Disclaimer: Los personajes aquí presentados son propiedad de Nikelodeon y Craig Bartlett. Excepto claro, los creados por mí, para narrar la historia.

Espero que disfruten.

"Terciopelo"

Capitulo 4: Tiempo pasado parte 2.

øøøøø…

Advertencia: Algunas de las siguientes escenas podrían tener contenido algo explícito y, o ser algo fuertes para algunas sensibilidades, si consideran que soy muy gráfica les pido una disculpa, traté de ser lo mas correcta posible para las descripciones. Gracias.

oOoOoOo–

La luz de la luna atravesaba las delgadas cortinas del dormitorio de Helga, ella hundida en un sueño inquieto, se revolvía en la cama tratando de despertar.

~oOoOoOo~

– ¡Suéltame, así no! – gritaba mientras trataba de separarse del hombre que estaba encima de ella y la tenia tomada por las muñecas.

– ¡Serás mía, dijiste que serias solo mía! – exclama él con la mirada perdida, parece un hombre distinto al que ella conoce, ¿como pudo transformarse en esa bestia así de pronto?

– ¡Déjame idiota, estas borracho! – grita ella logrando empujarlo y luego correr hacia la entrada de su propia casa.

– ¡Espera! – exclama aquel tomándola de un pie, haciéndola caer, y volviendo a colocarse sobre ella agarrando esta vez sus muñecas en una sola mano –. Puede que este borracho Helga, pero se perfectamente que esto es lo que tú quieres también… – se inclina y la besa en el cuello con avidez, como si tuviera sed de ella.

– Suéltame tarado, yo ya no soy nada tuyo, así que déjame en paz – replica ella sin poder evitar que aquella caricia a pesar de ser brusca la haga temblar.

– Te amo Helga… te amo demasiado, no voy a dejar que ese imbécil te tenga – dice él besándola en los labios y buscando con una de sus manos el contorno del cuerpo de ella.

El sabor de el alcohol en la boca del que la besa le hace sentir nauseas, se arrepiente de haberlo dejado entrar.

– ¡Basta! – expela ella exasperada rompiendo el beso – ¡Lárgate ahora mismo, y deja de tocarme, no eres digno de hacerlo! – le dice en voz alta y orgullosa, tratando de parecer segura de si misma para asustarlo como siempre.

Sin embargo él la mira con deseo y lujuria, nada parece amedrentarlo esta vez, parece haber perdido la razón, ella sabe que es él, pero en serio parece otro, siente profundo miedo de él por primera vez en su vida y eso no es normal.

– No Helga, si tenemos que separarnos será después de esto – replica él rompiendo con su mano libre la camiseta y el sostén de la rubia, con lo que sus atributos quedan al descubierto, mientras ella reclama angustiada – no voy a permitir que algún otro tenga el placer de ser tu primera vez – le dice antes de romper con fuerza la ultima barrera que había entre ellos, eliminando el pantalón de lino y la ropa interior de un solo rasgón.

– ¡No Arnold, no! – grita ella desesperada al sentir la virilidad de su ex novio entrando en su cuerpo sin anticipación.

~oOoOoOo~

– ¡NOOOO! – grita ella logrando despertar de aquel angústiante recuerdo, que la ha bañado en sudor, mientras su corazón corre mas que acelerado.

Agobiada por eso, se levanta de la cama y se coloca su bata antes de salir hacia el cuarto de su hija, temiendo haberla despertado, sin embargo la pequeña duerme plácidamente, sin ningún conocimiento del dolor de su madre.

Helga se asoma por la ventana, la luna siempre ha sido su compañía en los momentos en que ese tormentoso recuerdo la ataca. Cierra los ojos recordando el resto de sucesos ese fatídico día.

~oOoOoOo~

Ella no sabe en que momento se desmayo, pero cuando despertó sintió un terrible dolor en su vientre bajo, Arnold se encontraba dormido con la mitad de su cuerpo sobre ella, entonces nota los jirones en su ropa, sabe perfectamente que no ha sido un sueño, lo empuja para liberarse de su peso e intentar levantarse, sin embargo un dolor punzante y el saber que ha sido ultrajada la doblegan, y se queda tirada a solo centímetros de aquel, no vendrá nadie a su casa en un buen rato, pero y si él despierta y la quiere lastimar de nuevo, las lagrimas caen de los ojos de Helga, esta decepcionada y triste, realmente no sabe como reaccionar a esto, aunque esta consiente de que lo que paso no puede ser simplemente por la borrachera que el rubio traía encima.

