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Los personajes de Naruto, pertenecen a MASASHI kISHIMOTO, yo los tome prestados para hacer el fic...
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Enamorado De Mi Hermosa Imouto
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Capítulo 4
*O*O*
—Mírame a mí. Hinata, ¿puedes oírme? ¡Mírame!
Oía como la llamaban con urgente urgencia, y alguien la estaba sacudiéndo del hombro.
—¿Hinata? ¿Hinata?—Itachi la sacudió de nuevo, tratando de obtener alguna respuesta. En un primer momento se había molestado cuando había venido a casa de un día agotador de practicas en el hospital y la había encontrado todavía dormida, se suponía que debía estar alistandoce para ir al Instituto, pero una mirada a las mejillas rojas y la manera rápida y superficial en la que respiraba lo convenció de que algo andaba muy mal.
No tenía idea de qué tan alta era la fiebre, pero aun sin tocarla, podía sentir el calor saliendo fuera de ella. Aún más preocupante, la cabeza le colgaba lánguidamente hacia un lado cuando la sacudió.
Necesitaba llevarla a la sala de emergencias, pensó. Pero tengo que conseguir bajarle la fiebre en primer lugar . Corrió por el pasillo hasta el baño, donde comenzó a ejecutar un baño de agua fría en el fondo de la bañera. Entonces corrió de vuelta y recogió a Hinata en sus brazos. Aún estaba vestida sólo con la fina y blanca pijama de dormir, y ella la había sudado toda hasta que fue prácticamente transparente, pero no le importaba eso ahora. Ahora su única preocupación era salvarla, conseguir su temperatura a un nivel manejable antes de que friera su cerebro. Si no lo había hecho ya .
Él la llevó al baño y la dejó con cuidado por el interior de la bañera de porcelana.
El agua estaba a unos centímetros de profundidad, pero aún temblaba incontrolablemente mientras su piel caliente la tocaba. Estaba tan caliente, Itachi casi esperaba ver el vapor de la bañera. El baño tenía un buen efecto al menos, finalmente ella reaccionó.
— ¿Qué...?—Abrió los ojos un poquito, y ella lo miró fijamente con obvia confusión.
— ¿Hinata?—La miró con ansiedad. — ¿Cómo estás? ¿Sabes dónde estás?
—¿Oñiisan?—Ella sacudió la cabeza y empezó a temblar con más fuerza. —¿Q-qué? ¿P-por qué estoy en la b-bañera? ¿Qué p-pasó?
—Estás enferma. Muy enferma—Frunció el ceño.—¿Por qué no llamaste a papá o a mi?
Ella se encogió de hombros, y el encogimiento de hombros se convirtió en otro estremecimiento violento.
—N-no se sentía como si me e-estuviera enfermando. P-por otra parte, n-nunca contestas de todos modos y Otōsan, mantiene demasiado ocupado.
Itachi sintió una punzada de culpa. Ella estaba en lo cierto. Incluso si hubiera llamado, ¿habría respondido su teléfono? Probablemente no. La habría puesto fuera, la apartaría como siempre lo hacía. Y todo porque él no podía controlarse a su alrededor.
— ¿Por lo menos has bebido algo hoy?—le preguntó. No podía permitir que la culpa lo consumiera, o no iba a ser capaz de tratarla con eficacia.
Débilmente, ella negó con la cabeza.
—N-no podía levantarme de la c-cama—admitió. —Demasiado débil.
—Entonces estás gravemente deshidratada también. Aguarda—Se dio la vuelta, cogió el vaso que mantenía al lado del lavabo, y lo llenó en la llave. Entonces, le apoyo la cabeza con cuidado y acercó el vaso a sus labios.—Aquí—dijo ásperamente.— Bebe.
