Hola gente :) ¿Cómo están? Luego de estar dos días escribiendo por fin salió el capítulo xD y bueno, como habrán notado ya tenemos portada del fic :), vale decir que estoy muy agradecida nuevamente de mi querídisima MeiChan95 *-* y en fin xDDD, acá les tengo el capítulo así que disfrútenlo, lo otro, es que al final la cazadora será Belarus :) ¡A leer!
Disclaimer: Hetalia ni el Décimo Reino me pertenecen, de ser así, uff xD
Capítulo 4: Una cazadora, unos gitanos y una maldición.
En el lúgubre castillo donde se encontraba en ese momento sentada, la reina Brittany, una presencia nueva caminó lentamente hacia ella. Una mujer, de cabellos rubios tan claros que tendían a verse casi plateados, amarrados por una media cola, unos ojos azules intensos y una tez demasiado pálida, tenía una pequeña herida en el rostro hecha obviamente con un objeto punzante. Su ropa era un traje blanco protegido con una especie de armadura, y un abrigo de color marrón por encima, con una lanza en su espalda, algunas flechas y cosas por el estilo. Su nombre era Natasha Arlovskaya, pero para todos era la cazadora.
-Cazadora –dijo Brittany seriamente.-
-¿Me llamó, señora? –dijo ella acercándose.-
-Ni lobo, ni los trolls han logrado capturar al perro –suspiró agotada-. Siento que alguien intenta desafiarme –se quejó.-
-Nada se le compara a usted –dijo la bielorrusa sonriendo.-
-¡Sé que están cerca, pero no puedo verlos! Mis espejos no me dejan verlos… ¿Por qué será? –tocó su pecho con cólera-. ¡Van a entrar en tu bosque prontamente!
-Seré yo quien los encuentre entonces –rió la mujer tocando con cuidado su propia herida-. Nada puede escapar a mí –sonrió.-
-Estoy lleno de paz y serenidad –decía el francés-. Y tengo control sobre todos mis deseos… -suspiró, estaba tratando de aprender lo que decía uno de los libros que había comprando antes de todo ese loco viaje-. Y… y… -su olfato comenzó a alertarle de algo, aparentemente-. ¡Scott, estás echando a perder la comida, huele a quemado! –gritó.-
Francis se acercó rápidamente a la comida, tenía un hambre fatal, bueno, tenía dos tipos de hambre bien descritos, pero ahora nos centraremos en la comida.
-Me siento horrible –decía el pelirrojo mirando al perro, quien ahora era completamente de oro.-
-Hubo un error en el hechizo, no es tu culpa –decía el francés.-
-¡Pero está muerto! –se quejaba el británico mayor.-
-Aquí las cosas vuelven a la normalidad sin que te des cuenta, yo no me angustiaría mucho –le decía el francés con una pequeña sonrisa.-
-¿Seguro? –algo de esperanza se notó en los verdes ojos del pelirrojo-. ¿No lo dices para consolarme, verdad?
Francis tragó saliva.
-Bueno, en parte sí… -admitió.-
-¡Vaya! –el pelirrojo se tomó la cabeza con ambas manos.-
-¿Qué hacen aún ahí sentados? –el inglés se había colocado una sudadera de color turquesa que traía consigo en un bolso-. Les dije que teníamos que levantar todo esto hace rato –frunció el ceño como era común en él.-
-Quise hacer un poco de comida –se excusó el británico mayor.-
-¡Qué inconsciencia! –se quejó el rubio de cejas sobrepobladas-. ¡El espejo se va alejando cada vez más, sin él no podremos volver a casa!
-¡Pero Arthur, el desayuno es la comida más importante del día! –decía el francés, por dos razones, primero, poco interés tenía en que el inglés se fuera, y además, le encantaba comer cerdo-. Esto sí que impresiona mi olfato –decía observando el sándwich que se había hecho.-
Digamos que la manera en la que Francis comía cuando tenía mucha hambre era un tanto mata pasiones para el inglés, por lo cual, él y su hermano decidieron emprender el viaje.
-Arthur, espera… -dijo el francés poniéndose de pie y yendo tras él.-
El inglés se detuvo y lo quedó mirando un momento.