De pronto el sonido del timbre y la puerta del frente abriéndose la asustan, por extraño que parezca, lo primero en lo que piensa es en que le sucederá a Arnold, tiene miedo de que le pase algo, pues sabe que si es Bob es capaz de matarlo.

– ¡Santo cielo, Helga! – escucha la voz mas tranquilizante que ha escuchado en su vida.

– Brian… – dice ella al reconocer al recién llegado.

Este la mira con angustia y al notar su estado la cubre de inmediato con su chaqueta, abrazándola protector. Helga nota entonces a otro par de chicos entrando a su casa, Gerald y Lyle, que la observan incrédulos.

Gerald baja a revisar a Arnold y le da un par de cachetadas para hacerlo revivir.

– ¿Que… – dice él intentando reaccionar.

– Eres un estúpido – le escucha decir al moreno, mientras le sube los pantalones por decencia.

Tras ellos entran Curly junto a Lila, Phoebe y Rhonda.

– ¡Por dios Helga! – gritan las tres amigas al unísono corriendo a verla.

Lyle enfurecido le propina un puntapié en el estomago al rubio, quien definitivamente parece estar en otro mundo.

– ¡Lyle por favor no lo lastimes! – grita Helga desesperada.

– ¡Pero es un maldito Helga, mira lo que te hizo! – dice el pelirrojo, con los puños crispados.

– No es él… algo no esta bien… parecía drogado – dice ella tratando de disculparlo y de pronto entendiendo que pudo haber pasado.

– Fue la maldita de Nora… – dice Curly mirando dentro de las pupilas del rubio, estaban definitivamente dilatadas.

– ¿A que te refieres? – le pregunta Rhonda, que en dos segundos ha subido la escalera y ha bajado con una pijama para la rubia.

– Lo note en la fiesta, poco antes de que él la mandara a su casa en un taxi la vi juguetear con el vaso de Arnold, no le di importancia hasta que note que él ya no estaba y vi que se había tomado toda la copa, la revise y tenia un asiento de color blanco, fue por eso que les dije que lo buscáramos.

– Fuimos a Sunset Arms y al no encontrarlo, nos dirigimos a casa de Lyle pues creímos que estabas con él y que Arnold había hecho una locura – explica la pelirroja mientras le quita los jirones de ropa a la rubia, que es cubierta por Phoebe detrás de la chaqueta de Brian.

– Cuando les dije que te habías sentido mal y no habíamos salido, corrimos hacia acá – dice Lyle, mirándola con preocupación.

– Me llamó, me dijo que necesitaba hablar… se escuchaba desesperado, le dije que estaba en casa y cuando él llego lucia normal… – dice Helga nerviosa – hablamos un rato… estaba molesto porque Nora lo siguió a la fiesta de Rhonda y pretendió tomar alcohol aun con su embarazo, todo iba bien hasta que empezamos a discutir por el hecho de que Lyle y yo estamos saliendo…

Todos entienden que paso, y miran con tristeza al rubio.

– Vamos a llevar a Arnold al hospital, deben desintoxicarlo – dice Gerald preocupado.

– ¿Quieres ir tu también? – dice Lila abotonándole la camisa a su amiga.

Helga niega con la cabeza.

– No… y deben prometerme, que nunca… nunca dirán nada de lo que vieron aquí – dice ella en tono serio.

Todos lo prometen y luego entre Brian y Gerald cargan al rubio que logra despertar, notando que sus amigos lo llevan a rastras y mirando a Helga sentada en el piso, con lagrimas en los ojos y siendo abrazada por Lila y Phoebe.

– Te amo Helga… – es lo ultimo que dice antes de que la inconsciencia lo atrape nuevamente.

~oOoOoOo~

–oOoOoOo–

– Era verdad, Arnold estaba drogado, le pusieron la droga en su bebida, algo que provoca desinhibición, la verdad no se que fármaco es, pero fue la razón por la cual él se había dejado llevar por sus instintos, sentimientos y enojo en aquel momento – dice Helga mirando por la ventana del consultorio de Katherine Bliss.

– ¿Fue Nora?

