Por fin he actualizado esta historia. Me ha costado bastante , pero aquí estoy de nuevo dando la vara con ella. No tengo ni hermanos, ni primos pequeños, ni hijos, así que me cuesta mucho ponerme en la piel de un niño, para transmitir las emociones que quiero, sin hacerlo más adulto de lo que debe ser, así que espero haber logrado acercarme, aunque sea un poco.
Decir que Moriarty está muerto, su cadáver analizado e identificado por la gente de Mycroft.
Lo que sigue es lo del siempre, se trata de un UA, por lo que el carácter canónico de los personajes pueden sufrir cambios para peor, etc... Espero que os guste, y si no, tomatazos, pimentazos y lo que haga falta. Muchas gracias a todos los que habéis dejado comentarios en la historia, no sé como agradeceros vuestras palabras y opiniones, salvo de nuevo decir gracias ¡Lo mismo, para todos los que habéis marcado la historia como favorita o la estáis siguiendo: Muchas gracias¡
Como siempre, Sherlock Holmes y todos sus personajes le pertenecen a Sir Conan Doyle. Y han sido adaptados al mundo moderno por la BBC, creando algo maravilloso, que les pertenece a ellos en exclusiva. Yo no tengo nada, de nada.
Editado 12/12/13
Capítulo 4: Pequeño demonio
Dvd número 3
Era una habitación distinta la que mostraba el vídeo en esa ocasión en la pantalla del televisor. Seguían predominando los muebles y accesorios en blanco adornados con motivos en azul, que le daban vida a la monotonía monocroma, jugando en las paredes o en las mantas que cubrían la cuna. Pero el anterior sutil toque femenino en el otro dormitorio que le daban las flores había desaparecido, sino que ahora eran motivos celtas los delicadamente pintados. Una mirada más profunda descubría que no eran algo aleatorio, para alegrar la habitación infantil, sino el resultado de una elección consciente y buscada activamente por el decorador. El espectador silencioso, frunció el ceño, ante esa muestra de superstición del hombre muerto que aparecía en el vídeo, era extraño verlo depender de sus raíces culturales, él que parecía en sí mismo una fuerza de la naturaleza desatada. Pero tampoco le había creído capaz de amar, y habría logrado mostrarle que estaba equivocado.
Detuvo la imagen, y observo los signos, cada detalle era necesario para conocer la mente de su enemigo, que desde su tumba todavía le retaba a derrotarle en esa partida que llevaban jugando lo que parecía ya toda una vida y más. Todavía estaban moviéndose en el juego, y cada detalle, le podría unir o separar del niño que dormía inocente en la habitación de arriba.
La cenefa decorativa estaba compuesta de tres signos celtas que se iban mezclando, combinándose entre sí, de una manera continua y fluida, como si fueran uno sólo. Una rápida búsqueda en Internet le llevó a desentrañar su significado: el primero le era muy conocido de verlo normalmente en colgantes o camisetas representado: el trisquel que parecía representar la evolución y el crecimiento para los celtas. Manifestaba el principio y el fin, la eterna evolución y el aprendizaje perpetuo. El segundo se denominaba Lauburu, y se trataba de una variación del anterior. Según la tradición celta canalizaba las energías que conforman el universo y la lucha de la luz frente a las tinieblas. Proporcionaba protección contra los extraños o los diablos que invadían los establos o cosechas echándolas a perder. Por último, alternando entre los otros dos se encontraba el Árbol de la vida, que representaba el mundo de los espíritus, el bienestar y la integridad de las aldeas celtas. Sus ramas tocaban el cielo y sus raíces el mundo de los muertos, el crann bethadh era sagrado para los celtas y el árbol representado en él, solía tener su propio significado.
En este caso, parecía ser un abedul, otra rápida búsqueda le llevó a desentrañar su significado…."el Abedul, tiene su propio significado dentro de la cultura celta, su nombre mágico es Beth "mundo", y era considerado sagrado por los celtas, ya que representaba al Dios de los vivos y los muertos. Lo asociaban con el solsticio de primavera y era considerado como fuerza creadora y ahuyentadora de desgracias. La característica principal del abedul es la de contener la semilla potencial de todos los signos. Se atribuye a este signo la virtud de la paciencia, un requisito necesario cuando se trabaja con semejante potencial. Las personas nacidas bajo este signo dirigen su energía por medio de estrategias ambiciosas, cada uno de sus pasos llevan en mente una meta especifica. No obstante, los obstáculos pueden ser formidables..."