-Ahora, dime, ¿qué ves? –dijo el francés colocando una mano en su hombro.-
-Ehm… ¿Muchos árboles? –dijo extrañado.-
-¡No ves nada! Imagina todo lo que pasó anoche cuando dormías –dijo el francés, algo emocionado.-
-¿Por ejemplo? –el inglés arqueó una ceja.-
-Bueno, por esos árboles apareció un tejón… Luego, una zorra madre –sonrió-, creo que nuestra presencia le asustó un poco. Más tarde, apareció un zorro, que probablemente iba en busca de su pareja… Parece que le resultó todo de maravilla porque no vi que regresara –el francés sonrió ampliamente.-
El inglés sonrió, hace tiempo que no lo hacía.
El francés siguió hablando de todas las cosas que habían pasado en la noche, el inglés esbozaba pequeñas sonrisas en su rostro. En un momento, el francés le quedó mirando fijamente.
-Me impresiona que no hayas despertado. No viste nada –rió.-
-¿Me perdí algo? –preguntó, esta vez sin ironía.-
-Claro que sí –dijo él.-
-Bueno –el inglés estaba a punto de perderse en los ojos del francés, cuando antes de hacerlo completamente reaccionó-. Vámonos –dijo, emprendiendo el viaje.-
En medio del camino, una mujer de apariencia anciana apareció.
-Sólo soy una anciana –dijo-. Dame algo de comer…
-Lo siento –tosió Francis-, pero no tenemos demasiada comida…
-Yo sólo doy a firmas registradas –dijo el pelirrojo, siguiendo a Francis.-
Arthur buscó entre sus cosas.
-Jovencito –sonrió la mujer-. ¿Me das algo de comer, por favor?
-Seguro –dijo él-. Le daré lo que me queda –y le pasó un pan envuelto en un pañuelo.-
Scott y Francis se dieron vuelta observándole.
-¡Arthur, siempre has sido demasiado blando! –inquirió el pelirrojo.-
-Sí, demasiado blando –dijo el francés, obviamente sacándole de contexto.-
-¡Oye! –dijo el británico mirándole.-
La mujer agradeció dulcemente el regalo, pero Arthur le detuvo antes de que se fuera.
-Espere… De casualidad, ¿no ha visto a un enano conduciendo una carretilla? –preguntó.-
-En la mañana lo he visto, siguió el camino del bosque… Pero ustedes no deberían seguirle… -dijo la mujer.-
-¡Pero el camino es lo más seguro! –dijo el francés incrédulo.-
-No para ustedes, alguien los viene siguiendo –dijo la mujer-. ¡Alguien quiere verlos muertos!
Francis abrió los ojos como platos, Scott a la vez.
-¿Qué quiere decir con eso? –preguntó el pelirrojo.-
-Hay una mujer que controla este bosque, pero no crean que por ser una mujer es débil, por el contrario –el francés tragó saliva-. La cazadora… Me han dicho que sirve a la reina… ¡Pero no espera que no usemos el camino de este bosque!
-Why not? –preguntó el inglés.-
-Eso sólo lo haría un imbécil –dijo el de ojos azules.-
Scott tragó saliva.
-A partir de ahora, yo seré su guía –dijo Francis-. Deben ir por donde yo vaya solamente…
Scott tomó el pequeño carrito con ruedas donde tenía al príncipe Lovino y comenzaron a caminar, el ambiente se puso sumamente tenso, y la presencia de Natasha no estaba lejos, nada lejos.
La mujer de cabello rubio estaba caminando por el bosque, tenía claro que sus presas debían estar cerca, fue ahí donde sintió algo en sus botas, miró hacia abajo y había pisado un trozo de pan con carne de cerdo. Frunció el ceño, estaba donde debía estar. Analizó el bosque y sintió una presencia, un olor tal vez, preparó su lanza y disparó una flecha. La leyenda decía que él nunca fallaba, y de hecho, no falló, pero no le disparó precisamente a lo que quería, sino a un pequeño animal.
-Será mi imaginación, pero estoy escuchando a alguien sollozar… -dijo el pelirrojo.-
-Yo igual lo oigo –dijo Arthur.-
-Aquí escucharán muchas cosas –dijo Francis-. Después de todo, el bosque está encantado –dijo él.-
Lo que vieron los dejó sin aliento, llegaron a un lugar horrible, con el espectáculo más desagradable posible, el sólo describir lo que vieron produce un dolor inmenso en el pecho. Animales, muchos animales, pero ninguno con vida, era un escenario horripilante.
-¿Qué lugar es este? –dijo Arthur, sintiendo una angustia en el pecho.-
-Estoy siguiendo mi olfato –susurró el francés.-
Todos los intrusos serán considerados presas.
Todas las presas serán castigadas por orden de la cazadora.
