Disclamer: ninguno de los personajes es mío, obviamente.... sin embargo, la historia si XD
CAPITULO III
Corazones Pillados
Tenía mucha hambre, después de que la sacaran en la camilla para hacerle varios estudios sobre el bebe, la habían llevado de regreso al cuarto que ocupaba. Ahí se encontró con la mirada preocupada de Charlie.
-vaya, te ves terrible, pequeña.
Bella frunció el ceño.
-gracias por los ánimos papá.
Con ayuda del camillero la colocaron en su sitio, con la mayor delicadeza posible. Ya no sólo porque era una mujer gravemente herida, ni por ser parte fundamental de la realeza inglesa, sino también porque en su interior se gestaba una nueva vida.
-tengo que decirte, Bella- dijo su padre, sentándose con precariedad en la silla que tenía a un lado de la cama –que entre todos los accidentes que has tenido, este ha sido el peor.
Bella rió con ganas –aunque se calló al sentir el dolor en las costillas-, su padre tenía razón, tenía como una espacie de magnetismo maligno que la atraía al suelo con mayor regularidad que a cualquier otra persona. Otros dirían que era simple torpeza, ella pensaba que no era más que un maleficio malévolo en su contra. Nadie –y repito- nadie, podía tener tan mala suerte, como ella pensaba que tenía.
-bueno, he tenido suerte en todo caso- se excusó, intentando encogerse de hombros y fallando en el intento.
-sí, el médico ya habló con nosotros- los ojos de su padre se clavaron en ella –nos ha dicho también, que Edward y tú, tienen algo que decirnos.
Ella evadió la mirada de su padre, concentrándose en la vista que tenía la ventana. Había un lindo parque allá afuera, gente caminando por él. Aunque sólo alcanzaba a ver el extremo más alejado, pues su cama no estaba lo suficientemente cerca para ver más.
-entonces…- insistió Charlie -¿Qué cosa deben decirnos?
-no creo que sea algo que deba decirte yo sola- respondió en voz baja, todavía con la mirada en lo que había fuera.
Porque, en realidad, todavía no se había hecho a la idea de que todo aquello fuese real. Aunque el doctor le hubiese hecho esa resonancia –ultrasonografía- y hubiese visto esa pequeña cosilla débil y casi, casi inexistente. Era algo difícil de creer, que alguien realmente estuviese creciendo en su interior.
-¿y qué se supone que significa eso?- le preguntó frunciendo el ceño. Charlie no era hombre que demostrara mucho los sentimientos, al menos casi nunca lo hacía. Pero hoy parecía tener poca paciencia.
-significa que no soy la única que debe decírtelo, papá- Bella suspiró y volvió la vista a su padre –en cuanto esté aquí Edward te lo diré, ¿de acuerdo?
Charlie refunfuñó entre dientes.
-de acuerdo.
No tuvieron que esperar mucho, ni siquiera pudo haberse contado como un silencio largo. A los pocos segundos, Edward entró a la habitación, con un sobre amarillo grande.
Él clavó los ojos en Charlie y sonrió al verlo ahí.
-vaya, no creí que llegara tan pronto, suegro- ensanchó su sonrisa –es bueno para Bella tenerlo aquí.
Charlie observó a su hija. ¿Realmente Edward acababa de llamarla "Bella"?, eso era lo que cuestionaba a su hija con la mirada; aunque no recibió respuesta, ella volvió a evadir sus ojos, fijándolos en el sobre que llevaba su yerno.
-¿qué traes ahí?- le preguntó ella.
Edward bajó la mirada al sobre y luego volvió a ver a su mujer.
-son las imágenes que tomó el médico de la ultrasonografía.
Ella abrió la boca a medias. Fue como si intentara sonreír, pero se hubiese frenado en el último momento. Dirigió una mirada curiosa a la expresión perpleja de Charlie, y sólo entonces sonrió de forma completa.
-¿qué quieren decir con "ultrasonografía"?- preguntó, bueno, casi gruñó, Charlie.
-papá, tenemos…- ¿qué debía decir ella ahora?, ¿"buenas noticias"?, ¿simplemente "noticias"?; después de todo, su marido aún no había dado indicios de lo que sentía respecto a todo aquello.
