Hola a todos he vuelto. En primer lugar mis más sinceras disculpas con todos por haber prolongado tanto este capítulo, pero lo prometido es deuda y aquí tenéis. He tenido con varias depresiones a lo largo del año y algún que otro chasco amoroso (el cual no viene al caso ¬¬ ) lo que me ha dificultado bastante el poder ponerme con el fanfic. Soy más que consciente de que eso no es escusa y que estáis en vuestro derecho de querer lapidarme (aunque os agradecería que no lo hicierais xd)

También quiero dar muchas gracias a todos aquellos que pese a mi dejadez han seguido pendientes de mi historieta: gracias ^^

Por último, he decidido dividir esta última parte en dos capítulos, porque me parecía que acabarlo "como lo tengo pensado", con uno solo quedaba muy brusco y yo prefiero que el curso de la historia vaya fluyendo poco a poco, haciendo enfasis en los sentimientos de los personajes.

Espero que disfruteis este capítulo y como siempre a la espera impaciente de vuestros reviews y opiniones ;)

El desenlace parte I

La Yamanaka seguía de pie, inmóvil, mirando la calle por donde el Nara había desaparecido con la cabeza baja, hacía ya un buen rato. La lluvia iba cayendo, con fuerza, rebotando contra el paraguas de la shinobi.

Al cabo de unos minutos, comprendió que el chico no iba a volver. Decidió que lo mejor en esa situación era que ella regresara a casa. Echo una última mirada al ramo de flores que Shikamaru le había comprado esa mañana para dárselo a la ninja de Suna y que ahora yacía maltrecho en la papelera.

"¿Qué ha podido pasar?"

Al darse la vuelta para irse, divisó una figura femenina que esperaba junto a la Mansión Hokage bajo un paraguas. Su cabello negro y ojos rojos eran inconfundibles en toda la villa de la Hoja. Ino se quedo sorprendida al verla ahí:

–Maestra Kurenai…

Ella respondió con una de sus cálidas sonrisas:

–¿Quieres que hablemos?

Las dos mujeres se fueron a sentar en un banco de la zona, bajo los arboles a resguardos de la lluvia, que caía cada vez con más fuerza. Se pasaron un rato en silencio, sin decir nada, viendo caer las diminutas gotas de agua, hasta que la rubia decidió hablar:

–¿Qué esta haciendo por aquí?

–Venía del médico de hacerme unas pruebas.– le contestó la maestra. Esta se fijo en la expresión triste de la rubia– ¿Ha pasado algo?

La Yamanaka soltó un suspiro antes de contestar:

–Qué todo ha salido un desastre.

–A ver, cuéntamelo.

–No se si debería decírselo.

La kunoichi le relato sin muchos animos todo lo ocurrido durante el día. Cómo había venído el Nara a su tienda a comprar las flores; cómo ella lo había estado ayudando al Nara a preparar su cita con Temari y el desastroso final que todo había tenído. La maestra escuchaba atentamente la esxplicación que la ninja de la hoja iba relatando con la mirada triste fija en el suelo. Cuando hubo acabado, ambas se quedaron unos instantes en silencio, hasta que la jounin lo rompió:

Ya veo, así que eso es lo que ha pasado.– alzó su mirada hacía el cielo gris que envolvía la aldea –Pero hay algo que no me encaja.

–¿De que se trata?

–Esta mañana de camino al médico, me encontré a Temari en el parque.– Ino ponía atención a las palabras de la Maestra del Equipo 8 –Parecía preocupada, así que fui a preguntarle que le pasaba.

–¿Y que le dijo?

Kurenai le contó a Ino la conversación que había mantenido con la ninja de la Arena esta mañana. Al acabar su relato, la Yamanaka no podia dar a lo que oía:

–¿¡Qué!? ¿¡A Temari le gusta Shikamaru!?– se había puesto de pie de un brinco y tenía los ojos abiertos como naranjas. Se quedo un instante pensativa –Un momento. Esto no tiene sentido. ¿Si ambos se gustaban como es que a acabado todo mal?

–¿Quién sabe? El amor es complicado. A veces pasan cosas que no se puede explicar

–Pues menudo asco– dijo la rubia frustrada dejándose caer sobre el banco.

–En eso tienes razón.

Las dos mujeres se quedaron sentadas pensativas, mirando fijamente como iba cayendo la lluvia.

