Penultimo capitulo!

Hetalia no me pertenece


31 de Marzo, 8:45 am

El agente John esperaba impaciente en un café de New York, había quedado de verse con el agente Woodgate y la agente Mercier. Había volado desde Washington ya que el último lugar donde habían sido vistas las naciones por última vez era en la sede de la ONU. Tal vez podrían seguir sus pasos desde el momento que dejaron el edificio y lograrían encontrarlos pronto.

A estas alturas el presidente ya se había puesto paranoico. Con cada llamada que recibía, temía que fuera una declaración de guerra o peor aún, una llamada desde la Vegas informándole que su nación se había casado después de una noche de borrachera –Otra vez. Su preocupación lo llevó a tener que usar a la CIA nuevamente para que interfirieran en todas las cámaras de todos los McDonals del país para saber si el rubio se encontraba en alguno de estos.

Claro, se les pasó la mano y terminaron interfiriendo las cámaras de varios McDonals en el mundo, lo que causo ciertos rumores sobre la nación americana espiando a países en el mundo… nada de qué preocuparse. Se preocuparon cuando no encontraron a Alfred en ningún lado. Entonces, solo por precaución, el presidente decidió trabajar ese día en el bunker anti ataques, solo por precaución.

Después de un rato, los agentes llegaron con minutos de diferencia. La agente de nacionalidad francesa se notaba cansada, seguramente al tratar de rastrear a su nación toda la noche. Era conocido entre los agentes el peligro que implicaba dejar suelta a la nación del amor~ sin supervisión alguna. La pobre castaña tenía una tarea muy dura al tener que seguirle el paso a su nación cada momento.

Por su parte, el agente inglés lucia tranquilo, pero no engañaba a ningún agente. El chico estaba hecho un manojo de nervios. A nadie le gustaría tener que explicarle a su reina que perdió de vista a la persona más importante de la Gran Bretaña.

— El Agente Logan se mantiene en contacto con los agentes de oriente. Dice que ninguno encuentra a su nación y que nos llamara en caso de que alguna pista surja. — informó el agente Woodgate. Su voz denotaba un timbre de ansiedad que no paso por alto para los otros dos agentes.

— ¿Les informaron a los presidentes y reyes…?

— ¿Estás loca? — John interrumpió a la agente Mercier —Hasta el momento los únicos que saben son el presidente Obama y los agentes. ¿Te imaginas el desastre que habría si se enterara? Sería la paranoia en todo el mundo.

— ¿Y entonces donde creen que están?

—… en Disneylandia — Todos concordaron que era la excusa más creíble que pudieron encontrar.

— ¿¡Pero entonces donde pueden estar!? ¿¡Encerrados en algún lugar todos juntos o que!? — El agente Woodgate comenzaba a perder la paciencia.

— Eso sería estúpido — Comentó John. Aunque ignoraban que era la verdad.

— Podrían estar en cualquier lado…

— Como en el Gran cañón — sugirió Mercier.

— ¿Jugando al barco ahogado otra vez?

— Podríamos ir preguntar a los bares de la zona. — Los tres concordaron que era la mejor opción que tenían en ese momento.

31 de Marzo, 12:08 pm.

Hungría miraba preocupada un saco vacío que tenía entre sus manos. Ese saco antes estaba lleno de alimentos contrabandeados, que vendía a cambio de yaoi. Ahora el saco solo contenía aire. Bueno, la comida había durado menos de lo esperado. Si las naciones habían estado actuando de manera extraña con solo unos dos días estando encerradas, no quería ni imaginarse como actuarían ahora que la comida se había terminado.

Mientras tanto en el otro extremo de la sala, Estados Unidos se encontraba boca abajo recibiendo un masaje "erótico" de parte de Inglaterra. Había sido divertido al inicio, seguía sin entender que tenía que ver eso con la cocina, pero tenía chocolate y eso era lo importante. Pero el chocolate se había acabado, se le entumieron las piernas y le dolía la espalda; Inglaterra no era muy bueno en eso que digamos.