Termino de leer la explicación en la web especializada en cultura celta, mientras fruncía el ceño, simples elementos de protección, pero que también hablaban también de las esperanzas de Moriarty puestas en su hijo, como cualquier otro padre, de sus miedos, de los anhelos en que fuese especial y sobresaliese sobre el resto. Con un suspiro almacenó la información para su posterior estudio en el equipo informático y dirigió de nuevo su atención a la televisión. Un clic del mando volvió a poner de nuevo en marcha la reproducción, centrando su atención totalmente en ella, olvidando otros pensamientos.
Era ya noche cerrada, por las cortinas entreabiertas se podía ver la luna brillar sobre el cielo negro, rodeada de estrellas. La habitación debía dar a un campo o un jardín enorme, sin duda a las afueras del centro urbano donde estuviese ubicada, porque no se veía afectada la vista por contaminación lumínica que atacara la extraña atmósfera que irradiaba su ambiente, como de otro mundo, y parecía crear reflejos fantasmagóricos en las superficies la luz del astro celeste.
Esa sensación sobrenatural sólo se veía realzada por el canto en voz queda del hombre sentado en la mecedora al lado de la ventana y que sostenía a su hijo mientras le mecía con suavidad. No era la primera vez que sus nanas habían sido recogidas en los vídeos, pero su hermosa voz de tenor irlandés se sentía, en esos momentos, como el eco de una balada etérea escuchada durante eones en el mundo de las hadas, mientras cantaba en su idioma ancestral:
Seoithín, seo hó, mo stór é, mo leanbh
Mo sheoid gan cealg, mo chuid gan tsaoil mhór
Seothín seo ho, nach mór é an taitneamh
Mo stóirín na leaba, na chodladh gan brón.
Curfá:
A leanbh mo chléibh go n-eirí do chodhladh leat
Séan is sonas gach oíche do chóir
Tá mise le do thaobh ag guídhe ort na mbeannacht
Seothín a leanbh is codail go foill.
Ar mhullach an tí tá síodha geala
Faol chaoin re an Earra ag imirt is spoirt
Seo iad aniar iad le glaoch ar mo leanbh
Le mian é tharraingt isteach san lios mór.
Curfá
El pelo negro, un poco más largo que en los otros videos, le caía sobre los ojos oscuros, mientras volvía a repetir la nana de nuevo a su niño que le seguía con ojos adormilados el movimiento de su cuerpo, mientras se mecían en un compás lento. Se mostraba cansado, como si no hubiese descansado en días, pero cuidadoso del pequeño, como un guepardo cuidando de sus cachorro somnoliento. Era extraño ver a un hombre que nunca se desprendía de sus trajes caros y aspecto siempre cuidado, vestido con una simple camiseta de punto blanca y unos pantalones de dormir a rayas, que le caían sobre los huesos de la cadera, remarcando su delgada figura. Parecía más humano, más real, bello en la forma desaliñada y doméstica que ofrecía. Se levantó con suavidad de su asiento, tratando depositar al niño en su cuna, medio dormido sin molestarle, al lado del oso de peluche blanco que ya descansaba en ella.
No se había alejado más de unos pasos en dirección a la puerta, cuando el llanto del bebé volvió a surgir con fuerza desde donde yacía. Con un suspiró, Jim volvió a coger a su hijo en brazos, y trató de volver a calmarle, mientras el rostro infantil se iba volviendo cada vez más rojo en su desesperación, sin que su llanto disminuyese.
- No sé qué hacer Seb. Cada vez que le dejó sólo, aunque permanezca a su lado, se pone a llorar y solo se calma si le tengo en brazos y le canto. Lleva así días, casi no duerme, le cuesta comer, le veo cada vez más molesto y débil. El médico dice que no es nada, una fase que pronto pasará. Pero me preocupa verle así.
- No te alarmes, Jim, sí te han dicho que no está enfermo...
- Pero llora con tanta desesperación, como si se fuera a quedar sin aire y ahogarse con sus lágrimas. La niñera no lo puede coger sin que la casa se parezca venir abajo por la fuerza de sus lloros, no tolera su presencia cerca de él.
- Pues despídela entonces, Johnny no la quiere.
- ¿Así de sencillo?- Se burló el irlandés del hombre que permanecía fuera del objetivo de la cámara, mientras paseaba por la habitación, tratando de contener su propia inquieta naturaleza, para calmar al bebé, que ya lloraba con menos fuerza, pero sin pausa aún.
