El oneshot original pertenece a Mahi-Mahi. Advertencia: contenido MUY explícito.

Parte IV

¿Qué demonios estaba diciendo? ¿Es que no podía controlarse? Nunca parecía posible cuando él estaba cerca, pues fácilmente conseguía que exteriorizara las emociones que tanto le costaba contener alrededor de los demás. Él era precisamente lo que jamás sería la persona que quisiera. Era todo lo contrario a Ichigo Kurosaki. Entonces, ¿por qué prevalecía ese "Síndrome de Estocolmo" con él, pese a haber sido su captor?

Él le cogió del brazo gentilmente, evitando que se acercara más a él, a pesar de que sus labios quisieran tanto besarlo.

- Estás fuera de ti- le dijo, pero no la apartó. Ella se acercó más, pero él apartó la cabeza, despacio, negándola.

El rechazo le atravesó el corazón, reduciendo sus esperanzas a cenizas y sofocando sus ambiciones. ¿Por qué se había imaginado que sucedería algo más? Él nunca le había dado nada a lo que aferrarse, de lo que abastecerse o abrigarse. ¿Por qué lo deseaba tanto? En lugar de desplomarse en el suelo y sumirse en la piedad, se armó de valor y siguió adelante, atravesando sus barreras. Lo necesitaba, ardía en deseos de tocarlo. ¿Es que no podía verlo?

Por primera vez en su vida, se lanzó. Le faltó un solo instante para agarrarle del cuello con su mano libre, poniéndose de rodillas para besarlo bajo la oreja. Los pálidos dedos entremezclados con los suyos se estremecieron.

- Ulquiorra, por favor…volvió a besarlo, bajo su pómulo y suavemente presionó su cuerpo contra el suyo. Una respiración extraña y sin aliento se escapó de su boca, al contacto. Nunca había estado tan cerca de él- No me apartes más.

- ¿Vas a seguir insistiendo?- preguntó él, tan bajo que hubiese sido imposible escucharlo de no estar ella tan cerca.

- Sí- la mano que tenía la suya atrapada bajó hasta la cintura y ella le apretó la palma. Satisfecha de que no se hubiese apartado, ella alzó la mano y la condujo por todo el brazo, deteniéndose en el bíceps que había encima del codo, que utilizó como apoyo. Entonces, sus labios continuaron deslizándose por su cuello y su mandíbula, cubriéndolos de castos besos, pensando que quizá y sólo quizá, si lo intentaba lo suficiente, él cedería y le daría lo que tanto deseaba… lo que tanto ansiaba de él.

Sus miembros se estremecieron cuando sintió que la delgada mano se deslizaba por su delgado cuerpo y la sedosa tela de su ropa creaba una adorable fricción contra su piel, al acariciarla. Cuando su mano pasó de sus caderas a la parte baja de su espalda y comenzó a bajar, ella dejó que un sonido de aprecio se escapara de sus labios. Su frío tacto se detuvo en la parte derecha de su trasero y ella tembló al sentir sus caderas contra las suyas.

El brazo de Orihime se apretó alrededor de su cuello, en un signo de victoria, mientras arqueaba la espalda, devolviéndole el hambre. Su cabeza ya le daba vueltas, sus pezones ya estaban rectos, su corazón latía con fuerza y él apenas le había tocado. Susurros de pasión se escaparon de ella cuando la otra mano subía hasta su hombro.

- Dime, Orihime Inoue- ella cerró los ojos en cuanto sintió la carne de sus labios rozándole la oreja. Un dedo se deslizó bajo su fino tirante y ella sintió la piel fría contra la suya- ¿Sigues soñando conmigo?

Su figura seguía siendo pequeña, a pesar de tener una talla exagerada tanto de pecho como de trasero. Su cuerpo se movía con gracia y vigor humanos, a diferencia del suyo. La textura de su piel no tenía nada que ver con la carne de Hierro de las Arrancar a las que se había llevado a la cama y había pasado tanto tiempo desde que muriera, que había olvidado casi por completo cómo se sentía la carne de una mujer, excitada por el brillo de la lujuria… o cómo el calor irradiaba de cada parte de su cuerpo. Ella era suave, flexible e indefensa. Si le clavaba mucho las uñas, sangraría. Si la abrazaba con demasiada fuerza, se rompería. Sería tan fácil acabar con ella que casi sintió que tenía su vida en sus manos; a pesar de que esa chica le hubiese maldito, sus poderes seguían siendo exageradamente débiles y ella conservaba los suyos.

¿O es que acaso esa humana era… algo preciado para él?

¿Y las cosas preciadas no tenían, por definición propia, que protegerse?

Ella gimió débilmente e inclinó la cabeza hacia un lado, cuando sintió que sus labios se desplazaban desde su oreja hasta su cuello.

- - musitó, demasiado absorbida por la incipiente tensión que crecía en su estómago. Sus labios no la besaban, sino que, mejor dicho, trazaban líneas invisibles por todo el borde de su mandíbula y a lo largo de su cuello. Era como el tacto íntimo que sólo se permiten los amantes, pero si ella hubiera visto sus ojos… habría maldito la distancia que los separaba.

