Naruto no me pertenece. Es totalmente hecho por el gran Kishimoto Masashi (si fuera mío ya habría habido NaruSaku desde hace muuucho tiempo). Sólo uso sus personajes con fines creativos sin ánimo de lucro.
SUMMARY: Un matrimonio arreglado puede robarte el cuerpo, el alma… pero nunca el corazón.
Por conveniencia
Capitulo 4:
Sakura-chan
-¿Cómo está ella?- preguntó calmado esperando a que le sirvieran un plato generoso de unadon.
-Está muy magullada. Tiene una torcedura en su tobillo izquierdo. Aunque está bastante inflamado, con una semana de reposo quedará como nueva- Tsunade mandó una de sus coletas hacía atrás. El calor le sofocaba el cuello.- Tiene raspones en las manos y uno grande en la rodilla derecha.
-Ya veo. Cuida mucho a mi Sakura-chan. Está asustada. No quiero que se vuelva a lastimar Tsunade Obaa-chan.
La mujer asintió con diligencia al amo de la casa, al joven dueño Namikaze, al encargado de asuntos de mayores.
Sentía como si la hubieran molido a palos. Le fastidiaba estar acostada sin poder hacer nada. Después de curarla, bajo los cuidados de Tsunade y de una encargada llamada Shizune, le cargaron al onsen privado de los Namikaze. Ahí atendieron su cuerpo donde una cohibida Sakura trataba de cubrir sus intimidades con un trapo blanco sintiéndose un poco violada.
Las encargadas ante la actitud de la rosa, soltaban risillas al ver el pudor de su próxima señora. Pero la dejaron ser, sabiendo que el tiempo haría su labor haciendo crecer la confianza entre ellas.
Una vez limpia. Comió tsukemono con té verde que recibió con mala cara. Prefería un buen trozo de pescado que eso. Pero le sentó como los dioses a su panza vacía, después de eso cayó en la inconsciencia. Según lo que le dijo Tsunade, duró doce horas durmiendo de corrido. No lo creyó hasta que su estómago advirtió con un ruido la ausencia de alimento en él.
Le habían dicho que esperara mientras le traían algo, pero a ella francamente le exasperaba la situación. Se levantó con mucho esfuerzo haciendo traquear sus extremidades. Tenía bandas donde pedacitos de su piel se desprendieron por la caída.
Con ensoñación refregó su ojo izquierdo para notar que su yukata se había escurrido debido a lo inquieta que era para dormir. Le faltaba dar botes y completaba el repertorio. La prenda se sostenía por la pequeña curvatura de sus senos mostrando la mitad interior de ellos y toda la superior.
Un bostezo surgió mientras se acomodaba la ropa y la ataba con un fuerte nudo en el obi. Buscó a tientas algo para recogerse el cabello pero no dio con nada. El calor era brutal y el pelo se le pegaba como goma.
Se destapó por completo y se deslizó arrastrada a la salida. El hambre era mayor a la enfermedad. Se quedó acostada con la punta de sus dedos tratando de deslizar el shouji, pero no había las fuerzas necesarias. Le entró el desesperó habitual y rugió por la impotencia.
-¿Haruno-sama?
Sakura masculló un "perfecto" viendo al hombre desde abajo- Buenos días Naruto.
Sin esperar respuesta, el hombre se arrodilló dando la espalda a la chica. Mandó sus brazos hacia atrás en forma de cuna-Yo le ayudo, suba.
Sakura afirmó con la cabeza, bastante reticente a la idea. Sin ver muchas opciones se arrastró encima del hombre con jalones en el cuello de la yukata blanca de Naruto, está vez limpia.
-Ya- afirmó Sakura por encima del oído de Naruto, al que le corrió el vértigo por el susurro cálido que llegó inesperadamente a su lóbulo derecho. Paso las piernas de su ama delante de él para agarrarlas por debajo de las rodillas. Así no se lastimarían.
El pobre muchacho negaba con la cabeza con la esperanza de que así desapareciera las imágenes que su febrilmente maquinaba. Ella sobre él, con sólo una prenda de distancia… no era bueno. Era delicioso. Nada lo preparó para lo siguiente. Con un sólo impulso se paró y Sakura brincó con él. Ella pegó un gritico que para él fue más bien un gemido. Bien fue del dolor, pero para él, sólo era pensarla como mujer perfecta.
