¡Hola!:
Espero que ha todos les guste este nuevo cap. Espero sinceramente que me perdonen la tardanza, pero como he dicho en alguna ocasión me rodean una serie de asuntos personales lamentables. Quisiera dar las gracias por sus comentarios, de veras. Y les pediría a todos aquellos que leen el fic que ya sea para bueno o malo, digan lo que piensan. Adoro escribir, pero si no recibo para este cap una cantidad aceptable (me conformo con poco) de reviews pienso abandonarlo, no pienso malgastar tiempo en algo que no agrade ha nadie, aunque sea a un buen y pequeño publico.
Gracias a todos.


Habían huido.
Todos, a pesar de sus graves heridas, que ahora chorreaban sangre incesantemente. Habían escapado como alma que lleva el diablo. Cada una de ellos sabía que tarde o temprano llegaría su fin, si no era en las manos de su vengativo verdugo, sería en las de otro, o en la hambruna de lo que era ahora este mundo lleno de desamparo y consternación.
Tan solo una de ellas había tenido el suficiente coraje para afrontar su muerte en el momento que aquella siniestra guadaña se había alzado sobre sus cabezas ansiosa por su sed de sangre.

Entre aquellos fugitivos se encontraba una pareja de semblante pesaroso y adolorido. El hombre, de cabello moreno tenía clavada su mirada añil en su mano lastimada, de la cual goteaba sangre de un fuerte color carmín. Su semblante era extrañamente sosegado, y las partes de su cuerpo que podían verse a través de las rajas de sus ropas echas jirones y su rostro que quedaba completamente libre eran de un color blancuzco perlado, brillante cual fantasma, era de una palidez absoluta que contrastaba con unos labios extremadamente encendidos, casi rojos. Sus grandes ojos se entornaban mostrando unas afiladas pupilas entre el brillante azul celeste. Era una visión escalofriante. Tan solo la esquelética sombra del gran hombre que una vez fue. A su lado se encontraba una joven rubia que se aferraba con fuerza a los restos de la capa de su amante. Por su parte, la muchacha no portaba más que unos leves rasguños a comparación con los demás. Solo en su rostro podía leerse que a pesar de no haber sido dañada físicamente, en su interior se libraba una batalla que la hería de gravedad internamente.

Entre los escombros próximos, y resguardadas bajo un árbol completamente pelado excepto por un par de ramas carbonizadas de las cuales todavía emanaba un leve humo, se divisaban otras dos figuras, que hablaban entre ellas.

-Por lo menos habrá valido la pena morir...-

Fue una mención estúpida, y además con cierto tono irónico encerrado en la sedosa vocecilla.

-¿Que quieres decir Amy?, ¿pretendes insinuar que mi libertad merece que se la menosprecie de esa forma?... prefiero morir... antes de ser una tonta sailor toda mi vida, sin poder hacer realidad mis sueños y anhelos....-

Aquella voz sonaba como un hilillo de excusas, afónica y entre cortada, sin creerse ella misma la sarta de estupideces que decía . Su mirada iracunda era dirigida completamente a la peli-azul, que estaba concentrada examinando sus propias heridas como para percatarse de tal cosa. Al verse ignorada de esa manera no hizo más que crecer el enfurecimiento en ella. Le dio una breve mirada a la pareja en busca de algo de apoyo, pero ellos ni siquiera reparaban en su presencia. Y observándolos, absorta en su ciega ira recordaba como hace un par de años el príncipe de la tierra le había hablado de sus propios sueños, ilusiones que jamás podría realizar y la había concienciado que lo mismo ocurriría con ella, por culpa de...

Sin poder evitarlo la castaña se echo a temblar. Serena. Aquel nombre retumbaba en su cabeza, y a medida que iba pasando el día la voz que lo pronunciaba con vehemencia en su mente se hacía mayor. El remordimiento la carcomía, jamás hubiera esperado que el pago de aquello que quería se cobrara como deuda la vida de millones de personas, su familia, conocidos... su amiga. ¿Amiga?, que más hubiera querido ser ella. Rei tenía razón, si no la mataba sailor Saturno, la mataría el remordimiento eterno que sentía y la carcomía en sus adentros.