Él siguió absorbiéndola, aunque suavizándose según las partes. Estaba tranquilo y se controlaba, negándose a seguir esa respuesta sexual y tratando de buscar en su mente algo que explicara por qué había dejado que aquello llegara tan lejos.

Se trataba de necesidades básicas y simples que había que satisfacer.

Pero, ella…

Ella era muy ingenua en todo lo que hacía, en cada acción y consecuente reacción de todas las estimulaciones que estaba viviendo. Era honesta, inocente y suplicaba su atención; quería algo que él no le daría. Nada podía desequilibrar la harmoniosa balanza que sostenía esas cosas inquietantes y desconcertantes, llamadas emociones.

No esperaba tomar responsabilidad en el asunto. Y ella no era de las que le daban valor a cuestiones como la virginidad, quizá por su educación. Sin embargo, sí creía que aquello debía de hacerse con alguien a quien quisiera. No, era algo más; quería mostrarle a ese hombre el amor y hacer el amor con él.

Le enseñaría a sentir. No con sus ojos, no con sus manos, sino con el corazón. Le abrazaría con tanta fuerza que sólo un cadáver sería incapaz de sentir el calor.

Por eso le dejó que deslizara la fina tira de tela por su brazo, logrando que los sentidos de la chica se alteraran al sentir la sedosa tela, hasta que un descarado y rosado pezón asomó. Dios, quería que la tocara, que la utilizara hasta que el calor de su cuerpo se adentrara en el de él. Las yemas de sus dedos se clavaron en la firme carne de su trasero, sirviendo esa presión para que ella comprendiera cómo estaba empezando a afectarle. Ella abrió los labios, como si tratara de decir algo, pero las palabras no salieron y perdió la cabeza.

- Ulquiorra, yo…- respiró, absorbiendo esa fresca esencia mientras su dedo se desplazaba hacia su costado, patinando por su busto, atacando la tela que se había acumulado bajo el pecho expuesto.

Orihime se sobresaltó cuando la mano se adentró en su ropa y siguió el dobladillo de la tela hacia el otro hombro, para deslizar el otro tirante. La chica suprimió un escalofrío de nerviosismo cuando el camisón cayó a sus tobillos y el aire de la noche besó su cuerpo de marfil.

Ella se adelantó de nuevo y le desabrochó el collar de la chaqueta, bajándola y exponiendo el agujero de hollow que había al final de su cuello, seguido por el pecho masculino. El tatuaje del cuatro había desaparecido hacía tiempo. Ella tuvo que mirarle a los ojos en busca de fuerza, sólo cerrándolos, con júbilo, cuando sus manos se aplanaron en sus abdominales, maravillándose por la tersa piel del Arrancar y las curvas de los músculos definidos. Al tocar a un hombre así, estaba empezando a sentirse muy… excitada y seductora. Se lanzó sobre él hasta que sus dedos treparon por sus hombros y pronto su camisa cayó al suelo, junto al camisón de la chica, mientras que él se centraba en arrinconarla contra la pared, tras ella.

Su antebrazo se apoyó en la pared, cuando la joven rozó la sólida estructura, sintiendo escalofríos. Él bajó la cabeza, logrando que sus labios besaran su delicado escote. Lo chupó y absorbió a intervalos, humedeciendo su piel y haciendo que se enfriara por el aire que los rodeaba. Su mano se alzó sobre su cuello, justo bajo su oreja y dibujó la mandíbula con su pulgar, levantándole la cabeza y echándosela hacia atrás, mientras él se acercaba más. Ascendió por su cuello hasta que su beso se topó con la nuca. La piel de aquella zona era muy débil y estaba muy dulce.

Una rodilla se clavó entre sus piernas, abriéndole los muslos y no pasó mucho más tiempo para que su pierna se clavara en esa zona más húmeda y profunda. Su lengua se deslizó y clavó en su clavícula justo cuando sus caderas se unieron a las de ella, empotrándola contra la pared. Instintivamente, ella dejó escapar un grito y levantó una pierna para rodearle la cintura con ella, invitándolo para que se uniera más a ella.

Aceptando la invitación, llevó su mano a su espalda y le agarró el culo firmemente, levantándola hasta quedar totalmente sostenida por él.

Orihime se arqueó y gimió, rozándole la máscara de huesos que cubría parte de su perfil, suplicándole sin pudor que satisficiera esa creciente necesidad, aferrándose aún más a él con sus piernas. Él la agarró con más fuerza, el movimiento entre ambos se hizo más profundo y lento, pero él no dejó de apretar sus caderas contra ella. Ella escuchó un pesado resoplido escapar de sus labios y la urgencia de estar dentro de ella, mientras intentaba suprimir ese apetito impulsivo. La chica quería su polla… y él quería dársela. Todas las cualidades animaladas de su Arrancar interno le decían que se diera un festín con ella.

Pero él estaba por encima de eso; odiaba esas cualidades que poseían sus compañeros hollows y que recorrían sus psiques, sin ningún tipo de control. Él no bajó la guardia. Tenía las defensas tan arraigadas en su conciencia que no podría bajarlas, ni aunque quisiera.

