Los personajes utilizados en esta historia pertenecen a CAPCOM.

¡Hey! Lamento mucho la demora, pero por fin he podido actualizar la historia. Me ha tomado algo de tiempo escribir un nuevo capítulo, pero aquí lo tienen.

Antes de comenzar, responderé los reviews.

Julie909 chapter 3 . Sep 27

Like all wait, I adore. Even better, I rage not to have the sequel. What is happening? I want the rest ... I can not wait to have the other chapter to read it.

Thank you very much for writing me. I love receiving your reviews. I'm sorry I was slow to update, but here's the fourth part of the story. I will continue to update later. I estimate that the story will have about twenty-eight chapters. I hope you like it.

SorayaMendez chapter 3 . Sep 28

Hola querida que tal , bueno manita aquí otra vez yo .

Querida wow ...este capítulo esta genial y gracias por aumentar un poquito mas tu historia, me gusta. Voy a empezar por lo primero cuando se encontraron leon y claire estuvo en si bien y esos pensamientos uno al otro caramba amiga te pasas jiji y del resto me hizo reír y emocionante ya que esta el hecho de la amante celosa que no esta en la altura de claire y la escena final hay caramba te pasa los dos en paños menores y punto de hacer algo...?hay y lo cortas hay tu si eres mala xD buen echo.

Ps...querida así estamos casi todos por aquí en esta comunidad de Fanfiction la gran mayoría soy estudiantes universitarios ,entre ellos estoy yo incluso. Bueno manita te dejo hasta la próxima actualización , espero que sea igual de bueno como este , hasta entonces querida

¡Hola! Jajaja lamento mucho cortar la inspiración al final del Fic, pero creo que era necesario para darle algo de emoción a la historia. He trabajado más en este capítulo y, por lo tanto, es más largo. Espero que te guste esta parte y también espero seguir recibiendo tus reviews.

Capítulo 4: Reunión.

— ¡Mierda! ¡Quédate quieto, Leon! — exclamó Claire desesperada.

— ¡No! ¡Duele mucho! — gritó Leon.

Claire intentaba quitarle el trozo de vidrio roto de la planta del pie a Leon, pero este parecía una niñita asustada. No podía contener el dolor a pesar de ser un experimentado agente de la D.S.O. No cabe duda de que las apariencias engañan. Leon daba la impresión de un tipo rudo que no le teme a nada; de ser la clase de hombre que mata los insectos porque su esposa se paraliza de miedo; de esos que salen a la calle y la gente los respeta por el porte y la personalidad que posee, pero por dentro, el agente era tan sensible como Chris.

Aquella escena, le hizo recordar una vez, cuando Claire tenía siete años y Chris, doce. Era una fiesta a la que habían invitado a la pequeña Redfield y su guardaespaldas-hermano, la había acompañado. La pequeña jugaba en los columpios, mientras Chris se sentía todo un profesional y vigilaba el perímetro desde la rama de un árbol, donde podía ver con claridad todo a su alrededor. Entonces, un niño, dos años mayor que la pelirroja, le empujó del columpio, tirándola al suelo y haciendo que se raspara las rodillas y lastimase sus manos. Ralph había decidido que quería el columpio en el que Claire se divertía, así que se le hizo sencillo arrojarla al suelo y obtener por la fuerza lo que deseaba. Chris se percató de la horrible situación y, de un salto, bajó del árbol, furioso a defender a su hermanita, a quien había jurado proteger pasara lo que pasara. Caminó hacia Ralph y lo empujó, incitando una pelea.

— ¡Oye, bastardo! — exclamó Ralph, indignado por el empujón que Chris acababa de darle.

— Tú eres el bastardo, ¿cómo te atreves a tirar a mi hermana del columpio? Ella estaba jugando sin molestar a nadie. — respondió Chris, casi gritando.

— Porque soy un hombre y puedo hacerlo, ¿cuál es tu problema? No me digas que vas a golpearme en frente de tanta gente —

— Ganas no me hacen falta, imbécil. Sólo haré que le pidas una disculpa a mi hermana antes de que la paciencia se me agote y te rompa la cara frente a tu madre. —

— ¿Y si no lo hago, qué? — retó Ralph.

— Sí que lo harás. — respondió Chris, respirando profundo para apaciguar la furia que estaba por salir.

— ¿Ah, sí? —

Chris no resistió la impotencia y se lanzó sobre Ralph para golpearle la cara hasta desahogar su coraje, pero pronto, el séquito de matones del niño cobarde, tomaron a Chris por los hombros y lo arrojaron con fuerza al suelo, lastimándole la espalda. Entonces, Claire actuó de la manera más valiente y madura que nadie había visto jamás.

— ¡Alto! — gritó Claire. Enseguida, el silencio se hizo presente y todos observaron boquiabiertos a la indefensa Redfield. — Les ordeno que paren.

— ¡No la escuchen! ¡Es una niña! — exclamó Ralph, intentando frenar la sangre que brotaba de su nariz, aún adolorido por los golpes que Chris le había propiciado segundos atrás. — ¡A ella! —

— Pero no podemos hacer eso, Ralph. En casa, nuestros padres nos prohíben golpear a las niñas. — dijo un miembro de su pandilla.

— ¡Entonces sigan dándole su bien merecida paliza al idiota ese! — ordenó Ralph, eufórico.

— ¡No! — interrumpió Claire. — ¡Dejen en paz a Chris! —

— ¿O qué?— respondió el niño.

Claire tomó el valor que le sobraba y pateó fuertemente la ingle del niño malcriado, poniéndolo de rodillas. A continuación colocó el brazo de Ralph sobre su misma espalda, lastimándole aún más. El niño estaba quedando en ridículo frente a su pandilla y Claire como una heroína ante los ojos de su, aún derribado, hermano mayor.

— ¡Suelten a mi hermano! — gritó Claire, presionando cada vez más el brazo de Ralph. Todos miraban atónitos a su líder, siendo masacrado por una niñita y a punto de romper a llorar.

— ¿Qué, no oyen? ¡Suéltenlo! — gritó el niño, desesperado. La pandilla de matones se fueron a los juegos y Claire arrojó al líder al suelo con mucha fuerza. La madre de éste, se percató de la paliza que la pelirroja le había dado a su hijo y furiosa se acercó a ella para intentar reprenderla.

— Ya sé, señora. — anticipó la pequeña mientras levantaba a Chris del suelo; lo tomó de la mano y salieron de la fiesta.