- John es un hombrecito de carácter, si alguien no le gusta, va a demostrar su disgusto con toda su fuerza y no suele cambiar de opinión. En vuestras rabietas sois ser muy parecidos, se nota que es tu hijo.
- ¿Rabietas?- La indignación sonó en la voz del moreno, mientras levanta una ceja al otro hombre, que reía quedamente divertido con su irritación.
- Despídela, y punto final al asunto. Creo que lo que nuestro niño quiere en realidad, es que te quedes a su lado y le cantes, parece enamorado del sonido de tu voz. Y creo que no cederá hasta ver cumplido sus deseos. Sólo te quiere con él.
- Tiene buen gusto, mi pequeño niño, mi ángel.- Con una sonrisa satisfecha se volvió a sentar en la mecedora. Las primeras notas de la nueva canción calmaron a John rápidamente, que volvió, de nuevo, sus ojos azules a su padre, que cantaba mirándole como si fuera la cosa más bella del mundo, la única que de verdad importase.
Tá mé mo shuí ó d`éirigh`n ghealach aréir
Ag cur teine síos gan scíth is á fadó go géar
Tá bunadh a` tí `na luí is tá mise liom féin
Tá na coiligh ag glaoch `san saol `na gcodladh ach mé.
Sheacht mh`anam déag do bhéal do mhala is do ghrua
Do shúil ghorm ghlé-gheal fár thréig mé aiteas is suairc
Le cumha do dhiaidh ní léir dom an bealach a shiúil
Is a charaid mo chléibh tá na sléibhte `dul idir mé`s tú
Deiridh lucht léinn gur claoite an galar an grá
Char admhaigh mé é is é `ndiaidh mo chroí istigh a chrá
Aicid róghéar faraor nár sheachain mé í
Chuir sí arraing is céad go géar trí cheart-lár mo chroí.
Casadh bean-tsí dom thíos ag Lios Bhéal an Átha
D`fhiafraigh mé di an scaoilfeadh glas ar bith grá
Is é dúirt sí os íseal i mbriathra soineannta sáimh
"Nuair a théann sé fán chroí cha scaoiltear as é go bráth."
Mientras cantaba las primeras estrofas, Sebastián entro en la secuencia por primera vez, y se sentó a los pies de Jim, sobre la alfombra blanca. Sus ojos azules brillaban con la devoción extrema que sentía por el otro hombre y su hijo. Con una mano acarició con delicadeza la suave mejilla, aún húmeda, de John, mientras la otra descansaba sobre la rodilla de Jim. Los minutos pasaron dejando esa imagen como congelada, la imagen idílica de una familia feliz, arrullada por el canto del irlandés.
221 B, Baker Street, Londres, cinco meses después de la muerte de Moriarty
El infierno, como Sherlock lo denomino en su mente desbordada mientras lo veía desarrollarse ante sus ojos incrédulos y sorprendidos, llegó sin avisar, cuando las sombras que le podían perturbar en su nuevo papel de padre parecían ir disipándose paulatinamente. Como Mycroft, él había pensado que ser la mitad hijo de un ángel, sería suficiente para romper la otra mitad de naturaleza demoníaca de la herencia de John. Pero debía haberse dado cuenta que siempre hay algo que él no podría ver, que se escapase de su observación y análisis, y que vendría a atacarle por la espalda, a traición cuando menos se lo esperase y morderle en su... Hasta ese momento no había sido consciente de lo duro que sería ser padre en algunas ocasiones, de la sensación de impotencia que le iba a embarga, sin saber que era lo correcto que hacer. Y en esos momentos de incertidumbre solo tenía ganas de cerrar la puerta y huir, por miedo a fallar.
Los primeros tenues avisos, de que no hay luz sin sombras que la acechen a su alrededor, llegaron con la conversación tan esperada con la psicóloga de John.
- Es un niño encantador, muy educado y cariñoso. Es extrovertido, acostumbrado a expresar sus ideas y a que los adultos le escuchen. Eso por un lado es bueno, porque le ha dado un carácter fuerte e independiente, seguro de sí mismo, pero por el otro lado, no he podido dejar de observar que no lleva bien que le contradigan o que se le indique que está equivocado en sus ideas. Es algo que se debe ir corrigiendo, poco a poco, con paciencia, con tiempo. Por otro lado, me preguntaban si era consciente de la diferencia entre el bien y el mal. Parece una cuestión muy importante para ustedes.
