Ni la historia ni los personajes son míos x.x, los personajes son de la grandiosa Stephenie Meyer y la historia pertenece a Georyiska Vanessa Causadia, es una adaptación de su propia novela, en mi perfil les pondré su link en donde tiene la novela original, sin mas que decir léanla y me nos cuentan que les pareció.
Capitulo 3.
Al siguiente día dio inicio mi primera experiencia laboral. Ser amiga del jefe -o lo que sea que fuese de Edward- me llevó a mi puesto sin siquiera una entrevista previa.
Al conocer a Rosalie me sentí intimidada. No por su capacidad laboral, más bien por su belleza. Era una chica de cabello rubio ondulado que caía más abajo de sus hombros. Ojos color azul, figura esbelta y elegante. Era una chica refinada, y entonces salió a relucir mi inseguridad. Su sonrisa era amistosa y luego de cruzar algunas palabras, la etapa de inseguridad se fue. Su nombre era perfecto para ella, Rosalie era una chica tan dulce y amable. Mi trabajo era más sencillo de lo que esperaba.
"Oh nena, no te dejes llevar por la tranquilidad del día." sonreía mientras escribía con gracia en el teclado. "Los miércoles son días lentos, muy tranquilos... los días de temer son los lunes y viernes."
"¿Por qué?" pregunté ordenando unos archivos.
"Los lunes son los días en que las personas amanecen de malhumor por que su fin de semana ha terminado y deben volver al trabajo. Los viernes son aquellos dias en que las personas desean dejar todo listo para disfrutar de su fin de semana sin presiones. Y como siempre, en esos dos días el estres aumenta para quienes tenemos el peso de complacer a los jefes."
El resto del día la pasé recibiendo instrucciones, escuchando consejos y absorbiendo cada conocimiento posible en el campo de la empresa. Me sorprendí al saber la cantidad de negocios que tenia Edward. Él estaba involucrado en asuntos de la internet, específicamente era el dueño de un buscador, tenia una empresa de contenedores, era socio de un bufete de abogados, y para ese entonces había ampliado sus horizontes en el área de los teléfonos celulares y las computadoras. Un hombre con mucha ambición. Ya comprendía porqué no tenía tiempo para nada. Honestamente, ese chico necesitaba unas vacaciones. La hora de salida llegó demasiado pronto. Había sido un día muy emocionante a pesar del movimiento lento de la oficina. Rosalie me prometió que el viernes sería un día más entretenido. Por mi parte me sentía satisfecha y en cierto punto orgullosa de mi misma. Me sentí confiada de que podria realizar mi trabajo, mejor aun, hasta disfrutaría tener uno.
Habia pasado una semana trabajando para Masen Enterprises Inc. Me sentía tranquila de mi conocimiento en el puesto que tenía. Por supuesto que algunos comentaban la llegada de una chica a la empresa sin siquiera una entrevista. Y mi amiga Rosalie -ya que eso era para mi- tan curiosa como siempre, no dejaba de presionar con su incertidumbre de cómo conocía a Edward, y más extraño aun, lo que le llevó a ayudarme tan desinteresadamente. Lo que mi amiga no sabia, era que yo tambien me hacia esa pregunta a diario, ¿por qué tantos trabajos por mi? Edward no me daba el trato que le daba a Kate o a Rosalie, y eso me hacia sentir incómoda. Su tono de voz con ellas era impasible, mientras que conmigo era dulce y atento. Quise pensar que era por ser nueva en el trabajo, además de que practicamente vivía con él.
Las semanas fueron pasando y la mejor amiga que había tenido se iba de vacaciones. Sentí mi corazon encogerse al pensar que de verdad me haría falta. Por lo menos tendria a Kate, quien tambien se había convertido en una gran compañera de trabajo. No podia quejarme en ese entonces. Tenia trabajo, en el que me sentía cómoda, vivía en un lujoso apartamento en Beverly Hills, tenia ropa para vivir más de tres años sin repetir una pieza, y por primera vez en meses me sentía apreciada y valorada más por mis capacidades, que por mi belleza. Me sentía más que una chica bonita.