La mirada de la castaña seguía clavada en la pareja, que sumida en sus asuntos no se percataban de ello. Sin embargo su mente estaba muy lejos de allí. Amy, que desde el primer momento la había ignorado deliberadamente ahora la observaba con detenimiento. Su cabello castaño era libre del siempre sabido moño de ella, supuso que era por la ardua batalla, y su mirada estaba completamente perdida. El verde de sus ojos no era aquel de color pasto fresco que solía ser, si no que había sido suplantado por un pistacho claro, con unas diminutas pupilas sin brillo alguno. Toda esa fuerza que solía irradiar como el mismísimo Dios griego que lanzaba rayos desde las alturas ya no estaba, con esa tez pálida y su traje de sailor hecho jirones, manchado por la sangre de sus heridas.

Amy rió entre dientes, como un esquizofrénico a punto de tener un nuevo brote. ¿Quien era ella para juzgar el aspecto de su compañera de batallas?, por lo que había podido examinar levemente de sus heridas si no las desinfectaba como era debido y curaba lo más pronto posible probablemente perdería su pierna y parte de su brazo debido a una gangrena. ¿Que más le daba el aspecto si iba a morir de un modo u otro?. De nuevo se hacía presente en ella aquella risa al borde de la locura, que esta vez se elevaba hasta que sus carcajadas retumbaban y formaban un eco escalofriante entre los restos que la rodeaban.

Y así la sailor del agua pensó mientras reía y lloraba a la vez, ambas cosas de una forma histérica...

Recordaba cuanto había estudiado, todo lo que había sacrificado, para que ahora, de un momento a otro, se acabara todo. Recordó las largas noches en vela, los cientos de exámenes con la mejor nota de todo el instituto, y luego la mejor del bachillerato, las tardes en el templo Hikawa estudiando con las chicas, todas las veces que tenía que repetirle hasta la saciedad cualquier cosa para que la entendiese a.... Serena.

Y sin que pudiera evitarlo las imágenes de la batalla en la que había perdido a su princesa aparecieron en su mente:

Todas las sailor habían acudido al ver que un enemigo estaba atacando parte de la ciudad y produciendo varios destrozos que se podían ver a kilómetros de distancia. Las outhers llegaron antes puesto que habían estado buscando por toda la ciudad a Serena desde el mismo despuntar del alba. Ella ni se había inmutado ante la llamada preocupada de la madre de esta, seguro que estaba en alguna parte holgazaneando como siempre, perdiendo el tiempo en alguna parte con Darien o comiendo como una cerda.

-Ahora al indagar en los recuerdos de la pesadilla que habían sufrido comprendía en la persona tan egoísta que se había convertido.-

Igual que ni se había ni molestado en sacar su mini ordenador para escanear al enemigo y así poder ser mucho más fácil derrotarlo. Solo había pensado en ella, y en las ganas que tenía de que terminara aquello para poder irse lo más rápido posible de ese lugar, y volver a sus quehaceres diarios. No se inmuto al ver que no había señales de Serena por ninguna parte. Tan solo empezó ha alarmarse cuando vio que aquel enemigo hasta ahora desconocido podía acabar con todo con tan solo mover un dedo. Cuando al percatarse de que aquella mirada rojiza de afiladísimas pupilas rasgadas se clavaba en cada una de ellas relamiéndose los labios y los larguísimos dientes que sobresalían de su boca hambrienta, como si fuera ha alimentarse de todas ellas.

Todas las sailors, incluida ella se movilizaron rápidamente, poniendo en practica todos sus poderes y tácticas de ataque. Todo fue inútil, sus poderes eran recibidos por aquel hombre de cabello de fuego con risas. Sus tácticas daban asco, parecía que no habían peleado en miles de años, y tan solo hacía un par de ellos que no entraban en acción. Solo las outhers se movían con la soltura y destreza de unas verdaderas guerreras. Amy sabía que debería de haberles echo caso cuando ellas y Serena iban a entrenar, y se reía cuando la que ella consideraba "cabeza de chorlito", decía que se preparaba para ser una buena Reina.
Que razón tenía su princesa, y que idiota fue cuando la dejo desprotegida, dejando que hirieran su corazón con tantas mentiras...