-¿Lo es? ¿Sabe distinguir lo qué está bien de lo que está mal? - A pesar de la mirada acusadora de Mycroft, su hermano pequeño no pudo evitar interrumpir a la insípida mujer. Necesitaba esa información que respondiese a una de las cuestiones más importantes que le preocupaban. Esa podía ser la diferencia entre Moriarty y su hijo, lo que verdaderamente separase a John de su padre y su larga sombra.
- La conoce y la distingue correctamente. Sabe perfectamente cuando está haciendo algo bueno y cuando es algo malo. Lo único que todavía no es consciente que algunos comportamientos, aunque bien motivados, no dejan de ser erróneos, pero es un niño todavía muy pequeño para ello. Los contactos sociales, le irán indicando que comportamientos son los adecuados, hasta que los asuma como propios. Su casa, será un buen puerto de salida.
- ¿Eso es bueno? ¿Es cómo se espera que se desarrolle, Doctora Thompson?
- Lo es, señor Holmes, no se preocupe por ello. – La mujer sonrió en lo que creía era un gesto tranquilizador. No fue consciente de la mirada irritada que se cruzaron los dos hermanos, Mycroft hizo un pequeño gesto para que Sherlock se contuviese de decir abiertamente su opinión sobre las capacidades de la doctora.- Muestra una gran empatía hacía la gente que le rodea, y es capaz de leer muy bien las situaciones que se desarrollan a su alrededor. Sin duda, ayuda su inteligencia, superior a la media de los niños de su edad, para lograr una comprensión bastante madura de la situación que está afrontando y los cambios en su vida. He notado, sin embargo, que muestra una tendencia a la manipulación y a no sentir remordimientos de haberse válido de ella para lograr sus propósitos, algo normal, no se preocupen, en el desarrollo de algunos niños. Sólo deben ser conscientes de cuando trate de hacerlo y ponerle una serie de normas, que le muestren que ese no es un comportamiento aceptable, de esa manera lograrán corregirlo paulatinamente.
- Correcto. - Asintió el mayor de los Holmes, como todo lo que les había dicho hasta ahora la psicóloga, ya eran conscientes de esa debilidad en el carácter de John, posiblemente potenciada por su progenitor.- ¿Y sobre su padre? ¿Le ha hablado sobre él? ¿Hay progresos en su duelo o sigue pensando que volverá a buscarle?
- Ha aceptado su muerte en estos momentos, aunque todavía lo echa bastante de menos. Muestra un gran lazo de unión con él, una relación afectiva muy fuerte. Muy común en niños con familias monoparentales. Por suerte, John es muy joven y con la ayuda y los apoyos adecuados será capaz de superar su pérdida.
- ¿Se acordará de él?- Era otra cuestión importante para Sherlock, saber si el pequeño recordase a su padre o, poco a poco, podían ir haciendo que desapareciese en las sombras del olvido.
- Un niño de la inteligencia y desarrollo de John, a pesar de su edad, creo que si mantendrá recuerdos de su padre, pero no serán muy claros: sensaciones, sentimientos, alguna experiencia relevante.
- En cuanto al tema de su inteligencia, ¿Cuál fueron los resultados de los test?- Sherlock levantó los ojos al techo, no le extrañaba que su hermano concediese tanta importancia a ese tema. Sabía que era importante para establecer la educación y cuidados futuros de John correctamente, pero prefería centrarse en su estado emocional en esos momentos.
- Los resultados han corroborado la apreciación inicial que posee un Coeficiente Intelectual muy elevado, en su caso específico, situado entre los 160 y 165.
De nuevo la mujer siguió hablando, sin percatarse de la rigidez que se había apoderado de Sherlock. Por herencia genética, comportamiento y capacidades exhibidas había sido la posibilidad más probable, aunque hubiese preferido una Superdotación intelectual alta a una excepcional, parecía que su pequeño siempre tenía que hacer algo para sorprenderle. Estaba orgulloso, como imaginaba que en su momento Moriarty al enterarse, por que John estuviera muy por encima de la media, en realidad en el 0, 0023 % de toda la población mundial. Pero una pequeña e insidiosa voz orgullosa e egoísta de sus propias capacidades en su mente le recordó que aún se encontraba muy por debajo de ellos, a pesar de su brillantez. Pero también sabía por experiencia lo duro que iba a ser para el niño, enfrentarse a la vida diaria, a la escuela, a sus compañeros que no podrían seguir su ritmo, al aburrimiento…, respiró hondo al darse cuenta que estaba lanzando sus propios miedos y fantasmas pasados sobre el futuro del pequeño. Para John todo sería distinto, él se encargaría que lo fuese. Con esfuerzo volvió a centrarse en el parloteo interminable de la mujer, ¿dónde la habrían dado el título? Debería acordarse de la Universidad para no mandar a John a ella.
