Capitulo 3: El peor dolor es el miedo

Rosalie tuvo que mirar varias veces para ver en lo que su marido se había convertido, la grandeza que desprendía su sola presencia era más de lo que ellos podían soportar.

No había duda ahora, era un Vulturi.

-Aunque sea en esta forma...-dijo Emmett mirándola.-...sigo siendo Emmett.

Ella quería creerle, de verdad que lo único que quería era lanzarse sobre él y defenderlo de Edward y de todos, pero en su lugar, se quedo mirándolo, como si no pudiera acercarse a él, como si ella estuviera...

-Estas asustada de mi, Rose...-susurro Emmett.

Le hubiese encantado decirle que no, que ella se sentía segura sabiendo que tenía ha alguien capaz de defenderla de los mismísimos Vulturis, alguien a quien amaba más que a su propia existencia, pero al verdad era muy distinta...

La verdad es que estaba aterrorizada.

-Emmett...-dijo Carlisle.

-No digas nada, ya lo se...-susurro Emmett.

Carlisle, el mismo que había sido el encargado de convertirlo, el mismo que lo había ayudado tanto, ahora tenía miedo de él, no se acercaba a él y le daba vergüenza mirarlo, como si fuera un monstruo que no mereciera la vida.

Esme no estaba particularmente asustada y se habría unido a él de no ser por sus ojos eran de un color rojo sangre que la hacían querer estar lejos de él, como si él fuera su demonio y viniera a por su alma.

Alice y Jasper ni siquiera tenía valor para mirarlo por miedo a que Emmett perdiera el control y los atacara o los alejara el uno del otro.

-Eres un monstruo...-susurro Edward.

Emmett miro a Bella, que, a pesar de todo, no parecía tenerle miedo, de hecho era la única que todavía podía mirarlo como el Emmett de siempre y, supuso, que era por el hecho de ser humana y no conocer aún los conceptos de los de su raza.

Ellos solo existían para el poder y para matar, eso decían todos y por ese código se regían todos los Vulturis.

Todos menos él y su padre...

Emmett se miro las manos, ahora más pálidas que antes y con las uñas algo más largas para facilitar la caza de los humanos, luego examino su pelo, ahora negro brillante con algunos mechones blancos y, finalmente, noto su visión roja como la sangre, para identificar a sus victimas.

Y fue entonces cuando Emmett se dio cuenta de que Edward tenía toda la razón, él era un maldito monstruo, como los de su raza.

Aunque no quisiera matar, aunque no quisiera más que una vida tranquila con Rose y su familia, sabía que no podía ser así, la felicidad no era para él.

Nunca lo sería.

-Debería acabar contigo...-dijo Edward.

Emmett sintió que su mundo se caía a pedazos y solo tenía dos caminos, o moría acabando de raíz con el problema o luchaba por algo que jamás volvería a tener.

Coge el camino fácil, Emmett...no mereces ni siquiera ser hijo de quien eres...

-Hazlo entonces...-susurro Emmett.

Edward saco sus colmillos mientras Emmett volvía a su estado de vampiro normal listo para recibir el ataque de su hermano a pesar de los intentos de Bella por detenerlo.

Se lanzó hacía él, preparado para hacerlo pedazos hasta que algo se interpuso entre ellos y golpeo a Edward lejos de Emmett colocándose después delante de él a modo de defensa.

Al levantar la mirada, Emmett vio la melena rubia de su mujer delante de él, protegiéndolo de los ataques de Edward.

-¿Rose?-pregunto él.

-¡Que haces!-grito Edward.

Rosalie se mantenía entre su hermano y Emmett con la cabeza todavía hecha un lío pero con la certeza de que no iba a dejar morir a Emmett allí, delante de ella.

Fuera Vulturi o no, tenía que vivir.

-No puedes hacerle daño, Edward.-dijo Rosalie.

-¡Porque no! ¿¡No ves lo que es!?-grito Edward.

Emmett se levanto lentamente, fijándose en las caras de su familia, en el dolor y la angustia que les estaba haciendo pasar con su presencia, con su pasado.

Con su vida.

-Lo veo pero...-murmuro Rosalie.-...no puedes matarlo...

Él era un monstruo, ella tenía miedo de él, todos tenían miedo de él y aún así ahí estaba, defendiéndolo de su propio hermano.

Ahora la amaba incluso más que antes.

-Edward, es Emmett...-dijo Bella.

-No, no es Emmett...-dijo Edward.-...es un Vulturi.

Era verdad, era un Vulturi pero también era un Cullen a pesar de lo que pensaran ahora de él, no importaba porque él era parte de esta familia como todos los que estaban allí.

Miro a su izquierda un momento para ver a Carlisle y a Esme, abrazados, mirándolo como si ya no fuera su hijo, como si acabaran de perderlo.

Ya no eran sus padres, como todos, ahora le temían.

Alice se alejaba cada vez más de él, imposible para él de alcanzarla como cuando jugaban al escondite en el bosque y Jasper le ayudaba a atraparla, aunque ahora su hermano no quería tener nada que ver con él.

Y era mejor no hablar de Edward que esperaba su marcha con ansias mientras Bella lo agarraba evitando así que se lanzara a por él de nuevo.

Bella...la humana que había traído todo el caos y toda la felicidad a esta familia, la única que miraba antes de juzgar.

Rosalie se giro hacía él, casi sin mirarlo, avergonzada de él por lo que él era y la verdad era que, no podía culparla, él se avergonzaba de si mismo.

-Emmett, ¿quien eres en realidad?-pregunto ella.

-Tu marido.-dijo él.

Porque en aquel momento no conocía nada más, ningún lugar más al cual pertenecer que junto a ella, donde siempre había estado.

Donde siempre iba a elegir estar.

-No, hay algo distinto en ti.-dijo ella.

Y tenía razón, él ahora no tenía más secretos con ella, ahora sabía lo que él era y lo que podía llegar a hacer, sabía que él era alguien con más poder del que aparentaba.

-Tienes razón.-dijo él.

-Tengo miedo de ti.-confesó ella.

Emmett la miro entonces pero ella le negó la mirada para que no viera el grado de miedo que le tenía, algo que agradeció, porque no pensaba poder aguantar el miedo de ella.

Nunca se imagino que ella pudiera temerle, al fin y al cabo, ella siempre fue la más peligrosa de los dos.

-Lo comprendo...-susurro él.

Y de verdad lo hacía, no era fácil saber que él era algo tan poderosos que podría matarlos con solo pensarlo.

Él era, como bien había dicho Edward, un monstruo...

-Yo...-comenzó ella.

-No digas nada, Rose...-susurro él.-...lo entiendo...

Sin más, se dio la vuelta y comenzó a caminar, no queriendo ver las lágrimas no derramadas de su esposa mientras se marchaba lejos de ella a algún lugar donde estuviera solo y pudiera sobrevivir sin ella.

Algo que, a la larga, sabía que iba a ser imposible.

Adiós familia, mi vida y mi poder os acompañaran para siempre...

Adiós amor, mi corazón siempre estará cerca del tuyo, por muy lejos que estemos...

Adiós, Emmett Cullen...