Caminaron en silencio de la mano, hasta llegar a su destino. Una vez ahí, ambos se metieron a la habitación que compartían, donde Chris observó a su pequeña hermana, herida de manos y rodillas. Corrió al baño por alcohol, algodón y banditas para curar y desinfectar los raspones de Claire. Al terminar, todavía en silencio, ordenó las cosas en su lugar y retiró, con pesar y mucho dolor, un par de astillas que se habían clavado en su mano. Después volvió a la habitación y se puso de rodillas frente a la pelirroja, quien estaba sentada sobre la cama que los abuelos le habían prestado. Claire miraba en silencio a su hermano mayor.

— ¿Estás bien? — preguntó Chris.

— Sí, gracias por preocuparte. — respondió Claire.

— ¿Podrías hacerme un favor? —

— Claro. —

— ¿Me darías uno de esos besos mágicos tuyos en la mano? Es que tenía astillas enterradas, y aún me duele mucho. Sé que eres la única que puede ayudarme. —

Y no era mentira. Desde la muerte de los padres de los pequeños Redfield, Chris siempre se sentía a salvo con su hermana, y la veía como un tesoro al que cuidaría como un perro guardián. Ella siempre le hacía sentir mejor. Claire tomó la mano de su hermano mayor y con mucho cariño, le dio muchos besos para que él se sintiera mejor. Al final, Chris se sentó junto a la pelirroja y agachó la cabeza.

— Chris — dijo Claire — ¿cómo es posible que resistieras la paliza de esos rufianes y no aguantaras el pequeño dolor de las astillas? —

— Porque para protegerte, debo de ser muy fuerte. Cuando hago este tipo de cosas, no importa lo que me suceda con tal de que estés a salvo y feliz. Hoy fui un fracaso como hermano mayor, lo siento. Pero fuiste muy valiente y estoy muy orgulloso de ti. Eres una chica fuerte y ruda, Claire. —

— Gracias por cuidar de mí, Chris. Eres el mejor hermano del mundo. Te amo.

— También amo, pequeña. —

Chris abrazó a su inocente hermana y Claire pudo sentir el amor fraternal tan fuerte y puro que los unía a ambos. Desde entonces, supo que los dos estarían ahí siempre para cuidarse mutuamente, sin importar nada.

Claire sonrió ante el recuerdo de su hermano y nuevamente intentó quitarle el vidrio roto a Leon. Tras varios intentos, la pelirroja había conseguido retirar el vidrio. Coció el pie de Leon, mientras él seguía quejándose en el sillón.

— ¡Cálmate, Leon! — gritó la activista.

— Esa cosa pudo haberme partido el pie a la mitad, ahora ni siquiera podré caminar. —

— Leon, fue una herida sencilla. En una semana estarás como nuevo, quizá en menos. Debes usar muletas. —

— ¿Ahora eres doctora? —

— Sé lo suficiente como para curar tu herida, y darme cuenta que no es nada grave. Cálmate, limpiaré este desastre y te llevaré a tu habitación.

Claire limpió los vidrios rotos del suelo y el agua. Leon agradeció a los dioses por poner aquella imagen erótica de Claire semidesnuda, limpiando el desorden. La vista desde el sofá era la mejor, pues podía ver los mejores ángulos del cuerpo de la activista; de pronto, el agente sintió cómo su ropa interior le apretaba cada vez más, segundo a segundo. La pelirroja caminó hasta el rubio para ayudarle a llegar hasta su habitación. No de nuevo… Leon se sentía un idiota con sus reacciones corporales ante la menor de los Redfield, y ella, percatándose de la sensual situación, dijo:

— Si no relajas esa cosa, de camino a tu habitación podrías sacarme un ojo. — ¡Rayos! Sonó como una verdadera zorra, pero fue lo mejor que se le ocurrió para relajar el ambiente. Leon se ruborizó ante las palabras de la pelirroja y soltó una carcajada para liberar tensión.

Claire apoyó el brazo de Leon sobre sus hombros para servirle de apoyo y el agente cooperó hasta que, por fin, pudo tumbarse en la cama y acurrucarse para dormir. Pero Claire se recostó a su lado y, mirando hacia el techo, le preguntó:

— ¿Qué crees que estaríamos haciendo ahora si Umbrella no hubiera existido? —

— Nunca lo había pensado… Probablemente estaría llegando a casa después de haber arrestado a varios delincuentes y mi esposa me reclamaría por qué diablos llegué tan tarde, que mañana tenía junta de padres de familia y el pequeño quería que fuera en lugar de su madre, que se le acabó el dinero para la comida y necesita que le deje 100 dólares más, que el baño estaba tapado y que había una gotera en el techo. — dijo Leon, riendo ante el pensamiento. — ¿y tú? —

— Estaría acostada en mi cama, muy cansada de haber atendido a Robert, Desmond y a la pequeña Emily. Platicaría, de la mano, con mi marido sobre la reunión del fin de semana en casa de Chris y su maravillosa esposa e hijos. Nos abrazaríamos y tal vez, si nos queda un poco de energía, haríamos el amor un par de veces antes de ir a dormir. Quizá en medio de la noche, la pequeña Emily correría hasta mi cama porque tuvo pesadillas y cree que hay un monstruo en el armario; dormiría en medio de mi esposo y de mí, y más tarde, Robert y Desmond se nos unirían. —

— Wow… — dijo Leon, sorprendido. — Sí que lo has pensado mucho. —

— Más de lo que imaginas. No me malinterpretes, agradezco mucho esta vida, pero a veces quisiera que fuese otra. Donde todos tengamos una vida plena y absolutamente feliz. —

— Creo que para mí, está bien. Agradezco que todo esto sucediera. Sé que este era mi destino y aparecieron todas esas grandiosas pesonas, como Sherry y tú. — dijo Leon. Claire sonrió, se giró y tocó el hombro del agente.

— Eres un hombre maravilloso, Leon. Te quiero. — de inmediato, Claire cerró los ojos y se acurrucó en la cama del rubio, quedándose dormida. Leon sintió que el corazón le estallaba de felicidad y susurró:

— Yo te amo.

10:00 a.m.

Departamento de Leon. Recámara.