– Imagino que si, Thadeus la vio… y estoy segura que fue lo mismo que le puso a Arnold en la bebida para que durmiera con ella.

– ¿Quieres decir que Arnold tampoco tiene consciencia del día que concibió a Alex?

Helga mira nuevamente a la ventana, recordando el día que Arnold se lo dijo.

~oOoOoOo~

–Helga te juro que no recuerdo nada – dice él desesperado.

– Arnold eso no es posible, tú has tomado antes, nunca habías perdido la conciencia de esa manera.

– Cuando desperté Nora estaba abrazada a mi, desnuda y yo estaba igual, pensé que no pasaría nada, pero Nora esta embarazada., tiene casi dos meses, el mismo tiempo que tiene que ella y yo…

– ¡No puedo creerlo… me engañaste con esa bruja y el colmo es que esta embarazada! – replica la rubia gesticulando con las manos.

– Yo lo siento Helga… ella quiere hacerse un aborto…

– ¿Que? Esa maldita… ¿No lo vas a permitir o si?

– No… pero ese es justo el problema…

– ¿Que cosa? – dice ella inquieta cruzando los brazos sobre su pecho.

– Ella dice que solo tendrá al bebé si me caso con ella.

– ¿QUE? ¡Es una maldita degenerada, la voy a matar! – exclama Helga levantándose del sillón.

– Lo voy a hacer… yo te amo Helga, pero ese niño… creo que merece vivir.

Helga lo mira con angustia, desearía gritarle que no debe hacerlo, que todo estará bien y la fulana esa tendrá al bebé aun sin boda, pero conoce bien a esa despiadada psicótica, no lo dejara en paz hasta conseguir lo que quiere.

– Esta bien cabeza de Balón, si es lo que quieres, lo acepto, te doy tu libertad, cásate con esa maldita cuando quieras – expresa antes de salir corriendo del cuarto de Arnold, estaba dispuesta una vez mas a ser el sacrificio de Arnold, lo dejaba en libertad para que pudiera hacer lo correcto.

~oOoOoOo~

Katherine miraba a Helga mientras le contaba las cosas como fueron.

– Tuviste mucho valor para abandonarlo… – le dice su amiga.

– Fui una tonta, debí obligar a esa maldita a tener el bebé sin recibir nada a cambio, ella solo nos arruino la vida, debí actuar como siempre, como una Pataki peleando por lo que era mío, pero mi maldito amor hacia Arnold me impidió ver con claridad – dice ella sentándose pesadamente en el sillón.

– ¿Y que piensas hacer con Arnold? Digo, se que quieres intentar tener una relación con él y eso, ¿pero que haras, si no puedes tener intimidad con él?

– Cuando Lyle vivía… intentamos hacerlo… después de todo él era mi esposo… pero nunca funciono, aunque podía besarlo e incluso ayudarlo a… – dice sonrojada al estar contando esas intimidades.

– Entiendo… – dice Katherine con una sonrisa incomoda.

– Con Arnold es diferente… te juro que lo deseo, suena ridículo después de como fue mi primera vez con él, pero me provoca abrazarlo, sentirlo, igual que como cuando éramos novios, pero creo que es el alcohol lo que me produjo el malestar, me pasaba cada vez que intentaba tomar una copa, o Lyle bebía y se acercaba a mi.

– Seguramente el aroma del alcohol es un detonante para ese recuerdo… y a cambio el hecho de que desees a Arnold solo implica que aun lo amas, y que tal vez a pesar de todo son el uno para el otro.

– Quiero que esto funcione, ¿crees que si él deja de tomar esto pueda funcionar?

– Quiero creer que si Helga, pero me temo que debes ser sincera con él y contarle todo tal cual sucedió.

– No Kat, eso no… si él lo sabe estoy segura de que se dejara llevar por la oscuridad y tengo miedo que lo haga.

– Si no lo haces y esto vuelve a suceder, solo lo lastimaras mas – le dice ella en tono serio.

– Y después de todo si lo vemos en retrospectiva, realmente no fue su culpa ¿verdad?

– Cierto… ademas estarás a su lado para apoyarlo, bueno mas bien, ambos estarán juntos para apoyarse.

– Si eso es verdad… tienes razón, necesito ser sincera o lo dañare, mira que al pobre hoy no le dirigí la palabra en todo el día, espero que no haya recaído, aún así creo que por ahora lo dejare de esta forma, mañana tengo que verlo a fuerza, su hijo decidió que organizarían la fiesta de cumpleaños de Celeste en su azotea.