- Es evidente su dominio precoz del lenguaje, así como ya les había comentado sobre su comprensión de lo que le rodea, parece que ya está superando las dificultades en el control motor que suelen afectarles a la hora de la escritura, por la discordancia entre su desarrollo motor y mental… – Bla, bla, bla suministró su mente aburrida a Sherlock ¿Nunca se cansaba de escuchar el sonido de su propia voz? Insufrible mujer. - … Deberán vigilar sus horarios de sueños, ya que serán estos inferiores, como se observa usualmente en niños superdotados, a la media de su edad… – El estrechamiento en los ojos de Mycroft le indicó a su hermano que su paciencia estaba a punto de acabarse. Por su parte, hace cosa de diez minutos que estaba repasando mentalmente su último experimento.-… Les he recomendado, en mi informe, una serie de escuelas con unos programas excelentes educativos para niños como él. Así como actividades que puedan realizar en casa, como juegos matemáticos sencillos o al Scrabble en primer lugar, fomentar la lectura también. Pueden trabajar en las ciencias experimentales, si tienen a su disposición microscopios, telescopios, lupas, etc. Todo ello para que practique la observación y la deducción como un juego.
Por fin algo interesante, Sherlock sonrió con una gran sonrisa toda dientes pensando en que podrían hacer, mientras su hermano se estremecía con el horror del desastre por venir.
El segundo aviso vino mientras estaban en el parque, unos pocos días después de la sesión. Sherlock se sentó en un banco al sol, estirándose como un gato somnoliento al sentir sobre su piel el calor de sus rayos que le calentaban. John jugaba con otros niños, con los que se había hecho amigos los últimos meses, entre los columpios y la hierba, nunca paraban quietos, él más que ninguno. Estaba orgulloso de como se había convertido en el líder del grupo, eligiendo los juegos y como jugarlos, esa capacidad de relacionarse con gente de su edad le tranquilizaba. Deseaba haberla tenido él también, de esa forma natural, en vez de fingir cuando le miraban los adultos preocupados por su hostilidad y aislamiento.
A veces, el niño acudía a su lado, para enseñarle algo o pedirle un nuevo juguete de los que descansaban a sus pies. El detective no podía evitar, en esos momentos, limpiarle el polvo de la arena que se había pegado al pequeño cuerpecito o a la cara con una ligera caricia, y tras revolverle el pelo rubio, le mandaba de nuevo a la diversión. Se reía por el gesto de pequeño fastidio en su cara infantil, pero sus ojos le mostraban como le gustaban esos pequeños gestos de cariño, a pesar de su pose ensayada de niño mayor. Sabía que esa actitud no encajaba con el papel de sociópata con el que había vivido la mayoría de su vida, pero también, por primera vez, se sentía vivo.
Los ojos grises escaneaban el entorno que les rodeaba, en un gesto natural en él, multiplicado ahora por mil, por la necesidad de descubrir amenazas potenciales para John. Los hombres del equipo de seguridad de Mycroft, que vigilaban el parque, eran buenos, pero dudaba que fueran tan buenos como él. Sonrió feliz, tras relajarse por la falta de peligro aparente, pero sin romper totalmente su guardia, recordando los papeles que guardaba en un escondite en su casa, los que le nombraban padre de John. Nunca creyó que el hecho que una persona dependiese de él, le haría tan feliz. Él, que se consideraba un sociópata, un paria de la sociedad, que nuca sentiría nada más que desprecio por quienes le rodeaban (excepto casos excepcionales como la señora Hudson), pero todo había cambiado ahora con la llegada de su hijo, saboreó el sonido del sustantivo y el pronombre posesivo en su mente. Su hijo.
No pudo evitar un bufido, al ver como un niño pelirrojo empujaba a otro hasta hacerle caer en la arena. Todo parque tenía un matón, como toda buena escuela que se precie, pero si el resto de las madres y padres no hacían nada, poco podría él hacer, sin armar un escándalo. Claro está, mientras no se le ocurriese tocar a John, si lo hacía sus padres y él deberían ocultarse muy lejos, Australia estaría bien, aunque daría igual que lo hiciesen, los encontraría.