Leon estaba empezando a despertar. Había dormido como un tronco toda la noche. El olor a huevos fritos y a jamón asado, le habían llamado a abrir los ojos. El aroma de la comida era fantástico. Claire ya no estaba a su lado, seguramente ella es la autora de esos olores. El rubio agente, recordó el incidente del vidrio y se lamentó por haberse visto tan estúpido ante la situación. Se sentó en su cama, recargando su espalda en la cabecera.

Claire estaba en la cocina, esforzándose lo más que podía por preparar un desayuno decente para su herido agente. Preparó huevos fritos, doró jamón en la sartén, sirvió leche y café. Cortó un poco de la fruta que salió a comprar desde temprano y, finalmente, un par de tostadas con miel y mantequilla. Leon tenía una cocina muy completa y a la Redfield le fascinaba. Tomó una charola de servicio para colocar el desayuno y llevarlo a la recámara principal. Caminó hasta donde el agente y colocó la charola sobre las piernas de Leon, quien quedó asombrado. Había conocido algo más de Claire, ese don hogareño y culinario que jamás le había mostrado a él. Se preguntó, con pesar, cuántos hombres habían conocido ese lado de la hermosa pelirroja. Seguramente, después de Chris, había estado Piers, tal vez Neil o James, quizá otro del que no le había contado. Sintió rabia y celos, pero la culpa era absolutamente suya, por haber estado ciego tanto tiempo. Miró su desayuno, que lucía tan delicioso como la chef, quien aún llevaba puesta la lencería que, por la noche, le robó varios suspiros. Tomó los cubiertos y empezó a devorar el manjar que la pelirroja le había cocinado. Cerró los ojos para saborear el platillo.

— ¡Oh, Dios mío! — dijo el agente — Esto es maravilloso. Claire, muchas gracias, ¿quién te enseñó a cocinar así? —

— Es una divertida historia. Cuando los abuelos fallecieron, Chris era mi padre temporal hasta antes de que Barry llegara. Así que él no cocinaba nada bien, se le quemaba toda la comida. Finalmente, decidí arreglarlo y comencé a cocinar para mi hermano, quien, por cierto, estaba agradecido con mi sazón. Es tan celoso que cuando hay visitas, prefiere comprar comida antes de que alguien se "deleite" con mi comida. Supongo que guardarás el secreto. — dijo Claire.

— Juro solemnemente que nunca le contaré nuestro secreto al Capitán Redfield. —

— Confío en ti.

Ambos desayunaron con calma y Leon no podía dejar de alagar el don culinario de Claire, quien se ruborizaba cada vez que el agente le decía lo maravillosa que era. Estaban contentos, disfrutándose. De pronto, la Redfield recordó su teléfono celular. ¡Diablos! Corrió despavorida a buscarlo. Cuando lo tuvo en sus manos, revisó el registro de llamadas perdidas y se dio cuenta de que tenía 350 llamadas perdidas, de las cuales, el 99% eran de Chris, y el resto eran de la oficina. Su hermano debe estar furioso. Quiso devolver las llamadas al castaño y esperó a que éste respondiera el teléfono. Los tonos de espera comenzaron; 1… 2… y…

— ¡¿Dónde demonios estabas, Claire Redfield?! ¿A caso sabes la angustia por la que he pasado? Estuve diez veces a punto de enviar a media B.S.A.A a buscarte, si no fuera por Jill, el mundo entero estaría buscándote desde las cuatro de la tarde de ayer. ¡Qué irresponsabilidad la tuya! Acordamos que me llamarías en cuando llegaras a Washington. No sé ni siquiera con quién estás, si estás bien, si ya comiste, si tu vuelo estuvo bien, si extrañas a tu guapo hermano mayor o si estás a salvo. Carajo, Claire. Llevo 19 horas buscándote. Estaba muy preocupado. Llamé a Sherry y me dijo que no te había visto. — dijo el Capitán, aún preocupado.

— Chris, cálmate. Estoy bien. No es necesario que te pongas así, soy una mujer adulta y sé lo que… —

— ¡No me salgas con estupideces, Claire! — interrumpió Chris. — Sabes que jamás dejarás de ser mi hermana menor. Cuidaré de ti, no importa qué. Me da igual si eres adulta o anciana, estaré cuidándote. —

— ¡Christopher Redfield! Cálmate, por favor. Llegué a las cuatro de la tarde de ayer, ya comí, dormí excelente, y claro que te extraño, idiota. Hace mes y medio que no te veo, y la casa no es la misma sin ti por ahí arreglando cosas o haciendo ejercicio. —

— Esa no es manera de hablarle a su hermano mayor, señorita. Yo también te extraño y espero volver pronto. Las chicas mandan saludos. —

— ¿Las chicas? —

— Bueno, Sheva y Jill. —

— ¿Y ya te decidiste a abrir el expediente Sheva Alomar? Hablamos de eso hace días, espero que por lo menos ya la invitaras a salir. —

— Eso no le incumbe, pequeña Redfield. —

— Claro que sí. De no ser por mí, serías un fracaso con las chicas. Deberías agradecerme más. —

— Te he comprado algo para navidad. Quizá esperemos visitas de nuestros amigos. ¿Harás la cena o prefieres que la compre? —

— No lo sé, señor celoso. Tú eres el que no quiere que cocine para nadie más que no seas tú, además todavía falta un poco de tiempo para navidad. —

— Lo sé, pero si no te compro tu regalo ahora, lo olvidaré después y me matarás. —

— Chris, espero que además de tus amigos, consigas llevar una novia a la cena de navidad. Promete que lo harás. —

— Ah… — suspiró Chris. — Está bien, te lo prometo. —

— Sé que no me fallarás. Ya es tiempo de que encuentres una pareja y pongas el ejemplo a tu consentida hermana menor. Tal vez yo también lleve a alguien a esa cena. —

— ¡¿Qué has dicho?! — exclamó Chris, sorprendido.

— Hasta luego, Capitán Redfield. Te quiero. — Claire terminó la llamada.

Se detuvo un momento a pensar en lo rápido que había pasado su vida trabajando y esperando que el agente Kennedy se dignara a mirarle como miraba a Ada Wong. Ya no era tan joven como antes, las arrugas empezaban a aparecer en su rostro, y el tiempo de ser madre, como siempre soñó, estaba llegando a su fecha de vencimiento. A Leon no parecía importarle mucho formar una familia y vivir la vida de una mejor manera. Siempre había estado soltero y ni antes, ni después de Wong, había formalizado una relación y a la pelirroja, le emocionaba intentar ser la excepción en la vida del agente. Quería conocer a sus padres, que hablara con Chris para formalizar su relación, que le propusiera matrimonio y todas esas cosas cursis que había visto en las películas de Hollywood. Sabía bien que estaba adelantándose mucho a todo, debía esperar a que Leon se enamorara de ella y lo de anoche le había dado una esperanza, pues se notaba que no pasaba inadvertida para el rubio. Sonrió y caminó hasta la recámara de Leon, donde el agente intentaba ponerse de pie.

