Disclaimer: Shake It Up o A todo Ritmo no es mío.
A.N: ¡Perdón por la tardanza! :P Los últimos diálogos que están en negro, son pensamientos de Gunther.
¡Gracias a natalia, Tinis Loppy, Guest y Sonic-Rainbow por sus comentarios y acá les dejo el chap! :D
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Chapter 4
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Mi hermano se fue a nuestra nación. ¡A vivir como un granjero feliz!
…Y detener la revolución
-Tinka Hessenheffer
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Durante la noche extraños sueños no la dejaron dormir bien, por eso se levanta para ir hacia la cocina en busca de leche tibia. Al colocar su mano sobre el vaso preparado, piensa en lo sucedido en esa última semana.
No puede o no quiere entenderlo. ¿Acaso es la única en notar el estado de Gunther? ¿Los demás no tenían ojos, no lo veían? Rocky obviamente lo notaba, pero seguro no se metía por saber que no era de su incumbencia o tal vez fue demasiado inocente para ver varias cosas. En cambio Cece, al actuar casi siempre como si la vida le debiera mucho, podía asegurarse de quién se comportaba igual a ella. Gunther había crecido con ellos, siendo esos amigos-enemigos que eran y por eso notó, aunque no le gustaba decirlo, lo parecidos que eran ambos.
Ella y él eran egocéntricos, un poco narcisistas, tontamente egoístas en ocasiones, torpes pero de buenos sentimientos con sus amigos.
¿Porque eran amigos no? Él mismo lo dijo en su cumpleaños, aunque erróneamente. ¨Que horrible día. Acabo de perder a mi cartero y a mis amigos¨ Se había sentido tal mal que le inventó una excusa barata, diciéndole que a lo mejor su invitación se había perdido en el correo. Luego de eso, la última vez que pudo verlo fue durante el viaje a Japón.
Después no lo volvió a ver y ahora que sí, ni siquiera le aliviaba.
Suspira fuertemente, tomando el control remoto para ver la hora en algún canal. 04:43 Sabe que no podrá volver a dormir, decido entonces salir un momento. A veces Rocky también tenía insomnio y las dos terminaban juntas, hablando en los pasillos, antes de que uno de sus padres se diera cuenta y les regañara.
Caminó por el pasillo distraídamente, viendo nada especial. Hasta que siente la sensación de estar siendo observada.
–¿Cece qué estás haciendo aquí? –una voz dice tras su espalda. Cece voltea rápidamente, encontrándose con Gunther sorprendido.
Se preguntó cuánto tiempo estuvo caminando, o si había ido inconscientemente al departamento Hessenheffer.
Chasqueó los labios, en un torpe intento de parecer natural. –Es obvio que estoy... Espera ahora que lo noto, tampoco estamos cerca de tu departamento. ¿Qué haces tú aquí?
Él se pone nervioso un momento. –Lo he preguntado primero, no cambies de tema.
–Si te pones a pensarlo, no cambié de tema.
Sin inventar alguna excusa, su expresión se torna molesta. –¿Acaso te importa?
Él da la vuelta, haciendo resonar sus pisadas. Cece cierra los ojos, antes de soltar la verdad.
–No puedo dormir.
Él se detiene, volteando un poco para verla. –¿Pesadillas?
–Eh, no, no.
Gunther coloca las manos en los bolsillos de su pijama, un pijama diferente a como creyó que vestiría. Unos pantalones y una camiseta lisa. Él se veía decepcionado. ¿Acaso que ella confesara no tener pesadillas tenía que ver? ¿Tan malo era o simplemente...?
–¿Tú no podías dormir porque tienes pesadillas?
Gunther bajó la cabeza, con un sonrojo tan inocente que Cece no pudo evitar sonreír.
Ella se acercó, colocándole una mano en el hombro. –No te preocupes. Como un buen maquillaje, las pesadillas no duran mucho be-bee.
Ella se va sin decir otra palabra, dejando a Gunther que decide volver a su propia casa.