-¿Quién es esa cazadora? –preguntó Scott.-
Su pregunta fue obviada, y éste hizo una mueca de asco, no era para menos, el lugar olía horrible. Siguieron su camino rápidamente, adentrándose aún más por el bosque.
-No podemos caminar toda la noche –dijo el pelirrojo, de verdad se estaba poniendo oscuro.-
-Claro que podemos –dijo el francés.-
-¿No oyeron eso? –dijo Arthur.-
Francis revisó por detrás de unos arbustos.
-Gitanos –dijo.-
-¿Qué hacemos ahora? –preguntó Scott.-
-¡Pues tendrán que unirse a nosotros! –dijo un muchacho, albino de ojos rojos junto a otro montón de chicos, apuntándoles con algunas armas.-
Sin negarse, nuestros amigos se adentraron a la aldea gitana, observando a cada personaje ahí presente.
-Si ellos quieren, pueden matarnos –comenzó a decir Francis muy bajo-. No se nieguen a nada de lo que les den, pero no se coman nada que ellos no hayan probado antes…
Al compás de una música y alrededor de una fogata, los gitanos bailaban alegremente, Francis y Arthur observaban el espectáculo de manera tranquila, mientras que Scott observaba un plato que le habían dado, era erizo, se veía oscuro y tal vez sobrecalentado, hizo una mueca, pero al ver que uno de los gitanos lo observaba fingió estar muy animado de comer.
Francis cruzó la mirada con un muchacho de cabello rubio, lucía bastante dulce, su cabello era rubio y largo, con un pequeño rizo que sobresalía. Unos ojos casi tan azules como los del francés, aunque más claros cubiertos por unos anteojos de un fino cristal. Se miraban con gran tensión.
La música acabó y todos aplaudieron, el albino de antes se acercó a Scott con un violín en las manos.
-Es su turno, forastero –dijo sonriendo, Arthur miró la escena aterrado.-
-Disculpe usted, pero yo no sé tocar –se excusó el británico.-
-Entonces, canta una canción –el albino sonrió abiertamente.-
-Bueno, es que tampoco sé cantar –dijo.-
-Vamos, Scott –comenzó a decir Francis-. Canta algo, no querrás decepcionarlos –dijo, tratando de sonreír.-
-No sé se me ocurre una canción –dijo el pelirrojo.-
-¿Nuestra hospitalidad no vale una canción? –dijo otro muchacho, de cabello castaño y ojos verdosos, con uno músculos de muerte, que tenía en las manos un cuchillo.-
Scott comenzó a cantar una canción bastante extraña, que supuestamente trataba sobre gitanos. Al terminar, Francis aplaudió intentando calmar el ambiente, mientras en la aldea todos se miraron extrañados.
Arthur se acercó a unas jaulas donde se encontraban unos pequeños pájaros, los miró enternecido, pero éstos comenzaron a hablar.
"Déjanos libres", decían los pájaros, "por favor déjanos libres".
-Son pájaros mágicos –dijo el francés detrás de él-. Son muy difíciles de capturar, sólo los gitanos saben hacerlo…
"Somos víctimas, entiende eso muchacho", decían los pájaros.
-¿Qué harán con ellos? –preguntó el inglés.-
-Les cortan las alas y luego los venden a gente rica –contestó el francés.-
"No pueden hacerlo, eso es horrible" decía uno de los pájaros.
-Y algunas personas los comen pensando que absorben su magia –finalizó el francés suspirando.-
"No pueden hacer eso, ¿verdad? Tengo una familia" decía uno de los pájaros.
-That's horrible –dijo el inglés pálido como papel.-
"Déjanos libres, por favor, déjanos libres"
Los gitanos mientras tanto, observaban y tocaban curiosos el perro de oro, mientras Scott trataba de convencerlos que sólo era pintura (inocente, a los gitanos no los engañas así). De repente, la puerta se abrió, dejando ver a una mujer, de cabello corto, ojos celestes, pechos muy grandes y un traje que llegaba hasta el suelo.
-Pongan una mesa –dijo, sonriendo.-
Scott fue el primero en sentarse para que la gitana le dijera la suerte, o algo por el estilo.
-Veo una gran riqueza que se acerca, pero pasa de largo –dijo, poniendo cartas sobre la mesa.-
-¿Dice algo sobre el futuro? –preguntó.-
-Bueno, está esta carta… El loco…
-¿Y esa? –preguntó.-
-El amigo del loco, el estúpido, y el tonto del pueblo –dijo la mujer.-
Scott suspiró y se paró de la silla rápidamente.