— Leon, no. Puedes lastimarte el pie. Déjame ayudarte. — dijo la pelirroja.

— Claire, me daré una ducha, ¿aún deseas ayudarme? —

— Sí, sólo aguarda un segundo. Cuando vuelva espero que estés desvestido para enviarte a la tina. La ducha puede ser peligrosa y no puedes apoyar el pie ahora.

Claire corrió hasta la cocina a buscar papel de cocina y plástico, mientras Leon obedecía las órdenes de la activista. En seguida, regresó con el rubio y envolvió su pie con el papel y el plástico para protegerlo del agua. Puso el brazo del agente sobre sus hombros y con el brazo derecho, lo rodeó por la cintura para llevarlo hasta la tina del baño. Ahí, lo sentó sobre la tapa del inodoro para que aguardara a que la tina se llenara de agua, después la pelirroja ayudó a Leon a ponerse de pie para que se quitara los bóxers y pudiera bañarse.

— Claire, creo que puedo hacer esto solo. No creo que quieras ver el espectáculo. —

— Está bien… avísame si necesitas algo.

La menor de los Redfield fue a su habitación a buscar la ropa que se iba a poner, cuando su teléfono empezó a cenar. Contestó:

— Hola Sherry —

— ¡Claire! ¿por qué no me has llamado? Ya sé que estás en Washington y me indigna que no me avisaras. Tengo muchas ganas de verte, en realidad, todos. ¿Estás disponible esta tarde? —

— Pues… — ¡Rayos! Anhelaba tener más privacidad con Leon, además, ¿cómo le explicaría que se había quedado a dormir en el departamento del agente? Pero, por otro lado, tenía muchas ganas de ver a la pequeña Birkin.

— Tomaré eso como un sí — interrumpió su casi hija — Te veré a las tres en el departamento de Leon, ¡te quiero! — colgó. Claire miró el reloj y se dio cuenta de que aún tenía tiempo para pensar en una excusa y además, poder arreglarse un poco para la reunión. Corrió al baño de su habitación y se duchó lo más rápido que pudo para, después, ayudar al agente a salir de la tina. Secó su cuerpo, cepilló sus dientes y se vistió rápidamente. Escogió unos fabulosos vaqueros negros hasta la cintura, un top de mangas largas color blanco, y unas ballerinas rojas. Se miró al espejo y sacó de su bolsa la máscara de pestañas y su lipstick rojo pasión mate que le hacía ver guapísima. Secó su cabello y el corte en capas, hizo que su melena media luciera fabulosa con unas ondas estilo sirena.

— ¡Claire! — gritó Leon desde el baño.

— ¿Has terminado ya? — respondió la pelirroja

— Sí, ¿podrías echarme una mano? —

Claire ayudó al desnudo y deseable Leon a salir de la tina y a llevarlo hasta su cama para que pudiera vestirse, advirtiéndole que Sherry había organizado una reunión en el departamento. La pelirroja corrió a la cocina a preparar aperitivos para los invitados, mientras Leon buscaba qué ponerse para no verse tan mal. El agente no dejaba de suspirar por Claire. Era tan hermosa, tan amable y perfecta, que no podía sacarla de su cabeza ni por un segundo. No creía demasiado en Dios, ni nada por el estilo, pero esta era una señal divina de que aún podría tener una oportunidad de empezar una historia de la mejor manera con el amor de su vida. Tenía que portarse como un caballero y pensar qué diablos iba a decirle a Chris cuando se enterara de que Claire y Leon tenían una relación más allá de la amistad y cómo actuaría cuando el hermano mayor de la pelirroja intentara asesinarlo.

El agente abrió su armario y sacó una camiseta de manga larga color negro, unos pantalones Levi's azul marino y su tenis Nike para estar más cómodo. Se puso su loción favorita y peinó su estilizado cabello. Se puso desodorante y cepilló sus dientes blancos. Al agente no le había sido tan difícil moverse de un lado a otro de su habitación, así que pensó que ya no haría que su amada cargara con su peso. Miró el reloj de su teléfono y estaban a punto de dar las tres de la tarde. Sherry llegaría en cualquier momento. Salió de su habitación y con cuidado, caminó hasta la sala y se sentó en el sofá individual frente a la mesa de centro para apoyar su pie. Miró hacia la cocina, donde Claire preparaba aperitivos para las visitas.

— ¡Leon! — exclamó Claire — ¿A caso estás loco? Te dije que yo te ayudaría a caminar mientras conseguía unas muletas para ti, ¿no te has hecho daño? —

— No, cariño… — dijo Leon, con los ojos abiertos como platos después de haber escuchado lo que le había dicho a la pelirroja, mientras ella no cabía en su emoción. Leon le había llamado "cariño", tal como si fueran una pareja real.

— Está bien, cariño. — correspondió la pelirroja, guiñándole un ojo al agente. —Lamento acabarme tus reservas de comida, te compensaré después, lo prometo. —

— Descuida, yo solo no iba a terminarme todo eso.

Claire tomó los platos llenos de aperitivos y las bebidas para ponerlos en la mesa. Todo estaba listo. La Redfield se veía hermosa y Leon, apuesto como siempre.

El agente no podía de mirar a su huésped y a su voluminosa retaguardia. La pelirroja se dio cuenta de la mirada de Leon sobre su cuerpo y, a propósito, tiró una servilleta para agacharse y deleitar al agente con su bien trabajado cuerpo. De inmediato, Leon se quedó sin aliento y su corazón latió con mucha fuerza. Entonces, alguien golpeó la puerta. Claire abrió y Sherry, con un par de bolsas con comida, se lanzó hacia la pelirroja y la abrazó.

— ¡Claire! — dijo Sherry — ¡Qué placer me da verte! Estás guapísima, ¿por qué no habías venido antes? ¡Jake! Te presento a mi madre prestada, Claire Redfield, Claire, él es Jake Muller, de quien tanto te hablé. — Jake se acercó a la menor de los Redfield y la analizó con atención. Era más dulce y amable a comparación con el amargado de su hermano. Había oído a Sherry platicarle maravillas de la pelirroja y de Leon, con quien de vez en cuando compartía copas.