Ella musitó suspiros de ánimo, suplicándole que no se detuviera, temiendo que se marchara y la abandonara, con aquellos deseos dentro. Los dedos de la chica eran de seda y satén, rodeando sus pezones y el agujero que había en su cuello, provocando que aquella incómoda calidez se disparara dentro de él. Una mano la cogió bajo la rodilla y la dejó a un lado, contra la pared, mientras ella se abría más y se volvía más vulnerable. Él le dejó marcas de amor en el cuello, hombros y pechos. Mordiscos y heridas algo dolorosos… que quiso dejar por todo su cuerpo, cubriéndola con ellos. Quiso convertirlos en cicatrices permanentes, para que nadie más quisiera tocarla.

Cando sus dedos pasaron de su culo a su cadera y de ahí a sus costillas, un torrente de fuego inundó los pulmones de la chica. Un profundo deseó la cubrió, empapando su corazón y sus muslos. Sus dedos se clavaron en sus huesos superiores, mientras uno de sus pulgares alzaba uno de sus pechos y lo llevaba a su boca. Él la miró y ella divisó cierta provocación cruel, aunque enseguida supo que era imaginación suya. En realidad, la estaba mirando con la misma distancia de siempre.

Podría haberla dejado así, caliente, seca y adicta a esa tentación tan dolorosa. Pero ella chilló, con una lágrima deslizándose por su ojo, cuando sus labios empezaron a lamer uno de sus rosados y rectos pezones.

- Ulquiorra- ella enterró sus dedos en su pelo negro. Estaba limpio y sedoso, pero también alborotado. Buscó estabilidad agarrándose a sus hombros cuando su visión se nubló porque su lengua se arremolinó en los pezones de ella, saboreando la dulce carne. Sus dedos se deslizaron por la espalda de la chica, presionando gentilmente sus hombros para arquearla y acercarla más a él, abriendo más la boca para poder saciar su lujurioso apetito.

Consumió, devoró y succionó el néctar de su rosada piel. Era absolutamente imposible que esa chica estuviera, literalmente, dulce; era un hecho que su lógica le impedía reconocer. Odiaba las cosas dulces, eran asquerosas. Aún así, el sabor que quedó en su paladar le hizo replantearse su gusto por los dulces. Le molestaba tanto que todo cuanto pudo hacer fue pasar de devorarla a, poco a poco, casi con indiferencia, meterse en su cuerpo. Su mano libre emigró de su culo a su otro pecho, envolviendo el enorme bulto en su palma. Modeló y elogió semejante perfección en una mujer tan joven e inmadura como ella.

Ella se preguntó si él sería el único hombre cuyas manos conseguían perfectamente abarcar sus enormes pechos. Tendría que serlo, no sólo porque tuvieran la talla perfecta, sino porque la electricidad que emanaba de ellas era impactante.

Las sensaciones eran tan desconocidas que le asustaron, pero tan gratificantes que pudo perfectamente vivir de ellas. El cuerpo de él era tan atlético, musculoso y trabajado, tan virilmente perfecto, que le resultó muy placentero estar tan unida a él. Lo tenía todo tan sumamente controlado que ella no tenía que preocuparse de perder la noción de la realidad, aunque ello significara ser incapaz de renunciar a él.

Todo su cuerpo respondió positivamente cuando él rozó su ombligo con sus dedos, llegando hasta la húmeda entrada que había entre sus muslos. Ella se impacientó y sintió algo de fiebre cuando sus ásperos dedos se deslizaron por su entrada, cubierta de rocío.

- ¿Crees que voy a follarte, Orihime Inoue?- su dedo corazón se deslizó por su pequeño agujero, humedeciendo su uña negra, hasta que el líquido se deslizó por los nudillos u por su mano.

- Por favor, no hables así- se sonrojó ella, apartando la vista. Estaba radiante y encantadora en aquella postura, tanto que él se preguntó si aquella sería la interpretación humana de los ángeles.

- ¿No es eso lo que siempre has querido de mí?- subió hasta su clítoris.

- No, quiero mostrarte…- él presionó su perla y las piernas de la joven empezaron a moverse por los espasmos, sin control.

- ¿Qué?- se burló- ¿Qué quieres mostrarme, que no haya visto ya?- lo acarició con conocimiento, arrebatándole toda la cordura de sus pensamientos. La tensión acumulada dentro de ella amenazó con salir de ella desesperadamente, fruto de meses de sueños calientes y fantasías insatisfechas. Él rechazó su obsceno deseo de tener una relación entre especies- ¿No te das cuenta de que vas a tener sexo con un Arrancar?- volvió a su hueco y se deslizó dentro e, inmediatamente, sus defensas se destrozaron. Cuando curvó su dedo dentro de ella, tocando la cavidad oculta, el secreto de su feminidad, todo estalló como si fuera un espectáculo de fuegos artificiales, bajo sus párpados.

Fue como si hubiese puesto algo en su sitio y ella se sintiera plena. El líquido empezó a esparcirse fuera de ella, como maná caído de los cielos, sucumbiendo a la luz. Las fortificaciones de su cuerpo se constriñeron al nuevo elemento, acomodándose a él.