-Quiero decirle su suerte al chico de ojos esmeralda –dijo la ucraniana.-
-¡No, gracias! –dijo el inglés, aunque la mirada de la mujer lo convenció de lo contrario.-
-Estás lleno de rabia –dijo ella-. Ocultas mucho sobre ti mismo… -lo miró-. Necesito un mechón de tu pelo –sonrió la mujer.-
Cortó un poco del cabello de Arthur con unas tijeras, para colocarlo en un extraño tazón con un líquido rosa.
-Tienes un gran destino que se remonta hacia el pasado –dijo la gitana abriendo mucho los ojos.-
-Sólo soy un camarero, no creo que tenga mucho –suspiró.-
-¡Todavía no has perdonado a tu madre por haberte dejado! –dijo la mujer, Arthur entrecerró los ojos y frunció el ceño.-
-¡No me interesa que me lea el futuro! –dijo el inglés y se colocó de pie.-
Francis se acercó rápidamente a la mesa.
-Necesito saber sobre el amor y el romance, todo eso… Cuánto tiempo tardará en decir que sí –dijo, algo agitado el francés.-
La gitana lo miró detenidamente.
-Veo muerte –dijo ella-. Una persona joven muerta, hecha pedazos.
Francis tragó saliva.
-¡Imposible! –dijo el francés.-
-Veo que hacen un fuego y tú tienes que arder en él –la mujer lo miró.-
-¡No! –sin darse cuenta ambos se estaban apretando las manos muy fuerte.-
-Tú no eres lo que pareces –dijo la ucraniana-. Eres un lobo, te he olido –la mujer sonrió.-
-Y tú nieto también lo es –dijo el francés.-
Francis volvió a dirigir su mirada al joven rubio de hace un rato, la ucraniana sonrió conforme.
-Pueden pasar la noche aquí –dijo la mujer de pechos grandes-. Los amigos deben estar juntos en el bosque profundo y peligroso.
Francis asintió.
Llegó la fría noche, ruidos de un lado para el otro. Scott dormía abrazado a Lovino, bueno, al Lovino de oro y Arthur dormía profundamente, con el gorro de la sudadera puesto en la cabeza, parecía sonreír, pero su estado cambió cuando volvió a escuchar las dulces voces de los pajaritos pidiéndole, mejor dicho, suplicándole que los dejara libres. El inglés dirigió su mirada hacia atrás, ahí estaba Francis conversando animadamente con el muchacho que también era lobo, tanto así que ni se percató de que él había despertado. Arthur tragó saliva, y trató de volver a dormirse, lo logró y finalmente amaneció.
-¿Estás listo? –susurraba Francis a Scott.-
-Sí, lo estoy… Tú ve a despertarlo –le contestó el pelirrojo en un susurro igualmente.-
El francés se acercó lentamente hacia el cuerpo del inglés y colocó su mano sedosamente sobre su hombro, y cubrió su boca creyendo que éste podría gritar. El menor abrió sus verdes ojos como platos, el francés le sonrió y susurró dulcemente: Nos vamos.
El inglés se quitó el gorro de su sudadera y posó sus ojos en las jaulas de los pájaros, seguían pidiéndole que los dejara libres y su corazón blando se quebró un poco. ¡Dios bendito! El muchacho de cejas sobrepobladas comenzó a abrir una por una las jaulas, mientras los dos mayores lo miraban anonadados, pidiéndole casi gritando que se fueran luego de ese lugar.
-¿Qué se supone que está haciendo? –preguntó Scott preocupado.-
-A-Arthur –decía el francés asustado.-
-¡No lo hagas! –le dijo el británico mayor.-
La última jaula era la más difícil de abrir, ya que estaba demasiado alta y Arthur no podía alcanzarla bien, se subió a una pequeña roca y la abrió, pero terminó cayéndose para atrás y provocando bastante ruido. Los otros dos hombres se acercaron rápidamente para ver si estaba bien, con un susto tremendo.
La ucraniana abrió la puerta de su habitación al escuchar el ruido.
-¡Atrápenlos! –dijo, bastante molesta.-
Arthur corría enérgicamente para no ser agarrado, la verdad es que cada uno había corrido por un lado distinto, podía sentir las voces de los gitanos ir tras él. Sintió que su pierna era agarrada por algo y arrastrada, felizmente era Scott quien le había agarrado. Se mantuvieron ocultos en unos arbustos hasta que no hubo más rastro de los gitanos, aparentemente se habían regresado a su aldea.