Además estaba el pequeño detalle de que estaban encerrados en la sala de reuniones. El americano se preguntaba si el agente John ya se habría dado cuenta de su ausencia, sumándole a esto había recordado con horror que la noche anterior había sido día de hamburguesas en la Casa Blanca.

Escuchaba aburrido como Italia reñía a Inglaterra por que debía mover las manos más delicadamente, como si amasara la masa de un pan. Tal vez ese era el problema, Inglaterra amasaba pan golpeando el rodillo a lo bestia contra la pobre masa.

Fue entonteces cuando la cercanía de una persona en particular llamo su atención. Bielorrusia estaba caminado en su dirección con determinación, y lo que le pareció molestia en el rostro. Cuando la chica estuvo a unos cuantos metros de su posición, se detuvo y hablo.

— Mi hermano quiere quedarse con la maple de tu hermano.

Inglaterra paro lo que hacía e Italia miro con sorpresa a la rubia, ambos con la boca abierta. Estados Unidos solo la miraba parpadeando de vez en cuando ¿Qué acababa de decir? ¿La maple de su hermano? Esa deliciosa y viscosa maple que tanto adoraba en sus desayunos y que su rubio gemelo le enviaba como regalo cada semana. Su lindo e inocente hermano productor de la dulce delicia liquida…

— De ninguna manera — Estados unidos se paró enseguida, importándole poco que Inglaterra estuviera aun en su espalada, por supuesto tirándolo en el proceso, y camino hacia la rubia. — sobre mi cadáver.

Un aura oscura rodaba a Estados Unidos, se negaba que la maple… y su hermano, terminaran en manos de aquel comunista – aunque ya no era comunista.

— Lo mismo pensé — Una sonrisa cruzo el rostro de la chica — Según se, mi hermano tiene pensado empezar una guerra por el dominio de esa maple.

— ¿Guerra, ve~? ¿Contra quién? — Preguntó Italia.

— Contra el albino alemán — siseo la rubia — Tenemos que hacer hasta la imposible porque tu hermano se quede con él. — Bielorrusia odiaba a Prusia, pero más odiaba la idea de que su hermano estuviera con alguien más, por lo que no tenía más remedio que estar del lado del albino.

— Pero…si quiere hacer la guerra contra Prusia, es porque él también quiere la maple de mi hermano ¿No?

—… — Bielorrusia no había pensado en ello, tiempo de improvisar — Si, pero es distinto. Él no es comunista —tampoco Rusia, de hecho. — Pero piensa ¿Prefieres que mi hermano tenga la maple de tu hermano?

Estados unidos se quedó callado, analizando la situación. Frunció el ceño concentrándose. Era cierto que no le gustaría que el ruso tuviera la maple, pero tampoco le agradaba mucho la idea de Prusia teniéndola. Entonces, ¿Qué hacer?

— Mi hermano dijo que Mcdonals era un asco

— Prusia merece totalmente tener la maple de mi hermano.

Inglaterra se preguntaba si era el único cuerdo en ese lugar. Declara la guerra por una razón tan absurda como esa. Tal vez no era muy bueno cocinando, pero gracias al cielo tenía sentido común y no se dejaba llevar por cosas triviales e infantiles como…

— ¿Ya comente que Francia esta departe de mi hermano?

— Debemos aniquilar a esos idiotas — Inglaterra jaló del brazo a estados unidos, dispuesto a buscar a Prusia para poder concordar en un plan de guerra.

31 de Marzo, 1:27 pm.

Prusia entendía cada vez menos como era posible que Canadá le hubiera pasado desapercibido tanto tiempo. Era divertido, le gustaba hacer deportes, tenía espíritu competitivo, se esforzaba en lo que hacía, era bastante lindo. En fin, esperaba poder pasar un buen rato agradable con el fuera de esa estúpida sala. Lo mejor de todo era que había logrado liberarse de Francia, quien no había dejado de molestar desde que llego.

Esperaba que su amigo superara pronto esa recién descubierta faceta de complejo de padre.

