Un calor denso y pegajoso se ceñía en las paredes amarillas y desteñidas de la tienda, calefacción funcionando en exageración. Se podía escuchar los chistes viejos de una película de comedia reproducirse por pequeñas televisiones enfocadas en cada esquina. Repisas blancas y polvorientas repletas de dvd's. Millones de caras, millones de ojos mirando vacíos hacia la nada. A un lado de la puerta del local se ubicaba la caja registradora, sobre un mostrador azul donde descansaba el cuerpo inconsciente de Craig. Yacía durmiendo irresponsablemente sobre el mesón, sus brazos sirviendo de almohada. Respiración pesada y sofocante. La puerta se abrió dejando entrar una brisa helada que lo hizo removerse levemente. Pasos firmes sobre el piso alfombrado. Risas se escucharon desde las pantallas. El cuerpo de Craig elevándose tranquilamente para descender en segundos. Exhala inhala.
Cerca de su oído derecho se escuchó el plástico envoltorio de dulces siendo removidos de su lugar. Craig comenzaba a recobrar la conciencia, volviendo lentamente a su mente alerta. Una respiración corta y casi imperceptible. Olor a castañas.
-Deja eso- murmuró Craig, su voz sonando como desde un cuarto oscuro. Se enderezó, ojos acostumbrándose al amarillo sintético y se enfocaron en el pequeño monstruo pelirrojo enfrente suyo.-Qué te dije sobre robar dulces.
Ruby sonrió como niña, pecas inundándole las inocentes mejillas. Sacó una mano del bolsillo de su chaleco y depositó los dulces hurtados sobre el mostrador, puño lleno de contenedores de azúcar. Devolvió la misma mano al bolsillo, y al sacarla un par de billetes se encuentran entre sus dedos. Estiró la mano y entregó el dinero a su hermano. Uñas rosadas con destellos plateados captaron la atención del pelinegro. Recibió el dinero e hizo el registro en la máquina.
-Te dije que no me gusta que hagas eso.- dijo Craig serio. Odiándose así mismo por aparentar ser el individuo correcto y moralista. Pero de verdad no le gustaba que su hermana anduviera por ahí haciendo robo hormiga. Era humillante cuando la despensa de su casa estaba repleta de galletas y cereales.
-Ya cállate. Y tú no te andes quedando dormido en tu trabajo.- Le respondió Ruby, rompiendo con sus uñas rosas el envoltorio de una paleta y llevándosela a la boca.-Vine a decirte algo.
-Dime.- dijo Craig suavemente, desconectando sus ojos, deslizándolos hacia la estantería de chocolates. Solo fue cuestión de alargar un poco el brazo para alcanzar una barra, romper el contenedor y darle un mordisco. Ruby lo miró atenta.
-Estás robando.
-Trabajo aquí.- Craig se encogió de hombros, restándole importancia al hecho de estar cometiendo un delito.
Ruby frunció los labios, atrapando la paleta en su cavidad bucal. Su hermano era un maldito cínico.
-Llegó una carta desde Denver.- dijo la niña y atrajo completamente la atención de Craig al instante. -He querido abrirla toda la mañana pero mamá me lo prohibió.- el tono de su voz era plano, casi idéntico al del pelinegro. Pero él la conocía muy bien y podía distinguir frustración y expectación en sus vibraciones. -Ven rápido a casa.
Craig juntó sus manos, entrelazando dedos y al medio permanecía la barra de chocolate a medio comer. Lentamente la ansiedad se hizo un espacio en su estómago y lanzó una mirada fugaz al reloj de la pared. Media hora era todo lo que quedaba de su turno.
-Media hora.-Ruby hizo un pequeño e inútil ruido de queja y Craig le abrió la puertecita que daba hacia el otro lado del mostrador e hizo una seña con la mano.- Ven, acompáñame.
Ruby sonrió levemente y pasó al otro lado, a aquel lugar prohibido y misterioso de las tiendas. Aunque para ella ya no era misterioso. Había estado allí incontables veces, acompañando a su hermano, pasando tardes aburridas juntos. Ruby se sentó en una de las sillas destinadas a los empleados y sacó un dulce de su bolsillo. Media hora pasaría volando.