Agachó su cabeza con su cara totalmente roja. De un momento para otro el calor del ambiente le pareció helado con relación a su cuerpo.
Ella, ella… pegaba sus senos contra él… y estaba nerviosa. Sus experiencias con mujeres así se lo habían enseñado. Miró las piernas que agarraba y su piel blanquecina estaba erizada. Y su espalda receptora sentía duros, como dos puntillas, el par de botones de Sakura.
No aguantó, de un momento a otro sus fuerzas se desvanecieron con cada segundo. Poco a poco fue bajando hasta quedar arrodillado.
-¿Qué pasa?- preguntó Sakura abriendo sus ojos. El hombre no respondió. Fue cuando comenzó a preguntarse si en verdad estaba pesada- ¿Te peso mucho?-preguntó crispando sus dedos entorno a los hombros del rubio.
Naruto creyó ver la luz. Le agarraba ¡le estaba agarrando! Ahí, ella con sus piernas rodeándole y sabiendo lo que había debajo de la ropa.- No, me dio mucho calor de repente-musitó pasando saliva duramente.
-Es verdad, el ambiente está insoportable-comentó casual tratando de mandar sus largos cabellos hacía atrás.
Naruto realmente pensó lo densa que era Sakura. Toda una niña de mente. Si supiera lo que causaba en los hombres no andaría tan despreocupada. Con fuerzas renovadas se levantó con "jump" gutural nacido de su garganta.
Caminaron despacio hacía el comedor. Sakura no lo conocía, siempre comía en su habitación. Al pasar causaba risa entre los que pasaban y se relajó. No se avergonzó sino que al contrario, disfrutó del singular paseo. Todos pasaban saludándole con una reverencia y ella asintiendo con elegancia. Naruto…. Bueno, era harina de otro costal. Gritaba cada vez que saludaba, reía sin timidez mostrando hasta la última muela. Lo hacía con un desenvolvimiento tal, que Sakura sintió envidia de la libertad de la que era dueño.
Callada y algo huraña, Naruto percibió el cambió de su dueña. Así que comenzó a correr con ella. Con frenesí la mujer se sujeto de las ropas blancas. El viento le escupía en su rostro sin pudor. Cerró sus ojos por el ardor y su boca se curvó. Por primera vez se sintió a gusto y rió. Rió sin taparse, sin pena o recato. Su amigo le daba vueltas y ella carcajeaba con nerviosismo. De esa risa de angustia que se mezcla con la felicidad de verdad. Donde sientes un nudo en el estomago que te hace cosquillas por los dedos, y aun así te libera lo que sea que tengas en el pecho.
Fue una sensación que superó toda experiencia pasada. Su primer beso y primer encuentro sexual no llegó a producirle lo que experimentaba ahora. Era un gozo tan deseado y tan especial que una sonrisa de corazón se formo dándole casi vida, a sus marcas de bigotes zorrunos. Se relajó más de lo esperado, mucho más de lo debido. No lo pensó, si hubiese sido así, jamás lo habría hecho…
Recostó su rostro al lado de la mejilla de Sakura… un gesto definitivo que fue el detonante del futuro.
-Deja de zarandearla ¿no ves que está lastimada?- fue el regaño que se escuchó e hizo retumbar el corredor.
-¡Lo siento!-se disculpó de inmediato el rubio realizando una reverencia que casi manda a Sakura hacía adelante.
-Si si si, éntrala ya- ordenó Tsunade negando con su mano para restarle importancia al asunto.
-Y tú, ¿por qué no haces caso?-le preguntó la rubia a Sakura mientras Naruto le dejaba sentada frente a la mesa.
-Tenía mucha hambre, sino estoy mal ya casi es medio día y yo ni siquiera he desayunado
-Eso te pasa por no hacer caso- Parecía la mamá. Increíble.
-Naruto, ve por eso por favor.-comentó Tsunade dirigiendo a dos muchachas para que sirvieran la comida.
-Enseguida- contestó rápidamente dirigiendo una reverencia a Sakura.
La rosa le devolvió el gesto con la cabeza, juntó sus palmas, musitó una oración, tomó los hashi que reposaban en el hashioki para comenzar a comer. Sintió que Tsunade le amarraba el cabello con un listón viendo que se le podía meter en la comida. Con cuidado tomó el bol con la izquierda y comenzó a comer. Era un perfecto ochazuke. Estaba caliente, pero las ansías le podían.
