Hoy es domingo de capítulo nuevo :D
GreenEyesSpn: No, que va, el rollo va para largo haha ;).
Artemisav: Sam a veces es un capullo, y aún así me encanta hahah.
Gracias por sus comentarios, espero les guste la continuación.
Malditos gángsters, malditos y muy bastardos gángsters.
Y maldita la hora en la que él se volvió uno de ellos. No, maldita la hora en la que su padre lo volvió uno de ellos.
Sí, tiene que aceptarlo, le da algo (un montón) de emoción todo ese rollo. La adrenalina de enfrentarse a la muerte, viajar por carretera con los cristales abajo y rock a todo volumen, adentrarse en enormes mansiones para robar excesivas cantidades de dinero, apostar en lujosos casinos, cambiar su identidad cada cierto lapso de tiempo y arrebatar vidas, lo sabe, es un enfermo, pero lo que más le gusta de ser un maldito y muy bastardo gángster es la mirada suplicante de sus víctimas antes de jalar el gatillo y acabar con su existencia.
Estar inmiscuido en la mafia es excitante, pero esa vida sólo es buena para quien está solo, pero no, él no estaba solo, él tenía mucho que perder, él tenía "todo" que perder.
Perdió a su madre a causa de ese oficio, ha visto morir a varios de sus amigos/compañeros sin poder hacer nada por salvarlos y en más de una ocasión ha estado a punto de organizar el funeral de Bobby.
Y ahora su estúpido padre está en manos del mafioso más poderoso de América.
–Malditos gángsters– condena de nuevo con la vista perdida.
–¿Qué?– pregunta Sam confundido –¿si quiera estás escuchándome Dean?–
Dean se remueve en el sillón y voltea a ver a su hermano que está parado frente a él. Observa sus ojos multicolor y luego sus labios moverse "A ti por nada del mundo pienso perderte, a ti no." Piensa.
–¡Dean!– llama el aludido, su hermano parece estar en trance o algo.
–¿Eh?–
–¿Qué rayos te sucede? Te estoy hablando, hazme caso–
–Sam, no pienso dejar sólo en esto a John– dice en tono serio.
–Ok, si, tal vez esté algo mal– se gana una mirada severa del mayor –bueno, un poco más que algo, pero, pero Deaaan– y se parece tanto a un niño de 7 años haciendo un berrinche.
–Sammy, está más que mal dejar morir a papá– suspira –además, él me ha salvado el pellejo muchas veces.–
–¡Él te metió en todo esto!–
–Sam– reprende.
–Bueno, bueno, y a todo esto– el menor se sienta en el otro extremo del sillón, frente al rubio –¿cómo sabes que de verdad lo tienen? quiero decir ¿que tal si es una trampa de ese tal Crowie?–
–Crowley.– Corrige. –Me llamó del número de John–
–Oh– suelta Sam entendiendo todo el asunto. –Pero Dean– se talla el rostro con las palmas de sus manos en un ademán de desesperación –por fin...por fin estamos juntos.–
–Y eso no tiene porque cambiar.–
–Él querrá separarnos de nuevo.–
–Y esta vez no se lo voy a permitir, no de nuevo– y le regala al menor una mirada profunda como queriendo transmitirle toda la seguridad que le hace falta.
Sam suspira.
–Y si tan bueno es ¿porqué no se las arregla él solo para escapar?–
El mayor se pasa una palma por todo el rostro, su hermano podía ser muy terco si se lo proponía.
–A ver, Sam– se acerca un poco más a él –se supone que tú eres el chico bueno de esta familia.–
–No soy un chico bueno– dice el aludido cruzándose de brazos.
–Bueno, te doy la razón en eso– levanta una ceja y le regala una mirada seductora al otro joven –anoche me lo has demostrado.–
El castaño siente sus mejillas arder y aparta su mirada de la esmeralda, odia eso porque lo hace parecer una quinceañera virgen, y de eso no tiene nada.
Dean suelta una pequeña risa y se levanta del sillón.
–Iré a hablar con Bobby, mientras puedes darte un baño, luces fatal, y tal vez te alcance ahí– le guiña un ojo y le revuelve el largo cabello cuando pasa a su lado hacia la salida.
"Idiota" piensa el menor, pero igual decide tomar el consejo, se siente pegajoso por el sudor y entre sus piernas todavía hay rastro de...traga sonoramente y se levanta con rapidez en dirección al tocador.
Sam se quita la ropa frente al espejo y se pasa las yemas de los dedos por el pecho, su hermano le ha dejado marcas esparcidas por todo el cuello, pectorales y abdomen.
–Maldito caníbal– susurra y sonríe, no puede negar que le encantan.