Se perdió de nuevo en sus pensamientos, para ser despertado por una conmoción, mientras el matón que veía antes y su madre eran interpelados por otros padres furiosos. El niño clamaba su inocencia que no había robado nada, pero los adultos no le escuchaban mientras discutían fuertemente entre sí. Sintió la mano de John, que sentado a sus pies contemplaba tranquilamente la escena. Una sospecha le hizo levantar la barbilla del niño y estudiar sus ojos azules, que brillaban tan llenos de inocencia que no le engañaron ni por un segundo. Trató de recordar los consejos de la psicóloga, pero se sentía en blanco en esos momentos, como sí su gran mente hubiera entrado en cortocircuito abruptamente. Con un suspiro, le levanto y le abrazó, mientras le susurraba:
- Eso no está bien John, no puedes hacer culpable de algo a una persona que no lo ha hecho, por mala que sea en realidad o creas que lo merezca. La próxima vez, ven a hablar conmigo o con Mycroft y nos dices lo que te preocupa. Pero no vuelvas a hacer algo así, no es bueno.
Y ahora se encontraba con que tenía un pequeño demonio enfurecido, a punto de destrozar su hogar, en medio de una rabieta que no creía posible en una persona tan pequeña e inocente, que miraba usualmente con unos ojos azules tan puros hacia la vida.
¿Habría sido alguna vez él así de terrible? ¿Sus padres habrían temblado en la puerta de una habitación tratando de saber qué hacer, cómo debían reaccionar para calmarle? Sabía que nunca había sido un santo, ni siquiera se había acercado, pero el nivel de destrucción que era capaz de manejar John, le parecía muy por encima del suyo propio cuando se había desatado. Pero tal vez no para el de Moriarty...
- ¿Qué ha pasado señora Hudson? - Le preguntó a la anciana que miraba al niño con impotencia y tristeza al lado suyo.
- No lo sé, Sherlock. Le dejé jugando con la nueva niñera, Emily. Parecían llevarse bien, baje a mi casa a preparar el almuerzo después de un rato que estuvieran juntos. Y de repente, sentí a John llorar y gritar, estaba totalmente furioso e incontrolable ya en esos momentos. No paraba de lanzar cosas y romperlas. Se tranquilizo un poco cuando le dije a la muchacha que abandonase la habitación. Pero todavía sigue llorando sin parar.
- ¿Dónde está ella? Algo debe haber hecho para ponerle en ese estado.
- Me dijo que había metido a lavar el viejo peluche de John, ese oso blanco con el que cuelga a todas partes, ya que estaba muy sucio y que cuando el niño se dio cuenta estalló sin que le pudiese contener. Creo que trató de sujetarle el brazo por la fuerza y él debió de revolverse para evitarlo. Se marchó diciendo que, nuestro bebé, es un monstruo, que no es normal que un niño reaccione así por un estúpido muñeco viejo. Cuando había sido ella quién le molestó, no...
- ¿El oso? - Sherlock trató de recordar el objeto del que hablaba su casera, un peluche blanco con el que John siempre dormía.
- Es uno de los juguetes que trajo con él, creo que se lo regalo su padre. Pobre niño, debió sentir que se lo estaban arrebatando, cómo si volviese a perder a su padre, no q...
- ¿Lo puede conseguir de vuelta?
- Si, ya está secando. No te preocupes Sherlock.
- Bien. Voy a hablar con él.
Cuando John se dio cuenta de la presencia de su padre adoptivo en la puerta de la vivienda, corrió a sus brazos, llorando sin parar. El detective no pudo nada más que consolarle, mientras trataba de encontrar en su mente que hacer en esos momentos. Repaso todos los consejos, todas las indicaciones que había recibido esos últimos meses, recordó la dinámica de Lestrade y sus hijas, los libros, en unos pocos instantes y rezó para no equivocarse. Era demasiado lo que se jugaba en esos momentos, las apuestas eran muy altas para perder por la estupidez de otra persona.
Levanto al niño entre sus brazos mientras se sentaba en el sofá, sus ojos fijos en el pequeño cuerpo que se estremecía contra él con cada sollozo, en medio de su abrazo que no cedió, a pesar de la tensión que sentía dentro de sí. Le consoló en un murmullo sin palabras hasta que volvió la señora Hudson con el juguete limpio e ileso. Solo entonces el niño paró de llorar al verlo, tras lanzar un grito de alegría, lo abrazó, protegiéndolo entre los dos cuerpos, con miedo de que se lo quitasen otra vez. Al observarlo más calmado, Sherlock habló con él, recordando lo que le dijo la psicóloga sobre los límites que debían poner en esas situaciones.
