Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
PRINCESA
Bella POV
Estaba aterrorizada. Me encontraba en un Volvo apretujada entre dos vampiros, que por lo que había oído se llamaban Alice y Emmett, mientras que Edward conducía. Las tres vampiras de aspecto salvaje se habían ido corriendo en cuanto llegamos a una casa en Denali. Un hombre y tres mujeres se quedaron allí y luego Jasper, Rosalie, Carlisle y Esme se fueron en un BMW negro, seguido por el Volvo donde yo iba.
Alice, que parecía un duende con el pelo disparado para todas partes, parloteaba sin parar, diciéndome que tenía que ir con Rosalie y con ella de compras. Daba igual lo que dijera. En cuanto pudiera me escaparía, no quería encariñarme con ellos.
En cuanto lo pensé, Alice calló de pronto y me miró con el ceño fruncido.
-No dejaré que te vayas-me dijo.
La miré sorprendida. Oh, claro, ella podía ver el futuro. ¿Me habría visto escapándome? Emmett me abrazó y me hizo un puchero.
-No puedes irte, eres mi cachorrito-me suplicó.
Hice un esfuerzo por no poner los ojos en blanco. Ese oso gigante se pensaba que yo era su mascota. Edward chasqueó los dientes.
-Emmett, no es un perro-gruñó.
Alice en ese momento se embarcó en una detallada explicación de como se iba a transformar una habitación vacía que tenían en mi habitación. Eso no me gustó. Yo quería vivir sola. Bueno, no del todo. No quería separarme de mi "salvador". Miré de reojo al de pelo cobrizo. Me di cuenta de que tenía la mirada clavada en mí a través del retrovisor. Me sonrió.
Llegamos a una enorme casa que estaba a bastantes kilómetros de Denali. Tenía tres y pisos y era toda blanca. Me quedé quieta en el jardín sin saber que hacer. Edward me hizo una seña para que entrara en la casa. Pero yo no quería, si entraba en esa casa debería decir adiós a mis oportunidades de huir. Edward suspiró y me volvió a coger en brazos. Entró en la casa y me depositó en el sofá. Todos los Cullen me rodearon con sonrisas amables.
-Bueno, sé que no quieres hablar, pero nosotros sí tenemos que decirte algo-comenzó Carlisle-. Tendrás que acostumbrarte a nuestra dieta. Al principio puede resultar difícil, pero te ayudaremos todo lo que podamos. Pero tienes que poner de tu parte, ¿de acuerdo?
Asentí con la cabeza.
-Te enseñaré tu habitación,... eh...-dudó Alice-. Hay que ponerle nombre.
¿Encima de secuestrarme me iban a poner nombre? Vaya familia. ¿Porque todo me pasa a mí?
-¡Ya sé!-chilló Emmett. Me preparé a mí misma para la burrada que iba a decir-. ¡Pulgosa!
Fruncí el ceño. Burrada bestial. Este chico necesita un perro con urgencia.
-¡Emmett, no es un perro!-le dijeron OTRA VEZ.
-¿Emmetilda?-Emmett probó suerte de nuevo.
Dios, antes de llamarme Emmetilda me comía una babosa.
-No-replicó Jasper, poniendo los ojos en blanco.
-¡Princesa!-exclamó Emmett.
¡Por Dios, un perro! ¡Tráiganlo ya!
-¡Emmett, no es...!-le chillaron.
Pero el oso no dio tiempo a que acabaran la frase y se inclinó hacia mí.
-¿Te gusta el nombre de Princesa?-me preguntó.
Asentí con la cabeza, me daba la sensación de que si decía que no me pegaba.
-Te ha dicho que sí por miedo-protestó Edward.
-Pero ha dicho que sí-dijo Emmett emocionado-. Yo te bautizado como Princesa-dibujo una cruz sobre mi cabeza con aire ceremonial. Este chico necesitaba un loquero.
-Bueno, pues Princesa, hay que amueblar la habitación-me dijo Alice, que saltaba de entusiasmo-. ¡Vamos de compras!
La miré asustada. Parecía una viciada a las compras. Y a mí no es que me gustaran precisamente.
-Carlisle, Jasper, Edward y Emmett, vosotros iréis a por una cama, para que se puede relajar aunque no duerma, un armario GRANDE y una estantería. Edward, compra también discos de música y libros, ¿vale? Esme, Rosalie, Princesa y yo vamos a comprar ropa.
Oh, Dios. ¿Eso de Princesa iba en serio? Al principio pensaba que era una broma. Fruncí los labios. Rosalie me sonrió.
-Será mejor que vengas, Alice se cabrea cuando no se sale con la suya-me aconsejó.
Asentí con la cabeza y todos nos encaminamos hacia los coches. Los hombres se subieron en el Volvo y las mujeres en un Porsche amarillo. Rosalie sacó la cabeza por la ventanilla.
-¡Comprad un coche para Princesa!-chilló. Emmett sacó el pulgar por la ventanilla para darle a entender que la había oído.
¿Me iban a comprar un coche? Pero si apenas me conocían. Aunque me apetecía de verdad. El único coche que tuve fue una camioneta roja más vieja que los dinosaurios. Me pregunté que coche sería.