Ella intentó, pero sus dientes rechinaban contra el borde del vaso. Sin embargo, Itachi consiguió darle un poco de agua, lo que la hizo sentirse mejor. Una fiebre alta y deshidratación severa eran una combinación asesina, literalmente. Si él pudiera conseguir que su fiebre bajara y forzar suficientes líquidos en ella, iba a estar bien.
—Tranquila—le dijo, tomando el vaso. —Simplemente relájate y deja que el agua te enfríe.
—F-fría ya estoy— ¡C-C-congelada!
—Sé que te sientes así, pero estas peligrosamente caliente. Lo mejor sera llevarte al Hospital. Los ojos de Hinata se ampliaron.
—N-no. Por favor, ¡Oñiisan! N-no quiero i-ir. No a-al hospital, Onegai.
— ¿Por qué...? Oh.
—N-no me gustan.
—N-no el hospital—suplicó una vez más, con los ojos desorbitados por el miedo.—N-no n-necesito ir, Oñiisan.—
—Sí, lo necesitas—insistió. —Mira, Hinata, sé que estás asustada, pero voy a estar contigo cada paso del camino, te lo prometo.
—N-no—insistió. —S-sólo... sólo t-tócame.
— ¿Qué?—La miró con incertidumbre.
—T-tócame —dijo con una claridad dolorosa, obviamente fuera de su forma de pronunciar cada palabra. —Ya no tengo tanta fiebre.
—Oh. Cierto. — Empapada y medio desnuda en la bañera, Hinata estaba enferma y asustada. En este momento provocaba todos sus instintos protectores, pero a ninguno de sus impulsos poco naturales. Puedo tocarla. Puedo ayudarla sin hacerle daño, al menos esta vez.
La realización fue como una luz prendida dentro de su cabeza. Hinata no siempre tenía que ser prohibida. Aún podía tocarla, consolarla y curarla. Y eso era todo lo que quería hacer. Sólo envolverla en sus brazos y mantenerla allí hasta que estuviera bien de nuevo.
—Muy bien—dijo. Se agachó y le tomó la cara. Acariciando su mejilla caliente, él acaricio su garganta esbelta. Él nunca pensó conscientemente sanar a alguien cuando los tocaba.
Después de varios minutos, la volvió a evaluar, pero no estaba tan bien como él había esperado. Todavía podía sentir la fiebre dentro de ella, como llamas en espera listas para rugir de nuevo a la vida en el momento en que tuvieran la oportunidad.
Más. Necesita más. Contacto piel-con-piel. Sí, eso sonaba bien. Pero él no quería asustarla o darle una idea equivocada.
—Hinata, te tomaras estas pastas—dijo en voz baja, mirándola a los ojos.
—¿Te sientes mejor?
—A-algo—admitió. —Yo c-creo que está ayudando.
—Pero no lo suficiente.
— ¡Por favor!—Abrió mucho los ojos. —No…
—No te voy a llevar al hospital—dijo, tratando de silenciar a sus temores. —No, si puedo conseguir estabilizarte. Pero para hacer eso, tengo que tocarte
—Tosió, sintiendo sus mejillas ponerse calientes. —Tengo que tener más contacto contigo. ¿Te molesta?
Ella lo miró con asombro.
—Por-por supuesto que no, Oñiisan. ¿P-por qué incluso lo preguntas?
Porque he pasado los meses queriendo tocarte y deteniéndome a mí mismo de hacerlo . Pero no discutía su culpabilidad en voz alta. En su lugar, se quitó la camisa azul del uniforme, dejando al descubierto su pecho, y luego la ayudó a incorporarse.
Hinata se estremeció frenéticamente cuando el aire frío golpeó su cuerpo ya frío y húmedo. La pijama empapada se aferró a ella como el hielo.
—P-por favor, Oñiisan—rogó en voz baja, le castañeteaban los dientes.—N-necesito salir. S-secarme.
—Está bien. Esto será más fácil si estás fuera de la tina de todos modos—Empezó a envolver una toalla alrededor de ella.