-excelentes noticias- finalizó Edward, pasándole el sobre –creo que debe conocer a su nieto.
Charlie tomó el sobre, pero sus ojos se clavaron en Edward, para luego viajar hasta Isabella y fijarse al final en el sobre amarillo. Lo abrió y observó en la lámina negra con imágenes en blanco, una pequeña mancha, casi del tamaño de una nuez, estaba ubicada en la parte central.
Era obvio que era muy pequeño, más de lo que Charlie imaginó cuando entendió lo que le decían. Pero tampoco podía esperar que fuese más grande con sólo dos meses de matrimonio entre los chicos. Observó la imagen, era extraño.
-¿cuántos…?- quiso preguntar, pero se le apagó la voz.
-sólo unas semanas, seis para ser exactos- contestó Edward, luego se giró para ver a su esposa –parece que el doctor Snow tuvo razón en eso. O, al menos, es el cálculo más aproximado.
Charlie sonrió con torpeza. Hacía sólo unas cuantas horas la incertidumbre lo habían invadido por completo –le preocupaba su hija-; ahora, otro sentimiento, por completo diferente, lo ahogaba. Y aunque fuese una sensación –casi de vértigo- fue lo más agradable que sintió en mucho tiempo.
Su pequeña, su hija menor, el fruto de su amor con Renee… ella tendría un hijo.
Que desconocida y placentera sensación: sentirse satisfecho por la existencia de ese pequeño embrión en el vientre de su hija.
Le daba la esperanza de que, quizá, no se había equivocado cuando hizo todo lo que hizo. Todo parecía bien y, sorpresivamente, en su lugar.
Se acercó hasta ella y, siendo extremadamente cuidadoso, le besó la frente. Evocando las noches en que, aún siendo una niña, la llevaba a la cama y le explicaba que no había por qué temer a la noche: que él estaría ahí para protegerla.
-felicidades, nena.
Ella simplemente afirmó, sintiendo lo que se supone debía haber sentido desde que le dieron la noticia: felicidad.
Estaba feliz porque su padre parecía realmente contento con la noticia y eso le parecía grandioso. Además, su esposo había dicho que era una noticia "excelente", eso debía valer algo.
-bien- Charlie observó su reloj –he perdido un montón de horas de viaje. No me malentiendas, necesitaba estar seguro de que estabas bien y sé que tu tío estará feliz de saber que lo estás, él entiende. Pero ahora, necesito irme si quiero llegar temprano a Mónaco. Le diré todo a tu madre.
-que te vaya bien, papá.
-cuídate, Bella- luego la observó mejor –y también a mi nieto.
Ella sonrió y afirmó.
-bueno- se giró para ver a Edward– mantenme al tanto de todo y llámame en cuanto pase algo. Felicidades a ti también, Edward– le tendió una mano, que su yerno estrechó sin dudarlo.
-estaremos en contacto, Charlie.
-así lo espero.
Y salió de la habitación.
El silencio reinó por un par de minutos, en los que Edward se sentó en la cama y observó las imágenes que Charlie había dejado ahí.
Su hijo era… tan pequeño.
Y Bella observó a su esposo mirando el eco del bebe. Podía ver el modo en que sus ojos verdes veían toda la imagen, como buscando algo en ella, y luego miraba su vientre. También vio el modo en que una sonrisa se había instalado en sus labios, y parecía tarea difícil borrársela.
Minutos después, Esme y Carlisle habían llegado a la habitación. Donde ambos les dieron la buena noticia.
Esme sonrió de forma chispeante y abrazó a su hijo y a su nuera, Carlisle le dio un abrazo también a Edward y le pasó una mano por uno de los brazos a Bella, no quería incomodarla demasiado.
-quisiera que, por el momento se mantuviera la información los más hermética posible- les pidió Edward, cuando ellos dijeron que debían marcharse, en el pasillo –tiene muy poco tiempo y aún es precipitado anunciar algo como esto.
Esme afirmó.
-concuerdo con eso- respondió Carlisle –es mejor para la ella que no la atosiguen con preguntas sobre el infante que espera. Además, no quiero verla teniendo que huir de la prensa en sus condiciones.