Habian pasado semanas desde mi llegada a la empresa de Edward. Y a pesar de que mi vida laboral estaba encaminada, sentía deseos de una verdadera independencia. Ok, más que independencia quería un poco de distancia entre Edward y yo. No es un secreto que yo lo amaba. Y en ocasiones podria jurar que él tambien tenia sentimientos por mi. Pero entonces volvía a su burbuja y yo quedaba estancada sin avanzar pero sin retroceder. Me sentía como en el ojo de un huracán, extremadamente tranquilo por un momento, pero sabes que en cualquier momento se puede desatar la tormenta. Algo dramático, pero así me sentía.
Aun sabia pocas cosas de él. Solo una pequeña lista me recordaba todas las cosas que intuía, pero solo era eso, intuiciones. El no se abría para mi, y cada vez me sentía más frustrada.
Otra razón para mi deseo de independencia eran los celos. Ver a Tanya perseguir a Edward como su sombra me llenaba de tristeza y de celos. Algunos días me encontraba escuchando mis propios sollozos en la cama tan grande que se sentía tan pequeña. Pensaba que con el pasar del tiempo Edward vería la zorra que tenia por novia, pero él solo estaba en el limbo, como si ella fuese parte de su monotonía diaria.
No soportaba estar así, por eso ese día decidi hablar con mi jefe acerca de mi regreso a mi trailer. Solo la palabra me llenaba de escalofríos, pero si quería sentirme libre, era el único lugar que tenía para mi. Suspiré ante la idea de volver a ese lugar, pero mi sueldo no era tan grande para tener un ostentoso apartamento, asi que era la tranquilidad en un lugar miserable, o la desesperación en un lugar cómodo. Preferí la tranquilidad.
Iba directo a su oficina como toda tarde del viernes para avisar que era mi salida. Estoy segura que él lo sabia, simplemente Edward lo sabia todo. Toqué la puerta dos veces y el dijo un simple adelante. Al abrir la puerta como siempre estaba en su BlackBerry sumido en su trabajo. Ahora que sabia lo agitada que era su vida hasta sentía cierta lástima por él. Siempre respondiendo llamadas sin importar la hora, viviendo con la adrenalina de cerrar un trato y salir victorioso en una inversión. Por supuesto que él tenia otras personas encargadas, pero la mayoría del tiempo él prefería atender sus propios negocios, hablar con los clientes y esos asuntos. Cuando estuve frente a su escritorio esbozó una sonrisa demasiado perfecta para mi. Sentí mi corazón acelerar su latido y el rubor crecer en mis mejillas. Intimidada y avergonzada por el efecto que él causaba en mi, bajé la mirada al suelo. Edward comprendió que debia decir algo y me hizo señas de que esperara y otra vez me sonrió. Por esa sonrisa esperaría milenios. Avergonzada nuevamente bajé mi vista a mis dedos.
"Sí, perfecto... El contenedor debe estar pasando por el canal de Panamá a las dos de la tarde... Cuando llegue me avisas, ¿ok?" hubo un silencio. "Debo irme... Sí, sí, te llamo luego." hizo un enorme suspiro que me indicaba que estaba exhausto. Era tan lindo cuando cortaba cualquier llamada solo para escucharme decir que lo esperaba en casa, o simplemente preguntar si nos iríamos juntos. Tuve que armar todo mi valor para decirle lo que sabía me partiría el corazón.
"Edward, creo que es hora de volver a casa." dije claramente torturada. Yo misma podia sentir el peso de mis palabras en el ambiente.
"Aun no puedo, Bella... Debo ojear unos informes y unas cuentas que tengo pendientes..."
"No, no has comprendido..." dije susurrando.
Su mirada era cautelosa, intrigada y en cierto punto confusa. Una "O" se formó en sus labios y su mirada denotaba un sentimiento que no reconocía. "Ya veo..." fue lo único que dijo.
"Creo que es más saludable si regreso al trailer, en especial para Tanya... Si no deseas que tu prometida tenga un ataque de rabia." intenté bromear un poco, pero mi voz salió apagada, vacía.
"¿Cuándo?" preguntó volviendo al Edward impasible. Odiaba cuando escondía sus emociones de mi.
"Hoy mismo," dije en un suspiro, intentando contener las lagrimas que gritaban por salir de mis ojos. "Hablé con Yorkie, le pedí el favor que llevara el Nissan al departamento para poder llevar mis cosas a mi casa." dije con mi voz carente de emoción.