- ¿Ya?- susurró él en su oído, inhalando esa arrolladora esencia que su orgasmo había dejado en el ambiente, invadiendo sus sentidos. Aunque no fuera una conquista, él admitió con facilidad lo mucho que le atrajo verla tan ardiente y cómo se había entregado a él salvajemente, envolviéndose a sí misma en el momento de liberarse, como si nunca hubiera estado tan atrapada… y cómo su interior se había apretado, alrededor de sus dedos.

Él le protegió su débil cuerpo, apoyándose contra la pared antes de deslizarse sobre las mantas de la cama, sentándola a horcajadas en su regazo. Su mano le agarró con fuerza la cadera y la acercó a él hasta donde pudo, para poder quitarse los pantalones.

Orihime se sintió como si acabase de despertar de un sueño; sus manos aún buscaban su fuerte cuerpo y sus labios besaban su cuello y pecho. Él le abrió más las piernas y ella vio cómo posicionaba el principio de su erección en su apertura. Estaba muy dura y era real. Ella se acomodó sobre él, sin dejar de mirarlo, mientras su pecho respiraba suavemente. Murmuró su nombre casi en silencio, pero su idea de comunicarse con él perdió el sentido ante semejante placer. La mano de su cadera se deslizó por su húmeda columna, descansando justo al final.

- Hazlo tú misma- dijo tranquilamente, pero metiéndole prisa. Quería ver ese exquisito cuerpo humano moviéndose para él, sobre él, introduciéndose cada centímetro de su miembro en su estrecho interior. El cremoso líquido de su orgasmo había empezado había empezado a mojar la piel del duro miembro, que la esperaba con ganas. Ella gimió cuando sintió que aquello se acomodaba dentro de ella.

Los ojos grises y perdidos reflejaban los suyos, entrecerrados, pero brillando intensamente bajo los mechos color caoba. Su otra mano reposaba en el muslo, cuando ella empezó a moverse de arriba abajo, sin su ayuda. Inmediatamente, ella tragó saliva y apretó la mandíbula, tratando de encontrar apoyo plantando sus manos en sus abdominales, intentando superar ese primer obstáculo de acomodarla dentro de ella.

Ella movió sus muslos ligeramente, rotándolos suavemente con el objetivo de encontrar un ritmo que le permitiera entrar dentro de ella. Sus uñas se clavaron en su piel, pero no le hicieron ni un arañazo a su impenetrable coraza, hasta que…

- ¡Ah!- ella echó la cabeza hacia atrás y arqueó el cuerpo, antes de volverse rígido. Se detuvo un momento, respirando agitadamente, tratando de meterla un poco más, hasta que, segundos después, tuvo que parar- Espera- le suplicó, con lágrimas en los ojos, después de haberla tumbado e intentando cubrirla por completo, pues ella era incapaz de hacerlo sola- Por favor, Ulquiorra, no sé si podré aguantar más…- su voz sonaba rota e inestable. Fue como si su cuerpo estuviera quebrándose y fuese imposible detenerlo. Estaba al límite y temblaba, mientras trataba de contenerse.

Él examinó su cuerpo brevemente. Tenía un cuerpo peligrosamente desarrollado, para ser alguien tan joven. No estaba desnutrida, pero se le marcaban las costillas, sus brazos estaban muy delgados y su cintura era tan pequeña que estaba seguro de que, si la cogía de allí con ambas manos, sus dedos se rozarían.

Él no es que fuera demasiado musculoso, pero…

¿Acaso su diminuto tamaño no era… capaz de aceptarlo a él?

Aquello era algo demasiado complicado e incómodo en lo que pensar.

Ella vio cómo sus ojos se entrecerraban, imaginando que estaría frustrado.

- Ya veo- su corazón se detuvo cuando la palma de su mano se deslizó por su mejilla, borrándole las lágrimas- Ven aquí- dijo, casi tiernamente, aunque ella sabía que era muy propio de él utilizar trucos como aquél. Sus ojos verdes reflejaban la luna, haciéndolos parecer despiadados, cuando en realidad eran tiernos. La impaciencia se apoderó de ella cuando obedeció y se echó hacia delante, mientras su mano guiaba los labios de ella a los suyos.

Ella aceptó sus besos con flaqueza e inminente emoción. Sus fuertes brazos la rodearon, apretándola más contra él, mientras empezó a explorarla, suavemente, abriéndola. Entrenó su cuerpo. ¿Acaso los humanos no sabían cómo aparearse? Pues la ineptitud sexual de la joven era más que evidente.

Sus labios se encontraron dulcemente, amoldándose el uno al otro, como plastilina plegable y aterciopelada. Rosa sobre negro. Él tuvo que deslizar su lengua por sus labios, para mostrarle el paso siguiente. Su unieron y arremolinaron, cubiertos de saliva húmeda y resbaladiza. Ella emitió gemidos femeninos de placer ante ese descubrimiento y él quiso besarla más; se lo permitió e incluso instigó ese contacto tan íntimo.

Ella no perdió ni un instante, memorizando cada línea de sus labios, su sabor, cómo había inclinado la cabeza y cómo él le daba tantas órdenes, con una acción tan simple.