— Por favor...desnúdate.
Las mejillas de Hinata enrojecieron.
Itachi aun no podía creer que le hubiese pedido a su delicada y tierna Imouto algo como eso, pero era necesario. ¿Se atrevería a dejar que ella se desnudara completamente mientras él la sostenía ¿Podía confiar en sí mismo? Ella está herida , de dolor . La estoy curando , y nada más . Tomando una respiración profunda, asintió y ayudó a arrastrar el material frío, empapado hasta la cabeza. Lo dejó caer con un sonido húmedo de plop en el suelo y ayudó a Hinata a ponerse de pie y salir de la bañera. Después la secó con la toalla rápidamente, tratando de calentarla un poco. Su piel pálida estaba cubierta con piel de gallina, y su cabello caía lacio y empapado por la espalda. Itachi lo tendió, tratando de exprimir la mayor cantidad de agua fuera como podía. A continuación, decidió que estaba demasiado débil para caminar, la levantó y la llevó a través del pasillo hasta el dormitorio.
La sentó con cuidado en una silla grande y mullida en la esquina de la habitación que compartía con su hermana.
Estaba envuelta todavía con tan sólo la toalla, pero ella estaba temblando un poco menos.
— ¿Está bien por un minuto?—preguntó. Cuando ella asintió, él se dirigió al armario y sacó un juego de repuesto de sábanas. No sabía por qué era importante para él, pero si iba a hacer esto, abrazarla y reconfortarla de manera tan íntima, él quería que todo fuera fresco, limpio y perfecto.
Después de despojarse de la ropa sucia, rehízo rápidamente la cama y luego se volvió hacia Hinata. Ella se desplomó en la silla, con los ojos cerrados, su respiración superficial. No era bueno.
Rápidamente, la cogió en sus brazos, provocando un pequeño gemido de protesta por parte de ella, y la acostó en la cama. La toalla salió con bastante facilidad, y entonces ella estuvo desnuda, completamente desnuda en el centro de su cama.
Itachi no se permitió un momento para estudiarla. Él no estaba allí para admirar los picos ajustados de color rosa de sus pezones o los rizos que cubrían la curva de su sexo. Él iba a sanarla, eso sería todo. Y mis pantalones se quedan . Sí, pensó, mirando hacia abajo a sus pantalones azules de su uniforme. Eso tenía sentido. Pero se quitó sus zapatos antes de subir a la cama con ella.
Itachi cerró los ojos y dejó que su instinto y su talento lo guiaran en silencio. Acercándola, apretó su pecho contra el pecho de ella, tratando de no notar que sus grandes y suaves pechos se frotaban contra su piel desnuda. A continuación, se concentró, imaginar cualquier cosa menos es encantador y tentador cuerpo de su Imouto.
Estaba concentrado con tanta fuerza que apenas notaba cuando Hinata se agitaba en su contra. Al principio, ella sólo estaba allí acostada, pero entonces, moviéndose lentamente, puso sus brazos alrededor de su cuello y apoyó la mejilla en su hombro. Ella dijo algo, entonces, demasiado suave para que él lo cogiera. Pero un momento después, ella lo repitió, y Itachi se dio cuenta de que era su nombre.
— ¿Sí?—Él abrió los ojos y la miró. Tenía la mejilla apoyada en su hombro, como si estuviera demasiado débil para levantar la cabeza. Sintió otra oleada de protección cuando vio los círculos oscuros, como moretones, en sus hermosos ojos plateados.
—G-gracias—susurró. —Sé que no... No te g-gusta tocarme…
—Hinata—murmuró, pasándole las manos con dulzura arriba y abajo de su espalda.
—Oh, pequeña, no es eso…
— ¿E-entonces?—murmuró.—¿Fue e-entonces aquella vez cuando...? Porque solo fue un error... Ya lo o-olvide, de verdad!.