Tomó un umeboshi el cual hizo que su cara se estrujara en un gesto de amargura que paso rápidamente para darle una sensación deliciosa. Tan hambrienta estaba que no se fijo de su alrededor. Era un comedor simple pero hermoso. Sólo ella estaba sentada, atrás dos muchachas y Tsunade en el centro con postura elegante atenta a cualquier petición.
De un tatami fino, el comedor daba al patio principal. Era enorme, tan absorta estaba el día de su llegada que no había advertido el hermoso panorama. Era simplemente precioso. Cerezos adornaban como una guinda todos los bordes que daban a la casa. Era un jardín de paseo muy amplio. Tanto que el otro lado de la casa ni se veía. Con sakuras rodeándole estaba la shima en la mitad. Era lo suficientemente grande para albergar a unas diez personas. Flotaba en medio de un pequeño sendero acuático que poseía sus pequeños puentes que llevaban a una casa de té muy al fondo. Varias linternas de piedra adornaban como custodios cada rincón del pequeño oasis.
Un pequeño pedazo de paraíso en tierra.
-Namikaze-san ¿no come?- soltó la mujer mordisqueando los palillos con los dientes.
-Es humano igual que tú. Por supuesto que lo hace. Simplemente él lo hace en su cuarto muy temprano. Tiene cosas en las cuales ocuparse.
-¿Más importantes que estar con la mujer con la cual pasará su vida entera?
Tsunade frunció el seño no sabiendo una respuesta acertada.
-Perdón, no está bien expresarse así- habló Sakura por ella, evitándole la reprimenda.
-Sakura, tienes que entender ciertas cosas. Hay situaciones que se moldean con el paso del tiempo. Estoy segura que mi señor te traerá felicidad. Sólo puedo apelar a tu fe. Yo te lo aseguró, no habrá problemas.
Como chiquilla temerosa asintió con la cabeza sin voltear a mirar a la rubia. Bajó los hashi sobre el bol con pulcritud.-Estaba delicioso, me encantó- habló con una sonrisa volteando a mirar a las mujeres atrás suyo. Las encargadas, no más grandes que ella, le sonrieron realizando una reverencia.
-Un día de estos, me gustaría… que me enseñaran. Quiero cocinar. Me gusta ser útil.
Tsunade rió ante la reacción de sorpresa causada en las doncellas que esbozaban gestos de desconcierto.-Sakura realmente…
-Realmente me gustaría y ya. No se hable más- habló atropellada.-Sí ésta va a hacer mi casa, y quieren que me sienta bien hay cosas que van a cambiar. Nada de Ojou-sama, Haruno-sama y eso.- La mujer se alisó la ropa remangándose
-Supongo que aun así… a Sakura ¿le gusta la sandia?- preguntó cantarina la rubia con cierta miradilla disimulada.
¿Cómo no gustarle? ¡La amaba! Era su fruta favorita. No sólo tenía la propiedad de refrescar en el más caluroso día, sino que era divertida. Escupir las semillas haber que distancia alcanzaban era una maña que le habían vetado por verse vulgar y cochina. Así que en privacidad lo hacía. Así no ofendía a nadie y se divertía sola.
-Si me gusta-contesto como no queriendo la cosa.
-Acaban de traerme algo-Tsunade acercó un plato con rebanadas rosas con puntos negros a la mesa. Parecía que sudara, pues las gotas resbalaban en la superficie hasta la loza blanca. Un provocativo charco rosáceo se formaba en la base tentando más de lo debido.
Al diablo los bueno modales. No podía seguir fingiendo para otros. Además no se le daba muy bien. Tomó con urgencia un pedazo, remangándose con rapidez para que no escurriera por su brazo. De un mordisco brusco arrancó un buen pedazo dejando pepas negras en sus mejillas.
-Sakura…-musitó Tsunade con fastidio.
-¡Qué bien sabe!... ¿ustedes las cultivan?-preguntó limpiando con el dorso de su yukata la boca sucia.