Abre las llaves de la ducha y entra dejando que el agua caiga por todo su cansado cuerpo suspirando de gusto, toma el jabón y comienza a pasarlo por todo su torso, y de pronto se ve invadido por los recuerdos de los momentos que hace algunas horas pasó con su hermano.
Presiona una de las manchas moradas que tiene en el cuello y se imagina a Dean mordiendo ahí, se pasa el jabón por el pecho fantaseando con las manos del rubio.
–Dean– jadea bajito.
–Si, dime– contesta el susodicho.
Sam dio un respingo volteando a ver a su hermano a través de las puertas de cristal.
–De, yo...– se queda callado cuando ve la mirada que le dedica el rubio, verde lóbrego impregnado de lujuria.
El mayor comienza a desvestirse mientras el castaño lo observa atento. Su piel, blanca ligeramente tostada por el sol se ve alumbrada por la luz del foco haciendo sombra en cada pliegue de su piel y remarcando cada bien formado músculo.
Se deshace de sus bóxers dejando a la vista de quien lo observa con deseo, toda la extensión semi-erecta de su miembro.
–Sammy– llama con voz sensual –cierra la boca o vas a ahogarte.– Ríe.
Y estúpido Dean, hace que el menor parezca recién iniciado en el mundo del sexo.
El rubio ignora el bufido molesto de su hermano y entra al pequeño espacio (que en realidad no es pequeño, pero ambos hombres son enormes).
–¿Necesitas ayuda con eso?– pregunta el de ojos jade señalando el jabón en la mano del castaño.
–Eso depende– Sam ya no piensa quedarse atrás en todo este asunto seductivo –¿planeas ayudarme, eh, hermano?– y sabe como a Dean le prende que lo llame así –¿Le enseñarás a tu pequeño hermano como se hacen las cosas?– y sonríe grande cuando el aludido suelta un gruñido excitado y lo toma de la cintura para pegar sus cuerpos y comenzar a besarlo con furor.
Ambos jadean al contacto piel con piel mientras sus lenguas danzan al compás de su pasión.
Pasean sus manos por el cuerpo ajeno casi con violencia como necesitando sentir cada pedazo de sus cuerpos desnudos. Dean toma el jabón de las manos de Sam y se separa del beso cuando el aire es imprescindible.
–Voy a enseñarte, hermanito mío...– le muerde el labio inferior –lo que es sentir placer de verdad– el castaño suelta un gemido ante las palabras de su hermano –un placer que nadie más que yo, te hará sentir.–
Sam jadea con el frío contacto de las lozas de la pared del baño contra su espalda cuando Dean lo empuja contra ella, y a punto está de quejarse cuando sin piedad el rubio toma su erección con la misma mano con la que sostiene el jabón y comienza a masajearlo mientras que con la otra mano lo toma del cabello haciéndolo echar la cabeza hacia atrás para darle espacio a devorar su cuello.
El menor no puede más que jadear y gemir mientras empuja sus caderas contra la mano de su hermano.
El rubio se separa del cuello ajeno y se deleita observando como el rostro de Sam se desfigura de placer, ojos cerrados y boca entreabierta dejando salir los sonidos más deliciosos.
Dean se muerde el labio inferior y sonríe con lascivia aumentando la velocidad de su mano y retrocede un paso esquivando las manos del castaño que buscan hacer contacto con su miembro.
–Eh, quieto.–
–Deaaaaan.– se queja el menor.
El mayor de los hermanos deja la barra de jabón a un lado y haciendo uso de su fuerza toma ambas muñecas del pequeño y las coloca en la pared sobre su cabeza, apresándolo.
–¿Quieres más de mi, Sammy?– le dice acercándose a su oído –¿No crees poder aguantar un poco más?– y mete la punta de su lengua en la oreja del menor, ganándose un sonoro jadeo.
Como toda respuesta, Sam aprovecha la cercanía de su hermano y empuja sus caderas haciendo chocar ambos miembros y logrando arrancar un gemido de los gruesos labios del rubio.
Y es Dean el que no puede más, así que se deshace de la barra de jabón y sostiene ambas muñecas ajenas con su mano izquierda y la otra la cuela entre la espalda del castaño y la pared, haciéndola bajar hasta sus glúteos, toma la la pierna del menor y la sube a su cintura y regresa su camino hasta llegar a la entrada de Sam, presionando la punta de dos de sus dedos en los pliegues.
–¡Dean!– gime el castaño.
–¿Te gusta, Sam?– dice adentrando uno de sus dedos en aquella cavidad, y puesto que el agua cae sobre ellos, no hay necesidad de ningún tipo de lubricante.
–De...De...De– repite cual mantra el menor cuando su hermano introduce otro dedo.