-No entiendo, no continuaron… -dijo Francis-. Eso no es propio de ellos.
La mujer de grandes pechos estaba sentada en la mesa de la noche anterior, aún poseía el mechón de cabello del inglés, por lo cual lo introdujo en un extraño líquido, no había que ser un genio para saberlo, pretendía maldecirlo. Comenzó a recitar unas palabras, mientras sus ojos cambiaban un poco de color, se veía realmente terrorífica.
Al ponerse de pie sintió una flecha que se acercaba rápidamente, quedando incrustada en un tronco de árbol. El castaño de cabello largo y ojos verdosos tomó la nota en sus manos: "todos los furtivos morirán por orden de la cazadora". El muchacho tragó saliva, la amenaza estaba presente, y las flechas comenzaron a llegar imprevistamente, acabando con todo a su paso, dejando varios heridos.
-¡Está ahí! –gritaban los gitanos.-
Varios gitanos lograron huir, otros, por desgracia perecieron inmediatamente. Tiempo después de esta masacre se vio la figura de Natasha aparecer, analizando la escena que tenía a sus pies.
La mujer abandonó la aldea, su trabajo aún no terminaba.
-¿Qué es lo que pasa? –preguntó Arthur.-
-Tu pelo luce diferente –comentó Scott extrañado.-
-¡Ah! Debe ser porque he ido a la peluquería –rió con sorna el inglés.-
-No es eso… Tu pelo ha crecido –dijo el pelirrojo extrañado, el largo del pelo de Arthur se asemejaba al de una muchacha.-
-¿Crecido? –Arthur tocó su cabeza, en efecto, estaba más largo.-
-¡Es cierto! –comentó el francés asombrado.-
-Está mucho más largo… -dijo el inglés un poco asustado-. What the hell? ¿Qué significa esto? Shit! –se quejaba el inglés.-
-Los gitanos tenían un mechón de tu cabello mon petit –comentó Francis-. Seguramente te han echado una maldición…
-¿Qué significa eso, frog? ¡Qué voy a hacer ahora! –decía el inglés sin dejar de tocar su pelo.-
Mientras más seguían caminando, el cabello de Arthur más seguía creciendo, y Francis era el encargado de llevarlo en sus manos. Y para agregar sufrimiento a la situación, llovía torrencialmente.
-¡Ten cuidado, idiot! Me estás tirando muy fuerte –se quejaba el inglés.-
-No es fácil llevarlo, tienes muchas puntas abiertas… -decía el francés en su defensa.-
-¿Y cuánto falta? –decía Scott agobiado.-
-No preguntes –le dijo el lobo.-
-¡A dónde es que vamos! –se quejaba el pelirrojo.-
Siguieron caminando, y el cabello de Arthur se enredó en unos arbustos.
-SON OF A BITCH, YA NO LO SOPORTO, TENEMOS QUE DETENERNOS EN ALGÚN LUGAR, MALDITO FROG! –gritaba el inglés con lágrimas en los ojos.-
-MERDE, Y, ¿DÓNDE VAMOS A HACER ESO EN MEDIO DEL BOSQUE, EH? –le contestó el francés.-
Pero parece que el inglés tenía suerte esa noche, porque a poca distancia había una casa abandonada. El francés abrió los ojos como platos y una sonrisa se le dibujó en los labios.
-Parece que tienes suerte, mon amour –sonrió el francés, Arthur frunció el ceño pero se acercaron todos a dicha casa.-
Francis abrió el lugar a la fuerza, estaba oscuro y con algunos grafitis, habían siete tazas y siete lámparas.
-¿No hay nadie en este lugar? –comentó el inglés.-
-No te preocupes, aquí no ha venido nadie en mucho tiempo –le respondió el francés.-
-¡Oigan, miren esto! –dijo el pelirrojo-. Siete camas… Es que acaso…
-Sí, es la cabaña de Blancanieves –respondió el francés-, estuvo muchos años perdida.
-Esas camas son tan pequeñas –dijo el inglés esbozando una pequeña sonrisa.-
Prendieron la chimenea, Arthur estaba decidido a secar su cabello, imagínate dormía con él mojado y le daba una enfermedad en un lugar como ese.
-Quiero preguntar –comenzó a decir Scott-, dime, ¿qué pasó con Blancanieves después de casarse con el príncipe?