-hablaré con los encargados del hospital, les pediré mucha más discreción- apoyó Esme –creo, que es lo mejor, tanto para el bebe como para Isabella.
Edward suspiró aliviado. Por lo que sabía, las primeras semanas de gestación eran críticas, y si había tenido la fortuna de que sobreviviera a la terrible caía de su madre, no se permitiría ponerlo en riesgo de nuevo.
No tuvieron que esperar mucho más para ver a Alice entrando casi corriendo al cuarto.
En cuanto puso un pie dentro, chilló feliz y se tiró en brazos de su hermano, que estaba sentado en la blanca silla a un lado de la cama.
-no puedo creer las buenas noticias- chilló de nuevo y dando unas palmaditas.
-yo tampoco- concordó Edward.
-¿cuándo los darán de alta?- preguntó ella, pasando un brazo cuidadosamente por los hombros de Bella.
A Bella le gustó el "los" que había utilizado, era como si fuese un hecho que el bebe estuviera ya en la familia. Porque, bueno, ya lo estaba. Pero le resultó lindo que le confirmaran el hecho que parecía más sueño que realidad –aunque aún no podía decir si era un feo o un bonito sueño-.
-esperarán por lo menos hasta mañana, para ver estar completamente seguros de que el embrión y Bella se encuentran bien.
Alice afirmó y le sonrió a su cuñada.
-tendremos que comprar muchas cosas- sonrió de nuevo y Bella creyó que tenía mucho por delante –ropa para la bebé, una cuna, una silla para el auto, biberones…
-¿la bebé?- la interrumpió Edward, sentándose de nuevo en la silla.
-bueno, es que estoy segura de que será niña- ella se encogió de hombros y se giró para ver a Bella -¿o tú que preferirías que fuera?
Isabella se sobresaltó por la pregunta. ¿Qué quería que fuera? Sonrió y pasó una mano por su vientre plano.
-no importa- la voz le salió demasiado dulce, sin siquiera proponérselo –seré feliz con lo que sea.
Alice gruñó por lo bajo.
-ya sé lo que quiere papá- afirmó Alice –quiere un varón, un heredero. Bah. Yo digo que debe ser una linda nena, para hacer chispear el palacio en Londres y enloquecer a Sue, ¿no te parece?
Edward rió disimuladamente y afirmó.
-sería lindo ver a Harry corriendo tras una niña. Imagino también a Jane- se giró para ver a Bella –de seguro tu hermana se pondrá muy feliz cuando vea que su pequeña Emily tendrá compañía. ¿Qué dirá tu madre?
-probablemente brinque de contenta en cuanto Charlie se lo diga- contestó Isabella, imaginando a su efusiva madre.
-bueno- me tengo que ir, tengo algunas cosas que hacer y… -Alice observó a su cuñada y frunció el ceño- le diré a una enfermera que te traiga algo de comer. Te ves hambrienta. Te veré después Isabella.
Hasta ese momento ella no había recordado que tenía hambre. El ir y venir de la gente la habían tenido mareada y había olvidado todo el asunto de la comida. Se llevó una mano al estomago y se preguntó cuánto tiempo llevaba sin probar alimento.
-adiós, Edward- se despidió Alice con un beso en la mejilla –llámanos sí ocurre algo.
-lo prometo.
Después de unos minutos, la enfermera que había dirigido a Edward entró en la habitación con una bandeja de comida. Colocó en posición la cama y la barra que utilizaban de mesa –una alta y con ruedas, para no incomodar al enfermo, que le permitía comer recostado-.
-bien, altezas, si necesitan algo más, llámenme apretando ese botón- les indicó un botocillo que tenía un control atado a la cama –con permiso.
Le llevaron pechuga de pollo y verduras, además de un poco de gelatina. No sabía tan mal; pero seguía siendo comida de hospital, nunca sería igual a la que cocinaban para ella en los palacios y mucho menos a la que –escasas veces- le preparó su madre, o se hizo ella misma. Se puso el tenedor contra los labios y se preguntó por qué no le había cocinado aún nada a Edward, quizá le gustaría probar lo que ella le preparara.
-¿en qué piensas?- le preguntó su marido, acercándose a la cama.