Al poco tiempo de emplear todo los que estaba en sus manos para combatir a aquel ser todas quedamos gravemente heridas. Había jugado todo lo que había querido con nosotras, y ahora le tocaba acabar con nuestras vidas, de una forma funesta, puesto que era un ser retorcido y no nos mataría sin más. Todavía recuerdo con total exactitud esa risa tan cruel, la carne se me pone de gallina con tan solo pensar en ella.

Rei era la que había salido peor parada, entre la falta de práctica en la batalla, y lo desconcentrada que estaba, había sufrido la mayoría de los ataques. Sabía cual era el motivo de aquella falta de concentración, y no se lo reprochaba, a cada instante miraba para todos lados, buscando la forma de salir de allí a toda costa. Ella siempre era la que había estado más en contra de la especie de conspiración que llevábamos a cabo, a diario peleaba con Mina, y a Darien no le dirigía la palabra desde hacia meses.
Ni que pensar que ahora ella tampoco se encontraba entre nosotras, aunque eso no tenía caso, puesto que toda la ciudad era pasto de una destrucción total, miles de familias ya no existían, presas de nuestros invasores, o bajo el amasijo de escombros convertido ahora en un cementerio gigante.

Volviendo a aquel fatídico combate.
Ese malvado ser estaba a punto de acabar con sailor Marte, cuando la pequeña sailor Saturno en un arrebato de valentía se interpuso entre ambos, para salvar la vida de la primera...
En el momento que vi a Serena salida de la nada, con aquella triste expresión, correr y afrontar aquel ataque, mi corazón se paralizo durante unos segundos. Parecía un ángel, brillaba intensamente, o a mi me lo parecía con el reflejo de su espectacular cabello tan rubio. Solo fueron unos segundos en la que la vi por ultima vez, pero juro que ha pesar de aquel triste semblante, sus ojos despedían chispas, estaba decidida a perder la vida por nosotras. Y eso me hace sentir aún más que yo no hubiera ocupado su lugar, o que no fuese tan egoísta, puesto que ella me quería a pesar de mis desprecios... ha pesar de que yo no lo merecía.

Se produjo una gran explosión, cuando esa energía tan poderosa dio de lleno en aquel hermoso cuerpecito. Fue gigantesca, como si un pequeño meteorito hubiese impactado contra la ciudad, devastando con la honda expansiva la mayoría de ella, e irradiando una luz inmensa. Después se disipo aquella gran luz cegadora... y por alguna extraña razón que no logro comprender, allí quedamos todas las sailors, y Tsukedo Mask, en medio del desierto que quedo, el humo, los gritos, y el fuego.

En realidad si lo entiendo... fue Serena quien nos protegió del ataque, aquella luz tan enorme era ella, dándolo todo y muriendo por unas insignificantes personas que no fueron capaces de ser sinceras con ella. Lo dio todo hasta al final.

Amy estaba en un estado de increíble shock, hasta ahora no había tomado en cuenta nada de lo que había hecho, también Serena había tenido sus obligaciones, y también se sacrifico tanto o más que ella. Y por cuatro palabras tontas se había dejado llevar, olvidándose de todo lo vivido.

Mako estaba a su lado, en algún momento ensimismada en sus pensamientos no había notado que esta incluso se había abrazado a ella. Tenía una expresión tan desolada que era imposible describirla, con la mirada perdida y aferrandose débilmente al cuerpo de la peliazul. Ambas parecían haber compartido los mismos pensamientos, y revivido aquella traumática historia, puesto que en cuanto sus miradas melancólicas se cruzaron, se separaron para luego posarse en un mismo y único punto. Mina y Darien.

Ambos estaban muy juntos. Y la sailor del amor rompía un jirón de su pequeña faldita, buscando la forma de limpiarlo con un poco de agua sucia en un charco próximo a ellos, con el fin de mejorar un poco alguna de las heridas del príncipe de la Tierra. Este por su parte miraba el cielo en busca de algo y apretaba en su mano algo que despedía una pequeña luz, que aunque débil, se colaba entre las rajas de sus dedos, como intentando escapar de ese agarre que lo opacaba.
Cuanto ambas sailors que lo escrutaban, pusieron su vista en aquello que tenía celosamente guardado en su puño, pudieron vislumbrar un brillo especial muy familiar para ambas.

-¡Maldito seas!-

Fue un grito de guerra, expulsado de lo más hondo de la garganta de la sailor del trueno. Ambas se encontraban ahora de pie, con unas fuerzas recobradas gracias al odio que relucía en sus miradas.

