Tres suaves golpes en mi puerta precedieron a Varys, y no pude evitar saludarlo más amablemente que de costumbre.

-La libertad le sienta bien a su carácter, mi Lord-

-Vi como tú y Phantom desaparecían juntos después del juicio, supongo que debo agradecerte a ti su aparición y disposición a enfrentarse a La Montaña- el sonrió su habitual y fría mueca. Nuevamente la Araña que yo conocía.

-Ciertamente, le dije que algunas personas no olvidábamos lo que había hecho por Desembarco del Rey. Como ya habrá asumido, yo contacté a Lady Einsenblut-

-estoy en deuda, Lord Varys, con ambos- dije, mientras terminaba de cerrar mi última bolsa- Nunca creí que estaría agradecido de mantener mi estatura- mi sentido del humor no parece ser suficiente para hacer sonreír a Varys.

-No creo que pueda pagarnos esa deuda- eso sí atrajo mi atención. Claro que lo haría, un Lannister siempre paga sus deudas- Ha sido desconocido por su familia, ya no es un Lannister, ni tiene el dinero de uno, me atrevo a preguntar ¿Qué hará ahora, mi Lord?-

-Bueno, tengo suficiente oro como para cruzar el Mar Angosto, y tal vez conseguir una pequeña casa en algún pueblo- no tenía nada solucionado, aún estaba saboreando mis primeros vestigios de libertad, ¿y qué más daba si no era rico? Una vida de paz y monotonía sonaba maravillosa después de haber vivido en este infierno tantos años.

-Un campesino, ¿quiere decirme que cree poder llevar esa vida por el resto de sus días?- mientras él hablaba, ahora con un brillo divertido bailando en sus ojos, el peso de la realidad cayó sobre mí. No soy un Lannister. Vivir como un campesino. Sonreí amargamente, de pronto la libertad no sonaba tan dulce. Lady Aradia Eisenblut. Ahora ni siquiera tenía un titulo, o una fortuna que ofrecerle a una mujer como esa. Ahí va ese plan, un objetivo perdido antes de siquiera tener la oportunidad de comenzar su búsqueda- Por mi parte, yo me marcho de Desembarco del Rey- eso sí atrajo mi atención- me han ofrecido un puesto en la Corte de Kamatayan, y me han pedido que le entregue esto- observé como retiraba un pergamino de entre sus ropajes y lo tomé rápidamente.

Varys se giró, listo para marcharse de mis habitaciones, pero se detuvo en el marco de la puerta

-Y, Lord Tyrion, nunca crea que es capaz de espiar a un espía- Sonrió, sarcástico y suficiente, mientras yo lo miraba con ojos desorbitados ante lo que estaba implicando- Si la lastimas, voy a tener que lastimarte- mantuvo su tono indiferente usual, antes de dedicarme una leve inclinación y retirarse con un suave "mi Lord".

El sabía, sabía que había oído su conversación con Lady Eisenblut –Aradia- murmuré, probando el sonido de su nombre. Que dulce sonido.

Volviendo en mí, abrí rápidamente el pergamino que aun estaba entre mis manos.

Una invitación a las Islas Kamatayan, de puño y letra de Aradia Eisenblut.

Debajo, en la ya conocida letra de Varys, algunas explicaciones:

Las Islas están selladas para visitantes. No se permite la entrada de nadie. Los que han ido no han vuelto. Siendo yo la única excepción, bajo el juramento de silencio.

Las Islas se encuentran más allá de las Islas de Verano. Es un largo viaje.

La gente que la habita aun mantiene ciertas supersticiones, provenientes de viejas religiones de oscuros Dioses, por lo que ciertos prejuicios se encuentran muy arraigados, provocando cierto rechazo y hostilidad a todo lo inusual.

Teniendo en cuenta el último punto, también debe saber que estará bajo la protección de la familia Eisenblut.

Ni siquiera tenía que pensarlo, Aradia Eisenblut iba a estar allí.