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Hace aproximadamente un año Craig había comenzado con uno de sus proyectos más ambiciosos de su inexistente carrera cinematográfica. Se trataba de un cortometraje de 10 minutos que tenía a Ruby de protagonista. Éso no era novedad alguna. Ruby, al ser el humano más cercano a Craig, era constantemente el blanco de sus cámaras y guiones desde que eran ambos un par de niñatos insoportables. El cortometraje, titulado, "Atópica", se trataba de Ruby y su convivencia diaria y eterna con la dermatitis atópica, enfermedad que le afectaba a la piel desde el momento de su nacimiento. A Craig siempre le había fascinado el modo en que la pálida piel de su hermana se transformaba en una fibra escamosa y roja, furiosa e irritada, mayormente durante las épocas de primavera. Según él era un reflejo de la personalidad explosiva de Ruby. Su dermatitis era una característica tan propia de ella, tanto como el color de su cabello o el tono de su voz. En un comienzo Ruby había encontrado la idea degradante y vergonzosa, exponerse de tal manera con su peor faceta no era muy atrayente. Pero al final terminó cediendo y sin quejas hizo todo lo que su hermano le pidió. Después de todo, era una fanática del trabajo de Craig y siempre lo apoyaría, fuese lo que fuese.
-Vamos Craig, no seas marica y ¡ábrela!- exclamó Ruby. Ambos se encontraban sentados en el sofá de la sala de estar. Craig sosteniendo el sobre y su hermana sobre él, sus manos afirmándose en los hombros anchos. Mejillas casi rosándose y Ruby sintiendo el picor de una barba mal afeitada. Su madre los escuchaba desde la cocina, donde preparaba la cena sin apuro alguno.
Craig soltó ruidosamente aire por su nariz y las manos le temblaron suavemente. Aquél sobre contenía la respuesta escrita y oficial del Festival de cortometrajes de Denver, el cual se celebraba anualmente cada fin de Noviembre. Si su corto había quedado clasificado, su potencial como creador y director de filmes estaría más que comprobada y su autoestima subiría en un 80%. En su interior sabía que aquel cortometraje suyo era de calidad y hasta casi una obra de arte. Estaba muy seguro de sí mismo.
-O lo abres tú, o lo abro yo- amenazó Ruby acercando su mano derecha peligrosamente hacia el sobre. Craig reaccionó rápidamente y alejó el papel de aquellas manos expertas en el hurto.
-Ok, ok. Cálmate pendeja- murmuró molesto y abrió el sobre. Desplegó el papel y sus ojos leyeron con anticipación el comienzo de la carta:
-Estimado Sr. Tucker. En esta oportunidad nos dirigimos a usted para comunicarle acerca de su situación en el Festival de Cortometrajes de Denver, el cual se llevará a cabo los días 28, 29 y 30 de Noviembre...- La voz ligeramente emocionada de Ruby hizo eco en toda la casa. Craig apartó los ojos de la carta y escuchaba atento a su hermana. Su madre se había parado en la puerta de la cocina para no perder detalle.-¡Ay maldita sea! ¿tienen que ponerle tanto blabla? ¿porqué no dicen que sí o no de una vez? Malditos pretenciosos- Se quejó la pelirroja. Craig le lanzó una mirada seria que la hizo callar y siguió:- Lamentamos informarles que su cortometraje no ha quedado clasificado entre los 10 vacantes disponibles.- la voz de Ruby decayó abruptamente, decepción apoderándose de su garganta. Sin atreverse a mirar a Craig siguió leyendo lo que quedaba de párrafo- De todas maneras esperamos con ansias su futura participación el año que viene... ¡Bah! ¡Mentiras!-Exclamó ahora completamente enfadada y con ojos chispeantes se dirigió al pelinegro- Dios mio, Craig, ¡son unos estúpidos! ¡No puedo creer cómo no lo aceptaron! Era perfecto Craig y tú lo sabes.- Sus rostros estaban muy cerca y Craig podía sentir el aliento caliente de su hermana golpeándole la nariz con impaciencia. Ruby, al no encontrar respuesta alguna en él, se dirigió hacia su madre con ojos suplicantes que decían "Por favor mamá, haz algo". La mujer suspiró y sin moverse ni un centímetro de su lugar dijo:
-Craig hijo, ¿qué opinas de ésto?
