Hola!

Mucho tiempo después he vuelto. Lamento mucho la tardanza.

Antes que nada agradecer a Bekyabc por su opinión del capi, como siempre una gran amiga. En esta ocasión quiero manifestar mi apoyo con respecto al problema que esta pasando con una lectora un poco trastornada por decir lo menos. No hagas caso, tu eres super y no debes temerle a personas de ese tipo.

Ahora si el capi.

Cuando les mencione mis intenciones de viajar a Edward y a Bella, ellos me pidieron que lo pensara bien, no debía ser fácil para mí salir en mis condiciones. Yo sabía que ellos lo decían porque se preocupaba por mí, deseaban que estuviera mejor, pero sentía que era parte de mí deber devolver esas cosas a quien de verdad le pertenecían.

Claro que no les hice caso, una de las razones por las que quería salir era para dejar de ser una carga para ellos. Habían sido tan buenos conmigo brindándome un lugar donde dormir y comida y yo no les causaba más que problemas. Debía irme.

El día que había determinado para irme fui al banco y saque todo el dinero que me quedaba, les di una parte a ellos por todo el tiempo que me habían hospedado, aunque al principio no quisieron aceptarlo les hice ver que lo necesitarían para sus pequeños ¿Qué padre no reacciona frente a la mención de sus amados hijos?

Recogí mis pocas pertenencias y me despedía una vez más de mis queridos amigos. Agregando en mi corazón el peso de dejar a mi pequeño angelito de luz. Su pequeña hija había sido como un aliciente temporal para mí y eso había sido por lo que más les agradecía.

La niña lloro cuando le dije que me iba. Pero le prometí que volvería a visitarla.

-¿Entonces si volverás?- me pregunto con sus ojitos llenos de lagrimas.

-Claro que si pequeñita.

-Entonces te tendré un lindo dibujo para cuando vuelvas- contesto sonriendo pero aun con lagrimas en sus ojos. Yo solo pude sonreír ante su inocencia y la abrace, luego me despedí de sus padres y me dispuse a empezar la búsqueda que me había propuesto.

El viaje a New York me resulto más largo de lo que me imaginaba, pero que esperaba? viajando en autobús.

New York era una ciudad grande, había tenido la oportunidad de estar ahí antes, pero jamás me acostumbraría a las multitudes que se desplazaban por la ciudad. Sentía que entre tantas personas perdería la poca cordura que me quedaba. Llegue en la tarde, pensé que lo mejor sería buscar un lugar donde dormir; encontré un motel muy barato para mi suerte.

La noche como siempre pasaba para mí como una tortura, el mes que había podido estar con mis amigos quizás había podido dormir dos o tres horas por noche.

Pero en este lugar desconocido sabía que si dormía aunque fuese un momento todo volvería. No quería eso, no quería ver de nuevo sus rostros, oír sus gritos, no quería.

La habitación era pequeña, desaseada y no había ni siquiera un televisor para pasar el tiempo. Lo único que había para entretenerme era una pequeña ventana desde la cual podía ver cierta parte de la ciudad, no era gran cosa pero podía hacer algo con eso. Con la mirada perdida entre las diferentes edificaciones, me imaginaba que en alguno de esos lujosos departamentos que se podían divisar a lo lejos estaba mi bailarina, viviendo feliz y con los lujos que sabia ella se merecía.

Suspire sonoramente. Ella estaba aquí, en alguna parte. Era doloroso el pensar en ella, sabía que era completamente patético estar enamorado de una mujer por tanto tiempo, como yo, y jamás haberle dicho nada; y quizás lo peor era que sabía que jamás podría sacármela del corazón, sino lo había hecho en tres años sería muy difícil hacerlo; y sinceramente no quería olvidarme de ella, aunque fuera masoquista de mi parte, no quería dejar de pensar en ella.

Pase la noche entera recostado contra el marco de la ventana pensando en ella. Soñando despierto con mi amor inalcanzable.

Cuando los primeros rayos del amanecer empezaron a salir me alegre, por fin podría hacer algo de provecho. Salí a las siete de la mañana para encontrar la residencia de Rosalie Lilian Hale, según los registros ese era el nombre de a quien se le fue notificada la muerte del soldado Emmet McCarty. La dirección era en una zona alejada del centro de New York por lo que tenía otro pequeño viaje por delante.

Su dirección no era tan apartada como supuse, aunque tarde un poco en dar con su casa. Las direcciones para mi eran confusas y más de una vez tuve que preguntar solo para darme cuenta que una vez más me había equivocado de rumbo. Hasta que por fin encontré su casa.