— Al fin conozco a mi suegra, — dijo Jake con esa forma tan elocuente que lo caracterizaba — soy Jake Muller, seguramente Chris le ha hablado de mí.

— Sí, y Sherry también. Lamento lo de tu padre. —

— Ah, yo no. Ya pasó. Además, creo que no era para tanto. Jamás le conocí. Solo estaba consternado por todo lo que estaba sucediendo, supongo. Lamento haberle causado problemas a Redfield. —

— Chris siempre ha sido un buscapleitos, pero es un buen hombre. Ahora ya soy suegra, ¿eh? ¿Su relación es formal? —

— Supongo que sí, aunque todavía no hablamos con Leon — respondió Sherry.

— Suerte con eso. — dijo Claire.

Jake era un pelirrojo rudo y apuesto. Era bastante alto y fornido. Se había dejado crecer el cabello al estilo "Elvis moderno" y la loción que usaba acariciaba la nariz de quien pudiera olerlo. Llevaba puesta una chaqueta de cuero negro, unos vaqueros azul claro, botas negras y playera blanca. Sherry tenía el cabello corto que tanto la caracterizaba y un vestido azul rey que resaltaba su tez blanca y su hermosa figura. Leon se encendió cuando vio a Jake tomar por la cintura a Sherry. No le parecía para nada pudoroso.

— ¡Leon! — exclamó sherry, emocionada. — Se extraña tu presencia en la oficina, ¿pero qué te ha pasado en el pie? —

— Lo que me haya pasado es lo de menos, Sherry. Ustedes ni siquiera se han dignado en decirme que ya es oficial su noviazgo, ni cuánto tiempo llevan juntos, aun sabiendo que debes de rendirme cuentas, pequeña. — respondió Leon, con seriedad.

— Valla, viejo. No creí que te lo tomaras tan mal, después de todo, ya lo sabías. Además, tú y yo somos amigos, ya me conoces. Sherry y yo llevamos meses siendo novios. Esperábamos tu aprobación. — respondió Jake.

— ¿Meses? Jake, Sherry es como una hija para mí. Aunque te conociera de toda la vida, no me tomaría tan a la ligera que fueran novios. — dijo Leon.

— Leon, todo está bien. Jake es un buen hombre y se ha portado muy bien conmigo, puedes confiar en él. — dijo Sherry, intentando apaciguar a su padre celoso.

— Valla, creo que alguien se está convirtiendo en Chris Redfield, ¿eh? Leon, ya son adultos responsables y pueden hacer lo que les plazca. Dejemos que sean novios. Solo tengo una advertencia, Jake. No quiero enterarme de que le has hecho daño a Sherry o de lo contrario, tomaremos cartas en el asunto. — dijo Claire, mirando a Leon, quien no le quitaba los ojos de encima. — ¿verdad, cariño? —

— Sí, está bien. — respondió Leon, de mala gana. — Solo no quiero demasiadas muestras de afecto frente a mí, si no quieres que te rompa la cara, Jake. —

— Seguro. — dijo Jake.

— Me da gusto que pudieran venir, chicos. Creo que me pasé preparando los bocadillos. — dijo Claire.

— ¿Qué? ¡No! No tardarán en llegar los demás. — respondió Sherry.

Y en efecto, minutos más tarde llegaron Rebecca y Billy, Carlos Oliveira y una sexy acompañante, Hunnigan, Barry, Kathy, Moira, Poly, Natalia y Helena.

Barry estaba muy contento de ver a Claire, pues desde la isla que no le veía. Kathy abrazó a la pelirroja con fuerza, había extrañado esas largas conversaciones en la cocina. Natalia se había encariñado con Claire, después del asunto de la isla, no era para menos. Moira admiraba a la activista por la calidad humana que poseía y porque después de trabajar un buen rato juntas, se habían vuelto hermanas. Poly quería mucho a la pelirroja, porque siempre fue buena con ella. La familia Burton, en general, quería mucho a los Redfield.

Rebecca había cambiado, ya no era más aquella chiquilla temerosa. Se había convertido en una mujer fuerte y de carácter firme, nada que ver con la joven de años atrás, lo cual, parecía volver loco a Billy. Él no le quitaba la mirada de encima a su esposa y siempre estaba dispuesto a complacerla, fuera cual fuese su deseo. Becca abrazó a Claire con mucho entusiasmo, ellas habían sido muy buenas amigas siempre, y Billy le dio la mano a Claire como forma de saludo, pues bien sabía que a Becca no le gustaba que fuera demasiado cariñoso con otras mujeres. Carlos Oliveira le dio un seductor beso en la mejilla a la pelirroja, lo que sacó de sus casillas a Leon. Hunnigan estaba contenta de por fin haber conocido a la famosa Claire Redfield. Sherry las presentó y, como siempre, habló maravillas de ambas. Helena y la pelirroja fueron presentadas por Hunnigan y, ahora, Lena comprendía por qué Leon estaba tan pensativo las últimas semanas.

Leon recibió muchos abrazos y besos. Los idiotas de sus amigos le hacían burla de su pie herido y le escondían las cosas a propósito.

Todos comían con gusto los bocadillos que Claire había preparado.

— ¿Y a qué se debe la reunión? — preguntó Barry

— Pues a que Claire haya venido a Washington. — respondió Sherry.

— Es fantástico que después de tanto tiempo, casi todos, podamos estar en un lugar tranquilo. — dijo Becca.

— Y no encontrarnos repentinamente en uno de esos infiernos a los que llamamos trabajo. — respondió Billy.

— Al menos hoy sí podemos beber a gusto. — dijo Jake. — Leon, viejo, ¿por qué la descortesía de subir los pies a la mesa? ¿dónde están tus modales?— Todos rieron al unísono. Jake era un imbécil muy gracioso y Leon estaba de buen humor, por lo que esta vez decidió no romperle la nariz al pelirrojo.

Leon miró a Claire comer papas con aire nostálgico, probablemente extrañaría a su hermano. Sherry estaba muy contenta, al igual que todos. La reunión del Club Zombie marchaba a la perfección con todos esos bocadillos y cervezas. Leon y Claire coqueteaban ocasionalmente y la blanca piel de ambos, delataba la emoción que sentían.