-Si… se podría decir que sí- le contestó Tsunade con angustia repulsiva al saber que su señora, no era nada de lo que había imaginado. Las encargadas sólo reían tras de ella.-Sakura… ven, tu boca…
La rosa trató de mirarse pero no vio nada-¿Qué?
-No...Nada, deja así- "¿Para qué ir contra la corriente?" pensó la exuberante mujer. Una de las jóvenes doncellas se acercó a Tsunade murmurándole algo. La futura señora de la casa volteó a mirar pues creyó haber escuchado su nombre.
-Sakura ¿quieres ver dónde está el cultivo de sandías?
-¡Claro!- sin más trató de levantarse dejando el plato con cáscaras verdes mordisqueadas.
-¡Quieta ahí señorita! ¡No irá en esas fachas! ¿O sí?- le regañó con manos en la cintura.
-¿Me veo así de mal?- se preguntó más para sí volteándose para verse atrás. La yukata se deslizó por el nudo flojo, mostrando las curvas infantiles.
-No es cuestión de verse mal, ¡es cuestión de no ir desnuda por ahí!- Y fue cuando las risillas, no sólo por parte de las dos jóvenes detrás de Tsunade, sino de los encargados que pasaban se escuchó.
Sakura abrió sus ojos con intensiones de tragar a Tsunade. Pero todo quedó atrás cuando la mujer la tomó por la cintura para ayudarla de camino a su alcoba.
La tierra se revolvía gracias a la escardilla que se enterraba cual mantequilla. El mango de madera absorbía el sudor del labrador para que su herramienta no resbalara. El calor era brutal y entre más sencilla fuese la labor, era mejor. Los brazos solares ardientes, como látigos, golpeaban la piel desnuda del hombre. Pasó su antebrazo de bellos monos para secar su nariz, que bien servía de rodadero para las diminutas gotas que luchaban por caer.
-Madre mía, niña… ¡camina más despacio!- gritaba alguien que él conocía a la perfección.
Dejó su tarea para recargarse contra el palo y darle un descanso a su cuerpo tensionado. Le veía. Allí estaba ella. Tan pequeña, tan frágil, pero tan ruda. Con un yukata blanco de camelias pintorescas rojas adornando los bordes de la prenda. Llevaba dos colas altas. Meciendo sus cabellos rosas natural. Parecía una chiquilla tratando de llegar con apuro. Sus mejillas encendidas, otorgándole ese aire de frescura y excitación. Venía jadeando. La comisura de sus labios delataba sus dientes frontales. Tomaba su ropa con la mano derecha, para que no estrechara sus piernas. Andaba lo que sus geta y torcedura le permitían.
-¡Naruto!-gritó loca de contenta al divisar al hombre de yukata blanca recogida de hombros y piernas. Obi naranja. Era como siempre.
-Haruno-sama ¿cómo sigue?- preguntó preocupado viendo a la despreocupada muchacha cojeando con ayuda de Tsunade.
-Bastante mejor. Uno que otro raspón. Y este tobillo inútil… pero no hay problema. No me iba a quedar acostada todo el día sin hacer nada.
-Es mejor que se cuide, puede empeorar si no se atiende como debe-le comentó áspero.
-¿Ves? ¿Qué te dije yo?-comentó Tsunade llegando bastante fatigada. Se venteaba con su mano, pero no hacía ninguna diferencia.
-Ya ya, no es para tanto- respondió ya fastidiada quitándole seriedad a la cuestión. Se apoyó en la rubia para bajar al suelo y sentarse.-Éste cultivo es impresionante. ¿Te encargas de él tú sólo?- le preguntó mirándole desde abajo usando su mano cómo visera.
-Ehh si- contestó cohibido para volver a tomar la escardilla y seguir su labor.
Tsunade les miró sin entender muy bien lo que estaba sucediendo ahí- Yo te dejo acá. Namikaze-sama me mandó a hacer unos papeleos para la próxima semana.-comentó entrecerrando los ojos alerta a cualquier indicio de negación por parte de Sakura. No fue la única, Naruto dejó de arar con rudeza, para poder escuchar cualquier reacción. La rosa se miraba los pies tratando de quitarse tierra que se le había metido entre los dedos. El silencio retumbó por el campo hasta que se volteó a mirar.
-¿Qué?-preguntó mirando a Tsunade.