-¿Como habéis podido?, ¿Co-como...ha sido posible?-

Una Amy bastante afectada se acercaba a paso lento a un Tsukedo Mask anonado por los gritos, que escondía rápidamente entre sus ropas lo que portaba en su mano.

-¡Venus! ¿Por que?, ¡Dímelo!, Maldita sea, ¡dime! .-

Makoto no fue tan pensativa y se arrojo violentamente contra Mina que callo sobre el charco empapándose entera con la castaña sobre ella propinándole una buena serie de puñetazos en el rostro. A la rubia prácticamente no le daba tiempo a defenderse, y recibía los golpes como buenamente podía.

Mientras se acercaba a Darien Amy no paraba de sangrar por sus extremidades, pero aún así saco fuerzas suficientes para lanzar un último ataque por su parte. Extendió una densa bruma que cubrió parte del lugar en el cual se encontraba. No pasaron unos cuantos segundos cuando un despistado Darien sintió un gran dolor en su cabeza. Alguien le daba golpes por todo el cuerpo, no podía adivinar de donde venían, y con la poca fuerza que le quedaba casi no podía defenderse.

Cuando hubo quedado semi inconciente en el suelo pudo notar como alguien tanteaba sobre su cuerpo, en busca de algo que guardaba entre su ropa.

Poco a poco la niebla de disipo y tanto Amy como Makoto se encontraba a escasos centímetros de donde el estaba, observando con incredulidad algo que portaba la primera en las manos.

-¿Como puedes tener esto?, ¡¿Como habéis sido capaces de robarle el cristal de plata a Serena?!-

Mina aún tirada en el charco, y con la cara completamente demacrada y ensangrentada dirigida su mirada hacia Darien de forma frenética.

-¡Diles que es mentira Darien!...¡Diles que tu no tenias eso!.-

El moreno callaba, su cuerpo lastimado y completamente ensangrentado de pies a cabeza tirado en el suelo de escombro daba una imagen moribunda de su persona.
Las sailors discutían entre ellas, y constantemente lanzaban improperios contra el.

-Te mereces estar hay medio muerto...-

No supo cual de las tres lanzo tal afirmación, ni de quien era aquel llanto desgarrador que escuchaba tan cerca de el. Ya no había más voces, parecía estar sordo, tan solo se concentraba en cielo. Esperaba algo con una calma impenetrable, a pesar de su lamentable estado

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

No fue capaz si quiera de estar dos minutos en tranquilidad consigo mismo cuando de repente sintió una voz familiar que lo llamaba desesperadamente. Aparto su vista del paisaje nocturno que contemplaba mientras esperaba apaciguar su carácter, dando por perdido el intento.

-¡Healer!-

Su mirada se torno preocupada al ver a su hermano asomarse por el marco del balcón de su habitación. Su expresión se tornaba asustada, he incluso estaba algo pálido, los ojos dorados brillaban al borde de las lagrimas.

-¡Corre!, ¡Mira esto!, ¡Hemos recibido un mensaje de la tierra!...-

Ambos en cuestión de segundos volaron de un lugar a otro. De la hermosa habitación blanca y verde en la cual se encontraba Healer, a una gran y majestuosa sala dorada que brillaba como el mismísimo sol, con un gran trono en mitad de ella, que si cabe decir incluso puede que reluciese aún más que el resto de toda la estancia. Justo delante del trono se divisaba una imagen translucida que aparecía y desaparecía con la cara de dos jóvenes en un aspecto deplorable.

-Rapido... Maker...-

Este al escucharlo poso su mano en una gema roja de gran tamaño que estaba incrustada en el trono y la imagen empezó a tomar movimiento y a emitir sonidos.

En la imagen podían apreciarse el demacrado rostro de dos muchachas. Sus caras eran blancas como una pared, magulladuras con sangre las surcaban, y la mirada de ambas era suplicante y completamente triste.

-Queridos amigos...-

La que hablaba con un hilo de voz quebrada tenía el cabello de un tono rubio ceniza, y unos ojos celestes apagados y que reflejaban dolor.