– ¿Los hermanos se están llevando bien?

– Parece que si, ella me platico que aunque él parece un poco salvaje, es un buen chico, ademas Celeste crea luz a su paso, se que ellos estarán bien.

– Eso me alegra – dice la noble doctora sonriendole a Helga.

– Gracias, por cierto iras a la fiesta ¿verdad? Quiero presentarte a Celeste.

– Claro que si Helga, yo también quiero conocer a esa linda muñequita.

–oOoOoOo–

Arnold miraba el cielo estrellado, un vaso bailaba en su mano mientras lo hacia, Alex se acerca lentamente por detrás de él y coloca su barbilla en la cabeza de su padre.

– Un centavo por tus pensamientos – le dice el chiquillo.

– Pensaba en Helga – le dice el hombre sincero.

– ¿Creí que habías dicho que ella te pidió que cuando pensaras en ella no tomaras o algo así?– le replica mirando el liquido del vaso.

– Es jugo de manzana, huele – dice él ofreciendo el vaso a su hijo para que lo olfatee.

– ¡Hey no soy un perro! ¿Vas a cumplir? – dice el muchachito asombrado.

– Han sido años de espera por ella, la amo, quiero que esto funcione – dice jalando a su hijo y sentándolo en sus piernas – y también lo hago por ti.

El niño recarga la cabeza en el pecho de su padre, siempre han estado solos, pasando algunas noches mirando las estrellas, sin nada mas que decir, pero esta vez él quiere hablar.

– ¿Papá, porque si tanto la amabas la dejaste ir?

Arnold guarda silencio por un momento, hasta que nota que su hijo insiste con una mirada.

– Es porque tu debías nacer hijo.

– ¿Yo soy el culpable de tu infelicidad? – pregunta triste.

– Nop, el único culpable aquí fui yo, si tu madre no me hubiera manipulado, tú aún así hubieras nacido y tal vez hubieras tenido a esa grandiosa mujer que es Helga como mamá.

– Eso me hubiera gustado – dice volviendo a recargar la cabeza –. Y ser hermano de Celeste.

– Bueno tal vez esta Celeste no hubiera nacido, tal vez una hermanita de verdad.

– ¿Sabes por que su madre le puso ese nombre? – le dice el pequeño.

– No pues la verdad, no – dice él extrañado, mientras un vago recuerdo le sobre vuela el pensamiento.

– Ella me lo contó… dice que su madre y su padre jugaron un juego cuando eran novios, y que así decidieron que nombre le pondrían a sus hijos, y que a su madre le gustó mucho ese nombre porque le recordaba que el padre de Celeste siempre estaba en las nubes.

Los ojos de Arnold se desorbitaron, su pulso se acelero, eso no podía ser, los que jugaron aquel juego fueron Helga y él, no Lyle, y era él quien se la pasaba en las nubes, pero no podía ser, Helga y él nunca hicieron nada… nada.

Poco a poco su tranquilidad volvió, él mismo le había puesto Alexander a su hijo, a pesar de que ese era uno de los nombres barajados, ambos habían decidido nombrar a sus primogénitos con los nombres de aquel juego, eso era todo. Eso quería creer, sin embargo una duda aun le quemaba la mente, imágenes que creía eran ensoñaciones o imaginaciones, tenia que aclarar esto con Helga, pero francamente no creía tener el valor para preguntarle algo así.

– ¿Te pasa algo papá?

– No nada… y ya ve a dormir, mañana tenemos un día agitado, con eso de tu idea de la fiesta.

– De acuerdo, hasta mañana… – se levanta y empieza a alejarse – mhh, ¿papá? – expresa el chico parándose en seco.

– Dime – le responde volteando levemente.

– Te deseo suerte, te prometo que realmente me gustaría que alcanzaras a tu amor – le dice regresando y dandole un abrazo antes de retirarse.

Arnold sonríe por las ultimas palabras de su hijo, bebe el jugo de su vaso, y luego baja a su recamara, mira por un rato mas las estrellas, y luego se obliga a dormir.