"Bien... Suerte." fue lo que dijo mirando los papeles. ¿Suerte? ¿Eso era todo lo que diría?
"Gracias por todo, Edward, has sido un ángel para mi..." dije sintiendo que era mi despedida. Hasta cierto grado lo era, porque extrañaría cocinarle los dias que la señora Sue debia ausentarse. Extrañaría ir a buscar un vaso de jugo y verlo sentado en el taburete del desayunador. Extrañaría preparar su sandwich de mantequilla de maní para hacerlo sentir mejor en esos dias cuando estaba estresado. Cosas insignificantes pensaran, pero para una mujer enamorada, por primera vez, como yo, eran pequeñas cosas que nunca olvidaría. Momentos en que esos gestos lo hacían feliz, y lo hicieran olvidar cualquier problema que mantuviera a mi ángel triste.
Suspiré con resignación. "Que tengas un buen fin de semana." dije recordando que él tenia una fiesta de caridad a la que debia ir al día siguiente.
Di la vuelta y emprendía mi camino a la salida cuando su voz me tomó por sorpresa. "Bella," giré para verlo, sus ojos y su voz denotaban urgencia.
"¿Sí?" pregunté totalmente sorprendida por lo voluble que podia llegar a ser.
"Que tengas buen fin de semana... Nos vemos el lunes..." dijo bajando la cabeza para encontrarse con su trabajo. Suspiré y fui lentamente al estacionamiento a esperar a Yorkie, él debía llevarme al ultimo día que pasaría en ese cómodo apartamento.
Recogí mis cosas con nostalgia. Tanto había pasado en tan pocos meses. Había descubierto que sí era capaz de amar, que era capaz de sentir por alguien más que solo un simple interés. Había descubierto sentimientos nobles en mi. Además de virtudes como la paciencia y la sinceridad. Recordé la primera vez que vi a Edward, pocas horas antes de ese encuentro yo me burlaba de las pobres estúpidas que creían en el amor, y en el príncipe azul dispuesto a rescatar a la doncella en peligro. Resultaba irónico como la vida ese mismo día, me dio una bofetada para hacerme entender que la pobre estúpida era yo, que por mi ignorancia a los buenos sentimientos desconfiaba de ellos, poniendo en duda la palabra amor, desprestigiando su significado y por ende su valor. Salir de ese apartamento fue uno de los momentos más difíciles de mi vida. Sé que al descubrir el amor me volví tan patética y dramática como lo que una vez me pareció extremista, pero al cerrar la puerta sentí como mis esperanzas de conquistar a Edward se alejaban. Se convertían en solo deseos inalcanzables. El era un hombre comprometido y yo, simplemente una pasajera en su vida. Nada más que eso, la chica que ayudó a salir adelante.
Iba al estacionamiento llevando la ultima maleta con mis cosas. Era pesada, pero era nada comparado al peso que sentía en mi pecho. Una sonrisa nostálgica escapó de mi. De verdad que la vida era impredecible... Más cuando el amor estaba involucrado.
Dicen que para amar, hay que sufrir en la vida. Creo que yo tenia mucho de eso, sufrimiento. Tenia ambos tipos de sufrimientos, físico y emocional.
Después de acostumbrarse a la comodidad de una cama king size era difícil volver al camarote. Los resortes gastados, el colchón con olor a tabaco barato no fueron los mejores ayudantes para dormir. Consecuencia: había amanecido con un dolor espantoso en todo mi cuerpo. ¡Puto colchón! Pensé en mi fuero interior.
El otro tipo de sufrimiento era ese que una pastilla no puede aliviar. Me sentía más sola que antes. Nunca me había sentido así, puede que tal vez lo sentí alguna vez, pero estaba tan ocupada cuidando que Charlie no me sacara la mierda a golpes, que no tenía tiempo para preocuparme por mi sentir. Estaba tan deprimida viendo la lluvia caer, me preguntaba qué estaría haciendo Edward. Seguramente hablando por celular, que era lo único que hacia cuando no estaba en la oficina. Tenia hambre pero no tenía ganas de comer. Igual debia ir al supermercado por algo de pasta y pollo, haría una lasaña de pollo... Solo para matar el tiempo.
Mientras me preparaba para ir de compras alguien llamó a la puerta del trailer. Por supuesto que no esperaba visitas, así que mi corazón latía algo acelerado. Tomé una bocanada de aire y abrí la puerta con mucho cuidado.