–Si, Sammy, mi nombre ya me lo sé– sonríe socarronamente –te pregunté que si te gustaba.-
–Hijo de...– jadea.
–Uy, que humor.– Dean acerca su rostro al del menor y pasa la punta de su lengua por los finos labios ajenos –Si no te gusta, puedo parar.–
El rubio, con tres dedos en el interior de su hermano, los mueve de tal manera que da con el punto exacto que estaba buscando.
–¡Dean!– grita de placer el castaño buscando más contacto con aquellos dedos –¡si, joder, me encanta!– vocifera entre gemidos.
La entrepierna del ojiverde da un doloroso estirón y decide que ya ha torturado lo suficiente a su hermanito, así que saca sus dedos creando un sonido obsceno y los sustituye sin perder más tiempo, por su miembro, introduciéndose con tortuosa lentitud, sintiendo como el cálido interior lo abraza y se adapta a él.
–Tan...– suelta un jadeo –estrecho, Sammy– y se muerde los labios para no gemir cuando se enfunda por completo.
Dean siente que puede correrse con la sola expresión que inunda la cara del castaño, decide tomar una fotografía mental de eso también.
–¿Piensas moverte hoy?– molesta el menor con la respiración agitada.
–El que no podrá moverse después de esto serás tú, capullo– ambos ríen.
El rubio comienza un vaivén lento, disfrutando de la calidez y estrechez que su hermano posee, nunca ninguna mujer (ni hombre) podría compararse con su pequeño, parece que fueron hechos a la medida del otro.
–Mírame, Sammy– pide el mayor entre jadeos, el de cabello largo tiene los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás.
Sam obedece y se encuentra con la turbia mirada verde de su hermano, y joder, Dean es más sensual que los mismos dioses griegos.
El de ojos jade sostiene la pierna alzada del menor con una mano y suelta las muñecas ajenas y usa su otra mano para enterrar sus dedos en el largo cabello y atraer el rostro del menor y fundirse en un fogoso beso.
Dean se traga todos los gemidos de Sam y acelera sus acometidas, llegando más profundo en el interior de quien se encuentra perdido en algún lugar entre el universo y los brazos que le sostienen.
El rubio se separa del beso y comienza a jadear erráticamente, jalando aire a sus pulmones.
El menor mete una mano entre su abdomen y el ajeno buscando proporcionarle caricias a su miembro, pero su hermano lo detiene en el acto sosteniendo su mano y pegándola de nuevo contra las lozas.
–No...Sammy– habla entrecortadamente –córrete sin tocarte ¿sí?– le lame el cuello –quiero...quiero que sólo me necesites...a mi–
Y Sam quiere hablar improperios en contra de Dean, de verdad que quiere, pero es que está usando esa voz que le incapacita por completo y lo deshace, esa voz con la que podría decir un mal chiste o alguna bobada y aún así Sam se pondría duro al instante.
–Tan lleno de mi, hermanito.–
Entonces el rubio dirige una estocada al punto en lo profundo de su hermano y lo golpea con fuerza.
Y sólo eso bastó para que Sam se corriera a chorros en su abdomen y el del mayor, se abandonó en las sensaciones que estallaban por sus venas y contrajo su esfínter, estrujando aún más a Dean, quien sólo logra dar un par de estocadas más antes de derramarse en el interior del castaño, mordiendo la carne entre el cuello y el hombro del menor, tratando de acallar el gemido, haciéndolo sonar como un lamento. Y Sam jura que si vuelve a escuchar ese sonido se empalmará de nuevo.
–¿Porqué se han demorado tanto?– regaña Bobby al instante de abrir la puerta.
–Tuvimos un pequeño inconveniente– se excusa Dean entrando a la enorme residencia.
Sam se sonroja deseando que el mayor de los hombres ahí no se de cuenta de ello.
–Muchacho, que bueno verte.– Coloca una mano sobre el hombro de Sam y este sin pensarlo se abalanza y lo abraza. –Vaya, has crecido– ríe devolviendo el abrazo.
–Cuando terminen con su escenita me avisan– grita Dean desde la sala.
–¿Celoso acaso?– se burla el castaño separándose del abrazo, y un segundo después vuelve a sonrojarse –por Bobby, ya sabes, o sea...tú y yo, nah, él– el menor ya no sabía ni que excusa poner y optó por dirigirse a la sala con los ojos en el piso para evitar la mirada de quien soltó una pequeña risilla.
Los tres hombres comenzaron a discutir el tema de como demonios harían para encontrar a John, y más complicado aún, como lo rescatarían de las manos de Crowley y sus secuaces. En eso estaban cuando Bobby notó algo inusual.