¿Error? Oh, Hinata, si supieras. Yo no lo he olvidado, porque ese beso a sido lo mejor que me a pasado.
Pero nunca podría decirle eso. Si supiera la verdadera razón por la que se mostraba reacio a tocarla, eso haría que lo odiara. Y a pesar de que la había empujado a alejarse por los últimos meses, no podía soportar la idea de eso—el pensamiento de que ella supiera su sucio secreto, la fuente de su vergüenza y dolor. La forma en que lo miraría, el disgusto en sus ojos cuando se enterara de lo que él quería de ella.
Cómo realmente se sentía... No, no podía arriesgarse, nunca . Él negó con la cabeza.
—Sólo soy yo. Así soy yo…
—Tú... no solías ser así, c-cuando llegue a esta casa, te comportabas de una manera diferente conmigo—Ella estaba más fuerte ahora. Podía sentirlo.
Mejorándose, pero todavía cansada, tan terriblemente cansada.
—Duerme—le dijo. Actuando por instinto, le besó en la frente con ternura y se sintió aliviado de que no tenía ganas de besar otra cosa. ¿Ves? Yo puedo hacer esto. Puedo curarla sin lastimarla. No podía creer lo bien que el pensamiento se sentía.
Los deseos estaban allí, podía sentirlos, justo debajo de la superficie. Sin embargo, la necesidad de cuidar a su Imouto era más fuerte que su deseo, más fuerte que cualquier otro sentimiento que había tenido. Era como si ella fuera una parte de él, su propio corazón, y tenía que guardarlo en caja fuerte y encerrarlo.
Ese último pensamiento provocó una decisión. Hinata no iba a ninguna parte. Ella se queda conmigo, yo seré su guardián su protector y estaré para ella siempre, apoyándola como el hermano mayor que soy. A medida que fijó la idea firmemente en su mente, Itachi sintió una sensación de paz firmemente sobre él. Tener cerca de nuevo a Hinata después de dos largos meses, iba a ser maravilloso.
Él la miró descansando tranquilamente en sus brazos y una nueva oleada de amor y de protección se apoderó de él. Ella era tan frágil, tan encantadora, con su piel pálida y cabello negro azulado. Ella era perfecta.
Itachi se dijo que tenía que tener cuidado, pero al menos ahora sabía que no tenía que actuar en su deseo innatural. Él podría estar enfermo por desear a Hinata como lo hacía, pero él no era un monstruo. Podía confiar en sí mismo en no hacerle daño o abusar de ella.
—Oh, Hinata—le susurró mientras dormía plácidamente en sus brazos.—Te amo. Te Amo mucho—Más de lo que nunca sabrás.
Itachi se despertó en cámara lenta del sueño con una sensación de que todo en el mundo entero estaba de alguna manera perfectamente bien . Era un sentimiento tan bueno, ni siquiera se preguntó dónde estaba, aunque su entorno era completamente conocido, era la habitación que compartía con su pequeña Imouto. La tenue, primera luz del alba comenzaba a mostrarse a través de la ventana, y la pequeña cama se sentía mas cálida y confortable.
Mmm, ¡Se siente tan bien! El se acurrucó más cerca, tarareando de placer. Se movió en su contra, y sintió su grande erección presionando algo suave y caliente.
Podía sentir algo suave y endurecido precionando sus pectorales, se estiró como un gato, frotándolos contra su pecho en una muestra deliberada de placer. Ronroneando con satisfacción lujuriosa, Itachi se movió contra ella. Su rodilla parecía deslizarse naturalmente entre las suyas, y ella separó las piernas para aceptarlo. su polla estaba mas dura que nunca, y se frotaba con entusiasmo en el muslo suave. Dios, se sentía tan bien .
Ella se agito y luego el pelinegro escucho un chillido familiar:
— Kyaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
—O-Oñiisan—dijo Hinata sonrojada, sonando incrédula. — ¿Q-qué estás haciendo, Oñiisan?