Era una casa sencilla, pero muy hermosa, es como las casas que te imaginas que tendrás con una familia, con muchos niños corriendo en el espacioso jardín. Una punzada me hizo salir de mis pensamientos, quizás con ese objetivo tendrían esa casa, pero su sueño de una familia no se cumpliría.

Con paso vacilante empecé a caminar hacia la entrada, tal vez sonara ridículo pero hasta ese momento no me había planteado lo que iba a decir. Nervioso apreté el timbre de la casa, se escucho el delicado repiqueteo del timbre.

Unos momentos después escuche pasos dirigiéndose hacia la puerta.

Cuando por fin la puerta se abrió pude ver a la hermosa joven rubia que yo había visto en la fotografía que cargaba. Aunque había muchas diferencias, en la fotografía podía ver sus chispeantes ojos azules, hermosos y llenos de alegría y la joven que yo contemplaba mostraba unos ojos cansados y vacios.

-Buenos días- hablo ella con una voz monótona.

-Buenos días, busco a la señorita Rosalie Hale- aunque yo estaba muy seguro que era ella.

-Soy yo.

-Mi nombre es Jasper Whitlock y vengo a hablar con usted de Emmet McCarty- al momento que dije su nombre, los ojos de Rosalie se llenaron de lagrimas; su semblante cambio de la impasividad al dolor profundo, me sentí idiota por ser tan poco sensible pero la verdad es que el poco descanso que tenia no me permitía pensar las cosas claramente.

Rápidamente intento ocultar su dolor frente a un extraño. Se movió dándome paso para que entrara.

Cuando estuve dentro me invito a pasar y me pidió que me sentase en uno de los sillones de la sala.

La sala era acogedora, decorada exquisitamente. En la pequeña mesa había varios portarretratos, en todos había fotos de ellos dos juntos.

-Lo escucho- dijo mientras se sentaba frente a mí.

-Yo estaba al mando del escuadrón de Emmet, y yo…- suspire- estuve ahí en el momento que murió- escuché un sollozo reprimido salir de sus labios.

-Su último pensamiento fue para usted. Su último aliento lo dio diciendo su nombre- dije las palabras mientras buscaba el anillo y la fotografía- Su últimas fuerzas fueron para entregarme esto.- señale los pequeños tesoros que eran para ella.

Sus ojos se encendieron con una pequeña chispa mientras reconocía la fotografía. Una risa triste se escapo de sus labios mientras contemplaba la fotografía. Luego sus ojos se perdieron contemplando el anillo y por fin dejo escapar las lagrimas.

-El me prometió volver- dijo entre hipidos.- dijo que volvería y nos casaríamos- y se soltó a llorar desconsoladamente. Enterrando su cara en sus manos.

Me sentí inútil al verla desmoronarse frente a mí. No supe en qué momento me levante para sentarme junto a ella y ofrecerle mi hombro para que ella llorara tranquila.

Pero ella fue reacia a hacerlo. Era una mujer orgullosa, pero en un punto dado se rindió y lloro abrazándome. Yo sabía que todos necesitamos un hombro en que llorar y unos brazos que nos consuelen y al parecer ella no tenia quien fuera eso para ella.

Luego de mucho tiempo se enderezo.

-Gracias por venir- dijo intentando mostrarme una pequeña sonrisa pero para mí solo fue una mueca.

-Lamento mucho el haber venido a aumentar su dolor, pero me pareció que usted debería tener esas cosas.- Su cara decayó nuevamente.

-Lo extraño demasiado- susurró.

-Sabe, no había podido llorar como había querido. El día que vinieron a avisarme solo…..- sollozó- solo me quede ahí de pie, fue como si el tiempo se detuviera, como si lo que me decían se lo dijeron a otra persona. Realmente pensé que era una pesadilla. Era mi pesadilla diaria, mi miedo continúo y se había vuelto realidad- sollozo más, más fuerte hasta que se quedo dormida. No supe que hacer, no podía dejarla así en ese momento pero tampoco podía quedarme.

Me levante delicadamente de su lado, debía irme, era lo mas correcto.

Pero ella inmediatamente se despertó.

-por favor quédese. No me deje sola- sollozo y volví a sentarme junto a ella.

Durante la tarde le hice compañía, intente hacerla sonreír, hablamos y se podría decir que nos habíamos vuelto amigos. Unos amigos muy extraños, pero amigos al final.

Cuando la noche cayo recordé que debía buscar otro lugar en el que quedarme, pero sorprendentemente Rosalie me ofreció quedarme con ella.