-en comida- ella sonrió y se encogió de hombros.
Edward evaluó la comida que le habían dejado a Bella y observó que no tenía tan mal aspecto. Quiso saber que veía de malo en ella, o en todo caso, a que se refería exactamente.
-¿no te gusta lo que te trajeron? Podemos pedirles otra cosa.
Ella soltó una pequeña risita.
-no me refería a eso- luego se quedó viendo el plato con el pollo a medio comer –además, no creo que esto sea un restaurante, Edward.
-bien- concedió Edward sonriendo del mismo modo que su esposa –entonces, ¿a qué te referías?
Ella levantó la vista del plato y se vio atrapada en la maravilla de ojos que tenía su marido. Tuvo que desviar la mirada para contestar.
-a que, cuando esté bien, quiero cocinarte algo.
La sonrisa de Edward se volvió más grande, reluciente. Era la primera vez en esos casi dos meses de matrimonio que su esposa le hablaba sobre cosas que hacer juntos –sin contar las cosas que hacían para los demás-, sólo ellos y sin intenciones de llamar la atención a su "perfecto matrimonio" o algo similar. Era un cambio. Era un buen cambio.
Tomó la mano buena de ella entre una de las suyas y la acarició con el pulgar.
-y dime, ¿qué se supone que me cocinarás?
-¿qué te gusta?- preguntó ella, después de pensarlo un rato. En realidad no sabía casi nada sobre los gustos de su esposo.
-cualquier cosa que desees hacerme me parecerá perfecta.
Bella arrugó la frente, tenía que pensar en un modo de conocer mejor a su marido. Como le había dicho Esme, era mejor vivir con un amigo a con un total desconocido y ella, había decidido que por su bien y por el de su hijo, era mejor intentarlo.
-bien- ella suspiró y terminó de comer.
En el hospital duró hospitalizada una semana completa, mientras los médicos estaban seguros tanto de su salud, como la del bebe.
Para Bella no fue tan terrible como creyó que sería –ella odiaba los hospitales-, pues siempre estaba rodeada de gente.
Un día Esme se había quedado casi toda la tarde con ella, le había llevado una madeja de estambre y se pasó las horas intentando enseñarle a tejer algo para el hijo que venía en camino. Otro, Alice llegó con montón de revistas de moda y bebes -sí moda de bebés y maternidad-, además de varias revistas en las que hablaban sobre lo que le esperaba durante el embarazo. Incluso su prima Ángela había llegado a verla, se pasó la mañana hablándole de cómo Renée y Jane casi habían roto los cristales de la mansión cuando se enteraron de las noticias.
Pero su compañía constante era Edward, que sólo desaparecía para ir a cambiarse, bañarse, comer y regresaba. Era él quien le acomodaba las almohadas cuando estaba incomoda, era él el que le sonreía cada mañana y también era él el que le daba las buenas noches. Y a pesar de cómo había iniciado su matrimonio, sólo hasta entonces le había parecido más real de lo que era en verdad.
-bueno, princesa Isabella- le sonrió la enfermera, cuyo nombre era Ana, mientras la ayudaba a cambiarse –tendrá que tener cuidado con los vendajes de las costillas cuando se cambie, pida ayuda. El doctor le explicará cuánto tiempo durará así, pero estoy segura de que no será mucho.
Bella afirmó y sonrió, metiendo los brazos por la blusa sin mangas que Alice le había llevado.
Ana le colocó con cuidado el saco que también le habían llevado. Todo atuendo de la ilustre princesa debía ser cuidado al detalle, no podían permitirse romper con los protocolos. Así que traía puesta una falda larga y ligera –la fortuna había sido que sus piernas sólo habían tenido unos pocos moretes y el tobillo ya estaba bastante bien, sólo fue una leve torcedura-, una blusa de seda sin mangas y sobre ello un saco de tela fresca, todo en colores azules bastante claros.
-gracias, Ana- le dijo cuando ya la había puesto sobre la silla de ruedas.
-un placer, alteza.
Ella sonrió, pero también tuvo ganas de vomitar, odiaba que la llamaran alteza, era como si fuese más grande que la gente común y ella no se creía mejor que ellos, sólo… diferente.