— ¡Tenemos algo que anunciar! — exclamó Becky. Todos callaron y miraron a la doctora.

— ¿En serio? ¿Ahora? — cuestionó Billy.

— Así es — respondió Becca — Queremos anunciarles que el matrimionio Coen está esperando a su primogénito. Seremos padres. — Y la multitud enloqueció de felicidad. Eran la primera pareja en sentar cabeza y los primeros en tener descendencia. Las felicitaciones no se hicieron esperar y todo el mundo abrazó a los afortunados futuros padres.

— Bueno, bueno. — interrumpió Jake. — Ya que andamos emotivos, yo también tengo algo que decir. Hace años que llevo esperando para este momento. Desde que conozco a Sherry, no hay día en que no piense en ella y sus preciosos ojos azules. Eres la mujer más hermosa y valiente que he conocido, tienes el corazón más grande del mundo y no podría ser más afortunado de tenerte a mi lado cuando ya nadie más lo está. Sé que no soy digno y también es muy pronto, pero hay algo que quiero decir hoy que estamos frente a todos nuestros seres queridos y a tus padres. Quiero pedirte… — Jake se hincó y sacó de su chaqueta una cajita de terciopelo rojo, la abrió y mostró el precioso anillo de diamantes que contenía. — que seas mi esposa, Sherry. —

Claire ya lo esperaba. Sherry llevaba largo tiempo emocionada con Wesker Jr. Y se sentía feliz de que por lo menos ella cumpliera el sueño de formar la familia que perdió y que Leon y la pelirroja no pudieron ofrecerle. Leon, por otra parte, había sentido el balde de agua fría que cayó sobre él. Su pequeña rubia había crecido demasiado rápido y él dejó pasar demasiado tiempo para darse cuenta de que el amor de su vida era Claire Redfield y no Ada Wong. No sabía cómo asimilar la noticia y se sentía ahogado en un mar de sentimientos y recuerdos; Claire miró al agente y fue a sentarse a su lado, sonrió con esa familiaridad característica de la activista y observó a Sherry decir "Sí". Leon tomó la mano de Claire y ella la estrujó suavemente. Los invitados estaban felices por los recién comprometidos, pero los futuros novios esperaban la aprobación de los padres de Sherry.

— Claire… Leon… ¿están de acuerdo con mi compromiso? — preguntó Sherry, angustiada.

— Sherry… — dijo Claire — Leon y yo estamos totalmente de acuerdo con tu compromiso con Jake. No puedo oponerme a tu felicidad. Cuenta con nosotros para la boda. Estaremos felices de estar con ustedes.

Sherry no pudo evitar abrazar a Claire para agradecerle su apoyo y amor. Después abrazó a Leon, quien se esforzaba por evitar decir que no al compromiso de su pequeña, después de todo, quería que fuera feliz y que construyera la familia que perdió en la tragedia de Raccoon City. Jake agradeció a Claire su permiso con un abrazo y al papá celoso, le ofreció la mano.

— ¡Hey! — exclamó Jake. — Quizá ahora pueda llamarte papito suegro. —

— Jake — respondió Leon, fulminándole con la mirada. — No hagas que me arrepienta de haber dicho que sí. Aún tengo mis dudas sobre si podrás hacer que Sherry no muera de hambre. —

— Tranquilo, viejo. Cuidaré bien de mi súper chica. —

— Ya que estamos la mayoría del Club Zombie, — interrumpió Claire — Chris y yo celebraremos la navidad en la casa Redfield, y en nombre de mi hermano y mío, quisiera decir que todos están invitados a la cena familiar. Nos encantaría que pudieran celebrar con nosotros. —

— ¡Cuenta con los Burton, querida! — exclamó Kahie.

— ¡Cuenta con los Muller! — dijo Sherry y. automáticamente, todos estarían reunidos para navidad en casa de los Redfield.

— ¿Y cuándo será la boda? — preguntó Moira

— Sherry y yo pensamos que sea en Febrero del año que viene. Queremos celebrar en un lugar especial del que pronto sabrán. — respondió Jake.

— Parece que estamos muy de buenas. — dijo Helena — ¿por qué no nos embriagamos un poco? — mostró las botellas de tequila.

— Hay niños presentes. — dijo Hunnigan — No creo que sea conveniente.

— Por Dios. — dijo Natalia. — Ya no soy una niñita, entiendo perfectamente que los adultos solo quieren beber alcohol. Por mí no se preocupen, iré a ver la televisión, ¿te importa, Claire? —

— No, cariño. Adelante. — respondió Claire.

— Valla, valla. — dijo Carlos — Así que, ¿ya vives con Leon? — Claire puso los ojos como platos y se ruborizó.

— ¡Claro que no! — respondió la pelirroja — ¿por qué lo dices? —

— Es obvio. Los bocadillos los preparaste tú, dispones del departamento de Leon como si fuera tu propia casa y ambos llevan coqueteando todo el día. Por la herida de Leon, considero que una niñita llorona como él no pudo haberse curado tan bien como se ve. Estás aquí desde anoche. Se ve que hay mucho fuego aquí. — dijo Carlos. Barry escupió su cerveza casi enseguida y tosió un poco.

— No te expreses así frente a mis hijas, Carlos. — dijo Barry

— Vamos, viejo. Como si tus hijas vinieran del espíritu santo. — respondió Carlos

— Relájate, papá- Ya somos mayores. En la escuela aprendes cosas peores que estas, así que no hay de qué preocuparse con las palabras del morboso y sucio de Carlos. — dijo Moira y Poly empezó a reír al ver a su padre ruborizarse.

— Tienen razón, querido — intervino Kahy — Tú y yo no éramos precisamente unos santos cuando jóvenes, ¿acaso ya olvidaste aquella vez cuando mis padres te echaron de casa al descubrirnos desnudos en la sala de mi casa?

— Pero, cariño, las niñas están aquí. —

— Ya son mayores, amor. Todo estará bien. —

— Qué diría Chris si escuchara esto. — dijo Barry.

— Le rompería la cara a Leon por intentar algo con su hermanita. — respondió Carlos.

— Yo opino que deberíamos embriagarnos. — repitió Helena. Leon la miró extrañado, sabía que algo no andaba bien con Lena, pues no era común que bebiera demasiado, ni siquiera se acababa dos cervezas.