–oOoOoOo–

Para Arnold el sol calentó su corazón cuando Helga le dio los buenos días y le sonrío. Su suave perfume inundo sus sentidos, amaba ese aroma. Maravillosamente, pudo ver que Celeste y Alex se alejaban de ellos platicando en cuanto entraron por la puerta de la escuela, como si entendieran que debían dejarlos solos.

– ¿Estas seguro que no complicamos nada en tu casa con la fiesta? La verdad es que no se como vives ahora en ese caserón tú solo – dice la rubia mirándolo con interés.

– La casa esta bien, Suzie va a ayudarme cada mes a poner orden, es muy amable de su parte, dice que lo hace por que fue muy feliz ahí.

– ¿Y como están ella y Oskar?

– Muy bien, él cuida a su hijo mientras ella trabaja, claro que él ya es un hombrecito y mas bien creo que él cuida de Oskar.

– Ja ja ja, que gracioso – exclama Helga sonriendo con soltura.

Arnold se pierde en su risa, le gusta verla feliz, por eso le preocupaba tanto su reacción del otro dia, le gustaría preguntar porque se puso mal, pero si ella, como ya lo noto, no desea hablar de eso, es mejor dejarlo así.

– Bueno, te dejo aquí… voy a dar clases ahora – le explica él un poco tieso.

– Esta bien – dice ella acercándose a él para acomodarle la corbata – listo… así esta mejor – deja por un momento sus manos sobre el pecho del hombre mirándolo a los ojos.

– Gracias – expresa él tomando su mano y dándole un sutil beso en el dorso de esta, antes de apartarse de ella y dirigirse a su salón.

Helga lo mira alejándose, suspira, verlo limpio la anima, siente que esto puede funcionar.

–oOoOoOo–

Varios niños bailaban, incluidos Celeste y Alex, con la música que Brian ponía actuando una vez mas como Dj, la fiesta se veía realmente animada y cuatro amigas conversaban entretenidas en una mesa al fondo de la famosa azotea de la casa de huéspedes donde vivía Arnold desde siempre.

– Odio las fiestas donde todos traen a sus hijos – expresa Phoebe incomoda, al mirar a varios de sus vecinos llegando con niños, compañeros de la escuela de Celeste y Alex.

– Lo siento… pero duh, es una fiesta para niños – dice Lila sarcástica.

Helga ríe al ver la mueca de fastidio que pone su mejor amiga y admira a Lila que tuvo el valor para hablarle así.

– Lo que pasa es que fue con otro especialista y le dijo lo mismo de siempre – resalta Rhonda, quien por fin a logrado tener tiempo para ver a Helga.

– Señora usted esta perfecta, tal vez el problema es su marido – dice Phoebe fingiendo la voz de un viejo.

– ¿Gerald se ha hecho cuantos exámenes? – cuestiona Helga.

– Miles, ambos, siempre salimos normales, no hay problema alguno, simplemente no se da – dice tristemente la pelinegra, volteando a ver a su esposo que juega animadamente con todos los niños.

– ¿Quien hubiera dicho cuando éramos pequeños que Geraldo tendría ese ángel con los niños?

– Nadie, y si no pregúntale a Timberly – dice Phoebe con sorna.

– Vamos Phoebs, no puedes sentirte mal, ustedes solo tienen tres años de casados, cuando llegue el momento llegara – trata de consolar la pelirroja.

– Me lo dices porque ustedes se casaron jóvenes, ¿a los cuantos años tuviste a Brandon Lila?

– A los veinte ¿por que?

– Una edad excelente, en cambio yo ahora ya casi voy a cumplir treinta. Ademas tú lo tuviste casi al año de casarte.

– A los ocho meses Phoebe, ¿y adivina porque tuve que casarme? – dice Lila sarcástica de nuevo.

– ¿Olvidas que la señorita perfección y Brainiac se comieron el pastel antes de tiempo? – dice Helga burlona.

– Y Lila no se arrepiente de haber amarrado así a Brian, para ella todo a salido bien en su matrimonio y su maridito es perfecto – dice Rhonda con un tono satírico.

– Eres una bruja – dice la pelirroja mirando con ojos de te voy a matar a la morena, a lo que esta le responde mandándole un beso en el aire.

Todas sueltan una sonora carcajada después de eso, lograron el cometido, hacer que Phoebe olvidara sus problemas.

– Ahh, no se que haría sin ustedes – dice la chica de ascendencia oriental.

