Título: ¿Por qué no?
Fandom: Sailor Moon.
Claim: Seiya/Serena.
Extensión: 1.056 palabras.
Notas: Escrito para la tabla ilusoria de la comunidad de LJ 30vicios. Participa en el dekasem . Serán treinta drabbles y viñetas sin conexión entre sí. Escena del capítulo en que Seiya le pide a Serena sustituir a Darien (cambiada, sí, porque soy re heavy re jodida); pero sin las inner chusmeando. Me intentaron salir como veinte chistes malos; pero me contuve porque este drabble va a ser serio ù.u


Se desespera y cae de rodillas vencida. No aguanta más el abandono, el no saber nada de Darien, el callar su angustia y encontronazo de sentimientos opuestos. Siente que es demasiado para ella sola, no está acostumbrada a no tener una contención; pero sabe que eso no puede hablarlo con nadie más, porque difícilmente alguien más puede llegar a entenderlo. Le duele y cómo duele.

Siente que Seiya se le acerca rápidamente, totalmente consternado, sin entender su reacción. ¿Por qué se había puesto a llorar luego de haberle salvado de Sailor Nyanko? Si ella era Sailor Moon, se suponía que estaba acostumbrada a los ataques de los enemigos, no era para estar llorando. Pero Seiya no se daba cuenta de que era por una razón diferente.

Le recordó a Darien. Le recordó que hace meses que no le escribe. Le recordó las épocas en que todo era más fácil, porque él venía a salvarle y sabía que debía estar con él porque su corazón estaba donde Darien estuviese. Le recordó su amabilidad, su sonrisa sincera y su andar masculino y elegante. Le recordó que sus pretextos, que se daba internamente a ella misma, acerca de que debía estar un tiempo alejada de Darien no eran más que excusas para no sentirse herida.

Se desploma porque no lo aguanta. Siente que está a punto de llorar, a pesar de que se prometió cien veces no hacerlo, que debía ser fuerte. Pero siente las cálidas manos de Seiya sobre sus hombres y las dulces palabras susurradas en medio de la lluvia que cae encima de ellos.

—Déjame reemplazarle— le suplica, con voz quebrada, apenas se oyen; pero Serena las entiende perfectamente. Algo en su interior se rompe y se recompone, todo en un segundo. Y ese algo terrible y poco maravilloso, duele, duele como nada ha dolido antes.

El aliento le acaricia el rostro y empieza a derramar lágrimas antes de darse cuenta. Le tiembla la mandíbula y siente que todo a su alrededor se cae y sólo quedan ellos dos, en el piso, él abrazándole tratando de confortarle, sin darse cuenta que eso no hace más que el llanto se intensifique.

"Ya lo has hecho".

No puede evitar pensar; pero lo dice. Su subconsciente se lo impide, porque nota que ese algo desesperado es amor, en el más puro de los sentidos: líquido, rosa, desesperado, un poco negro y angustiante. Y es horrible y a la vez hermoso. Le dan más ganas de llorar y se intenta aferrar desesperadamente a lo que tiene más cerca, que inevitablemente es Seiya, que ya no sabe cómo calmarle. Le susurra palabras que Serena no termina de entender. Nota cómo el joven se preocupa aun más cuando ella sujeta fuertemente la camisa negra que lleva y le hace mirarle a los ojos. Y Serena puede ver en ellos la angustia, la preocupación y el corazón abierto de Seiya, todo junto, para ella, al alcance de su mano. Y ella quiere tomarlo todo; pero sabe que no puede.

—No puedo— es lo único que alcanza a susurrar, pero en un tono tan bajo que duda que el otro le haya oído. Sin embargo, éste frunce el ceño sin entender. Ha dicho "no puedo", no "no puedes".

— ¿Por qué no? Si él te hace sufrir tanto, ¿por qué sigues con él? Déjame sustituirle, por favor— ahora el tono de desesperación de su voz era mayor, lo que hacía que su corazón le doliese aun más. Era imposible que fuese amor, no podía serlo. No podía sustituir a Darien. Era Darien, era Endimion, era la mirada tranquila, las manos que durante un tiempo se sintieron cálidas, era quien le protegía solamente con una rosa roja. Era su pasado, su presente, su futuro. Darien era su destino. Darien se suponía que era todo para ella.

Pero ahora "todo" lo era Seiya, con sus chistes machistas, la sonrisa pícara, los dedos de pianista. El apoyo incondicional, el amor en el estado más puro y los ojos más sinceros y trasparentes que hubiese visto.

Y en ese momento, tiene que admitirlo. Le ama, de una forma desesperada, horrible y que está mal. Se admite a sí misma que está condenada a amarle así durante mucho tiempo. Y ese termina siendo el aliciente suficiente para soltar toda la verdad.

Le cuenta de su pasado como la princesa de la Luna en el milenio de Plata. Le cuenta de Tokio de Cristal. Le cuenta cómo se habían amado de una forma tal que habían logrado superar la barrera enorme del tiempo para estar juntos en una nueva época, sin otras barreras que ellos mismos. Le cuenta que él es su barrera. Le cuenta de sus inseguridades. Le cuenta todo lo que guardó: la angustia, el desasosiego, la incomprensión, las noches en vela y el sentimiento que se ido alimentado en todo ese tiempo que ha estado con él.

Pero sobretodo le cuenta sobre Rini. Y se da cuenta que todo lo demás no tiene importancia comparado con ella. Por Rini haría cualquier cosa, incluso renunciar al amor.

La conclusión le choca como balde de agua fría. Y llora, llora durante lo que parecen horas en brazos de Seiya, que llora con ella y le abraza, acariciando su pelo mojado.

Serena se quiere quedar por siempre abrazada a él; pero el destino le hizo una mala jugada porque, a pesar de que nació en una nueva era para estar con Darien, ella era otra persona. Ella era Serena Tsukino, una niña inmadura, soñadora, gritona y llorona, que sólo quiere una vida normal. No era la princesa Serenity. Era Serena quien estaba enamorada de Seiya. Porque la distancia y el tiempo, sí deshacen relaciones. Las alimentan el día a día, el cariño silencioso y la comprensión mutua, no lo que pasó hace miles de años.

Y quiere quedarse guardado un trozo de ese momento para los tiempos en los que no le tendrá. Tenerle guardado para saber que hubo un tiempo en que fue verdaderamente feliz; pero el destino es cruel y el tiempo pasa rápido: Seiya en algún momento se irá y ella no podrá hacer nada.

Pero en su mente, a pesar de todo, guardará celosamente ese momento en que abrió totalmente su corazón a quien sabe que será el hombre que amará durante el resto de sus días.