-No… nada nada-comentó con una risilla.-Naruto…
-Si… no te preocupes Tsunade Obaa-chan. Yo me encargo de todo-le respondió con esa sonrisa que mostraba la hilera de dientes blancos.
Sin más, Tsunade otorgó una reverencia a Sakura y se marchó con paso diligente. El silencio volvió a reinar. Era una situación graciosa, que a Naruto le perforaba la tranquilidad. Sabía que le estaba mirando. Estaba bastante nervioso. Por el otro lado a Sakura, parecía que la situación le resultaba gratificante. En pleno campo, sentada, con un sol enorme, rodeada por cientos de sandías más grandes que su cabeza. Y enfrente su amigo trabajando fuertemente. Sonrió ante la imagen.
-Naruto…
El chico frenó de repente- ¿Si? Haruno-sama…
-¿Por qué te encargas de las sandías tú sólo? Hay mucha gente trabajando acá. Podrías tener ayuda. Es una labor muy pesada.
-Porque… le pedí a Namikaze-sama expresamente que yo quería encargarme de esto solo-comentó ya un poco más relajado zafando su yukata para pasar sus brazos y sacarlos.
-¿Y eso por qué?- no le costaba nada preguntar. Ella era una chica directa.
-Porque… las sandías son el recuerdo más valioso que tengo en mi vida…- terminó de decir con esfuerzo cuando pudo descubrir su torso plagado de sudor. El sol delineaba su contorno. Su pecho desnudo, mientras que la prenda blanca como cascada se ensuciaba en el piso. El obi sujetaba la prenda caída y una chica sin experiencia miraba azorada desde su morada.
Ella era una pequeña mocosa en cuanto a hombres. A sus 16 años no había tenido su primer beso. Ni siquiera sabía cómo podría ser un hombre debajo de las ropas. Imaginó que no podría ser mucha la diferencia. Pero demonios, ¡si había! El desgarrador aroma a masculinidad exacerbaba los sentidos. Ella que era una virgen, y no sólo de cuerpo sino de mente… todo esto era nuevo. Era fascinante, era prohibido… era… raro. Eso fue lo único que pudo pensar para frenar ese mar de cosquilleo que le venía de una parte que quedaba debajo de su vientre. ¿Eso era lo que la gente llamada deseo? ¿Era eso lo que pasaba antes del… sexo? Hasta pensar la palabra la avergonzaba. Tomó una sandía cercana con sus brazos para fijar su atención en otra cosa. Tomó las mangas de su ropa y comenzó a quitarle el exceso de tierra.
-Tome, no ensucie su ropa…-comentó el hombre arrodillándose a un lado de ella ofreciéndole un trapo roído. La chica tomó la tela mirándole sin expresión alguna.
-Gracias-sin más comenzó a limpiar la fruta con movimientos circulares.-Da lo mismo. La ropa, ropa es. Ya está sucia igual.
-Haruno-sama es una Ojou-sama… para mí es cómo una Hime-sama. Por eso debe comportarse como tal.-le respondió tajantemente encantador mientras iba por una carretilla para echar la recolecta del día.
-Haruno-sama es Sakura y simplemente Sakura. Es una muchacha como todas que si alguna vez fuese una Hime-sama es porque encontró el amor… por nada más- le habló fuertemente para que la escuchase.
-Entonces Hime-sama, por favor permítame subirla al coche real que la llevará de vuelta al palacio.
Con un impulso el rubio tomó a la rosa para subirla a la carretilla. Sakura bajó la mirada recordando que no era la primera vez que la alzaba. Se estaba volviendo un hábito. El estrepitoso latir de su corazón también se estaba volviendo hábito. Tal vez fuese una inmadura, pero sabía que cuando el cuerpo y la mente se confabulaban para complacer al corazón, las cartas ya estaban echadas. La rapidez con la cual fue puesta en la carreta le molestó de alguna manera.-No había necesidad de eso, puedo subir yo sola.
-Déjeme hacerlo-contestó hastió el muchacho
Sakura marcó un seño de mal genio con su frente, causando que se le formaran arrugas- ¿sabes? Yo no soy una niña.
