La conversación con su madre resultó mucho mejor de lo que Remus había esperado. Le aseguró, tal como su padre lo había hecho, que ambos estaban demasiado orgullosos de él y que esto no cambiaba en nada respecto a cómo se sentían con él.
Lo que Remus jamás habría esperado, era que Hope le expresara lo mucho que le gustaba la idea de tener a Sirius en su casa como la pareja de su hijo. Ahora Remus temería por ser avergonzado frente a su novio en formas distintas.
La actuación de Lyall no había sido tan mala como se había mofado Remus, y se lo hizo saber cuando se despidió de él la noche anterior de la llegada de Sirius.
El recibimiento que le habían dado sus padres a Sirius había sido más caluroso de lo que alguna vez podría recordar. Remus le había hecho saber al otro chico cómo habían ido las cosas con la noticia, informándole lo encantada que estaba su mamá de toda la situación. Increíble, era lo que todo había sido. Remus jamás podría haber pensado que tanto drama que había pasado por su cabeza los días anteriores, acabaría de esta manera. De verdad amaba a sus padres por cómo lo apoyaban.
Remus había notado algo extraño en el comportamiento de Sirius desde su llegada, pero no podía ser capaz de preguntar cuando estuvieran frente a sus padres. De todas formas, Sirius lograba ocultar sus emociones cuando estaba frente a otras personas, pero Remus podía notar a la perfección que las sonrisas y las miradas que estaba ofreciendo esa tarde, eran totalmente fingidas. Eso era preocupante, la verdad, y no podía esperar para estar a solas con él para saber lo que estaba pasando. Y durante el par de cartas que habían intercambiado esos días, Sirius no había expresado nada fuera de lo común.
Se habían sentado a almorzar los cuatro juntos en la mesa. La madre de Remus había preparado especialmente el platillo favorito de Sirius para recibirlo.
Habían estado charlando con naturalidad, Remus casi no podía creer lo bien que continuaba saliendo todo, y sintiéndose un poco orgulloso de lo bien comportado que estaba siendo Sirius... Al menos, hasta que finalmente habló lo que pareció haber estado rondando en su cabeza por demasiado tiempo:
—¿Por qué nunca mencionó que había conocido a mi padre? —preguntó de repente, mirando fijamente al Sr. Lupin.
Remus casi se atragantó con su comida cuando lo escucho.
¿A qué se debía esto? Se preguntó Remus.
Miraba entre a Sirius y a su padre frente a él, quien se veía tan sorprendido como él mismo se sentía.
Lyall bajó el tenedor que sostenía en su mano y se pasó una servilleta por la boca, tomándose todo el tiempo del mundo con cada movimiento.
—Entramos a Hogwarts el mismo año —dijo con tranquilidad—. No podría decir exactamente que lo conocí, Sirius.
—¿Cómo era en aquel tiempo? —preguntó el chico. Había dejado de comer también y miraba expectante al otro hombre.
—Él era... —Lyall se interrumpió a sí mismo con un suspiro.
—¿Un pedazo de mierda? —sugirió Sirius con brusquedad y Remus tuvo que darle un golpe en el brazo cuando escucho el quejido de su madre y vio el rostro de su padre—. Lo lamento...
Lyall negó con la cabeza con mucha suavidad antes de continuar:
—Probablemente Orión no me veía muy diferente a cómo vería a una persona sin magia, Sirius —le indicó—. Nunca tuve que relacionarme demasiado con él, para mi suerte. Pero sabía que no tenía demasiado respeto frente a las otras personas y era consciente de que teníamos pensamientos que definitivamente jamás compartiríamos, mientras él se encargaba de propagarlos, yo simplemente lo ignoraba. —Lyall se encogió de hombros—. No es mucho lo que recuerdo de él en ese entonces, Sirius.
Sirius asintió con la cabeza rápidamente.
—¿Pasó algo? —Remus preguntó en voz baja, aun sabiendo que sus padres estaban atentos a ellos.
—Me escribió —dijo Sirius, fijando su mirada en su plato en vez de Remus—. Se enteró sobre... nosotros. —Se aclaró la garganta y levantó la cabeza, mirando nuevamente a Lyall—. No tuvo las mejores palabras hacia usted, me temo.