-Les pedimos ayuda... la situación de caos en nuestro planeta es insostenible... no sabemos hasta que punto ha sido destruido... y no podemos hacerle frente a este enemigo sin una ayuda de un considerable poder...-

Ambos hermanos que observaban hipnotizados la escena se miraron boquiabiertos, contemplado como la rubia era arrastrada a otro lugar por su compasiva compañera, al ver que empezaba a temblar al tener que relatar lo que quedaba de historia.
Ahora tan solo se encontraba una joven de un cabello aguamarina sucio y enredado, que antes se resguardaba detrás de la otra chica.

-Star ligths... nosotras participamos aunque no fuese intencionalmente en la búsqueda de su princesa... las ayudamos, ya fuese de una forma y otra....-

Tomo un poco de aire sonoramente por sus labios resquebrajados y se tapo la cara con una mano medio ensangrentada con un leve temblor.

-Ahora necesitamos de ustedes.-

Otra vez hizo una breve pausa y las lágrimas corrían por su rostro incesantemente.

-Desgraciadamente hemos perdido a nuestra princesa... Les rogamos que nos ayuden...estamos desesperadas.-

De repente estallo en un llanto aterrador y gritaba histéricamente echándose ambas manos a la cabeza enredándolas asi en su cabellera para después tirar de ella frenéticamente. La imagen desapareció en ese instante.

Healer y Maker lloraban. Se miraron un par de veces entre lagrimas, como esperando despertar súbitamente de una horrible pesadilla y finalmente se abrazaron.

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Seiya se veía prácticamente en las nubes mientras observaba el paisaje con una joven castaña colgada del brazo. La vestimenta del joven de cansados ojos azules constaba de una sencilla camisa roja oscura y unos pantalones largos de un negro, como la misma noche, mientras que la joven que no paraba de hablar, llevaba un largo vestido con un pronunciado escote.
"Hoy, después de pasar prácticamente dos días sin pegar ojo, me encuentro aquí, arrastrado de forma patética."
"La princesa, o "Adara", como me ha pedido más de un millón de veces que la llamase, no me ha dejado tranquilo en toda la mañana... bueno, en todas estas horas, puesto que aquí siempre reina la oscuridad. No hay ni día ni noche, simplemente el correr de las horas, sin la brillante luz de sol alguno."
"La verdad es que de no ser por la maravillosa tecnología de estas gentes, este planeta estaría prácticamente muerto, dado que sin luz no puede haber vida vegetal alguna, exceptuando alguna que otra, y si no existe vida vegetal, tampoco animal."
"Todo ello es un circulo, como la pescadilla que se muerde la cola. Pero estas personas, aunque algo tenebrosas, todos con esas pieles tan pálidas y unos ojos de tonalidades mieles que refulgen en la oscuridad, como los de la princesa, me han demostrado que, como en mi tierra, han luchado arduamente para sacar su planeta adelante."
"Una cosa que me llamo mucho la atención desde que llegue es que ellos no tienen una luz artificial ante tanta oscuridad, como los humanos de la tierra, que la obtienen de electricidad. Si no que la encuentran en las gemas y piedras preciosas. No se como lo han hecho, aunque supongo que nadie lo sabe, es uno de los secretos mejor guardados y con más recelo. Simplemente, la gente de aquí son unos genios."
"Luego, otra cosa digna de ver, un verdadero espectáculo de colores, es sin duda la creación de todas sus casas. Todo esta hecho de gemas tipo luminosas, que al absorber el leve destello de sus cuatro lunas multicolores, se reflejan, haciendo que todo tenga una apariencia mágica. Luego, por supuesto, más halla de toda hermosura vista en sus construcciones esta el castillo. Estaba completamente hecho de cristalin dorado, que resplandecía desde la lejanía, imponente con ese fulgor que despedía. Me sentía tan orgulloso de que la mayoría de este planeta reluciese de esa forma ecléctica gracias al mío."
"Ya que no lo pude observar todo con total nitidez, puesto que el viaje de llegada fue de muchos días y bastante fatigado, por una parte me sentí dichoso de que la princesa Thalassinos insistiera en iniciar aquel recorrido, aunque su charla fuera algo aburrida, el paisaje merecía la pena el esfuerzo y el dejar ha un lado el cansancio."