"¿La señorita Isabella Swan?" preguntó un chico un poco joven. Cargaba un paquete en la mano. Por su aspecto poco arreglado supuse que sería un especie de mensajero. Inmediatamente sentí mis músculos relajarse.
"¿Si?" pregunté aun dudosa de qué podria hacer un mensajero un sábado, a las once de la mañana a las afueras de mi trailer.
"Un paquete para usted señorita..." dijo estirando el paquete hacia mi. Lo tomé con delicadeza y parecia una especie de caja. Le di una pequeña agitada, solo para tener una idea de qué contenía.
"Debe firmar aquí, por favor..." dijo el chico acercando un papel. Sonrió ante mi reacción por el paquete.
"¿Sabe quién lo envía?" negó con la cabeza.
"No, yo solo soy el mensajero." vi como se formaba una pequeña sonrisa en sus labios. Subió a su moto y se perdió entre los demás traileres. Bueno, tarde o temprano debia saber qué era, y uno de mis puntos débiles era mi insaciable curiosidad. Cerré la puerta y comencé a sacar la cajeta del papel que lo envolvía. Sorpresa, era todo lo que tenía. Por supuesto que sabia lo que era, un celular. Un BlackBerry torch 9850 para ser más especifica. ¿Qué mierda? Pensé para mis adentros, pero mientras buscaba más a fondo de la caja descubrí una pequeña nota:
-Noté que no tienes un celular, honestamente, ¿cómo has sobrevivido sin uno?- rodeé los ojos. -Sé que me estás rodando los ojos en éste instante,- mierda que era bueno. -Tambien sé que buscas refutar mis palabras, pero ya sabes cómo soy... ¡No aceptaré el celular de vuelta!- hice un bufido... Ya veremos, dijo mi fuero interno. -Acepta el teléfono como un medio de comunicación entre jefe y empleado, ¿de acuerdo?- bueno, si lo ponía de esa manera, supongo que lo aceptaba. -Tomé el atrevimiento de configurar ciertas cosas solamente. Coloqué el número de mi iPhone, del BlackBerry, del apartamento y de la oficina. Oh, tambien apunté el número de Kate y el de Rosalie por cualquiera eventualidad. Bueno... Hice una cosa más...- ok, se supone que era mi teléfono, ¿me dejaría descubrir como funcionaba? Otra vez rodeé los ojos. -Bueno, hay algo que se llama BlackBerry Messenger, en él puedes enviar mensajes a cualquier BlackBerry después que esté en tu lista de contactos... Es un messenger como el de Windows... Ok, estoy hablando de más... En fin, me tomé el atrevimiento de colocar a Kate y Rosalie en tu messenger... Y a mi... Cualquier duda si no quieres llamar, me puedes enviar un mensaje... A la hora que sea.
Nos vemos el lunes,
Edward M.
PD: extraño tu café... El de la señora Sue no es igual...-
Pude sentir el rubor en mis mejillas cuando dijo que se había colocado en mi lista de contactos. Y más aun cuando admitió que extrañaba mi café. Sabia que notaría la diferencia, yo ponía a su café canela y vainilla. A pesar de que era un controlador obsesionado con la perfección, encontraba halagador el gesto del celular, y más el gesto de que se apuntó en él.
Lei las instrucciones que venia en la caja. Adiós al plan de cocinar lasaña, hola a mi nuevo entretenimiento... Mi primer celular.