Sintió que ella tragaba saliva, cuando el fino velo de la inexperiencia humana se rompía. Sintió que la membrana se rompía y ella temblaba, mientras sus estrechas paredes lo atrapaban, asfixiándolo. Estaba tan tensa, tan segura e inflexible, que hasta el estoico Ulquiorra cerró los ojos de felicidad. Él la empujó con más fuerza, agarrándole por la tripa hasta que finalmente lo aceptó por completó. Otro grito salió de lo profundo de su garganta, al sentir la profunda penetración. Una pequeña cantidad de sangre se deslizó por sus muslos y tiñó, los suyos, en contraste con su pálida piel.

Su mano le agarró del pelo, echándole la cabeza hacia atrás, mientras ella le cubría con besos de amor, a pesar de sus lentas aunque no reacias respuestas.

Orihime supo que la paciencia del chico le había evitado un gran dolor. Y, en ese momento, tenía una parte suya dentro de ella, llenándola con una sensación que nunca antes había sentido. Hasta entonces, ser penetrada tan profundamente, hasta el límite, fue totalmente imposible.

- Ulquiorra- su nombre se escapó de sus labios como una plegaria por Dios- Te quiero- murmuró amorosamente, girando las caderas, dejándose llevar por sensaciones que nunca antes había vivido- Te quiero- le besó su hombro, su cuello, su sien con adulación- Te quiero…- sus labios.

- ¿Me quieres?- ella presionó sus pechos contra él, animándolo a que se aprovechara de ella- ¿No crees que es bastante raro que le digas eso a tu enemigo?- su mano se despegó tardíamente de su pelo a su cintura.

Ella había esperado que contestara con cinismo, pero, al pensar de nuevo en esas palabras, sintió que algo le golpeaba profundamente y podría haberse echado a llorar ante la felicidad que empezó a sentir. No le había preguntado qué significaba el "amor"… No le había hecho la misma pregunta de siempre ni había negado la existencia de aquella falsa sensación humana, artificial e invisible. Tanto si lo quisiera como si no, había hablado como si comprendiera la palabra y su significado, como si la considerara idiota por sentir algo así por él.

Pero, ahora que le había conseguido, se negaba a dejarlo marchar. Ya sabía que el verdadero amor existía y era consciente de lo que eso implicaba, más allá de las bromas, así que le mostraría ese afecto incondicionalmente. Se abrazó a su cuello mientras se levantaba, sentándose segundos después. Gimió un poco al sentir la fricción. Ella empezó a frotarse contra él y le apresuró con susurros silenciosos, hasta que la mano de él se deslizó bajo su muslo y la levantó él mismo, como si pesara como una pluma. La atrajo hacia sí y, sin palabras, le indicó a la chica cómo mover sus caderas oportunamente.

Él se mantuvo distante mientras la guiaba, observando de cerca, con ojos pasivos, cómo el grosor de su pene erecto entraba y salía de ella, atrapándolo como unos implacables grilletes.

Cuando pareció que, finalmente, ella fue capaz de moverse sin sus instrucciones, él se echó hacia atrás y apoyó la cabeza sobre la pared, observando cómo su despampanante cuerpo se movía para él, provocándole. Ella se apoyó de nuevo en sus abdominales al tiempo que meneaba las caderas siguiendo un ritmo y sus rodillas se apoyaban en las mantas que había debajo. Las manos de él se aferraron a su trasero, apretándolo en determinados momentos de placer intenso, satisfecho por haberla transformado en su propia muñeca de placer.

Sus ojos se clavaron en sus divinos pechos. Estaban… botando. Nunca se había quedado tan atónito contemplando cómo la carne se movía al compás de la gravedad. Eran radiantes e intensos y adaptaron sus movimientos a los del cuerpo de la chica, hasta que él no pudo contenerse más y apretó sus caderas contra las suyas. Sus manos la guiaron mejor, permitiendo que aquel empalamiento llegara a otro nivel de placer. Ella estaba ya tan habituada a decir su nombre después de cada resoplido, que él acabó aumentando el ritmo mucho más, para que ella gritara más fuerte.

Al cogerle las caderas, el cuerpo de la joven se colapsó contra el suyo, levantando las rodillas mientras él seguía moviéndose. El ritmo era despacio, constante y extenuante. Sintió que ella empezaba a temblar, curvándose hacia él.

- Ulquiorra, voy a…

Él dejó escapar un gemido helado contra su pelo, cuando su interior casi lo estrujó al correrse de nuevo, revoloteando sobre su erección y cubriéndola de un líquido caliente y cremoso. Él clavó sus uñas en su generoso trasero, cubriendo sus caderas y entrando desesperadamente en su prieta apertura, tratando por todos los medios de alargar su orgasmo, perdiéndose en ese secreto anteriormente cerrado con el candado de la pureza. No se preocupó ni un instante de que hubiese empezado a perderse en el incontrolable camino de la desesperación. Una calidez desconocida lo invadía cada vez que ella pronunciaba su nombre, haciendo que apretara sus dientes en un placer vicioso, mientras trataba de expulsar de sí mismo esa sensación que lo incapacitaba.

- Joder- maldijo él, indefenso ante el instinto básico que se apoderaba de él, alzando la cabeza mientras la chica volvía a contraerse, incitándole a algo que aún no estaba dispuesto a soltar.