Aquella tarde, todos le siguieron el juego a Helena, pero nadie se puso tan ebrio como ella. Hunnigan se ofreció a llevarla a casa y se fue temprano. Los Burton estaban ambientados, pero no ebrios. Barry sabía que debía conducir regreso a casa. Carlos y su acompañante bebieron hasta que no pudieron más y tuvieron que irse en un taxi. Leon empezaba a ponerse cariñoso y bromista. Los Muller reían con Moira y Poly, y Claire no dejaba de pensar en su hermano. Él sentía muy suya la responsabilidad de acabar con el bioterrorismo, pero su vida se estaba consumiendo en ello. Hace tiempo que Jill y él habían intentado una relación, pero no funcionó del todo. Primero, porque ambos vivían por su trabajo y el tiempo de sobra no existía para ellos. Claire estaba segura de que Jill sentía algo más que una amistad, pero su estilo de vida le impedía formalizar algo con Chris. Apenas, hacía año y medio, Sheva Alomar, una mujer africana de belleza inigualable, había sido transferida a la sede donde el mayor de los Redfield entrenaba y trabajaba, justo en California. El castaño no era ciego, y nunca negó que Sheva era hermosa e inteligente, pero no se animaba a invitarla a salir por miedo a formalidades.

Claire sabía que Chris estaba triste y decepcionado por lo de Piers, quien en poco tiempo se había convertido en un hermano para él. A veces el capitán de la B.S.A.A. tenía crisis emocionales y constantes terrores nocturnos que le hacían despertar gritando y, en ocasiones, aunque él lo negara, llorando. Claire era testigo de ello casi a diario, y en su desesperación por ayudar a su hermano, se quedaba a dormir con él, pues estar juntos les hacía sentir bien y a salvo de cualquier peligro. Ahora que su hermano mayor estaba en California, estaban más unidos que nunca, pues ninguno de los dos dejaba de preocuparse por el otro. Los mensajes de texto eran comunes entre ellos, pues a veces, las llamadas no eran opción, sobretodo en horas de trabajo. La pelirroja anhelaba ver feliz a su hermano mayor, pues según ella, nadie lo merecía más que él en el mundo.

De pronto la mirada pensativa de Claire y los profundos ojos azules de Leon se cruzaron y la llama de la pasión se encendió. Claire sentía fuego que emanaba de su pecho y lo único que quería era quedarse a solas con el agente. Leon sintió un deseo incontrolable de besar a la pelirroja hasta que la vida se le fuera en ello. Los labios colorados del rubio, ardían en deseo, y Claire apretó con fuerza las piernas y mordió sus labios. ¿Qué demonios está pasando? Carlos tenía razón. El fuego estaba en el aire.

Las horas pasaban y al final, los invitados emprendieron su camino a casa y en el departamento solo quedaban Leon y Claire. Ambos estaban bajo los efectos del alcohol y el ambiente de la fiesta. La pelirroja ayudó al agente a llegar a su recámara y al estar en su habitación, ambos se tumbaron en la cama y quedaron frente a frente.

— Claire… — suspiró Leon. — Hoy te veías hermosa.

— Leon… yo… —

Sin pensar, el rubio se abalanzó sobre Claire y la besó de forma impulsiva. La pelirroja correspondió a los apasionados besos del agente y sintió que su cuerpo se quemaba. Los suspiros eran largos, sus manos no se hicieron esperar y empezaron su trabajo. Leon estaba ansioso por recorrer el cuerpo de Claire, aquél que lo tenía vuelto loco. Acarició la cintura de la pelirroja y ella se estremeció ante el tacto caliente del rubio. Ella acarició su espalda, metiendo sus manos bajo la camiseta de Leon. Poco a poco, el agente fue adentrándose dentro del top de la Redfield. Sus manos por fin encontraron lo que buscaban: sus senos. Aquellas dos esferas prominentes que no dejaban respirar a Leon. Primero los rozó sobre el sostén de la pelirroja, pero ella no quiso esperar y se quitó las prendas superiores, mostrándole a Leon las virtudes físicas de su cuerpo. El agente suspiró al tener el pecho desnudo de aquella hermosa mujer y se inclinó hacia ellos para apretarlos y besarlos con ferocidad con esa habilidad que caracterizaba al agente. Claire sentía un enorme placer y se esforzaba por no gemir. Entonces, Leon descendió su mano derecha hasta el bajo vientre de la activista y se detuvo en seco, mirando a Claire, ella asintió y con voz jadeante y deseosa, pronunció:

— Vamos… hazlo, Leon. Hazme el amor. —

Y aquellas palabras bastaron para que el agente liberara la bestia que guardaba en su interior; así que, finalmente, la mano de Leon llegó hasta esa flor dulce y cálida que emanaba el néctar del deseo y la gloria. Los dedos del rubio acariciaban el punto exacto y Claire quería, con desesperación, que Leon la hiciera alcanzar el clímax, pero eso no estaba en los planes del agente aún. Jugueteando, introducía dos dedos en Claire, mientras ella miraba los ojos del agente y mordía sus labios, resistiéndose a lanzar un gemido escandaloso. La pelirroja le quitó la playera al agente y dejó ver la musculatura que él poseía. Recorrió con sus dedos el torso desnudo de Leon, y él se estremecía al tacto de la fémina. Dejó que ella se familiarizara con su piel, mientras disfrutaba de la sensación de placer que le producía. Entonces, Leon le quitó los pantalones a la pelirroja y el resto de su ropa interior. Acarició una vez más las piernas de la Redfield y poco a poco fue separándolas, hasta que la feminidad de la pelirroja quedó al descubierto ante los ojos del rubio.

— Claire, — dijo suspirando — Eres perfecta.

— Leon… te deseo.

— No sabes cuánto he deseado este momento.

Entonces, Leon besó tiernamente la feminidad de la Redfield. Probó por primera vez aquél néctar dulce del fruto prohibido y lo saboreó como un niño a un caramelo, pero luego se volvió salvaje y el pistilo de aquella flor, fue estimulado ferozmente hasta hacer gritar a la activista de puro placer. Ella estaba ansiosa, apretaba con sus manos el cabello rubio de Leon y gritaba extasiada. Leon estaba tan excitado como nunca lo había estado y sentía que su virilidad ya no cabía en sus pantalones, pero no podía despegar su boca de los labios de Claire. Pronto, Leon introdujo nuevamente un par de dedos en la activista e imitaba el movimiento sexual: dentro, fuera. La pelirroja meneaba sus caderas y gozaba del placer que el agente le hacía sentir.