Cuando salieron al pasillo Edward corrió para colocarse a su lado y le avisó que tendría que sonreír a unos cuantos reporteros y paparazzis que se encontraban postrados fuera del hospital. La pobre de Esme se había quedado hablando con un diario italiano, diciéndoles que todo estaba bien.
Así que cuando salieron, ella tuvo que sortear a unas cuantas cámaras y micrófonos, en su intento de llegar al auto. Sam ya la esperaba ahí y la ayudó a entrar rápidamente, mientras su pobre marido les explicaba que lo que necesitaba era mucho reposo y tranquilidad, o mejor traducido: que la dejaran en paz.
Cuando llegaron a la casa solariega Bella no pude evitar que una sonrisa se le formara en el rostro, por fin tendría tranquilidad y aunque no estuviera en casa, era lo más parecido que tendría en un tiempo.
-¿puedes caminar?- le preguntó Edward.
-el tobillo ya está bastante bien, puedo probar.
-¿estás segura?
Ella afirmó. Así que cuando Sam la ayudó a bajar, Edward ya estaba listo para pasarle un brazo por la cintura y colocar el suyo sobre sus hombros, de modo que la mayor parte de su peso la cargaba él.
-con cuidado- le murmuró cuando llegaron a las escaleras –tómalo con calma.
-deberías dejar que Sam me llevara- soltó sin pensarlo.
-cuando sea la esposa de Sam la que necesite ayuda, con mucho gusto le dejaré el lugar.
Bella sonrió y negó con la cabeza, en ocasiones le parecía que Edward hacía comentarios que lo único que provocaban era que se confundiera.
Pasó así otra semana en cama, pues la incomodidad de las costillas a veces la obligaba a permanecer quieta; pero era lindo ver que Alice seguía dispuesta a seguirla consintiendo y también Ángela que se quedaría por un tiempo. Puesto que su linda suegra tuvo que regresar al lado de Carlisle y seguir con sus obligaciones en Inglaterra.
Alice le contaba sobre lo ocurrido con Emmett, mientras Bella trataban de tejer una cobija con estambre verde y su cuñada intentaba hacer una botita amarilla.
-… así que la niña es encantadora como dijo mamá- luego frunció el ceño y levantó la cosa que hacía, porque eso no podía llamarse botita. Hizo un mohín y se encogió de hombros, quizá le serviría de otra cosa –. Pero Emmett es un cabeza dura, no tiene intenciones de pasarse un poco de tiempo con ella en la clínica.
-¿lo han obligado a hacerlo?
-no, claro que no- Alice parecía desconcertada con eso –con él pasa lo contrario que con una persona normal, cuando se le dice que debe hacer algo no lo hace. Así que mi madre se lo pidió como un pequeño favor, argumentando el estado de la pequeña y… bueno, el idiota de mi primo no tiene mucha paciencia para las buenas acciones.
-vaya…- Bella suspiró y se preguntó si ella sería lo suficientemente buena madre como para inculcarle a su hijo o hija las cosas buenas, o si él sería de tan mal carácter que eso no importaría –creo que Elizabeth debe estar desesperada.
-más que eso…- Alice negó y dejó por la paz el asunto del estambre –de verdad está tratando de encontrar el modo de regresar "al buen camino" a mi primo, pero con el carácter de Emmett es muy difícil.
Bella pensó que si ella estuviera en Londres, quizá podría hablar con él y encontrar el modo.
-y si… le apuestan algo- sugirió, buscando la mejor forma de poder enredar en el asunto a un chico que lo único que deseaba era pasárselo bien –bueno, ya sabes, le gusta todo el asunto de ganar dinero con el azar. Quizá pedírselo no sea la alternativa, no si él no ve que gane algo a cambio.
Alice alzó las cejas sorprendida y afirmó.
-ya lo creo que aceptaría- luego su puso un dedo en la barbilla –me pregunto qué deberíamos apostar… ya se me ocurrirá algo. Me quedaré todavía unos días más aquí.
-¿cuándo te irás?
-creo que en una semana más- Alice se encogió de hombros –haré una pequeña parada en Paris, debo… ver a alguien.