Para ser un objeto con mucha tecnología me las arreglé muy bien. Por supuesto que no era una analfabeta en asuntos de tecnología, simplemente nunca había tenido un celular propio. Lo primero que hice -ya que Edward le había cargado la batería- fue entrar a Youtube. Busqué It Will Rain de Bruno Mars. La cancion me hacia sentir melancólica, porque a pesar de que salía el sol en esos momentos, sin escuchar a Edward por un segundo, sentía que llovía. Dejé la canción fluir en mi pequeño hogar hasta que pronto se acabó y yo estuve mirando el techo. Decidi jugar un poco más con el celular, asi que entré al dichoso BlackBerry messenger. Tenía solamente tres contactos: Edward, Rosalie y Kate. Ser obsesivo con la perfección lo hizo acomodar a mis contactos por categoría. Una era llamada Job, en él estaban mis dos amigas. La otra categoría se llamaba best friend, con Edward como unico de la lista. No sabia si emocionarme o sentirme triste. Se consideraba mi amigo, ¡Hurra! Pero, ¿y si solo eso sentía por mi? Suspiré muy fuerte dejando salir mi frustración. Cambié el nombre de Job por: My Girls, y donde estaba Edward puse My Angel. Seguí modificando y era el turno de mi profile. Tomé una foto de como estaba en ese momento -agradecida que me había arreglado para salir antes que llegara el mensajero- hice click a guardar y una imagen mía estaba en mi profile. Cambie mi nombre para mostrar por: Bella -recordando como Edward me llamaba- cambié mi estado a ocupada, iba a comprar lo necesario para una cena rápida. En mi mensaje personal escribí un simple: gracias por todo, E. a lado puse una carita de un muñeco imitando un abrazo. Puse el celular en el bolsillo trasero de mis jeans y salí rumbo al Nissan.
No quería nada complicado para la cena y pensé que una pizza congelada bastaría. La puse en el horno y por primera vez en dieciocho años me sentía cómoda en aquel trailer. Estuve tirada en un pequeño sillón por minutos solo mirando a la nada. Pensando en mi futuro. Un sonido peculiar me hizo dar un brinco del susto. Recordé qué era, mi BlackBerry. Lo había dejado en el cuarto mientras cambiaba mi ropa. Corrí a buscarlo pensando que era una llamada. Al ver la pantalla el icono del BlackBerry messenger anunciaba que tenia un mensaje. Caminé al pequeño sillón y lo abrí.
Mi corazón saltaba de alegría. Era Edward. -¿Cómo va todo? ¿El teléfono te da problemas?- sonreí, él siempre debia preocuparse de más.
-Para nada... Va muy bien... De verdad te pasaste, pero fue un gesto agradable, ¿listo para tu evento?- espere unos minutos.
-La verdad nop... Ya sabes porqué voy... Tanya está de un humor demasiado alegre... Creo que está endemoniada...- puso una carita de miedo.
Me sentí estúpida riendo al celular. -No está endemoniada, sabes que nunca fui de su agrado... Lo más probable es que haga una enorme fiesta en mi ausencia...- él puso una carita de que se estaba muriendo de la risa.
-Tienes razón... Aunque no sé por qué nunca le caíste bien... Eres irresistible debajo de esa capa indiferente...-
-¡¿Qué?!- respondí de lo más soprendida.
-Solo... Olvidalo. Nos hablamos después, debo andar de saco y corbata.- puso una carita de enfermo y no escribió más. Suspiré con fuerza al revisar su perfil. Era tan hermoso. Sus ojos verde esmeralda, su cabello cobrizo, sus labios rosas... Llevaba una sonrisa tan perfecta... El era mi ángel.
Luego de eso le envíe mensajes a Rosalie para preguntar cómo iban sus vacaciones. Reí mucho al enterarme que había conocido a un chico en New York. Ella era la típica chica que pensaba primero en su carrera y luego en el amor.
Mi noche había llegado con algo de soledad. Para ser mi primer día sola sentía que había pasado una eternidad. Fui a bañarme, coloqué mi camiseta y unos pantaloncitos cortos. Temiendo que el día siguiente fuese más aburrido que ese. Escuché un pitido y una vibración ¡Mierda, ni siquiera podia dormir hasta tarde! Me levanté desorientada pensando que era lunes y la alarma estaba sonando. Casi caigo de la cama buscando la mesita de noche, solo entonces comprendi que no estaba en la suite de Edward, y que era mi BlackBerry lo que sonaba. La luz brillante molestaba mis ojos y me costó un poco acostumbrar mi vista a la claridad del teléfono. Luego de un minuto vi el icono del BlackBerry messenger anunciando que tenia un mensaje. Me preocupé pensando lo peor con respecto a Rosalie, que tendría su cita, pero al abrir el mensaje me di cuenta que era Edward.
-¿Estás ahí?- sonreí a su mensaje.
-¿No deberías estar de juerga o algo asi?-
-¡Ya quisiera! Tanya quiso celebrar mi libertad como dice y vino conmigo... Estoy más que aburrido...-
-Umm... Te deberías acostumbrar, pronto será tu esposa...- esas palabras me sabian a hiel.