– Hundirte en una caja de arena y ahogarte en un vaso de agua Phoebs, si eso seria tu vida – le responde la rubia.

– He estado pensando en otra solución, pero no se que pueda llegar a pensar Gerald.

– ¿Y de que solución estamos hablando?

– Una adopción… – responde ella sencillamente.

– Creo que es una solución loable Phoebe, hay muchos niños que necesitan el amor de padres cariñosos – dice Rhonda sorprendiéndolas a todas.

– Wow, no creí que pensaras así, por un momento pensé que dirías, eso es poco elegante – dice Helga algo mordaz.

– Debo decir que Thadeus y yo hemos estado hablando de adoptar a un pequeño, nos gustaría que Charles no fuera hijo único, y desde que yo no puedo volver a ser madre, nos ha parecido una buena opción.

– Creo que es algo lindo pensar así – dice Lila soñadora.

– Tal vez deba hablarlo abiertamente con Gerald, y que él me diga su opinión.

– Creo que esa seria tu mejor opción Phoebe, si te sientes segura de querer un niño aún de esa manera, me parece muy noble de tu parte.

– ¿Disculpen, puedo llevarme a su acompañante? – dice Arnold tomando de la mano a Helga.

– Supongo que no podemos evitarlo – dice Rhonda alzando los hombros.

Todos ríen, mientras Arnold y Helga caminan hacia adentro de la casa.

– ¿Que pasa Arnold? – dice ella intrigada.

– ¡Felicítame!

– ¿Porque? Según sé, el cumpleaños es el de mi hija y el tuyo paso hace casi un mes.

– Bueno, debo decir que quisiera que me felicitaras por tener tres días sin gota de alcohol, pero eso no es tan grandioso, sin embargo creo que el haber encontrado esto si lo es – dice mostrando una pequeña cajita de terciopelo color azul.

– ¿Esto es? – dice Helga tomándola en sus manos sin poder creerlo.

– El abuelo me la dio poco antes de morir… me dijo que tú se la diste antes de casarte con Lyle.

– Yo… no podía quedarme con esto Arnold, era incorrecto, es una joya familiar y le pedí a Phil que te la diera cuando lo creyera adecuado.

Arnold abre la cajita descubriendo la pequeña joya que había en el interior.

– El me dijo que este anillo era para ti, porque así lo habían decidido mi abuela y mi madre, mamá me lo confirmo después, estando conmigo o no, igual es tuya – dice él mientras le coloca suavemente la sortija en su dedo anular.

El anillo de oro trenzado con un solitario diamante en forma de estrella, había sido la sortija de compromiso que Phil le había entregado a Gertie en su juventud, misma que había sido de su madre, luego esta paso a manos Stella siendo la esposa de Miles y finalmente la habían heredado a la mujer de la vida de Arnold.

– Se que todavía no puedo aspirar a que seas mi esposa, pero quiero imaginar que hay una gran posibilidad.

– Arnold… – dice emocionada la rubia mirando la bella joya en su mano, sin poder contenerse se abraza a él y lo besa con todo el amor que ha contenido en su interior por tanto tiempo, esta vez no hay miedo ni malos recuerdos, sin ese odioso aroma a alcohol y con el corazón inundado de cariño, en ese instante mucho de su dolor pasado quedo borrado.

Arnold le corresponde con pasión, pero abrazándola con ternura.

– Te juro que si logras estar sobrio seis meses, nos casamos – dice ella muy segura de su reto.

– ¿Seis meses?

– Creo que es un buen tiempo, para comprobar que puedes dejarlo – replica ella mirándolo a los ojos.

– No creo que sea necesario… porque a partir de este momento lo único que voy a necesitar son tus besos – replica él volviendo a besarla suavemente.

Ambos sonríen mientras se abrazan dejando sus frentes unidas, respirando el aliento del otro.

– Te amo Helga – susurra él en el oído de la rubia, logrando que ella de un respingo antes de alejarse un poco de él, pues es capaz de continuar besándolo hasta el amanecer.

– Y yo a ti… mhh, ¿No crees que hay mucho silencio? – dice ella notando que la música se ha calmado y que solo se escuchan algunas voces un tanto altas.

– Es verdad, vamos a ver – dice el tomándola de la mano.

