho nadie no la ha tocado.
─ ¿No tenido sexo… ya sabe… por ese lugar?
─ No. Ahora, me retiro, tengo otros pacientes.
─ Comprendo, adelante.
Albert meditó: "¿Cómo si nunca ha tenido sexo con un hombre en su vida, puede afirmar que le gusta? Este chico está confundido. Necesita orientación".
Él pasó la noche en vela, preocupado por la salud de Andy, avisó a George, que no irían, por lo menos él por ese día. Contrató los servicios de una domestica y una enfermera para que le cumplieran el tratamiento médico.
─ ¡Listo!
─ ¿Listo, qué? ─repitió Candy contrariada.
─ Te irás a mi casa, ¡todo está listo! Mientras te recuperas y no acepto un no como respuesta, ese lugar en el que vives es peligroso, regresar sería firmar tu sentencia de muerte. En mi conciencia no estará tu muerte ─le expresó con una sonrisa tierna.
A Candy, le pareció enternecedor, sin embargo, recordó que bien su muerte no estará en su conciencia, pero la de su madre sí.
─ Es innecesario, iré con mi amigo, él cuidará de mí durante mi convalecencia.
Albert caminó hasta su cama y se sentó cerca de ella, con ojos suplicantes le dijo:
─ Comprendo tu resentimiento… por mi culpa te fuiste ese día apresurado, te traté mal. Dame la oportunidad de reivindicarme, por favor. Ni siquiera te puedes mover por ti solo.
Candy, pensó: "¿cómo le haces para convencerme, siempre, aún no queriendo?"
─ Sólo hasta que pueda desenvolverme por mí mismo, ¿de acuerdo?
─ De acuerdo, ¡vámonos! ─la cargó y la sentó en la silla de ruedas.
Las enfermeras miraron raro el gesto, intrínsecamente se dijeron: "es una lástima, ambos son guapos, sobre todo el bajito".
El edificio que habitaba Albert, era completamente lujoso, el último piso en su totalidad era exclusivo para él, al igual que el ascensor.
─ ¡Hemos llegado! Te llevaré a tu habitación.
Candy, miraba asombrada la habitación una cama enorme con edredones multicolores (rojo, verde mente, azul cielo) el monitor que cumplía función de televisor y computador táctil, ocupaba toda una pared frontal a la cama.
─ El apartamento tiene asistente virtual, puedes pedir cualquier alimento que gustes o música que desees escuchar, en automático se te concederá, se puede decir que este lugar es como: una casa mágica.
─ Ahora entiendo, porque eres uno de los hombres más poderoso del planeta, cuentas con tecnología de primera.
─ Eres el hombre tecnología, me asombras que te asombres.
Al verse cómplicemente, rieron. A las 9 de la mañana Albert, se presentó en la habitación que le asignó a Andy con una bandeja llena de frutas y sándwich tostado con queso americano fundido, jugo de naranja y cereales secos.
─ ¿Interrumpo? ─inquirió Albert con una actitud entusiasta.
─ No señor, recién le ayudé a bañarse y vestirse y…─la enfermera la miró juguetonamente─ ya tomó sus medicamentos sin protestar. Les dejo solos.
─ Gracias, señorita. En cuanto a usted jovencito le daré la comida personalmente, espero y crezcas un poco más.
─ Es un imposible, el crecimiento es hasta los 21 y yo ya pasé la raya.
─ Sea como sea estás bajo mis cuidados. Veamos películas. ─Albert encendió el televisor.
─ ¿De peleas? ─expresó Candy, sin poder evitar arquear las cejas.
─ ¿Qué más veríamos? Además te servirá para saber cómo defenderte, de aquí no te vas hasta que aprendas a golpear a 20 hombres a la vez ja, ja, ja… ─él se puso frente a ella y con tono de preocupación dijo─: no será ni la primera ni la última vez que busquen otra oportunidad de hacerte daño y…─con tono de broma le dice─: yo no estaré siempre contigo. Pregunté al médico y me informó que en tres días estarás como nuevo.
Candy tenía sentimientos encontrados no sabía si amarlo u odiarlo, ¿cómo un hombre que es capaz de hacer tanto daño, puede hacer tanto bien?
Dos días después… Albert, llegó del trabajo.
─ ¿Qué haces? ¿Por qué estás vestido de ropa de salir?
─ Me iré a casa…
─Te irás cuando estés completamente bien. Más bien ponte esto.
─ ¿Qué es?
─ Tu vestuario de entrenamiento, te enseñaré a defenderte. No te me quedes viendo, apúrate. A diario entrenaremos hasta que desarrolles músculos, niño.
Fueron hasta un salón especial de entrenamiento deportivo, ubicado dentro del mismo departamento. Albert agarró dos botellas de agua una para él y la otra para Andy, se quitó la playera y lo convidó a realizar precalentamiento físico. Candy por más que trató de ocultar su asombro al mirar los músculos bien definidos de Albert, no pudo evitar aclararse la garganta para disimular su excitación; enfocó su mente en el ejercicio.
─ No te quedes allí como lelo, acércate. Ahora, golpéame.
Esa oportunidad que Albert le ofrecía de golpearlo, no la desaprovecharía, pero antes de poder hacerlo; él ya la había volteado contra su pecho, domándola, el tenerla tan cerca de su pelvis le hizo sentir su bien contorneado pompis, le costó creer que se tratara de un hombre: "¿cómo puede tener una piel tan suave y un aroma tan delicado?". Reaccionó de inmediato y lo apartó de él.