"Desde ayer prácticamente desistí en la tarea del vigilo de mi princesa, así que ahora disfrutaba de mis breves "vacaciones". Todo se debe a que mi trabajo se estaba haciendo casi imposible, por más que intentaba buscarla o acudir a donde se encontraba, desaparecía instantáneamente. Por supuesto que había llegado ha la conclusión de que ella lo estaba haciendo completamente ha drede, pero era mi trabajo velar por su bienestar, y no iba a desistir tan pronto. Desde que llego el príncipe Thalassinos, que sucedió al poco tiempo de mi primera conversación con Adara, perdí casi por completo el rastro de mi princesa. "

"Yo me lo había temido desde los comienzos de este viaje, pero jamás quise verlo de esta forma. Mi princesa estaba enamorada de ese hombre, que para mi apenas era una figura esbelta desde la lejanía, puesto que no había podido llegar ha conocerlo, ni tan siquiera por algún retrato que hubiese en el castillo, cosa que me causo algo de curiosidad, ya que tan solo había retratos de la princesa Adara, y ni uno solo del monarca de este planeta."

"Volviendo al asunto que me preocupa, es que no se de que hombre se trata, ni en que momento pudo enamorarse de el, ha tal punto de cometer locuras de este tipo. Supongo que el amor no tiene miramientos de ningún tipo... y si no que me lo digan a mi. "

"La princesa seguía hablando y hablando... algo sobre una leyenda de no se que tontería de enamorados, sin embargo no puedo escucharla realmente. En este mirador sobre un enorme acantilado, detrás del cual relucen todas las casas, cada una de un color brillante y resplandeciente con el enorme he imponente castillo dorado al final, ni siquiera podía disfrutar de todo ello cuando su rostro se aparecía en mi mente. Cuando me acuerdo de aquella rubia de enormes ojos azules, tan solo puedo desear una cosa... volver a verla."

-Seiya...¡Seiya!... ¿me estás escuchando?.-

"Cuando tome consciencia de que Adara tiraba de brazo como una posesa, repare de nuevo en el lugar en el cual me encontraba. Su pálido rostro se contorsionaba en una mueca de furia e impotencia, y aquella mirada amarilla se clavaba en mi como una daga, brillando enormemente aún cuando en aquel lugar apenas había luz, sus pupilas se veían afiladas, y hubiese jurado que cuando abrió la boca para volver a dirigirse a mi, sus dientes, de un blanco tan inmaculado que relucían, se veían terriblemente afilados."

-Perdona… ha sido tan grosero mi comportamiento.-

"Yo que aún estaba un poco "shock", por lo que acababa de presenciar, no sabía que tenía que decir exactamente, así que tan solo me quede mirándola de forma idiota, con los ojos como platos.
Sin venir a que, empezó a llorar, y de buenas a primeras corrió de forma delicada atrapando con la mano su largo vestido malva, y tomando asiento en un banco próximo. Oculto su cara en ambas manos, y se inclino levemente, intentando apaciguar su repentino llanto."

"Ahora me sentía realmente mal. Aquella hermosa joven estaba llorando por que ha pesar de haber intentado por todos los medios entablar una amistad conmigo, yo estaba poniendo todo de mi parte para ignorarla deliberadamente, sin importarme sus sentimientos. Y más encima, dada mi falta de sueño, estaba empezando a ver alucinaciones."
"Decididamente la princesa debía creer que era un tremendo idiota. Había llegado la hora de enmendar mi error, yo no era del tipo de persona que lastimaba ha los demás."

-Adara… por favor… no quiero que llores por un idiota como yo, no lo merezco, de verás.-

"Me acerque ha ella lentamente, y en un incomodo silencio tan solo roto por su llanto ahogado me senté a su lado, posando una mano en su tembloroso hombro. Supongo que al sentir mi contacto fue cuando paró de llorar y se me abalanzo, sollozando brevemente contra mi pecho. A través de mi sencilla camisa podía notar el calor de sus lágrimas (y digo sencilla, puesto que íbamos en una especie de "incógnito", aunque la princesa vistiese de largo)."