Pasada la hora estipulada, dos guardias vinieron. Uno con la usual vestimenta de la guardia del Rey, el otro totalmente de negro, en su capa, a la altura del corazón, un escudo con una espada y una rosa negra, rodeadas por una corona de laureles dorada con la leyenda "Somos la Victoria". El primero prácticamente me ordenó que me presentase en el despacho de mi padre, mientras que el segundo pronunció una profunda reverencia, sin quitarse la capucha que ocultaba su rostro y su oscura voz reverberó en la habitación, haciendo saltar asustado al otro guardia y dándome escalofríos.

-Mi Lord, fui enviado a buscar respuesta a la invitación de Lady Einsenblut, y a transportar su equipaje a la nave, en caso de que su respuesta sea positiva –

-Iré, puedes llevarte todas estas bolsas, ¿alguien estará aquí para guiarme hacia el barco?- no tenía ni idea de a donde estábamos yéndonos, ni donde se hallaba la mencionada nave. Tal vez Varys esperaría por mí.

-mi Lady ha insistido en escoltarlo ella misma, mi Lord- "Quien necesita a Varys", pensé, de pronto mucho más optimista ante la idea de la bella Aradia esperando por mí para ir juntos al barco. De pronto esperaba que Varys se hubiese adelantado y poder disfrutar de toda la atención de mi acompañante.

Con esos pensamientos, abandoné mi habitación rumbo al despacho de la Mano del Rey con una sonrisa tonta en mi rostro, que estaba tratando de esconder, hasta que me di cuenta que ya no necesitaba hacerlo. Yo ya no era parte de lo que mi hermana, tan elocuentemente, había decidido llamar "El juego de tronos". Ya no tenía que ocultarme tras una máscara, porque en un par de horas estaría en el mar abierto, rumbo a una nueva vida.

Esos eran mis pensamientos cuando empuje la puerta, entrando a donde esperaba encontrar a mi padre. Y allí estaba, con Shae extendida sobre su escritorio.

-De mal gusto, incluso para usted, padre- me reí, porque ellos esperaban verme derrumbarme por esto- no puedo negar, eso sí, ella es una buena inversión- Tywin salió de ella, y comenzó a cerrarse los pantalones, mirándome con indiferencia. Sabía que estaba decepcionado; tal vez quería verme en el suelo llorando, una pequeña repetición de aquel lejano día en el que Tysha había ocupado el lugar de Shae, con él y con todos sus soldados- mis documentos están listos, o te has distraído con tu nuevo juguete?- Shae parecía incomoda ahora, desnuda y expuesta entre nosotros, olvidada por su nuevo dueño e ignorada por su antiguo cliente, hasta que mi padre le ordenó abandonar la habitación. Mientras me entregaba mis papeles y me obligaba a sentarme.

-Ahí los tienes, perdón, anulación y desconocimiento. Has perdido lo único de valor en ti, Tyrion, tu apellido-

-Tengo que resentir eso, padre, creo que olvidas mi ingenio y mi atractivo natural- el me fulminó con la mirada, haciéndome sonreír más, solo para fastidiarlo a un nuevo nivel. Me estaba levantando listo para retirarme, mientras guardaba mis documentos en el bolsillo interno de mi capa de viaje, cuando él habló de nuevo.

-que harás de tu vida ahora, Tyrion? Difícilmente eres bueno para nada sin mi apellido y mi dinero-

-Tu preocupación por mi casi me deja en lágrimas de emoción, padre- el sarcasmo deslizándose en cada silaba- Si quieres saber, aparentemente en otros sitios aprecian mis, según tú, inexistentes habilidades- el rió, claramente poco impresionado por mis palabras.

-Antes de que te lleves la desilusión ahí fuera, déjame aclararte que catador de vinos y putas no es una profesión- bufé, aunque sin perder la sonrisa.

-dudo que Lady Eisenblut requiera mi presencia en Kamatayan para ese propósito- un segundo después Tywin Lannister estaba frente a mí, sujetándome fuertemente por los hombros.