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Puedo tener más fuerza que mis compañeros, mis antiguos amigos... pero eso no parece bastar ahora.
Cuando puso un pie en el suelo de su antigua nación había sabido que nada sería fácil. Su primera tarea fue buscar el hogar de sus abuelos. No esperó que todo cambiase tan rápido de un momento a otro.
–Ya veo –había recibido con esas palabras aquel hombre que lo esperaba dentro del pequeño complejo –¡Así que el linaje de sangre fue corrompido por el occidente!
Le miró con desconfianza, tratando de no sonar orgulloso. –Disculpe la molestia. ¿Pero podría hacerme el favor de presentarse?
Una sonrisa desagradable se formó en su rostro. –Gunther Hessenheffer, me sorprende que al menos hayas conservado parte de buen modal –rió con burla– Dime ¿Qué puesto ha ocupado tu abuelo antes de caer enfermo?
La garganta se le secó.
Delante de mis ojos... Tengo al hombre que comanda el ejército de toda esta nación.
En poco tiempo el Sargento y ayudantes habían arrebatado las maletas de los cadetes y quemado sus prendas delante de sus ojos. La sensación de tristeza se había apoderado, se había resignado al final.
No había sido opción negarse, tampoco le hubiese gustado hacerlo. Por muy estrictas que fuesen las costumbres, más para la realeza o "antiguos miembros de la realeza" como él, siempre había tratado de cumplirlas.
–¿Crees que con solo el levantar algo pesado ganas una batalla? –la mirada huraña que le dio el general lo hizo presionar los puños.
Tal vez no debería haber sonreído, arrogantemente, cuando logró alzar esa carreta con mucho peso en alimentos. No había podido evitarlo ya que se trataba de su actitud, se enorgullecía de su fuerza y le gustaba cuando se sorprendían de ella, como los otros chicos de su misma edad se habían sorprendido en ese instante.
Ese hombre había sido el único que no.
Quisiera saber ¿Cómo estarán todos? Aquí las cosas son duras pero estoy dispuesto a acostumbrarme. ¿Aquí es a donde pertenezco después de todo, no?
El General del ejército no era encargado de los entrenamientos, pues sus ojos siempre estaban en cosas más importantes.
Eso no evitaba que, de algún modo, tuviese tiempo para este tipo de pláticas. ¿Se las daría a alguien más que no fuese él? Gunther siempre se preguntaba. En ese momento se había metido a la cabaña, ordenándole que no se fuese a almorzar todavía.
–Que seas parte de la realeza te da ventajas y privaciones –farfulló el general, viéndolo– Y tú solo tienes la ventaja de sangre, ni siquiera una limpia, tu sangre es impura. –con las manos en la espalda, se paseó inspeccionando el pequeño sector, cubículo, que era su espacio personal.
–Si me disculpa, General –dijo sin mucha importancia, dispuesto a retirarse hasta que observó la mano del hombre repasar la vieja mesa coja.
–Vaya, vaya –Él había tomado su celular– ¿No había exigido a todos que aquí estaban prohibidos tales instrumentos?
Nunca importó los malos tratos que reciba, como miembro de la realeza debo ser capaz de soportarlo. ¿Atacar no es defenderse, verdad? No es lo mismo fastidiar a una persona con palabras, que tratar de quitarles un objeto valioso.
–Todos traen al menos algo de ese valor, Señor. –con miedo alzó la voz.
–Pero, mi querido Hessenheffer, me has dejado en claro que puedes ser mejor que los demás. –abrió el aparato y empezó a leer. –"Querida Hermana Gemela, no te preocupes de mi condición. Es un poco divertido todo esto. ¿Cómo estás tú?"
Mis palabras suenan tontas cuando alguien más las dice.
Gunther bajó la cabeza al suelo.
–"Sé que te agrada más Rocky pero Cece es buena a pesar de su actitud..." –los ojos del hombre se abrieron y fingió sonreír pícaramente– Así que esa es la razón de tanta actitud. ¿Tienes una novia americana? ¿Es por eso que piensas que todo es a color en la vida?