Craig giró su cabeza y por la esquina de su ojo pudo ver la figura alta de su madre quien entrecruzaba sus brazos sobre su pecho. La mirada suave que irradiaba contrarrestaba con su postura seria. Pero a Craig no le gustó el tinte de compasión qué encontró en sus ojos cafés.
-Es una mierda.- dijo fuerte y seguridad plasmada en sus palabras. Ojos fijos en los de la mujer.-Y no me tengas lástima.
Su madre volteó los ojos y le mostró su dedo, una táctica poco común en madres, y se encaminó a la cocina a continuar su labor de dueña de casa. Craig le respondió el gesto casi automáticamente y una vez que su madre desapareció de su vista le dedicó la seña a su hermana.
-Eres un imbécil.- Ruby lucía furiosa y decepcionada al mismo tiempo. Se puso de pie y se largó a quién sabe donde.
Y de pronto Craig estaba solo.
Sin quedarse allí sentado como un pobre fracasado, se paró y fue hacia su habitación, subió las escaleras con pasos pesados y rápidos, abrió la puerta y la cerró de golpe tras de sí. En su escritorio, dentro de una jaula colorida lo esperaba su mascota Stripe, su cobayo de toda la vida. Craig introdujo un par de dedos a la jaula y esperó atento con párpados semi-caídos a que el pequeño animal se acercara y rozara sus yemas con los pelillos de su nariz. Craig suspiró, sintiéndose un poco más calmado. Sacó a Stripe de su casa, lo cargó en sus manos y con cuidado se acostó en su cama, descansando al animalito en su torso. Miró el techo de su habitación, un blanco descolorido y sucio se proyectaba y se concentró completamente en la tarea de acariciar el lomo de su mascota.
Respiración lenta y calmada. Mente callada. Manos ocupadas.
Craig se rehusaba a pensar sobre el asunto, sobre su fracaso. Se rehusaba a admitir una derrota. A aceptar la crítica. Se rehusaba a soportar miradas de lástima y compasión.
Cerró los ojos y sus dedos siguieron trabajando en Stripe, disfrutaba del calor y suavidad que emanaba de su pequeño cuerpo. Le daba un sentimiento de tranquilidad, un sentimiento de madre susurrándole al oído un "Todo estará bien".
Estaba entrando al sueño, con los ojos completamente cerrados, dedos inmóviles y Stripe descansando sobre su pecho, cuando su celular vibró dentro de su bolsillo. Su cuerpo se tensó alerta y luego de quejarse abiertamente al ser interrumpido en un proceso de descanso tomó el aparato en su mano y abrió el mensaje que acababa de llegar. Era Token (vaya sorpresa) y lo invitaba a salir esa noche junto a su buen amigo Clyde. Craig pensó enseguida en negarse y quedarse en su casa limpiando la jaula de Stripe. Pero luego lo pensó mejor, sintiendo que ya llevaba mucho tiempo evitando a sus amigos y que quizá necesitaba salir y beberse sus problemas como el buen adulto joven que era.
Sus dedos se movieron perezosamente sobre las teclas y escribió: Vale, iré.
Volví con capitulo corto y latero kadsjfgsd lo sientooooo soy un asco, pero ya se pondrá interesante, lo juro.
Ahora ya saben un poco más de Craig y su vida familiar (?) y bueno, el próximo capitulo se viene más interesante que ya voy entrando al tema central, de a poco.
Pucha, de verdad lo siento por el capitulo de mierda, pero la verdad no sabía qué ni cómo escribir, pero ahora que ya me deshice de este cacho me siento mejor, y más libre para escribir lo más emocionante :)
(weooooon ya voy en el capitulo 4, esta wea es record jaja vez primera que avanzo tanto un fic kajfasdhg)
Espero que aún sigan vivas para leer lo que sigue jaja, no sean pajeras y escriban un comentario! que así me dan ganas de escribir.
Ya vayan
escriban un comentario
ya pueh
le dije
vaya.