- ¿Qué ha pasado, John? - Le pregunto en voz baja, calmada. Los ojos azules, le miraron desde un cerco rojo, antes de contestar también en voz baja.
- Me quitó al Señor Iompróidh, y no me lo quería devolver. Decía que estaba viejo y sucio, y que si no quedaba bien, debíamos tirarlo.
- ¿Iompr..., Iompróidh?
- Señor Oso en la lengua de las hadas. ¿No la conoces? Papá siempre hablaba en ella, decía que debíamos conocerla y me enseñó un poco, porque era la de nuestra sangre...
- Irlandés entonces. ¿El oso es un regalo de Jim, verdad?
- No, bobo. Fue un regalo de las hadas, de su reina, papá sólo me lo entregó de su parte cuando nací, pero me dijo que lo tenía que guardar siempre a mi lado y cuidarlo bien.- Los ojos de John volvieron a brillar con nuevas lágrimas y sus labios a temblar, por lo que Sherlock le volvió a arrullar para tranquilizarle.
- No te preocupes, pequeño, nadie te lo va a quitar otra vez. Pero no puedes destruir o romper las cosas cuando no consigas lo que quieres. Es algo que no está bien, John. Si algo así vuelve a pasar, tienes que respirar hondo y acudir a un adulto, la señora Hudson, mi hermano o yo, si puede ser. Si no estamos, no te preocupes, que volveremos y lo arreglaremos, ¿vale? – Espero a que el niño diese su asentimiento antes de continuar hablando.- Asustaste mucho a la señora Hudson cuando te vio en ese estado, y no queremos molestarla o que se preocupe, ¿no?
- Pero,...- El niño dudo, pero al final se inclinó hacia el hombre como si fuera a decirle un gran secreto.- Papá decía que podemos destruir las cosas malas y que no nos gustan porque nosotros podemos crear lo que queramos.
- Eso no es cierto, John. Eso hace daño a la gente que te rodea.
- Papá dice que ellos no importan, que son idiotas, no saben...
- John, mírame. - Los ojos azules miraron confundidos a los grises, como si no entendiera su enfado, y se replegó un poco sobre si, temeroso. Sherlock suspiró, y acarició al niño hasta que se volvió a calmar de nuevo.- No estoy enfadado contigo. Sólo que a veces los adultos nos equivocamos, igual que los niños, en las cosas que decimos y pensamos. No está bien destruir las cosas porque simplemente queremos o podemos hacerlo. ¿Quieres a la señora Hudson, John?
- Si, ella es muy buena conmigo. Siempre tiene tiempo para mí, para jugar y me da galletas con zumo a la hora de la merienda.
- ¿Te gusta verla triste? ¿O preocupada por ti?
- No.
- Pues la hiciste sentir triste cuando te vio tan enfadado, porque no la dejaste ayudarte ni la contabas que había pasado.
- ¿De verdad?
- Si, porque ella te quiere muchísimo. Por eso no debes destruir lo que te rodea, ya que puedes romper el corazón de quienes te quieren.
- ¿Romper? No quise romperla. - Los ojos de John le miraron asustados.- Lo siento, Sherlock. ¿Te lo he roto a ti también?
- No pequeño, nunca podrías hacerlo, porque eres demasiado importante. Ahora baja, y pídele perdón a la señora Hudson, le debes prometer que vas ser muy bueno. Después quiero que vuelvas a subir y me ayudes a volver a poner todo en orden y recoger como estaba antes.
Los dos hermanos Holmes miraron al niño dormir pacíficamente, antes de retirarse a la sala de abajo, el menor se llevaba las manos al rostro en un gesto de frustración, mientras se sentaban en la sala, él en el sofá y su hermano en uno de los sillones.
- Me recordó tanto a él esta tarde, su capacidad de destrucción...
- Es su hijo, ya lo hemos hablado más veces, tiene que tener rasgos suyos, partes de su personalidad...
- Lo sé, pero: ¿hasta qué punto las ideas de Moriarty pueden haber tomado cuerpo en John? ¿Hasta qué punto ha dado ya forma al futuro de su hijo, a su personalidad, a su esencia? No sé si he hecho lo correcto hoy, o he empeorado la labor que inició su padre. Y ¿si soy yo peor qué él?