-¿Qué haces levantada a estas horas?- mire rápidamente la hora, eran las dos de la madrugada.
-Sera porque mi jefe decidió pasar su aburrimiento conmigo...- respondí sarcástica.
-¡Ups! Lo siento bebé, no creí que fuera una molestia... Te dejo dormir entonces...- genial, ya no tenía sueño.
-No, tranquilo... Creo que Morfeo decidió abandonarme por ahora...- y así pasamos la madrugada enviándonos textos. Edward se burlaba de las viejas con una mala cirugía plástica, me describió cada detalle del lugar, la comida y la música que estaba sonando. Alrededor de las cuatro de la madrugada se despidió y yo entonces no tenia sueño. Busqué mis audifonos y pasé el rato viendo vídeos en Youtube.
No estaba muy consciente de la hora, pero tenia una migraña horrible por la trasnochada. Me levanté de la cama con un dolor espantoso. Fui en busca de una Tylenol... Especialmente las que son para dormir, algo de sueño extra no era mala idea. En mi celular tenia mensajes de Rosalie anunciando que había sobrevivido a su cita y que todo estaba bien. Kate preguntaba qué haría el domingo y si quería salir con ella. Un poco de decepción me llenó al no ver mensajes de Edward, pero suponiendo la noche que tuvo, a lo mejor estaba peor que yo. Encontré mi Tylenol PM. Un poco de agua, una sopa de microondas -nada saludable lo acepto- y un buen baño mientras mi sopa estaba a una temperatura comestible. Al salir ya las pastillas me estaban haciendo efecto y me sentía muy cansada. Mi sopa la dejé sin terminar, estaba segura que unos segundos más en el sillón y terminaría con la sopa en mis piernas. Coloqué la sopa en el suelo, di vueltas hasta envolver mi cuerpo como una oruga en la manta... Y no recuerdo más nada.
Un zumbido en mi cabeza me llenaba de irritación. Luego de varios minutos de sentir el zumbido en la parte de atrás de mi cabeza, lo reconocí como la alarma del celular... Hora de levantarse. Hacia un perfecto día para una falda corta blanca, una blusa verde menta, con una correa negra en mi cintura, zapatos de tacón negro, cartera Prada Gauffre negra, con mi abrigo negro Prada. Un maquillaje sencillo, siempre algo simple: base, polvo, rubor, máscara, lápiz negro, brillo de labios. Me gustaba estar lo más natural posible. Por primera vez en años alisé mi cabello ondulado. Me gustaba como se veia, estaba más largo, brilloso y saludable. Lista para el lunes de trabajo y por mi cuenta.
Llegué a la oficina en mi Nissan. Rápidamente noté que mi auto se veia tan insignificante aparcado junto a un Mercedes y un BMW. Estar con Edward me había enseñado sobre las marcas de los autos deportivos y las comodidades de los mismos. Suspiré con la esperanza de un día manejar un coche como esos. Me di una rápida ojeada en el espejo del elevador. Satisfecha por mi apariencia, sonreí al no encontrar a la chica que meses atrás había recibido la paliza de su vida. Apreté el botón del piso treinta y cinco y esperé hasta llegar a mi cubículo. Ser amiga del director ejecutivo tenia sus ventajas. Solo me encargaba de responder sus llamadas, los clientes, los mensajes, entre otras cosas. Fue un lunes bastante movido. Edward tuvo varias reuniones para comprar unas acciones de una empresa constructora... Ese chico de verdad que no sabia cuando detenerse. Llegaron varias personas de las que tuve que hacer notas mentales para evitarle a Edward la molestia de verles. Pensé que se molestaría, pero para mi suerte dijo que era nueva en la cosa y que dentro de poco ya sabría a quienes dejar pasar, que llamadas pasar a su oficina o simplemente anotar el mensaje. Me elogió por mi vestimenta y podia jurar que se le caía la baba... Ese era el objetivo. Así es, aun no perdía las esperanzas que dejara a su estúpida prometida por mi.