Una cubetada de agua con hielos fue lo que ambos sintieron cuando al volver a la azotea miraron una mujer casi del mismo alto que Helga con el pelo castaño y ojos azules, vestimenta raída y descuidada, con pinta de mujer de la calle, jalando al pequeño hijo de Arnold mientras Celeste, Brian y Lila trataban de detenerla para que no se lo llevara.

– ¡¿Que demonios haces aquí? – grita Arnold llegando junto a su hijo, logrando que la mujer lo suelte de su agarre.

Helga alcanza a su hija y los abraza a ella y Alex que luce muy asustado.

La mujer algo tambaleante, mira a Arnold con desprecio y enojo.

– Vaya, si es mi maridito – dice acercándose a él e intentando abrazarlo.

– ¡Nada de tu marido, te dije que no volvieras a acercarte a Alex! – rezonga él tomándola por las muñecas y empujándola lejos.

– Ay, que agresivo eres y enfrente de tus amistades – dice la castaña frotándose las muñecas.

– ¡Lárgate si no quieres que llame a la policía! – grita el rubio exasperado.

– ¿Y que les dirás? Yo me defenderé diciéndoles que eres un borracho y que me maltrataste.

– Pues te sale mal Nora, por que estoy sobrio, en cambio tú, de seguro vienes hasta el tope de droga.

– Solo quiero ver a mi hijo – dice cambiando de actitud, como si estuviera triste.

– ¡Jamas dejare que vuelvas a acercarte, me escuchas, tengo una orden para evitar que lo hagas, así que si no quieres ir a la cárcel te largas ya!

– ¡Tú eres quien no debería tenerlo, eres un ebrio! – dice como ultima defensa.

– ¡Tú lo abandonaste! ¿Lo olvidas? ¡Y yo seré un borracho o lo que quieras, pero jamas le pondría un dedo encima a mi hijo, por si no lo recuerdas, fuiste tú quien casi lo mata a golpes hace dos años! – Helga escucha todo eso horrorizada, voltea a ver al pequeño que solo trata de evadir la escena volteando hacia otro lado – ¡Y te juro que te hubiera matado con mis propias manos, si eso hubiera pasado!

– Vamos Arnold estas exagerando, yo solo le di una cachetada estaba haciendo mucho ruido y… – la mujer para de hablar al notar la presencia de Helga a un lado suyo.

– ¿Quieres largarte de aquí? – le pide la rubia mirandola con furia.

La mujer analiza sus facciones, tiene un vago recuerdo de quien es esa rubia.

– ¿Helga?

– ¡No idiota, tu peor pesadilla si no sales de aquí en este instante, puede que seas un demonio, pero yo no soy un ángel y no te voy a permitir que vuelvas a lastimar a nadie, porque esta es mi familia y la defenderé a capa y espada! – le grita muy cerca de la cara.

Nora mira dentro de los ojos de Helga, puede que la haya hecho doblegarse cuando le quito a Arnold, mas en ese entonces Helga era joven y con un corazón mas sensible, pero ahora, jamas vio tanta furia y fuerza en su mirada como ahora, eso la hizo retroceder.

– ¡Dije que te largaras! – espeta la rubia nuevamente, a lo que la castaña accede ya sin reclamos.

Cuando la mujer pasa junto a Alex este se vuelve hacia el otro lado, y Celeste lo abraza por los hombros. Nora es escoltada hacia afuera por Gerald y Brian, cerrando la puerta adecuadamente para que no intentara colarse nuevamente.

Todos los invitados miran a Arnold que ha ido a abrazar a su hijo.

– Lo siento Alex, no pensé que ella pudiera venir… – dice el rubio mortificado.

– No fue tu culpa papá… ella es como las cucarachas… – contesta el chico quien definitivamente desprecia a esa mujer.

Helga se agacha a ver a Alex y le da un suave abrazo.

– A partir de hoy Alex, cualquier dolor que haya en tu corazón, me lo puedes contar – le dice mirándolo a los ojos. El chiquillo mira tanta ternura en esos ojos que se suelta a llorar, y se abraza de la rubia que lo consuela como solo una verdadera madre lo sabe hacer.

Celeste mira toda la escena conmovida y de pronto siente las cálidas manos de Arnold en sus hombros, ese calor se le hace familiar y le produce mucha paz.

– ¡Vamos que esta es una fiesta y no podemos dejar que nos la echen a perder! – grita un hombre de piel morena y pelo negro.