Al momento siguiente, la cogió de la espalda, con una mano deslizándose por su muslo y la otra en su espalda, agarrándola del hombro para calmarla ante las pesadas y discordantes sacudidas. Sus caderas se unieron más a las de ella, metiéndosela con más profundidad. Sus pezones rozaban su pecho, las manos de la chica se aferraron a su propio pelo, rindiéndose con desesperación.

Estaba obsesionado; ella tenía que correrse otra vez, haría lo que fuera para lograrlo…

Sus labios encontraron uno de sus pezones y, al instante, empezaron a devorarlo, mientras jugaba con su cuerpo. Sus caderas la empujaban hacia algo que quería que le diera. La chica que tenía encima se arqueó, mientras su aliento se entrecortaba y, una vez más, supo que estaba a punto de estallar.

Sus dos manos le cogieron mechones de pelo caoba, cuando finalmente se quebró, consiguiendo el agotador resultado que era tan crucial en esa búsqueda voraz. Sus labios se clavaron en su escote, en el mismo lugar donde residía su agujero de hollow, mientras sentía su danza sobre el miembro que entraba en ella. Vio cómo cerraba los ojos de la euforia y que cada llanto le acercaba más al final. Le tapó la boca a la chica con la suya propia, saboreando con avaricia cada gota de pasión, mientras laboriosamente entraba en la flexible criatura que tenía encima. Todo su cuerpo, sudado de éxtasis, le provocaba, abrazando y estrechando su cavidad al sentir su tembloroso y vibrante miembro dentro.

Ulquiorra fracasó tratando de contener un gemido, al morderle el labio inferior, pues observó cómo sus rodillas volvían a levantarse, ejerciendo más presión sobre su miembro. El control parecía una palabra totalmente perdida y su contenido duro y arcaico apenas consiguió retener sus gestos.

Aún así, aquello no era suficiente.

Él la giró y llevó una de sus manos a su espalda, colocándola en una posición totalmente dominante.

Su columna se arqueó tanto que pareció romperse, su trasero se mantenía en el aire y sus piernas estaban bien abiertas. Su cuerpo mostró toda su belleza y su pelo se extendió hacia un lado, como un océano de color. Sus gimoteos, casi llantos, retumbaron por todo el edificio cuando volvió a sentirlo dentro. De rodillas, él se encorvó hacia delante y se agarró a la almohada que había bajo su cabeza, sintiendo su cavidad aún más estrecha.

Se echó sobre ella, retirándose a veces, pero sólo para volver a empotrarla a golpes deliberadamente alargados. Cada embestida fue más difícil que la anterior, pues su codicioso cuerpo parecía querer absorberlo por completo. Mechones de su pelo se pegaron a su piel y ella jadeaba con cada embestida.

- Ulquiorra, espera- uno de sus mechones se pegó a sus labios- Voy… Voy a…- los pequeños y cautivadores gemidos, así que como los resoplidos que lanzaba contra la almohada, eran demasiado atrayentes y cautivadores- Voy a… ohh… otra vez- tenía la mirada perdida, cuando trató de mirarlo por encima de su hombro. Sin embargo, clavó su rostro en los cojines al sentir que, de nuevo, él empezaba a moverse.

Ella tenía que dárselo, sólo una vez más. Estaba muy cerca, pero también debilitada por la intensa sesión de cópula. Cuando él se inclinó más sobre ella y empezó a tocarle el clítoris con su mano, ella acató con entusiasmo sus pacientes e indulgentes peticiones. Se sometió a la lujuria y volvió a correrse. Su firme y carnoso trasero sufrió convulsiones y sus embestidas se acortaron e intercalaron, acelerando la necesidad que tenía él de correrse.

Su apertura tembló para él, vibrando como si hubiera sentido un pequeño terremoto dentro de ella. Se acompasó y adhirió a él fuertemente, en un natural e inconsciente intento de reconocer su dominio, deseando que el líquido de aquella persona que había demostrado tener más poder que ella, se esparciera por todo su cuerpo. Apretó con tanto ímpetu su pene que su determinación y resistencia acabaron siendo inútiles.

Ulquiorra le cogió sus escuálidos brazos y los colocó por encima de sus hombros, levantándola, mientras la otra mano la agarraba justo por debajo de sus pechos, apretándola con tanta fuerza que sus costillas pudieron haberse roto. La otra se colocó bajo su rodilla, levantándole la carne y haciendo que se pegara a su pecho, poniéndola de cuclillas. Sus pantalones se amontonaron bajo sus rodillas, como si fueran los de una bestia estúpida y fuera de control. Podía sentir el peso de sus pechos, impulsados por una la fuerza brutal de la cópula más primaria, botando contra su frente, que estaba bien asegurada entre aquellos enormes bultos. Él trató de que sus formados músculos no la apretaran tanto como para matarla. Su orgasmo aún se repetía en él, así que cerró los ojos y apretó la mandíbula, perdiendo totalmente la compostura ante la fortaleza de una chica humana.

Ella gimió su nombre una última vez, antes de perderse con gracia y él enterró sus dientes en su cuello.