–Ojala pudiéramos hacer algo.– dijo la Yamanaka

–¿Se te ocurre alguna idea?

La rubia se cruzó de brazos mientras fruncía el ceño pensativa. ¿Había alguna forma para hacer que esos dos se reconciliaran? Con lo cabezotas que podían a llegar a se ese par, se le hacía difícil imaginar que uno de los dos cediera frente al otro. "Piensa Ino, piensa", se decía para sus adentros, "tiene que haber alguna manera para que esos dos hagan las paces. Alguna forma de recordarles todo lo que habían pasado juntos. Algún lugar especial donde poder…". De pronto la cara de la shinobi se iluminó:

–¡Ya lo tengo!

Shikamaru hacía rato que había llegado a casa. Sin pararse ni tan solo a saludar, se fue a su habitación y cerró la puerta. Pese no haber comido nada desde la tarde no tenía hambre.

Tenía la habitación desordenada; libros por los suelos, rollos de ninjitsu sobre la cama... en medio del cuarto estaba su tablero de shōgi con todas las piezas desparramadas por encima. El Nara cogió una de las piezas y se sentó en suelo apoyándose en la pared. Cuando, se sentía bloqueado o no podía pensar con claridad, Shikamauru se encerraba en su habitación y empezaba a colocar las fichas sobre el tablero, empezando a probar diferentes jugadas, como si buscara aquella estrategia que le permitiera solucionar el problema. No sabía porque, pero el tacto de las piezas le calmaba y le permitía pensar con claridad. Pero esta vez no.

Cogió el trozo de madera y lo lanzó con fuerza contra la pared. "¿Qué me pasa?" pensaba. Su mente era agitada por un torbellino de emociones. ¿Estaba enfadado? ¿Triste? ¿Dolido? Avasallado por la avalancha de sentimientos, se llevó las manos a la cabeza, quedándose en cuclillas en el suelo de su habitación.

Un trueno retumbó en el exterior y llovía cada vez con más fuerza.

Dentro de su mente solo sonaba un nombre:

Temari.

Como era posible que esa chica pudiera agitar así su mundo. No. Siempre lo había hecho. Simplemente no se había dado cuenta. ¿Y ahora la había perdido? Ese pensamiento le causaba un gran dolor al Nara:

—¡Mierda! ¿¡Qué me pasa!?— decía mientras golpeaba el suelo con sus puños —¿¡Qué me está pasando!?

Al cabo de un rato, en el suelo había quedado una marca de los golpes y tenía heridas en las manos. Estaba jadeando cuando de pronto, noto como un pequeño objeto plateado caía de su bolsillo al suelo. Miró y vio que se trataba del mechero que su maestro, Asuma, le había dado antes de morir.

Lo cogió lentamente con la mano, mientras se volvía a sentar en el suelo, apoyándose contra la pared. Se llevó el pequeño objeto delante de su cara. Aún recordaba como su sensei lo usaba a todas horas encendiendo sus cigarros. No entendía que le veía en fumar, él no soportaba el tabaco. Incluso después de la muerte de Asuma, nunca lo había usado ni una sola vez. Aún así, lo llevaba encima a todas horas, nunca se separaba de él.

Shikamaru lo encendió. Cada vez que veía ese fuego anaranjada, sentía como si Asuma estuviera allí con él. El aura de su maestro, emanaba de esa diminuta llama. El shinobi la miró como si esperara que le dijera algo:

—¿Qué debo hacer?

De pronto, sintió una presencia del exterior. Se giró y vio como una sombra se abalanza sobre la ventana. Un gato blanco moteado entró de golpe en la habitación del ninja, rompiendo la ventana y arrebatándole el mechero de entre las manos:

—¿¡Pero qué...!? ¡Dame eso!— le gritó poniéndose de pie de un salto.

El felino lo miraba con sus ojos amarillentos mientras que sujetaba el mechero plateado entre sus fauces:

—Devuélvemelo ahora mismo bola de pelo.

Se abalanzó sobre el animal, pero este lo esquivó de un salto al lado y de otro salto se marcho por donde había entrado:

—Mierda.

El Nara salió corriendo de su habitación. Se puso las sandalias y fue tras el gato. La lluvia seguía cayendo a raudales, dejando empapado al ninja. Este miró hacia ambos lados buscando donde se podía haber metido. Lo encontró sobre una valla, aún con el mechero en la boca:

—¡Devuélvemelo!