-conseguiste una invitación a las Islas?- me revolví entre sus manos, intentando que me quitara las manos de encima- de donde la conoces?-

-suéltame, maldita sea!- dije, empujándolo lejos de mí, al fin- porque no vas a arrastrarte frente a ella un rato, y consigues tu propia invitación?-

-lo he hecho por años, sin resultado- su voz era monótona y su rostro, de piedra- y tu ni siquiera sabes lo que has ganado, verdad?- me debatí entre mi desconfianza y mis deseos de saber. El no espero mi respuesta- pocos saben. Las Islas no se incluyen en los mapas, de los pocos que oímos de su existencia, la mayoría cree que todo no es más que una leyenda. Ni siquiera se sabe la exacta ubicación. La ahora "leyenda" solo dice esto: en tiempos de guerra, la nación independiente y su inconmensurablemente poderoso ejército puede favorecer a una de las partes. Ellos son los que al final inclinan la balanza y ponen un Rey en el trono-

-Somos la Victoria- murmuré para mí mismo, recordando el escudo que portaba el guardia en mi habitación.

-Eres siempre muy afortunado, Tyrion- el suspiró pesadamente- haré un trato contigo: fija tu precio, te haré un hombre rico, no te irás sin nada de aquí, podrás comprar tu influencia y posición allá a dónde vas. A cambio, cada mes me enviarás toda la información que obtengas de las Islas- podía ver en su rostro que lamentaba desperdiciar dinero en mí, pero estaba completamente seguro de que aceptaría el trato. Mi sonora carcajada casi lo hace saltar en su sitio.

-Esa es la mujer que salvó mi vida, de ti y de tu desquiciada hija, y crees que voy a traicionarla?-

-la familia siempre viene primero-

-qué curioso! Ya no soy un Lannister! Y cuando lo era, nunca sentí que viniese primero para ti ni para nadie. Cersei y tú debieron de confundirme con un hongo, manteniéndome en la oscuridad y alimentándome mierda. Puedes tomar tu bolsa de oro ahora mismo, bajarte los pantalones y llamar a tu zorra para que te ayude a introducirla en las profundidades de…-la puerta se abrió rápidamente, Jaime con la respiración algo agitada camino rápidamente hacia mí, arrodillándose y abrazándome.

-Me encontré con Lady Eisenblut ahí fuera, me dijo que te marchas con ella- le devolví el abrazo. Jaime había sido el único ahí para mí durante toda mi vida. Este era el único Lannister al que extrañaría.

-Así es, tiempos mejores me aguardan muy lejos de este infierno, pero voy a extrañarte, hermano- él se separó de mí, buscando mis ojos al oír la emoción en mi voz. Su expresión se volvió más adolorida.

-no volveré a verte, verdad?-

-no- admití- no lo creo- el parecía querer llorar, y decir algo, pero de pronto pareció ser consciente de la presencia de nuestro padre, y se contuvo.

-Bien, no hagas esperar a una dama, Tyrion. Lady Eisenblut está ahí fuera como un guardia custodiando la puerta- cuídate- agregó, en un murmullo cuando ya estaba en la puerta. Sin girarme, continúe mi camino, cerrando la puerta tras de mí, solo para encontrarme frente a frente con la expectante mirada de Lady Aradia, que estaba sentada en el suelo, al otro lado del corredor.

-todo en orden?-

-Nunca mejor, mi Lady- ella sonrió, parándose de inmediato. Nuestra diferencia de altura completamente risible.

-En marcha, entonces- mi mortificación previa se incrementó al notar que nunca podría ofrecerle mi brazo al caminar junto a ella. Su cálida y pequeña mano sobre mi hombro dispersó mis humillantes pensamientos. Ella no me miraba, tenía su vista fija en la salida a la que nos dirigíamos, su rostro relajado, una sonrisa jugando en sus labios y la mirada cálida. No era como caminar del brazo con ella, pero el sentimiento era el mismo. Me relajé, también, disfrutando del inocente contacto, mientras dejábamos el castillo y mi pasado atrás, deseando secretamente poder tomar su mano en la mía. Solo el tiempo diría si los Dioses me concedían ese privilegio.