Isabella abrió los ojos y, tragándose el nombre de la persona que estaba segura vería ahí, afirmó.
-ya veo.
Así, una semana después, Alice se despedía, diciéndole que volvería lo más rápidamente posible para seguirla ayudando a diseñar el cuarto del bebé y le traería un montón de cosas para ella y para el futuro hijo, o hija –porque ella insistía en que sería una nena-.
-te prometo que te llamaré todos los días- aseguró antes de meterse en el auto –no dejaré que te aburras, haré que el idiota de mi hermano se dé más tiempo para cuidarte.
-Alice- la reprendió en voz baja –te juro que eso no es necesario.
-Isabella- Alice le palmeó la mano –he visto el montón de horas que desperdicia al teléfono y atendiendo "asuntos" en el estudio. Eso lo puede hacer cuando tú estés perfectamente y el bebe igual. O quizá… debería aprender a equilibrar las cosas, no siempre estarás ahí para esperarlo.
Bella frunció el ceño, no comprendiendo la mitad de lo que su cuñada le decía.
-pero estoy bien- levantó con cuidado su mano, medio aprisionada en un cabestrillo -¿ves? Nada que no pueda manejar sola.
-el punto es: que no deberías tener que hacerlo sola.
-tu hermano no está aquí para ayudarme, Alice- Isabella medio sonrió –es el futuro rey del Reino Unido. No puede tener todo el tiempo para cuidar a su malaventurada esposa.
Alice bufó y se llevó las manos a las caderas.
-¡no estás hablando en serio!- casi gritó -¡dime que no estás hablándome en serio!
Isabella enrojeció por el espectáculo que la pequeña Alice estaba dando; pero no contestó nada.
-¡no puedo creerlo!- soltó Alice, casi jadeó –de verás que tengo que hablar con él.
-Alice, por Dios, súbete de una vez al auto y deja de gritar tonterías- Bella intentó sonreír –todo estará perfectamente.
-pero mi hermano y tú… él debería…
No la dejó terminar, la hizo subir al auto y cerró la puerta antes de que ella pudiera hacer cualquier cosa. Suspiró agradecida cuando Sam hizo avanzar el automóvil y lo perdió después de que saliera por el portón de la casa.
Entró a la casa, seguida por Jessica –Ángela seguía dormida, puesto que aún era temprano- y cruzaron los pasillos hasta llegar a la cocina donde Emily preparaba el almuerzo, logrando que el lugar se inundara de aroma a comida, a fusiones y especias.
Se sentó en el banquillo del desayunador y observó como trabajaba la joven.
-alteza- le dijo ella, mientras sacaba un cartón de leche del refrigerador -¿desea comer algo en lo que espera?
-nop- negó y luego sintió ese pequeño huequito; pero amplificado, quizá si tenía hambre y no lo había advertido. Se encogió de hombros y estiró una mano para tomar una manzana de la cesta de fruta.
El jugo de manzana le recorrió la boca y su gusto se le clavo en cada papila gustativa. Por un momento pensó que eso era lo más delicioso que había comido en mucho tiempo y luego… y luego tuvo que salir corriendo al baño del primer piso, porque unas arcadas irrefrenables la hicieron prácticamente vomitar la manzana y todo lo que alguna vez había tocado su estomago.
Sintió unas manos suaves quitarle el estorboso cabello y alejarlo de su cara. Lejos de sentirse mejor, pensó que era el peor momento para verla –con la cara verde y todo el poco almuerzo en el retrete-.
-tranquila- le dijo su marido, con voz dulce y acariciando su espalda –pasará pronto.
Ella trató de afirmar, pero una nueva arcada le obligó a volver lo poco que le había quedado en el estomago.
-¿estás bien?- cuestionó Edward, al verla intentar levantarse.
La ayudó cuando ella afirmó, se veía algo pálida; pero no estaba del todo preocupado, sabía que estas serían las semanas más difíciles para ella, los mareos y el cansancio se volverían la constante en sus días. Sólo esperaba que no afectaran su recuperación.
-me siento terrible- dijo después de lavarse los dientes, tres veces –el estomago parece querer salírseme por la garganta y la cabeza no para de darme vueltas.