Me invitó a almorzar con él, ¿y cómo decirle no a tu jefe? Me llevó a un restaurante muy elegante y como siempre a su lado me sentía importante. No solo por el trato que te dan los demás al estar a lado del multimillonario Masen, sino porque él me trataba como lo merecía, como una dama. El almuerzo duró muy poco y estoy segura que él lo resintió. Sin ninguna prisa regresamos a la oficina, donde mi buen humor terminaría. En un sillón de cuero color rojo estaba Tanya, su delicada figura sentada con las piernas cruzadas, con el rostro peor que un tomate. Ni idea que pasaba por la cabeza de Edward, su semblante ante las presiones era impasible, inescrutable. Yo por mi parte estaba de lo más divertida al verla como una víbora acorralada, pero debia mostrar clase, asi que con una sonrisa amable y la mirada inexpresiva le dije un, "Buenas tardes, Srta. Denaly." me senté en mi cubículo y me dediqué a lo mío. De verdad que Tanya echaba chispas, un poco de combustible y la chica se prende viva. Gritaba cientos de palabras que en mi vida usaría tan alto. Sí, no soy una santa en mi vocabulario, pero odio los espectáculos, y lo que ella hacia iba más allá de lo ordinario y poco elegante. Al final Edward se cansó de escucharla discutir por estupideces y la reprendió peor que a una niña pequeña. Tanya se quejaba que él no pasaba tiempo con ella, bla bla bla, y que ella solo quería hacerlo feliz, más bla bla bla. La discusión terminó cuando Edward decidió ignorar sus gritos y responder su celular. Ella esperó un rato -seguro para seguir reclamando- y al ver que él no pretendía finalizar su llamada, salió de la oficina azotando la puerta con mucha energía. Me miró por unos segundos y se acercó a mi como quien no quiere la cosa.
"Escucha muy bien zorra de quinta... Edward es mío y no dejaré que me lo quites... Puedes usar ropa prada y cosas con clase, pero la elegancia no se hace, se nace con ella... Algo que a ti te falta. Para tener clase tendrías que volver a nacer y dudo, escucha bien, dudo que en tu otra vida la obtengas,"
Sonreí con esa sonrisa que proclamaba no-pienso-tolerar-tu-mierda. "Yo no pretendo robarle nada, señorita Denaly. Pero me pregunto, ¿de verdad siente que yo soy inferior a usted? Después de todo, debe sentirse muy insegura por ésta zorra de quinta, cuando decidió venir con una advertencia." dije muy tranquila pero con un brillo en la mirada que significaba: ¡alejate, crecí en un trailer!
"Yo no temo a la competencia, más cuando es de ínfima categoría..."
"Umm..." sonreí. "Pues déjeme darle un consejo, no hay enemigo pequeño. Y no se preocupe, yo no tengo que competir por nada, al final de cuentas, no pretendo arrastrar mi orgullo por unos pantalones, como lo hacen ciertas niñas malcriadas... Yo tengo suficiente dignidad, aunque sea de ínfima categoría... No sé otras." sus ojos ardían, estaba segura que un poco más y saltaba por encima del cubículo para golpear mi rostro... Las manos me temblaban para que lo hiciera.
"Tú no eres nada..."
Sonreí. "Si no soy nada, ¿qué haces aquí aun?" dije muy divertida pero llena de cólera, vaya mezcla de emociones.
Tanya se dio vuelta demasiado enojada para ver por donde iba y tropezó con un hombre. Ni siquiera pidió disculpas por lo enfurecida que iba.
"Disculpe a la Srta. Denaly, a tenido un día difícil." dije con una sonrisa triunfante.
El hombre volteó a verme y estuvo en silencio por unos segundos. Crei que se sentía mal porque agitaba mis manos para que reaccionara y no lo hacia.
"Señor, ¿hola?" estaba a punto de llamar a Edward cuando el hombre reaccionó.
"Disculpa, yo tambien he tenido un día del demonio, ¿se encuentra Edward, Srta..."
"Swan, si gusta Isabella, soy la nueva recepcionista de Masen Enterprises Inc." dije ofreciendo mi mano como saludo.
Este la tomó y por un tiempo pensé que me la cortaría o algo, porque no la soltaba. "¿A quién anuncio?" pregunté al fin al sentir que mi mano volvía a mí.
"Mike... Mike Newton." dijo en un tartamudeo. Ok, eso era raro.
Toqué suavemente la puerta antes de escuchar el "adelante" de Edward.
"Hola," y sentí por un instante que sus ojos verdes se iluminaron, luego volvió a su mirada inescrutable. Suspiré. "El Sr. Newton está afuera."