-Seiya… quiero que sepas que eres alguien muy especial para mi, y siento haberme comportado como una idiota.-

"Hizo una breve pausa y me miro con ojos melancólicos, y la cara algo sonrojada por la llorera. Di por supuesto que mi cordura estaba a su límite, puesto que era increíblemente imposible que esos ojos tan tiernos pudieran tener la apariencia que me pareció ver hace unos minutos."
"La vi algo indecisa, con su mirada clavada en un punto fijo. No apartaba los ojos de mi cuello, y de nuevo me pareció que su dentadura brillaba más de lo normal. Al segundo siguiente me observaba de nuevo como un perrito pidiendo algo de comida. Me sentía totalmente hipnotizado por esos ojos, era algo abrumador hasta un punto desagradable, no podía apartar la mirada de ella por mucho que quisiera, y no es que me gustara tanto que me era imposible, si no que estaba clavado, sin poderme mover, una extraña fuerza me obligaba ha ello en contra de mi voluntad. Cuando comencé a perderme en aquella mirada miel que incluso se volvía odiosamente amarilla en la oscuridad, supe que estaba acabado."
"La princesa tampoco dejaba de mirarme en ningún momento, y con un seductor movimiento, me atrapo contra el banco. Su cara estaba pegada a la mía, así que incluso podía oler su aliento, que muy a pesar, y es que podía haber algo peor que convertirse en una estatua que no podía ni pestañear, es que la causante tenga un aliento tan ¿repugnante?. Si, supongo que era algo asqueroso, una mezcla entre metal oxidado y al más… algo que estaba podrido en los adentros de esa mujer. No había sentido miedo de la situación hasta ese mismo instante, en cual me daba cuenta que estaba posando sus putrefactos labios sobre los míos. La sensación de asco invadía todo mi cuerpo, desde la punta de mis pies, hasta el ultimo pelo de mi larga cabellera. Otra ráfaga de viento nos azotó con furia, revolviendo el largo cabello de la princesa, el cual estaba suelto. Esto parecía una historia de terror:
La oscuridad que nos envolvía, aquella mujer de mirada hambrienta que me impedía moverme, y por ultimo ese apestoso hedor, que por muy bueno y fuerte que fuese su perfume, era imposible tapar aquel peste, no entiendo como no pude percatarme antes de ello.
El viento trajo consigo mi salvación, y es que jamás pude imaginar, que algo tan simple como una pequeña cinta blanca que se colocó justo delante de mi nariz, y por lo tanto, fijando mi vista en ella, pudiese sacarme de aquel terrible hechizo. En el momento que recupere el poder sobre mi mismo, me quite de manera algo brusca ha Adara de encima."

-Lo siento mucho princesa, no era mi intención que esto ocurriera… mi corazón ya esta ocupado.-

Adara, que estaba impresionada por la situación, reacciono con extrema rapidez.

-No te disculpes. Ha sido todo una confusión por mi parte.-

Sonrío de forma dulce, y se levanto para tomar el brazo del moreno.

-Creo que es hora de marcharnos… se hace tarde, y estoy algo cansada, ¿No te parece?.-

Seiya esbozo una sonrisa más que fingida, en respuesta a su pregunta, y tomaron dirección al palacio, en completo silencio.

El moreno estaba preocupado y se notaba a leguas…

"Tengo tantísimo miedo que me es imposible estar fingiendo. No es que este aterrado por lo que acaba de ocurrir, pero… ¿y mi princesa Kakyuu?, ¿el hermano de Adara estara utilizando las mismas tretas con ella?, ¿se encontrara bien?... estaba tan preocupado. Me sentía tan idiota. Yo aquí, haciendo estúpidas excursiones… y ella con un hombre completamente peligroso… De estas mismas horas no pasaba que hablara con su princesa, e hiciese las maletas para marcharse de hay en lo que quedaba de día, o noche, ¡lo que fuera!, aunque tuviera que irrumpir en su alcoba y sacarla de hay prácticamente raptada…"

Seiya se marchaba con Adara, con un brazo que ella tomaba posesivamente le ayudaba en el trayecto, y con el otro aprisionaba en su mano con fuerza aquella cinta. Aunque fuera consciente de lo ocurrido, daba ha entender que no fuera así, no quería que aquella criatura, portadora de algún tipo de magia oscura sospechase nada.