Los labios de Gunther se presionaron mientras la realidad caía sobre él.
–¿Crees que en una guerra alguien tendrían compasión por nosotros? –extendió el teléfono, mostrando en la pantalla una imagen de Cece.–Pues tienes razón. ¿Ella disfruta tu compañía no? –felicitó con sarcasmo.
Gunther presionó sus puños, llenos de tierra y suciedad, en cuando el hombre arrojó el teléfono sobre la cama, dejando la habitación. Tomó el teléfono con suavidad, abriéndolo para que sus ojos pudiesen ver la foto. Entonces lo vio claramente.
Aquella foto que habían tomado casi un año atrás. En donde él sonreía... Cece se notaba avergonzada.
Ella salió conmigo por lástima.
El teléfono cayó de sus manos y en un impulso de ira, alzó su bota derecha y lo pisó fuertemente, quebrándolo.
...No quiero la lástima de los demás.
Las gotas de lluvia chocaban fuertemente contra el terreno, volviendo el césped resbaloso y lodoso el suelo. Muchos habían terminado cayendo, llenos de fango, ramas o porquerías parecidas. A cada persona caída el Sargento gritaba insultos, dando silbatazos fuertes para obligarlos a volver a levantarse.
A pesar de la fría lluvia, tenía un calor desagradable en todo el cuerpo. Su visión se dificultó gracias a que sus ojos se cubrieron por su cabello y calló dolorosamente, boca abajo.
Desearía no ser capaz de sentir este dolor.
Al ver sus manos comprobó que se habían raspado con las rocas. Gotas pequeñas comenzaron a salir de las heridas, ardiendo en sus rodillas y palmas.
Se levantó, adolorido, antes de que el Sargento tocase su ruidoso silbato. Le dolían las piernas, le dolían las manos, le dolía el pecho, pero volvió hacia el camino.
Por eso seguiré.
–¿De dónde saca energía? –se preguntó un joven, que iba muy atrás, casi al borde del cansancio.
–A lo mejor no es humano.
Así todos se darán cuenta de que puedo apañármelas solo.
Cuando terminó el entrenamiento y fue enviado a casa de sus abuelos nuevamente. Mientras limpiaba el pequeño garaje, donde habían viejas cajas con pertenencias de su abuela y abuelo, pudo encontrar dos cajas con ropa. Varias camisas a cuadros o lisas, en colores oscuros o claros.
En una silla junto a la caja, su abuela había dejado una pequeña cantidad de ropa que había sido salvada. La revisó. Una camiseta con lentejuelas formando una "G" y pantalones con plumas, un único conjunto. Buscó calmadamente un encendedor en la cocina, salió al patio de su casa y colocó las prendas en la pequeña parilla de ladrillos para luego prenderles fuego.
Aquí hay una lucha y la vida de nadie es sencilla. Ya no seré ¨Gunther el príncipe consentido¨, él desapareció.
Nadie sentirá lástima por mí.
–¿Volver? –sentado en la pequeña cama, preguntó con sorpresa.
–Tu madre quiere que la visites y ya que has completado el entrenamiento básico, con honores, el Sargento del la Vieja Nación ha autorizado todo. –su abuela sonrió, tosiendo ligeramente sobre el pañuelo.
–Estoy muy orgulloso de ti Gunther y tu padre seguramente también lo estará. –fueron las palabras de su abuelo, antes de salir de su habitación.
–¿Volver a Chicago?
Espero que nuestros sentimientos no hayan cambiado. Que sea solo yo quien haya tenido aquel flechazo.
Ahora tú puedes sentir lo que quieras, sé que no será amor pero tampoco deseo que sea lástima.
...
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A.N: TAN TAN TAN ¡El que adivinó adivinó y sino ahora lo saben! Sé que hubo poco momento GeCe en esta parte. ¡Aunque es más que en los anteriores! Desde ahora van a leerlos a los dos más juntos. :D
Perdón por no ponerle nombre al General, no se me ocurría ninguno, después le voy a buscar alguno :S
¡Chaoo!