Celeste reconoce de inmediato a esa persona y corre a abrazarlo.

– ¡Padrino! – grita la niña lanzándose a los brazos de Lorenzo que le sonríe con ternura.

– ¿Y a mi no me saludas? – replica Regine la bonita esposa del moreno.

– ¡Madrina! – grita emocionada cambiando de inmediato de brazos.

– Lorenzo… Regi, ¿que hacen aquí? – dice la rubia acercándose a saludarlos junto con Arnold.

– Tenia algunos negocios por aquí y vine a ver a mi ahijada favorita para traerle su regalo de cumpleaños – dice Lorenzo jalándole las mejillas a Celeste, razón por la cual ella le manotea.

– Pon música por favor Brian – le dice Arnold a su amigo recibiendo una respuesta afirmativa.

– ¿Como estas Arnold?

– Muy bien Lorenzo, que bueno que hayas venido – le dice el rubio dandole la mano. Hacia años que no se veían, algo bastante lógico al ser el moreno el mejor amigo de Lyle y después de todo aquel drama.

– Te presento a mi esposa Regine ¿Creo que no la conocías?

– Hola… no, no tenia el gusto – dice él estrechando la mano de la mujer de pelo castaño claro y ojos avellana.

– Hola… – le dice ella sonriente.

– ¿Así que tú eres el famoso Alex? – pregunta Lorenzo agachándose a ver al niño.

– ¿Famoso? – inquiere el pequeño ahora mas tranquilo.

– Oh, es que mi pequeña florecita últimamente solo habla de ti – dice guiñándole un ojo al chiquillo.

Helga mira a su pequeña que le sonríe con ilusión a su "hermano", algo que realmente no le esta gustando.

– Bueno pues vamos a disfrutar de esto ¿No? – repite el moreno dandole una enorme caja a su ahijada y luego yendo por una gran piñata que había dejado atrás como ultima sorpresa – ¿No creerías que la iba a olvidar o si?

Celeste la mira con admiración, cada año en su cumpleaños su padrino le ha regalado una, le parecía maravilloso que este año tampoco la hubiese olvidado y lo abraza agradecida.

– ¡Uf, esa mujer si que lucia malvada! – dice Regine mientras mira a Arnold y Lorenzo hacer malabares para colgar la famosa piñata.

– Ella fue quien arruino tantas vidas hace tiempo Regi, todo aquello que te conté, ya la viste es una bruja, pero no voy a permitir que se vuelva a acercar a ese niño o a nadie de mi familia – dice un poco nerviosa.

– Ya veo, ¿así que estas con Arnold ahora? – la cuestiona y la rubia le asiente discretamente – pues cuentas con mi ayuda, Lori y yo nos vamos a quedar por un buen tiempo en Hillwood así que estoy a tu disposición.

– Eso me alegra – repone la rubia, contenta de tener a su amiga mas cercana de estos últimos diez años, valga la redundancia tan cerca.

La piñata estalla después de varios golpes y todos los niños y los adultos olvidan la horrible escena anterior gracias a eso, al ver caer cientos de dulces. Mientras Helga y Arnold enlazan las manos mirando a sus hijos divertirse y al parecer felices a pesar de lo que había pasado solo momentos antes. Saben que aún tienen muchas cosas que aclarar, pero ahora están juntos para enfrentar cualquier situación.

Continuara…

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Dudas resueltas, bueno creo que algunas quedan por ahí, pero esto aún no se acaba, aunque díganme, ¿Helga realmente lograra superar el trauma de aquel día o volverá a aparecer? ¿Ustedes creen que la loca de Nora se quede tan tranquila ahora que ya apareció? ¿Ademas como fue que lastimo a Alex si lo abandono cuando era un bebé? ¿Y como fue que Helga termino casándose con Lyle? Aparte aun queda el enfrentamiento de Arnold con el hecho que le dio vida a Celeste. Estas respuestas aparecerán en el siguiente capitulo, "Pasado, Presente y Futuro" así que espero que lo lean, por lo mientras espero que este les haya gustado y ya ni digo nada de mis otros fics, porque nomas quedo mal. :D

Recuerden que me alimento de reviews, así que espero muchos. ^^

Dedicado a mis mejores amigas de internet, ustedes saben quienes son y a mi por mi cumple. XD

Sayonara.

LoveLove ArnoldxHelga.

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