-Entonces deje de actuar como una
Sakura abrió los ojos incrédula. Tomó una sandia y se la arrojó a la cara con una furia innecesaria- Yo podré ser muy niña, pero…pero…-calló. La rosa esperó a que Naruto se levantase y le reprimiera pero no pasó. El hombre estaba echado en el suelo con la sandia incrustada en su cabezota mona. -Ehh… Naruto. Oye… lo siento ¿bueno?... párate no era mi intención.-Ninguna respuesta- Naruto…. Oye no es gracioso…-Nada.
Sakura entró en pánico culposo y se abalanzó hacía el piso. Carretilla, mujer y sandias rodaron por la tierra. Era lo de menos, ¡le había pegado! Realmente ¡le había pegado! La situación no le podía parecer más ridícula y fastidiosa. Ahí botada, con un tobillo torcido, con tierra hasta las pestañas y tratando de alcanzar a un posible muerto. Se arrodilló con toda la rapidez que pudo para gatear y quitar la pesada fruta del rostro del rubio.
Con rostro calmado, parecía en un estado profundo de coma. Tomó sus hombros para despertarlo y comenzó a zarandearlo con fuerza.- NARUTO DESPIERTA- le gritaba con frenetismo. ¿Y qué tal que estuviera muerto? ¿Cómo saberlo? ¡El pulso! Llevó sus dedos a su muñeca y su oído a su pecho húmedo. Ahí estaba ese "doki doki" que esperaba. Sus sudores se mezclaban y los vellos rubios del pecho del chico acariciaban sus hebras rosas. Se sentía el sentir y bajar de su pecho debajo de su mejilla redonda. Abrió sus ojos de la impresión cuando sintió que ese latir iba muy rápido… era lo que le pasaba a ella. Pero tal vez era porque se sentía enfermo. Despegó su cabeza pero un fuerte empujón la llevó de vuelta a su lugar.
-Naruto…-musitó arrobada encima de él. Mientras la mano derecha de Naruto la oprimía contra él, con una fuerza magnética.
-Me dolió-fue lo que respondió. Sentía la vibración de su voz a través de sus cuerpos.
-Fue tu culpa baka.
-No, pero esto sí es mi culpa.
Frio, pegachento y aguado fue lo que Sakura sintió después del golpe en su cabeza. Pedazos de fruta bajaban por su cabello y el aroma dulce la envolvió. Con mucha calma se levantó quitando los pedazos fríos de su cara. Toda ella era una mezcolanza de melcocha café rosácea. El rubio reía desbordado, cosa que a Sakura no le cayó muy en gracia.
-… ¿Qué te pasa?- fue lo que le preguntó histérica.
-Le devuelvo el favor.
-No te preocupes, yo te lo devuelvo mejor- y fue cuando le botó un manojo de ramas con tierra a la cara. Naruto se tapó con el antebrazo pero un poco logró llegar a su boca. Comenzó a escupir al instante.
-Eso te pasa por baka.- Dijo Sakura sin recato para ir a la carretilla. Y como si fuese un costal, la volvieron a levantar y a depositar en el transporte. Naruto le mandó una sonrisa y a lo que Sakura sólo frunció el seño para mirar a otro lado con disgusto.
Era ya entrada la tarde, cuando la pareja regresaba a la casa. Una paleta de naranjas se divisaba en el horizonte dando paso a un calor más refrescante al sonar de los grillos ruidosos. Sakura iba semi acostada sobre varias sandias y en su regazo sostenía una con ambos brazos. Sus piernas colgaban balanceándose debido a las piedras del camino que se atoraban en las pequeñas ruedas. El agradable silencio proporcionaba la intimidad a la que habían logrado llegar en tan pocos días. Eso le daba tiempo a Sakura para pensar sobre los días siguientes. Ya era miércoles… dentro dos días las cosas serían altamente peligrosas para su salud mental.
-Seré una novia en dos días-musitó mirando la maleza del camino.
-¿Ehh?-preguntó el rubio que empujaba la carreta.
-En dos días seré una Namikaze
-Le queda bien el apellido Haruno-sama
-Ya no seré Haruno, Naruto.
-Es verdad Namikaze-sama- le contestó sin dejar de fijar la vista en el camino.
-Suena como si llamaras a Minato. Suena raro.
Naruto entre cerró los ojos desviando con esfuerzo una ondulación en el relieve que hizo sacudir la carreta y que Sakura se tensará- Tiene razón.