Cuando llegamos al centro comercial, Alice me arrastró por todas las tiendas, llenándome las manos de bolsas rebosantes de pantalones, camisetas, zapatos, vestidos y-bastante vergonzoso-ropa interior.
Después de cinco horas yendo de tienda en tienda, nos subimos otra vez al coche. Subimos al tercer piso. Solo había dos puertas. La de la derecha estaba cerrada, pero de la de la izquierda llegaban las voces de ellos.
-No, Emmett, ese tornillo no es como el del dibujo-protestaba Jasper.
Cuando entremos vimos a Edward caminando a gatas por un suelo lleno de tornillos y tuercas buscando algo, a Emmett cargado con un montón de tablas de madera de los muebles, a Jasper girando un plano más grande que él y Carlisle buscando un martillo en una caja enorme.
Todas las chicas empezaron a reír.
-Vaya manitas tenemos en casa-se burló Rosalie-. Dejadnos a nosotras.
Los chicos se pusieron a mi lado en la puerta mientras que Esme, Rosalie y Alice empezaban a trabajar. En quince minutos había una cama enorme en el medio de la habitación con un cubre colchón dorado, un armario cinco veces más grande que el mío que había en Phoenix y una estantería.
Los chicos resoplaron.
-Nosotros ya le teníamos casi montado-protestaba Emmett.
-Se han cogido la parte fácil-despotricaba Jasper.
Entre burlas y protestas salieron todos de la habitación salvo Edward y yo. Él se encaminó hacia unas bolsas que había en la esquina.
-Te he comprado música y libros que creo que te gustarán-dijo, sacándolos de las bolsas.
Empezó a colocarlos en la estantería. Para no estar quieta me puse a guardar la ropa en mi nuevo armario. Coloqué los vestido a la izquierda y la ropa de diario a la derecha. Después lo ordené por colores. Nunca había tenido tanta ropa.
Edward me seguía con la mirada.
-¿Te sientes a gusto aquí?-me preguntó, preocupado-. Pareces incómoda.
Negué con la cabeza.
Entonces se oyó un bramido desde abajo.
-¡Princesa! ¡Mira lo que te hemos comprado!-gritaba Emmett.
Di un brinco al oírlo y me separé de Edward. No me había dado cuenta de que estábamos tan cerca. Él me cogió de la mano y me sonrió. Noté un cosquilleo allí donde mi piel rozaba la suya.
-Vamos antes de que Emmett tire la casa abajo, ¿sí?-me dijo.
Asentí con la cabeza y salimos al jardín. Emmett me esperaba en la puerta del garaje con una enorme sonrisa.
-¿Que te parece?-me dijo.
Miré donde señalaba se me abrieron los como platos. Delante de mí tenía un lujoso deportivo de color rojo. No entendía mucho de coches pero debía ser MUY caro. ¿Porque se molestaban tanto por mí?
Edward POV
Tardé solo un minuto en ordenar la estantería. Me giré para observar como Princesa-vaya nombre más ridículo-guardaba la ropa. Pude observarla mejor que antes.
Era casi tan bajita como Alice, delgada pero con curvas. Su pelo era sedoso, de color caoba y su rostro tenía forma de corazón. Su labio superior era más lleno que el inferior. Su nariz era respingona y sus facciones suaves.
Me miró cuando acabó de ordenar el armario. Sus ojos esquivaron los míos. Nunca unos ojos rojos me habían cautivado tanto.
-¿Te sientes a gusto aquí?-le pregunté, preocupado-. Pareces incómoda.
Ella negó con la cabeza.
Me incliné sin darme cuenta hacia ella. Sus labios rojos y carnosos me hipnotizaban. Me imaginé como sería besarlos, lamiendo esa carne tan suave.
Entonces se oyó un bramido desde abajo.
-¡Princesa! ¡Mira lo que te hemos comprado!-gritaba Emmett.
Princesa dio un brinco al oírlo y se separó de mí. Le cogí su suave mano y le dirigí una sonrisa tranquilizadora. Me estremecí al notar su piel.
-Vamos antes de que Emmett tire la casa abajo, ¿sí?-le dije.
Ella asintió con la cabeza y bajamos al jardín. Se quedó con la boca abierta al ver su nuevo coche. Acarició la carrocería y se giró para dirigirle una sonrisa a Emmett.
-¡Te gusta!-chilló él emocionado.
Mi hermano la abrazó y le dio vueltas en el aire. Sentí una punzada de celos. Yo también quería abrazarla, notar su sinuoso cuerpo apretado contra el mió, morder esos labios enloquecedores...
Edward, para o la besaré yo, me advirtió Jasper.
Le dirigí una mirada de disculpa y él me sonrió burlonamente.
Pobre Princesa, no sabe lo que le espera, se regocijó el rubio. Le fruncí el ceño.
Mientras Rosalie le enseñaba a Princesa como funcionaba exactamente su nuevo coche, yo reflexioné sobre lo ocurrido en la habitación de Princesa. Podía ser que me estuviera enamorando. Yo nunca había amado a nadie, ni siquiera a Tanya, a pesar de sus insinuaciones.
Volví a mirar a Princesa. Enamorado o no, no podría vivir sin ella.
Cuarto capítulo. Espero que les guste. ¡Besos!