-No crees que es un poco imprudente hacer eso- dije en tono de broma pero intentando que se diera cuenta de lo que decía.

-No lo creo, eres una buena persona. No cualquiera viajaría para hacer lo que tú has hecho y menos se quedaría a consolar a una extraña.

Después de mucho discutir tuve que aceptar su invitación. Me mostro la habitación que yo ocuparía. Cuando ella se despidió para irse a dormir, yo me tire en la cómoda cama. Casi sonreí ante la sensación de una cama tan cómoda después de tanto tiempo.

Me acomode en ella viendo hacia el techo. Y esa acción me devolvió el recuerdo de lo que hacía en mi departamento. Y así añore los pasos de Alice. Añore su presencia y una vez más me sentí solo.

Rodé en la cama y cerré los ojos fuertemente.

Lo siguiente que sentí fueran unas sacudidas fuertes que me obligaron a abrir los ojos.

Ahí estaba Rosalie viéndome con ojos preocupados. La misma mirada que había visto en María, Nessie, Edward y Bella. Miradas de incomprensión y miedo.

-¿Qué sucede Jasper? gritabas y estas llorando- dijo con voz preocupada.

Tuve que contarle lo que me pasaba. Lo que la guerra me había hecho. A ella le había quitado el amor y a mí la cordura.

Cuando termino ella me abrazo y yo respondí su abrazo. Fue una sensación buena, de protección. Y volvía a acostarme con ella en brazos. Ambos estábamos dañados de formas distintas pero igual necesitamos la compañía que ambos aportábamos. Así con mucha dificultad y dolor volvía a cerrar mis ojos.

Así los días pasaron rápidamente. Rosalie me había ofrecido su casa el tiempo que yo quisiera quedarme. Yo sabía que lo hacía más que nada porque no quería sentirse sola. Según me había dicho no tenia familia. Solo Emmet; así que ambos bromeábamos que había encontrado a su hermano perdido.

Más que nada eso era lo que éramos hermanos. Nos acompañábamos en nuestro dolor e intentábamos ayudarnos a seguir adelante. Rosalie era una ejecutiva importante y yo de momento trabaja en el edificio en el que trabajaba Rosalie como guardia de seguridad, gracias a ella si cabe agregar.

Cada vez que podía llamaba a Edward para hacerles saber que me encontraba bien.

Unos meses después yo estaba completamente instalado en New York. Ya me adaptaba a aquellas calles llenas de multitudes. Pero en aquellas multitudes jamás me encontré con quien yo anhelaba ver. Las pesadillas y los terrores nocturnos no me dejaban, habían disminuido, si. Pero seguía despertando en medio de la noche. Para mi tranquilidad Rosalie siempre estaba ahí y me ayudaba a volver a dormir. Cuidaba de mí como si fuera mi hermana mayor, cosa que siempre le agradecería.

Una tarde, Rosalie me sorprendió pidiéndome que me arreglara. Dijo que tenía boletos para el ballet.

Solo hice lo que ella me pidió, jamás me imagine yendo a uno de los teatros tan caros de new York.

A la noche ambos estábamos presentables.

Tenía entendió que su jefe era el dueño de ese teatro, y él le regalo los boletos.

-Cambia esa cara. Te gustara.- dijo sonriendo. Eso me hizo feliz, ella sonreía muy seguido, aunque a veces había rastros de tristeza en sus ojos, su sonrisa volvía a ser como la de la fotografía.

-Repite porque te dieron los boletos-

-El señor Cullen dijo que tenía que salir más seguido.- dijo encogiéndose de hombros.

Cuando llegamos al teatro me quede boquiabierto, era enormemente majestuoso, era más un palacio que un teatro. Rosalie me guio hasta nuestro lugares que para mi sorpresa eran en el palco.

La función empezó con las bailarinas saliendo para empezar a danzar. Suspire, ninguna la superaría jamás, ninguna jamás igualaría a mi bailarina.

-No te pongas así- susurro Rosalie sabiendo la razón de mi tristeza. Le había contado de mi amor imposible, que jamás tuve el valor de decírselo e inevitablemente ella me dio un golpe en la cabeza haciendo alusión a que era un cobarde y necesitaba que alguien me diera una buena paliza.

Intente poner atención a la función, pero no pude.

Hubo un momento en que las luces se concentraron en un punto del escenario, dirigí mi mirada ahí y en ese momento pensé que estaba mal, alucinando, soñando, no sé. Porque ahí estaba mi amada bailarina.

-Alice- susurre inconsciente al hecho que Rosalie me había escuchado.