El silencio los volvió a cubrir haciendo que Sakura se pusiese ansiosa por una respuesta- Sakura… suena bien ¿no te parece? De todas maneras así me llamo yo. Eso es lo que fui, lo que soy y lo que igual seguiré siendo a pesar de lo que llegue a suceder en dos días.
Muy franca como siempre y sin ningún tipo de miramiento, las palabras de Sakura siempre eran brutalmente honestas. Naruto rio con emoción para sus adentros sintiéndose ampliamente feliz, aunque lo ocultó lo mejor que pudo- Realmente Haruno-sama, no puedo. Usted es…
-No vayamos por esos caminos Naruto-fue lo que le dijo cortantemente sin referirse precisamente al sendero por el cual pasaban para ir a la casa.-Por favor.
Naruto asintió con la cabeza para no decir nada que la alterara aun más. Porque vaya su había resultado un pequeño volcán esta pequeña mujer.
-Oye Naruto-musitó Sakura al cabo de unos minutos sin decir nada.
-¿Hmm?-musitó para darle a entender que le escuchaba a pesar de que no la estuviese mirando.
-Hace rato me dijiste, que las sandias eran tu recuerdo más valioso… puedo preguntar ¿por qué?
-Porque ellas estaban junto al gran amor de mi vida.
Eso fue suficiente para callar la preguntadera. "El gran amor de la vida de Naruto". Su imaginación voló a partir de ese momento. La primera imagen que llegó a su cabeza fue la hija del clan Hyuuga. Era tan hermosa que le estresaba. Tan frágil, delicada, voluptuosa… todo lo que un hombre le podría agradar de una mujer. Sakura autoevaluó su cuerpo con una rápida mirada y sintió que era un niño en desarrollo. De plano y pequeño busto, hasta sus flacas piernas y trasero de deportista. Deseó ser como ella por un minuto, tal vez así atraería la atención del hombre que le gustaba. ¿Cierto? Porque el gusto nace de lo físico… ¿o no?
-Naruto-habló Sakura
-¿Hmm?
-¿Qué clase de mujeres te gusta?
Y la carretilla siguió derecho. Sakura botó la fruta que sostenía para tratar de cogerse de las esquinas del loco vehículo. Naruto gritaba hasta lo que sus pulmones le daban tratando de alcanzar la desbocada carreta. Mala idea soltarla cuando iban en una bajada. Sin embargo esa pregunta lo tomó tan de sorpresa que lo único que pudo hacer su cuerpo fue quedarse tieso. Lo suficiente para soltar los manubrios y dejar que el transporte tomará el curso inclinado del camino.
La rosa gritaba de pavor llamando a Naruto con frenéticas gotas de sudor que empezaron a surgir de la nada. El hombre corría como enajenado con zancadas enormes tratando de darle alcance
-¡FRENE FRENE!- gritaba incoherente el rubio
-¿CÓMO DEMONIOS VOY A FRENAR?- le respondió furibunda y con gallos en su voz.
De un momento a otro la carretilla paró gracias a los cuerpos de varios encargados, que al escuchar los gritos demenciales salieron a ver qué pasaba. En resumidas cuentas, con carreta y ocupantes; sandías y Sakura cayeron encima de varios. Quejas de dolor se escucharon, gritos de ¡cuidado! y una preocupada Tsunade salió deprisa.
Después de arreglar el desorden, de limpiar raspones y de llevar a la señora de la casa a su cuarto las cosas volvieron a tener calma. Muy a su pesar, el tobillo lo tenía más inflamado que antes y miraba con mucho rencor al hombre que arrodillado, se disculpa frente a ella por treintava vez.
-Baka…
-¡HARUNO-SAMA PERDONEME!- gritaba asustado con su cabeza tocando el tatami.
-Baka Naruto.-respondía implacable con una mirada asesina. Pero al ver al hombre comportarse como un niño temeroso, dejo su cara agria para reclamar venganza, no sólo por lo de la carreta, sino por un comentario que no le gustó mucho- Esta bien… te perdono-el rostro de rubio cabello sonrió-pero con una condición.
-¿Una condición?-preguntó intrigado. Tsunade que se había mantenido al margen hasta el momento se enderezó en su lugar.
-Si realmente es muy sencilla. Sakura-fue lo que dijo
-¿Sa...ku…ra?-preguntó algo desubicado
-¿Ves? No es difícil de pronunciar.