—Por qué, yo sólo—empezó a decir, y luego ella se movió, y la lámpara de la mesita de pronto parpadeó. Itachi miró hacia arriba para ver la cara de su amante y...—
¡Oh, Dios mío! ¡Hinata!—Él casi saltó de su piel en su prisa por alejarse de ella.—Lo siento—El balbuceó:—Yo no lo sabía. Pensé que... Yo estaba teniendo un sueño. Un sueño tan raro…
—Está bien, Oñiisan…—Ella sacudió la cabeza.
—Dios, Hinata, te juro que nunca —susurró con horror. —Por favor, por favor, yo solo...
Se miró las manos.
—No te preocupes, Ita kun. Yo sé que nunca harías algo así a propósito.
—Hmn. Ninguno de nosotros lo haría—Ella llegó a tocar su brazo, queriendo enfatizar su punto, y luego se dio cuenta de que estaba desnuda.
Completamente desnuda y en la cama con su hermano. Oh Dios, ¿qué estaba pasando? Dio un gritito de horror y le arrebató la sabana, y la jaló, intentando cubrirse. —Uh, ¿Hermano? ¿Por qué estoy...?—No pudo terminar y simplemente hizo un gesto a sí misma en su lugar.
Él la miró y frunció el ceño.
— ¿No recuerdas nada de lo de anoche?
El corazón de Hinata comenzó a golpear tan fuerte, se sentía como que estaba tratando de aporrear su salida de su pecho.
—N-no, no, no lo hago. Oh, Dios mío, ¿n-nosotros...? Tu no serias... Ella se calmó, incapaz de terminar.
— ¿Y qué harías si te hubiera hecho algo indebido?—le preguntó, con un rastro de amargura en su voz.—¿Cómo te sentirías ahora?
—Yo... yo no lo sé—susurró. —Dios mío eres mi Oñiisan, pero yo creo que no me im…
—No pasó nada—le espetó. —Llegué a casa, y estabas ardiendo en fiebre. Estás desnuda porque tenía que ponerte en un baño de agua fría antes de que te sobrecalentaras completamente.
Otro recuerdo salió a la superficie, éste mucho más reciente.
—Yo e-estaba toda caliente, ardiendo—dijo lentamente. —
La miró con preocupación. — ¿Estás enferma? ¿Tienes fiebre otra vez?—Se inclinó hacia ella, una mano salió para sentir su frente, y luego se echó hacia atrás. —Voy a ver si puedo encontrar el termómetro.
—N-no—Atreviéndose en gran medida, casi conteniendo la respiración, Hinata cogió su mano y la llevó a su cara.—E-estoy bien—dijo en voz baja.—Me p-puedes tocar, Oñiisan. Q-quiero decir, si... si quieres. Lo h-hiciste anoche para s-salvarme, ¿no?
Para curarme.
—Ahora recuerdas—Frunció el ceño, pero la palma caliente de su mano ahuecando su mejilla era dulce.
—S-siento no hacerlo antes—dijo Hinata. —
—G-gracias por haberme curado— Sus mejillas se pusieron rojas, y miró hacia otro lado.
—Hmn.
Hinata sonrió tiernamente.
.—¡Oh! Tengo que alistarme para ir a estudiar.
Itachi se inclinó hacia ella, con una mirada de preocupación en su rostro.
—No, no lo hagas.
—¿P-por qué no? Oñiisan, No p-puedo faltar otra vez.
—No, Quédate aquí conmigo.
—Oh, p-pero—Hinata se sorprendió tanto, apenas sabía qué decir. Durante meses, Itachi había estado alejándola, y ¿ahora de repente la quería cerca de él?—.
—Hmn.
Le extendió la mano a pesar de no estar seguro de que ella la tomaría. Hinata la sujetó a la vez y le dio un apretón tranquilizador.
Capítulo super raroooooo...
No me gusto mucho, pero bueno. :)