El resto de la función lo pase metido en un mar de desesperación.

-Cálmate, me pones ansiosa a mi también- me regañó Rosalie. Estaba más que seguro que ella entendía mis ansias.

En el instante que la función termino Salí corriendo del nuestro lugares rumbo a los camerinos. Ignore a Rosalie que me ordenaba que me quedara.

Alice POV

Había terminado una función más, pero ya no sentía la emoción que siempre sentía al terminar una actuación. No era feliz. Y yo sabía muy bien la razón.

En el momento en que tuve oportunidad volví a mi ciudad con la esperanza de ver a Jasper.

Pero como siempre el destino juega chueco. El había salido de viaje.

Según Bella debía hacer algo muy importante para él. Volví a New York con mi corazón apabullado por la decepción. Eso fue hace cuatro meses. Llamaba muy seguido pero no tenía noticias de él.

Con pesadez me cambie mi atuendo por mi ropa de calle. Tarde mucho más debido a que no me sentía con ánimo.

Cuando Salí de los camerinos empecé a caminar rumbo a las puertas traseras.

-Alice- escuche que alguien me llamaba, esa era una voz que yo conocía, rápidamente gire mi cabeza para encontrarme con el hombre que me mantenía en vela preocupada, extrañando su presencia.

-¡Jasper!- casi grite mientras él se acercaba rápidamente a mí. No pude reprimir las ansias que tenia de abrazarlo.

El no tardo en devolverme el abrazo y en ese momento por primera vez en mucho tiempo me sentí feliz. Estaba segura que mi sonrisa era enorme, no cavia en mi de alegría que tenia por el hecho de tenerlo ahí, vivo, a salvo.

Todos esos sentimientos en mi me hicieron sentir que tenía el valor suficiente para decirle a Jasper lo que sentía por él.

Estuve un tiempo mas abrazándolo hasta que ambos nos separamos. Dirigí su mirada a la de él, que yo quería pensar era de alegría por verme.

Estuve a punto de hablar cuando una voz a lo lejos me distrajo.

-¡Jasper! ¿Como me dejas botada?- le gritaba una hermosa chica rubia, vestida de manera elegante.

-Lo lamento, quería saludarla- le contesto señalándome.

La rubia se acerco a nosotros y tomo la mano de Jasper.

-Hola, soy Rosalie Hale- me saludo la hermosa rubia mientras me sonreía tiernamente.

-Hola, soy Alice Brandon- dije casi en un murmullo, sin saber que más decir.

El entendimiento me golpeo de inmediato. Jasper tenía a alguien. Quizás ella era lo importante que tenía que hacer.

Me mordí el labio para evitar un sollozo que amenazaba con salir.

-Me alegro mucho que estés bien- le dije sinceramente, aun cuando mi corazón estaba completamente destrozado era feliz con su bienestar.

-También estoy feliz de verte también- dijo él, sonriendo.

-Debo irme ahora, pero espero verte pronto y a usted también señorita Hale- dije educadamente deseando poder salir corriendo de ahí.

-Dime Rosalie– dijo ella alegremente.- Eres amiga de Jasper así que también puedes ser mi amiga- sonrió sinceramente.

Se veía que era una buena mujer, la que Jasper merecía.

-Adiós- dije mientras atravesaba la puerta. En el momento en el que estuve fuera de su mirada las lágrimas empezaron a escurrir por mis ojos, empecé a correr hasta la calle.

Con mucha dificultad pedí un taxi que me llevo a mi edificio.

Subí las escaleras como alma que lleva el diablo. Cuando por fin estuve en mi departamento me derrumbe en el suelo, sintiendo un enorme hueco en mi pecho. En mi mente la imagen de Jasper junto a ese monumento de mujer me golpeaba.

Casi sentí que me ahogaba de la desesperación. Cuando mi llanto se volvió en sollozos me levante del suelo.

Pero no llegue muy lejos, por que pronto mis piernas me fallaron y volví a caer en el frente a la pequeña mesa en la que había una fotografía de Edward, Bella y Jasper. La tome entre mis manos temblorosas, mientras mis dedos acariciaban inconscientemente la figura del hombre que amaba.

Las lágrimas salieron con más dolor. Durante todos esos años que pase sin él, tuve la seguridad que por fin podría estar con él.

Y este día el destino se burlo de mí cruelmente, destrozando mis esperanzas, mis sueños y mi corazón.

Y que tal???

Dejenme saber que piensan. El próximo capi tardare un poco, tengo exámenes finales y debo estudiar, espero entiendan.

Muchas gracias por leer.

Besos