- Sabíamos que deberíamos enfrentarnos a su influencia, que no estaría libre de ella. A las ideas que le hubiese inculcado a John desde la cuna. Lo has hecho bien está tarde Sherlock, poco a poco todo irá cogiendo forma, ten paciencia. Es normal que tengas miedo, en una situación como ésta.
- El problema Mycroft, no es que tenga miedo, es que estoy aterrorizado de equivocarme.
El silencio les domino, hasta que Sherlock digo con ironía, en un intento obvio de romperlo.
- Deberías hacer que la Doctora Thompson te devuelva el dinero de las sesiones, no es muy buena, excepto para expedir el propio sonido de su voz. Me parece que nuestro pequeño niño ha sabido ocultarle los aspectos más erizados de su mente y carácter.
- No. No lo es, ¿verdad?
Los dos hermanos se miraron fijamente antes de continuar hablando. Hacía años que no se habían sentido tan cercanos, que habían hablado tan libremente entre ellos y que Sherlock había buscado la confianza de su hermano y su apoyo. Mycroft elevó una plegaria silenciosa al cielo, agradeciendo por las segundas oportunidades, mientras prometía cuidarle mejor, así como proteger a ese pequeño ángel que dormía arriba, y al que ya le debía tanto.
El niño rubio abrió los ojos, mientras sentía el suave murmullo de la conversación de los adultos abajo. Con lentitud, para evitar ruidos que le delatasen, accedió al escondite que su padre le había enseñado que estaba en una de las extremidades del oso de peluche, y que nadie, nadie más que él debía saber que existía para guardar su tesoro secreto. Escudriño el pequeño y delgado objeto rectangular de plástico, para ver si había sufrido algún daño, y con un suspiro lo volvió a guardar. Parecía que no. Debía proteger mejor el tesoro, para que su padre estuviera orgulloso de él cuando volviese a buscarlo.
Poco a poco se quedó dormido, mientras apretaba el peluche contra sí. La memoria USB, bien protegida por Jim, que había pensado hasta en posibles baños haciendo impermeable su escondrijo, siguió escondida en su interior. Esperando.
… Arriba de la casa, hay hadas blancas. Jugando y bailoteando bajo el suave claro de luna. Ya vienen llamando a mi niño para llevárselo en su gran fortaleza...
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La primera canción que canta Jim es una nana irlandesa titulada Seoithín, Seo Hó, Arrurrú, niñito mío, su traducción sería:
Arrurrú, cariño mío, niñito mío,
Mi joya sin defecto, mi mundo entero,
Arrurrú, pequeñito mío, ¿no es esto una gran alegría?
Mi queridito está en su cama, durmiendo sin pesares.
Estribillo
Niño de mi corazón, duerme calmamente
Y bien toda la noche, y sea feliz.
Estoy cerca de ti, rezando para bendiciones para ti,
Arrurrú, niñito, duérmete ahora.
Arriba de la casa, hay hadas blancas
Jugando y bailoteando bajo el suave claro de luna.
Ya vienen llamando a mi niño
Para llevárselo en su gran fortaleza.
(Estribillo)
La segunda canción que canta Jim se llama en gaélico Tá Mé 'mo Shuí, Estuve Despierto, en español y su traducción sería la siguiente:
Estuve despierto desde que la luna se levantó anoche,
Reavivando el fuego y manteniéndolo encendido,
La familia está en la cama y aquí estoy solo,
Los gallos cantan y el mundo duerme salvo mí.
Me gustan tu boca, tus cejas y tus mejillas,
Tus ojos azules y brillantes para los cuales dejé todo contento,
Por anhelarte, no puedo ver a donde voy,
Amiga de mi corazón, las montañas están entre tú y yo.
Sabios dicen que el amor es una enfermedad,
Nunca lo creí hasta ahora, cuando mi corazón está partido,
Es una enfermedad dolorosa que por desgracia no evité,
De cien flechas taladra el centro de mi corazón.
Encontré a una hechicera cerca de Lisbellaw,
Le pregunté si podría ser librado de este amor,
Contestó suavemente y simplemente:
"Cuando el amor entra en un corazón, no se puede soltar."
Si a alguien le pica la curiosidad, le puedo pasar el enlace de la página donde las encontré, que tiene a su vez enlaces a vídeos de cantantes irlandeses interpretándolas.
Espero no haber sido muy pesada con lo del CI, pero me pareció algo importante que poner en la historia, para el desarrollo de los personajes como quiero en esta historia.
Gracias por leer¡