—Sirius... —murmuró Remus preocupado.
—Está bien, Rem —le dijo él, intentando sonreír.
—¿Te golpearon alguna vez, Sirius? —preguntó de repente Hope, y un nudo se formó en el estómago de Remus.
Sirius se tomó un momento antes de asentir con la cabeza, pero bajándola rápidamente.
Hope dejó escapar otro quejido, esta vez de total preocupación.
—Deberíamos hacer algo —le dijo la mujer a su marido, pero Sirius los interrumpió antes de que pudieran llegar a algún acuerdo:
—No tiene importancia ahora, Sra. Lupin —le hizo saber—. Ya no estoy bajo su techo, ellos ya no tienen ningún poder sobre mí —dijo, con lo que Remus reconocía como orgullo.
—Has sido fuerte —continuó Hope, mirándolo con ternura, pero Sirius negó con la cabeza. Aun así, Hope continuó—: Gracias por venir, Sirius.
—Gracias por recibirme —dijo Sirius, finalmente sonriendo con sinceridad y Remus escabulló una mano a su lado para agarrar la suya y estrecharla con suavidad—. La verdad no habría soportado toda la semana en Grecia con los Potters; ¡son viajes tras viajes!
La familia Lupin rio con el comentario y no bastó demasiado hasta que comenzaron a charlar con mayor naturalidad, terminando finalmente su almuerzo en paz.
Remus y Sirius salieron al patio una vez que acabaron de ayudar en ordenar lo que habían utilizado en el almuerzo. Se habían sentado uno al lado del otro en un asiento mecedor que tenían en el medio del jardín trasero.
Se sentía todo tan tranquilo, pensaba Remus mientras todo lo que se escuchaba en ese momento era la suave brisa veraniega.
Remus tomó una vez más la mano de su novio.
—Lamento lo que pasó —murmuró.
—¿Con qué? —preguntó Sirius.
—Tu padre, la carta... que se enterara...
—De verdad no me importa. —Sirius se encogió de hombros, pero Remus lo conocía mejor que eso—. Bueno, estoy mejor, Moony. Especialmente ahora.
Remus apretó un poco más su mano.
—Estoy completamente seguro de que mis padres te adoran más a ti que a mí. Mucho más ahora —dijo Remus antes de reír.
Sirius rio con él.
—Cariño, eso es porque soy un encanto —dijo Sirius, con aire de superioridad, haciéndolo recibir un golpe en el brazo por parte de su novio.
—De verdad lamento que tu familia sea una mierda —murmuró Remus suavemente luego de un momento.
Sirius negó con la cabeza.
—Ellos no son mi familia —le aseguró firmemente—. Cada día se siente más como familia en casa donde los Potters —comentó.
—Eso es bueno, ¿no?
—Supongo. —Sirius se encogió de hombros—. Esperaré hasta que cumpla la mayoría de edad y buscaré mi lugar...
—Eso será un caos —bromeó Remus.
—Ten un poco más de fe en mí, por favor —le siguió Sirius, riendo, pero de repente todo se desvaneció y se aclaró la garganta—. Ustedes son mi familia, Remus.
Los dos chicos se miraron a los ojos y sonrieron. Prontamente Remus bajó su cabeza hasta apoyarla sobre el hombro ajeno.
—No sabes las ganas que tengo de besarte —dijo y Sirius pareció estar a punto de moverse para cumplir sus deseos, pero Remus negó con la cabeza—. Pero tengo el presentimiento de que mi papá nos está mirando por la ventana —dijo antes de lanzarse a reír—. No te voltees, por favor.
Sirius rio también, negando con la cabeza.
—Tu padre a veces me da miedo —admitió Sirius.
—No te imaginas de la que te salvaste al no haber visto su rostro cuando nos vio. Creo que jamás volveré a dormir tranquilo —dijo bromeando.
—Al menos me alivia que estén tan bien con esto...
Remus movió su cabeza finalmente y besó su mejilla rápidamente antes de volver a apoyarla en su lugar.
—Te quiero, Pads.
Sirius soltó su mano para pasar el brazo alrededor de sus hombros y besar su cabeza.
—Y yo a ti, Moons.
Fin.
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