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Mientras tanto en otro lugar no muy lejano de ese mismo planeta… o para ser más exacto, en unos de los balcones reales de palacio:

Su cabello se mecía con el viento de una forma extraña. Una parte de el lo tenía recogido en una cola alta atada con una bonita cinta blanca a juego con su vestido de gasa del mismo color, mientras que la otra parte estaba suelta, y caía como una cascada sobre su hombro, despidiendo un brillo dorado que refulgía más que la barandilla en la cual apoyaba delicadamente sus manos. Y eso ya era decir, puesto que ese material tenía un brillo nato y extremadamente hermoso, al igual que el resto del palacio en el cual se encontraba. Sus ojos de un azul profundo, que contrastaba con su piel pálida, estaban inmersos en el enorme jardín plantado a unos pocos metros de donde se encontraba. Extrañas fragancias venían a su encuentro procedentes de el, y aunque apenas pudiese recordar nada que no fueran estos últimos dos días, estaba segura de que no había experimentado jamás esos perfumes.
Sus ojos se apartaron del jardín iluminado por el mismo brillo del palacio, y los bancos salpicados hechos del mismo modo, para fijarse en una escalera próxima a ella. Le sería muy fácil tomar el camino hacía ella y dar un breve paseo. Le gustaría… es más, le hubiese encantado hacerlo si no era por el hecho de que le había prometido ha Dymas que no se iba a mover de aquella habitación hasta que el volviera. Y la verdad es que había llevado demasiado bien la tarea:
Había estado aprendiendo a tocar el piano con un profesor, luego pintando con unas acuarelas, y por último, llegaron unos criados, que le sirvieron una gran y deliciosa cena (la que no había desperdiciado en absoluto) mientras tocaban diferentes instrumentos para entretenerla.
La rubia dibujaba una sonrisa mientras recordaba aquello, se había divertido mucho, pero lo que más le había gustado ocurrió justo después de la velada musical, que cuando ya creía que se acababa todo lo bueno, empezaron ha aparecer de nuevo los sirvientes. Por lo menos eran diez, y cada uno de ellos portaba un enorme ramo de flores muy elaborado entre sus brazos, luego aparecieron muchos más, pero esta vez con grandes jarrones. Rápidamente le pidieron voz y voto sobre donde tenían que ir los diferentes ramos, y entre grititos de emoción por su parte y preguntas curiosas sobre las flores a los pobres hombres que la miraban como ha un bicho raro, se le pasó gran parte de la noche.

Seguía observando ensimismada unas flores que habían crecido enredándose entre las columnas he invadiendo el balcón.
Por mucho que quisiera nunca iba ha recordar el nombre de aquella planta, si es que alguna vez lo supo, como de igual forma no recordaba ni el suyo propio.

-Electra…-

Una aterciopelada y masculina voz la llamaba a sus espaldas por el nombre que la habían bautizado amablemente. Estaban siendo muy buenos con ella al permitirle quedarse con ellos ¡Por los dioses si eran reyes!, y ella una simple plebeya, la cual encontraron yaciendo medio moribunda en un planeta arrasado.

Al darse la vuelta pudo observar la enigmática sonrisa del príncipe, que aunque fuese eterno su agradecimiento con el, no podía dejar de sentir algo en su corazón que la hacía desconfiar.

-Dymas… al fin llegaste.-

Este apresuro el paso hasta ella y la abrazo fuertemente, como si no la hubiera visto en años, y se separo brevemente para mirarla con unos ojos amarillos y toques miel, cargados de admiración.

-Eres tan brillante que no puedo dejar de mirarte aunque ha veces me deslumbres…-

Ella se quedo quieta observándolo, desde que había llegado tan solo había intercambiado unas breves palabras con el, su conversación siempre había sido algo más fluida con Adara, la cual era hermana de este. Ambos se comportaban con ella haciéndola sentir especial, y mencionando varias veces lo mucho que brillaba. No entendía el por que de la actitud de los hermanos, ni tampoco que no la dejaran salir de los aposentos, ni que se relacionase con nadie más.

La mano del príncipe paso por el cabello rubio de la joven repetidas veces.

-¿Dónde esta la otra cinta?.-

Ella que seguía algo atolondrada en sus pensamientos, y aturdida por la cercanía del joven solo pudo parpadear varias veces.

-No lo sé… -


¿Qué les ha parecido?, se que voy algo lento, y algunos esperan el encuentro entre Serena y Seiya, pero paciencia… Solo les puedo prometer que se avecina lo ya inminente en el próximo capitulo.

Espero ansiosa sus comentarios, buenos o malos.

Un beso a todos los que me leen y gracias