-Harun…
-¡Ehh! No no Sakura, de algo tendrá que servir el chantaje.
Naruto miró a Tsunade, la cual le devolvió la mirada con una aprobación seria.
-Sakura-chan-musitó con mucho temor con ojos cerrados temiendo la ira de la rubia. Si eso del chakra existiera, como en los relatos ninjas, juró haber sentido el aura roja de la vieja Tsunade llena de rencor comiéndole su pobre alma.
-Naruto-fue las palabras que escuchó de la boca del ama de llaves. Su cuerpo tembló ante el inminente castigo, que seguro, recibiría.
-¿Si?-habló por lo bajito.
-Me harías el favor de traer unas compresas y un balde de agua fría…
-Si Tsu…
-Del riachuelo si es posible. Entre más fresca mejor. Ya lo sabes-le interrumpió con ese gesto de futuro arreglo.
Naruto asintió mientras tragaba con una dureza tal que pareció bajar más bien un pedazo de lija en forma de bola. Sin hacer más teatro, realizó una reverencia y se fue corriendo por el encargo. Sakura se quedó mirando con una sonrisa donde ya se había ido el muchacho, mientras Tsunade se levantó para quitar el cobertor de encima de sus piernas para revisar su pierna. Quitó la yukata, dejando ver más de lo debido, ruborizándose al instante.
Sin decir una palabra, la de coletas se levantó con el aplomo con el que se distinguía cuando realizaba cada movimiento. Se dirigió al closet principal, deslizando la puerta para bajar una yukata de dormir y unas bandas limpias para reemplazar las ya usadas por Sakura.
-Sakura- llamó la atención la rubia. La joven miró hacia arriba pendiente de lo que decía la mujer.- quiero que entiendas que me parece muy bien la actitud que estas asumiendo. Pero no quiero que confundas las cosas. Al vino vino y al pan pan. Naruto es un empleado y no es bueno que andes tanto tiempo con él. Tú eres la señora y él…
-¿Un sirviente?-Preguntó acida y de mal genio
-Si lo quieres poner así, si, es un sirviente. No es correcto
-Es un ser humano justamente igual a mí… y es lo único que conozco como amigo. Nunca me han dejado acercarme a nadie. He vivido absolutamente sola toda mi vida. Hasta mi supuesto esposo nunca aparece ante mí. Yo no voy a esperar sentada a que me llegue la vida. Lo siento pero no va a hacer así.
Tsunade suspiró y rió- Ahora entiendo porque el señor te escogió como esposa
-Eso para mí no es cumplido- contestó rabiosa cubriéndose nuevamente con el cobertor.
-"y cabezota como tú pequeño amo… ¿Cómo vas a hacer ahora?"-pensó Tsunade con una sonrisa de satisfacción mirando a Sakura en su actitud de berrinchuda.
Continuará
Este capítulo resultó para mí, el epítome de la decadencia. Me costó mucho trabajo llegar al tan esperado "Sakura-chan", no quería hacerlo llegar rápido, no tan poco lento. Así que por fin se dio el momento (nota: el chantaje jamás será bueno, así que no acudan a él para obtener lo que desean--- nota mía: a menos que lo que quieran sea genial xD).
Léxico:
Unadon: Clase de donburi. Es un bol de arroz (gohan) y encima vienen unas tiras de anguila a la parrilla bañadas en salsa dulce.
Onsen: Aguas termales volcánicas. Que diera yo por poseer unas propias… en fin.
Tsukemono: Plato de encurtidos (daikon-rábano-, pepino, espinaca, lechuga, etc) con gohan.
Hashi: Los palitos que se usan para comer.
Hashioki: Es el soporte de los palillos.
Ochazuke: Bol de arroz, donde encima se cubre con un té verde y le acompaña tsukemono, umeboshi (un encurtido de un albaricoque llamado UME), nori, salmón, entre otros.
Shima: Son islas que en realidad son rocas de origen volcánico y son las encargadas de darle forma a los jardines tradicionales japonés.
Gracias por sus comentarios ;)
Comentarios son recibidos. Críticas SÍ y SÓLO Sí son constructivas ;)
Miyuki Uchiha
Escuchando: Promise –Reprise- (Akira Yamaoka-Silent Hill OST)