Edward sonrió, la había estado sosteniendo todo el tiempo por la cintura. Le parecía que en cualquier momento podría desplomarse y eso, en definitiva, no sería bueno.
-se te pasará, siempre son así.
-¿qué sabes tú de esto?- dijo Bella, cerrando los ojos y tratando que el feo mareo se desapareciera –aunque lo hayas visto en la clínica no sabes lo horrible que se siente.
-tienes razón. Pero ahora, debemos que ir a comer algo.
-ugh- Bella gimió y frunció el ceño –no quiero comer nada.
Edward la tomó en brazos sin previo aviso y negó varias veces.
-no te pregunté si querías comer, te dije que debes comer.
-bájame, Edward- chilló, medio riendo, medio gritando por el camino a la cocina –de verdad no quiero comer.
Trató de removerse y casi pudo escuchar a Emily riéndose de la escena, junto con Jessica, en el umbral de la cocina.
Edward la sentó con cuidado en el sitio en el que antes estaba y se acomodó a su lado.
-dale algo rico, Emily- pidió Edward con voz de súplica burlona.
-por supuesto, alteza.
Le puso frente a ella un par de panecillos y algo de miel, un vaso de zumo de naranja y una taza de humeante café.
Bella frunció la nariz y recorrió con la mirada todo lo que le habían dado.
-no puedo comerme esto- concluyó, rehuyendo del café y la miel.
-¿por qué no?- preguntó Emily angustiada. Si había algo que podía hacer enojar a Emily, era que no apreciaran su comida, del mismo modo que sólo eso podía ponerla de los nervios a causa de que le saliera algo mal.
-porque me huelen mal- se enfurruñó y giró el rostro –creo que deben tener algo mal, simplemente… no me gusta.
Emily se puso a olfatear el café y la miel y enarcó una ceja, encogiéndose de hombros cuando comprobó que no tenían nada fuera de lo común. Edward también examinó las cosas, pero tampoco fue capaz de encontrarles algo mal.
-parece que los malestares del embarazo apenas empiezan- le dijo Edward, mirando el modo en que su esposa hizo un mohín cuando le pasó la taza con café.
-estoy comenzando a odiar esto- Bella frunció el ceño.
Parecía que hoy sería el día en que todo iniciaba y no era nada lindo.
***
En Londres, Esme disfrutaba de su té vespertino, mientras observaba por la ventana el modo en que los hijos de algunos de los criados jugaban en los jardines. Le gustaba mucho poder ver la vitalidad en ellos y pensar que pronto tendría al primero de sus nietos corriendo también por ellos.
Eleazar, una de las personas a quien más confianza le tenía, entró a la estancia y se colocó a su lado, esperando que ella decidiera hablar.
-¿no son hermosos, Eleazar?- le preguntó minutos después –los niños y su energía y alegría perpetua.
-mucho, alteza.
-¿qué noticia me tienes?- preguntó entonces, dejando la taza en la mesita y girándose para verlo.
-ya sé con quién se encontrará la princesa Mary Alice en su viaje a París- inició y luego dudó en si debía contarlo o no.
-¿y?… te envié para que me dieras resultados, no para que tuvieras remordimientos de conciencia- le crítico mientras lo veía dudar.
-se está viendo con un hombre.
Esme bufó, eso ya lo sabía y no era necesario que él se lo dijera, ella quería nombres.
-es el conde Jasper de Hale, alteza.
A Esme se le atragantó la saliva en la garganta. No podía creer lo que su hija estaba haciendo, encontrándose con ese hombre que podría traerles mala fortuna a la familia con todo el caos que le rodeaba.
¿En qué pensaba?, se preguntaba, horas después de haber hecho las llamadas pertinentes, ¿en qué pensaba su hija al hacerles eso?
bn, bn... gracias a todas x las alertas, lo agregados a favoritos y los reviws... eso me hace muuuuuuuuuuy feliz ^^
una chik pidió un capi en el ke hablara sobre la noche de bodas... lo toy pensando :D
en fin, de vdd espero ke este cap tmb les guste y me dejen su sincera opinion en un lindo rr...
el botoncito verde no muerde... de verás XD
atte. clarisee