- Joder- gruñó él, embistiéndola con tanta fuerza como su cuerpo le permitió, vaciándose completamente en su interior, perdiéndose profundamente en el paraíso. Él saboreó su incipiente temblor y, sin objeciones, recibió otra ola de éxtasis cuando ella empezó a estremecerse suavemente, fruto del último y pequeño orgasmo que tuvo al sentir cómo su semilla se esparcía por todo su interior…

Él estaba seguro de que su olor permanecería en ella durante semanas, por habérsela follado tan salvajemente. Si tenía suerte, esa basura humana de Kurosaki usaría adecuadamente su puto olfato para darse cuenta de lo que había ocurrido. A pesar de estar muerto, no quería su piedad… y, por encima de la vida y de la muerte, estaba claro que Orihime Inoue siempre volvería hacia él, hacia un Arrancar.

Había escuchado la patética conversación que habían tenido en el parque, donde hablaron con imprudencia de él, como si merecieran pronunciar su nombre.

¿Soledad?

¿Tristeza?

¿Recuerdos?

Le costó horrores escuchar aquello. La amiga lesbiana de la chica había acertado más describiéndolo como un "cabrón sin corazón" que cualquiera de ellos dos. Decir que se merecía estar muerto fue menos insultante que algunas de las palabras que Kurosaki pronunció sobre él. ¿Que, si hubiera podido, habría "cambiado" las cosas? Lo único que Ulquiorra habría cambiado sería que, de haber podido, le habría cortado la cabeza al supuesto hollow, para asegurarse de su muerte, en lugar de atravesarle el pecho. Aquello nuevamente demostraba que la diferencia entre el bien y el mal dependía sólo del punto de vista que se tuviera; normalmente, de un punto de vista austero, acogedor y profundo.

Ulquiorra la sujetó al sacar la polla de dentro de ella, escuchando cómo maullaba de tristeza al dejar de sentirla. Pudo ver su eyaculación saliendo de su interior y resbalándose por sus muslos, mezclándose con el color rosado de la sangre y sintió que volvía a ponerse duro. Sin embargo, en cuanto dejó a la chica sobre las mantas, ya se había dormido.

Cogió los pantalones que tenía por los talones y se los abrochó. Al alzar la vista sobre el horizonte, los primeros rayos de sol, brillantes, contrajeron las pupilas de sus verdes ojos y se llevaron los últimos restos de la noche.

La fuerte luz se opuso fuertemente a su complexión. Nunca había tenido preferencia por las horas más soleadas del día, pero, al mirar a la chica, observó que su piel se nutría con los rayos de sol.

Sus pechos estaban llenos de pequeñas marcas moradas y los chupetones azules invadían su cuello. Pequeñas marcas del tamaño de huellas dactilares estaban tatuadas en sus muslos y costillas. Y, entre sus piernas, aún se deslizaba su corrida, mezclada con la de ella, humedeciendo su cuerpo y aterrizando en las sábanas. No estaba contento de haber perdido el control y se sentía peor al haber descubierto la increíble desesperación a la que ella le había llevado.

Sus ojos rápidamente se apartaron de ella, descubriendo una cola negra que desaparecía justo detrás de la chimenea del tejado. Él entrecerró los ojos.

Esa mujer…

No soportaba a los entrometidos.

Cubrió a la chica con las sábanas y la llevó a la cama, tumbándola sobre el colchón. Pero, justo cuando estaba a punto de marcharse, se preguntó si sería conveniente o no que se quedara un poco más… y, si se quedaba algo más, podría darle un buen despertar.

Se levantó y deslizó su mano por las persianas que había al lado de su cama, bajándolas, antes de abrirle las piernas y enterrar su cabeza entre sus muslos. Al hacerlo, obtuvo débiles y amorosas respuestas. Cuando la chica abrió poco a poco los ojos, él volvió a deslizarse dentro de ella…

"El funcionamiento del corazón humano supone el misterio más profundo de todo el universo. En un momento nos hace desesperarnos por los nuestros y, al momento siguiente, los vemos como el reflejo de una imagen divina." Charles W. Chesnutt

- ¿Ya has vuelto?- bostezó Kisuke, desperezándose y rascándose la espalda, mientras la luz de la mañana lo invadía, al salir de su tienda y sentarse en el porche- ¿Por qué has tardado tanto, Yoruichi? Estaba empezando a preocuparme- dijo, con apatía.

- La seguí hasta su casa, tal y como me pediste- el gato saltó y aterrizó en el suelo de madera, con gracia.

- ¿Y cómo ha ido?- preguntó, sentándose en una silla y poniendo sus pies cerca del gato, mientras su sombrero le cubría los ojos, tapándole del sol.

- Bueno, él está vivo, eso seguro- Yoruichi levantó la pata para examinarse las garras- Aunque creo que me ha visto.

- ¿Y?

- ¿Cómo que "y"? Se la ha follado.

- Ya lo sé. Te pedí que la siguieras hasta su casa, no que la espiases. ¿Dónde te has dejado la decencia? Tienen derecho a tener algo de privacidad. Eres patética.

Ella siguió examinándose las uñas, sin hacer caso a los insultos. Lo esperaba pacientemente, sabiendo que, tarde o temprano se… lo preguntaría…

- … Y, ¿cómo fue?