— Hola, Canadá — Prusia rodo los ojos. Lo que le faltaba, un ruso psicótico.

— Oh, Rusia, buenas Tardes — saludó amablemente el americano.

— Solo pasaba por aquí y me di cuenta que tal vez querrías tener una agradable compañía, Canadá — El ruso, como siempre, adornaba su rostro con una infantil sonrisa que parecía un poco perturbadora. Prusia frunció el ceño ¿¡Él estaba pintado o que!?

— Seria agradable que nos acompañaras si lo deseas — Canadá sonreía amablemente a Rusia, que sin decir otra palabra, se sentó entre el rubio y el albino. Prusia no podía más que maldecir su mala suerte.

Después de un rato de hablar de temas triviales, como los diferentes tipos de osos en el mundo y como quitarte uno de encima, Canadá se levantó para dirigirse al baño de la sala de juntas, dejando a las naciones europeas solas.

— Muy bien, no sé lo que pretendes, pero ¿podrías dejarnos solos de una vez? — dijo Prusia con exasperación.

— Lo siento, Prusia, pero al igual que tú, yo también quiero la maple de Canadá, y la pienso conseguir.

—… ¿La qué?

— Y si tanto quieres la maple, deberás pelear por ello — Rusia se levantó del lugar donde se encontraba sentado y miro desde arriba a Prusia, que seguía confundido por las palabras de Rusia — Prusia, te declaro la guerra.

Prusia estaba en blanco ¿Qué demonios?

Una risa estridente se escuchó cada vez más cerca. Estados Unidos llego junto con Italia, Inglaterra y Bielorrusia y tomo de los hombros a Prusia. Con determinación, miro a Rusia y sonrió mientras decía:

— Por supuesto que aceptamos esta guerra contra ti ¡no dejaremos que un comunista — aunque ya no era comunista — nos gane y se quede con la maple de mi hermano!

— Muy Estados Unidos, ya que has demostrado de qué lado estas, me retiro, pero no crean que ganar esta guerra será sencillo para ustedes.

Mientras Rusia caminaba por donde había llegado, Prusia era jalado por Estados Unidos en la dirección contraria.

31 de Marzo, 4:15 pm.

La sala estaba en silencio. El tipo de silencio que presagiaba una tormenta. Las mesas se encontraban colocadas de lado contra el suelo, la mitad del lado derecho contra el gran ventanal de cristal y la otra mitad del lado izquierdo, contra la gran puerta de roble.

Del lado izquierdo, abarcando el espacio que daba a la puerta de roble, se encontraban Lituania, Francia, Turquía, Alemania, Finlandia, Noruega, Corea, Italia del sur, Estonia, Letonia y Grecia todos liderados por Rusia.

De lado derecho, abarcando el gran ventanal, se encontraban Polonia, Islandia, Italia del norte, Inglaterra, Suecia, Dinamarca, China, Estados Unidos, España, Austria y Bielorrusia, liderados por Prusia, quien aún no sabía qué demonios había pasado y cómo demonios había terminado en medio de lo que todos llamaban la "Guerra del Maple" ¿De qué jodido maple hablaban?

Las naciones que faltaban estaban esparcidas por el resto de la sala, en estado zombi por falta de comida, Hungría y Japón tomaban fotos de lo que ocurría, ubicados detrás de una mesa que también estaba volteada de costado. Y Escocia y Suiza seguían metidos en el armario, riendo al ver que su plan macabro casi se completaba. Y la razón de la guerra estaba encerrada en el baño. Alguien había robado todo el papel y había cerrado con seguro, sin notar que él estaba dentro.

El equipo de Rusia, llamado las Potencias del Maple, estaba armado con palos de escobas y un montón de zapatos. El equipo de Prusia, llamado los Aliados de la Maple, estaba armado con scones, trapeadores y papel higiénico –aunque nadie sabía de qué serviría realmente.

La batalla estaba por comenzar, cada grupo armaba su estrategia, todos se preparaba.

Esta batalla seria épica.