— Leon… estoy a punto de… —

Leon no la dejó terminar de hablar, cuando su boca y sus dedos se movieron más rápido en la feminidad de Claire, haciendo que ella gimiera más fuerte y a él lo volvía loco, hasta que la menor de los Redfield alcanzó el mejor orgasmo de su vida y terminó empapando el rostro de Leon. Él no pudo prevenir que un chorro de agua saldría disparado con fuerza del miembro de Claire, pero contrario al desagrado, esto le hizo excitarse aún más. La pelirroja, tumbada en la cama, intentaba recuperarse de todo el placer que había sentido apenas hace unos segundos, pero luego, sus ojos se toparon con Leon y se lanzó sobre él. Lo besó como nunca había hecho. Rodaron sobre la cama y ésta vez, la pelirroja quedó encima del rubio. Besó y mordisqueó el cuello del agente, descendió lentamente por el pecho y el torso del agente hasta encontrarse con el botón de los vaqueros del hombre. Le lanzó una mirada perversa y desabrochó el pantalón. Se lo quitó despacio junto con sus Calvin Klein, dejando al descubierto el miembro viril de Leon. Lo observó por unos segundos y suspiró. Era grande y carnoso, estaba caliente y suave; las venas que tenía, resaltaban de su piel y Claire se atrevió a hacer lo que tanto había deseado. Tomó entre sus manos el miembro de Leon y se inclinó para introducirlo en su boca, lo que hizo al agente soltar un gemido. La pelirroja succionaba con su boca la virilidad del hombre, lo hacía rápido y a veces lento. No dejó de explorar aquél pedazo de carne que por poco no le cabía en la boca. Leon sentía un gran placer, doblaba sus pies y gemía salvajemente, no podía dejar de pronunciar el nombre de su huésped, mientras ella le miraba a los ojos de forma sexi y perversa. Así, Leon acostado y Claire sobre él, duraron un rato más.

— Claire, ya voy a terminar. — advirtió el agente, jadeando del esfuerzo por no terminar en la boca de su amante y parecer un imbécil, pero a ella no pareció importarle y succionó más rápido y fuerte el miembro de Leon.

— Claire… — pero la pelirroja no se detuvo, — ¡Oh, Claire! — y Leon alcanzó el Clímax dentro de la boca de la pelirroja, quien, sin más preámbulos, devoró la muestra del orgasmo masculino de Leon.

Él respiraba rápidamente para recuperar el aliento y Claire se lanzó para besarle. Leon correspondió y apretó con sus manos la piel de la pelirroja: piernas, glúteos, espalda y senos. Se besaron por un rato, hasta que Leon volvió a estar listo. La menor de los Redfield se dio cuenta y con sus manos estimuló el miembro de Leon.

— Claire, ¿quieres…? — preguntó Leon

— ¿No crees que después de todo esto, la pregunta sobra? — respondió Claire. Leon sonrió.

— Entonces buscaré un condón… —

Claire estaba ansiosa por sentir el roce piel a piel, no quería ninguna barrera, así que se colocó encima del agente, tomó con sus manos aquél trozo de carne y lo introdujo en ella. Al contacto caliente y húmedo, ambos gimieron. Claire realizaba movimientos circulares y salvajes que hacían gemir a Leon. Ella tapaba su boca con su mano para no armar un escándalo.

— Claire, quítate la mano de la boca. Quiero oírte. — dijo Leon, extasiado.

Y así lo hizo la pelirroja, hasta que sus gemidos se hacían más fuertes como los del agente. Leon la embestía fuertemente y de forma salvaje, a veces lento, a veces rápido y en diferentes posiciones. Claire llegó al clímax húmedo varias veces, mojando la cama y Leon se esforzaba por no eyacular antes. Duraron así un buen rato, ninguno de los dos supo con exactitud, hasta que el rubio sentía cerca el fin del encuentro.

— Claire, voy a terminar pronto. — dijo Leon.

— Házlo… dentro de mí… por favor. —

Leon, llegando al final del encuentro, cumplió el deseo de la pelirroja mientras gritaba su nombre. Claire cayó rendida sobre el rubio, quien le abrazó y acariciaba su espalda blanca y desnuda. Besó su cabeza y la menor de los Redfield, aferró sus brazos al cuerpo del agente, mientras ambos, aun jadeando, recuperaban el aliento. Creían estar en un sueño del que no querían despertar jamás.

— Leon, estuvo increíble. Gracias por esta noche. — dijo Claire.

— No tienes que agradecer, preciosa. Quisiera confesarte que había querido esto desde hace mucho tiempo. —

— Yo también. — ¡Es el momento! Claire tenía que confesarle sus sentimientos a Leon de una buena vez, arriesgarse nuevamente al famoso: "Lo siento, Claire. Pero yo…" del agente. Esa noche había quedado claro que el rubio sentía atracción por ella, lo que de por sí ya suponía un buen comienzo. Vamos Claire… — Leon, tengo que decirte algo. —

— ¿Qué sucede?

— Ya sé que te lo he dicho mil veces antes, pero tienes que saber que no he dejado de amarte nunca, a pesar de todo. Sé bien que no sientes lo mismo, pero espero que puedas darme la oportunidad de enamorarte, ahora que Ada se ha ido. —

— Claire… yo no sabía que aún me amabas y me alegra oírte decirlo. Desde que Ada se fue, pude comprender que me había cegado por mucho tiempo y aunque todo estaba frente a mí… no pude ver que a la que siempre he amado es a ti. Te amo, Claire. Agradezco que hayas aparecido en mi vida nuevamente, espero que tú me dejes recuperar el tiempo que perdí por imbécil. Juro que nunca voy a dejarte ir. Te amaré siempre.

— No me jures, Leon. Házlo.

— Lo haré.

— Recuperemos el tiempo perdido a partir de ahora. La noche es joven, y nosotros aún tenemos energía para un par de veces más.

Y no perdieron el tiempo. Leon y Claire hicieron el amor toda la noche, hasta que sus cuerpos rogaban por descanso. Aquél día Leon supo que jamás dejaría ir de nuevo a la pelirroja. Que haría lo posible por hacerla feliz, porque ahora que ya estaban juntos, ¿qué era lo peor que podía pasar?

¡Muchas gracias por leer! Espero poder actualizar pronto la historia y leerlos a ustedes. Hasta el próximo capítulo.