"Oh... Sí, dile que pase." di la vuelta y entonces me llamó. "Bella, siento mucho lo de Tanya... No dejes que sus celos y sus palabras te molesten, ¿sí?"
"¿Tú... Escuchaste?"
Asintió. "Lo siento... Aunque tienes agallas eh, nadie la había puesto en su lugar de una forma tan diplomática." soltó una risita.
"Voy por el Sr. Newton, si necesitas algo estaré afuera."
Al salir me arrepentía de lo estupido de mi comentario, "estaré afuera" ¿a dónde carajo más iría?
"Sr. Newton, el Sr. Masen le espera." le di una cálida sonrisa y regresé a mi trabajo.
Eran casi las siete y ya había pasado mi hora de salida. Edward y Newton seguían reunidos. No quería interrumpir, pero era hora de irme, mi espalda me estaba matando.
"Sr. Masen, disculpe, pero es hora de retirarme, ¿a menos que necesite algo?" por favor, por favor, que diga que no, decia para mis adentros.
Edward me regaló esa sonrisa que impedía mi mundo girar.
"No señorita Swan, puede irse. Nos vemos mañana." asentí.
"Buenas noches señores." asentí en forma de saludo di la vuelta y me dirigí a buscar mis cosas.
"Srta. Swan," giré hacia él. "No olvide revisar su BlackBerry por cualquier eventualidad." asentí nuevamente y salí de su oficina. ¿Revisar mi BlackBerry? Qué mosca le había picado.
Iba camino a mi auto. Con el corazón en la boca por lo desolado del lugar, el estacionamiento estaba casi vacío. Reconocía el auto de Edward, el BMW que habitualmente usa para trabajar. Otro auto muy lujoso, si estaba en lo correcto era un Porsche -Edward había hecho un buen trabajo en sus enseñanza sobre autos- y por supuesto mi viejo Nissan. Abrí la puerta de mi auto y escuché mi nombre a lo lejos. Pegué un brinco del susto y luego vi la silueta que se acercaba, el Sr. Newton.
"Isabella, espere..." dijo agitado por la prisa de sus pasos. Mi mente pensó, ¿la cague? No era posible, así que esperé. "Disculpa, quería preguntarte algo..." me quedé como quien dice "en blanco", esperé que continuara. "¿Te molesta que te trate de tú o prefieres usted?" preguntó y yo sabia por donde venia la cosa.
"Como le sea más cómodo, Sr. Newton."
"Oh por favor, llámame Mike. Creo que así estaremos a mano cuando te llame Isabella, ¿te parece?"
Asentí. "¿Desea algo, Sr. Mike?"
Negó sonriendo. "Te dije que me trates de tú, pero bueno a lo que iba es que... Bueno me preguntaba... Pero solo si tú quieres... ¿te gustaría cenar conmigo? ¿Esta noche?" en mi fuero interno negué.
En ese momento una silueta llamó mi atención, Edward estaba abordando su BMW... Su rostro era impenetrable, pero su postura estaba tensa. Sonreí pensando que estaba celoso, tal vez un poco de celos le ayudaría a verme como yo quería.
Sonreí más de lo que debia a Mike, más coqueta de lo que soy por lo general. "Lo siento Mike, estoy exhausta, tal vez... No sé, ¿otro día?" la mirada de Mike se iluminó y yo me golpeé mentalmente por dar falsas ilusiones.
"Claro, claro... Umm... ¿Mañana?" asentí. "Entonces paso por ti a la hora de la salida, ¿a las cinco?"
"Cinco y treinta me parece mejor."
"Entonces no se hable más, mañana cinco y treinta." se acercó y depositó un beso en mi mejilla, muy cerca de mis labios. "Que tengas buenas noches, Isabella." sonrió y caminó a su Porsche para encontrarse antes en el camino a un Edward con una mirada que denotaba reprobación. Lo pensé por unos minutos, ¡Al carajo Edward! Después de todo, él tiene novia. No, esa no era la descripción adecuada, él tenia una prometida. Quizá si jugaba bien mis cartas podria terminar casada con el millonario que siempre había deseado. Sonreí a mi plan y entré a mi auto. Ese día había sido muy movido y no aguantaba las ansias de saber cómo terminaría el siguiente.