-Se convirtió en una de las 5 mujeres más importantes de la historia…
-¿Cinco mujeres? –preguntó el inglés.-
-Claro, ella, Cenicienta, Caperucita roja, Gretel y Rapunzel –contestó el francés-. Ellas fundaron los primeros cinco reinos –él sonrió-. Ahora todas están muertas… Algunos dicen que Cenicienta sigue viva, pero hace más de 40 años que no se le ve en público… -el rubio suspiró-. Creo que el felices para siempre es cosa del pasado, ahora vivimos en tiempos llenos de oscuridad.
Arthur quedó mirándole fijamente por un momento, el rostro triste de Francis le provocaba algo extraño, en realidad, ese hombre le provocaba muchas cosas.
Scott dormía profundamente ya pasada la madrugada, mientras Arthur y Francis conversaban abiertamente.
-¿Qué le dijiste al chico de la aldea gitana? –preguntó el inglés.-
-No mucho, cosas de lobos –rió el francés.-
-What? ¿A qué te refieres con cosas de lobos?
-No tuve que decirle nada, sólo estar a su lado… Nunca había estado con otro lobo así que tenía bastante miedo… Ser diferente en esta vida implica demasiada soledad, supongo que lo sabes –lo miró.-
Arthur comenzó a jugar con su cabello.
-¿Dónde está tu madre? –preguntó el francés, provocando que el inglés frunciera un poco el ceño.-
-I have no fucking idea –contestó rápidamente-. Cuando nos dejó a mí y a mi hermano yo tenía siete años.
-Qué triste que te abandonen cuando eres pequeño… -respondió el francés.-
-Honestamente no pienso en el asunto, no es relevante en mi vida –el rubio trató de esbozar una sonrisa.-
-¿Qué ocurrió? –preguntó Francis.-
-Simplemente se fue, con hijos como nosotros, ¿acaso no hubieras hecho lo mismo?
Francis rió un poco.
-¿Dónde está ahora? –preguntó.-
-No lo sé, y no me importa… Really.
-¿Nunca te has preguntado cómo es? –el francés parecía realmente deprimido.-
-¡No! Si esa mujer se hubiera interesado en buscarme, lo hubiera hecho… Y no lo hizo, entonces no gastaré mi tiempo pensando en su maldita existencia –dijo el inglés.-
-Oh –el francés suspiró.-
-¿Oh? –preguntó el inglés.-
-Eso, un sonido simple… No quiero comentar algo y hacerte sentir mal –dijo.-
El inglés estornudó, el francés pasó suavemente su mano por la mejilla de éste, sus miradas se cruzaron intensamente.
-Tienes que hacer algo muy bueno con tu vida –dijo el francés.-
-¿Tú crees? –Arthur suspiró-. ¿Por qué?
-Porque tienes un dolor muy grande –dijo Francis.-
Arthur apartó su mano fuertemente y se sentó.
-Sólo se fue, no es nada del otro mundo… ¿Aquí no pasan esas cosas acaso?
-Claro que no, vivimos juntos para siempre, o morimos por horribles causas…
El francés se detuvo un momento.
-Tú no confías en nadie –inquirió.-
-¡Y menos en ti! –dijo a la defensiva.-
-Claro, así que no vas a sufrir –le contestó el lobo-, pero desgraciadamente, tampoco habrá alguien que te quiera…
-Love is a shit –contestó el inglés-. Es una excusa que usa la gente cuando no quiere estar sola.
Francis lo miró, preocupado, algo triste.
-¿No tienes nada que decir a eso? –le preguntó el inglés.-
-No –dijo el francés.-
Ambos sabían que en el fondo, Francis si tenía algo que decir.
¡Espero que les haya gustado!
Menciones honrosas:
Dratín: ¡Bueno, lo que más debo contestar en base al review anterior es decir que: Gracias! Nunca pensé que le llegaría tan bien el personaje a la bielorrusa, aunque debo decir que me da mucho miedo xDDDDDDDDDD en sí, todo lo que se viene me aterra xD pero en fin, gracias por leer, el apoyo y además por los regalos del otro día, me gusta recalcar eso :3 ¡Un abrazo!
GusGuschan: Bueno, no sé qué decirte, leíste el adelanto del capítulo y quedaste mal así que supongo que vas a quedar aún peor XDDDDDDDDDDDDD un abrazo para ti querida e.e
MeiChan95: Sólo agradecerte nuevamente, me ayudaste muchísimo *-* y el otro día hablamos tanto que ¡ay! pero bueno, ojalá te guste el capítulo, lo escribí de inmediato para que lo leyeras pronto w un abrazo muy grande para ti ^^
Sin más que decir: NOS VEMOS CUANDO NOS VEAMOS XD