–Hijo ¿no tienes calor?– preguntó observando con el ceño fruncido la enorme bufanda que el menor de los Winchester traía enroscada en el cuello.
Y Sam ahora sí que tenía calor, por lo que se levantó torpemente del sillón y corrió al baño.
–Ahora vuelvo– se excusó.
Dean observó a su hermano marcharse deleitándose con su enorme figura dando pasos torpes y se mordió el labio inferior mientras sonreía orgulloso de todas y cada una de las marcas que llevaban su nombre y que Sam trataba de ocultar.
El ojiverde estaba tan perdido en sus ensoñaciones que no se dio cuenta de que el hombre de canas lo veía con expresión severa, cuando volteó hacia él, recuperó la compostura y se aclaró la garganta.
–Yo...amm– se rascó la cabeza nervioso –sigamos con el caso ¿vale?–
–Te veo muy tranquilo ante toda la situación.–
Sam iba saliendo del baño cuando escuchó que su hermano hablaba en susurros, así que se pegó a la pared para que no le vieran.
–No van a matarlo Bobby, me quieren a mi–
Al castaño le dio un vuelco el corazón cuando escuchó las palabras de Dean.
–¿Cómo estás tan seguro de ello?– cuestionó el hombre mayor.
–Todo el dinero que le hemos robado todos estos años a los bastardos esos– dijo refiriéndose a los grandes de la mafia –está repartido en diferentes cuentas bancarias que yo cree– y de nuevo esa sonrisa orgullosa –y sólo yo tengo conocimiento de los bancos en donde se encuentran y las contraseñas para acceder a ellas, justo aquí– se señala la sien.
Y Bobby no puede negar que le asombra aquello.
–¿De cuánto dinero estamos hablando, chico?–
–Cinco millones, repartidos en cinco cuentas–
A Sam se le fue el aire.
–¡¿Qué?!– vocifera el de canas.
–Calla, Bobby– advierte el rubio.
El castaño entró a la sala como si nada.
–¿Qué pasa?– pregunta con fingida inocencia sentándose al lado de su hermano.
–Nada, Sammy, discutimos como salvarle el culo a papá– contestó el de ojos jade recargándose en el respaldo del sillón y cruzando las piernas reflejando total seguridad.
Bobby tomó una pequeña libreta de la mesa de centro y comenzó a anotar algo en ella.
–Tomen– ordena arrancando la hoja en donde escribió y ofreciéndosela a los chicos.
–¿Qué es esto?– es Sam quien la toma.
–Una dirección, vayan ahí, ya he avisado que van de mi parte– se levanta y camina hacia la puerta de la entrada seguido de ambos Winchester –hablaré con mis hombres para conseguir apoyo.–
–Gracias Bobby– dice Dean saliendo de la casa.
–Gracias Bobby– repite el menor siguiendo a su hermano.
–Y no quiero más "pequeños inconvenientes"– asevera haciendo reír a aquellos chicos por los que daría hasta la vida.
Tardan más de lo esperado en llegar porque "Maldito lugar, está perdido de la mano de Dios" "Bobby nos mandó al jodido «nunca jamás»" "¿En dónde coño estamos?" había dicho Dean golpeando el volante repetidamente. Y porque "Hey, no te estréses...yo puedo ayudarte a tranquilizarte, si tú quieres" había insinuado Sam acariciando la entrepierna de su hermano cuando estuvo harto de su mal humor.
Y vaya que lo calmó...
El Impala recorre el terreno entre los árboles, al parecer están en algo así como un bosque, el rubio detiene el auto en frente de una cabaña y apaga el motor.
–Creo que es aquí– señala mientras baja del coche, hojas secas crujiendo bajo sus botas.
El castaño baja detrás de él y se acercan a la puerta de entrada analizando el lugar, la madera de aquella cabaña está tan roída que parece que en cualquier momento la estructura se vendrá abajo, Dean levanta su puño algo dubitativo entre si tocar o no.
La puerta se abre en ese momento.
El hombre es alto, no como ellos, pero considerablemente alto. Tiene puestos unos jeans de mezclilla negra que se ciñen perfectamente a sus bien tornadas piernas y están sujetos a su cintura con cinturón con hebilla en donde puede leerse con claridad "Harley Davidson" de lo grande que está. Arriba, una camiseta negra sin mangas se abraza de tal manera su torso que deja una prueba visual de los marcados músculos que se esconden tras de ella, y encima, una camisa a cuadros que tal parece que le arrancaron las mangas, simula un chaleco. Botas vaqueras, brazaletes de piel negra, cadenas en las bolsas de los jeans y un colgante con una bala 9mm.
Ve a los hermanos con media sonrisa depredadora en el rostro.
–Los famosos Winchester.–
–¿Tú eres Castiel?–