El felino salto de la valla y se fue por la calle. Él lo siguió corriendo:

—¡Alto, para!— gritaba mientras se adentraba al oscuro callejón bajo la lluvia. Desde luego, el día parecía no poder ir peor.

El temporal seguía arremetiendo contra la Villa de la hoja. Parecía que el tiempo empeoraba a cada instante.

Temari continuaba en su despacho. Permanecía sentada en su sitio con los brazos cruzados sobre la mesa. Tenía la mirada fija en la puerta por donde se había ido el Nara. En su mente aun podía ver como se cerraba tras él. En todo el rato no había tocado ninguno de los papeles que tenía esparcidos sobre el escritorio. "¿Qué estoy haciendo?" se dijo a sí misma "¿Por qué me siento tan… perdida?". La ninja de Suna enterró la cara entre sus brazos. "A sí, ya me acuerdo. Shikamaru entró… nos peleamos… y entonces… se fue…" Esa palabra le provocó un dolor punzante en el pecho a la shinobi. Hizo un sollozo y una gota cristalina le cayó por la mejilla. Cerró los ojos resignada, no quería volver a llorar.

"Es mejor así" se dijo para sus adentros, intentando forzar una sonrisa, "Al fin de cuentas, él ama a Ino. Será mucho mejor para todos si no me inmiscuyo en su vida. Sí, es mejor así…"

Ya no pudo contener más las lágrimas y rompió a llorar. Se cubrió la cara con sus manos llena de frustración. Estaba temblando. No quería que nadie la viera así. No quería que la vieran tan vulnerable. No quería…

Se quedó allí sentada, sollozando, durante un rato.

De pronto, notó una presencia a su espalda. Un trueno retumbó en el exterior, y se oyó como las ventanas se rompían. A escasos centímetros de su cara un objeto negro cruzó el aire silbando y clavándose en la pared, dejando ver la hoja de un kunai perfectamente afilado.

Rápidamente, la jonin se giró de un salto con su abanico en mano, en búsqueda de su atacante. A lo lejos, en el edificio de enfrente pudo divisar una figura negra encapuchada que la miraba fijamente, no le parecía que fuera de la villa:

–¿¡Quién eres!?

La figura no respondió. Temari le lanzó tres estrellas, las cuales el extraño esquivó con facilidad, haciendo evidente sus dotes ninjas. Ahora que sabía a que tipo de oponente se enfrentaba, no iba a contenerse, salió de un salto de su despacho, lanzando un poderoso ataque de viento a su atacante. Este dio un saltó hacía atrás con una agilidad felina y salió huyendo por los tejados de las casas:

–¡No escapes!– le gritó la rubia quien se lanzó en persecución del intruso.

Desde lo alto de la Mansión Hokage unos ojos escarlatas veían como las dos figuras se alejaban bajo la lluvia. La maestra Kurenai esbozó una sonrisa:

–Bien, esto ya esta.– dijo con una sonrisa –Ahora solo espero que tu plan funcione Ino.

La lluvia se filtraba por las cañerías de las casas que desembocaban en los callejones de Konoha, dejando todo el suelo embarrado. La Yamanaka intentaba no pisar corría por las pequeñas calles de la villa intentando no pisar ningún charco. Llevaba el mechero de Asuma fuertemente agarrado entre sus fauces. "Fufufu, hacía años que no usaba el jutsu de transformación" pensaba Ino mientras flexionaba su cuerpo gatuno para saltar de unas cajas. Tenía el pelaje mojado y los bigotes le goteaban, causándole una sensación de escalofrío. "Brrrr, ahora entiendo porque los gatos odian el agua".

Miró hacia atrás para asegurarse de que el chico aun la seguía. Unos metros detrás de ella, el Nara iba corriendo a gran velocidad, totalmente calado por la lluvia.

"Bien de momento el plan parece que funciona, vamos Ino, no es cuestión de pifiarla ahora". Empezó a acelerar gradualmente el ritmo, tenía que llegar a tiempo. A lo lejos pudo empezar a visualizar una enorme estructura rojiza que se alzaba en la lejanía. Las grúas seguían rodeando el edificio aunque todos los paletas se habían marchado a causa de la lluvia. Ya casi habían llegado a su destino…

el Gran Estadió de Konoha.