─ Te das cuenta, que fácil fue someterte, te enseñaré a esquivar los golpes. ¿Entendido? ─Candy afirmó con la cabeza─ De acuerdo, levanta tu brazo por encima de la frente, ese será tu punto de defensa, ahora al notar que el puño viene hacia ti con tu muñeca detienes a la de tu adversario…
Los días transcurrían con normalidad, después del trabajo se iban juntos. Había nacido una hermosa amistad, al punto de Candy querer desistir de la venganza, le pareció absurda.
─ Albert… te quería decir, que Archie, es más que un amigo… ─Albert se preocupó, pensó que le diría que es su novio. Respiró hondo para no hacerle un teatrito de ira.
─ ¿Qué es? Andy, ¿cómo sabes que te gustan los hombres? Digo nunca has estado con uno, puedes estar confundido. De repente tuviste una mala experiencia con una chica, eso te lleva a creer, que eres homosexual.
─ ¿Has tenido una mala experiencia? ¿Te has enamorado?
─ Sí, la tuve y… sigo pagando por ello, creí estar enamorado de una mujer…
─ ¿Te arrepientes de ese amor?
─ Cada día de mi vida, como no tienes idea.
Candy frunció el entrecejo. El timbre sonó.
─ Abriré.
Se trataba de Elisa Legan, quien fue a visitarlo, no pasó desapercibido Andy para ella, que le resultó un chico guapo y elegante.
─Hola, busco a William ─dijo sonrojada con algo de timidez fingida.
─ Ah, te refieres a Albert.
─ Sí, a él.
─ Ya le anuncio. Aguarde un momento, por favor.
─ Una pelirroja desea verte.
─ Dile que me fui a la India, mejor que tomé el primer cohete para Marte. No deseo verla.
Andy le dio el recado a Elisa, quien no tardó en derrumbarse sobre sus rodillas a llorar, conmoviéndola:
─ Señorita, ¿le llamo un taxi?
─ Se lo agradeceré, infinitamente. No entiendo: ¿porque se niega a verme?, él me ama tanto, hizo cosas por mí, que nadie haría… en la prepa… fue capaz de acostarse con una horrenda, únicamente para que mi hermano le ayudara a estar conmigo. Lo hizo sin importarle toda la repugnancia que le causaban sus besos.
En Candy nuevamente avivaba el fuego de la rabia y desprecio hacia a él. Le acompañó a tomar el taxi y Elisa en un gesto de agradecimiento le besó muy cerca de la comisura labial como insinuándosele. De su pequeño bolso de mano sacó una tarjetita y se la entregó:
─ No dudes en localizarme para cualquier cosa… que… necesites.
─Lo tendré en cuenta.
Candy regresó al departamento con una nueva idea en mente.
─ Te debo una ─agradeció Albert con sinceridad.
─ De nada, para eso somos amigos, ¿qué tal si bebemos un poco?
Albert, se encogió de hombros ─qué más da, hoy es viernes, mañana es sábado, bebamos un poco.
Después de casi una botella de whisky de parte de Albert; Candy en lo que pudo se mantuvo sobria:
─ Y, dime Albert: ¿has sentido asco al besar a una chica?
─ Te diré la verdad, ja, ja, ja no he tenido muchas opciones y más de haber estado cinco años en cautiverio. Ahora, que lo pienso… sólo una… me dio repugnancia ─dijo Albert recordándose de Elisa, aquella vez que fue a visitarlo a los tribunales y le besó sin aviso, le dio tanto asco y más de enterarse que por su culpa habían expulsado a Candy de la universidad. Su mayor deseo era estar sin las esposas para ahorcarla. Nunca golpearía a una mujer, pero sin duda a ella la mataría por desdichada.
Andy se acercó un poco más a Albert: ─ Te confesaré algo, nunca he besado a una mujer por lo que tienes razón… no sé si realmente… soy homosexual.
─ Te lo dije, chico, ja, ja, ja debes salir al ruedo y experimentar.
─ ¿Qué tal si experimento, contigo? ─Albert se quedó enmudecido─ sé cómo te pones cada vez que me ves, siento tu excitación cuando entrenamos, aunque lo controlas, pero ya bebidos y desinhibidos podemos ir más allá ─dijo con una voz seductora (entrecortada) pasando sus labios cerca de su comisura labial y colocando su mano muy cerca de su ingle─ déjate llevar ─Albert, entreabrió los labios permitiéndole que Andy probara sus labios a su antojo, dejándose hacer, seguidamente, ella le desabotonó el pantalón y le bajó la cremallera, dejó de besarlo para descender hasta esa zona de deleite masculino, con sus labios estimuló su fuente de deseo hasta endurecerlo y sentir aquella vena palpitante cerca muy cerca de su paladar. Albert no paraba de gemir y gemir, preso del más maravilloso placer que le hayan dado antes.
─Eres maravillosa, preciosa… linda, tus labios son divinos, la más deliciosa humedad… tus ojos color esmeralda me enloquecen…sigue…reina… sigue… estoy a punto de vaciarme en tu calidez…
Sin poder aguantar más, explotó en la boca del que él en estado de sobriedad consideraba su amigo, pero ya con varios grados de alcohol en la sangre, se lo imaginaba como su Candy como la Candy que nunca pudo olvidar, ella bebió hasta la última gota de su néctar y le besó nuevamente en los labios apasionadamente, sintiendo aquel sabor proveniente de su virilidad. Entre besos y caricias él se quedó dormido.
Continuará.
Gracias a todas por sus comentarios.
Mara Hernandez, nunca me habías comentado, gracias por hacerlo, pero como ya dije antes si veo que un fic tiene pocos comentarios me voy con otro que tenga más demanda, además, yo debo trabajar para poder costear mis gastos y si veo que tiene poca popularidad me enfoco en otro aspectos, ya dije que está la terminaré (Dios mediante) y luego me voy con otra.
Chidamami, así es la vida llena de críticas.
Las amo, Dios nos bendiga.