Fin

Bueno, ya está. Después de mucho pelearme con esta última parte (madre mía, el vocabulario era difícil no, lo siguiente XD), por fin he conseguido terminarla. Os ha gustado? Bueno, creo que la advertencia de que había lemon se ha quedado un poco corta, porque todo el capítulo ha sido un no parar! Pobre Hime, estará agotada cuanto menos! Y Ulquiorra ha decidido quedarse con ella (se ve que los placeres humanos le han gustado más de lo que pensaba). Gracias por haber seguido este "oneshot" y nos vemos en la siguiente historia, un beso!

EldaCifer27: hola! Bueno, espero que no hayas gritado tanto con este cap como para asustar a tu madre (aunque no es para menos, la verdad, porque vaya final!). Muchas gracias a ti por haberlo leído hasta el final y espero que te haya gustado. Un beso!

Chikytina: hola! Pues tenías toda la razón del mundo: en cuanto Ulquiorra ha conseguido materializarse no ha perdido el tiempo y se ha lanzado a por ella… Aunque, bueno, Orihime tampoco es que le haya puesto muchas pegas, la verdad XD. Quçe tal el Saón? Jo, a ver si algún año puedo ir, porque entre la distancia (soy de Valladolid) y que pilla en unas fechas malísimas (o acaba de empezar el curso o se acercan los exámenes) nunca he podido disfrutarlo! Pero bueno, a ver si algún año ahorro un poco y voy para allá… disfrazada, por supuesto! Un beso y espero que te haya gustado mucho el final del fic.

SakuroCefiro: hola! Pues sí, Ulquiorra está particularmente sádico en este fic, pero eso forma parte de su encanto. No sería el mismo sin ese halo de torturador que tiene. Gracias por los ánimos! Si te digo la verdad, este último capítulo me ha costado horrores traducirlo, no sólo porque apenas conozco palabras relacionadas con el sexo (y en este cap han abundado) sino porque las metáforas eran bastante complicadas. Pero bueno, espero haber cumplido! Espero que el cap te haya gustado y muchos besos!

: hola! Espero no haber tardado mucho, pero he estado liadísima. Pues ya he revisado los caps y creo que está todo corregido; de todos modos, si ves alguna falta que se me haya pasado, señálamela, así me cuesta menos encontrarla. Un beso!

Yuuri no Mai: hola! A mí me ha gustado mucho que Hime se la única que sienta que Ulquiorra ha vuelto; queda bastante canon e incluso sería una buena idea para el manga. Además, si hay alguien capaz de sentir su presencia, es ella. Espero que te guste el lemon, porque este último capítulo ha sido… muy explícito! Pues, si te digo la verdad, a la hora de traducir fics me fijo normalmente en que tengan bastantes reviews y en el tema del que traten (normalmente me voy directa a los que son para mayores de 18 años). Qué alegría que me estés siguiendo en tumblr! Aunque casi todo lo que subo es reblogueado de otras páginas, pero bueno, a ver si encuentro material bueno y propio para subir. Un beso y gracias por haber seguido la historia!

Luka Cifer: hola! Me alegra mucho que te haya gustado tanto la historia, de verdad. Espero encontrar más fics para traducir que tengan un contenido tan "macabro", porque son los que más me gustan. Bueno, espero que este último cap tan lleno de lemon te haya gustado mucho y nos vemos en la siguiente historia. Un beso!

Emo Romantica 03: Hola! A mí también me gustan mucho Jinta y Ururu y me gustan más como pareja que Jinta y Yuzu (es que no me gusta nada esta pareja, por mucho que a Jinta le guste ella!). En cuanto a la concentración de poder de Ulquiorra… pues yo tampoco tengo una idea clara de porqué fue con ella, la verdad. Quizá ambos llegaran a crear un vínculo mucho más fuerte de lo que la gente cree y por eso siguió vivo gracias a ella. Después de todo, cuando él muere, Ichigo siente que ella está mucho más triste de lo normal, como si hubiera perdido algo muy importante y Ulquiorra, antes de morir, aprende lo que significa el corazón gracias a ella. Creo que los dos llegan a penetrar tanto en sus corazones respectivamente, que crean un vínculo indestructible. Esperemos que Tite piense lo mismo y le resucite… También estoy de acuerdo con la autora respecto a la "lealtad" de Ulquiorra hacia Aizen; no le veo tan tonto como para dejarse manipular hasta el final (como Harribel, por ejemplo), sino que creo que hay algún motivo oscuro que le llevó a confiar en él. Bueno, quizá sea como menciona el especial Unmasked de Ulquiorra, donde te va a entender que va con Aizen porque, como no le importa vivir o morir, tampoco le importa ir con él o no hacerlo. Además, Aizen fue la primera persona en mucho tiempo que no huyó de "la mirada" de Ulquiorra, así que quizá sintió cierta simpatía por él por eso. Exacto, creo que están obsesionados el uno con el otro, así que a ver si Tite se da cuenta y explota esa faceta suya! Espero que el final del oneshot te haya gustado y nos leemos en el siguiente fic. Un beso!